La
gestión farmacéutica en la red: la controvertida receta
electrónica
| La comunidad científico-sanitaria
que está a favor de la implantación de este sistema destaca
ante todo la ventaja que supondrá para
ahorrar tiempo a los enfermos crónicos y para dedicarle más
al resto de pacientes. Pero tiene dudas sobre el
cumplimiento del secreto profesional y, en su mayoría, coinciden
con aquellos otros que lo ven como una "historieta de ciencia
ficción", puesto que una de las principales herramientas, como es
la informática, lleva un considerable retraso en gran
parte de los centros de salud del país. |
Lara Muñoz
El ritual, para muchos entretenimiento
básico prácticamente semanal; para otros tantos fastidio
y pérdida de tiempo, pero para
todos ellos necesario, de acudir a la consulta del médico a buscar
una receta está a punto de mutar. Por lo menos, eso
es lo que se intenta desde finales de
1999 con el lanzamiento de proyectos piloto más o menos infructuosos
basados en la creación
de una receta electrónica. Tanto desde el Ministerio de Sanidad
como desde distintas Consejerías de Sanidad de
diversas comunidades autónomas se han propuesto iniciativas que,
aunque aún no han llegado a converger, parten desde
un mismo punto de salida: la mejora de la calidad de la prestación
farmacéutica y de la atención al paciente.
Sin embargo, del mismo modo que desde
algunos Colegios de médicos y Consejerías se muestran y dispuestos
a colaborar al máximo
con los proyectos, desde otras comunidades ven esta iniciativa con un poco
de recelo o, sin más, lanzan
miradas escépticas. Y es que, para empezar, no ven factible que
se iguale tecnológicamente una consulta de la ciudad
de Barcelona con, por ejemplo, las que existan en un pueblo de Ciudad Real
o en una aldea asturiana. Por lo menos,
al mismo tiempo. Además, las 17 se encuentran a la espera de cómo
evolucionarán las transferencias autonómicas
en materia de Sanidad, por lo que la mayoría
no concede ningún tipo de prioridad a este tema.
El lanzamiento de este proyecto tan
innovador dentro de la tecnología relacionada con las prestaciones
sanitarias llegó a causar
ciertas controversias dentro de la comunidad médica. Uno de los
objetivos principales era, y sigue siendo según afirman,
el poder controlar el gasto sanitario de manera más exhaustiva.
Sin embargo, entre los facultativos corría un humo
que olía a cierto control médico, un derivado directo del
resultado del control farmacéutico por parte de las
autoridades sanitarias superiores. Pero,
a pesar de la polémica que se suscitó al principio, causada
quizá por la poca información
por parte de la Administración, o por una definición poco
clara de hacia dónde se pretendía encaminar el
proyecto, la mayoría de colegiados
y personas vinculadas con las Consejerías de Sanidad entrevistadas
por EL MEDICO son optimistas
de cara a recibir la receta electrónica. Eso sí, todos coinciden
en que existe un inconveniente que puede retrasar
años la implantación definitiva de dicha receta, y es el
miedo a que se pueda vulnerar la seguridad de los sistemas
informáticos o que no se determine
correctamente quién o quiénes podrán tener acceso
al historial médico del paciente. Todos
ellos exigen que se garantice el secreto profesional y que se asevere una
ley de protección de datos totalmente invulnerable.
Su origen: el proyecto PISTA
De siempre, la prestación
farmacéutica se ha apoyada en distintas fases. En primer lugar,
la identificación del fármaco a prescribir. Después,
la posterior receta formal. A continuación, la dispensación
y, por último, la validación frente al sistema de control
farmacéutico. Este flujo de información entre los diferentes
implicados en el proceso tiene, además, otros estadios o trámites
que deben ser aceptados para poder continuar en su circuito habitual.
Por eso, uno de los objetivos principales de la receta electrónica
es reducir el número de estos trámites, la mayoría
burocráticos, del ciclo que va desde la visita a la consulta
hasta la adquisición de los fármacos. Sin embargo, el
contenido del proyecto inicial de la receta electrónica es algo
más complejo.
| Uno
de los principales objetivos de la receta electrónica es
reducir el número de límites burocráticos que
se desprenden del ciclo establecido entre la consulta y la adquisición
del fármaco |
En su origen, el plan se
enmarcaba dentro de la segunda convocatoria del programa de Promoción
e Identificación de Servicios Emergentes de Telecomunicaciones
Avanzadas (PISTA) de la Secretaría General de Comunicaciones
del Ministerio de Ciencia y Tecnología. El proyecto piloto propuesto
consistía en la implantación y explotación de una
intranet para cada una de las entidades usuarias involucradas en el
mismo. Su objetivo era implantar la receta electrónica (RE) de
un Servicio de Salud como documento de prescripción, dispensación
y facturación, sustituyendo la actual receta en papel. Al mismo
tiempo, también se intentaba con ello aumentar la calidad del
proceso asistencial, puesto que, en teoría, la RE permite detectar
posibles problemas terapéuticos al disponer de toda la información
sobre los fármacos prescritos y dispensados.
La arquitectura propuesta
para la intranet tendría como soporte un servidor con una Base de
Datos Central (BDC) sobre el que se identifica la prescripción y
se realiza la dispensación. Dicha BDC incorpora una base de datos
de medicamentos con toda la información sanitaria y tera- péutica
de los mismos. Así, el proceso transcurriría de la siguiente
forma: mientras el usuario recibe la receta en papel, el centro de salud
emite una copia electrónica dirigida a la base de datos central,
la encargada, de acuerdo con el proyecto original, de validar la dispensación.
Por medio de esa base de datos central, la unidad administrativa accede
así a la información del centro, médico, paciente,
fármaco recetado, diagnóstico y de las fechas de prescripción
y dispensación. Dicho de otra forma, el médico haría
la prescripción por ordenador y el usuario acudiría a la
farmacia con su tarjeta sanitaria individual (TSI) a buscar la receta.
Una vez allí, el farmacéutico introduciría los datos
de la TSI del paciente en el ordenador para recuperar la prescripción
hecha por el facultativo y le dispensaría el fármaco.
¿Control claro
del gasto farmacéutico o de la actividad médica?
Este sistema permite a la
Administración sanitaria estar así al tanto de las fases
que componen la prescripción farmacéutica, desde los protocolos
de farmacoterapia hasta el historial farmacológico de cada paciente,
así como de los perfiles del médico que prescribe y del farmacéutico
que dispensa. Es decir, la Administración podrá conocer,
ahora de forma más exhaustiva, qué receta cada médico
a quién y en qué cantidad. Mientras todo este proceso ocurre,
el usuario sólo tiene que acudir a su farmacia como siempre con
la receta de papel usual. Eso sí, antes de despacharle el medicamento
recetado, el farmacéutico solicitará a la central que autorice
la prescripción. De este modo, desde la misma Administración
se espera que la prescripción de fármacos sea más
racional y derive en una mejora de la gestión y en la contención
del gasto, ya que, de algún modo, se pretende "recordar" al médico
de la existencia de los genéricos.
Por otra parte, una de las
consecuencias más positivas y esperadas de la implantación
de la RE sería, sin duda, la reducción del tiempo que los
médicos gastan en procedimientos burocráticos, lo que se
traduciría en un mayor tiempo de atención al paciente. Si
a eso se le suma que los pacientes crónicos se ahorrarían
la mayoría de las visitas, ya que en la receta se indicaría
una sola vez la dispensación, la cantidad y el tiempo durante el
que el enfermo puede acudir a la farmacia, sólo con su receta de
papel y su TSI, sin necesidad de volver a la consulta, el resultado es
más que prometedor.
Sin embargo, aunque la perspectiva
de poder dedicar más atención a un paciente se acogería
con una satisfacción mayor cuanto más tiempo transcurre,
como a un triunfo después de una larga reivindicación, esta
forma de controlar el gasto sanitario no queda muy clara desde distintos
Colegios médicos españoles. Por ejemplo, hay quienes la consideran
innecesaria, dado que dicha forma de control ya existe, y pocos creen que
vayan a modificar sus hábitos a la hora de prescribir, una vez se
implante la RE definitivamente.
"No creo que con la RE se
reduzca el gasto, aunque sí que habrá más control.
Sin embargo, estoy seguro de que se harán las mismas recetas en
papel que con el ordenador. Es decir, si tienes que hacer tres recetas,
las harás igual sobre un soporte que sobre el otro. Por eso, quizá
veo este proyecto más como una medida de control que de reducción
del gasto." El doctor Luis Carlos Gutiérrez, médico de Atención
Primaria y vicepresidente segundo del Colegio de Médicos de Toledo,
expresa de esta forma su escepticismo ante el proyecto de la RE. Del mismo
modo piensa el doctor José Luis Díaz Villarig, Otorrino y
jefe de sección del Hospital de León, y presidente del Colegio
Médicos de León y del Sindicato Médico de Castilla
y León: "Con la RE no se reducirá el número de recetas
que se van a hacer. El médico, si lo considera oportuno, recetará
las que tenga que recetar, sea una, tres, siete o las que hagan falta.
Es más, podría ser que incluso se prescribiera más,
al poder prestar mucha más atención a cada paciente. Yo creo
que nadie hace una receta de más ni de menos, sino que se ofrecen
más facilidades al paciente. De todas formas, el control del médico
ha existido siempre, ya que las recetas ya están controladas. Ahora,
lo que puede haber es más control del gasto de cada paciente, sobre
todo de los crónicos. Creo que nadie debe ni puede decir al médico
qué es lo que debe recetar porque, al fin y al cabo, éste
actúa según una necesidad del paciente y no sobre un capricho
propio".
Otros se muestran algo más
comprensivos con la propuesta, aunque también están convencidos
de que la RE será ineficaz en este sentido. El doctor Juan Antonio
Abascal, especialista en Medicina Preventiva en el Hospital Clínico
Universitario de Zaragoza y secretario del Colegio de Médicos de
la provincia, duda que se pueda reducir el gasto sanitario con la RE. "Creo
que intentar controlar el gasto es muy difícil, ya que intervienen
numerosos factores, como las patentes, los genéricos, etc. Además,
la lógica de la tendencia desde 1994 hasta ahora, con el sistema
autonómico, demuestra que no es posible reducir el gasto. Otro motivo
por el que no creo que se controle es que cada vez hay más gente
asegurada, más gente que goza de una prestación sanitaria
gratuita,... Y otra cosa que no me queda clara es si el farmacéutico
puede o no modificar la receta del médico con genéricos ¿Qué
valor tiene entonces la receta electrónica? Sin embargo, la veo
positiva si sirve para proporcionar más información para
saber con qué medicamentos determinados podemos actuar, por lo que,
cuanta más información, más control sobre el gasto
tendremos todos". Por su parte, la doctora Carmen Rodríguez, responsable
del laboratorio de análisis clínicos del Instituto Nacional
de la Silicosis y presidenta del Colegio de Médicos de Asturias,
asegura que el gasto sanitario se puede controlar con otros mecanismos,
y no cree que éste sea el apropiado, ya que, principalmente, se
ha concebido para facilitar la labor administrativa, especialmente con
los pacientes crónicos. "El gasto sanitario se controla concienciando
a la sociedad y a los profesionales que las medicaciones no son complacientes
sino que, si se recetan, es porque son necesarias", asevera.
Pero, dentro del escepticismo
"bienpensante" de los que aprecian el proyecto por las ventajas para el
paciente, pero ven inútil que se pretenda reducir con ello el gasto
sanitario, los hay quienes intuyen cierto entrometimiento de las autoridades
sanitarias estatales a la labor del médico. Algunos colegiados encuentran
inadmisible este proyecto porque, de forma indirecta, demuestra desconfianza
en el trabajo del facultativo y, además, piensan que nada ni nadie
puede controlar el quehacer de este colectivo, ya que, al fin y al cabo,
la última responsabilidad sobre el paciente la tendrá el
propio médico que lleve cada caso. Incluso, los hay que no lo ven
adecuado ni siquiera para los pacientes crónicos.
"Aunque aún no estoy
muy informado al respecto, creo que si con la RE se pretende que el enfermo
no acuda a los centros de salud, me parece una aberración. La relación
médico-enfermo debe cuidarse y mantenerse para evitar otro tipo
de terapia. Elegir ir al médico cuando se desee es un bien sagrado
del enfermo". El doctor Francisco Ortega Viñolo, especialista de
Medicina Interna ya jubilado y presidente del Colegio de Médicos
de Almería, no sólo no veía en la RE una propuesta
poco menos que inútil, sino que además se muestra algo sorprendido
ante una posible suspicacia por parte de las autoridades. "Si es para controlar
el gasto sanitario, se demuestra cierta desconfianza. La receta electrónica
no incide ni en la calidad asistencial ni en el control. Pero, si llega
el caso en que se implante, se deben poner condiciones, ya que muchas comunidades
autónomas se quedarán atrás porque no disponen de
medios informáticos adecuados, eso las que disponen de medios."
| La
receta electrónica permite, teóricamente, detectar
posibles problemas terapéuticos al disponer de toda la información
sobre los fármacos prescritos y dispensados
|
El doctor Fernando Pérez
Garzón, especialista en Medicina General y presidente del Colegio
de Médicos de Segovia, se muestra casi indignado ante el proyecto
de la RE. Paradójicamente, al igual que el anterior presidente,
el punto más negro que ve es uno de los bastiones del proyecto:
que los crónicos se ahorren el paso por la consulta. "Creo que
la receta electrónica es una barbaridad. Al enfermo crónico
debe verle el médico. A los hipertensos o a los diabéticos
los debe controlar el facultativo, que debe estar siempre al día
de la evolución del paciente. Yo no permitiría que a mis
pacientes los vea otro médico, y aún menos le pasaría
la responsabilidad al farmacéutico. Después de 44 años
de servicio profesional puedo asegurar que el paciente con más
riesgo y el que necesita más al médico es el crónico.
Además, no estoy de acuerdo con que el enfermo se salte al profesional
médico y vaya directamente a la farmacia, puesto que a veces
quien atiende ni es farmacéutico". Para el doctor Pérez
Garzón, todo lo que envuelve a la RE le sugiere una disyuntiva
si "las autoridades prefieren una buena medicina o una Medicina que,
al final, salga económica". "A mí me da miedo que se prefiera
la Medicina Oeconómica1. Al enfermo hay que atenderlo hasta el
final de los días". Y no acaba ahí, sino que sentencia
que "el médico que no atienda al crónico no se llamará
médico. Yo espero que nunca se implante la receta electrónica."
Pero no todos los que intuyen
que pueda tratarse de cierta "dirección" de la labor médica
se muestran tan radicales como sus colegas de Almería o Segovia.
Por ejemplo, el doctor José Manuel González Aguado, especialista
en Medicina General del Centro de Salud de Malagón y vocal del Colegio
de Médicos de Ciudad Real, afirma que la RE "podría ser un
método de control al médico mucho más exhaustivo del
que existe ahora, una especie de presión para hacer que éste
recete determinados medicamentos, especialmente los genéricos. Aunque
esperemos que al final no sea así". No obstante, en el caso de que
la RE disimulara una especie de control al médico, hay quien está
totalmente convencido de que si uno hace bien su trabajo, no hay porqué
pensar que está siendo "vigilado". El doctor Fernando Vaquero, especialista
en Bioquímica en el Hospital Virgen del Rocío y miembro fundador
del Colegio de Médicos de Sevilla, se muestra tranquilo ante un
posible control. "Si la base de datos sirve para controlar al médico,
qué da y qué daba anteriormente, ¿significa eso control
de la Sanidad? Me parece bien que exista el control, porque si el Ocontrolado
cumple1, no hay ningún problema. Así se puede saber qué
médicos recetan más, o los medicamentos que más se
usan. En el fondo, no creo que exista dicho control a los médicos,
pero cada uno allá con su conciencia. Si uno hace bien su trabajo,
no tiene porqué pensar que le están vigilando".
La inquietud por el secreto
profesional
No todos los inconvenientes
que han detectado los profesionales proceden directamente de los estamentos
superiores. La mayoría de los entrevistados se preguntan si, una
vez se haya conseguido informatizar el 100 por cien de las consultas de
Primaria, lo que ya llevará mucho tiempo, se podrá garantizar
la seguridad de los datos del paciente y la inviolabilidad de los sistemas
de los centros sanitarios. Dado que los temas de seguridad en la red corresponderían
a una segunda fase, puesto que el primer objetivo a cumplir es dotar de
equipos informáticos a todas las consultas, aún no se sabe
cuál o cuáles serán los sistemas a partir de los que
se construirá la intranet.
Una de las comunidades más
avanzadas en este sentido es Cataluña. No sólo han experimentado
ya con un proyecto piloto, sino que van camino de poner el marcha el segundo,
mucho más perfilado y, ahora, con pacientes reales. Hace ya un año
y medio, fueron los primeros en probar la prescripción y la dispensación
de recetas a través de Internet. Para la prueba piloto se escogieron
pacientes y situaciones ficticias, y se contactó con médicos
y farmacéuticos reales para llevarla a cabo. Como explica Ramon
Sàrrias, director médico de "Médicos online" del Colegio
de Médicos de Barcelona, "la experiencia funcionó correctamente,
y desde hace ya un año se intenta colocar en el mundo real. Pero
están pendientes de la Administración". La primera prueba
se llevó a cabo en el sector privado, pero en dicho sector son los
propios médicos y farmacéuticos los que la financiaban. Además,
también tenían que pactar con las mutuas, por lo que todo
se complicaba. Por eso, la segunda prueba piloto que plantean es hacerlo
en el sector público, manejando unos 90 millones de recetas.Pero,
según el doctor Sàrrias, aún se debe perfilar la herramienta
mucho mejor, adquiriendo más ordenadores y, por supuesto, disponiendo
de más inversión. "Desde el punto de vista económico,
el proyecto cuenta con la voluntad de todo el mundo para finan- ciarlo:
gestores, administraciones, trabajadores de los centros, etc. ya que todos
ven muchos puntos positivos, como la comodidad y el ahorro de tiempo para
los crónicos, la dedicación de más tiempo para los
otros pacientes, etc. Por lo que respecta a la seguridad, es un tema que
se ha tenido muy en cuenta. Se ha pensado en un sistema sencillo relacionado
con Internet en el que la responsabilidad recaiga sobre los software que
gestionan los centros de salud y las farmacias".
Pero la opinión del
doctor Ramon Sàrrias puede sonar a ciencia ficción a la mayoría
de comunidades autónomas, no por la incomprensión de sus
palabras, sino por lo lejano que ven la implantación de estos sistemas
en sus centros sanitarios. Pocos afirman que dispondrán de la RE
antes de cinco años, muchos "siendo optimistas" vaticinan que se
necesitarán unos 10 años para que se instaure a nivel estatal.
Sin embargo, todos ellos reconocen que la velocidad con la que avanzan
hoy en día las nuevas tecnologías, todo puede ser posible.
"A mí me parece bien
que se informatice todo. Pero primero, se tiene que empezar por todos los
centros de salud, después programar todas las historias clínicas
personales, etc. , así que creo que esto requerirá mucho
tiempo. En Toledo, no todos los centros sanitarios están informatizados.
A nivel urbano, hay algunos; a nivel rural, la mayoría están
sin sistemas informáticos." El doctor Luis Carlos Gutiérrez,
del Colegio de Médicos de Toledo, no es el único que se muestra
así de escéptico. El ya ex presidente del Colegio de Médicos
de Castellón, el doctor José Ramón Sanz Mondía,
cardiólogo en el Hospital General de Castellón, también
afirma que el camino a recorrer no sólo es largo, sino sembrado
de dificultades: "Lo veo complicado en el momento actual porque las instalaciones
informáticas actuales aún no están preparadas, y los
sistemas informáticos no acaban de funcionar correctamente. Por
un lado, los centros de salud no reciben información por parte de
la Administración, pero por otro puede pasar que nos den una sorpresa
y vengan con los equipos informáticos a ponernos rápidamente
al día. Lo malo es que ahora no están haciendo cursos ni
formación de ningún tipo y luego vendrá todo de golpe.
En este sentido, creo que los farmacéuticos están más
informados que los médicos. Así que yo creo que la receta
electrónica tardará en implantarse."
El doctor Juan Antonio Abascal,
del Colegio de Médicos de Zaragoza, cree que el problema estriba
en que "se deberá crear un banco de datos y unos archivos centrales
con toda la información de todos los pacientes, lo que requiere
equipos con una capacidad de memoria muy grande. ¿Qué ocurre?
Que algunos centros sanitarios aún no están informatizados
y los que sí lo están, funcionan con el Windows 95 y para
el proyecto se necesitarán sistemas Flash, Millenium o Windows NT,
es decir mucho más avanzados. Esto significa que incluso los que
ya están informatizados tendrán que readaptarse". La doctora
Carmen Rodríguez, del Colegio de Médicos de Asturias, ve
muy positivo que se llegue a implantar la RE "siempre que se aseguren las
premisas de identificación electrónica y de la firma electrónica
con libre prescripción del médico; así como que el
paciente tenga su contraseña y su TSI." Pero la doctora Rodríguez
no sólo hace hincapié repetidamente en el tema de la protección
de datos y la confidencialidad. Aún va más allá al
relacionar la RE con otras cuestiones de seguridad. "Creo que será
muy útil para evitar fraudes, como por ejemplo, la falsificación
de recetas y de los talonarios ya que, gracias al bloqueo automático
en la farmacia de esa medicación, el medicamento no se recetará
dos veces seguidas".
| Cataluña
va a poner en marcha un segundo proyecto piloto con la participación
de pacientes reales |
Por su parte, el doctor
José Manuel González Aguado atisba la llegada de la RE
a Ciudad Real algo más tarde que al resto de comunidades a causa
de la insuficiente infraestructura. "Creo que el proyecto tardará
en implantarse porque requiere una inversión muy grande. Por
ejemplo, en Ciudad Real hay 30 centros de salud, ni uno informatizado.
Habría que ponerlos al día en cuanto a equipos informáticos
y en cuanto a informar a la gente sobre su funcionamiento, y no sé
si, al final, esto será efectivo. El tiempo que se tarde dependerá
del dinero que se invierta".
Desde el Departamento de
Salud del Gobierno de Navarra, Javier Carnicero, asesor para sistemas informáticos,
también está convencido de que la RE es un hecho que vendrá
y lo ve de gran utilidad. Sin embargo, tampoco él se aventura a
predecir una fecha para su establecimiento. "La receta electrónica
requiere una gran inversión, y esto puede resultar un inconveniente
grave. Además, otro inconveniente que yo veo es que se pueda garantizar
la seguridad de los datos, es decir, deslindar la seguridad y la confidencialidad
con respecto a la información de los pacientes". Javier Carnicero
añade que otro punto a tener en cuenta es "conseguir la coordinación
de todos los sistemas sanitarios y las organizaciones farmacéuticas".
Está claro que el
tema de la seguridad en una futura red que conectará centros de
salud y oficinas farmacéuticas preocupa, no en vano, a la comunidad
científico-médica. Y es que se teme que los historiales médicos
y farmacológicos, que hasta entonces se habían guardado celosamente
en los archivos de una consulta o un hospital, salgan de su caja de seguridad
y naveguen por la red desde los centros de salud hasta las farmacias, o
viceversa. El temor al pirateo informático o a que fallen los sistemas
de seguridad de los equipos es algo que acrecienta la desconfianza de los
médicos ante el riesgo de que se pueda vulnerar su secreto profesional,
o de que cualquiera pueda acceder a los historiales médicos de los
pacientes.
Una vez solventados los problemas
técnicos sobre la seguridad de los equipos, la otra cuestión
es la de quién o quiénes, a parte del médico que esté
llevando un caso en particular, puede acceder a dichos expedientes. Y aquí
es donde surge la controversia, ya que, tratándose de una gran base
de datos, aún no queda claro quién poseerá una clave
para entrar ni en qué lugar se encuentran la Administración
y los farma- céuticos.
El doctor Jesús Aguirre
Muñoz, especialista en Medicina Familiar y presidente del Colegio
de Médicos de Córdoba, lo tiene muy claro: "Hay que vigilar
todo lo que respecta al secreto profesional. A mí me preocupa muchísimo
este tema. Creo que los farmacéuticos no deben tener acceso al historial
del paciente. No se puede admitir que nadie fuera del grupo médico,
como por ejemplo el personal administrativo de un centro, acceda a dicho
historial. Incluso, los médicos que lo hagan deberán tener
el status adecuado." El doctor Aguirre insiste una y otra vez en que se
debe depurar el tema de la confidencialidad, "sobre todo en lo referente
a otros estamentos de Sanidad, como la Administración. Es más,
creo que se debe asegurar una nueva ley de protección de datos,
tanto para las consultas privadas como para las de la Administración
pública".
Por su parte, el doctor Pedro
Javier Cañones, especialista en Medicina General, vicepresidente
del Colegio de Médicos de Madrid y secretario de la Sociedad Española
de Medicina General, no se muestra muy confiado ante las cuestiones de
seguridad en las bases de datos. "Si la receta electrónica ayuda
a prescribir y no a hacer documentos por cada envase que se prescribe,
me parece bien. Por ejemplo, es perfecto para los enfermos crónicos.
Sin embargo, todo lo que sea Ojugar1 con datos personales de los pacientes,
generar bases de datos con prescripciones farmacéuticas, etc. ya
no me parece tan bien. En este momento, la Ley General de Sanidad dice
que a los datos de los pacientes tiene derecho el propio paciente, los
médicos o los familiares directos que correspondan por la ley. Pero,
¿y después?. Otra cosa que me parece preocupante es que la
actual ley de Protección de Datos garantiza que una persona pueda
borrar sus datos de la base de datos cuando lo desee. ¿Qué
pasará con este tipo de informes? Al fin y al cabo, los médicos
son los responsables de la difusión de los datos del paciente."
En cuanto a "farmacéuticos u oficinas de farmacia con datos del
paciente", eso es algo que el doctor Cañones no ve muy claro. "Se
trata de una serie de datos de muchas personas y podrían ser muy
codiciados. No se puede jugar con esto, por lo menos los médicos.
Nosotros tenemos un secreto profesional y unas obligaciones deontológicas".
Pero hay quien no ve que
se vayan a producir intromisiones no deseadas por parte de otros sectores
de la Sanidad. Por ejemplo, el doctor Jesús Artal, director general
de Ordenación y Atención Sanitaria de la Consejería
de Sanidad de Cantabria cree que "con los procedimientos electrónicos
se acarrean los mismos peligros que con las recetas a mano. Existen sistemas
informáticos que impiden el acceso a distintos niveles, es decir,
algunos niveles pueden recibir información, pero no pueden acceder
a ella con el fin de modificarla. Lo que se debe hacer es un gran esfuerzo
para que se cumpla la ley de protección de datos." Por otra parte,
Ramon Sàrrias va más allá y, no sólo no ve
negativo que los farmacéuticos puedan acceder al historial médico
de un paciente, sino que, incluso, lo cree casi necesario, por la interactividad
sobre la que se basa el modelo de RE catalán: "Pienso que es bueno
si los farmacéuticos entran en la historia clínica de manera
controlada. De ese modo se puede ver si, en caso de alguna complicación
por parte del paciente, existen prescripciones diferentes en lugares diferentes,
si hay una posible interacción, etc. Todo esto tiene que ver con
la atención farmacéutica, pero insisto, siempre que se haga
bien. Creo que los farmacéuticos no tienen que tener sólo
un papel de vendedores, sino que tienen que participar en la evolución
sanitaria. En este sentido, creo que hay que mostrarse abierto para que
el farmacéutico pueda ver el historial clínico. Sin embargo,
en cuanto a que el farmacéutico pueda modificar las prescripciones,
los médicos tienen que poner un límite muy claro. Un farmacéutico
no puede modificar las prescripciones de los médicos. Sólo
éstos deben tener la potestad para prescribir. Por eso, en la receta
tiene que aparecer "prohibido modificar", y eso se debe respetar.
La gestión farmacéutica
en la red
Según un estudio
realizado por miembros del departamento de Sanidad de la Generalitat Valenciana,
la informática farmacéutica española nació
en el Instituto Nacional de la Salud. En 1973, las recetas dispensadas
con cargo a la Seguridad Social se comprobaban y facturaban a través
del proceso mecanizado conocido como P-29. En 1979 se implementó
la base de datos ESPES (especialidades farmacéuticas autorizadas)
y en 1981 se desarrolló la base de datos ECOM (consumo de medicamentos
en la Seguridad Social). En la década de los 90, el Ministerio de
Sanidad modernizó el proceso mediante la aplicación FAR90,
a la vez que, a nivel de las Áreas de Salud, se implementaban programas
como el SIFAR o similares para la gestión farmacéutica de
este entorno. Sin embargo, todos ellos se basaban en las cintas de facturación
de recetas suministradas por los Colegios Oficiales de Farmacéuticos
por la relación contractual exigida en los diferentes Conciertos
firmados con las Administraciones sanitarias.
Con los años, Cataluña
fue pionera en poner en marcha el proyecto de la RE y, actualmente con
la idea de emprender una segunda prueba piloto en el "mundo real", ha ido
dejando atrás otros proyectos paralelos, como el de la Comunidad
de Madrid o el de Galicia. Otro de los que siguió su marcha particular
ha sido el de la Comunidad Valenciana. En Galicia, la implantación
de la RE fue donde más polvo levantó entre las Sociedades
Científicas de Atención Primaria, que observaban con recelo
el proyecto del Sergas, ya que creían que se había ideado
con intenciones fiscalizadoras. Además, según Ramon Sàrrias,
la diferencia entre la RE que se crearía en Cataluña y la
que se había propuesto en Galicia es que "en Cataluña participan
conjuntamente médicos, farmacéuticos y Administración,
mientras que en Galicia no se tiene en cuenta al médico".
De hecho, a mediados del
año 2000, en unas jornadas celebradas en la localidad gallega de
Poio (Pontevedra) sobre el "Presente y el futuro de la profesión
médica", la Asamblea General del Consejo Gallego de Colegios Médicos
aprobó una serie de conclusiones que echaban por tierra cualquier
esbozo, factible o no, que tuviera que ver con la RE. Los facultativos
gallegos se pronunciaban "radicalmente en contra" de la RE porque, en su
opinión "vulnera los principios básicos del ejercicio profesional
y la confidencialidad de la historia clínica". Además, en
el manifiesto afirmaban que "el acto médico no es un acto administrativo.
La consulta médica es un acto complejo imposible de reducir en su
totalidad a un protocolo." Lo que sus colegas del resto de comunidades
podían llegar a intuir en algún caso, estaba bien claro para
los miembros de los Colegios de médicos gallegos: la RE "se basa
en la desconfianza hacia el médico prescriptor y su objetivo es
la fiscalización del profesional. Persigue el ahorro, no la mejora
de la prescripción, y hace recaer la responsabilidad del gasto exclusivamente
en médico y paciente. " Finalmente, puntualizaban que la RE se había
elaborado "sin el conocimiento y participación de los profesionales".
"Es impracticable en la mayor parte del territorio gallego y representa
un elevado coste económico, en detrimento de otras inversiones."
Y concluían con una sentencia que acabó cerrando el tema:
"Es técnicamente inviable".
Por su parte, la Consejería
de Sanidad de la Generalitat Valenciana creó un modelo diferente
de gestión farmacéutica en la red. Su objetivo principal
radicaba en paliar la falta de información en tiempo real sobre
la prescripción y dispensación de recetas, dado que, en ese
momento, no existía ninguna base de datos que centralizara todas
las recetas prescritas, ni se había podido implantar un sistema
de dispensación electrónica que facilitase este acto farmacéutico
y puediese evolucionar hacia la desaparición de la receta papel.
Ante esta situación,
la Consejería de Sanidad se planteó la necesidad de modificar
radicalmente el modelo, mediante el diseño de un sistema de información
central que permita conocer, en tiempo real, la prescripción de
medicamentos y al mismo tiempo, sirva de ayuda para instrumentalizar de
forma efectiva las distintas políticas de mejora en la calidad de
la prescripción y de reducción de costes.
La prescripción se
realizará en los centros a través de sus propios aplicativos
(SIAP-WIN en el caso de los centros de salud) y se comunicará de
una forma automática online al sistema de información central.
Al mismo tiempo, el nuevo sistema cimentará un proceso de dispensación
electrónica a través del cual el farmacéutico, sin
que el sistema efectúe una predeterminación de la oficina
de farmacia, proceda a dispensar la receta sobre la base del registro electrónico
correspondiente a la prescripción previa. Este proceso, según
sus impulsores, reporta indudables ventajas al farmacéutico dado
que puede eliminar el coste de mecanización y prefacturar directamente
a la Consejería de Sanidad, a la vez que le facilita la participación
en planes de atención farmacéutica promovidos desde la Administración
sanitaria. El sistema debe dar una respuesta a las dos situaciones que
se podrán plantear: Por un lado, la dispensación de una receta
tradicional escrita a mano. Por otro, la dispensación de una receta
impresa en un centro ya informatizado y enviada al sistema de información
central.
| La
informática farmacéutica española arranca de
la mano del Instituto Nacional de la Salud, en 1973 |
El Gestor de la Prestación
Farmacéutica de la Consejería de Sanidad (GAIA) se configuraba
así como un "sistema organizativo de transacciones de servicios
y retribuciones que integra la prescripción y dispensación
de medicamentos para atender las necesidades de tratamiento farmacoterapéutico
de los ciudadanos de la Comunidad Valenciana, sobre la base de una asistencia
para mejorar la calidad de la prescripción y efectividad de la
prestación farmacéutica, detección de interacciones
medicamentosas, sobredosificaciones y posibilidad de evaluación
continua de los regímenes de farmacoterapia". El diseño
de dicho gestor se configurará bajo tres módulos funcionales:
1) Módulo de gestión del sistema de información
central; 2) Interfaces de conexión con los sistemas informáticos
locales de los centros prescriptores y oficinas de farmacia y con otros
sistemas de infor- mación de la Consejería de Sanidad;
y 3) Módulos de habilitación para aquellos centros prescriptores
y dispensadores que carezcan de sistema informático local.
Y lo que hasta no hace mucho
era un proyecto, en Valencia empiezan ya a verlo como una realidad. Así
lo confirmaban a EL MEDICO desde la Dirección General de Farmacia
de la Consejería de Sanidad de la Generalitat Valenciana. El GAIA,
que se gestaba hace apenas un año y medio, ha dado ya sus primeros
pasos, y con la vista puesta en una meta muy clara: la receta electrónica
en toda la comunidad y la historia clínica informatizada en todo
su territorio. Puesto que, como reconocían fuentes de este departamento,
"la receta electrónica, más que un objetivo, ha sido un medio".
El GAIA tiene actualmente
realizadas dos de sus tres fases: la adjudicación del software y
la generación de la base de datos necesarios a los que se puede
acceder vía internet; y la de la prescripción asistida, con
una prueba piloto realizada en seis centros asistenciales (dos de cada
provincia de esta comunidad autónoma). Fue en esta segunda fase
cuando, paralelamente, se facilitó a todos los centros la dotación
informática, aunque según reconocen desde el mismo departamento,
esta cuestión se vio agilizada al estar concebido el sistema a través
de la red, teniendo en cuenta, dicen, la protección de datos necesaria.
Y los posibles fallos informáticos también estaban contemplados:
los servidores se instalan en espejo, con lo cuál si falla uno entra
en funcionamiento otro, así como los generadores de electricidad.
Se trata, siguiendo con las mismas fuentes, "de una arquitectura con la
que es muy difícil que falle el sistema". Una estructura que ha
visto ampliadas sus arterias para su mejor servicio y que se contempla
también como la base para desarrollar lo que los valencianos conocen
como el "proyecto Abucasis" la informatización integral de los centros
sanitarios de la comunidad en conexión con las bases de datos poblacionales
para la aplicación de la historia única informatizada, una
iniciativa que para sus promotores "será toda una ventaja cuando
se instaure la tarjeta sanitaria europea" y no impedirá su funcionamiento,
ni el de la receta electrónica, puesto que aunque se estén
desarrollando diferentes iniciativas en diversas comunidades, "todos los
sistemas reconocen el lenguaje". Así, sólo les queda poder
desarrollar la fase tres, concerniente a la dispensación asistida
desde las farmacias, y en la que se tienen puestas todas las expectativas
y para el que ya han empezado a hacer algunos contactos con ese sector
profesional.
En la Comunidad Valenciana,
pues, lo tienen muy claro: la implantación de la receta electrónica
significará para el paciente una mejora de la calidad asistencial,
puesto que al reducir la burocracia se verán beneficiados, así
como también se les podrán evitar posibles interacciones
medicamentosas negativas; para el facultativo, afirman, le supondrá
un apoyo para su prescripción y encontrar el fármaco más
coste-efectivo, además de ganar tiempo clínico y perder la
carga burocrática; los mismos trámites que verá reducidos
el farmacéutico, quien podrá eliminar el coste de tiempo
y trabajo que conllevan. Por otro lado, para la Administración también
supone una ventaja por todas las ya mencionadas para otros profesionales,
y porque, según ratifican, la inversión para realizar el
proyecto en los centros de salud es mínima (puesto que disponiendo
de los ordenadores y con un simple navegador se podría llevar a
cabo) y en cambio el ahorro es tremendo, tanto en términos de mantenimiento,
como en la sencilla cuestión de que se podrán reinvertir
los millones (cientos) que se gastan al año en papel para las recetas.
Tal como lo defienden, se
trata de un modelo "muy robusto", que dará un gran servicio y que,
además, podrá convivir perfectamente en sus inicios con la
prescripción tradicional, ya sea con la que todavía se efectúe
en esta comunidad como con la que venga de fuera.