Competencias médicas en
A.P. unas perdidas, otras recuperadas
HUBO
UN TIEMPO EN QUE EL MÉDICO DE CABECERA ASUMÍA TODAS LAS PATOLOGÍAS QUE LLEGABAN A SUS
MANOS, SOBRE TODO EN EL ÁMBITO RURAL. DESPUÉS, SE PASÓ A UN PERÍODO EN QUE ESTE
FACULTATIVO CASI SE DEDICABA EXCLUSIVAMENTE A DERIVAR ENFERMOS HACIA EL ESPECIALISTA. HOY
POR HOY, MUCHOS MÉDICOS DE FAMILIA SE PLANTEAN SU SITUACIÓN Y SE PREGUNTAN QUÉ QUIEREN
HACER O PARA QUÉ COMPETENCIAS MÉDICAS ESTÁN CAPACITADOS. POR ESO, UN GRUPO DE
PROFESIONALES DE MEDICINA FAMILIAR Y COMUNITARIA PROCEDENTES DEL ÁREA CATALANO-BALEAR HA
REFLEXIONADO, DURANTE UN ENCUENTRO CIENTÍFICO, SOBRE SUS COMPETENCIAS MÉDICAS. LAS QUE
ESTÁN PERDIENDO, LAS QUE HAN RECUPERADO O LAS QUE PUEDEN GANAR. |
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JUANJO SÁNCHEZ
Algunos profesionales consideran que las autoridades
sanitarias, después de más de una década de reforma de la APS (Atención Primaria de
Salud), no han concretado cambios presupuestarios ni medidas que favorezcan la
coordinación y la eficiencia de la asistencia sanitaria desde la Atención Primaria. Por
el contrario, consideran que últimamente han abundado actuaciones que restan competencias
al médico de cabecera, como las Unidades de Hospitalización a domicilio, Programas de
Atención a la Mujer centrados en la Atención Especializada o la derivación de las
responsabilidades en Incapacidad Laboral hacia otras entidades ajenas al propio Sistema
sanitario.
El doctor Albert Planes, coordinador de una mesa redonda,
celebrada en Palma de Mallorca, en la que se discutió sobre "Competencias perdidas y
competencias recuperadas", considera que la proximidad de la Atención Primaria de
Salud con los ciudadanos, su capacidad para dar atención longitudinal y su interés en la
persona y en su entorno, no sólo en la enfermedad, son motivos más que suficientes para
que desde las altas instancias de la Sanidad pública se potencie una mayor coordinación
y el papel central de la APS en la asistencia sanitaria. En este contexto, el médico de
familia catalán considera "prudente reflexionar nuevamente sobre nuestras
competencias, aquellas que estamos perdiendo, las que hemos recuperado o las que
podríamos recuperar". El doctor Planes añade que la reflexión debe hacerse como
colectivo profesional, pero, sobre todo, "en beneficio de una mejor atención a los
ciudadanos".
En la mesa redonda, Planes escogió para el debate tres
situaciones "de actualidad y paradigmáticas": La atención a pacientes en
situación terminal, el control del embarazo y la gestión de la incapacidad laboral.
Quiso provocar la discusión con estos tres ejemplos, pero considera que "se podrían
añadir muchos más".
Control del embarazo desde Atención Primaria
La doctora Blanca Marcos defendió las competencias de atención a la mujer para la
Atención Primaria como algo a lo que "no podemos renunciar". Desde su
experiencia como médico de familia en un centro de salud granadino, explicó que el área
de atención a la mujer es un buen ejemplo de las grandes ventajas que presenta la
"cura compartida de pacientes" desde la A.P. Marcos aclaró que no se trata de
competir, ni mucho menos de sustituir al ginecólogo o al hospital, pero "tampoco se
puede eludir absolutamente la atención a estos pacientes", y añadió que mantener
posturas rígidas sólo perjudica al usuario. Cada nivel asistencial tiene sus
limitaciones y sus puntos fuertes, según la especialista, quien considera que se
trataría de buscar la complementariedad de los profesionales de los distintos niveles.
Los puntos fuertes del médico de
cabecera para seguir el control del embarazo normal, según Blanca Marcos, son que conoce
el entorno social y familiar de la mujer y su historia clínica. Por otra parte, la
accesibilidad de las mujeres es mayor y, desde la A.P, también su médico de cabecera le
puede proporcionar consejos de una forma más personalizada que la que se ofrece en otros
niveles, ya que "va a tener mucho más en cuenta las características, las creencias
y los valores de ellas". Por otro lado, Marcos explicó que el ginecólogo aporta una
mayor experiencia, dispone de un mayor apoyo hospitalario y de más medios diagnósticos.
Sin embargo, se reafirmó en que un embarazo normal, sin riesgo, no es de más difícil
manejo que el "resto de las actividades que hacemos cada día en la consulta. Cuando
el riesgo aumenta, en ese caso deberían actuar los ginecólogos para apoyar". Esta
situación la comparó con la diabetes, ya que cuando se abrieron los primeros centros de
salud, los médicos de familia no estaban acostumbrados a manejar esta patología.
Entonces, "diabético que diagnosticabas, lo mandabas directamente al
endocrino". Probablemente, un endocrino sepa más, dijo la doctora Blanca Marcos,
pero añadió que "para manejar una persona diabética creo que podemos hacerlo
nosotros. No nos cabe en la cabeza que tengamos que derivar al diabético a la consulta
del endocrino, salvo en algunas ocasiones".
Dejar en manos de los ginecólogos toda la atención del
embarazo normal, según apuntó la doctora Marcos, está llevando a un exceso de
medicación.
A su juicio, la implantación de programas de salud
materno-infantil para que desde A.P se siga el control de un embarazo normal aporta
diferentes ventajas. Ventajas, en primer lugar, para el Sistema sanitario, ya que el coste
económico es menor, mejora la satisfacción de las usuarias y libera recursos que los
servicios de Ginecología pueden usar para aquellas patologías más complejas, por lo que
permitiría acabar con las listas de espera. Después, el programa aporta ventajas a las
mujeres, ya que aumenta la comodidad de comunicación con los servicios sanitarios,
beneficia la conexión con otros programas del centro de salud y ahorra tiempo y
desplazamientos innecesarios, además de que permite mantener la relación con su médico
de familia. Para la doctora, los ginecólogos también salen beneficiados con el
seguimiento del embarazo desde los centros de salud, ya que "nosotros les vamos a
filtrar aquellos embarazos que creamos que no son normales", lo que racionaliza la
accesibilidad al segundo nivel. Por último, Blanca Marcos destacó los motivos por los
que debe interesar al médico de familia. Primero, porque no es complejo ni requiere
tecnología especial, y los programas ayudan a manejar mejor los problemas de salud de la
embarazada. De hecho, "aunque no llevemos control del embarazo, en la consulta vamos
a ver mujeres en gestación que acuden con patologías como amigdalitis o gastroenteritis.
Si no estamos familiarizados con el control del embarazo, nos va a crear mucha ansiedad
saber si le podemos recetar ésta u otra medicación, mientras que tener en marcha el
programa del embarazo lo facilita mucho".
La doctora Marcos habló desde su experiencia en un centro de
salud de Andalucía, una comunidad que, a finales de 1984, al mismo tiempo que se iniciaba
la reforma de la Atención Primaria, ponía en marcha el Programa de Salud
Materno Infantil, que hoy en día está muy implantado en la Sanidad andaluza.
En otros países, como Suecia, Canadá, Estados Unidos, Australia y otros países de
Europa, según Marcos, el seguimiento de embarazos de bajo riesgo es realizado por
médicos de cabecera. No ocurre lo mismo en otras comunidades españolas. Por eso, algunos
médicos de familia presentes en la mesa redonda discreparon de la idea de Blanca Marcos.
Por ejemplo, un médico de familia isleño defendió el sistema que se utiliza en
Mallorca, donde el seguimiento del embarazo es competencia de los ginecólogos.
"Tenemos ginecólogos en los centros, concretamente en el mío hay dos, un hombre y
una mujer; vienen cada día, pueden derivar al hospital siempre que quieran, pueden
consultar conmigo porque les conozco y además utilizan mi misma historia clínica",
por lo que la opinión de este facultativo fue que los puntos fuertes en la cuestión los
tiene, sobre todo, el ginecólogo.
Otros participantes en el debate coincidieron en que la
asunción de estas nuevas responsabilidades ciertamente mejoran la relación
médico-paciente, resulta "gratificante" y gracias a ello "se establecen
fuertes vínculos con la familia". Sin embargo, acto seguido remarcaron que la
realidad de su trabajo diario (al menos en Cataluña y Baleares) hace difícil poder
asumir el control del embarazo, ya que "tenemos las consultas sobresaturadas y la
fácil accesibilidad que tenemos, en principio sería para poder atender con más
facilidad a estas pacientes, pero con esta buena accesibilidad tenemos una infinidad de
presuntas urgencias que nos quita tiempo para otras actividades, como el seguimiento del
embarazo". En resumen, muchos facultativos vieron muy difícil poder asumir estas
tareas en el actual núcleo de atención, a no ser que se plantee un cambio radical en la
Sanidad pública. En este sentido, señalaron experiencias como la Cirugía Menor, que
"la asumíamos con mucha ilusión y luego nos dimos cuenta de que ni siquiera tenemos
tiempo para realizarla".
Acerca de la sobrecarga de trabajo para poder asumir nuevas
competencias, otros médicos de cabecera plantearon como solución al problema la
"reconversión" de pediatras en médicos de familia, para poder tener pediatras
consultores, al igual que existen ginecólogos consultores. La doctora Blanca Marcos, como
reflexión sobre este punto, argumentó que "el problema del tiempo lo tenemos todos
y si empezamos a renunciar competencias, ahora van a ser los ginecólogos los que se hagan
cargo de toda la asistencia gineco-obstétrica, ahora o previsiblemente dentro de poco.
Entonces empezarán viendo a la niña cuando tenga 14 años, seguirán viéndola cuando
vaya a planificación familiar, después para el control del embarazo y luego cuando la
mujer llegue a la menopausia". De esta forma, según la doctora, dejarían de tener
un 25 por ciento de las consultas, que son del área gineco-obstétrica, pero añade que
luego vendrían los geriatras y "cuando no tengan trabajo nos van a decir que ellos
quieren ver a los pacientes mayores de 65 años y entonces nos vamos a quedar muy
tranquilos". Como solución a la carga de trabajo en las consultas de Primaria, que
impide en algunos casos la asunción de nuevas competencias, Marcos considera que hay que
pedir que se plantee una mejor dimensión de las plantillas, es decir, "tener en
cuenta las cosas que hacemos, cuál es nuestra cartera de servicios y exigir que amplíen
el número de profesionales, además de restar burocracia a las consultas".
Control de la incapacidad laboral
Una de las competencias que hasta hace poco tenían en exclusiva los médicos de cabecera
era el control de la Incapacidad Laboral (IT). Éste fue otro asunto que se puso sobre la
mesa de discusión. Una competencia que se pierde, pero a la vez una competencia
considerada como una carga burocrática para algunos profesionales sanitarios. Se pidió
que la citada competencia se mantenga sólo en manos del médico de cabecera para su mejor
gestión, por ser un tema sanitario. En contraste, está la opinión de otros
profesionales, que ven en la IT un asunto puramente económico y la consideran una carga
burocrática para las consultas, que les impide la asunción de nuevas atribuciones.
La reforma legislativa sobre la gestión de la incapacidad
temporal se inició en 1994 y siguió en 1997. De esta forma, quedan las puertas abiertas
a la gestión de la IT por accidente no laboral y enfermedad no profesional al INSS
(Instituto Nacional de la Seguridad Social) y a las MATEP (Mutuas de Accidentes de Trabajo
y Enfermedades Profesionales). Esa puerta abierta ofrece la posibilidad de pasar la
gestión directa a estos organismos y que el médico de familia del Sistema sanitario
público ejerza de informante.
Para el médico mallorquín Joan Pou Bordoy, es necesario
hacer una reforma de la gestión de la IT, porque considera que el control de la IT
"no es una responsabilidad del médico de familia, aunque sí diría que es una
responsabilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), gestionada de manera fundamental por
el médico de cabecera".
El doctor Pou defendió la idea de que sacar el control de la
IT del Sistema Nacional de Salud puede acarrear algunos "inconvenientes
importantes". Citó, por ejemplo, que una información generada en la consulta del
médico ahora se va hacia el INSS, hacia mutuas y otras entidades, de manera que "se
pierde el control original de la información". El facultativo mallorquín expuso,
como otro inconveniente, que se produce una discontinuidad asistencial, ya que el paciente
pasa a ser atendido por otro profesional. Esto puede provocar problemas de coordinación
entre profesionales por la diferencia de criterios y objetivos. Según Pou, pueden surgir
problemas derivados de la valoración sólo laboral del paciente, sin tener en cuenta
aspectos sociales o psicológicos.
La gestión de la IT desde la Atención Primaria y, por
tanto, desde el SNS, puede tener ventajas que Joan Pou centró en una mejor continuidad
asistencial y en que el paciente es atendido con objetivos de los profesionales centrados
en el paciente como tal, y no sólo centrados en la rentabilidad laboral. Por último, el
doctor advirtió que "la extracción de servicios del SNS puede
conllevar su descapitalización".
En contra de la idea defendida por el doctor Pou, otros
asistentes al acto discreparon argumentando que si había quedado patente la queja por la
excesiva burocracia a la que tienen que hacer frente en las consultas, "no puede ser
que ahora pidamos más burocracia", en referencia al control de la I.T. Otros
participantes en la mesa redonda abogaron por asumir nuevas competencias, pero no
precisamente la gestión de la Incapacidad Laboral, que consideraron que no es "un
problema médico, sino un asunto laboral o económico". En contestación a los
argumentos en su contra, Joan Pou reconoció el excesivo papeleo y que se puede reducir
esa burocracia, aunque dejó claro que "no debemos, por quitarnos un engorro de
encima, plantearnos cosas que pueden tener repercusiones importantes en el
futuro".
Atención al paciente terminal
Como en otros ámbitos, últimamente se ha visto mermado el peso de la A.P en la
asistencia a enfermos terminales. Han ido apareciendo unidades hospitalarias
específicamente preparadas para ofrecer curas paliativas, algunas de las cuales prestan
ayuda a domicilio.
La especialista en enfermería Maribel Martí, de Cataluña,
expuso en el encuentro científico que el personal de Atención Primaria de Salud (APS) es
el único que tiene la oportunidad de contemplar el paso sucesivo de las etapas del ciclo
vital de sus pacientes. Se encuentran en una situación inmejorable, dijo, para atender a
las personas que llegan al final de su vida, después de haberlos acompañado a lo largo
de la misma.
Martí no se mostró contraria a los avances y a la necesaria
actualización médica, pero remarcó que "parcelar la atención supone un retroceso
en el enfoque biopsicosocial". La especialista puso especial énfasis en que "la
flexibilidad del profesional de la APS ha de permitir, a expensas de su formación
continuada, la adaptación a las necesidades y demandas cambiantes de la población que
atiende", y añadió que no se debe olvidar que "así como no es necesario
conocer la programación informática o las fases de la combustión para obtener un buen
rendimiento del ordenador o el coche, tampoco es necesario conocer la anatomía
patológica de las células cancerígenas para prestar una correcta atención a un enfermo
terminal".
Maribel Martí defendió la atención del enfermo terminal
desde la A.P en su propio domicilio y rechazó su hospitalización porque considera que no
cambia su pronóstico y tiene diversos inconvenientes: por una parte es muy cara, aleja al
enfermo de su medio familiar y social, origina una discriminación sanitaria (al
encontrarse los hospitales en áreas urbanas) y favorece una muerte en soledad al haberse
roto los contactos afectivos.
Según Martí, al contrario de la Medicina curativa, la
paliativa no precisa de gran despliegue técnico, aunque sí personal humano y con tiempo
disponible. Por este motivo, para la especialista catalana, el domicilio del paciente es
el lugar ideal para cuidar a la persona en el proceso de morir.
No todo son ventajas. Maribel Martí recordó que no hay que
dejar de lado las complicaciones que para una familia supone cuidar a un paciente terminal
en casa. La nueva situación dominará la vida familiar, por lo que "significará un
esfuerzo adicional a las cargas de trabajo doméstico habituales".
En definitiva, esta especialista en enfermería de Atención Primaria dijo que
"aprender el valor de la tecnología al mismo tiempo que el arte de las relaciones
interhumanas y el cuidado humano en el transcurso de la vida y la muerte sería un
verdadero progreso".
Por último, el coordinador del encuentro, el doctor Albert
Planes recordó que para que una determinada prestación sanitaria se realice en la APS o
en el hospital habría que tener en cuenta tres puntos: quién tiene la autoridad para
desarrollarla; lo que está ligado a elementos corporativos, quién puede ser más
eficiente; una actividad se ha de desarrollar allí donde sea más eficaz para el sistema
sanitario, en principio siempre en el nivel más externo posible, y quién está
capacitado para llevarla a cabo; algo que depende de la formación y de los recursos.