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XV Aniversario del CISNS

 

La coordinación del SNS, eje de la remodelación del Consejo Interterritorial

La conclusión del proceso de la transferencia de la gestión de la asistencia sanitaria pública a las Comunidades Autónomas ha dado pie a un profundo debate sobre la coordinación del Sistema Nacional de Salud. Coordinación que, en principio y más allá de los planteamientos para sacar adelante una Ley de Calidad y Coordinación de la Sanidad, pasa por lograr un funcionamiento adecuado del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), de cuya entrada en funcionamiento se cumple este año su XV aniversario. Celebración que ha culminado con una audiencia en la Casa Real con el Rey D. Juan Carlos, a la que asistieron en pleno los miembros del CISNS encabezados por la ministra de Sanidad, Ana Pastor.
Carlos Nicolás

Se vive un momento de preocupación por el futuro del SNS y, aunque todo el mundo está de acuerdo en que la coordinación del mismo es imprescindible, han surgido múltiples críticas por el hecho de que el Ministerio de Sanidad no tuviera preparado el "día siguiente" a la conclusión del proceso de la transferencia, así como por la intención de querer conseguir este objetivo a través de una ley, de cuyo proyecto nada ha transcendido y que, en muchos ámbitos, se interpreta como un intento de reforma de la Ley General de Sanidad (LGS) y, sobre todo, como un deseo de centralización de un sistema asistencial totalmente descentralizado. De todos modos, las iniciativas que parten del Ministerio de Sanidad ponen la vista en la coordinación del sistema, pues sin la misma carecerían de sentido normas tan importantes como el Estatuto Marco, cuya redacción final está pendiente de aspectos de última hora.

El Estado debe fijar los medios para facilitar la información recíproca, la homogeneización técnica y la acción que logre la integración de actos parciales en la globalidad del SNS

En el debate abierto en la etapa actual, nadie cuestiona la necesidad de coordinación, aunque se cuestiona el camino por el que quiere conseguirse. Y, sobre todo, se critica al Gobierno por no haber tenido preparado 'el día siguiente' de la conclusión del proceso de transferencias. El planteamiento de la ministra Ana Pastor, de sacar adelante la coordinación a través de una ley, ha tropezado con un grave inconveniente, como es querer extender a todas las Comunidades prestaciones que sólo se otorgan en algunas de ellas. El desacuerdo radica en que tal ampliación comportará gastos para los que, de momento, la mayoría de los Servicios de Salud carecen de presupuesto.

Sobre todo, se pone en tela de juicio que el Ministerio ande buscando por está vía unas competencias de las que carece. De este parecer es Francisco Vallejo, consejero de Sanidad de Andalucía, cuando muestra su opinión acerca de la modificación del CISNS. Opinión compartida por Matilde Valentín, portavoz del PSOE en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, que lamentó el que no se hubiera diseñado 'el día después' de las transferencias, como lo demostraba el hecho de que, hasta la fecha, no haya transcendido un solo texto del proyecto de ley de coordinación que anuncia el Gobierno reiteradamente. Coordinación y redefinición del CISNS que deben hacerse, como se recogía en una proposición de ley presentada por el Grupo Parlamentario Socialista a principio de año.

El año en el que quedó constituido el CISNS, 1987, todas las CC.AA. tenían asumidas ciertas competencias como Salud Pública y planificación sanitaria

La coordinación existe
Para Gabriel Inclán, consejero de Sanidad del Gobierno Vasco, no tiene sentido la ley anunciada pues, como ha quedado claro desde que se inició el proceso de transferencias hace 20 años, ha existido una coordinación entre las Autonomías. Para Inclán, la reforma debería convertir el CISNS en un foro en que se aborden temas importantes para todos y no un foro para asuntos menores.

Al igual que el consejero vasco, Margarita Uría, portavoz parlamentaria del PNV, cree que la necesidad de
coordinación no es nueva y ha existido desde el principio, con independencia de que existiera o no la ley. Para Uría, como para otros interlocutores, la ley podría ser el instrumento para que tuviera algún contenido el Ministerio de Sanidad, perdidas sus competencias sobre la gestión asistencial.

Ignacio Echániz, consejero de Sanidad en el Gobierno de Madrid, abunda sobre la coordinación y pone de ejemplo lo acordado, en materia sanitaria, entre cuatro Autonomías limítrofes con la madrileña.

Durante su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados, la actual ministra de Sanidad llegó a insinuar que el CISNS debía ser redefinido


Sin embargo, en el ámbito del PP existen voces discrepantes frente a un posible proceso de centralización. José Mª Hernández Cochón, consejero de Sanidad de Galicia, cuenta como la gestión centralizada fue negativa para su región, cuyos desequilibrios se han ido corrigiendo desde que asumieron la gestión del Insalud. Ahora, se ha conseguido la equidad de que no disfrutaban con un sistema centralista.

De todos modos, para evitar posibles riesgos de fraccionamiento del sistema sanitario, como consecuencia de la descentralización de la gestión, Hernández Cochón reclama que deben tenerse en cuenta, entre otras, las siguientes condiciones: financiación suficiente y equitativa; cartera de servicios básicos del SNS; índice de cobertura y de calidad mínimos de las prestaciones; corresponsabilidad en la asunción de nuevas prestaciones; y pensar en el usuario como criterio clave del sistema. Para el consejero gallego, el principio de la quiebra del sistema puede venir de no contar con un fondo suficiente para atender a los desplazados.

Eduard Rius, cesado al cierre de esta edición, como consejero de Sanidad de la Generalidad de Cataluña, se ha mostrado siempre a favor de nuevas reglas para el CISNS, hasta el punto de que era partidario no sólo de reformar su composición sino, incluso, de que cambiase de nombre y pasase a denominarse Consejo Interterritorial de Salud. Rius, al enjuiciar la evolución del proceso de transferencias sanitarias, las de Salud Pública se remontan a 1979, consideraba que el principio de solidaridad no se ha visto afectado. Se apoyaba en un hecho que, en el fondo, concuerda con lo expuesto por el consejero de Galicia, que los Estados con transferencias sanitarias tienen un diferencial de financiación 'per cápita' más pequeño que los centralizados.

Para el ya ex consejero catalán, los 'fantasmas' actuales de fragmentación responden a dos hechos: por un lado, al cierre del proceso de transferencias y, por el otro, al nuevo sistema de financiación de la Sanidad. Esto obliga a debatir la ley de cooperación y coordinación del SNS; a definir y revisar el papel de las CC.AA. en el nuevo SNS; y a solucionar satisfactoriamente la financiación de la libre circulación de pacientes y ciudadanos.

Coordinación esperada
Quienes desde el principio estuvieron implicados en el desarrollo de la Ley General de Sanidad (LGS), aprobada en 1986, no han ocultado su preocupación por la coordinación del SNS, especialmente teniendo en cuenta que, cuando se aprobó la ley, ya estaba transferida la gestión de la asistencia sanitaria de la Seguridad Social a dos comunidades, Cataluña (año 1981) y Andalucía (1984). Pedro Pablo Mansilla, que fue el recopilador de documentos para la redacción del texto de la LGS, en el libro que escribió para justificar su aprobación, apenas hablaba del Consejo Interterritorial, por decir que no lo mencionó una sola vez, pues en aquel momento lo que preocupaba era la integración de la multiplicidad de redes públicas con competencias en asistencia sanitaria, aunque sí dedicó especial atención a la Alta Inspección, "como instrumento favorecedor de la planificación sanitaria a nivel del Estado".

En el nuevo proyecto de actuación, el Ministerio de Sanidad pondrá a disposición del SNS la información armonizada que éste precisa para la coordinación



Para Mansilla, "la Alta Inspección es una potestad de carácter coercitivo a disposición del Estado de la Nación para asegurar que las partes del Estado responden al interés de la unidad. Es evidente que, en un funcionamiento normalizado del Estado, no es conveniente el uso de este instrumento coercitivo, sino que debe ser sustituido por mecanismos de coordinación, al menos ésta es la experiencia en los países que tienen un cierto grado de federalismo".

Javier Rey, que fue uno de los responsables del CISNS como director general de Alta Inspección del Ministerio de Sanidad desde 1991 a 1996, comenta que el Consejo Interterritorial fue "una buena expresión de lo que constituía el horizonte de algo sobre lo que se carecía de experiencia previa… La descentralización sanitaria que tuvo lugar en España en los años precedentes a la creación del Consejo Interterritorial era una experiencia inédita, que carecía de referencias dentro del propio país. Se trataba, por tanto, de innovar; y lo plasmado en la LGS sirve para conocer qué perspectivas se manejaron en aquel momento. Sin embargo, la necesidad de coordinación en un sistema descentralizado que pretenda mantener ciertos grados de cohesión es una cuestión general, no específica del ámbito sanitario". En 1987, año en que se constituye el CISNS, todas las Comunidades Autónomas tenían asumidas las competencias en materia de Sanidad (salud pública y planificación sanitaria, en el sentido más amplio).

Redefinición de cometidos
Se diría que, en este momento, se quiere volver a una especie de principio que, de alguna manera, subsane los problemas detectados con el paso del tiempo, sobre todo en aquellos puntos en que parece claramente que responden a una falta de coordinación dentro del sistema. Además, habiendo perdido el Ministerio de Sanidad las competencias asistenciales que venía ejerciendo sobre buena parte del territorio, debe redefinirse su papel en el conjunto del sistema.



La actual ministra de Sanidad, Ana Pastor, en uno de los actos conmemorativos de los 15 años de constitución del CISNS, comentó, entre otros aspectos, que el Consejo Interterritorial había propiciado un clima que había "redundado muy positivamente en la disminución de la conflictividad jurídica entre el Estado y las Comunidades Autónomas en materia sanitaria". Anunció que las mejoras que pretenden introducir buscan una optimización de las posibilidades del Consejo como eje fundamental de la cohesión del SNS. Y señaló que "el Consejo debe convertirse, de manera efectiva, en el foro de encuentro, información recíproca y toma de decisiones, que favorezca la obtención de mejores niveles de salud para todos los ciudadanos, la igualdad efectiva en el acceso a las prestaciones en todo el territorio y la mejora continua de calidad de éstas, a la vez que debe ser capaz de profundizar en la colaboración para seguir avanzando en el desarrollo del Sistema Nacional de Salud. Asimismo, la labor del Consejo debe tener en cuenta aquellas circunstancias en las que deba primar la solidaridad por encima de planteamientos y actitudes localistas".

No debe extrañar esta preocupación del Gobierno por el CISNS pues, en el programa electoral del Partido Popular (PP) para las generales de 2000, se recogía la pretensión de culminar el nuevo modelo territorial del SNS asegurando su unidad, para lo que -entre otros medios- se anuncia la revisión de la naturaleza jurídica y administrativa del CISNS, ampliando sus funciones como órgano de coordinación general del SNS. Y, asimismo, se pretende el reforzamiento de la Alta Inspección del Estado, a la que se le conferirá nuevas funciones, como la supervisión de la adecuada distribución competencial y vinculándola estrechamente al Consejo Interterritorial.

De alguna manera, el programa electoral del PP plasma algunas consideraciones que, en su informe, había incluido la Subcomisión Parlamentaria para la Modernización y Reforma del Sistema Sanitario y que fue aprobado el 18 diciembre de 1997. El acuerdo parlamentario, en el que no participó el Grupo Socialista (PSOE) ni el de Izquierda Unida, contemplaba la necesaria reforma de la LGS para dar un nuevo alcance al papel del Estado, especialmente a la función de coordinación territorial y a las tareas del CISNS y del Comité Consultivo. Propuestas que se plasmaron en un primer Anteproyecto de Ley para la Consolidación y Modernización del SNS, redactado por el equipo ministerial de José M. Romay, pero que no llegó a tramitarse.

Diego J. Martínez, en aquel momento asesor técnico del subsecretario de Sanidad, cuenta que, en el anteproyecto, había propuestas controvertidas y se atribuían unas funciones al CISNS que no se correspondían en la práctica con el desarrollo efectivo de esta institución. Aunque, al igual que otros técnicos, no duda en señalar que las dificultades de la coordinación interterritorial eran crecientes, por lo que, a la vista de la situación que podría generarse una vez culminadas las transferencias, la Subcomisión parlamentaria propuso una serie de modificaciones legislativas.

No era la primera vez que, desde instancias parlamentarias, se había requerido una reconsideración sobre el CISNS. En 1991, en el reiteradamente citado informe de la "Comisión Abril", se señalaba que, "en la medida en que se complete el proceso de descentralización del SNS, con la puesta en marcha de los Servicios Regionales de Salud en todas las Comunidades Autónomas, va a cobrar una importancia decisiva el establecimiento de una 'Dirección Estratégica de Política de Salud' para el conjunto del Sistema. Y ello requiere, a su vez, la potenciación de las funciones del Consejo Interterritorial, así como la ampliación de sus cometidos de coordinación y comunicación. Esta nueva situación de transferencias generalizadas del Sistema, que se producirán en un futuro próximo, exige también reformas organizativas que permitan cobrar una cierta distancia entre los aspectos de autoridad sanitaria (salud pública, investigación, formación, estadística...) y los de asistencia sanitaria..."

En sus recomendaciones, el 'informe Abril' plasmó lo siguiente: "Deberían potenciarse las funciones del Consejo Interterritorial, así como la ampliación de sus cometidos, por cuanto la práctica de los aspectos de autoridad sanitaria y la ejecución de los presupuestos de la asistencia requiere un funcionamiento armónico del conjunto del Estado".

Como el resto del contenido del informe, la recomendación no pasó del papel impreso y quedó sin llevarse a la práctica. Así, en 1997, la 'Subcomisión Parlamentaria para la Modernización y Reforma del Sistema Sanitario' vuelve, de nuevo, sobre el tema y advierte que "la culminación del proceso de transferencias debe permitir una reconsideración a fondo del ejercicio efectivo de la función de coordinación del sistema, que corresponde al Ministerio de Sanidad y Consumo. En un escenario de plena descentralización, la dirección del SNS ha de desarrollarse fundamentalmente en la búsqueda del consenso y la participación de las Comunidades Autónomas. Éstas, a su vez, han de contribuir al mantenimiento de la identidad común del sistema, de acuerdo a los principios de lealtad institucional y cooperación recíproca... El Ministerio deberá potenciar el desarrollo de sus funciones de coordinación, principalmente a través del Consejo Interterritorial, más por la vía de generación de valor como unidad central y arbitral del sistema, que a través del ejercicio unilateral de su posición jerárquica o de sus competencias privativas". La Subcomisión, a la vista de ésta y de otras consideraciones, termina reclamando un reforzamiento del CISNS, "como instrumento esencial de vertebración del sistema sanitario".

Quedan pocas dudas sobre la necesidad de arbitrar un instrumento de coordinación que, además de regular las prestaciones, vele por la equidad en el acceso a las mismas por parte de los ciudadanos. De ahí que, incluso el Consejo Económico y Social (CES), en su último informe, el correspondiente a 2001, advierta que "es preciso llamar la atención sobre los problemas generados o no resueltos... Entre los primeros, la ausencia de un mecanismo de articulación que permita desde la esfera de la Seguridad Social el seguimiento de la asistencia sanitaria como prestación del sistema". Más adelante, al analizar las transferencias de la gestión de la asistencia sanitaria pública, comenta que, "en este contexto se ha planteado reiteradamente la necesidad de redefinición del papel del CISNS, órgano al que la Ley General de Sanidad de 1986 encomendó la coordinación del SNS... Durante el año 2001 no cabe hablar de grandes progresos en la implantación de un sistema de información homogéneo y transparente sobre la asistencia sanitaria en España, que contemple indicadores de acceso, recursos, funcionamiento y gasto del SNS en su conjunto. Se trata de una necesidad acarreada desde que se produjo la primera transferencia... y que en estos momentos, ultimada la articulación definitiva del SNS en diecisiete servicios de salud, resulta inaplazable".

Camino emprendido
Nadie duda de que en este contexto se encuadran los planteamientos de la ministra Pastor, que ha vuelto públicamente una y otra vez sobre ellos y cabe deducir que, en privado, los está negociando con los consejeros de las Comunidades Autónomas, con quienes viene celebrando reuniones periódicas. Y es que, según ha dicho en alguna ocasión, el Ministerio, en colaboración con las Comunidades Autónomas, quiere establecer condiciones de igualdad en todo el territorio nacional para que, ante las mismas necesidades, se dispongan de iguales recursos. Se quiere elaborar un catálogo de prestaciones básicas comunes, así como el método de su actualización. Es aquí donde parecen surgir los problemas, sobre todo cuando se habla de imponerlos a través de una ley pues, en caso de que las prestaciones contempladas no estén siendo ofrecidas por algunos Servicios de Salud, se verían impelidos a incluirlas, con la consiguiente inversión económica.

La ministra Ana Pastor, en su primera comparecencia en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, ante la que esbozó las líneas de actuación de su mandato, abundó en referencias al nuevo papel del Ministerio y, sobre todo, al que debe desempeñar el CISNS. Según Pastor, no sería suficiente con potenciar el papel de este organismo, sino que debe modificarse "para que las Comunidades Autónomas tengan la posibilidad de participar en la toma de decisiones y no se quede, como ha sido hasta ahora, en un órgano dirigido a ver pasar temas de puro trámite, sin debatirse nunca la política sanitaria de este país". En el fondo, llegó a decir que debía recrearse el CISNS.

Según la titular de Sanidad, la nueva estructura del Ministerio "responde a la necesidad de potenciar las funciones de coordinación interterritorial, de contar con herramientas para mejorar la calidad del sistema, de potenciar la comunicación con los ciudadanos y la protección de los derechos de los consumidores, a fin de reforzar esta coordinación interterritorial, el fomento de una asistencia sanitaria humanizada -y repito, humanizada- y de calidad, la evaluación del funcionamiento, prestaciones y resultados del Sistema Nacional de Salud, asegurando la equidad y accesibilidad a sus servicios y la promoción de políticas de salud orientadas a las enfermedades prevalentes".

En el nuevo proyecto de actuación, el Ministerio de Sanidad y Consumo, a través de la nueva dirección de planificación sanitaria, sistemas de información y prestaciones, pondrá a disposición del Sistema Nacional de Salud la información armonizada que éste precisa para la coordinación, así como para el análisis interterritorial e internacional. Para ello dispondrá de un sistema de información contemplado como básico que podrá ser, cómo no, mejorado y perfeccionado mediante técnicas de cooperación. El sistema de información sanitaria se diseña para dar respuesta a las redes de alerta, a los registros, a los censos, a la información que el Estado precisa para atender los requerimientos de los organismos internacionales. Se articulará la participación de las Comunidades Autónomas y del Ministerio en torno a un proceso que permita recabar, elaborar pero también distribuir la información, porque, la información es de todos, es del Sistema Nacional de Salud.



Para Ana Pastor, ante los problemas señalados, el Ministerio de Sanidad y Consumo debe asumir de forma decidida la responsabilidad que le corresponde, de modo que, revitalizando instrumentos tan útiles como el Consejo Interterritorial u otras instituciones competentes, tiene que comprometerse y definir objetivos y prioridades, y garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a las prestaciones reconocidas por la ley.

Recogido lo dicho este mismo año por el CES, podría añadirse lo que, hace tres, se recogió en una publicación de la Fundación Alternativas sobre 'El futuro de la Sanidad Española. Un proyecto de reforma', en donde se indica que los resultados de las formas de coordinación establecidas en el ámbito sanitario habían sido limitados, responsabilidad atribuible a quienes gestionaron los instrumentos de coordinación en cada caso. Aunque, en relación con los sistemas de información, la responsabilidad se atribuye al Ministerio de Sanidad y se califican los resultados de cortos e inadecuados para un sistema descentralizado. Y se añadía que "el interés demostrado hasta ahora por parte de aquél (el Ministerio) en constituirse en el elemento central y coordinador de un sistema de esa naturaleza o, por lo menos, de dar pie a la constitución de los instrumentos de coordinación necesarios ha sido escaso, siempre superado por la atención a la gestión de los servicios asistenciales no transferidos". En otras palabras, que lo prioritario era administrar las cuentas del Insalud todavía no transferido y no la coordinación del sistema. Es decir que, sin dineros asistenciales que administrar, la coordinación se ha convertido en la gran asignatura del actual Ministerio de Sanidad.

Actividad decreciente
De todos modos, la actividad del CISNS ha perdido relevancia con los años, hasta el punto que, después de tres años sin actualizar su página web, se hizo en el último verano para ofrecer sus actividades a los largo de los quince años de existencia. Y, de entrada, ya se indica que se ha trabajado a un ritmo desigual, tanto en lo que se refiere al número de reuniones anuales mantenidas como al peso que cada área temática ha tenido en los plenos y en las comisiones de segundo nivel dependientes del mismo. Mientras que, en 1989 y 1990, se celebraron seis Plenos cada año, desde 1993 a 1997 no se superaron los tres anuales y, en 2000, sólo se celebraron dos.

En los 15 años de existencia del CISNS, se han abordado 1.883 asuntos en 651 reuniones celebradas por los diversos

Javier Rey, que ha sido uno de los secretarios del CISNS, cuenta que, tras la elaboración del Reglamento del Consejo, en el que se abrió la posibilidad de constituir Comisiones y Grupos de Trabajo para abordar temas específicos, se produjo un cierto abuso de esta facultad, lo que llevó a una proliferación de comisiones, que llegaron a superar las 50, muchas de ellas con actividad escasa o nula tras la decisión de su creación.

Por otro lado, un análisis de los temas tratados en los Plenos permite deducir que la mayoría de las materias que, inicialmente, se consideraba que debían centrar la atención del CISNS (políticas de adquisiciones de productos farmacéuticos y otros bienes y servicios; los aspectos básicos de la política de personal; actuaciones en materia de planificación general...) no han ocupado en la práctica tal preferencia. De acuerdo con los datos del propio CISNS, en los 15 años de existencia, de un total de 1.883 asuntos tratados en las 651 reuniones mantenidas por los diversos organismos integrados en el Consejo Interterritorial, el área de Salud Pública (Sanidad ambiental, salud alimentaria, vigilancia epidemiológica, vacunaciones...) generó el 41 por ciento de los asuntos tratados.

Aun así, y pese a la evolución de la actividad y a la misma actividad desarrollada, nadie se atreve a considerar sustituible el CISNS. Eso sí, se ha criticado su pasividad, como lo ha puesto de manifiesto el sindicato UGT en un reciente informe, en el que se llama la atención sobre el hecho de que hubiera sido el Consejo de Política Fiscal y Financiera de las CC.AA. el que hubiera cerrado el proceso de traspaso de la gestión del Insalud y no hubiera sido el CISNS.


MARCO LEGAL DEL CINS

El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), según la definición que recoge la Ley General de Sanidad (LGS), es "el órgano permanente de comunicación e información de los distintos Servicios de Salud, entre ellos y con la Administración Estatal, y, coordinará, entre otros aspectos, las líneas básicas de la política de adquisiciones, contrataciones de productos farmacéuticos, sanitarios y de otros bienes y servicios, así como los principios básicos de la política de personal". La Ley le encomienda, asimismo, el ejercicio de ciertas funciones en materia de planificación, así como aquéllas que puedan serle confiadas para la debida coordinación de los servicios sanitarios.

También, la LGS prevé la constitución entre el Estado y las CC.AA. de Comisiones y Comités Técnicos, la celebración de Convenios y la elaboración de Programas en común que se requieran para la mayor eficacia y rentabilidad de los servicios sanitarios. El establecimiento de Planes de Salud conjuntos entre Estado y CC.AA. debe formularse en el seno del CISNS, si implican a todas ellas.

En la misma Ley se plasma el mandato constitucional, según el cual, la coordinación general sanitaria corresponde al Estado, que debe fijar los medios para facilitar la información recíproca, la homogeneidad técnica y la acción conjunta que logre la integración de actos parciales en la globalidad del SNS. Además, los criterios de coordinación general sanitaria, aprobados por el CISNS, deberán ser tenidos en cuenta en la elaboración del Plan Integrado de Salud, documento que deberá recoger los planes de salud estatales, autonómicos y conjuntos y sus fuentes de financiación. Este Plan también tendrá que ser sometido al CISNS.


 


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