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El desgaste profesional en Atención Primaria  

tec_inf2.jpg (7875 bytes)A principios de los años 80, la Atención Primaria, destinada a constituir el pilar básico de la asistencia sanitaria española, comienza a reestructurarse con el fin de que los profesionales desarrollasen programas de prevención y otras actividades además de la atención al enfermo, que acaparaba la mayor parte de su tiempo. Veinte años después, el fracaso es clamoroso: gran parte de los facultativos padecen un fuerte desgaste profesional y muchos se plantean hasta renunciar al ejercicio de la Medicina. Para afrontar esta situación, los sindicatos y las Sociedades científicas preparan un informe que augura un  otoño "caliente".  "

 JAIME LÓPEZ 

 
Estaba pensando en dejar la profesión pero movimientos como el vuestro me dan ánimos para seguir" (una médico de Atención Primaria de algún punto del Estado español). No es el primer fax o correo electrónico de estas características que recibe Rafael de Pablo, representante de la Coordinadora de equipos de médicos de Atención Primaria urbanos y semiurbanos de Aragón. 

Hace cerca de seis meses se creó esta Asociación para luchar por una mejor calidad de la Atención Primaria y su ejemplo ha concitado la adhesión de todos los facultativos de A.P. españoles. "Es un descontento generalizado", afirma. Por ello, se ha creado un grupo de trabajo a nivel nacional, al que pertenece De Pablo, integrado por las Sociedades científicas semFYC, SEMERGEN y SEMG, y la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) para elaborar una definición de los criterios que deben regir un puesto de médico de familia. 

Diez minutos para cada paciente 
 La característica primordial de este puesto digno cualitativamente de médico de Atención Primaria, y principal reivindicación del colectivo, es el tiempo de atención al paciente: que el médico disponga de al menos diez minutos para ver al enfermo. Éste es un minutaje controvertido. Desde los años 60 se acepta que el tiempo correcto eran 7 minutos; la ley española actual fija como objetivo los seis minutos. Sin embargo, estudios más recientes realizados en Reino Unido han establecido esos diez minutos como el mínimo aconsejable. 

Por debajo de ellos, disminuyen la calidad asistencial, la satisfacción del paciente y también la del profesional. 

La realidad es que en la práctica cotidiana muchas veces no se llega ni a los cinco. Con ello no da tiempo a escuchar al enfermo, se deriva más a Atención Especializada, se cometen más errores, se pierde capacidad resolutiva y se aumenta el gasto. Con la meta de incrementar el tiempo, la coordinadora aragonesa organizó una campaña local en febrero de este año con dos lemas: "Diez minutos por paciente" y "Menos papeles", éste último para llamar la atención sobre el exceso de burocratización. 

La lucha por el tiempo no es nueva. A principios de los años 80 se inició una reforma de la Atención Primaria con la intención de liberar al facultativo de la atención a los enfermos, que acaparaba cai la totalidad de su jornada, y reservar un tiempo para otro tipo de actividades igualmente necesarias como las labores de prevención y formación. El problema es que esa reforma "no ha resultado", según el secretario de la SEMG, Pedro Cañones. Por su parte, el director general de Atención Primaria y Especializada, Rafael Matesanz, señala que los datos sobre el tiempo de atención son tiempos medios, lo que quiere decir que incluye desde pacientes que van a por una receta hasta otros que van a recibir atención médica. "Modificar esos tiempos es muy complicado", pero el dato real que tenemos para saber si debemos cambiarlos es la encuesta al ciudadano sobre cómo percibe la atención. 

Según la última encuesta de este tipo, realizada por el CIS, el grado de satisfacción de usuario es alto, especialmente con el médico. Y a la pregunta de si cree que el medico le está dedicando todo el tiempo que precisa, más del 90 por ciento contestó que sí. Los médicos de Atención Primaria no están de acuerdo, sin embargo, con esa visión optimista. 

 "Da la impresión de que en la Administración hay una desconexión de la realidad", dice el vicepresidente de semFyC, Lorenzo Fleitas. El grupo de trabajo aludido va precisamente a intentar definir qué se entiende por calidad en Atención Primaria y cuándo se puede afirmar que una plaza está bien dotada. "Es un problema general; la Administración no ha definido nunca los requisitos de la plaza, dónde está el límite para hacerlo de una forma digna. Lo que es incuestionable es que requiere una relación médico-paciente satisfactoria, porque si no, el paciente deambula por circuitos de especialistas y genera sobre carga de urgencias con problemas que se pueden resolver en Atención Primaria". 

Modelo sin apoyo 
 Para Fleitas, si no se soluciona, "puede ser el fin del modelo de Atención Primaria, que sigue siendo válido, porque no es que haya fracasado como modelo, sino que no se le deja funcionar". La otra solución sería crear más servicios de urgencias, pero "sería una locura, porque el médico de familia puede resolver el 80 por ciento de los problemas, con lo que se abaratan costes y disminuye la atención especializada. Si se da una buena relación médico paciente, la Sanidad es más rentable". 

Para Fleitas, tanto profesionales como Administración persiguen un mismo fin, sólo que esta última no lo percibe. "Los profesionales no quieren ni ganar más dinero ni trabajar menos horas, sino hacer nuestro trabajo más dignamente", puntualiza Fleitas. En opinión del secretario general de la SEMG, Pedro Cañones, "el sistema se ha ido pervirtiendo: la población es más demandante, porque el sistema está al alcance de su mano, esto reduce el tiempo del médico para esas otras actividades y ello ha supuesto que el cupo médico esté sobresaturado". 

Por ley, el cupo máximo de pacientes por facultativo debería ser de 2.000, con la posibilidad de llegar hasta los 2.400 en situaciones extraordinarias. "La realidad es que llegar a 2.400 es lo habitual, dato que los gerentes deben maquillar", refiere Cañones, que asegura que, en su propia consulta, oficialmente lleva 2.300, pero, contando la población flotante, pasa de los 2.500. De esta forma, el horario de médico de familia más extendido se resume en siete horas de las cuales 5 son para atender pacientes, 1 hora para labores de coordinación y otra para todo lo que quede, es decir, atención domiciliaria, imprevistos de bajas de compañeros, prevención, formación,... Al final, "todo queda en los catarros de todos los días, los papeleos burocráticos de siempre y nada de prevención", se lamenta Cañones. "Nos sentimos defraudados, estafados, tanto los médicos como la población.Para esto no era necesario invertir en la reforma de la Atención Primaria". 

Para Cañones, la sensación es que el ajuste no es tan excesivo. Sería quitar una hora a la atención de pacientes, que quedarían en cuatro horas, y reservar una hora para la imprevisible atención domiciliaria, otra hora para tareas de coordinación (formativas y burocráticas) y otra para actividades preventivas. 

Reducción de cupos 
La solución es reducir los cupos drásticamente. "Con dos cupos de 2.400, hacer tres", propone Cañones. De esta forma, cada médico tendría unos 1.500-1.600 pacientes, "algo razonable". Para ello habría que crear nuevos puestos de trabajo. El cupo óptimo, a su vez, tampoco es un baremo invariable. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, el volumen de pensionistas, que tienen más necesidades; de los emigrantes, con más dificultades de comunicación; o de la población marginal, en la que hay menos capacidad de colaboración por parte de las familias. 

Al final, la cuestión se convierte en económica. Invariablemente, la respuesta de la Administración a la petición de crear nuevos puestos de trabajo es que no hay dinero. Ello provoca una toma de posicionamiento. "Si no hay presupuesto, -recalca Cañones- pues renunciamos a un sistema sanitario tan perfecto como el que pretendíamos, nos conformamos con que sólo hay dinero para atender pacientes y no para prevención y dejamos de engañar a la gente y a los médicos". 

 Por otro lado, el presidente del Consejo General de Médicos, Ignacio Sánchez Nicolay, está de acuerdo en que la frecuentación actual de visitas no permite hacer una historia clínica adecuada. "Hay que sentarse con la Administración y explicar cómo el sistema actual perjudica al propio sistema. La sociedad está dispuesta a aceptar una menor frecuentación, y también debe estar dispuesta a aceptar que aumente el número de médicos, lo que supone aceptar un gasto mayor". 

A la espera 
Todo este movimiento reivindicativo está a la espera de contar con el informe definitivo del grupo de trabajo, que actualmente se encuentra en fase de borrador y se espera que esté listo dentro de dos o tres meses, y de que la nueva ministra de Sanidad defina su equipo. Para el secretario general del Sindicato de Médicos Aragoneses (SIMA), Lorenzo Arracó, "en el Ministerio, sobre este tema, ni se habla. El peligro es que se haga una política continuista. 

Y la esperanza es que la nueva ministra tenga la firmeza necesaria para, en los Consejos de Ministros, defender la necesidad de incrementar el presupuesto de Sanidad para aumentar el número de médicos de familia" Para Arracó, las cosas no se van a hacer con prisas, "pero esta reforma es la única forma de recupera la ilusión por trabajar bien, y no como los criterios economicistas de la Administración pretenden. 
 
 
 

Decálogo reivindicativo de los profesionales de A.P. 
1     Reducción de cupos máximos y  adecuación de los mismos a las características sociodemográficas de la población. 
2     Que la reducción de cupos no suponga reducción de retribuciones. 
3     Adecuación de retribuciones en Primaria a las de Atención Especializada. 
4     Revisión de indemnización por transporte. 
5     Política de sustituciones que impida unos grados de presión asistencial. 
6     Desburocratización de la consulta médica. 
7     Revisión del sistema de incentivación. 
8     Establecer mínimos de formación continuada. 
9     Modificación de condiciones de trabajo (horario, jornada laboral) y rechazo a la movilidad geográfica forzosa. 

10     Desarrollo de cauces de participación efectiva del personal facultativo. 

Fuente: FESIMA   
 

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