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Patología
derivada del "mobbing"
El
"mobbing" es una modalidad de acoso dentro de una organización,
laboral o no, sobre una o más personas,
con fines intimidatorios, cuya consecuencia es una agresión
sistemática, intermitente y sostenida en el tiempo, orientada
a provocar la exclusión social o el abandono del puesto
de trabajo y de las expectativas personales o profesionales. |
Juan
José Díaz Franco
Presidente de
la Comisión Nacional de Medicina del Trabajo
El concepto
de "mobbing" fue introducido y sometido a estudio durante
el último cuarto de siglo pasado por el psicólogo
alemán, radicado en Suecia, Heinz Leymann, cuya observación
de algunas conductas laborales compatibles con actitudes persecutorias
y coactivas le llevó a investigar el resultado final de las
mismas (1). Así fue como llegó a establecer que muchas
degradaciones anímicas en personas brillantes y cumplidoras
en su cometido laboral podrían tener origen en un acoso psicológico,
de carácter institucional, inducido por uno o varios contra
otro, con el resultado final de abandono laboral e incluso muerte.
Estimaba Leymann que en el 10 por ciento de los suicidios de su
país podían reconocerse, más o menos intensas,
maniobras de "mobbing" sufridas por las personas suicidas.
| La
Administración y las empresas públicas suponen
el terreno más proclive para la práctica del "mobbing" |
En el origen
del concepto "mobbing" están las observaciones
de Konrad Lorenz tras sus investigaciones de la conducta social
de los patos, ánades y cercetas (2). Esta conducta animal
resultó ser ampliamente extrapolable a la humana, a partir
de unas determinadas características. A partir de la investigación
de Leyman se han ido concretando pautas (se citan hasta 45) que
vienen a constituir un programa sistemático y maquiavélico
para inducir sentimientos de miedo, hostilidad, desánimo,
descrédito en la persona perversamente acosada. No se trata
de ninguna agresión física, ni tampoco un acoso sexual
solapado; la alusión es más profunda, de carácter
moral y descalificatorio.
La estrategia de los perpetradores de actuaciones calificables de
"mobbing" suele establecerse de manera sibilina y felona,
buscando connivencias con otros, que contribuyen a crear vacío
y extrañamiento a la víctima. Los así acosados
acaban dudando de sus capacidades, se rebelan antes contra ellos
mismos que contra sus verdugos y, generalmente, se ven abocados
a la pérdida de autoestima previa, a la autoexclusión,
las somatizaciones, la quiebra del ánimo y excepcionalmente,
las prácticas autolíticas.
Pese a todo, para poder hablar de "mobbing", deberían
establecerse unos mínimos de duración del acoso en
el tiempo: pautas de agresión de una o dos veces por semana,
durante algunos meses. También debe tenerse en cuenta el
ámbito en que se produce el acoso moral, resultando ser la
Administración y las empresas públicas el terreno
más proclive para su práctica.
Aunque los episodios de "mobbing" no han sido hasta la
fecha etiquetados uniformemente (y convenientemente abordados y
denunciados), no debe minimizarse su importancia. Algunos países
se han dotado de medidas jurídicas que permitan tipificar
y sancionar esas conductas tales como Suecia, Canadá, Alemania,
entre otras. En nuestro país, los medios de comunicación
se hacen eco frecuente del tema y surgen Asociaciones de autoayuda
impulsadas por personas sensibilizadas. Recientemente, una encuesta
realizada en la Comunidad de Madrid revelaba que "casi un 12
por ciento de los empleados sufre acoso moral en el trabajo (3)".
Con un contenido similar al del "mobbing", se describen
otras conductas perversas dentro de las organizaciones denominadas:
"bullying" (Inglaterra), "harassment" (estudiado
por Carroll Brodsky, desde 1976, en EE.UU.), "whistle blowers"
e "ijime" (fenómeno acreditado en el medio laboral
japonés, según Keiko Yamanaka, a partir de 1972) (4).
La conmoción interna que desencadena una actitud de acoso
moral tiene, cuanto menos, dos lecturas: una social y una individual.
Augusto Comte advertía de la correlación que existe
entre los hechos de desorganización personal y los que ocasiona
la desorganización social o laboral (5). Y es que el "mobbing"
supone un profundo y sibilino ataque a los derechos individuales
dentro de un sistema organizado en el que alguien se arroga impunemente
la función de detentar algunos aspectos esenciales en la
organización de las relaciones laborales o en la dirección
de los valores o los fines del equipo de trabajo.
Para todos nosotros es común la apreciación de que
las emociones, sentimientos, actitudes, ideas y ambiente, pueden
condicionar, en determinadas circunstancias, la salud física
y psíquica de los trabajadores. Por eso no es aventurado
deducir que la patología del "mobbing" es superponible
en sus manifestaciones con la de otros síndromes psiquiátricos
en los que predominen la ansiedad, la angustia, el distrés
o las texturas depresivas, que son consecuencias lógicas
y esperables, aunque indeseables, derivadas de las agresiones institucionales
sistemáticas y organizadas, como las que acontecen en el
"mobbing".
En clave de desajustes organizativos puede plantearse el abordaje
de algunas sociopatías cuya presencia en el medio laboral
va ganando posiciones en la medida que, tanto la mayor sensibilidad
hacia los problemas de carga psíquica en el conjunto de la
prevención de riesgos laborales como las cada vez más
frecuentes sentencias judiciales favorables sobre estos problemas
psicosociales, hacen de esta materia un campo amplio y creíble
para la mejora de las condiciones de trabajo.
Realmente, el "mobbing" nos invita a una consideración
social en cuanto a su etiología. En la génesis de
las enfermedades o los problemas psiquiátricos, junto a lo
psicogenético, hay que dar lugar a lo biogenético
y lo sociogenético; de esta forma será obligada una
consideración sobre el carácter perturbador y perturbado
de algunas colectividades. Ciertos aspectos incompatibles con el
respeto a las personas y a la justicia más elemental son
obviados en algunos comportamientos colectivos que, aunque motivados
por personas muy concretas (iluminadas o malévolas), son
secundadas por un colectivo al que no exime de su responsabilidad
su desconocimiento de algunos aspectos del problema o su gregarismo.
Así sucede en el "mobbing" y así se recoge
para otras conductas sociales aberrantes en la obra clásica
de Bastide (6).
Desde luego para organizar el "mobbing" se precisan dos
apoyos: uno el que representa la personalidad de la presunta o presunto
acosador; y el otro, el constituido por la idiosincrasia de la persona
acosada.
El acosador es un posible líder con unos objetivos concretos
y una estrategia definida. Cuando proceda, extenderá su estrategia
a otros miembros del grupo que actuarán a su dictado convencidos
de que están corrigiendo una mala práctica laboral
o defendiéndose de una agresión de alguien que "va
por libre" en contra de los intereses del colectivo.
Con razón o sin ella el acosador, lejos de sentirse culpable,
piensa que está haciendo un buen trabajo para el conjunto
de las personas de referencia en la situación que se está
viviendo.
| Algunos
países sean dotado de medidas jurídicas que permiten
tipificar y sancionar este tipo de conductas |
Junto al acosador,
el acosado representa el contrapunto necesario para que el acoso
cristalice. Naturalmente, que el acosado, como víctima, debiera
aparecer, y así suele suceder, como vulnerable, afable, laborioso,
competente, ingenuo, generoso, responsable y fácilmente culpabilizable.
Pero, en otras ocasiones, el acosado no es persona susceptible de
ser envidiada, ni admirada, sino que su actitud -no brillante, ni
de liderazgo- es percibida, por otros conceptos, como inconveniente
en el ritmo, la cultura, el clima o la dinámica de la organización
informal que comparten todos los implicados de cara a la organización
formal, que impone unas "reglas del juego" que tienden
a ser cuestionadas por todos menos por el que, por no cuestionarlas,
resulta acosado.
Lo más perverso, dentro del acoso moral que supone el "mobbing",
es el juego de aislamiento ? asalto a la autoestima (por demás,
presuntamente precaria) ? autoculpabilización y desestabilización
(que permite "cargarse de razón" al inductor y
a sus comparsas); estas tres condiciones configuran un auténtico
triángulo perverso.
Además de la consideración social y sus concomitancias
psicopatológicas, en los modelos de conducta integrados en
el "mobbing" hay, inevitablemente, una lectura individual.
Las conductas humanas, fuera y dentro del medio laboral, tienen
siempre un significado que se puede interpretar, evaluar e integrar
(o, alternativamente, tratar).
¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que no debiera
existir el "mobbing" y que, si existe, es porque algún
espíritu insatisfecho, perverso y enfermo lo origina. Por
desgracia, el acosador no llega nunca a ser tratado en su condición
de tal porque, o no se aísla y sanciona jurídicamente
el caso o, porque, si excepcionalmente se hiciera, nunca el acosador
aceptaría su culpabilidad. Sólo queda tratar, en las
víctimas, los efectos desastrosos de la agresión.
En la persona acosada, además de un perfil previo determinado
(como ya se ha expuesto), el efecto del acoso discurrirá
por un "via crucis" sintomático y acaso semiológico
que desembocará, pasadas las primeras fases de desconcierto,
autoinculpación y labilidad emocional, en un verdadero síndrome
psiquiátrico y, más en concreto en problemas depresivos
reactivos y en conductas autolíticas.
Se dice que hay una depresión o un estado depresivo siempre
que existe un fallo, pasajero o perdurable, del tono neuropsíquico.
Estas expresiones se aplican, por otra parte, a los más diversos
hechos, lo mismo en cuanto a su origen que en cuanto a su significación.
En realidad, tanto para la depresión como para la excitación,
es preciso tener en cuenta la presencia de dos componentes: uno
físico (somático) y otro psíquico (afectivo)
(7).
Es necesario advertir que, al hablar de depresión, podemos
referirnos a un síndrome (estado depresivo), como expresión
de un conjunto de síntomas (del griego "syndromé",
reunión, serie de síntomas y signos que existen a
un tiempo, por los cuales se diagnostica una enfermedad), o bien,
a una enfermedad o grupo de enfermedades que evolucionan a partir
de una valoración sindrómica cuyos síntomas
constituyentes tienen una configuración etiopatogénica
no bien definida en muchos casos.
La depresión es una de las patologías más comunes
en nuestro medio en el momento actual; por eso es difícil
de definir. Sus muchas variantes personales le configuran como un
síndrome de muy diferente expresión, tanto por la
edad de presentación como por el momento en que se procede
a la valoración del estado vivencial anormal de quienes lo
aquejan. De esta manera, el diagnóstico y tratamiento de
la depresión se convierten en una tarea ardua, en comparación
con el procedimiento paralelo que se sigue en el abordaje de otras
patologías.
Por otra parte, fenomenológicamente, el cortejo sintomático
que acompaña a la depresión no sería diferenciable,
sino en el transcurso del tiempo, del que apreciamos en las pérdidas
de objetos, sea alguien o sea algo, con significación en
nuestras vidas. Esta situación oscilante entre el duelo y
la melancolía fue descrita magistralmente por Freud en la
monografía del mismo título (8).
Es de gran relevancia la valoración de los factores etiológicos
en el estudio de la patología depresiva, porque es posible
identificar desencadenantes de carácter biológico,
psicológico y social (que sería el caso del "mobbing").
| Una
encuesta realizada recientemente en la Comunidad de Madrid revela
que un 12 por ciento de los empleados sufre acoso moral en el
trabajo |
El riesgo más
importante de las depresiones es el suicidio. Basta decir que en
la última estadística suicidaria española (INE,2000),
de los 2.537 casos producidos, 720 tuvieron por causa "situaciones
afectivas" (181 casos) y "estados psicopatológicos"
(539 casos). Como en 1.573 del total de los casos no consta la causa
de la autolisis encontramos que, de los 964 en que consta la causa,
las tres cuartas partes estuvieron en relación con distintas
patologías mentales con alta probabilidad de presentar, en
mayor o menor grado un componente depresivo.
Aunque varían las estimaciones, el número real de
suicidios es, probablemente, dos o tres veces más elevado
de lo que las cifras señalan. Por otra parte, para cada consumación
suicida, corresponden de cinco a diez intentos suicidas. Igualmente
muchas personas que mueren por causas en apariencia accidentales,
incluyendo los accidentes automovilísticos, pueden haberse
dado muerte a sí mismos de manera deliberada (9).
Cuando hablamos de suicidio en el medio laboral no podemos decir
que los procedimientos autolíticos sean uniformes sino que,
a veces, adoptan formas encubiertas, a modo de equivalentes suicidas.
Por eso, los accidentes laborales de repetición, acumulados
por algunas personas en su trabajo, podrían estar manifestando
una ideación suicida no declarada.
Las formas equivalentes de suicidio abarcan un extraordinario abanico
de posibilidades, pero las que tienen por origen y causa determinados
desajusten en la organización de las relaciones humanas ("mobbing")
figuran entre las más representativas.
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Bibliografía
1.
Heinz Leymann, "Mobbing, la persécution au travail",
Seuil. Paris, 1986.
2. Konrad Lorenz "Consideraciones sobre las conductas
animal y humana". Planeta. Barcelona, 1985.
3. Diario "El Mundo" (21-IX-01) Sección
Madrid.
4. Marie-France Hirigoyen. "El acoso moral en el trabajo".
Editorial Paidos. Barcelona, 2001.
5. Augusto Comte: "Discurso sobre el espíritu
positivo" Editorial Aguilar. Madrid, 1965.
6. Roger Bastide. "Sociología de las enfer-
medades mentales". Editorial Siglo XXI, Madrid, 1978.
7. Antoine Porot: "Diccionario de Psiquiatría".
Labor, Barcelona 1977.
8. Sigmond Freud "Duelo y melancolía" Obras
completas, t.II, Biblioteca Nueva, Madrid 1973.
9. Joseph Mendels. "La depresión". Herder.
Barcelona, 1972.
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Ponencia
presentada en la IV Reunión Nacional de la Asociación
Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, celebrada
en Palma de Mallorca.
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La
ética y el acoso psicológico en el trabajo
Carmen
Sánchez Carazo.Doctora en medicina, máster en
bioética
El acoso
psicológico en el trabajo se está produciendo
en los últimos años en un importante porcentaje
de trabajadores fuera y dentro de nuestras fronteras. Así,
la encuesta sobre Condiciones de Vida y Trabajo en la Unión
Europea, basada en 21.500 encuestas y publicada por la OIT
en diciembre del año 2000 estima en más de un
9 por ciento el numero de trabajadores afectado por este problema.
El gasto social que todo ello genera ha sido estimado en el
informe de la OIT en más de 25 millones de euros, tanto
en costes por las enfermedades producidas, como por la formación
necesaria para proceder a la sustitución de estos trabajadores,
más los que se derivan de pérdida de productividad,
pues en un gran porcentaje de casos al trabajador se le aparta
de sus tareas, se les deja sin actividad. La persona encuentra
su sentido en la actividad que realiza. La ética surge
necesariamente en el mundo de la empresa porque en ésta
se trata no de "cosas", sino de "sujetos",
es decir, de personas (1). Es más, las decisiones que
se tomen y las acciones que se realicen en la organización
empresarial no sólo inciden en las personas que trabajan
o se relacionan directamente con ella, sino que afectan a
toda la sociedad en su globalidad, pues las personas en las
que inciden esas acciones forman parte de la sociedad. Y la
investigación y producción empresarial influye
y determina, cada vez más, en el presente y en el futuro
del hombre concreto en la sociedad en la que vive y en el
entorno ecológico en el que se desarrolla.
El trabajo cumple una función en cuanto es fuente de
realización personal. La antropología insiste
en que el ser humano manifiesta lo que es en lo que hace,
y en el trabajo se es con lo que se hace y ese "hacer"
implica "estar" en nuestra sociedad.
Desde finales del siglo XIX diversos pensadores, socialistas
o moralistas católicos han defendido la dignidad de
la persona en el trabajo. Así, desde 1891 con la Rerum
novarum de León XIII, moralistas católicos han
defendido la dignidad de la persona en el trabajo y el respeto
a los individuos sin abusar de ellos psíquica ni físicamente
(2). Nadie puede violar impunemente la dignidad de la persona,
por tanto, nadie puede ser humillado, menos aún en
el lugar del trabajo en el que, por necesidad económica
para subsistir, uno no puede alejarse libremente. Además,
la vulneración de derechos o las agresiones físicas
o psíquicas infligidas por una persona con la que se
tiene una dependencia jerárquica tiene un mayor agravante.
En el Concilio Vaticano II se defiende la posibilidad de que
el trabajador desarrolle sus cualidades y su personalidad
en el ámbito mismo del trabajo (3). Y no hay que olvidar
que el trabajo es un lugar donde se producen conflictos, pasamos
muchas horas en este lugar y pequeñas alteraciones
pueden desembocar en grandes complicaciones. El directivo
excelente es aquél que aclara los conflictos para impide
que lleguen a complicaciones. El directivo, el jefe, el encargado
de personal excelente no es el que evita los problemas y conflictos
es el que impide que se formen rumores, el que plantea las
cuestiones de forma clara, aclarando, conociendo la realidad,
evitando que se lleguen a complicaciones importantes respetando
y desarrollando las cualidades de los trabajadores que tiene
a su mando.
La esclavitud psicológica es tan deleznable como la
física. El trabajador acosado psicológicamente
que en muchos casos se encuentra impotente durante ocho horas
diarias, sin hablar ni que le hablen, sin defensa, sin sentido
de su vida, sin un que hacer digno y gratificante, humillado,
se siente como un esclavo y un ser sin sentido en la sociedad.
Este derecho a la ocupación en el trabajo y a trabajar
se defiende desde principios del siglo pasado en distintas
constituciones. La Constitución de 1919 de la República
Alemana de Weimar defendía el derecho a un trabajo
productivo (4). En esta misma línea seguirán
las constituciones de regímenes tan diferentes como
la República española (Constitución de
1931), el fascismo italiano (Constitución de 1934),
o la Unión Soviética (Constitución de
1936).
Pasada la Segunda Guerra Mundial, el derecho al trabajo será
reconocido en las grandes declaraciones internacionales. En
la Declaración de Filadelfia (1944), que versa sobre
los fines y objetivos de la Organización Internacional
del Trabajo, se declara el derecho al trabajo y a su bienestar
físico y psíquico:
«Todos los seres humanos sin distinción de raza,
credo o sexo, tienen derecho a perseguir su bienestar material
y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad,
de seguridad económica y en igualdad de oportunidades».
Se obliga, por tanto, a fomentar entre las naciones programas
con estos dos objetivos:
«A.- Lograr el pleno empleo y la elevación del
nivel de vida.
B.- Emplear trabajadores en ocupaciones en que puedan tener
la satisfacción de utilizar en la mejor forma posible
sus habilidades y conocimientos, y contribuir al máximo
bienestar común».
Con la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948)
se reconoce el derecho al trabajo y a las condiciones satisfactorias
del mismo. Este derecho se fue extendiendo en las distintas
Constituciones europeas. En nuestra Constitución se
defiende el derecho al trabajo y a la promoción personal
mediante el siguiente mandato:
«Artículo 35. Todos los españoles tienen
el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección
de profesión y oficio, a la promoción a través
del trabajo...».
De igual forma en la Carta de los Derechos Fundamentales de
la Unión Europea, en el año 2000, se defiende
la dignidad del trabajador y, por tanto, se está en
contra del acoso moral en el trabajo.
«Artículo 30. Condiciones de trabajo justas y
equitativas.
1.- Todo trabajador tiene derecho a trabajar en condiciones
que respeten su salud, su seguridad y su dignidad».
En la Conferencia Europea de Ministros sobre Violencia que
se ha celebrado en febrero de este año en Santiago
de Compostela, uno de los asuntos más novedosos a tratar
ha sido el del acoso moral en el trabajo, un fenómeno
de estudio reciente y que a la Unión Europea le preocupa,
entre otras cosas, por el gran gasto social y personal que
produce.
El gasto que genera el acoso psicológico en el trabajo
es muy importante. Jose Ignacio Pastrana en un importante
estudio realizado entre el año 2001 y 2002 en 6.500
bajas laborales a nivel nacional, ha comprobado que 120 bajas
eran por causa del acoso psicológico en el trabajo,
35 por burnout y 36 por malas relaciones laborales. Dichas
bajas son muy costosas por tener una media de 144 días
de baja. El coste calculado es de 800.000 euros para las bajas
por acoso psicológico en el trabajo, 400.000 euros
por causa de burnout y 300.000 en el caso de malas relaciones
laborales (5).
El problema social del "mobbing" es muy importante
por el coste y el daño que se produce. Pero como hemos
visto en el estudio de Pastrana, no todo es "mobbing".
La dificultad que se tiene en algunos casos de diferenciar
entre acoso psicológico en el trabajo y las malas relaciones
laborales, puede llevar a que algunas personas denuncien a
un posible acosador sin que éste lo sea. No deberían
producirse comportamientos que humillen, degraden a las personas,
permitir que se generen difamaciones, bulos o mentiras a medias,
por parte de cualquier trabajador. Por tanto, no es una practica
ética acosar y humillar, pero también no es
ético acusar de acoso si éste no existe.
Desde el punto de vista de la ética se hace necesaria
una reflexión sobre el hacer del profesional ante un
una situación en la que el trabajador es maltratado
psicológicamente. Toda persona tiene derecho a ser
tratado con respeto; a que se respete su dignidad personal
y laboral y el derecho a su salud física y psíquica.
Estos derechos no deben ser vulnerados nunca y mucho menos
cuando existe una dependencia jerárquica. En estas
situaciones, el clima laboral, la producción, la eficacia
y la eficiencia se deterioran de manera importante produciendo
unos gastos directos e indirectos que se elevan a millones
de euros en nuestro país. Creo que es responsabilidad
de todos los ciudadanos, y, entre ellos, de los profesionales
sanitarios, plantearnos: ¿Qué sociedad queremos
construir para nuestros hijos y generaciones futuras? ¿Una
sociedad en la que prime el acoso y el psicoterror en el trabajo
o una sociedad en la que impere la libertad, la dignidad y
la salud laboral?
Referencias
1. Vidal García M. Paradigma de ética razonable
para la empresa. Exigencias básicas del discurso ético
sobre la actividad empresarial. ICADE 1990; 19:17.
2. Cf. Rerum novarum, núm. 26.
3. Cf. Laborem Exercens, núm. 22.
4. «A todo alemán debe proporcionársele
la posibilidad de ganarse el sustento mediante un trabajo
productivo».
5. José Ignacio Pastrana Jiménez. Nuevos aspectos
de la patología psiquiátrica en el entorno laboral:
mobbing y burnout. Ponencia presentada en la IV Jornada Técnica.
Incapacidad Temporal: Colaboración Institucional y
Gestión Clínica. Organizada por IBERMUTUAMUR,
Alicante 14 y 15 de junio de 2002.
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