Informes | Gestión 


 

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Décimo Aniversario
El Informe Abril, "la reforma truncada"   

"reunion_abril.jpg (24731 bytes)Nadie se atreve a lidiar el toro de la Sanidad". Buscando en las hemerotecas nos encontramos con esta frase de Fernando Abril Martorell, recogida como titular en una entrevista en la que explicaba y defendía los pormenores de sus propuestas para reformar y salvar a la Sanidad pública española. Ha transcurrido una década desde entonces, diez años desde que un equipo de expertos ?la conocida como "Comisión Abril"? liderada por él, sí se atrevió a lidiarla. El resultado fue la publicación de un informe que lleva su nombre, algunas de cuyas conclusiones, así como sus 64 recomendaciones, suponen, para muchos, el análisis y las propuestas más serias que se han hecho hasta ahora de nuestra Sanidad. La Comisión fue galardonada con uno de los Premios EL MEDICO en el año 1991. 

 
Natalia Barrientos 

El "Informe Abril" vio la luz en julio de 1991, pocos meses después de que se publicara la Ley del Medicamento (diciembre de 1990) que, a su vez, nacía después de siete años de elaboración y discusiones, tres legislaturas y tres directores generales de Farmacia. Transcurría la tercera legislatura socialista. José María Aznar ascendía a la presidencia del Partido Popular y Xavier Trias i Vidal de Llobatera, a la sazón consejero de Sanidad de Cataluña, creaba el Servicio Catalán de la Salud, con la misión de establecer conciertos con entidades públicas y privadas, mientras el Instituto Catalán de la Salud (ICS), quedaba ceñido a la gestión de los recursos públicos. En el País Vasco, José Manuel Freire introducía la tarjeta sanitaria y la cita previa, medidas estas que poco después se extendieron a toda la población española.

En medio nos encontramos, por un lado, con la existencia de servicios de urgencias saturados por culpa de una atracción casi generalizada entre la ciudadanía hacia el hospitalocentrismo, situación que en el transcurso de los años no parece haber variado gran cosa, a juzgar por el aspecto que presentan hoy dichos servicios. Pero no sólo la ciudadanía mostraba esta especie de fascinación "filohospitalaria", sino también las propias autoridades sanitarias

abril.gif (1544 bytes)Por otro lado, afloraban problemas de corrupción (caso Juan Guerra), mientras la población no tenía nada claro si nuestra asistencia sanitaria tenía más de bondad que de inoperancia o viceversa ?"Aunque tres de cada cuatro españoles dicen que quieren cambios profundos en el SNS, aproximadamente tres de cada cuatro, 71 por ciento, también manifiestan una satisfacción general con los servicios de asistencia médica utilizados". (Robert J. Blendon, médico, profesor y presidente del Departamento de Política y Administración Sanitaria de la Escuela de Salud Pública de Harvard, Boston, USA, y Karen Donelan, vicedirectora del Programa Harvard sobre opinión pública y Asistencia Médica. Ambos, asesores de la Comisión. Diario EL PAIS, 24 de octubre de 1991)? ; había también una creencia también generalizada de que la Sanidad privada funcionaba mejor que la pública...
 
Según recuerda el periodista Enrique Jurado Salván en su libro "Crónica de la transición sanitaria en España (1977-1992)", "el modelo de referencia sanitario español seguía siendo el británico, que entonces presentaba una contrarreforma thatcherista, con pasos hacia la privatización de la asistencia pública. García Vargas hablaba de la necesidad de limitar las prestaciones e introducir nuevas tasas, mientras el PP presentaba un programa de claro corte thatcherista. Se universaliza la tarjeta previa, el 061 y la tarjeta individual. Se crean 444 equipos de Atención Primaria, 85 centros de orientación familiar y 75 unidades de salud mental. La reforma de la Atención Primaria dista mucho de lo prometido, pero mejora...". 
El planteamiento "revisionista", en el buen sentido del término, de los sistemas sanitarios europeos y de otras latitudes, partió del informe Griffiths, en Gran Bretaña, el cual ?corría octubre de 1983- había puesto en evidencia la estructura y organización del Servicio Nacional de Salud británico. Tras su aparición se expandió por toda Europa una especie de "fiebre revisora" de sistema sanitarios que tuvo especial incidencia en Holanda, Suecia y otros; incluso la fiebre llegó a países de otros continentes: Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda... De modo que no era de extrañar que le hubiera llegado el turno al sistema sanitario español. 
  
garcia_vargas1.jpg (35881 bytes)...Y en eso llegó Revilla 
En medio de todo este "guirigay" de acontecimientos, el entonces diputado del Centro Democrático y Social (CDS), Carlos Revilla, presentó una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados donde proponía la creación de una comisión encargada de revisar el Sistema Nacional de Salud (SNS). En su exposición de motivos, el doctor Carlos Revilla advertía acerca de las crecientes tensiones económicas derivadas del imparable aumento de los gastos sanitarios, profundas mutaciones demográficas, nuevas actitudes sociales y la presión incesante del acelerado progreso técnico-médico, elementos estos demandantes, en todo el mundo, de una "revisión y transformación de los actuales sistemas de asistencia sanitaria".
 
Como colofón a esta apreciación, el diputado se sustentaba en datos irrefutables: "En sólo 25 años, la media en los países de la CEE del porcentaje del PNB dedicado a Sanidad se ha duplicado: de 3,6 por ciento en 1965 a 7 por ciento en 1985; el envejecimiento progresivo de la población origina cada día miles de personas vulnerables y dependientes; el aumento del número de enfermos crónicos sustentados por la moderna Medicina, los arriesgados estilos de vida prevalentes en la sociedad de hoy y el crecimiento económico impulsan continuamente el consumo sanitario; las innovaciones médicas, a las que no se puede renunciar, elevan los costes, sin mejorar la productividad, hasta límites insoportables. Así, la eficiencia en el uso de los escasos recursos sanitarios se ha convertido en una obligación moral". Todo ello requería, efectivamente, un análisis en profundidad y soluciones drásticas, alejados de pasiones politiqueras.

La propuesta de Revilla fue bien acogida por la Cámara -septiembre de 1990- y contó con el apoyo entusiasta del entonces ministro de Sanidad, Julián García Vargas, promotor de la universalización de la asistencia y partidario de la cofinanciación de la asistencia por parte del usuario mediante tasas y limitación de ciertas prestaciones como fórmula para frenar el gasto.
 
Tras estos pasos, la pelota pasó al tejado del Consejo Interterritorial, el cual, en su reunión del 4 de junio de 1990, acordó crear una "Comisión de expertos para el estudio del SNS y las tendencias de su entorno en el momento actual y cara al futuro". Nacía así la Comisión de Análisis y Evaluación del Sistema Nacional de Salud, más tarde por todos conocida como Comisión Abril. El Interterritorial, en atención a un expreso deseo del PSOE, resolvió que la iniciativa fuera puesta en marcha por personas independientes "en número no superior a nueve", tras lo cual la búsqueda de quién iba a liderar el proyecto se centró en dos personajes de indudable prestigio entonces y ahora: José Barea y quien fuera vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, Fernando Abril Martorell.
 
Finalmente, la responsabilidad de presidir la Comisión recayó en este último -en esos momentos era vicepresidente del Banco Central- seguido de otros ocho miembros más: vicepresidente: Enrique Costas Lombardía; secretario: Joan J. Artells; vocales: Rafael Alonso Pedreira, Lluis Bohigas, Antonio García de Blas, Carmen Martínez Aguayo, Francisco Martínez Borrego y José María Segovia de Arana; colaborador técnico: Rafael Bengoa Rentería. ¿La meta? analizar la estructura, organización y funcionamiento del SNS en relación con la calidad, equidad y eficiencia, comprendiendo tres grandes grupos de actividades: Gestión y financiación del sistema; Servicios asistenciales y Salud Pública.

Para tan grande cometido, en el seno de la misma se crearon nueve subcomisiones igualmente independientes, formadas por especialistas invitados a título personal ?más de 140- y dedicados a estudiar los aspectos fundamentales del SNS: La demografía y consumo sanitario: envejecimiento de la población y consumo médico por tramos de edad; Lista de prestaciones del Sistema: prestaciones a enfermos crónicos, prestaciones no imprescindibles y nuevas prestaciones; Desigualdades asistenciales; Calidad de la asistencia; Personal sanitario asistencial: necesidades y formación; Asistencia Primaria, rural y urbana; Asistencia Especializada; Hospitales: gestión, actividad, listas de espera, dotación técnica, papel a desempeñar; Urgencias hospitalarias y no hospitalarias; Tecnología médica: evaluación, indicaciones y control de inversiones; Gestión del sistema: control de gastos, eficiencia, rendimientos; Oferta asistencial privada: complementariedad con la pública; Seguros de enfermedad privados; Prestación farmacéutica; Asistencia farmacéutica; Asistencia sanitaria y asistencia social; y Financiación del sistema sanitario: flujos, compensaciones, límites.

Parecía que no quedaba ningún cabo suelto. Unido a esto, la Comisión solicitó por escrito la opinión de 101 entidades y organismos públicos y privados; celebró reuniones de trabajo con consejeros de salud de todas las comunidades autónomas; solicitó dictámenes a asesores nacionales y extranjeros (Roy Griffiths, Reino Unido; Peter Boorsma, Holanda y Claes Ortendhal, Suecia; se desplazó a East Anglia (Cambridge, Reino Unido), al condado de Koppaberg (Falum, Suecia) y a Bonn (Alemania) para estudiar in situ los cambios y estructuras establecidas. Finalmente, encargó al profesor Robert Blendon, de la U. de Harvard, USA, una encuesta par conocer el grado de satisfacción de los españoles con su SNS, en relación con la de los habitantes de los 10 países más industrializados y sus respectivos SNS. 

garci_valverde.jpg (24951 bytes)Un Debe y un Haber 
Enrique Costas Lombardía, que asumió la responsabilidad de la vicepresidencia de la Comisión, recuerda que cuando se les encomendó la tarea de hacer una evaluación de la situación del Sistema Nacional de Salud español, lo primero que en él encontraron fue un Debe y un Haber. "El Haber era un apartado muy estrecho, muy cortito, formado por la universalización, a pesar de que ésta constituía el término de un proceso evolutivo socio sanitario iniciado muchos años atrás", señala. Naturalmente ?prosigue? suponía un punto a favor importante, pues significaba que había una equidad básica, aunque el lugar de residencia, la educación recibida, la naturaleza del trabajo... establecían diferencias, pero en cualquier caso el sistema estaba firmemente orientado hacia la equidad. Había, asimismo, una calidad médica hospitalaria excelente, sobre todo por la formación de especialistas a través del sistema MIR".
 
Como contrapartida, sin embargo, "nos encontramos con un Debe más dilatado, caracterizado por una indeterminación presupuestaria, una anormalidad de financiación, rigidez administrativa, irresponsabilidad democrática, ineficiencia, incentivos perversos, desinformación, centralización, una gran politización e insatisfacción del usuario que percibimos claramente tras la encuesta que le encargamos a Blendon. Blendon era -y sigue siendo- profesor de la Universidad de Harvard. Había realizado encuestas sobre la satisfacción del usuario en los diez países más avanzados y nosotros le pedimos que también lo hiciese en España y pudiéramos así establecer comparaciones".

Presentación 
Una vez recopilada, revisada, analizada y evaluada toda la documentación, salió de todo ello un informe técnico y compacto, que ponía el énfasis en la gestión, la organización y la financiación, sectores estos donde había "más disfunciones". La presentación oficial tuvo lugar en julio de 1991, por el propio Abril Martorell, de la mano del ministro Julián García Valverde -García Vargas había pasado a ocupar la cartera de Defensa- casi coincidiendo en el tiempo, como hemos indicado antes, con la aparición del proyecto de Ley del Medicamento en septiembre de 1990.

En resumen, decía Abril, presidente de la Comisión de Análisis y Evaluación del Sistema Nacional de Salud, "el informe es un instrumento para el debate político y social sobre la Sanidad, un instrumento para producir opiniones y juicios que una discusión sensata pueda conducir a consenso de la reforma, tan necesario como apremiante". Y vaya si hubo debate, opiniones y juicios para todos los gustos, pero de ahí que hayan sido sensatas...
 
La presentación en sociedad del informe no pudo empezar peor, ya que por el camino había perdido a su principal valedor: Julián García Vargas. Además, su aparición levantó un gran revuelo en el mundo político-sanitario-sindical español, quizá poco acostumbrado a planteamientos drásticos y propuestas de reformas profundas. Su diagnóstico, en cualquier caso, puede resumirse en los siguientes puntos: insatisfacción ciudadana, centralismo, rigidez del sistema, gestión sin autonomía, preponderancia de los procedimientos administrativos...
 
congreso_2.jpg (23303 bytes)El sistema público -señala el informe- carece de una visión global y empresarial del servicio, coarta más allá de lo necesario la libertad de elección de los usuarios, falta de información al paciente...; un marco laboral estatutario obsoleto e incapaz de encauzar las relaciones de personal sanitario y de motivar a éste; ausencia de estructuras y mecanismos de información, evaluación y análisis en el sector sanitario público y privado; responsabilidades gestoras diluidas o anuladas por el excesivo centralismo y rigidez del sistema, así como una orientación del sistema alejada del empleo óptimo de los recursos humanos y materiales de gran cualificación.
 
Amén de propugnar una mayor descentralización y la posibilidad de aplicar instrumentos de gestión empresarial, la Comisión aboga por una "potenciación de las funciones del Consejo Interterritorial". Por otro lado, arguye que "la introducción progresiva de la separación entre las competencias de financiación y compra de servicios sanitarios y las funciones de gestión y provisión permitiría una diferenciación nítida entre los principales actores del Sistema y el reconocimiento de sus respectivas responsabilidades y constituiría un requisito necesario para la mejora de la efectividad y eficiencia del conjunto".
 
En el documento queda muy claramente expuesto -incluso está en negrita- una declaración previa de la Comisión: "Las mejoras que se proponen y las que puedan producirse en el futuro, nunca deben afectar al núcleo básico de equidad y solidaridad que constituye la médula del Sistema". Parecía así que los redactores querían curarse en salud ante las previsibles críticas de los detractores que, en efecto, se sucedieron achacándole un exceso de "economicismo" y carácter privatizador por antonomasia.
 
Recomendaciones 
abril1.gif (1851 bytes)De la exposición de circunstancias, juicios y análisis hasta aquí reseñados prácticamente se deducen las recomendaciones. Enrique Jurado, en su citada obra, las vio así: "Las propuestas giraban alrededor de una reforma liberalizadora sin ambages, en las que el sistema financiado mayoritariamente por los fondos públicos tuviese capacidad de "compra de servicios", tanto a instituciones públicas como a privadas, así como a las que los médicos pudiesen constituir en equipo o individualmente siguiendo el modelo implantado en el Reino Unido. El aspecto más polémico de cara a opinión pública era el espinoso asunto de la coparticipación del usuario mediante tasas en determinados servicios o prestaciones farmacéuticas".
 
Una de las primeras recomendaciones de los redactores del informe era conseguir un consenso básico entre todos los grupos políticos y sociales, para acometer esos necesarios cambios. Hay un punto en las recomendaciones donde parece vislumbrarse el preámbulo de lo que hoy son o han podido ser las fundaciones: "Los hospitales y otros centros de servicios sanitarios podrían transformarse en sociedades estatales que, en su funcionamiento, quedarían sometidas al derecho privado". Al decir de la Comisión, esta situación haría posible la autonomía responsable de la gestión y la posibilidad de motivación para captar ingresos adicionales, "sin perjuicio de controles posteriores de gasto, tanto más exigentes que los actualmente establecidos".

Sobre el personal, se recomendaba establecer modificaciones necesarias en la vinculación laboral, a efectos de conseguir una mayor capacidad de decisión del centro en estos aspectos, pero siempre respetándose los derechos adquiridos. No vendría mal, dice la Comisión, escindir el actual Estatuto en dos partes: una que comprendería la retribución básica y la carrera profesional sin dejar de estar bajo la férula de la autoridad central, y otra que regularía la fracción complementaria de las retribuciones. Los niveles retributivos podrían ser más personalizados, con una parte fija y otra variable, a la par que se estimularía y garantizaría el desarrollo de la carrera profesional, "separando las responsabilidades jerárquicas de la promoción profesional personal".

Por otro lado, el informe no sólo no pasa por alto, sino que insta a potenciar elementos como la incentivación y motivación del personal, su participación en la gestión, planes de estudios adecuados a la práctica profesional, formación postgraduada, prueba final del MIR... Unido a ello, el informe propugnaba la elaboración de unos presupuestos rigurosos capaces de casar actividades y costes de la forma más realista posible.
 
Por razones de cofinanciación y de efecto disuasorio el informe aboga por un incremento de la aportación de los ciudadanos (que en la actualidad, o en ese momento, sólo se produce a través de la compra del medicamento). Además, se propugna la fijación de prestaciones básicas y otras complementarias en las que el usuario debería hacer una aportación económica.

Polvareda 
Como hemos apuntado antes, el Informe levantó una inusitada polvareda y suscitó el brote de "francotiradores" desde todos los flancos, no siempre con argumentos mínimamente válidos, es más, muchas veces ni siquiera con argumentos. Pero también hubo voces, aunque críticas, autorizadas cuyos juicios vale la pena recordar: es el caso del profesor Vicente Navarro, a la sazón catedrático de política de gestión sanitaria y de Sociología en The John Hopkins University, EE.UU., y profesor visitante de la U. de Barcelona, quien, en un análisis realizado para la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública ("Salud 2000, Año VI/Nº 33/Nov. de 1991) de entrada aludía a "la escasa calidad profesional de los documentos de la Comisión (...) carente de una redacción adecuada. Contiene errores editoriales, conceptuales, contradicciones internas y un importante número de generalizaciones sin información empírica que la sustente". Algunas de las recomendaciones son calificadas por Navarro como "las reformas privatizadoras más radicales hoy en Europa occidental", hasta el punto que las propuestas por Thatcher y Major "son más moderadas".

Aprovecha la ocasión este catedrático para hacer a su vez una recomendación: "El SNS debería fomentar la utilización de prescripciones genéricas en lugar de comerciales, lo cual permitiría un mayor ahorro que el generado por las recomendaciones de la Comisión Abril, y favorecería, en vez de perjudicar, al usuario".

El Grupo Parlamentario Popular en el Congreso también dio su veredicto: "Las recomendaciones (...) son decepcionantes, porque han eludido entrar en el fondo de las verdaderas causas del fracaso sanitario socialista". No obstante, aplaude que, por otro lado, sean "una dura y severa crítica a la política sanitaria" del PSOE. También acusa el PP al informe de poner "excesivo acento en las medidas económicas", de desconocer el derecho del ciudadano a elegir asistencia, y de permitir lo inadmisible: "la extensión a los pensionistas de los pagos de farmacia".

Izquierda Unida, por su parte, con arguyó que no consideraba fracasado el modelo de SNS español, sencillamente porque "permanece inédito en nuestro país". A su entender, los documentos de la Comisión "carecen del más mínimo rigor metodológico", amén de que "estamos convencidos de que cada una de las medidas que se proponen forman parte de un todo global, coherente con los principios ideológicos del neoliberalismo, tras el que se parapetan sectores con intereses lucrativos en el terreno sanitario, como las mutuas patronales, las compañías de seguros privados, los colegios de médicos, la patrona de las clínicas privadas y la industria farmacéutica", grandes valedores de la privatización, según este partido político.
 
La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, CESM, dio, por su parte, una de cal y otra de arena. En principio decidió mantenerse "deliberadamente al margen de la batalla ideológica y opiniones desinteresadas que suscitó el Informe Abril", pero a la postre decidió intervenir con una recomendaciones propias y "gratuitas". Arreó algunos palos a la Comisión, pero recalcó que "El documento no es tan negativo como se ha querido hacer creer. Si exceptuamos algunas propuestas sin duda equivocadas, y otras que deberían tener un mayor grado de concreción, nuestra opinión es que, en líneas generales, el documento aborda cuestiones fundamentales que son necesarias para corregir los desequilibrios de nuestra Sanidad".

Algunos juicios vertidos por este sindicato médico al Informe, lo califican de "caro y poco novedoso", economicista: "frío, cicatero y condicionado políticamente, además de ofrecer unas soluciones poco ‘sociales’, demagógico, antisocial y probablemente inconstitucional la aplicación del ticket moderador".
 
Los protagonistas 
Abril Martorell explicaba ("La Vanguardia", 4 de noviembre de 1991), que en el futuro sólo deberían crecer las cuotas de los trabajadores a la Seguridad Social, porque queda descartada una mayor presión de la imposición directa futura. Los redactores del Informe se decantan por los sistemas de seguridad social francés y alemán, porque "corrigen con mayor precisión los déficit presupuestarios anuales", a pesar de que hasta la aprobación de la Ley General de Sanidad España tenía un sistema similar, lo que no impidió fuertes déficits presupuestarios desde el inicio de la transición.
 
El máximo protagonista de este magno documento no pudo ocultar el desánimo que le produjo el hecho de que "desoyeran el informe, ante un trabajo hecho a lo largo de ocho o nueve meses". Empleando un símil taurino, explicó las reacciones adversas al informe como muestra de "una propensión a matar al mensajero o el síndrome de Curro Romero, que cuando el toro es grande no le gusta torearlo. (...) Parece que nadie se atreve a lidiar el toro de la Sanidad, pero hay que torearlo y, cuando más años tarden, más arrobas y más resabiao".

En su opinión, la gratuidad "deforma las conductas y los comportamientos del hombre, porque en el fondo de la naturaleza humana, aquello que no cuesta no se valora lo suficiente (...).Una profesión [la médica] que regala absolutamente todos sus servicios profesionales, en un contexto como el que vivimos, creo, sinceramente, que difícilmente recoge un prestigio generalizado, porque lo que se regala no se aprecia, salvo cuando hay una emergencia". "Cuando mayoritariamente hablando tenemos un nivel económico importante ?no quiere decir que no haya un millón de personas necesitadas- con vacaciones, fines de semana y segunda residencia y a gente se toma sus copas y va en sus coches no conviene hacer lecturas exageradas de lo que es la solidaridad, lecturas del año 40...".

Por su parte Enrique Costas Lombardía, a la sazón vicepresidente y coordinador de la Comisión, deploraba el desconocimiento que sobre el informe manifestaban los ciudadanos españoles, a pesar de los abundantes comentarios y noticias en los medios de información, que sólo destacaban "los aspectos populares y sensibles del informe, con casi omisión de todo lo demás, con interpretaciones interesadas hechas desde la ignorancia o el partidismo político y sindical, que terminaron por encoger y deformar sustancialmente el documento ante la opinión pública".
 
En suma, aducía este experto, los ciudadanos se quedaron con la cantinela de que el informe no estaba conformado por 64 recomendaciones de mejora, casi todas renovadoras y trascendentes, sino reducido a "tres propuestas enojosas", a saber: el pago por los pensionistas del 40 por ciento de los medicamentos, la participación del usuario en los costes y la delimitación de las prestaciones. Estas tres recomendaciones, decía Costas, fueron divulgadas con tales parcialidad y amputaciones que aparentemente han llegado a configurar un mezquino aparato discriminador de pobres y ancianos. Justo la imagen contraria a la insistente preocupación del informe por la equidad".

Diez años después... 
Hoy, diez años después, la pregunta pertinente que cabe hacerle a Costas Lombardía es si cabría "salvar" algunas de aquellas 64 recomendaciones, aunque sea con matices. Su respuesta es que "permanecerían casi todas", pero, "lo que ocurre es que hoy las circunstancias son distintas. Creo que el informe respondía a unas circunstancias concretas en un momento concreto. Ahora por el mundo hay otras cosas. Por entonces estábamos todos, y cuando digo "todos" me refiero al mundo entero, influidos por la llamada "competencia gestionada" que sigue vigente en algunas partes, pero que ya tiene otro aspecto. Creo, no obstante, que algunas cosas del informe persisten en la actualidad. Los inconvenientes o deficiencias del sistema, por ejemplo, siguen casi todos vigentes, incluso algunos han empeorado y han aparecido otros nuevos. En cualquier caso, aunque del informe anterior se podrían aprovechar algunas cosas, más que recogerlas y ajustarlas a las circunstancias actuales, lo que habría que hacer es otro Informe Abril, porque diez años después es necesario". 

El profesor José María Segovia de Arana fue otro de los protagonistas indiscutibles del Informe Abril, en cuya Comisión actuó como vocal. Hoy, transcurrida una década, confirma su pleno acuerdo "con todo lo que ahí se expone", máxime cuando "todas mis ideas figuran ahí plasmadas". A su juicio, aunque la situación ha cambiado en cierta medida, el informe sigue plenamente en activo. La idea de la expansión y transferencia de competencias, por ejemplo, ampliamente considerada en el informe con sus ventajas e inconvenientes, se han ido desarrollando posteriormente. Ahora bien, algo que en el informe era fundamental, como es la competitividad y la personalización, sobre todo en los centros hospitalarios, la vinculación directa del personal aun con ciertos condicionamientos y cierta cronología en la evolución, eso está paralizado, a pesar, repito, de que era uno de los aspectos que con más intensidad se señalaba en el informe. La idea era imprimirle un mayor dinamismo y competitividad a todo el sistema, sin dejar de tener en cuenta el factor económico".
 
abril2.gif (1269 bytes)Al decir de este profesor, todas las recomendaciones habidas en el Informe, en los distintos apartados, tienen su valor, porque fueron "muy cuidadosamente meditadas y discutidas. Si yo pudiera aplicarlas en este momento, no dudaría en hacerlo, porque de entre los múltiples informes que se habían conocido y señalado, creo que la esencia del Informe Abril tuvo el mérito de ser muy concreto, muy preciso y muy elaborado. Su esencia es positiva, no sólo para nuestro país, sino para los que están en situaciones semejantes en el contexto europeo. Tiene un gran valor como esquema de trabajo y de actuación perfectamente válido".
 
Lluis Bohigas, actual director general de Planificación y Presupuestos, también actuó como vocal en la Comisión Abril. Hoy, "a vuela pluma", destaca del informe lo que en su día supuso para el sistema sanitario: originó un debate público sobre los objetivos y limitaciones de nuestro sistema sanitario, debate que, a su juicio, fue positivo para el sistema y la ciudadanía, pues permitió entender un poco más cómo funcionaba el sistema, qué tenía de positivo y cuáles eran sus limitaciones. "Es bueno para la sociedad que cada cierto tiempo se plantee este tipo de cosas. De ahí que en cuanto a debate, diez años después el Informe Abril es recuperable. Quizá con motivo de la culminación del traspaso de las transferencias a todas las comunidades autónomas, se haga un replanteamiento de qué sistema sanitario público queremos. En este sentido el Informe es recuperable en cuanto a espíritu, aunque sí me gustaría que el debate fuera menos apasionado que hace diez años, y quizá en este sentido esto el país ha madurado y hoy se entienden mejor las cosas que entonces fueron tabú".

Aparte de esto, indica este economista catalán, hay una segunda parte: el contenido. De ello destaca la serie de innovaciones que proponía para el Sistema, entre ellas, la separación entre proveedor y financiador. "Hoy estas innovaciones ya son un lugar común, lo que no quiere decir que esté en todas partes, sino, simplemente, que el sector sanitario ya las ha asumido y como tales forman parte de un discurso normal. De modo que cuanto a contenido habría que actualizarlo y referirlo a los problemas de ahora".

Al decir de Bohigas, como asignatura pendiente queda "un problema que preocupaba mucho a los redactores del Informe: la integración de los profesionales en el sistema sanitario público, algo para lo que todavía queda mucho camino por recorrer". En cualquier caso, de aquel trabajo Bohigas recuerda lo que para él supuso: "una experiencia personal y profesional muy interesante, porque participar con otras personas de mucho nivel en un debate sobre el sistema sanitario público, es enriquecedor y positivo. Pero a la vez me quedó una cierta frustración, pues cuando el debate se hizo público, se hizo de una forma muy superficial, se ahondó en los temas más demagógicos y llamativos. Me habría gustado un debate más profundo, sobre los temas que realmente importaban. Creo que las instituciones políticas, sindicales o colegiales han madurado y hoy día serian menos viscerales en sus juicios". 

Entrevista 
carlos_revilla.jpg (34780 bytes)CARLOS REVILLA 

"Hay que atender a las exigencias de la España de hoy con la misma actitud analítica, indagadora y no acomodaticia" 

Quizá pocos recuerden que el Informe Abril arranca de una proposición no de ley presentada en el Congreso por el doctor Carlos Revilla, entonces diputado por el Centro Democrático y Social, CDS, creado por Adolfo Suárez. En su exposición de motivos, el doctor Revilla proponía la creación de una comisión que revisase de cabo a rabo el Sistema Nacional de Salud, pues, amén de otras consideraciones, "la eficiencia en el uso de los escasos recursos sanitarios se ha convertido en una obligación moral". Revilla, que entre otros cargos fue primer presidente de la Diputación de Madrid, es, pues, testigo de excepción de todo este proceso, no en vano tuvo el privilegio de observar desde la primera fila todo el devenir de la transición democrática, y por ende sanitaria, española. 

-Han transcurrido diez años de la aparición del Informe Abril, y quizá por ello son muchas las voces que ahora lo sacan a colación como un documento a revisar. En este sentido ¿en qué medida cree que han variado las razones y circunstancias que le llevaron a presentar la proposición no de ley encaminada a crear una comisión que revisase el Sistema Nacional de Salud?
-Nuestro país ha avanzado desde entonces: está produciendo beneficios la clarificación del papel del Estado, se ha afirmado la economía liberal, mejores niveles de renta aumentan la capacidad del consumidor para elegir, muchas más personas trabajan, el ejercicio físico forma parte de una actitud activa respecto a la propia salud, han aumentado el capital humano y la movilidad laboral, las nuevas tecnologías ayudan a romper los monopolios, las personas mayores se consolidan como grupo que genera riqueza y necesita atenciones, el pacto social en general y el del capital y el trabajo se han afianzado. En el Parlamento se debatía entonces el Plan de Convergencia con Europa, ahora ya hemos convergido y lo que se discute es la ampliación de esa convergencia. Todos estos fenómenos han generado crecimiento y han determinado cambios positivos en la sociedad. Sin embargo, la Sanidad en España vive, en su inercia, ajena a esos cambios, en una atonía estructural, que ni siquiera es un estado estratégico. Es necesario que se abra a esas transformaciones y tendencias, que se incorpore sencillamente a lo que ya está hecho, esa es la ventaja y también su miseria. Que no nos pase lo que les ha sucedido a los ingleses.

-La proposición fue bien acogida por la Cámara y, con algunos "peros", por organizaciones como la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos; sin embargo, luego surgieron muchos detractores ¿a qué se debió este hecho?
- El magnífico trabajo de la Comisión y el Informe daban una idea de la situación de la Sanidad que resultó sorprendente, por el volumen de su anacronismo, cuando el discurso al uso consistía en que por el solo hecho de ser pública tenía que ser buena, y por su complejidad, acostumbrados al tratamiento simplificador de la Ley General de Sanidad. El descubrimiento suscitó intranquilidad, faltó voluntad y competencia para encauzarlo hacia un foro permanente, que habría ido encontrando puntos de convergencia y posibilidades de reforma. 
-Pareció que resultaban incómodas las lacras que denunciaba el informe... 
- El informe se convirtió, sin pretenderlo, en un frente único, desideologizado y por tanto inquietante, que para distintos intereses era necesario desacreditar y hacerle el vacío -ni siquiera se debatió en el Parlamento al que estaba destinado-, y perdió el apoyo inicial. Sólo le quedó el de quienes lo promovimos y el de sus ciento ochenta y seis autores, leales al conocimiento y al análisis de la realidad, y acabó siendo utópico, es decir, sin morada en aquel momento. Se prefirió seguir por caminos distintos a los del resto del mundo, o sea, ser extravagantes.

-¿Cree que en la actualidad es posible, incluso conveniente, "rescatar" el informe, quizá con retoques? ¿qué retoques?. 
- Pienso que no se trata tanto de "rescatar" sino de atender a las exigencias de la España de hoy con la misma actitud analítica, indagadora y no acomodaticia. No obstante, es positivo mantener vivo el recuerdo de algo que fue oportuno, que se hizo bien y que fue progresista en los medios y en el fin que perseguía.

-¿De las 64 recomendaciones del Informe ¿cuáles tienen plena vigencia y, por tanto, convendría aplicar en este momento a la Sanidad de nuestro país?
-Obviamente, muchas recomendaciones siguen vigentes, pero en mi opinión hay que buscar las soluciones que la realidad de nuestro país demanda. Lo contrario sería ignorar el esfuerzo general realizado en estos diez años. Las cosas que quedan por hacer deberían dejar anticuadas las recomendaciones.

 

Entrevista 
enrique_costas.jpg (34055 bytes)Vicepresidente de la Comisión Abril 

Enrique Costas Lombardía 
" La Sanidad necesita con urgencia otro Informe Abril" 

Costas Lombardía, Vicepresidente de la Comisión Abril, asegura que en estos diez años las deficiencias de la sanidad española se han agudizado, al no haberse acometido una reforma estructural. Cree que los " pequeños cambios" introducidos son un mero barniz que los políticos utilizan para justificar su inmovilismo en materia sanitaria y que el debate sanitario se ha reducido a las listas de espera. En su opinión, una empresa que "desdeña a sus profesionales" no puede funcionar muy bien. 

Texto: Matilde Duque

-¿Cómo valora aquel año de trabajo intenso?
- Estuvimos un año trabajando y no tuvimos ningún tipo de dificultades.  Recuerdo aquel año como una etapa preciosa, feliz, un año de trabajo muy fructífero y una colaboración entusiasta por parte de todas las personas que colaboran. Fueron ciento cuarenta especialistas los que trabajaron en las subcomisiones. Ninguno cobró nada. Se les hizo únicamente un regalo, una cartera buena como un recuerdo y todos trabajaron con un interés y un ánimo verdaderamente admirable. Fue una etapa preciosa. Y contamos con todo el apoyo de Julián García Vargas, probablemente el mejor ministro de Sanidad que hemos tenido. 

- ¿Por qué no se llegaron a ponerse en marcha las recomendaciones del Informe?
- Tuvimos mala suerte. En el momento en que terminamos el informe, García Vargas pasó al ministerio de Defensa. Si García Vargas hubiera permanecido en Sanidad, estoy seguro de que las recomendaciones que hicimos se hubieran aplicado.

- ¿Se interesó en algún momento García Valverde por el informe? 
- Sí. Se interesó sobre todo por todos aquellos aspectos relacionados con la gestión. En Renfe parece que había hecho una buena labor. Pero también tuvo que dimitir. Incluso había gente en su equipo que estaba dispuesta a poner en marcha algunas de las recomendaciones que se hacían en el informe. Y luego llegó Griñán y no lo acogió bien. Sencillamente lo olvidó. Hubo una gran polémica por algunas de sus recomendaciones. Quizá nosotros no supimos presentarlo bien. Habíamos trabajado mucho en su elaboración, pero posiblemente la presentación no fue muy afortunada.

- La reacción de los sindicatos fue desmedida ¿Se comportaron de una forma reaccionaria?
- Absolutamente, porque pretendieron mantener a toda costa el " status quo". Los sindicatos empezaron a sacar aquellas cuestiones del informe más impopulares, incidiendo en aquellos aspectos más impopulares de las recomendaciones y se montó una gran polémica. Comisiones Obreras y UGT amenazaron con la huelga general si se aplicaban algunas de las recomendaciones. Los pensionistas también estaban dispuestos a hacer una huelga de hambre. Ante la presión social, el Gobierno se encogió, tuvo miedo y se olvidó.

- ¿Se llegaron a mantener conversaciones en algún momento con Felipe González?
- No. Todas las conversaciones fueron a través del Ministerio de Sanidad. Yo creo que Fernando Abril nunca llegó a hablar con Felipe González ni con Alfonso Guerra sobre este tema. 

- ¿Se ha reconocido suficientemente la labor de la comisión?
- El Gobierno se olvidó tanto del informe que ni siquiera nos dio las gracias, ni a Fernando Abril ni a nadie. El único agradecimiento que tuvimos es el de Julián García Vargas . Fue el único que al terminar los trabajos de la Comisión, nos invitó a una comida a todos los integrantes de la misma en el Ministerio de Defensa. Un asunto que naturalmente era sanitario, lo trasladó él por su interés personal a Defensa. Pero el Gobierno no nos dio las gracias. 

- En medios sanitarios se ha reconocido siempre la valía del trabajo que realizaron... 
- La verdad es que todos estábamos muy motivados. Había algunas recomendaciones excelentes. El problema es que algunas de ellas fueron malentendidas, especialmente por los sindicatos, como decía antes. Como aquélla que pedía que los jubilados con un cierto nivel de renta pagasen los medicamentos igual que los pagan los trabajadores en activo o los parados. Muchos trabajadores activos ganan menos que algunos jubilados y pagan el porcentaje establecido en el precio del medicamento. En aquel momento los sindicatos ya habían llegado a un acuerdo informal con el Gobierno sobre el incremento de las pensiones. Y se pensó que la medida afectaría a todos los jubilados.

-¿Podría aplicarse actualmente el Informe Abril?
-Era un documento que trataba de analizar las circunstancias y las condiciones del sistema en un momento concreto. No pretendía tener una gran longevidad. Las recomendaciones que se hacían eran para paliarlas en una situación muy concreta, en unas circunstancias históricas determinadas. Hicimos un análisis en el que se evaluó el debe y el haber. Fue un balance del año 1991. Aunque la Sanidad española necesita con urgencia otro informe de similares características, hoy el Informe Abril no se podría aplicar, porque se han agudizado las deficiencias y los criterios para combatirlas han cambiado.

-¿Cómo valora los cambios que se han introducido en el sistema sanitario en estos diez años?
-Ha habido tímidos avances, muy pequeños cambios en algunos sistemas autonómicos. Pero son cambios parciales, cosméticos, no estructurales. Se han estado haciendo ensayos, que en lugar de ayudar a mejorar el sistema sanitario, me temo que lo que han logrado es vaciar la necesidad de la reforma. Ante la población se ha vendido la idea de que se han producido cambios y mejoras, con lo cuál los responsables políticos se sienten cómodos y no ven ninguna necesidad de introducir auténticos cambios estructurales. Todas las deficiencias que detectamos entonces, siguen existiendo pero agravadas. El sistema sanitario sigue siendo igual de ineficiente, sigue teniendo los mismos incentivos perversos y produce una enorme insatisfacción al usuario. En aquella época se hizo por primera vez una encuesta a nivel internacional sobre satisfacción del usuario. En aquel trabajo nuestro país se situó entre los tres sistemas sanitarios peor valorados por los ciudadanos. Detrás de España quedó Italia y Estados Unidos. Creo recordar que sólo un 46 por ciento de los españoles se mostraba satisfecho con la asistencia sanitaria. Todas estas deficiencias siguen existiendo, pero a éstas se han añadido algunas más.

-¿Podría detallarlas?
-Hay fallos sustanciales del sistema, fallos gravísimos. Primero la desatención al personal. La política de recursos humanos es malísima. En términos económicos, el sistema sanitario es una empresa de mano de obra intensiva. Sus activos son los profesionales y alrededor del 55 por ciento del gasto sanitario se va en gastos del personal. Pero no se incentiva al buen profesional, se paga lo mismo al competente que al incompetente. El sistema desestima la eficiencia e incentiva la mediocridad. Es un fallo absoluto. O se soluciona este problema o no hay forma de lograr que mejore. No hay carrera profesional, que es absolutamente indispensable. Por ejemplo, el anuncio reciente de que el Ministerio de Sanidad prepara un nuevo estatuto marco ya no basta para despertar la esperanza. La experiencia de años pasados no avala el buen fin de estos proyectos. Otro fallo importante es el gasto farmacéutico desmesurado. De todos los recursos del sistema, hay un 32 por ciento que se va en gasto farmacéutico. Y no se toma ninguna medida de contención.

-¿Está amenazada la equidad?
-La equidad está gravemente amenazada. Nuestro sistema es un mosaico, un conjunto de servicios regionales,  de segmentos autónomos y cada uno quiere construirlo a su aire. Pero ahora que se va a culminar el proceso de transferencias, todavía no existe un organismo que coordine los criterios y la urdimbre necesaria para sostener la equidad y la solidaridad del sistema.

-¿No es una labor del Consejo Interterritorial?
-Debería serlo. Pero naturalmente, un Consejo Interterritorial revitalizado, no como el que ha estado funcionando hasta ahora.

-¿Sigue estando vigente la idea del copago?
-Digan lo que digan, el copago es eficaz. Todos los estudios que se han realizado lo demuestran. En el caso del gasto farmacéutico, el ejemplo lo tenemos en España. En el Sistema Nacional de Salud existe una notable diferencia en el gasto farmacéutico entre los jubilados de Muface y el resto de pensionistas. Los jubilados de Muface consumen menos medicamentos. Pero el copago es injusto porque daña la solidaridad y la equidad e incluso puede provocar daños físicos, deteriorar la salud de aquellas personas que no puedan pagar una determinada cantidad por un servicio sanitario. La idea del copago resurge cada cierto tiempo. Pero los políticos se mueven entre estas dos aguas. Saben que es eficaz, pero también que es impopular porque daña la solidaridad.

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