Tarjeta eurosanitaria:
la llave hacia la libre circulación de pacientes
La
cumbre europea celebrada el pasado marzo en barcelona tuvo entre
sus frutos el anuncio de la nueva
tarjeta sanitaria europea que, en un principio, va a servir para
sustituir al tradicional formulario E-111. Una tarjeta enmarcada,
por tanto, en el capítulo de la libre circulación
de trabajadores por la UE, pero que los responsables sanitarios
españoles han acogido de buen grado como el primer paso
para conseguir, según esperan en un futuro no muy lejano,
una verdadera tarjeta sanitaria válida también de
cara a la libre circulación de pacientes. |
A.B.M./N.G.
José María
Aznar, como máximo responsable de la reciente presidencia española
de la Unión Europea, entregaba, el pasado mes de marzo, a Romano
Prodi, presidente del Parlamento europeo, la Tarjeta Sanitaria Europea
en la jornada de conclusiones de la Cumbre de Jefes de Estado celebrada
en Barcelona. Una imagen que, sin duda, pasará a la posteridad,
y que era fruto de los contactos ya realizados a principios de año
desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social con sus homólogos
europeos, pero que los responsables sanitarios anunciaban como sólo
un primer paso.
Y es que, por el momento, esa tarjeta tan sólo supone una disminución
de la burocratización para aquellos trabajadores que necesiten
desplazarse por los países que conforman la UE. "No se trata
de una tarjeta sanitaria en sí misma", según ha reconocido
a EL MEDICO Lluis Bohigas, director general de Planificación
Sanitaria, "sino de la sustitución del formulario E-111
por un permiso informatizado". Es decir, una acreditación
que permita al ciudadano el acceso a la Sanidad cuando se encuentra
en un país que no es el suyo, que le avala de los derechos con
los que cuenta en su nación de origen, tal como reconocen también
otros responsables sanitarios.
| Según
expertos, el movimiento de trabajadores por la UE lleva implícito
una cuestión sanitaria que no conviene pasar por alto |
Pero la apuesta ya está en marcha. Por una parte, la creación
de esta primera tarjeta eurosanitaria, que simplificará los trámites
pero no cambiará ni derechos ni obligaciones, se debatía,
al cierre de esta edición, en el seno de la Comisión Administrativa
para la Seguridad Social de los Trabajadores Migrantes, con la vista
puesta a presentar una propuesta al Consejo de Europa durante la primavera
de 2003 y la previsión de que sea aprobada en 2004.
Por otro lado, este anuncio ha abierto la brecha para que los responsables
sanitarios de las diferentes Administraciones inicien el debate sobre
la necesidad de que el tema amplíe fronteras y no sólo
las geográficas.
Porque, como comentaban fuentes de la citada Comisión, las cuestiones
financieras sobre este proyecto se seguirán tratando de acuerdo
con la legislación comunitaria prevista al efecto. Y esto implica
que, de momento, el tema de la tarjeta sanitaria seguirá por
un tiempo en manos de la Seguridad Social y el Ministerio de Trabajo,
aunque todo parece indicar que será sólo por un tiempo.
Movilidad laboral
sí, pero con trasfondo sanitario
Tal como reconocía a EL MEDICO un responsable sanitario desde
Madrid, "el movimiento de trabajadores lleva consigo implícito
una cuestión sanitaria. Y aunque de esto no habla nadie se trata
de una cuestión importantísima".
De hecho, es una problemática que ya ha empezado a abordar, tanto
en foros "informales" como a nivel ministerial. "Los
responsables sanitarios están de acuerdo y son conscientes -aseguraba
Lluís Bohigas- de que es necesario empezar a opinar sobre el
tema, y de que las altas instancias europeas recojan su opinión".
"Se trata de un tema complicado -señala el director general
de Planificación Sanitaria- porque no debemos olvidar que en
los tratados de la Unión se recoge que los sistemas sanitarios
son un área de responsabilidad de los Estados miembros".
Pero, aun así, queda clara la necesidad de colaboración,
no sólo por el día a día, sino también porque
algunas sentencias del Tribunal de Justicia Europeo así lo han
apuntado (entre ellas las famosas sentencias de Kohll y Decker). Una
de estas sentencias obligaba al país de origen de un ciudadano
a abonar el gasto de una intervención dental realizada en otro
Estado miembro, y otra, por poner un par de ejemplos, daba la razón
a una persona que solicitaba a su sistema sanitario que se hiciera cargo
del importe de las gafas que tuvo que adquirir cuando no residía
en su país original.
Pero los responsables sanitarios no necesitaban sentencias de esta índole
para darse cuenta de lo que están percibiendo desde hace tiempo:
¿qué se debe hacer con las regiones fronterizas en las
que un ciudadano tendrá más cerca un centro sanitario
del país vecino que uno el propio? ¿quien se debe hacer
cargo de aquellos tratamientos -a menudo crónicos y en general
en población anciana- que se realizan a personas que pasan largas
temporadas de retiro en Estados lejanos al suyo? ¿cómo
regular que en un país deban esperarse meses y meses para ser
operados y en otro tengan los quirófanos medio parados? ¿Qué
cartera de servicios debe aplicarse como imprescindible y básica,
cuando los parámetros no coinciden en los países miembros?
¿Y si te dicen que una intervención quirúrgica
concreta tiene mejores resultados en Suiza que en Madrid? En cualquier
caso, si son los servicios sanitarios los que prestan la atención...¿por
qué tendría que ser la Seguridad Social la que tramite
las cuentas?
Son sólo algunas de las cuestiones a las que los responsables
sanitarios intentan empezar a dar respuesta.
Sin ir más lejos, Mahón (Menorca) fue, el pasado mes de
mayo, el escenario del primer encuentro en la historia de la Unión
en que responsables técnicos de los Ministerios de Salud de los
países miembros se reunían para abordar estas cuestiones.
"Pretendemos una movilidad sanitaria -adelantaba Bohigas- pero
con unas directrices determinadas".
Los primeros
pasos
En este sentido, el encuentro en Menorca sirvió para sentarse
a debatir y empezar a trabajar en pro de unas bases: el objetivo será
la libre circulación de pacientes, pero para ello habrá
que adecuar y coordinar los sistemas sanitarios de cada Estado miembro,
en muchos casos muy diferentes entre sí. Y los resultados han
sido diversos.
Como plan de trabajo, los responsables sanitarios españoles pusieron
sobre la mesa diferentes puntos, en cinco grandes líneas temáticas.
La primera, en la que todos estuvieron de acuerdo, fue la de la necesidad
de establecer una red de centros de referencia. Aquellos centros sanitarios
europeos que pueden erigirse en punteros dentro de la comunidad, ya
sea por su avanzada tecnología ya sea porque las técnicas
que aplican les avalan como especialistas en diferentes tratamientos
muy determinados. Según explicaba Lluis Bohigas, todos los participantes
consensuaron la importancia de esta iniciativa. Y el primer paso para
llevarla a cabo será la elaboración de un estudio exhaustivo
que concluya con un listado de centros sanitarios que podrían
acogerse a esta tipificación de centros de excelencia. También
se estudia la creación de un comité de élite que
se encargue de supervisar y coordinar todos las iniciativas en materias
de Sanidad.
Otro de los puntos en los que los técnicos centraron su atención
fue el de la información y comunicación entre países.
Este tema sentaría la base para poder utilizar luego la tarjeta
sanitaria con todas sus garantías. Y la idea no es otra que poder
conseguir que todos los países de la UE tengan acceso a la información
sanitaria que necesiten, que desde cualquier punto se pueda acceder
a la información clínica del paciente, que el intercambio
sea efectivo y que, además, se materialice con la máxima
seguridad, así como la total confidencialidad de los datos que
se transfieren.
Pero las opciones para desarrollar este punto parece que aún
no han quedado muy definidas. La tarjeta sanitaria europea podría
contener los datos básicos e imprescindibles de identificación,
con aquellas características sanitarias de cada paciente que
pudieran señalarse como destacadas. Faltaría diseñar
cómo se controlan los permisos de acceso a esta información,
o si sería necesario establecer una red de comunicación
(por ejemplo, mediante internet) que permitiese el trasvase de información
obteniendo unos códigos de entrada. De hecho, este último
sistema es en el que se han basado algunas de las comunidades españolas
para desarrollar la aplicación de las tarjetas sanitarias, teniendo
presente el poder contar también con una historia clínica
única.
La promoción del apoyo a los proyectos transnacionales fue otro
de los temas que también tuvo lugar en el debate de Menorca.
Las experiencias que ya se han dado entre diferentes países fueron
escuchadas con sumo interés: ya existen, pues, ejemplos de como
un sistema nacional de salud puede apoyarse en otro cuando sus circunstancias
así lo requieran. De extenderse estas colaboraciones supondría,
sin duda, un gran paso para solucionar las listas de espera para ciertas
intervenciones con las que cuentan algunos de los Estados: enviar a
los usuarios a aquellos hospitales extranjeros donde puedan atenderles
con la calidad que se merecen y con la rapidez que necesitan ha dejado
de ser un tema descabellado.
| Para
dar paso a la libre circulación de pacientes es preciso una
adecuación y coordinación entre los distintos sistemas
sanitarios europeos |
Y en el mismo sentido, se pretendía potenciar los acuerdos entre
regiones, aplicar los ya existentes a temas sanitarios y "regularizar",
en palabras del director General de Planificación sanitaria,
"una situación que ya se está dando". Una situación
que no se repite en todas las fronteras pero de la que tenemos ejemplos
en España: existen zonas en las que el ciudadano tiene más
cercano un centro de salud de la comunidad vecina que uno de la suya
y, evidentemente, acuden a él cuando necesitan atención
sanitaria.
Sin embargo, esta problemática no se da en todos los países
miembros y, por lo tanto, su adecuación no fue una de las prioridades
de la reunión celebrada en Mahón.
Lo mismo sucedía con otra cuestión que preocupa a los
responsables de salud españoles: el hecho de que España
sea, en muchas ocasiones, la segunda residencia, por llamarlo de alguna
manera, de ciudadanos de otros países, generalmente ancianos
y, habitualmente, también con patolo-
gías médicas que deben ser atendidas. De la misma manera
que aquí, también se da en otros países de la franja
sur europea, en los que el clima favorece quizás estas estancias
largas que pasan los ciudadanos del Norte.
También en este tema, como en otros, el factor económico
se despunta como susceptible de atención: el servicio se les
presta, independientemente de quien corra con el gasto. "Pero es
una situación que no viven todos los países -asegura Bohigas-
y por lo tanto para el que no la padece no le supone una prioridad".
En esta reunión quedó también reflejada la necesidad
de desarrollar un marco de estándares de calidad comunes e, incluso,
la de establecer unos sistemas de reembolso adecuados. No todos los
puntos tuvieron la respuesta que cabía esperar, pero aun con
todo, los anfitriones no dudaban en calificar este encuentro como histórico:
por primera vez se hacía de forma activa algo en favor para que
la Sanidad se estipule también como materia de debate europeo.
Un primer debate de cuyos resultados el Ministerio de Sanidad ha elaborado
un informe con el fin de mostrar cuáles son las directrices que
deben seguirse y que se ha hecho llegar a los ministros de salud europeos.
Una propuesta
con muchas cuestiones en el aire
Que la tarjeta sanitaria europea supondría un avance para todos
no hay nadie que lo ponga en duda. Lo que sí manifiestan diferentes
responsables autonómicos, así como profesionales vinculados
de manera directa a este tema, son sus dudas de cómo se llevará
todo ello a cabo. "Es muy complicado" asegura Iñaki
Betolaza, director de planificación del Gobierno Vasco y miembro
activo en las reuniones que han tenido lugar en diferentes capitales
sobre este tema, "no porque la idea no sea buena, que lo es para
la ciudadanía que viaje por los países europeos, sino
porque existen muchos intereses interpuestos: los países miran
muchísimo sus presupuestos y ahí radica el principal obstáculo,
claro, que aunque la postura sea explicable, a la larga habrá
que solucionar el problema".
Por otro lado, sería casi obvio recordar que en España
las trasferencias sanitarias acaban de concluirse en su totalidad. Pero
no es una nimiedad, apuntan algunos especialistas consultados, establecer
este paralelismo: ¿hablamos ya de tarjeta sanitaria europea cuando
aún quedan muchas cuestiones por resolver en la coordinación
autonómica?
Para Esperanza Martí, presidenta de la Fundación Salud,
Empresa y Economía (FUSEE) el tema está muy claro y es
prioritario: "se debe normalizar con urgencia -afirma- para no
crear un desbarajuste en la viabilidad y sostenibilidad de los sistemas
sanitarios en ciertos países". Martí retoma el ejemplo
de la gente mayor para afirmar que "los tratamientos que reciben
aquí, se pagan más baratos de lo que les costaría
en su país de origen".
Esperanza Martí, que cuenta con un extenso currículum
en materias de gestión sanitaria, no duda en afirmar rotundamente
que "es obvio que necesitamos tener una tarjeta sanitaria europea
que no se limite a hacer más fáciles los permisos, que
no sea tan sólo un formulario plastificado, una tarjeta en la
que figuraran los datos básicos del enfermo, porque es utópico
pensar que contendrá todos y cada uno de ellos". Y esta
experta va más allá: "estoy segura -reconoce- que
se llevará a cabo, es más, que yo la veré funcionando"
pero afirma que será un proceso complicado y recuerda lo que
ya anunciaba el director general de Planificación Sanitaria,
"el tratado de Amsterdam, en su artículo 152, ya dejaba
bien claro que la organización del sistema sanitario sería
competencia exclusiva de cada Estado miembro, y cada país es
muy celoso de este tema". "No hay que olvidar tampoco -añade
Martí- que el origen y maduración organizativa tiene una
historia diferente en cada país, que cada vez convergen más
pero que no dejan de ser diferentes, aunque es evidente que habría
que redactar un libro blanco sobre la circulación de pacientes".
Para la presidenta de FUSEE está sobre todo la necesidad de dejar
bien ligado "un catálogo básico de prestación
de servicios, garantizando que haya unos mínimos a los que todo
el mundo tenga acceso", así como también, "un
catálogo de precios, en el que se deje muy claro cuánto
y cómo se pagará cada cosa, y quien será el encargado
de cobrarlo", porque lo que recuerda Martí es que en la
actualidad los centros sanitarios prestan servicios que suponen un gasto
para los presupuestos de Sanidad, pero no siempre se recuperan estas
inversiones. "Incluso -esgrime esta experta- sigue siendo la Seguridad
Social la que paga la asistencia de un español en el extranjero,
pero nadie se da cuenta de que existe mucha diferencia entre lo que
nosotros hacemos y lo que nos hacen".
Esperanza Martí, como presidenta de FUSEE, fue la anfitriona
de unas jornadas de trabajo dedicadas a esta temática a las que
fueron invitados diferentes responsables de las Administraciones sanitarias
de las comunidades autónomas, con representación también
del Ministerio de Sanidad a cargo del propio Lluis Bohigas. Las preguntas
que giraban en torno aquella jornada son paralelas a las que ya hemos
apuntado con anterioridad: ¿qué cartera de servicios hay
que establecer?, ¿qué catálogo de prestaciones?,
¿qué forma de acceso?, ¿cuándo está
justificada la movilidad? ¿qué listas de espera son admisibles?,
¿cómo contraprestar el servicio entre países (o
entre comunidades)?, en un sistema de salud universal financiado por
impuestos y descentralizado en su gestión ¿es lógico
que la Seguridad Social, organismo centralizado por excelencia, siga
cobrando las prestaciones que no realiza?...
En estas jornadas, el experto europeo, Willy Palm, director de la Association
Internationale de la Mutualité, ya apuntaba que los sitemas de
salud han de ser capaces de garantizar el coste y la calidad, y añadía
que "un paciente con movilidad será siempre un elemento
marginal, porque no se desplazará si puede conseguir lo mismo
cerca de casa", pero a la vez dejaba claro que "en cualquier
caso existirá discriminación si no tiene opción
de contratar otros sistemas y menos si necesita autorización
previa".
Esperanza Martí matizaba, en este sentido, que "el movimiento
de pacientes, ya sean más o menos programados, se va a producir,
porque es normal que el ciudadano busque siempre lo mejor... así
que todo esto caerá, tarde o temprano, por su propio peso y lo
que debemos hacer es regularlo". Y es más, según
esta experta, España es el segundo país europeo exportador
de servicios sanitarios "y aquí tal como se cobran los servicios
hoy día la exportación no es nada rentable". Una
situación que se contempla desde dos perspectivas, porque, según
Willy Palm, existen países que necesitan -y les funciona- contratar
los servicios fuera, teniendo en cuenta que les sale mejor dada su infraestructura
sanitaria (sería el caso por ejemplo, de Luxemburgo), y otros
"que aplican políticas restrictivas en este tema: por ejemplo,
Francia, que es un gran exportador de servicios pero que luego si analizamos
a fondo vemos que rechaza cada año numerosas solicitudes para
ciudadanos que deben desplazarse: tan sólo autoriza unas 200
personas al año".
Sobre cuántos extranjeros se atiende en cada país, según
el director de la Assotiation Internationale de la Mutualité,
no se tienen datos concretos, "puesto que los países no
tienen obligación de retener datos de este tipo, sin embargo,
sí que controlan, los datos económicos de cuánto
les ha costado la atención de sus ciudadanos en el extranjero".
Según Willy Palm, en 1998 la media europea que gastaba cada Estado
miembro era de 2 euros por habitante, menos del 0'5 por ciento del gasto
total del país. En este ránking, como ya se apuntaba,
sería Luxemburgo el país que mayor gasto registraría,
con una media de 116 euros por habitante, y España, sin embargo,
estaría debajo de la media, con 1,11 euros anuales por persona.
"Lo que está claro -apuntaba Lluís Bohigas- es que
debemos defender la circulación, pero no la libre circulación".
Es decir, son necesarias unas pautas, y España, con 40 millones
de turistas cada año, parece tener razones para que este tema
quede claro.
El desplazamiento
interno por el país
Los consejeros de Sanidad de las diferentes comunidades autónomas
españolas también parece que tienen clara la cuestión.
La impresión general es que no hace falta mirar hacia Europa
para darse cuenta de la problemática, y la dificultad que conlleva
todo este proceso. Y así lo expusieron en una mesa redonda centrada
en el debate sobre la atención sanitaria de extranjeros en España,
en la que todo lo apuntado anteriormente cobró un cariz mucho
más local y en el que se pudieron escuchar afirmaciones tan categóricas
como la que realizaba el viceconsejero de Sanidad de Andalucía,
Ángel Garijo, durante su exposición: "al menos en
Andalucía, y podría afirmar sin miedo a equivocarme que
también en el resto de comunidades, se da la paradoja de que
los inmigrantes sin recursos tienen más fácil el acceso
a la atención sanitaria que los propios ciudadanos comunitarios,
que están sujetos a políticas mucho más restrictivas".
Garijo, también secretario general de Calidad y Eficiencia de
dicha Consejería, aludió al hecho que el aumento de calidad
de vida en la comunidad ha provocado que deje de ser un lugar de paso
para convertirse en uno de destino, con la consiguiente carga que eso
supone para la atención sanitaria.
Para Esperanza Martí, los argumentos que explican la situación
no sólo se aplican a los inmigrantes procedentes de otros países,
sino que hay que contemplar la propia movilidad interna. Martí
recordaba que cuando se negoció el modelo de financiación
de las comunidades autónomas (que engloba la Sanidad) no se tuvo
en cuenta el fenómeno de que existe un colectivo creciente de
población que consume asistencia pero que no produce, eso sin
obviar que el modelo fue negociado por los consejeros de Economía,
con poca participación de los de Sanidad, por lo que, según
ella, no se tuvieron demasiado en cuenta los hechos que en este momento
son motivo de preocupación.
Un ejemplo podría ser el de aquellos padres que proceden de otras
comunidades y que aprovechando la visita a alguno de sus hijos para
que el sistema sanitario de la comunidad dónde éste último
reside les atienda de sus dolencias. Pero no sería el único.
La movilidad de ciudadanos entre las comunidades es un hecho habitual
en nuestra geografía, y algunas muestras de ello, sumadas a la
de la inmigración que procede de fuera, son los aspectos que
diferentes consejeros quisieron remarcar. Las diferentes tarjetas sanitarias
de las comunidades son reconocidas en el resto, otra cosa es como se
conjuga este movimiento con el balance presupuestario.
Está
previsto que el Consejo de Europa reciba propuestas sobre la tarjeta
sanitaria única en la primavera de 2003, para que su aprobación
se produzca en 2004
|
En este sentido, Juli Fuster, director del Servicio Balear de Salud,
puso sobre la mesa que la suya es una de las comunidades más
afectadas tanto por el turismo como por la migración. Fuster
no dudó en reconocer que su comunidad podría ser una de
las mayores exportadoras de servicios sanitarios, pero asumió
que tal como está la situación hoy día podrían
correr el riesgo de convertirse sencillamente en importadora de gasto.
"Sólo hace unos meses que contamos con las trasferencias
-señalaba el responsable balear- pero los datos no necesitan
ser recientes: tenemos más de 12 millones de turistas al año
con una estancia media de 8,21 días, lo que supone un incremento
de más de 260.000 visitas en urgencias y otros servicios... y
todos estos gastos los soporta la comunidad". Para Fuster había
que dejar claro, además, otra cuestión: cuando se negociaban
las trasferencias se hablaba de las cifras de que se disponía,
"en 1999, el incremento de residentes superaba los 40.000... pero
eso no se ha quedado ahí, actualmente son más de 60.000
las personas que cada año quieren residir en nuestra comunidad,
y esa cifra va creciendo". Sumado a que la tasa de inmigración
casi se duplicó de 1995 a 1999 (15'73/1000 la primera por un
30'35/1000 la segunda). "Y en el 2002 -ratificaba Fuster- hemos
recibido más de 50 solicitudes diarias de regularización
de papeles".
"La atención sanitaria ha quedado desfasada del proyecto
de construcción política europea -aseguraba Ángel
Garijo- la realidad sanitaria supera siempre el propio nivel jurídico:
se ofrecen prestaciones mucho más allá de los cuatro supuestos
que se recogen en la normativa (atención a menores y embarazadas,
a extranjeros empadronados y a las urgencias o atención de los
crónicos que no necesitan estarlo...), es evidente que es esta
realidad a la que hay que atender y dar los mecanismos necesarios para
asegurar la funcionalidad del sistema".
Según Serafín Castellano, consejero de Sanidad de la Comunidad
Valenciana, en su autonomía a 17 de abril del 2002 se habían
entregado 41.575 tarjetas solidarias, ni punto de comparación
con las 9.109 que se contabilizaban el 30 de enero del 2001. Y por su
parte, el consejero de Sanidad de la Generalitat de Cataluña,
Eduard Rius, también apuntó que en su comunidad, sobre
una población censada de 5.850.000 personas debía añadirse
una población flotante de casi medio millón de personas,
con lo que el número de tarjetas sanitarias, o de población
protegida, ascendería a 6.335.000 ciudadanos.
En resumen, las afirmaciones de los responsables de salud coincidían:
"Hay que asegurar -defendía Serafín Castellano- una
ley de coordinación esencial de cumplimentación y ampliación
de la Ley General de Sanidad, en vistas ya al marco europeo". Castellano
defendía que la situación actual del sistema sanitario
español es "histórica" dada la finalización
de las trasferencias, pero aseguraba que se debía continuar avanzando,
"el reto es que perviva el sistema, pero equilibrándolo
con la financiación y la flexibilidad de recursos que permita
a la Administración sanitaria un mayor margen". "Hay
que contabilizar el gasto" aseguraba, por su parte, Rius, "controlar
la planificación en torno a la estacionalidad y también
a la territorialidad, porque no pasa lo mismo, ni en las mismas dimensiones,
en todas las comunidades, y compensar la distribución desigual
que se da entre autonomías". "Cabe establecer -aseguraba
Garijo- un fondo de cohesión entre comunidades, pero si nos referimos
a los desplazados es otro fondo, son dos conceptos diferentes, y si
encima contemplamos el tema de los inmigrantes habría que tener
algo más previsto, porque en este caso están los que no
tienen dinero ni hay detrás ningún país que les
dé apoyo y los que sí que lo tienen".
"La Sanidad -concluía Eduard Rius- es la partida más
importante de un Gobierno autónomo. "Y aunque estamos encantados
con el tema de la libre circulación -aseguraba Juli Fuster- no
podemos evitar tener un sentimiento de preocupación, porque se
pueden romper los equilibrios y tener un saldo desfavorable, se puede
dar la saturación de los servicios y, llevándolo hasta
el extremo, incluso podría peligrar la equidad del sistema".
Las necesidades para que todo ello no ocurra también las dejan
claras: carteras de servicios comunes, precios comunes, bases de datos
y sistemas de información disponibles (que, afirman, debería
liderar el Ministerio de Sanidad); normativas rigurosas que aseguren
los servicios y equidades, diseñadas con instrumentos que permitan
acompañarlas con la financiación pertinente y, ampliando
los puntos; la aplicación de la tarjeta sanitaria europea acompañada
de la libre circulación de pacientes y profesionales, actuando
a la vez con nuevas pautas de formación;... Unas necesidades
que los consejeros de sanidad quieren hacer llegar ellos mismos al Consejo
Europeo: si la Sanidad es cada vez más una cuestión de
las regiones, son los responsables sanitarios de las comunidades, afirman,
los que deberían tener al menos voz en las decisiones que se
tomen al respecto desde Europa.
"Quizás -resumía para EL MEDICO, Esperanza Martí-
será más fácil ir coordinando la Sanidad a nivel
autonómico a medida que vayan llegando también las normativas
europeas... las cosas, a veces, se arreglan cuando tenemos presión
desde fuera".