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La gestión farmacéutica en la red: la controvertida receta electrónica 
 

 

La comunidad científico-sanitaria que está a favor de la implantación de este sistema destaca ante todo la ventaja que supondrá para ahorrar tiempo a los enfermos crónicos y para dedicarle más al resto de pacientes. Pero tiene dudas sobre el cumplimiento del secreto profesional y, en su mayoría, coinciden con aquellos otros que lo ven como una "historieta de ciencia ficción", puesto que una de las principales herramientas, como es la informática, lleva un considerable retraso en gran parte de los centros de salud del país.

 

Lara Muñoz 


El ritual, para muchos entretenimiento básico prácticamente semanal; para otros tantos fastidio y pérdida de tiempo, pero para todos ellos necesario, de acudir a la consulta del médico a buscar una receta está a punto de mutar. Por lo menos, eso es lo que se intenta desde finales de 1999 con el lanzamiento de proyectos piloto más o menos infructuosos basados en la creación de una receta electrónica. Tanto desde el Ministerio de Sanidad como desde distintas Consejerías de Sanidad de diversas comunidades autónomas se han propuesto iniciativas que, aunque aún no han llegado a converger, parten desde un mismo punto de salida: la mejora de la calidad de la prestación farmacéutica y de la atención al paciente. 

Sin embargo, del mismo modo que desde algunos Colegios de médicos y Consejerías se muestran y dispuestos a colaborar al máximo con los proyectos, desde otras comunidades ven esta iniciativa con un poco de recelo o, sin más, lanzan miradas escépticas. Y es que, para empezar, no ven factible que se iguale tecnológicamente una consulta de la ciudad de Barcelona con, por ejemplo, las que existan en un pueblo de Ciudad Real o en una aldea asturiana. Por lo menos, al mismo tiempo. Además, las 17 se encuentran a la espera de cómo evolucionarán las transferencias autonómicas en materia de Sanidad, por lo que la mayoría no concede ningún tipo de prioridad a este tema. 

El lanzamiento de este proyecto tan innovador dentro de la tecnología relacionada con las prestaciones sanitarias llegó a causar ciertas controversias dentro de la comunidad médica. Uno de los objetivos principales era, y sigue siendo según afirman, el poder controlar el gasto sanitario de manera más exhaustiva. Sin embargo, entre los facultativos corría un humo que olía a cierto control médico, un derivado directo del resultado del control farmacéutico por parte de las autoridades sanitarias superiores. Pero, a pesar de la polémica que se suscitó al principio, causada quizá por la poca información por parte de la Administración, o por una definición poco clara de hacia dónde se pretendía encaminar el proyecto, la mayoría de colegiados y personas vinculadas con las Consejerías de Sanidad entrevistadas por EL MEDICO son optimistas de cara a recibir la receta electrónica. Eso sí, todos coinciden en que existe un inconveniente que puede retrasar años la implantación definitiva de dicha receta, y es el miedo a que se pueda vulnerar la seguridad de los sistemas informáticos o que no se determine correctamente quién o quiénes podrán tener acceso al historial médico del paciente. Todos ellos exigen que se garantice el secreto profesional y que se asevere una ley de protección de datos totalmente invulnerable. 

Su origen: el proyecto PISTA 
De siempre, la prestación farmacéutica se ha apoyada en distintas fases. En primer lugar, la identificación del fármaco a prescribir. Después, la posterior receta formal. A continuación, la dispensación y, por último, la validación frente al sistema de control farmacéutico. Este flujo de información entre los diferentes implicados en el proceso tiene, además, otros estadios o trámites que deben ser aceptados para poder continuar en su circuito habitual. Por eso, uno de los objetivos principales de la receta electrónica es reducir el número de estos trámites, la mayoría burocráticos, del ciclo que va desde la visita a la consulta hasta la adquisición de los fármacos. Sin embargo, el contenido del proyecto inicial de la receta electrónica es algo más complejo. 

Uno de los principales objetivos de la receta electrónica es reducir el número de límites burocráticos que se desprenden del ciclo establecido entre la consulta y la adquisición del fármaco 

En su origen, el plan se enmarcaba dentro de la segunda convocatoria del programa de Promoción e Identificación de Servicios Emergentes de Telecomunicaciones Avanzadas (PISTA) de la Secretaría General de Comunicaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología. El proyecto piloto propuesto consistía en la implantación y explotación de una intranet para cada una de las entidades usuarias involucradas en el mismo. Su objetivo era implantar la receta electrónica (RE) de un Servicio de Salud como documento de prescripción, dispensación y facturación, sustituyendo la actual receta en papel. Al mismo tiempo, también se intentaba con ello aumentar la calidad del proceso asistencial, puesto que, en teoría, la RE permite detectar posibles problemas terapéuticos al disponer de toda la información sobre los fármacos prescritos y dispensados. 

La arquitectura propuesta para la intranet tendría como soporte un servidor con una Base de Datos Central (BDC) sobre el que se identifica la prescripción y se realiza la dispensación. Dicha BDC incorpora una base de datos de medicamentos con toda la información sanitaria y tera- péutica de los mismos. Así, el proceso transcurriría de la siguiente forma: mientras el usuario recibe la receta en papel, el centro de salud emite una copia electrónica dirigida a la base de datos central, la encargada, de acuerdo con el proyecto original, de validar la dispensación. Por medio de esa base de datos central, la unidad administrativa accede así a la información del centro, médico, paciente, fármaco recetado, diagnóstico y de las fechas de prescripción y dispensación. Dicho de otra forma, el médico haría la prescripción por ordenador y el usuario acudiría a la farmacia con su tarjeta sanitaria individual (TSI) a buscar la receta. Una vez allí, el farmacéutico introduciría los datos de la TSI del paciente en el ordenador para recuperar la prescripción hecha por el facultativo y le dispensaría el fármaco. 

¿Control claro del gasto farmacéutico o de la actividad médica? 
Este sistema permite a la Administración sanitaria estar así al tanto de las fases que componen la prescripción farmacéutica, desde los protocolos de farmacoterapia hasta el historial farmacológico de cada paciente, así como de los perfiles del médico que prescribe y del farmacéutico que dispensa. Es decir, la Administración podrá conocer, ahora de forma más exhaustiva, qué receta cada médico a quién y en qué cantidad. Mientras todo este proceso ocurre, el usuario sólo tiene que acudir a su farmacia como siempre con la receta de papel usual. Eso sí, antes de despacharle el medicamento recetado, el farmacéutico solicitará a la central que autorice la prescripción. De este modo, desde la misma Administración se espera que la prescripción de fármacos sea más racional y derive en una mejora de la gestión y en la contención del gasto, ya que, de algún modo, se pretende "recordar" al médico de la existencia de los genéricos. 

Por otra parte, una de las consecuencias más positivas y esperadas de la implantación de la RE sería, sin duda, la reducción del tiempo que los médicos gastan en procedimientos burocráticos, lo que se traduciría en un mayor tiempo de atención al paciente. Si a eso se le suma que los pacientes crónicos se ahorrarían la mayoría de las visitas, ya que en la receta se indicaría una sola vez la dispensación, la cantidad y el tiempo durante el que el enfermo puede acudir a la farmacia, sólo con su receta de papel y su TSI, sin necesidad de volver a la consulta, el resultado es más que prometedor. 

Sin embargo, aunque la perspectiva de poder dedicar más atención a un paciente se acogería con una satisfacción mayor cuanto más tiempo transcurre, como a un triunfo después de una larga reivindicación, esta forma de controlar el gasto sanitario no queda muy clara desde distintos Colegios médicos españoles. Por ejemplo, hay quienes la consideran innecesaria, dado que dicha forma de control ya existe, y pocos creen que vayan a modificar sus hábitos a la hora de prescribir, una vez se implante la RE definitivamente. 

"No creo que con la RE se reduzca el gasto, aunque sí que habrá más control. Sin embargo, estoy seguro de que se harán las mismas recetas en papel que con el ordenador. Es decir, si tienes que hacer tres recetas, las harás igual sobre un soporte que sobre el otro. Por eso, quizá veo este proyecto más como una medida de control que de reducción del gasto." El doctor Luis Carlos Gutiérrez, médico de Atención Primaria y vicepresidente segundo del Colegio de Médicos de Toledo, expresa de esta forma su escepticismo ante el proyecto de la RE. Del mismo modo piensa el doctor José Luis Díaz Villarig, Otorrino y jefe de sección del Hospital de León, y presidente del Colegio Médicos de León y del Sindicato Médico de Castilla y León: "Con la RE no se reducirá el número de recetas que se van a hacer. El médico, si lo considera oportuno, recetará las que tenga que recetar, sea una, tres, siete o las que hagan falta. Es más, podría ser que incluso se prescribiera más, al poder prestar mucha más atención a cada paciente. Yo creo que nadie hace una receta de más ni de menos, sino que se ofrecen más facilidades al paciente. De todas formas, el control del médico ha existido siempre, ya que las recetas ya están controladas. Ahora, lo que puede haber es más control del gasto de cada paciente, sobre todo de los crónicos. Creo que nadie debe ni puede decir al médico qué es lo que debe recetar porque, al fin y al cabo, éste actúa según una necesidad del paciente y no sobre un capricho propio". 

Otros se muestran algo más comprensivos con la propuesta, aunque también están convencidos de que la RE será ineficaz en este sentido. El doctor Juan Antonio Abascal, especialista en Medicina Preventiva en el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza y secretario del Colegio de Médicos de la provincia, duda que se pueda reducir el gasto sanitario con la RE. "Creo que intentar controlar el gasto es muy difícil, ya que intervienen numerosos factores, como las patentes, los genéricos, etc. Además, la lógica de la tendencia desde 1994 hasta ahora, con el sistema autonómico, demuestra que no es posible reducir el gasto. Otro motivo por el que no creo que se controle es que cada vez hay más gente asegurada, más gente que goza de una prestación sanitaria gratuita,... Y otra cosa que no me queda clara es si el farmacéutico puede o no modificar la receta del médico con genéricos ¿Qué valor tiene entonces la receta electrónica? Sin embargo, la veo positiva si sirve para proporcionar más información para saber con qué medicamentos determinados podemos actuar, por lo que, cuanta más información, más control sobre el gasto tendremos todos". Por su parte, la doctora Carmen Rodríguez, responsable del laboratorio de análisis clínicos del Instituto Nacional de la Silicosis y presidenta del Colegio de Médicos de Asturias, asegura que el gasto sanitario se puede controlar con otros mecanismos, y no cree que éste sea el apropiado, ya que, principalmente, se ha concebido para facilitar la labor administrativa, especialmente con los pacientes crónicos. "El gasto sanitario se controla concienciando a la sociedad y a los profesionales que las medicaciones no son complacientes sino que, si se recetan, es porque son necesarias", asevera. 

Pero, dentro del escepticismo "bienpensante" de los que aprecian el proyecto por las ventajas para el paciente, pero ven inútil que se pretenda reducir con ello el gasto sanitario, los hay quienes intuyen cierto entrometimiento de las autoridades sanitarias estatales a la labor del médico. Algunos colegiados encuentran inadmisible este proyecto porque, de forma indirecta, demuestra desconfianza en el trabajo del facultativo y, además, piensan que nada ni nadie puede controlar el quehacer de este colectivo, ya que, al fin y al cabo, la última responsabilidad sobre el paciente la tendrá el propio médico que lleve cada caso. Incluso, los hay que no lo ven adecuado ni siquiera para los pacientes crónicos. 

"Aunque aún no estoy muy informado al respecto, creo que si con la RE se pretende que el enfermo no acuda a los centros de salud, me parece una aberración. La relación médico-enfermo debe cuidarse y mantenerse para evitar otro tipo de terapia. Elegir ir al médico cuando se desee es un bien sagrado del enfermo". El doctor Francisco Ortega Viñolo, especialista de Medicina Interna ya jubilado y presidente del Colegio de Médicos de Almería, no sólo no veía en la RE una propuesta poco menos que inútil, sino que además se muestra algo sorprendido ante una posible suspicacia por parte de las autoridades. "Si es para controlar el gasto sanitario, se demuestra cierta desconfianza. La receta electrónica no incide ni en la calidad asistencial ni en el control. Pero, si llega el caso en que se implante, se deben poner condiciones, ya que muchas comunidades autónomas se quedarán atrás porque no disponen de medios informáticos adecuados, eso las que disponen de medios." 
La receta electrónica permite, teóricamente, detectar posibles problemas terapéuticos al disponer de toda la información sobre los fármacos prescritos y dispensados 

El doctor Fernando Pérez Garzón, especialista en Medicina General y presidente del Colegio de Médicos de Segovia, se muestra casi indignado ante el proyecto de la RE. Paradójicamente, al igual que el anterior presidente, el punto más negro que ve es uno de los bastiones del proyecto: que los crónicos se ahorren el paso por la consulta. "Creo que la receta electrónica es una barbaridad. Al enfermo crónico debe verle el médico. A los hipertensos o a los diabéticos los debe controlar el facultativo, que debe estar siempre al día de la evolución del paciente. Yo no permitiría que a mis pacientes los vea otro médico, y aún menos le pasaría la responsabilidad al farmacéutico. Después de 44 años de servicio profesional puedo asegurar que el paciente con más riesgo y el que necesita más al médico es el crónico. Además, no estoy de acuerdo con que el enfermo se salte al profesional médico y vaya directamente a la farmacia, puesto que a veces quien atiende ni es farmacéutico". Para el doctor Pérez Garzón, todo lo que envuelve a la RE le sugiere una disyuntiva si "las autoridades prefieren una buena medicina o una Medicina que, al final, salga económica". "A mí me da miedo que se prefiera la Medicina Oeconómica1. Al enfermo hay que atenderlo hasta el final de los días". Y no acaba ahí, sino que sentencia que "el médico que no atienda al crónico no se llamará médico. Yo espero que nunca se implante la receta electrónica." 

Pero no todos los que intuyen que pueda tratarse de cierta "dirección" de la labor médica se muestran tan radicales como sus colegas de Almería o Segovia. Por ejemplo, el doctor José Manuel González Aguado, especialista en Medicina General del Centro de Salud de Malagón y vocal del Colegio de Médicos de Ciudad Real, afirma que la RE "podría ser un método de control al médico mucho más exhaustivo del que existe ahora, una especie de presión para hacer que éste recete determinados medicamentos, especialmente los genéricos. Aunque esperemos que al final no sea así". No obstante, en el caso de que la RE disimulara una especie de control al médico, hay quien está totalmente convencido de que si uno hace bien su trabajo, no hay porqué pensar que está siendo "vigilado". El doctor Fernando Vaquero, especialista en Bioquímica en el Hospital Virgen del Rocío y miembro fundador del Colegio de Médicos de Sevilla, se muestra tranquilo ante un posible control. "Si la base de datos sirve para controlar al médico, qué da y qué daba anteriormente, ¿significa eso control de la Sanidad? Me parece bien que exista el control, porque si el Ocontrolado cumple1, no hay ningún problema. Así se puede saber qué médicos recetan más, o los medicamentos que más se usan. En el fondo, no creo que exista dicho control a los médicos, pero cada uno allá con su conciencia. Si uno hace bien su trabajo, no tiene porqué pensar que le están vigilando". 

La inquietud por el secreto profesional 
No todos los inconvenientes que han detectado los profesionales proceden directamente de los estamentos superiores. La mayoría de los entrevistados se preguntan si, una vez se haya conseguido informatizar el 100 por cien de las consultas de Primaria, lo que ya llevará mucho tiempo, se podrá garantizar la seguridad de los datos del paciente y la inviolabilidad de los sistemas de los centros sanitarios. Dado que los temas de seguridad en la red corresponderían a una segunda fase, puesto que el primer objetivo a cumplir es dotar de equipos informáticos a todas las consultas, aún no se sabe cuál o cuáles serán los sistemas a partir de los que se construirá la intranet. 

Una de las comunidades más avanzadas en este sentido es Cataluña. No sólo han experimentado ya con un proyecto piloto, sino que van camino de poner el marcha el segundo, mucho más perfilado y, ahora, con pacientes reales. Hace ya un año y medio, fueron los primeros en probar la prescripción y la dispensación de recetas a través de Internet. Para la prueba piloto se escogieron pacientes y situaciones ficticias, y se contactó con médicos y farmacéuticos reales para llevarla a cabo. Como explica Ramon Sàrrias, director médico de "Médicos online" del Colegio de Médicos de Barcelona, "la experiencia funcionó correctamente, y desde hace ya un año se intenta colocar en el mundo real. Pero están pendientes de la Administración". La primera prueba se llevó a cabo en el sector privado, pero en dicho sector son los propios médicos y farmacéuticos los que la financiaban. Además, también tenían que pactar con las mutuas, por lo que todo se complicaba. Por eso, la segunda prueba piloto que plantean es hacerlo en el sector público, manejando unos 90 millones de recetas.Pero, según el doctor Sàrrias, aún se debe perfilar la herramienta mucho mejor, adquiriendo más ordenadores y, por supuesto, disponiendo de más inversión. "Desde el punto de vista económico, el proyecto cuenta con la voluntad de todo el mundo para finan- ciarlo: gestores, administraciones, trabajadores de los centros, etc. ya que todos ven muchos puntos positivos, como la comodidad y el ahorro de tiempo para los crónicos, la dedicación de más tiempo para los otros pacientes, etc. Por lo que respecta a la seguridad, es un tema que se ha tenido muy en cuenta. Se ha pensado en un sistema sencillo relacionado con Internet en el que la responsabilidad recaiga sobre los software que gestionan los centros de salud y las farmacias". 

Pero la opinión del doctor Ramon Sàrrias puede sonar a ciencia ficción a la mayoría de comunidades autónomas, no por la incomprensión de sus palabras, sino por lo lejano que ven la implantación de estos sistemas en sus centros sanitarios. Pocos afirman que dispondrán de la RE antes de cinco años, muchos "siendo optimistas" vaticinan que se necesitarán unos 10 años para que se instaure a nivel estatal. Sin embargo, todos ellos reconocen que la velocidad con la que avanzan hoy en día las nuevas tecnologías, todo puede ser posible. 

"A mí me parece bien que se informatice todo. Pero primero, se tiene que empezar por todos los centros de salud, después programar todas las historias clínicas personales, etc. , así que creo que esto requerirá mucho tiempo. En Toledo, no todos los centros sanitarios están informatizados. A nivel urbano, hay algunos; a nivel rural, la mayoría están sin sistemas informáticos." El doctor Luis Carlos Gutiérrez, del Colegio de Médicos de Toledo, no es el único que se muestra así de escéptico. El ya ex presidente del Colegio de Médicos de Castellón, el doctor José Ramón Sanz Mondía, cardiólogo en el Hospital General de Castellón, también afirma que el camino a recorrer no sólo es largo, sino sembrado de dificultades: "Lo veo complicado en el momento actual porque las instalaciones informáticas actuales aún no están preparadas, y los sistemas informáticos no acaban de funcionar correctamente. Por un lado, los centros de salud no reciben información por parte de la Administración, pero por otro puede pasar que nos den una sorpresa y vengan con los equipos informáticos a ponernos rápidamente al día. Lo malo es que ahora no están haciendo cursos ni formación de ningún tipo y luego vendrá todo de golpe. En este sentido, creo que los farmacéuticos están más informados que los médicos. Así que yo creo que la receta electrónica tardará en implantarse." 

El doctor Juan Antonio Abascal, del Colegio de Médicos de Zaragoza, cree que el problema estriba en que "se deberá crear un banco de datos y unos archivos centrales con toda la información de todos los pacientes, lo que requiere equipos con una capacidad de memoria muy grande. ¿Qué ocurre? Que algunos centros sanitarios aún no están informatizados y los que sí lo están, funcionan con el Windows 95 y para el proyecto se necesitarán sistemas Flash, Millenium o Windows NT, es decir mucho más avanzados. Esto significa que incluso los que ya están informatizados tendrán que readaptarse". La doctora Carmen Rodríguez, del Colegio de Médicos de Asturias, ve muy positivo que se llegue a implantar la RE "siempre que se aseguren las premisas de identificación electrónica y de la firma electrónica con libre prescripción del médico; así como que el paciente tenga su contraseña y su TSI." Pero la doctora Rodríguez no sólo hace hincapié repetidamente en el tema de la protección de datos y la confidencialidad. Aún va más allá al relacionar la RE con otras cuestiones de seguridad. "Creo que será muy útil para evitar fraudes, como por ejemplo, la falsificación de recetas y de los talonarios ya que, gracias al bloqueo automático en la farmacia de esa medicación, el medicamento no se recetará dos veces seguidas". 
Cataluña va a poner en marcha un segundo proyecto piloto con la participación de pacientes reales 

Por su parte, el doctor José Manuel González Aguado atisba la llegada de la RE a Ciudad Real algo más tarde que al resto de comunidades a causa de la insuficiente infraestructura. "Creo que el proyecto tardará en implantarse porque requiere una inversión muy grande. Por ejemplo, en Ciudad Real hay 30 centros de salud, ni uno informatizado. Habría que ponerlos al día en cuanto a equipos informáticos y en cuanto a informar a la gente sobre su funcionamiento, y no sé si, al final, esto será efectivo. El tiempo que se tarde dependerá del dinero que se invierta". 

Desde el Departamento de Salud del Gobierno de Navarra, Javier Carnicero, asesor para sistemas informáticos, también está convencido de que la RE es un hecho que vendrá y lo ve de gran utilidad. Sin embargo, tampoco él se aventura a predecir una fecha para su establecimiento. "La receta electrónica requiere una gran inversión, y esto puede resultar un inconveniente grave. Además, otro inconveniente que yo veo es que se pueda garantizar la seguridad de los datos, es decir, deslindar la seguridad y la confidencialidad con respecto a la información de los pacientes". Javier Carnicero añade que otro punto a tener en cuenta es "conseguir la coordinación de todos los sistemas sanitarios y las organizaciones farmacéuticas". 

Está claro que el tema de la seguridad en una futura red que conectará centros de salud y oficinas farmacéuticas preocupa, no en vano, a la comunidad científico-médica. Y es que se teme que los historiales médicos y farmacológicos, que hasta entonces se habían guardado celosamente en los archivos de una consulta o un hospital, salgan de su caja de seguridad y naveguen por la red desde los centros de salud hasta las farmacias, o viceversa. El temor al pirateo informático o a que fallen los sistemas de seguridad de los equipos es algo que acrecienta la desconfianza de los médicos ante el riesgo de que se pueda vulnerar su secreto profesional, o de que cualquiera pueda acceder a los historiales médicos de los pacientes. 

Una vez solventados los problemas técnicos sobre la seguridad de los equipos, la otra cuestión es la de quién o quiénes, a parte del médico que esté llevando un caso en particular, puede acceder a dichos expedientes. Y aquí es donde surge la controversia, ya que, tratándose de una gran base de datos, aún no queda claro quién poseerá una clave para entrar ni en qué lugar se encuentran la Administración y los farma- céuticos. 

El doctor Jesús Aguirre Muñoz, especialista en Medicina Familiar y presidente del Colegio de Médicos de Córdoba, lo tiene muy claro: "Hay que vigilar todo lo que respecta al secreto profesional. A mí me preocupa muchísimo este tema. Creo que los farmacéuticos no deben tener acceso al historial del paciente. No se puede admitir que nadie fuera del grupo médico, como por ejemplo el personal administrativo de un centro, acceda a dicho historial. Incluso, los médicos que lo hagan deberán tener el status adecuado." El doctor Aguirre insiste una y otra vez en que se debe depurar el tema de la confidencialidad, "sobre todo en lo referente a otros estamentos de Sanidad, como la Administración. Es más, creo que se debe asegurar una nueva ley de protección de datos, tanto para las consultas privadas como para las de la Administración pública". 

Por su parte, el doctor Pedro Javier Cañones, especialista en Medicina General, vicepresidente del Colegio de Médicos de Madrid y secretario de la Sociedad Española de Medicina General, no se muestra muy confiado ante las cuestiones de seguridad en las bases de datos. "Si la receta electrónica ayuda a prescribir y no a hacer documentos por cada envase que se prescribe, me parece bien. Por ejemplo, es perfecto para los enfermos crónicos. Sin embargo, todo lo que sea Ojugar1 con datos personales de los pacientes, generar bases de datos con prescripciones farmacéuticas, etc. ya no me parece tan bien. En este momento, la Ley General de Sanidad dice que a los datos de los pacientes tiene derecho el propio paciente, los médicos o los familiares directos que correspondan por la ley. Pero, ¿y después?. Otra cosa que me parece preocupante es que la actual ley de Protección de Datos garantiza que una persona pueda borrar sus datos de la base de datos cuando lo desee. ¿Qué pasará con este tipo de informes? Al fin y al cabo, los médicos son los responsables de la difusión de los datos del paciente." En cuanto a "farmacéuticos u oficinas de farmacia con datos del paciente", eso es algo que el doctor Cañones no ve muy claro. "Se trata de una serie de datos de muchas personas y podrían ser muy codiciados. No se puede jugar con esto, por lo menos los médicos. Nosotros tenemos un secreto profesional y unas obligaciones deontológicas". 

Pero hay quien no ve que se vayan a producir intromisiones no deseadas por parte de otros sectores de la Sanidad. Por ejemplo, el doctor Jesús Artal, director general de Ordenación y Atención Sanitaria de la Consejería de Sanidad de Cantabria cree que "con los procedimientos electrónicos se acarrean los mismos peligros que con las recetas a mano. Existen sistemas informáticos que impiden el acceso a distintos niveles, es decir, algunos niveles pueden recibir información, pero no pueden acceder a ella con el fin de modificarla. Lo que se debe hacer es un gran esfuerzo para que se cumpla la ley de protección de datos." Por otra parte, Ramon Sàrrias va más allá y, no sólo no ve negativo que los farmacéuticos puedan acceder al historial médico de un paciente, sino que, incluso, lo cree casi necesario, por la interactividad sobre la que se basa el modelo de RE catalán: "Pienso que es bueno si los farmacéuticos entran en la historia clínica de manera controlada. De ese modo se puede ver si, en caso de alguna complicación por parte del paciente, existen prescripciones diferentes en lugares diferentes, si hay una posible interacción, etc. Todo esto tiene que ver con la atención farmacéutica, pero insisto, siempre que se haga bien. Creo que los farmacéuticos no tienen que tener sólo un papel de vendedores, sino que tienen que participar en la evolución sanitaria. En este sentido, creo que hay que mostrarse abierto para que el farmacéutico pueda ver el historial clínico. Sin embargo, en cuanto a que el farmacéutico pueda modificar las prescripciones, los médicos tienen que poner un límite muy claro. Un farmacéutico no puede modificar las prescripciones de los médicos. Sólo éstos deben tener la potestad para prescribir. Por eso, en la receta tiene que aparecer "prohibido modificar", y eso se debe respetar. 

La gestión farmacéutica en la red 
Según un estudio realizado por miembros del departamento de Sanidad de la Generalitat Valenciana, la informática farmacéutica española nació en el Instituto Nacional de la Salud. En 1973, las recetas dispensadas con cargo a la Seguridad Social se comprobaban y facturaban a través del proceso mecanizado conocido como P-29. En 1979 se implementó la base de datos ESPES (especialidades farmacéuticas autorizadas) y en 1981 se desarrolló la base de datos ECOM (consumo de medicamentos en la Seguridad Social). En la década de los 90, el Ministerio de Sanidad modernizó el proceso mediante la aplicación FAR90, a la vez que, a nivel de las Áreas de Salud, se implementaban programas como el SIFAR o similares para la gestión farmacéutica de este entorno. Sin embargo, todos ellos se basaban en las cintas de facturación de recetas suministradas por los Colegios Oficiales de Farmacéuticos por la relación contractual exigida en los diferentes Conciertos firmados con las Administraciones sanitarias. 

Con los años, Cataluña fue pionera en poner en marcha el proyecto de la RE y, actualmente con la idea de emprender una segunda prueba piloto en el "mundo real", ha ido dejando atrás otros proyectos paralelos, como el de la Comunidad de Madrid o el de Galicia. Otro de los que siguió su marcha particular ha sido el de la Comunidad Valenciana. En Galicia, la implantación de la RE fue donde más polvo levantó entre las Sociedades Científicas de Atención Primaria, que observaban con recelo el proyecto del Sergas, ya que creían que se había ideado con intenciones fiscalizadoras. Además, según Ramon Sàrrias, la diferencia entre la RE que se crearía en Cataluña y la que se había propuesto en Galicia es que "en Cataluña participan conjuntamente médicos, farmacéuticos y Administración, mientras que en Galicia no se tiene en cuenta al médico". 

De hecho, a mediados del año 2000, en unas jornadas celebradas en la localidad gallega de Poio (Pontevedra) sobre el "Presente y el futuro de la profesión médica", la Asamblea General del Consejo Gallego de Colegios Médicos aprobó una serie de conclusiones que echaban por tierra cualquier esbozo, factible o no, que tuviera que ver con la RE. Los facultativos gallegos se pronunciaban "radicalmente en contra" de la RE porque, en su opinión "vulnera los principios básicos del ejercicio profesional y la confidencialidad de la historia clínica". Además, en el manifiesto afirmaban que "el acto médico no es un acto administrativo. La consulta médica es un acto complejo imposible de reducir en su totalidad a un protocolo." Lo que sus colegas del resto de comunidades podían llegar a intuir en algún caso, estaba bien claro para los miembros de los Colegios de médicos gallegos: la RE "se basa en la desconfianza hacia el médico prescriptor y su objetivo es la fiscalización del profesional. Persigue el ahorro, no la mejora de la prescripción, y hace recaer la responsabilidad del gasto exclusivamente en médico y paciente. " Finalmente, puntualizaban que la RE se había elaborado "sin el conocimiento y participación de los profesionales". "Es impracticable en la mayor parte del territorio gallego y representa un elevado coste económico, en detrimento de otras inversiones." Y concluían con una sentencia que acabó cerrando el tema: "Es técnicamente inviable". 

Por su parte, la Consejería de Sanidad de la Generalitat Valenciana creó un modelo diferente de gestión farmacéutica en la red. Su objetivo principal radicaba en paliar la falta de información en tiempo real sobre la prescripción y dispensación de recetas, dado que, en ese momento, no existía ninguna base de datos que centralizara todas las recetas prescritas, ni se había podido implantar un sistema de dispensación electrónica que facilitase este acto farmacéutico y puediese evolucionar hacia la desaparición de la receta papel. 

Ante esta situación, la Consejería de Sanidad se planteó la necesidad de modificar radicalmente el modelo, mediante el diseño de un sistema de información central que permita conocer, en tiempo real, la prescripción de medicamentos y al mismo tiempo, sirva de ayuda para instrumentalizar de forma efectiva las distintas políticas de mejora en la calidad de la prescripción y de reducción de costes. 

La prescripción se realizará en los centros a través de sus propios aplicativos (SIAP-WIN en el caso de los centros de salud) y se comunicará de una forma automática online al sistema de información central. Al mismo tiempo, el nuevo sistema cimentará un proceso de dispensación electrónica a través del cual el farmacéutico, sin que el sistema efectúe una predeterminación de la oficina de farmacia, proceda a dispensar la receta sobre la base del registro electrónico correspondiente a la prescripción previa. Este proceso, según sus impulsores, reporta indudables ventajas al farmacéutico dado que puede eliminar el coste de mecanización y prefacturar directamente a la Consejería de Sanidad, a la vez que le facilita la participación en planes de atención farmacéutica promovidos desde la Administración sanitaria. El sistema debe dar una respuesta a las dos situaciones que se podrán plantear: Por un lado, la dispensación de una receta tradicional escrita a mano. Por otro, la dispensación de una receta impresa en un centro ya informatizado y enviada al sistema de información central. 
La informática farmacéutica española arranca de la mano del Instituto Nacional de la Salud, en 1973

El Gestor de la Prestación Farmacéutica de la Consejería de Sanidad (GAIA) se configuraba así como un "sistema organizativo de transacciones de servicios y retribuciones que integra la prescripción y dispensación de medicamentos para atender las necesidades de tratamiento farmacoterapéutico de los ciudadanos de la Comunidad Valenciana, sobre la base de una asistencia para mejorar la calidad de la prescripción y efectividad de la prestación farmacéutica, detección de interacciones medicamentosas, sobredosificaciones y posibilidad de evaluación continua de los regímenes de farmacoterapia". El diseño de dicho gestor se configurará bajo tres módulos funcionales: 1) Módulo de gestión del sistema de información central; 2) Interfaces de conexión con los sistemas informáticos locales de los centros prescriptores y oficinas de farmacia y con otros sistemas de infor- mación de la Consejería de Sanidad; y 3) Módulos de habilitación para aquellos centros prescriptores y dispensadores que carezcan de sistema informático local. 

Y lo que hasta no hace mucho era un proyecto, en Valencia empiezan ya a verlo como una realidad. Así lo confirmaban a EL MEDICO desde la Dirección General de Farmacia de la Consejería de Sanidad de la Generalitat Valenciana. El GAIA, que se gestaba hace apenas un año y medio, ha dado ya sus primeros pasos, y con la vista puesta en una meta muy clara: la receta electrónica en toda la comunidad y la historia clínica informatizada en todo su territorio. Puesto que, como reconocían fuentes de este departamento, "la receta electrónica, más que un objetivo, ha sido un medio". 

El GAIA tiene actualmente realizadas dos de sus tres fases: la adjudicación del software y la generación de la base de datos necesarios a los que se puede acceder vía internet; y la de la prescripción asistida, con una prueba piloto realizada en seis centros asistenciales (dos de cada provincia de esta comunidad autónoma). Fue en esta segunda fase cuando, paralelamente, se facilitó a todos los centros la dotación informática, aunque según reconocen desde el mismo departamento, esta cuestión se vio agilizada al estar concebido el sistema a través de la red, teniendo en cuenta, dicen, la protección de datos necesaria. Y los posibles fallos informáticos también estaban contemplados: los servidores se instalan en espejo, con lo cuál si falla uno entra en funcionamiento otro, así como los generadores de electricidad. Se trata, siguiendo con las mismas fuentes, "de una arquitectura con la que es muy difícil que falle el sistema". Una estructura que ha visto ampliadas sus arterias para su mejor servicio y que se contempla también como la base para desarrollar lo que los valencianos conocen como el "proyecto Abucasis" la informatización integral de los centros sanitarios de la comunidad en conexión con las bases de datos poblacionales para la aplicación de la historia única informatizada, una iniciativa que para sus promotores "será toda una ventaja cuando se instaure la tarjeta sanitaria europea" y no impedirá su funcionamiento, ni el de la receta electrónica, puesto que aunque se estén desarrollando diferentes iniciativas en diversas comunidades, "todos los sistemas reconocen el lenguaje". Así, sólo les queda poder desarrollar la fase tres, concerniente a la dispensación asistida desde las farmacias, y en la que se tienen puestas todas las expectativas y para el que ya han empezado a hacer algunos contactos con ese sector profesional. 

En la Comunidad Valenciana, pues, lo tienen muy claro: la implantación de la receta electrónica significará para el paciente una mejora de la calidad asistencial, puesto que al reducir la burocracia se verán beneficiados, así como también se les podrán evitar posibles interacciones medicamentosas negativas; para el facultativo, afirman, le supondrá un apoyo para su prescripción y encontrar el fármaco más coste-efectivo, además de ganar tiempo clínico y perder la carga burocrática; los mismos trámites que verá reducidos el farmacéutico, quien podrá eliminar el coste de tiempo y trabajo que conllevan. Por otro lado, para la Administración también supone una ventaja por todas las ya mencionadas para otros profesionales, y porque, según ratifican, la inversión para realizar el proyecto en los centros de salud es mínima (puesto que disponiendo de los ordenadores y con un simple navegador se podría llevar a cabo) y en cambio el ahorro es tremendo, tanto en términos de mantenimiento, como en la sencilla cuestión de que se podrán reinvertir los millones (cientos) que se gastan al año en papel para las recetas. 

Tal como lo defienden, se trata de un modelo "muy robusto", que dará un gran servicio y que, además, podrá convivir perfectamente en sus inicios con la prescripción tradicional, ya sea con la que todavía se efectúe en esta comunidad como con la que venga de fuera. 

 

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