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La adaptación psico-social al euro

 

De todos es sabido que, a partir del próximo 1 de marzo, el euro sustituirá definitivamente a la peseta. Pese a la puesta en marcha de múltiples campañas de adaptación con el fin de asegurar los mínimos inconvenientes a los ciudadanos, la transformación más importante es la psicológica, es decir, la reeducación de la mente para "pensar en euros", una tarea nada fácil si se tiene en cuenta que estos aprendizajes se encuentran muy consolidados desde la más temprana infancia. Todo ello, si no se acompaña de una serie de mecanismos de autoayuda, puede desencadenar ciertos trastornos, a determinadas personas, como el que se ha venido denominando "euroestrés", llegando a afectar al equilibrio psicofísico del individuo.

 

Prof. Dr. José Antonio Flórez Lozano
Catedrático de Ciencias de la Conducta.
Dpto. de Medicina de la Universidad de Oviedo

Sin duda, nos encontramos ante un tema de palpitante actualidad que produce inquietud y desasosiego. La peseta desaparece, definitivamente, el próximo mes de marzo; nuestra moneda de cambio tan utilizada y conocida ha sido sustituida por el euro y, en consecuencia, se están produciendo cambios comportamentales y actitudinales muy importantes que afectan el equilibrio psicofísico del individuo.

Recordemos, sobre todo a determinada edad, es decir, en las personas mayores, que cualquier cambio comporta un esfuerzo de adaptación y, por lo tanto, éste se traduce en un evento estresante que implica modificaciones en el pensamiento, en el estilo de las compras, en las relaciones con los demás, etc.

Por eso escuchamos muy frecuentemente las preocupaciones de la gente ante el manejo de la nueva moneda. Yo mismo he podido comprobar la ilusión y también el desasosiego de las personas al tener en sus propias manos el dinero nuevo. La característica más común que rodea a esta situación es la de cierta inquietud, preocupación y desconcierto, lo que puede generar un preocupante grado de ansiedad. No obstante, una cierta ansiedad (normal) es perfectamente deseable y necesaria para la realización de las tareas que suponen transacciones financieras con los nuevos billetes. También hemos podio escuchar a algunas personas la creencia de que se requiere algún tipo de preparación sumamente complicada para abordar estos problemas monetarios o que, incluso, sólo lo podrán manejar los expertos. 

Esta forma de interpretación de las operaciones mentales necesarias para utilizar correctamente el euro implica, seguramente, un rendimiento menor además de generar ansiedad/ angustia.

Probablemente, el manejo de las monedas no sea tan estresante, sino más bien, las consecuencias de su utilización (fallos, errores, engaños, supuestas pérdidas económicas); entonces se pueden avivar ciertos complejos y/o sentimientos que podrían precipitar una crisis psicológica de cierta envergadura.

Obviamente, la posible ansiedad patológica que se podría derivar de la adquisición de estas conductas relacionadas con la nueva moneda (especialmente en personalidades neuróticas e inseguras) emanaría de la inadecuación entre los estímulos y las situaciones y la compleja respuesta de alerta, a todas luces, injustificada. Ahí, en esas personas y en esos contextos, es donde se podría generar una cierta patología ansiosa, reavivando -como me he referido anteriormente- desequilibrios psicológicos más o menos graves. La "autoimagen" vuelve a ser realmente importante; es decir, lo que uno piensa de sí mismo, cómo actuará, qué grado de autonomía conseguirá en el manejo del dinero, qué tipo de gravedad adjudica a la situación concreta en sus múltiples interacciones (compra del pan, el periódico, el café, etc.).

Igualmente, lo que los otros observan de él y lo que uno cree que los otros ven de él también son cuestiones muy importantes en la posible aparición de ciertas dificultades conductuales relacionadas con la inseguridad y el miedo. De ahí, que la expresión verbal del miedo, de la angustia y del disconfort, en el seno de grupos formativos que se han realizado en estos últimos meses, permite que sus vivencias de angustia ante el manejo de la nueva moneda sean moderadas o simplemente neutralizadas. Estos grupos sociales informativos actúan sutilmente como un mecanismo de feed-back, al proporcionar información externa y constatar la superación de las múltiples dificultades, dudas e interrogantes que pueden ir surgiendo. 

El "euroestrés"

Lo más importante para el hombre sometido a estas nuevas adaptaciones es que no se genere una angustia paralizante. Nos puede parecer sorprendente que este cambio económico conlleve un cierto grado de ansiedad pero a poco que reflexionemos puede parecer fácilmente explicable y comprensible, si tenemos en cuenta que afecta a todos nuestros comportamientos (salarios, pensiones, compras, etc.).

Comportamientos muy arraigados que se resisten a cualquier tipo de modificación y que suponen un "cambio adaptativo". No cabe la menor duda, de que muchas personas experimentarán este fenómeno que podemos denominar "euroestrés". Es decir, cuando el sujeto percibe que sus dificultades en relación con el manejo de las monedas son muy intensas y su capacidad psicológica puede herir sensiblemente su "autoestima". Esta relación particular entre el individuo y el ambiente que puede ser evaluado como inseguro (la inseguridad de la utilización del euro), amenazante y desbordante, pone en peligro su bienestar y de ahí, se puede producir el estrés "euroestrés".

Estas nuevas exigencias de utilización y adaptación pueden agudizar ciertos mecanismos de defensa como la negación, la desconfianza y, particularmente, el aislamiento social. Algunos tipos de personalidad en los que domina el neuroticismo y la labilidad emocional pueden ser especialmente vulnerables a estos nuevos cambios en los estilos de comprar y de la nueva utilización de la moneda. Los sujetos con rasgos paranoides, narcisistas, evitativos, dependientes "bordeline" y obsesivo-compulsivos, pueden ver amenazada la integridad y el equilibrio de su Yo. Igualmente, las personas que tienen un estado de ánimo basal situado en la parte más baja del espectro normal de ánimo y que presentan, por lo tanto, un ánimo bajo, van a presentar más dificultades a la hora del aprendizaje y la superación de estas modificaciones del dinero y que afectan radicalmente a nuestras actividades básicas de la vida diaria.

Suelen ser personas que carecen de un elemento básico de la personalidad para afrontar cualquier cambio, como sucede con la introducción del euro, en nuestros esquemas mentales, lo cual supone abandonar viejos hábitos fuertemente arraigados en nuestra conciencia y que, además, se asocian con elementos afectivos de nuestra infancia (el abuelo me daba los domingos cinco pesetas; la bicicleta que me regalaron los abuelos había costado dos mil quinientas, etc.). Se trata, por lo tanto, de recuerdos que forman parte de nuestra memoria autobiográfica y que, por lo tanto, implican también a nuestra afectividad. Efectivamente, son recuerdos con un componente afectivo muy importante relacionados con el precio de las cosas. Todos recordamos, probablemente, el precio de una butaca para ir al cine. Por eso encuentro que no se trata de cambios fáciles porque remueven nuestro mundo afectivo y nuestro inconsciente. 

Adaptación y personalidad

La peseta es todo un símbolo de realidades, ideales, fantasías que forman parte de la personalidad infantil y, por lo tanto, de nuestras propias vidas. De ahí, la resistencia que podemos observar y la frustración, con cierta dosis de melancolía, que se puede generar en muchas personas. Pero, nos encontramos ante una nueva evolución sociocultural que implica un cambio ineluctable e histórico en las nuevas estructuras financieras y es necesario la adaptación, un nuevo esfuerzo de adaptación de ajuste mental, que permita, lo antes posible, una estructura de pensamiento ágil y flexible en relación a la nueva moneda.

De ahí, que estas personas hipotímicas que suelen carecer de esa alegria vital y que son propensas a una actitud vital melancólica, romántica y afectiva, puedan encontrar más problemas en la adaptación que implicará el manejo de esta nueva moneda europea: el euro. Estas personas no se sienten especialmente impulsadas ni atraidas por conocer y superar este tipo de aprendizajes. Además, su valoración afectiva se hace preferentemente de forma negativa, ya que la conciencia, como consecuencia de esa remoción comentada anteriormente, se ve fácilmente invadida de contenidos angustiosos.

Por el contrario, las personas hipertímicas o con un estado de ánimo normal tienen armas psicológicas muy poderosas para poder hacer frente a estos desafíos de los cambios de moneda. Su alegría vital, su entusiasmo, su tendencia y necesidad de acción hacen de ellas unas personalidades capaces de superar cualquier obstáculo; además, son capaces de irradiar esa fuerza vital que influye en los otros y que también les favorece en cuanto a la superación de estos retos y de cualquier otro complejo.

Muchas personas analfabetas, semianalfabetas o con pocos recursos culturales consideran interiormente que no podrán superar o alcanzar estas nuevas pautas de comportamiento. Sin embargo, el estado de ánimo positivo (que contagian a los que les rodena), la curiosidad, la motivación y/o el interés por aprender, el optimismo y el apoyo de los demás son los ingredientes necesarios, junto a la información y el aprendizaje, para que estas personas puedan encontrar las fórmulas de aprendizaje necesarias para conocer y utilizar estas monedas sin ningún tipo de reparo y/o complejo.

Quizá esta adaptación también pueda contribuir a regular y potenciar el estado de ánimo, impulsando la función creativa (adquisición de nuevos aprendizajes y/o superación de obstáculos), contribuyendo a un desarrollo pleno y sano de la persona. Esta necesidad de creación y/o superación, le viene impuesta al hombre por la plasticidad de su estructura cerebral, lo cual le permite formar circuitos cerebrales que alojarán las nuevas habilidades relacionadas con el cálculo y operatoria de las nuevas monedas y billetes de euro, favoreciendo la creación de nuevos programas de interpretación de la realidad monetaria. Sin duda, la superación de estos nuevos compromisos que suponen el manejo de la nueva moneda en la mayoría de nuestros hábitos (recibo del teléfono, gas, agua, compras múltiples, etc.), suponga una acción beneficiosa en el conjunto del psiquismo humano. Siempre es bueno aprender y romper la monotonía diaria; disfrutar, en fin, de una nueva ordenación de la realidad cotidiana que se vive a través de la economía.

Las personas hipertímicas frente a las hipotímicas tienen armas muy poderosas para poder hacer frente a este tipo de desafíos como es el cambio de moneda

Las conductas placenteras de antaño, como ir a tomar un café, se vuelven más dificultosas. En fin, el éxito o el fracaso en la conducta de compra (manejo del euro adecuadamente o no) afecta de forma importante a la propia autoestima y al autoconcepto de la personalidad. 

Se remueven viejos conceptos de la estructura de la personalidad que ahora parecen debilitarse ante la exigencia de estos nuevos modos de funcionamiento con las monedas. Por el contrario, los sujetos que apuntan a la madurez, integridad del Yo, autonomía y asunción de responsabilidades, expresan el uso del euro como un reto de confianza en sí mismos; ponen en marcha la energía psíquica suficiente (aprendizaje, apoyo de los otros, imitación, etc.) para superar las posibles dificultades, actuando con el mayor realismo posible. Algunos factores de personalidad como inteligencia, inestabilidad emocional, confianza en sí mismos, autosuficiencia, socialización, extroversión, impulsividad, etc. pueden ser definitivos en la modificación de actitudes que implica la conducta de sustitución de monedas. 

Funciones superiores muy importantes en el pensamiento como lenguaje, atención o habilidad de la mente se resisten con la edad y complican la adaptación mental al euro

Autoayuda

Como sabemos, a partir del próximo 1 de marzo, la única moneda válida será el euro, por lo que los billetes y monedas perderán, definitivamente, su curso legal y sólo conservarán un mero valor de canje. Falta muy poco tiempo para utilizar la moneda única, pero las dudas y desconfianzas son muy frecuentes. De un tiempo a esta parte se han escuchado y se escuchan comentarios del tipo: "pago todas mis compras con mi tarjeta de crédito", "llevo la calculadora a todas partes", "lo peor de todo son los decimales", etc. De cualquier manera, la observación sistemática nos muestra que los ciudadanos más que una falta de conciencia, presentan una cierta resistencia a abandonar las "rubias".

No obstante, paulatinamente, el ciudadano normal irá adquiriendo progresivamente la cultura del euro. Hemos comenzado, por lo tanto, el año 2002 inaugurando una nueva moneda, y dejando atrás 133 años de utilización de la rubia peseta.

En este sentido, se han puesto en marcha múltiples campañas de adaptación con el fin de asegurar los mínimos trastornos a los ciudadanos pero, a pesar de todo, la transformación más importante es la psicológica, es decir "pensar en euros". Esto supone operaciones mentales, conceptos, abstracciones, deducciones y pensamientos que tienen que ser transformados. Y ello no es fácil, si tenemos en cuenta que dichos aprendizajes se encuentran muy consolidados desde la más temprana infancia. De ahí que un sector de población (geriátrica o gerontológica) pueda plantear problemas importantes, debido a la poca ductibilidad de sus comportamientos y a la rigidez de sus conductas. Cualquier cambio puede ser percibido como una amenaza del Yo, como una mayor inseguridad que intensifica los mecanismos de "dependencia psicológica" (¡hazlo tú!, ¡cómpralo tú!). Funciones superiores muy importantes en el pensamiento como lenguaje, atención, comprensión, habilidad mental, capacidad de reacción, etc. se resienten con la edad y complican el desarrollo de operaciones mentales sencillas para convertir las pesetas en euros.

Así, se pueden emplear algunos trucos fáciles y útiles que pueden ser de ayuda para tal fin. Uno de ellos, por ejemplo, puede ser multiplicar por seis la cantidad a convertir de pesetas a euros y el resultado dividirlo por 1.000. Naturalmente, estos procedimientos, aparentemente sencillos, implican muchas dificultades en las personas de cierto sector de la población. Rapidez mental, agilidad del pensamiento, operaciones mentales, imaginación, procesos de abstracción, etc. son aptitudes que en las personas mayores, por ejemplo, pueden encontrarse muy deficitarias. A ello, añadamos también las numerosas personas con problemas cognitivos leves y que se verán seriamente impedidos en el manejo de estas nuevas monedas. Pero, incluso, en una persona normal, el cambio puede provocar cierta ansiedad, malestar subjetivo, que naturalmente, desaparecerá progresivamente con la práctica de las operaciones y de las transacciones monetarias.

Si bien, parece muy osado describir un síndrome en torno al "euroestrés", no parece desacertado vincular este fenómeno socioeconómico de la cultura occidental a algunos síntomas ciertamente importantes desde el punto de vista psicológico. Así, la irritabilidad, los cambios de humor y los conflictos interpersonales, parecen dispararse ante esta nueva exigencia monetaria. No estamos hablando en modo alguno de que el sujeto pierda el control sobre su conducta y que estas dificultades de conocimiento de todo lo relacionado con el euro, llegue a afectar a su vida personal, familiar y laboral. Sin embargo, puede suceder y los expertos consultados coinciden en ello, que la psicología del consumo cambie significativamente; es posible que esta cultura del consumo se vea ostensiblemente frenada, al menos en la primera fase.

Para fortalecer la confianza en la capacidad individual para superar ete tipo de adaptaciones es importante asumir, según el autor, una actitud de aprendizaje ante los posibles errores que se puedan cometer

De otro lado, la confianza, es decir, la capacidad que tenemos de salir airosos de cualquier situación es fundamental para sentirnos motivados ante este reto ciertamente desconocido, a pesar de las múltiples campañas de información y práctica realizadas en empresas, asociaciones, centros sociales y culturales. Asimismo, hemos observado en relación al control de la conducta con el euro, comportamientos desquiciantes de sujetos obsesionados por la información: sin duda, acusan intenso miedo, preocupaciones, anticipación de lo peor (pérdida de sus ahorros, fallos, engaños, etc.) anticipación temerosa, irritabilidad, desconfianza e inseguridad. Incluso, algunos sujetos -debido al estado de ánimo ansioso- padecen dificultades para dormirse y tienen problemas para concentrarse.

Naturalmente, este cortejo de síntomas se asocia a la percepción de una amenaza, quizá miedo oculto e inexplicable.

El miedo discreto, pero importante que puede evidenciar algún sector de la población es un miedo a lo desconocido, a pesar de que no van a ser capaces de manejarse adecuadamente con las nuevas monedas y billetes.

También la humillación que puedan experimentar como respuesta al no saber actuar con los nuevos billetes, es una causa de miedo que genera sentimientos de vulnerabilidad. De ahí que los cursos formativos y prácticos, constituyan por la adquisición de habilidades y por el efecto dinámico del grupo un antídoto ideal para el control del miedo.

Las personas obsesivas quieren estar al tanto de todo lo dictado por las entidades financieras, sienten que pierden sus ahorros y viven abrumados y angustiados. La desazón alcanza su clímax a medida que la cultura del euro se va imponiendo en nuestra cotidianeidad. Este sujeto infoadicto (que vive obsesionado por la información acerca del euro), le gustaría tener toda la información reproducida y almacenada. Además, estamos convencidos de que la fuente principal de estos problemas psíquicos explican la manera de pensar acerca del fenómeno "euro".

Nuestras creencias, actitudes y valores influyen en cómo percibimos ese acontecimiento. Ante el euro, surgen "creencias irracionales" de las que todos padecemos en cierto grado y que son la causa de una gran parte de la tensión emocional que experimentan algunas personas al tener que cambiar (aprendizajes muy consolidados) y aprender otro sistema de monedas totalmente distinto.

Para fortalecer nuestra confianza en nuestra capacidad de lograr estas metas, es importante asumir una actitud de aprendizaje ante los errores que podamos cometer. Es igualmente destacable mantenernos en alerta para producir sólo pensamientos positivos que alimenten nuestro psiquismo de manera que nos faciliten construir la nueva realidad (conozco los sistemas de pago, manejo bien las facturas, resuelvo acertadamente las dudas o problemas en torno al euro, sé manejar los billetes y monedas, sé cómo aplicar el redondeo, etc.). Debemos recordar una vez más, que "el hombre es la medida de todas las cosas, tal como enseñaba el sofista Protágoras, quien también gustaba decir. "el asunto es complicado y la vida humana es breve". Estas reflexiones, sin duda, deben conducirnos al optimismo, los pensamientos positivos y la felicidad.

Con estos pensamientos positivos somos capaces de generar una actitud idónea ante este evento del euro, que nos permite asumir con éxito el cambio hacia la moneda única. Si somos capaces de reaccionar con pensamientos positivos, el trance resulta mucho más liviano; incluso la experiencia puede ser agradable y altamente estimulante. Estas afirmaciones (pensamientos positivos) son cambios de actitud que actúan en el "ordenador" interior y que facilitan la adaptación. Se trata en fin de sentirse cómodo ante este nuevo reto sociocultural y valorarse positivamente, al tiempo que somos conscientes de nuestro dominio en las transacciones y del aprendizaje de nuestros errores y de los comportamientos de los demás.

Mientras a los agoreros negativos que piensan "todo esto del euro es horrible y enloquecedor" se les recrudece la úlcera de estómago, los sujetos con espíritu entusiasta, emprendedor, activo e imaginativo esperan el euro como una experiencia inolvidable que ciertamente sólo se vive una vez.

El buen ánimo o "eutimia" es una característica esencial de la vida normal. Y precisamente en este evento tan importante del euro, al igual que en otros de la vida la "eutimia" permite enfrentarse con estos problemas de los cambios de moneda con relativa sencillez éxito. Con buen ánimo, todo esto del euro nos permite sentirnos instalados cómodamente en la vida. Cualquier dificultad queda inmediatamente reducida gracias a esta timia que tiñe de placentero todos los aspectos de la vida y, naturalmente, este tema de la nueva moneda de resulta que tanto se habla y que comienza a manejarse, puede constituir un nuevo aliciente en la conocida rutina de la vida cotidiana (tedio de la vida). El ánimo es absolutamente deseable como un buen indicador de salud mental; si cesa la fascinación por vivir, el sujeto lo vive todo de una forma mucho más complicada y conflictiva y le cuesta mucho más trabajo poder adaptarse a las nuevas operaciones de cálculo con estas monedas y billetes. Cuando hay una caída importante del estado de ánimo, todo se vuelve más oscuro y complicado; el sujeto parece que no reacciona, le cuesta mucho más trabajo aprender; además posiblemente haya perdido el entusiasmo por aprender y conseguir manejar plenamente los objetivos de este aprendizaje del conocimiento de las nuevas monedas del euro.

Uno de los enfoques más válidos para logar la plena adaptación a este cambio tan significativo en nuestra sociedad es asumirlo como un desafío ciertamente estimulante para el desarrollo de la personalidad

En fin, sentirse impulsado a la acción y sentir placer en ello, disfrutando de las nuevas monedas, pensando acerca de las nuevas ventajas (se podrá viajar por casi toda Europa con una única moneda) conlleva un gran entusiasmo y desencadena nuevas ilusiones y proyectos. La acción y una mente abierta son indispensables en la vida; lo alienante es depresivo y puede mutilar a la persona en su desarrollo. Sartre decía a este respecto: "No hay más realidad que en la acción; el hombre no es más que sus proyectos; no existe sino en cuanto se realiza; no es otra cosa que el conjunto de sus actos". Pues bien, que esta acción nueva pueda constituir un aspecto positivo para nuestra personalidad es el desafío que debemos tener ante este nuevo reto: conocer, manejar, pensar y operar con el euro.

La adaptación como desafío

Lo interesante asumir este cambio como un desafío ciertamente estimulante para el desarrollo de la personalidad. Afortunadamente, la única cosa o persona en el mundo sobre la que tenemos un control real somos nosotros mismos, aunque no siempre parezca así. Esto nos reconforta y nos permite sustituir el miedo por la ilusión y la curiosidad de utilizar correctamente las nuevas monedas. Ésta si que es una actitud de complacencia por la que nos creemos ligeramente más felices.

No podemos rechazarnos ni juzgarnos negativamente a partir de los errores y/o engaños que podamos tener en el uso de nuestras monedas o billetes. Por el contrario, la autoestima va a ser esencial para nuestra supervivencia psicológica; se asienta fundamentalmente en la valoración positiva de uno mismo ante cualquier conjunto de eventos como el que ahora abordamos. Lo primordial es reforzar la idea que tenemos sobre nosotros mismos, aceptar nuestra personalidad y estar convencidos de alcanzar nuestros éxitos; de que el euro va a constituir un auténtico "hobby". Ante las posibles dificultades, las actitudes y el estilo de pensamiento es fundamental ser consciente de que: "no soy perfecto, puedo permitirme equivocarme y aprender de mis errores; tengo capacidades y también un límite. ¡No pasa nada! ¡Esto del euro realmente es entretenido! 

 

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