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El nuevo orden sanitario tras la culminación de las transferencias

 

El pasado 26 de diciembre y tras agotar hasta los últimos minutos el plazo límite, se llegó a un acuerdo final para el traspaso de la gestión sanitaria a las diez comunidades autónomas que aún no contaban con competencias en esta materia. Con la publicación en el B.O.E. de los respectivos decretos reguladores, se cerraba una etapa de tensas negociaciones entre la Administración Central y las Comu- nidades, al mismo tiempo que otra se abría para la sanidad española y para los profesionales que trabajan en ella donde, a partir de ahora, muchos e importantes temas pendientes tendrán que ser abordados desde otra perspectiva negociadora. Todo ello con el fantasma de la descohesión del sistema sanitario público español de fondo.

 

Luis C. Vaquero


Aragón y Cantabria fueron las dos últimas comunidades autónomas en llegar a un acuerdo, el mismo día en que finalizaba el plazo marcado por el Gobierno central y con las diferencias en cuanto al montante económico de gasto sanitario presupuestado como principal escollo. Mientras que la totalidad de los representantes autonómicos aseguran haber arrancado con varios millones más de lo inicialmente previsto por el Ministerio de Economía y Hacienda, el titular de este Departamento afirma que las cifras finales acordadas se sitúan dentro de lo previsto, aunque rehusa dar números exactos. Lo cierto es que la cifra final se eleva en torno a los dos billones de pesetas, frente a los 1,58 billones gastados en 1999 y que marcaban la cantidad de partida a negociar.

Pero si la dotación económica ha sido la parte más polémica en todo este proceso, no han dejado de producirse críticas al mismo, bien por la ausencia de diálogo con otras partes implicadas, como puede ser el caso de los propios trabajadores, o por la introducción de factores de última hora en el acuerdo de financiación autonómica que afectaban de forma directa a la Sanidad. Tomás Toranzo, presidente de Atención Especializada Sector Insalud de la CESM, denuncia que en el período previo a las transferencias los representantes de los trabajadores han estado en todo momento al margen de las negociaciones sin haber podido participar en los aspectos laborales de las mismas. Respecto a posibles contactos entre sindicatos y gobiernos autonómicos, la situación ha sido por el contrario diferente y dispar. Así, mientras que diversos colectivos de médicos aragoneses planteaban en el mes de diciembre la posibilidad de convocatoria de huelga como toque de atención al Gobierno regional a fin de no sentirse marginados en negociaciones que éste llevaba a cabo con la Administración central, en otras autonomías como Baleares se abrieron mesas de diálogo para analizar aspectos laborales que pudieran afectar a sus trabajadores, tales como la equiparación retributiva, la jornada laboral o la carrera profesional. 

El peso de lo económico 

Para el secretario general de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, Marciano Sánchez Bayle, "se ha mantenido una tónica de oscurantismo y de negociaciones bilaterales, un poco al estilo de 'coge el dinero y corre' que ha enturbiado notablemente el proceso; el Gobierno estaba sobre todo interesado en deshacerse del problema al menor coste posible, con un protagonismo en las negociaciones por parte del Ministerio de Hacienda y la desaparición, salvo para la foto final, de la titular del Ministerio de Sanidad. Las transferencias sanitarias se han hecho en un marco casi exclusivamente económico". Por su parte, el ministro de Administraciones Públicas ha admitido el peso que el aspecto económico ha tenido en el proceso, pero opina que "nadie debe sacar la impresión de que ha estado marcado por intereses particulares, ya que ambas partes tenían motivos para negociar con dureza: el Gobierno central tenía que ajustarse a su presupuesto y las autonomías tenían el deber de garantizar una asistencia adecuada".

El Ministerio de Administraciones Públicas ha admitido el peso que el aspecto económico ha tenido en el proceso de transferencias

En el mes de julio, el Consejo de Política Fiscal y Financiera logra un acuerdo para un nuevo modelo de financiación autonómica, que contempla la inclusión en el mismo de la financiación de la Sanidad y crea un Fondo de Cohesión Sanitaria, que posteriormente quedaría dotado con diez mil millones de pesetas, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado para compensar gastos, especialmente relativos a pacientes desplazados. Pero, en pleno debate de los Presupuestos Generales, el Gobierno decide introducir una nueva tasa sobre carburantes a aplicar por las propias comunidades autónomas y destinada exclusivamente a financiar la Sanidad. Este nuevo impuesto fue denunciado por el PSOE, IU y diversos gobiernos autonómicos, pero el mayor enfrentamiento surgió cuando la Administración condicionó la aplicación de ese nuevo modelo de financiación, que supone importantes ventajas a las autonomías, a la aceptación de las transferencias sanitarias. Para el PSOE esta medida supondría la existencia de dos situaciones, por una parte la de aquellas comunidades que tuvieran transferida la Sanidad accederían para financiarse a una amplia cesta de impuestos, mientras que aquéllas que no asumiesen dichas transferencias sólo podrían acceder a una parte de los mismos.

Para Manuel Martín García, de la FADSP, las transferencias se han caracterizado por la desinformación y la ausencia de debate abierto entre la Administración, los ciudadanos, los agentes sociales y los profesionales, mientras que "los responsables autonómicos han dado prioridad a conseguir la gestión de más recursos, que a las condiciones de suficiencia o equidad en que les son transferidos". Si hasta ahora las inversiones públicas se financiaban mediante el ahorro, una serie de transferencias tales como los Fondos de la Unión Europea y el endeudamiento; con la nueva Ley de Financiación se impide el endeudamiento, quedando garantizados los fondos europeos sólo hasta el año 2006, por lo que para el representante de la FADSP a las autonomías sólo les queda aumentar el ahorro, reducir el gasto, incrementar los impuestos o recurrir al sector privado y gestionar los servicios mediante concesiones administrativas.

Por otra parte, los acuerdos transferenciales logrados suponen, para Martín García la perpetuación de la insuficiencia sanitaria al no incrementarse el gasto, que se sitúa un punto del PIB por debajo de la media europea; asimismo, se elevan las desigualdades entre comunidades autónomas al no contemplarse ninguna cláusula para asignar los recursos suficientes para superar las desigualdades entre ellas, vinculándose la financiación de la Sanidad a la capacidad de recaudación autonómica. Tampoco se consigue una racionalización en la asignación de recursos "que sigue sin tener en cuenta la respuesta a las necesidades sanitarias, dada la falta de un Plan de Salud Integrado que identifique las necesidades de cada territorio, tomándose, además, como referencia la población existente en 1999 y no contemplándose la de los emigrantes, que sólo en la Comunidad de Madrid se elevan a más de 100.000 personas". Por último, queda sin definirse una política de personal y un nuevo modelo de relaciones laborales, no resolviéndose problemas como la inestabilidad laboral, la incentivación, la libre circulación, etc. y no se crean organismos que eviten la descoordinación y la fragmentación en un sistema altamente descentralizado. 
 

Las autonomías comienzan su andadura

Una vez plasmadas formalmente las transferencias, el Insalud y las autonomías implicadas iniciaron a principios de enero una serie de rondas de encuentros en las que se analizaron cuestiones sectoriales de carácter técnico, sobre todo las cuestiones que hasta entonces eran competencia de ese Instituto, a fin de llegar a su gestión total por parte de los gobiernos autonómicos o de establecer gestiones compartidas en materias concretas. Se ha iniciado así un proceso de transición que los propios acuerdos de traspaso fijan en tres meses prorrogables, a iniciativa de las propias comunidades, a otros tres. Mientras que la Comunidad de Murcia ha sido la única en rechazar ese periodo de transición y asume ya totalmente la gestión (lo que no quita que mantenga también reuniones con el Insalud), el resto sí ha decidido acogerse a dicho período, aunque sólo Baleares y Castilla y León han manifestado la posibilidad de agotar el plazo posible de seis meses.

En lo que sí se han puesto todas las comunidades en marcha es en la reestructuración y adaptación de sus Consejerías de Sanidad a la nueva situación, creando sus nuevos servicios regionales de salud aquellas comunidades que aún no contaban con ellos. La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha sido una de las que ha llevado a cabo una reestructuración más profunda a través de su Ley de Ordenación Sanitaria (LOSCAM), creando cuatro nuevos entes: el Servicio Madrileño de Salud, el Instituto Madrileño de Salud, el Instituto de Salud Pública y la Agencia de Formación, Investigación y Estudios Sanitarios. Por su parte, Castilla y León ha aprobado el reglamento de funcionamiento del Consejo Regional de Salud, como máximo órgano consultivo del sistema sanitario y en el que estarán representados la Consejería de Sanidad, la Federación de Municipios y Provincias, las centrales sindicales, las organizaciones empresariales, los Colegios profesionales, las Universidades públicas y las organizaciones de consumidores.

Las comunidades autónomas han establecido acuerdos interautonómicos con objeto de optimizar divesos aspectos de la asistencia sanitaria

La Rioja ha anunciado ya la futura ley de salud autonómica, marcándose el reto de reducir a la mitad los desplazamientos de sus pacientes a otras comunidades y el Servicio de Salud del Principado de Asturias se compromete a poner en marcha la libre elección de centro; mientras que en Baleares se apuesta por reforzar las plantillas, tanto de Atención Primaria como de Especializada. En cuanto al Servicio Extremeño de Salud, prevé acabar con la estructura del antiguo Insalud, centrando la organización territorial sanitaria en las gerencias únicas de área y reorganizando el calendario de inversiones que tenía prevista la Administración central y que no considera como viable en la actualidad. Roberto Sabrido, director general del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha tratará de apoyarse en la Atención Primaria para hacer frente a la actual falta de infraestructuras en una comunidad extensa y dispersa como la castellano-manchega.

En este marco de adaptación por parte de las 10 comunidades autónomas que acaban de recibir las transferencias sanitarias a la nueva etapa que comienza, resulta interesante hacer mención a los acuerdos de cooperación que algunas de ellas han suscrito con otras limítrofes al objeto de optimizar diversos aspectos. Así, Asturias y Galicia firman un acuerdo tendente a promover el intercambio de profesionales entre sus respectivos sistemas de salud, la puesta en marcha de un calendario de vacunaciones unificado y una reagrupación también de criterios en temas relacionados con la inspección sanitaria, la vigilancia epidemiológica y el control y prevención de enfermedades, así como garantizar la atención a los pacientes desplazados y a los que residan en zonas limítrofes. También con la comunidad gallega, Castilla y León firma otro acuerdo de colaboración centrado en temas de inspección, vigilancia epidemiológica y atención sanitaria en zonas limítrofes. Estas iniciativas se unen a otros acuerdos ya existentes entre comunidades como Castilla y León, Madrid, Extremadura y Castilla-La Mancha, que se ampliará en un futuro a Aragón. 
 

Garantizar la cohesión del sistema

Ante el nuevo panorama que se abre en el sistema sanitario español con la culminación de la transferencia de su gestión ha surgido en diversos sectores, tanto profesionales como sociales, el temor de una descohesión del propio sistema que podría repercutir negativamente en trabajadores y usuarios. "Una descen- tralización siempre es positiva, en cuanto acerca más los problemas al ciudadano y al profesional, ?afirma Tomás Toranzo- pero eso tiene también su parte negativa una vez pueda ponerse en peligro la equidad en el acceso al sistema, más aún tal y como se plantea la financiación. Por otra parte, hay que garantizar a los profesionales los requisitos mínimos de movilidad geográfica, carrera profesional de mínimos que sirva para todo el Sistema Nacional de Salud, retribuciones de carácter básico, etc.; a partir de ahí las condiciones laborales dependerán, en cada comunidad autónoma, de la capacidad negociadora, de la voluntad de los gestores y de las posibilidades financieras". Toranzo considera también que las comunidades transferidas con anterioridad han ido haciendo su propia reglamentación sanitaria en discordancia en muchos casos con las disposiciones básicas de la Administración central, que ha incurrido en una notable dejación de funciones, lo que provoca un peligroso acercamiento a un verdadero reino de taifas que puede suponer la desmembración de todo el sistema.

Cristóbal Gil, secretario de Acción Sindical del Sector de Sanidad de CC.OO., ve imprescindible un marco común de coordinación que permita que el Sistema Nacional de Salud "no se convierta en 17 SNS en miniatura", máxime cuando no todas las comunidades tienen el mismo nivel de renta. Rodolfo Castillo, presidente de Atención Primaria Sector Insalud de la CESM, considera que el Consejo Interterritorial sería el órgano coordinador por excelencia, por lo que "es de suponer que dicho órgano que hasta ahora prácticamente no ha servido para nada, se convierta en adelante en unificador ante las cuestiones de importancia general".

Por su parte, la ministra de Sanidad, Celia Villalobos, se ha apresurado a destacar la importancia que en adelante tendrá el Consejo Interterritorial, al tiempo que ha anunciado la próxima aparición de la Ley de Coordinación Sanitaria, así como del Estatuto Marco, cuyo borrador ya ha presentando a las comunidades autónomas. Dicha Ley de Coordinación incluirá un catálogo de prestaciones básicas y deposita en la Alta Inspección la tarea de garantizar el acceso equitativo a las prestaciones básicas en todo el territorio nacional.

En el último borrador de la futura Ley de Coordinación, que data de 17 de diciembre, se especifica que, en el caso de que alguna comunidad autónoma denegase o prestase una asistencia sanitaria "de segunda" a pacientes llegados de otras comunidades, éstos podrían utilizar servicios ajenos al sistema público, teniendo derecho a solicitar el reintegro de los gastos ocasionados ante la Administración sanitaria de la que dependa el centro o el servicio que negó la asistencia. También prevé la posibilidad del Ministerio de Sanidad de sancionar económicamente a las comunidades insolidarias.

El PSOE, por su parte, también ha preparado su proyecto de Ley de Coordinación, que tendría tres objetivos básicos: reforzar los derechos de los ciudadanos, potenciar el carácter público de la Sanidad y relanzar el papel de coordinador del sistema que deberá tener el Ministerio de Sanidad y, por lo tanto, el Consejo Interterritorial. Este proyecto de Ley cuenta con la casi total aceptación por parte de Celia Villalobos, quien considera que el PSOE lo ha copiado del suyo propio, salvo en lo referente a las políticas del medicamento, cuya competencia exclusiva opina que debe ser de la Administración central.

Pero a pesar del anuncio de la próxima aparición de esa Ley de Coordinación y de la intención ministerial de que lo haga con el mayor consenso posible, existe un cierto escepticismo. Tomás Toranzo considera que la Ley anunciada no comportará los resultados apetecidos, ya que no se ha establecido diálogo con los profesionales y, cuando lo ha habido ha resultado infructuoso, "la actitud del Insalud ha sido de desidia en los temas profesionales y frustrante para el colectivo médico". Por otra parte, tanto Cataluña como el País Vasco han lanzado mensajes de su oposición a cualquier intento por parte del Ministerio de Sanidad de establecer nuevas normativas que puedan suponer un recorte de sus competencias. Zoila Riera, portavoz de Sanidad de Convergencia i Uniò en el Congreso ya ha afirmado que si la futura Ley de Coordinación resta competencias a la Generalitat, su grupo parlamentario se opondrá a la misma. 

La homologación laboral como fondo

Para el profesional sanitario las transferencias han abierto una serie de interrogantes, tanto en el terreno profesional como en el laboral. "A partir de ahora puede haber agravios comparativos entre los facultativos -afirma Tomás Toranzo- al ya existir personal sanitario dependiente de las comunidades autónomas, fundamentalmente médicos APD de Primaria; agravios que pueden ser de tipo retributivo, laboral, etc. pues coexistirán en una misma comunidad personal funcionario y estatutario, lo que lleva a establecer como objetivo importante la homogeneización de todos, igualándolos al alza. A partir de ahí, habría que perfilar la carrera profesional, la formación, las retribuciones y la aplicación de la jornada de 48 horas que marca la directiva europea".

El Estatuto Marco pude contar con una fuerte oposición de algunas comunidades como el País Vasco y Cataluá, principalmente

Las retribuciones del personal sanitario y especialmente en el caso de los médicos son efectivamente distintas en el ámbito del Insalud y de las Administraciones sanitarias autonómicas, siendo a su vez distintas y no homologables dentro de estas últimas. Si bien las retribuciones básicas son bastante similares en todos los casos, por pertenecer todos los médicos al mismo grupo profesional, es en el caso del complemento específico donde existen más variaciones. Aunque un estudio realizado por CESM-Madrid en 1995 revelaba que los médicos del territorio Insalud eran los peor remunerados de todo el país (situación que se mantenía en el 2000), lo cierto es que los conceptos retributivos variables oscilan según la entidad pagadora, siendo en todo caso superiores los salarios recibidos por los médicos de las comunidades autónomas de Navarra y País Vasco. Mientras un adjunto en la comunidad de Galicia (la que menos paga de las transferidas antes del pasado año) cobraba 33.565 euros al año en 2001, en el Insalud recibía 33.407; mientras que en Navarra y el País Vasco alcanzaba la cifra de 39.342 y 39.353 euros respectivamente.

Para el secretario general de la CESM, Carlos Amaya, la conclusión del proceso de transferencias sanitarias puede resultar positiva, en lo que a retribuciones se refiere, para los facultativos "ya que, entre otras razones, se van a establecer elementos de competencia entre las distintas comunidades autónomas que puede serles beneficioso". Por su parte Cristóbal Gil, de CC.OO., considera necesario "recomponer el mapa de la situación y establecer una línea de armonización de retribuciones en el conjunto del Sistema, ya que no se debe profundizar más en el diferencial económico que se está produciendo en algunas comunidades, que en algunos casos es totalmente sangrante, al margen de que haya retribuciones sobre la base de objetivos y otros conceptos complementarios". 

Y, de nuevo, el Estatuto Marco

Para muchos, la solución a estos problemas de homologación, así como la de otros más, tales como la posibilidad de movilidad laboral entre distintas comunidades pasa por la definitiva aprobación de un Estatuto Marco, cuyo enésimo y último borrador establece sueldos iguales por categorías bajo un modelo común de retribuciones básicas, una jornada laboral máxima de 48 horas semanales y unos criterios comunes sobre carrera profesional para todos los servicios de salud. En cuanto a las retribuciones complementarias, quedarían divididas en fijas y variables, siendo establecidas según criterios de cada servicio de salud. Respecto a la movilidad geográfica, el Estatuto Marco garantiza la posibilidad de traslados voluntarios a comunidades autónomas distintas, pero incluye otra movilidad por razón de servicio según la cual el personal podrá ser adscrito a cualquier centro dentro del ámbito que figure su nombramiento y también de forma temporal, en comisión de servicio, fuera de dicho ámbito y durante un máximo de un año prorrogable a otro más.

Pero como ocurre con el caso de la Ley de Ordenación Sanitaria, el Estatuto Marco puede contar con una fuerte oposición de algunas comunidades, como el País Vasco y Cataluña, principalmente. Así pues nos veríamos ante la disyuntiva de contar con un "Estatuto ligth", de mínimos, que recibiese el visto bueno de todos los gobiernos autónomos o, por el contrario, con otro con mayor contenido unificador y abiertamente rechazado por algunas comunidades. "Por la experiencia que tenemos ?afirma Tomás Toranzo- la CESM está bastante escéptica, tanto porque está siendo elaborado por los de siempre como por las grandes reticencias existentes por parte de algunos gobiernos autónomos, salvo que sea muy de mínimos".

 

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