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Incentivos al uso racional de los
servicios sanitarios

LA ATENCIÓN SANITRIA SE ENCUENTRA, EN OPINIÓ DEL AUTOR DE ESTE ARTÍCULO, EN UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN EL QUE HAY UNOS RECURSOS ESCASOS QUE CONVIENE GESTIONAR CON EFICIENCIA, OBSERVÁNDOSE, ADEMÁS, LA COMPETENCIA POR UN NUEVO CONCEPTO DE CALIDAD AJENO A LA ASISTENCIA PURAMENTE CLÍNICO-CIENTÍFICA: LA SATISFACCIÓN DEL USUARIO, INHERENTE A SU CONDICIÓN DE CLIENTE Y COTIZANTE. ESTO LLEVA APAREJADO UNA NUEVA TERMINOLOGÍA, EN LA QUE LA EXPRESIÓN "ATENCIÓN SANITARIA" HA SUPERADO A LA DE "ASISTENCIA SANITARIA". 

Juan del Real,
Director de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU)


El sistema sanitario español es conocido como uno de los más universales y mejor dotados de los países de nuestro entorno económico. Cubre casi todo y a casi todos y los españoles contribuimos a él en función de los principios de equidad y proporcionalidad. Amparado por la Constitución y por la Ley General de Sanidad, constituye la piedra angular de la protección sanitaria de los ciudadanos españoles siendo percibidas sus prestaciones, desde el lado de la demanda, como una conquista social a la que no estamos dispuestos a renunciar.

Ahora bien, este sistema posee importantes limitaciones que no hay que olvidar: 
a) Evoluciona en un entorno de crisis creciente de fuentes de financiación: consecuencia de las limitaciones financieras, los gestores de un sistema sanitario público universal deben en todo momento decidir qué prestaciones se cubren y cuáles no con un presupuesto dado y limitado. Y ello lo pueden hacer a espaldas de los profesionales sanitarios y beneficiarios del sistema, o creando mecanismos de participación de los mismos que les orienten en la definición de criterios, coberturas, financiación etc.
b) Una segunda limitación es que existe una mayor presión sobre el sistema fruto del envejecimiento de la población, el crecimiento del gasto sanitario en términos de % sobre el PIB (5,9% en 1994) y el desarrollo de la tecnología.
c) En tercer lugar y ligado al anterior, frente a la tradicional imposición a los usuarios de un modelo sanitario con una cartera cerrada de prestaciones, la demanda se está empezando a hacer sentir y exige un determinado nivel de bienestar social. En este sentido, está surgiendo con fuerza un nuevo concepto en las relaciones del usuario con el sistema: se ha pasado de ser contribuyente a secas del Sistema Nacional de Salud (SNS) a ser un cliente de la Sanidad pública con la componente de servicio que ello conlleva.
 d) En cuarto lugar, no todos los usuarios están satisfechos con las prestaciones del SNS en algunos de sus distintos niveles (AP / AE etc) como así lo demuestra el hecho de que un 20 % de los españoles sean titulares de
pólizas privadas de asistencia sanitaria, admitiendo una auténtica doble cotización por una única asistencia y derecho: la protección de su salud.

Las distintas encuestas de satisfacción y comparativos entre prestación pública y privada sanitaria concluyen con que aspectos como el tiempo de espera, la atención clínica y el propio servicio o atención hostelera son la verdadera fuente de competencia del aseguramiento sanitario privado respecto al modelo público, por su parte imbatible en el aspecto precio. Además, la cobertura de la Seguridad Social, obligatoria para la mayoría de los trabajadores españoles, es una solución adecuada para todo el mundo, ya que es la más amplia. Pero, si el consumidor busca un trato más personalizado, menos tiempo de espera y algunas comodidades más, la solución está en contratar una póliza de asistencia sanitaria privada. En todo caso, conviene tener en cuenta que, aunque no se utilicen los servicios de la Seguridad Social, se deberá seguir cotizando, con lo que se pagará dos veces por lo mismo.

Puesto que en ningún otro campo de las relaciones entre ciudadano-administrado y la Administración distinto del de la salud, se estaría dispuesto a admitir este tipo de doble cotización (salvo en los impuestos especiales sobre hidrocarburos, tabaco y alcoholes) parece lógico pensar que es necesaria una reflexión sobre a dónde evoluciona la demanda de servicios sanitarios y sobre si se está satisfaciendo debidamente con todas estas limitaciones ya vistas.

En definitiva, nos encontramos en un punto de inflexión en la atención sanitaria en el que hay unos recursos escasos que conviene gestionar con eficiencia y se compite por un nuevo concepto de calidad ajeno a la asistencia puramente clínico-científica: la satisfacción del usuario, inherente a su condición de cliente y cotizante. Esto lleva aparejada una nueva terminología: el término atención sanitaria ha superado a la asistencia sanitaria.

A lo largo de esta exposición, aspiro a identificar desde el lado de la demanda patrones de comportamiento ineficientes en el uso de la prestación pública y posibles soluciones a los mismos que ayuden a la búsqueda de la excelcencia en la atención sanitaria y del uso eficiente de los escasos recuros disponibles.

Patrones de ineficiencia en el uso de la prestación sanitaria desde el lado
de la demanda

Déficit asistenciales
Otro de los aspectos desgraciadamente no atendidos aún en nuestros centros de salud y hospitales y que podrían constituirse en un verdadero incentivo al uso eficiente de los servicios sanitarios es la asistencia social a personas de la tercera edad e indigentes.

En la actualidad cualquier profesional sabe y conoce, sobre todo en los centros de Atención Primaria, el número de pacientes de edad avanzada que pasan continuadamente por su consulta aun gozando de un buen estado de salud, en busca de compañía bajo cualquier pretexto. En muchos hopsitales es también frecuente no encontrar ninguna persona que se quiera hacer cargo de una persona mayor, una vez intervenida.

Existe, por tanto, un papel creciente por parte de los profesionales sanitarios indirectamente relacionado con la profesión que ejercen: escuchar a las personas, incluso una vez sanas. Este vacío asistencial debería ser tenido en cuenta por otro tipo de profesionales dentro de la prestación pública, y sobre todo en el ámbito local. Además, en él tendrían mucho que hacer las ONGs y el voluntariado social.

El abuso de los servicios de urgencias
Este tema es circular y no tiene fácil solución: en la medida en que los servicios y listas de esperas son abultados la tentación de los ciudadanos es acudir a la otra puerta de entrada: las urgencias. 
Sólo en la medida en que se descongestionen las listas de espera se podrá percibir por parte de los usuarios una menor necesidad a acudir a otras vías.

Un catálogo de prestaciones
¿Necesita el sistema ordenar y limitar sus prestaciones? Creo que nadie pone en duda este aspecto.

Una de las herramientas a disposición de los gestores del sistema sanitario es la evaluación de tecnologías y la comprobación de su eficacia antes de decidir su impantación masiva como prestación universal. Esto permite llegar a una oferta pública de servicios que queda tabulada en un catálogo de prestaciones (RD 63/95 de 20 de enero).

La OCU apoya este tipo de iniciativas porque contribuyen a racionalizar. A través del catálogo, el Ministerio de Sanidad y Consumo deja bien claro lo que queda cubierto y lo que no y es la propia práctica diaria de incentx2.gif (1390 bytes)profesionales sanitarios, de profesionales del derecho y de las asociaciones de consumidores la que contribuye, con mayor o menor litigiosidad, a limar las asperezas del catálogo.

Como ejemplo les citaré las más de 2.000 vícitimas de intoxicación por ingesta de aceite de colza adulterado a las que el propio Insalud ha reconocido una cartilla especial sanitaria y a las cuales ahora los Tribunales de Justicia niegan el derecho al cobro de indemnizaciones por no contar con representación procesal. También citaré el caso de las víctimas del Síndrome de Sjögren o de la sequedad de mucosas a las cuales el Ministerio niega la financiación compartida de colirios por asegurar que estos están recomendados para síntomas menores. La OCU está pleiteando por que estas asperezas del catálogo de prestacipones se vean limadas teniendo en cuenta la protección efectiva de la salud de estos ciudadanos y su calidad de vida.

Pero esto no es suficiente, se ha apuntado ya que, además, es necesario trasladar al usuario de servicios sanitarios una medida (aunque sea en la sombra y no haya de desembolsarla) del coste de su atención particular. (Facturas en la sombra etc). Es decir, es necesario transmitir al usuario la trascendencia económica de cada acto del sistema relacionado con su salud.

 En cuanto a las nuevas tecnologías,  recientemente, el subsecretario de Sanidad y Consumo dió traslado del acuerdo específico del Pleno del Consejo Interterritorial de 25 de octubre por el que se someterán a uso tutelado, previo a su aplicación generalizada en el SNS, a un grupo de técnicas o procedimientos sobre los que se ha considerado necesario, por su relevancia en la asistencia sanitaria disponer de mayor información respecto a su efectividad y eficiencia (consecuencia del RD 63/95).

Estas técnicas son los tratamientos no farmacológicos del Parkinson, la tomografía de emisión de positrones en situaciones clínicas seleccionadas y protocolizadas, la endoprótesis en aneurisma de aorta abdominal, la cirugía de la epilepsia, el transpalante de condrocitos y el esfínter anal artificial.

Por su parte, la Comisión de Ordenación de Prestaciones designará los centros sanitarios donde se llevará a cabo este uso tutelado, bajo la supervisión técnica de una Agencia de Evaluación de Tecnologías.

Cada uso tutelado lleva aparejada una memoria económica en la que se hagan explícitas las fuentes de financiación (Ministerio de Sanidad y Consumo, Insalud y/o Servicios de Salud, centros participantes e incluso proveedores de productos sanitarios) y ningún usuario podrá ser excluido de estas técnicas (salvo que no cumpla los requisitos técnicos del oportuno protocolo de la técnica en cuestión).
Esta medida es bienvenida pero nos parece tan obvia y elemental que nos hace mucho que pensar sobre la capacidad de los gestores del SNS de ponerse de acuerdo en la eficaz gestión de los recursos y sobre todo, unificada (Administraciones públicas, agencias de evaluación de tecnologías y profesionales).

El gasto farmacéutico
Uno de los mayores componentes de gasto en la factura sanitaria nacional es el gasto farmacéutico. Según el Informe sobre la Salud de los Españoles del MSC para 1998, es el más alto en términos relativos de la UE situándose en 1994 en torno al 18 % del total del gasto público sanitario.

Desde el lado de la demanda en la OCU hemos identificado una serie de comportamientos erróneos propios de la ausencia de una educación sanitaria y que perjudican al resto del sistema con su ineficiencia. Algunos ejemplos de falsas percepciones del usuario ante una quiebra de su salud son:

1. Valoración del acto médico en función del número de medicamentos prescritos por el médico (¡y de su precio!).
2. Ausencia de discernimiento entre Medicina y magia del gurú de turno (exceso de confianza en productos milagrosos, sobre todo en colectivos crónicos de escaso nivel cultural).
3. Recurso con facilidad a la automedicación y testimonio de terceros sin formación sanitaria.
4. Trivialización del consumo de medicamentos, incluso antibióticos, cuya facilidad de obtención en oficinas de farmacias sin receta puede ser alarmante. Además, existe un problema añadido de pérdida de eficacia de los antobióticos por el excesivo recurso a los mismos en la prescripción (o libremente sin receta), y desde la infancia (pediatra).
5. Conversión del botiquín familiar en un almacén de medicamentos, muchas veces mal conservados, caducados, sin envases ni prospectos, accesibles a los niños, etc.

Si a esto unimos otros factores como la incomprensión de los prospectos de los medicamentos, la prescripción sin consulta, la lenta potenciación del consumo de genéricos, la presentación de medicamentos en dosis innecesarias y excesivas para un tratamiento y otros factores como la insuficiente colaboración interprofesional incentx3.gif (1514 bytes)médico-farmacéutico y la implicación de algunos malos profesionales sanitarios en la publicidad de pseudomedicamentos, tenemos un panorama de gasto farmacéutico desolador.

¿Cuál es el mayor incentivo a esta ineficiencia? Aunque la solución inmediata de todo buen gestor económico pudiera ser el recorte de gastos (ajustando los márgenes a lo largo de la cadena de distribución del medicamento) este enfoque puede pecar de economicista y si no apunta a los factores anteriores puede fracasar.

A nuestro juicio a corto y medio plazo es necesario influir en dos direcciones: a) inducir activamente en la utilización racional del medicamento y b) trasladar a los ciudadanos parte del coste de los medicamentos por medio, por ejemplo, de la aplicación de una tasa por receta.

Y desde luego, a largo plazo, es necesario incidir con firmeza en una mayor educación sanitaria (preventiva). Es necesario concienciar al ciudadano, elevar su cultura sanitaria enseñándole qué es salud, cómo se previene, qué es un medicamento, sus virtudes y peligros, erradicando malas prácticas como la automedicación irresponsable, elevando su conciencia crítica y participativa.

¿Cómo conseguir
la racionalización en el uso de los medicamentos?

La salud para el español tiene mucho de abstracto (se tiene o no se tiene) y desgraciadamente, su mantenimiento no figura entre sus prioridades. Eso sí, ante un proceso de malestar físico, desde su óptica subjetiva percibido como proceso grave de urgente reparación, se siente legitimado a exigir su inmediata restitución al sistema: ¡para eso pago mis impuestos! Tal vez no se ha dado cuenta todavía de la estrecha relación entre hábitos de vida (alimentación, ejecicio, en el trabajo, en la carretera, etc), conducta y salud.

Entre las razones de esta despreocupación sanitaria están las de índole educativa y cultural:
-La formación sanitaria mínima sobre el cuerpo humano, su funcionamiento y su mantenimiento no está a la misma altura que otras disciplinas curriculares en los planes de estudios de los escolares.
Se da más importancia a la memorización de los nombres de las cavidades del corazón y sus arterias y venas que a la función de este órgano y la trascendencia de una nutrición equilibrada y del ejercicio físico en el mantenimiento de un corazón en forma. Es decir, no se aprende la relación hábitos-salud antes mencionada.
-No existe una adecuada relación entre buenos hábitos alimenticios o de vida y salud. De hecho se está perdiendo la dieta mediterránea. 
 En ausencia de educación para la salud, la única cultura recibida por los ciudadanos en materia de nutrición es la que tendenciosamente ofrecen los mensajes publicitarios que prescriben tendencias y modas muy alejadas del ideal de bienestar, más poderosos si son presentados por supuestos profesionales de la salud o famosos, y no exigen esfuerzos aparentes de cambios de hábitos.
 Prueba de ello son los patrones nutricionales y de belleza imperantes que han hecho caer a muchos adolescentes en las trampas de la anorexia y la bulimia, en saltos de comidas, en el recurso sistemático al fast food y la golosina etc (desequilibrio nutricional).
-El usuario no es militante en ningún campo social, ni siquiera el consumerismo, y no tiene ninguna motivación por preservar su salud, campo en el cual su conducta puede llegar a ser irracional. 
Nuestros estudios demuestran lo pernicioso para la salud que puede resultar cualquier consumidor "pasivo", desinformado y despreocupado que se acerque pasivamente a un médico o a una Oficina de Farmacia.

TABLA 1. Derechos y obligaciones de los usuarios de la Sanidad

Derechos Obligaciones (responsabilidades)
Salud: políticas preventivas y paliativas Universalidad / Catálogo
de prestaciones
Salvaguardar su salud
(autoreconocimiento)
Financiación de medicamentos  Participar en el sistema como
ciudadanos:
- Financiación del sistema
- Gestión del sistema
- Representantes de los usuarios
- Definir catálogo de prestaciones
Cartas de los pacientes:
- Asistencia personalizada
- Libre elección de profesionales
- etc
Participar activamente en el acto
médico:
- Comunicación con el profesional
- Colaborar diagnóstico/tratamiento
Tarjeta sanitaria  
Reclamación  
Representación a todo nivel (AP/AE)  

Prueba de irracionalidad son las alarmantes cifras de incidencia del consumo de tabaco y alcohol en enfermedades como el cáncer y las tasas de fumadores.
-El usuario percibe las prestaciones del sistema como conquista universal pero no se le ha sabido trasladar una conciencia social paralela sobre las implicaciones económicas de cada acto sanitario y su financiación, llegando a situaciones de abuso. 
Es necesario implicar más al usuario en el coste de su asistencia, que conozca cuánto cuesta al sistema una cama de hospital, una operación, un medicamento, una receta etc.
En todo ello, los profesionales sanitarios (la Atención Primaria y las oficinas de farmacia juegan un papel crucial), autoridades (inspección y campañas de formación) y laboratorios (prospectos más legibles, comprensibles, explicación del grupo de medicamentos en el prospecto) tienen mucho que hacer junto con las asociaciones de consumidores y de pacientes. El reto es elevar la cultura sanitaria del español medio.

Derechos y obligaciones de los usuarios de la Sanidad

En el actual contexto, los usuarios desgraciadamente se saben valedores de sus derechos pero no tanto de sus obligaciones. Por el lado de los derechos, vistas las limitaciones del sistema, los usuarios aspiran a su pleno reconocimiento como personas y de sus derechos como pacientes. (ver Tabla 1)

Participación activa en el acto médico
Esta es otra responsabilidad pendiente por parte de los pacientes. Sólo con instrucción social, con un mayor nivel cultural los pacientes y usuarios de la Sanidad podrán advertir lo rica que puede ser la retroalimentación con el propio personal sanitario a la hora de ayudarle a definir mejor un diagnóstico y un tratamiento adecuado. Los pacientes deben mejorar su partenariado con los prestadores de servicios sanitarios y con los propios gestores, diciéndoles lo que quieren y cómo van a contribuir a conseguir esos niveles de exigencia.
Esto abre el aspecto de la participación y representatividad de los ciudadanos y usuarios en el sistema. ¿Es adecuada?, ¿ es suficiente?

Los representantes de los usuarios
Desgraciadamente, al igual que en otros campos de la militancia, el consumidor español es poco militante. Prueba de ello son las bajas cotas de afiliación a cualquier actividad política (partido político), laboral (sindicato), económica (asociación profesional) o social de los mismos (entre ellas las asociaciones de consumidores). Este aspecto es sintomático ya que el español es bastante más solidario que sus vecinos de la UE. Basta estudiar la reacción ante los últimas catástrofes en centroamérica o las cuotas de donantes de plasma y órganos.

En el campo sanitario los gestores se están apoyando en las asociaciones de consumidores a la hora de llenar las vacantes en los Consejos de Salud de los centros. Sin embargo, algo falla a la hora de lograr la participación de los usuarios en los mecanismos que los representan a todos los niveles. No existe militancia, tampoco conocimiento. El modelo actual es sólo válido para una estructura asociativa muy capilarizada que las asociaciones de consumidores no poseen y que en ausencia de estas puede ser ocupada por asociaciones que por sus fines no sean las ideales (movimiento sindical/vecinal).

Además, algunas formaciones políticas incluyen en sus programas organizaciones sectoriales de salud que tratan de responder a este vacío por la vía de la participación de los trabajadores del sistema, de sus familiares y usuarios políticamente afines, pero también caen en la politización de la Sanidad al buscar sólo a aquellos que compartan sus ideales, y no abordan de una manera global el problema de la escasa participación de los usuarios en la definición del modelo sanitario que buscan.

¿Qué podemos esperar?

La realidad se debe adecuar a la teoría. Para que esto sea así es necesario un esfuerzo conjunto de todos los agentes que intervienen en la definición y fijación, en un momento dado de un estándar dado de atención sanitaria.
El usuario debe cada vez instruirse y ser instruido en una cultura de la prevención sanitaria, con hábitos saludables de alimentación y ejercicio físico. Las Administraciones públicas juegan un papel fundamental ya que a ellas les está encomendada dicha formación y en cualquier caso la asistencia sanitaria y la inspección. Los profesionales sanitarios deben estar con los tiempos supliendo las necesidades asistenciales (profesionales y hosteleras) que demandan sus clientes. Los laboratorios e industria deben seguir fomentando la I+D. Por último, los medicamentos y tratamientos prescritos deben atender con los menores efectos secundarios los síntomas para los que fueron diseñados, informando correcta y adecuadamente a sus usuarios.
Los usuarios debemos abandonar el desentendimiento habitual e implicarnos en nuestra propia salud junto con los profesionales sanitarios a su disposición. 
Si se logra vencer entre todos los agentes esta pasividad del usuario, esa terrible causalidad de no hay preguntas no hay consejo, se habrá dado un paso adelante en la mejora de la calidad de vida de nuestra sociedad y la factura sanitaria nos lo agradecerá.
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Ponencia presentada en las XI Jornadas de Cooperativismo Sanitario, organizadas por Asisa-Lavinia.  

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