Estaba pensando en dejar la profesión pero movimientos como el
vuestro me dan ánimos para seguir" (una médico de Atención Primaria de algún
punto del Estado español). No es el primer fax o correo electrónico de estas
características que recibe Rafael de Pablo, representante de la Coordinadora de equipos
de médicos de Atención Primaria urbanos y semiurbanos de Aragón.
Hace cerca de seis meses se creó esta Asociación para
luchar por una mejor calidad de la Atención Primaria y su ejemplo ha concitado la
adhesión de todos los facultativos de A.P. españoles. "Es un descontento
generalizado", afirma. Por ello, se ha creado un grupo de trabajo a nivel nacional,
al que pertenece De Pablo, integrado por las Sociedades científicas semFYC, SEMERGEN y
SEMG, y la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) para elaborar una
definición de los criterios que deben regir un puesto de médico de familia.
Diez minutos para cada paciente
La característica primordial de este puesto digno cualitativamente de
médico de Atención Primaria, y principal reivindicación del colectivo, es el tiempo de
atención al paciente: que el médico disponga de al menos diez minutos para ver al
enfermo. Éste es un minutaje controvertido. Desde los años 60 se acepta que el tiempo
correcto eran 7 minutos; la ley española actual fija como objetivo los seis minutos. Sin
embargo, estudios más recientes realizados en Reino Unido han establecido esos diez
minutos como el mínimo aconsejable.
Por debajo de ellos, disminuyen la calidad asistencial, la
satisfacción del paciente y también la del profesional.
La realidad es que en la práctica cotidiana muchas veces no
se llega ni a los cinco. Con ello no da tiempo a escuchar al enfermo, se deriva más a
Atención Especializada, se cometen más errores, se pierde capacidad resolutiva y se
aumenta el gasto. Con la meta de incrementar el tiempo, la coordinadora aragonesa
organizó una campaña local en febrero de este año con dos lemas: "Diez minutos por
paciente" y "Menos papeles", éste último para llamar la atención sobre
el exceso de burocratización.
La lucha por el tiempo no es nueva. A principios de los años
80 se inició una reforma de la Atención Primaria con la intención de liberar al
facultativo de la atención a los enfermos, que acaparaba cai la totalidad de su jornada,
y reservar un tiempo para otro tipo de actividades igualmente necesarias como las labores
de prevención y formación. El problema es que esa reforma "no ha resultado",
según el secretario de la SEMG, Pedro Cañones. Por su parte, el director general de
Atención Primaria y Especializada, Rafael Matesanz, señala que los datos sobre el tiempo
de atención son tiempos medios, lo que quiere decir que incluye desde pacientes que van a
por una receta hasta otros que van a recibir atención médica. "Modificar esos
tiempos es muy complicado", pero el dato real que tenemos para saber si debemos
cambiarlos es la encuesta al ciudadano sobre cómo percibe la atención.
Según la última encuesta de este tipo, realizada por el
CIS, el grado de satisfacción de usuario es alto, especialmente con el médico. Y a la
pregunta de si cree que el medico le está dedicando todo el tiempo que precisa, más del
90 por ciento contestó que sí. Los médicos de Atención Primaria no están de acuerdo,
sin embargo, con esa visión optimista.
"Da la impresión de que en la Administración hay una desconexión de
la realidad", dice el vicepresidente de semFyC, Lorenzo Fleitas. El grupo de trabajo
aludido va precisamente a intentar definir qué se entiende por calidad en Atención
Primaria y cuándo se puede afirmar que una plaza está bien dotada. "Es un problema
general; la Administración no ha definido nunca los requisitos de la plaza, dónde está
el límite para hacerlo de una forma digna. Lo que es incuestionable es que requiere una
relación médico-paciente satisfactoria, porque si no, el paciente deambula por circuitos
de especialistas y genera sobre carga de urgencias con problemas que se pueden resolver en
Atención Primaria".
Modelo sin apoyo
Para Fleitas, si no se soluciona, "puede ser el fin del modelo de Atención
Primaria, que sigue siendo válido, porque no es que haya fracasado como modelo, sino que
no se le deja funcionar". La otra solución sería crear más servicios de urgencias,
pero "sería una locura, porque el médico de familia puede resolver el 80 por ciento
de los problemas, con lo que se abaratan costes y disminuye la atención especializada. Si
se da una buena relación médico paciente, la Sanidad es más rentable".
Para Fleitas, tanto profesionales como Administración
persiguen un mismo fin, sólo que esta última no lo percibe. "Los profesionales no
quieren ni ganar más dinero ni trabajar menos horas, sino hacer nuestro trabajo más
dignamente", puntualiza Fleitas. En opinión del secretario general de la SEMG, Pedro
Cañones, "el sistema se ha ido pervirtiendo: la población es más demandante,
porque el sistema está al alcance de su mano, esto reduce el tiempo del médico para esas
otras actividades y ello ha supuesto que el cupo médico esté sobresaturado".
Por ley, el cupo máximo de pacientes por facultativo
debería ser de 2.000, con la posibilidad de llegar hasta los 2.400 en situaciones
extraordinarias. "La realidad es que llegar a 2.400 es lo habitual, dato que los
gerentes deben maquillar", refiere Cañones, que asegura que, en su propia consulta,
oficialmente lleva 2.300, pero, contando la población flotante, pasa de los 2.500. De
esta forma, el horario de médico de familia más extendido se resume en siete horas de
las cuales 5 son para atender pacientes, 1 hora para labores de coordinación y otra para
todo lo que quede, es decir, atención domiciliaria, imprevistos de bajas de compañeros,
prevención, formación,... Al final, "todo queda en los catarros de todos los días,
los papeleos burocráticos de siempre y nada de prevención", se lamenta Cañones.
"Nos sentimos defraudados, estafados, tanto los médicos como la población.Para esto
no era necesario invertir en la reforma de la Atención Primaria".
Para Cañones, la sensación es que el ajuste no es tan
excesivo. Sería quitar una hora a la atención de pacientes, que quedarían en cuatro
horas, y reservar una hora para la imprevisible atención domiciliaria, otra hora para
tareas de coordinación (formativas y burocráticas) y otra para actividades
preventivas.
Reducción de cupos
La solución es reducir los cupos drásticamente. "Con dos cupos de 2.400, hacer
tres", propone Cañones. De esta forma, cada médico tendría unos 1.500-1.600
pacientes, "algo razonable". Para ello habría que crear nuevos puestos de
trabajo. El cupo óptimo, a su vez, tampoco es un baremo invariable. Hay que tener en
cuenta, por ejemplo, el volumen de pensionistas, que tienen más necesidades; de los
emigrantes, con más dificultades de comunicación; o de la población marginal, en la que
hay menos capacidad de colaboración por parte de las familias.
Al final, la cuestión se convierte en económica.
Invariablemente, la respuesta de la Administración a la petición de crear nuevos puestos
de trabajo es que no hay dinero. Ello provoca una toma de posicionamiento. "Si no hay
presupuesto, -recalca Cañones- pues renunciamos a un sistema sanitario tan perfecto como
el que pretendíamos, nos conformamos con que sólo hay dinero para atender pacientes y no
para prevención y dejamos de engañar a la gente y a los médicos".
Por otro lado, el presidente del Consejo General de Médicos, Ignacio
Sánchez Nicolay, está de acuerdo en que la frecuentación actual de visitas no permite
hacer una historia clínica adecuada. "Hay que sentarse con la Administración y
explicar cómo el sistema actual perjudica al propio sistema. La sociedad está dispuesta
a aceptar una menor frecuentación, y también debe estar dispuesta a aceptar que aumente
el número de médicos, lo que supone aceptar un gasto mayor".
A la espera
Todo este movimiento reivindicativo está a la espera de contar con el informe definitivo
del grupo de trabajo, que actualmente se encuentra en fase de borrador y se espera que
esté listo dentro de dos o tres meses, y de que la nueva ministra de Sanidad defina su
equipo. Para el secretario general del Sindicato de Médicos Aragoneses (SIMA), Lorenzo
Arracó, "en el Ministerio, sobre este tema, ni se habla. El peligro es que se haga
una política continuista.
Y la esperanza es que la nueva ministra tenga la firmeza
necesaria para, en los Consejos de Ministros, defender la necesidad de incrementar el
presupuesto de Sanidad para aumentar el número de médicos de familia" Para Arracó,
las cosas no se van a hacer con prisas, "pero esta reforma es la única forma de
recupera la ilusión por trabajar bien, y no como los criterios economicistas de la
Administración pretenden.
| Decálogo
reivindicativo de los profesionales de A.P. |
1
Reducción de cupos máximos y adecuación de los mismos a las características
sociodemográficas de la población.
2 Que la reducción de cupos no suponga reducción de
retribuciones.
3 Adecuación de retribuciones en Primaria a las de Atención
Especializada.
4 Revisión de indemnización por transporte.
5 Política de sustituciones que impida unos grados de presión
asistencial.
6 Desburocratización de la consulta médica.
7 Revisión del sistema de incentivación.
8 Establecer mínimos de formación continuada.
9 Modificación de condiciones de trabajo (horario, jornada
laboral) y rechazo a la movilidad geográfica forzosa. 10 Desarrollo de cauces de participación efectiva
del personal facultativo. |
Fuente: FESIMA