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Ética y racionalidad económica en Sanidad 

LA SANIDAD SE HA TEÑIDO DE TINTES ECONÓMICOS, ESPECIALMENTE EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS , ANTE EL INCREMENTO DEL GASTO SANITARIO POR ENCIMA DEL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA, LO QUE GENERA NO POCOS INTERROGANTES SOBRE LOS ASPECTOS ESENCIALES DE LA RELACIÓN ENTRE DICHA PRESTACIÓN SOCIAL Y LAS EXIGENCIAS DE LA ECONOMÍA PRODUCTIVA, DERIVADAS  DEL CONCEPTO DE ESTADO DE BIENESTAR

Miguel Juan Payán

Sanidad y Economía se dieron la mano como elementos centrales de una mesa redonda celebrada, recientemente, en la Universidad Pontificia de Comillas, de Madrid,  que ofreció la posibilidad de conocer el parecer que sobre estos asuntos tienen algunos de los responsables de la gestión sanitaria y económica en nuestro país.

gasto.jpg (6540 bytes)Ambos términos han dejado de ser ajenos para convertirse casi en pareja de hecho dentro del paisaje tejido en torno a lo que se ha dado en denominar "Estado del Bienestar". Como señalaba el doctor Javier Gafo, director de la Cátedra y del Master de Bioética de la Universidad Pontificia de Comillas, de Madrid: "la afirmación y el reconocimiento del derecho a la asistencia  sanitaria ha sido uno de los logros más importantes de este siglo que ahora toca a su fin, contemplado como derecho positivo fundamentado en la dignidad inviolable de todo ser humano, la naturaleza de la enfermedad como elemento inseparable de la humanidad, la protección social colectiva y la norma de oportunidad equitativa que exige que el Estado garantice el acceso a los servicios sanitarios de aquellas personas con limitaciones naturales o sociales en el área de la salud, puesto que son las que más lo necesitan. Ésta es una exigencia ética básica que debe estar en el fondo de toda política sanitaria. Sin embargo, esta política tiene que hablar necesariamente de disponibilidades terapéuticas, de costes y de demandas sanitarias, y debe subrayar que los responsables de la política sanitaria o de la administración de un hospital tienen también la exigencia verdaderamente ética de eticatx1.gif (5305 bytes)conseguir el máximo beneficio con los menores costes, persiguiendo, desde un objetivo ético, que los recursos sanitarios se apliquen con la máxima eficacia y lleguen al mayor número posible de personas". 

Considerando la racionalidad económica como factor de creciente protagonismo dentro del debate sobre la reforma sanitaria, lo que Javier Gafo proponía es la persecución de un objetivo de equilibrio entre los principios deon-tológicos y los principios utilitarios. En su opinión: "negar las consecuencias de la justicia sanitaria sería tan peligroso como otorgarles un valor absoluto". 

Ante esta necesidad de equilibrio, las consecuencias, consideradas como "la búsqueda del máximo beneficio para el mayor número de personas", en palabras de Gafo, serán las que permitan una jerarquización de los valores éticos implicados. La crisis generada por el incremento de los costes sanitarios y el acceso masivo de la población a estos servicios ha convertido la racionalidad económica en una herramienta esencial para moverse por la telaraña de este servicio público condenado a habitar en el peligroso terreno de la polémica y convertirse en caballo de batalla para el intercambio de críticas en la guerra interminable de los partidos político, ante lo cual se impone la necesidad de un pacto social destinado a garantizar los servicios a los ciudadanos. Equidad y utilidad se convierten así en los dos platillos de la balanza sobre la que se asientan los servicios sanitarios, moviéndose en la necesidad de convivencia de los principios éticos con la racionalidad económica. 

Los síntomas de la crisis
A estas alturas es obvio que no existe diagnóstico ni tratamiento sencillo para los problemas de la Sanidad, para esas crisis que se repiten en los sistemas sanitarios de todo el mundo como una cita obligada con los aspectos económicos de la salud. En opinión de Enrique Castellón Leal, subsecretario del Ministerio de Sanidad y Consumo, la Sanidad se encuentra en nuestro país enfrentada actualmente a una serie problemas dentro de un modelo de sistema público universal que "no se va cambiar ni aquí ni en ningún otro país de nuestro entorno porque es una conquista social importante que trasciende con mucho la labor de uno u otro grupo. Sin embargo, hay otras formas de organizar la Sanidad en el contexto de otros países que nos son afines, donde no hay un grado fijo, claro y nítido de recursos públicos del sistema sanitario por debajo del cual ya no se pueda dar el sistema público, y también hay una variabilidad en lo que se refiere a la provisión de servicios. Tenemos en España un  modelo aceptable, pero existen posibilidades de cambios significativos que, en absoluto, deterioran el elemento fundamental del modelo pero pueden contribuir a mejorar algunos aspectos en términos de eficiencia y calidad, entendidas ambas como mayor rendimiento y utilidad social". 

Entre los síntomas de problemas en la Sanidad española, Castellón Leal apunta las esperas, respecto a las que, según señala: "el problema no es tanto no poder atender toda la demanda que se genera, sino que las esperas superan en algunos casos lo que es razonable aceptar. El hecho de que todas las prestaciones sanitarias estén reconocidas, si a la hora de la verdad una prestación no se recibe en tiempo adecuado, produce una quiebra del compromiso que ha contraído el sistema de salud con los ciudadanos. Esto es especialmente grave en una cuestión importante: los cuidados sociosanitarios. Aquí hay un problema muy serio de esperas muy prolongadas de personas que, en el mejor de los casos, son atendidas con recursos eticatx2.gif (4239 bytes)hospitalarios de agudos. Este tema está lejos de ser solucionado, y es uno de los más graves con los cuales nos enfrentamos ahora y que evidentemente se agravará aún más en los próximos años". 

Otro asunto que preocupa al subsecretario del Ministerio de Sanidad es la variabilidad enorme que se produce en los procedimientos que se utilizan y en los resultados que se obtienen. Éste no es un problema que afecte únicamente a nuestro país, pero aunque aparece en otros lugares, desde el punto de vista de nuestro sistema tiene como consecuencia una falta de información para los usuarios que, llegado el momento, puede dificultar su capacidad de elección. Por otra parte, Castellón Leal señala que existen: "problemas serios en la prevención de determinadas patologías prevalentes. España, por fortuna, es un país que como otros de la medi_infor2.jpg (10124 bytes)cuenca del Mediterráneo tiene, en principio, bastantes buenas cifras en mortalidad por diversas patologías cardiovasculares, pero esto no va a ser siempre así. Eso tiene mucho que ver con factores no estrictamente sanitarios, la dieta fundamentalmente, pero nuestros indicadores no están mejorando sensiblemente sobre esta materia en la que no se está desarrollando suficiente actividad en materia preventiva. Tampoco en el tema de la patología oncológica, donde ya no estamos tan bien si nos comparamos con otros países europeos y estamos superando la media en cuanto a mortalidad. 

Aquí se echa en falta, sobre todo, una importante conexión entre la prevención y la asistencia. Lo mismo podríamos decir en relación con el tabaco. Somos uno de los países más fumadores de la Unión Europea y en los que, además, hay una creciente mortalidad por patologías derivadas del consumo del tabaco. La actividad preventiva no es la que debiera teniendo en cuenta el coste social que tienen estas enfermedades".

La adecuación de los procedimientos en algunos problemas importantes como by-pass aortocoronario o diagnóstico y tratamiento de los cálculos, tampoco satisface a Enrique Castellón Leal, quien afirma: "a juzgar por los datos que tenemos de otros lugares, estamos previsiblemente en una inadecuación de tratamientos de hasta el 30 por ciento, que con los protocolos más ajustados y conservadores son actos médicos que no deberían realizarse. Cuando no hay demanda insatisfecha por otra serie de problemas y además hay actuación inadecuada nos encontramos ante un mal uso de los recursos". 

En materia de gasto, el subsecretario del Ministerio de Sanidad señala también actuaciones inadecuadas en el gasto del medicamento y en la alta tecnología médica, problemas que siguen sin manejarse correctamente: "en parte por una dificultad en incorporar a la participación en la gestión a los profesionales. Está claro que nosotros podemos tomar muchas medidas, pero si el profesional que trabaja directamente con el paciente no se involucra, difícilmente seremos capaces de contener el gasto en alta tecnología, porque en Medicina, a diferencia de lo que ocurre en otros sectores, la tecnología nueva no suele sustituir a tecnología previa, sino que habitualmente se suma a la misma".

Este déficit de participación profesional y participación social en todos los niveles del sistema se hace más crítico ante el incremento de la demanda que, según todos los indicadores, va a ser aún más importante en el futuro, habida cuenta que, según reconoce el propio Castellón Leal, nuestro país tiene una cifra de frecuentación netamente inferior a otros países de la Unión Europea y es evidente que la demanda va a crecer mucho más rápidamente que la capacidad para ofrecer servicios.

Una de cada cinco pesetas
Para completar el paisaje de síntomas que enumera el subsecretario de Sanidad, nuestro país presenta una mala respuesta a problemas sanitarios que requieren un enfoque multidisciplinar y de varios departamentos gubernamentales: "como, por ejemplo, la Cirugía cardiovascular, la patología oncológica y los accidentes de tráfico", apunta Castellón Leal, que califica estos síntomas como "lagunas importante en eficiencia y calidad dentro de un modelo esencialmente correcto que ha avanzado mucho y nos sitúa como privilegiados en el contexto mundial. Están resueltos los problemas macro de financiación y control y también los problemas macro de reparto de recursos y descentralización de las comunidades autónomas, pero donde más se ha avanzado, aunque no es suficiente, es en la gestión económica, con empresas públicas, fundaciones, co-socios y otras figuras jurídicas. Esto es mucho más sencillo que cambiar patrones de comportamiento, eticatx3.gif (4661 bytes)inducir participación,  cambiar las pautas de prescripción de los médicos o inducir la coor-dinación entre los departamentos ministeriales. Esto es mucho más complicado y es lo que todavía no se ha hecho". 

En el objetivo de mejorar la eficiencia, garantizar la calidad y conseguir el mejor uso de los recursos disponibles, el subsecretario del Ministerio de Sanidad destaca: "sobre equidad realmente poco más se puede hacer, porque la mayor causa de desigualdades de salud en España está en el reparto intraterritorial de recursos, el 90 por ciento de la desigualdad, y no en el reparto interterritorial, que representa el 10 por ciento".

La visión del otro Ministerio implicado en el abordaje de la Sanidad desde el punto de vista económico está representada por Juan Costa Climent, secretario de Estado de Hacienda: "Una  buena inversión en Sanidad mejora las condiciones de competitividad de la economía porque en definitiva mejora las condiciones de desarrollo de las actividades laborales, reduce el absentismo". Siguiendo esa línea de pensamiento, la política del actual Gobierno en el campo sanitario ha consistido, según Costa Climent, en conjugar mayores recursos  con medidas para garantizar la adecuada calidad y una mayor eficiencia en la prestación de la asistencia sanitaria y en la gestión de esos recursos públicos: "En 1990 estamos hablando de un esfuerzo presupuestario en Sanidad pública de un 4,6 por ciento del PIB, es más de uno de cada cinco pesetas del presupuesto global del Estado, cuando en 1997 estábamos hablando de un 18,2 por ciento. Hoy estamos invirtiendo en Sanidad pública un 21,3 por ciento del gasto presupuestario total. El esfuerzo en mayores recursos para el gasto sanitario se sitúa en unas tasas cercanas al 9 por ciento cuando el crecimiento del gasto total del presupuesto del Estado se sitúa en tasas entre el 3,2 y el 3, 8 por ciento. Se dedica un esfuerzo adicional superior en más del doble al gasto sanitario de lo que se dedica al resto de los gastos o políticas que desarrollan los Presupuestos Generales del Estado". 

Mirando al futuro
Esa asignación de recursos, como señala el secretario de Estado de Hacienda, necesita del consenso entre los distintos prestadores institucionales de servicios sanitarios que operan en nuestro país, el Insalud y las comunidades autónomas que cuentan con la Sanidad transferida, conseguido en 1997 mediante un acuerdo de cuatro años de duración  que finaliza en el año 2001 y tiene como asignatura pendiente, según Costa Climent: "que el mayor esfuerzo presupuestario para financiar políticas sanitarias se vea acompañado de avances permanentes en lo que es una utilización eficaz de esos recursos, porque no hay nada más poco rentable desde el punto de vista económico que malgastar y dilapidar unos recursos, y si todos hacemos un esfuerzo con nuestros impuestos para financiar el Sistema Nacional de Salud hagamos también un esfuerzo para utilizar adecuadamente esos recursos".

Esta línea de razonamiento parece abocada a  plantear de cara al futuro una serie de debates casi inevitables sobre el racionamiento del servicio público sanitario, desde la priorización de técnicas y procedimientos, por ejemplo, en tratamientos quirúrgicos en problemas coronarios, hasta la incorporación de nuevas tecnologías o la discusión, que según Enrique Castellón Leal: "en nuestro país va con retraso", a propósito de la consulta4.jpg (12625 bytes)coparticipación de los ciudadanos en función de sus capacidades.

Por otra parte, la introducción de mecanismos de gestión privada en lo público conducirá a la situación de competencia que debería permitir al ciudadano la libre elección del prestador de servicios, algo para lo que cabe preguntarse si el sistema está preparado, y sobre lo que el subsecretario del Ministerio de Sanidad y consumo no oculta que: "este es un terreno muy resbaladizo. Ciertamente se han introducido novedades en autonomía de gestión de los centros, pero todavía no se ha producido en ninguna comunidad un desdoblamiento nítido y claro, creíble, entre el financiador y el productor de servicios sanitarios, condición necesaria para establecer un cierto mecanismo de competencia. En estos momentos, no es posible para el paciente elegir centro con absoluta libertad, pero esto  es deseable y habría que abrir los mecanismos para que fuese posible. Hoy existen muchas trabas burocráticas para hacerlo. Además, y con todos los respetos hacia las profesiones médicas, y con el máximo respeto real hacia los derechos adquiridos, es cada vez más frecuente que colectivos de pacientes que tienen problemas que exigen un abordaje multidisciplinar tienen que ser vistos por hospitales estructurados en función de los capítulos de libre patología, organizados a la manera que interesa a los que están dentro y no a los que están fuera, que son realmente los que deberían ser objetos del servicio, porque es muy complicado que una persona acepte hacer un trabajo distinto de aquel por el cual entró en ese Servicio hace quizá 20 años. Esta es una consecuencia de la rigidez, y se debe eticatx4.gif (3913 bytes)plantear algún mecanismo que permita que una institución sanitaria responda ágilmente a las nuevas necesidades de salud y asistenciales que se van planteando, y eso exige una gestión más flexible".

En cuanto a las dudas que se plantean desde distintos sectores en torno a una posible descapitalización de la Sanidad generada por las nuevas fundaciones, y la posibilidad de que se propicie la aparición de hospitales como lugares en los que se separan servicios para ricos y para pobres, el subsecretario del Ministerio de Sanidad opina que: "si se lee con atención el artículo de la ley donde se crea este concepto nuevo, se comprobará que no hay el más mínimo riesgo de que se produzca eso". 

Las nuevas formas de gestión también provocan dudas en cuanto a posibles situaciones de competencia desleal con el sector privado en el caso de que no se le aplicaran las mismas condiciones en el régimen de tributación, el secretario de Estado de Hacienda señala que "la reflexión debe ser más general. Hoy podríamos partir de la premisa de que se puede producir competencia desleal siempre que hay una concurrencia del sector público con el sector privado en la realización de una actividad y los regímenes fiscales no son los mismos. El sector público, el Estado, está exento del pago de impuestos, con independencia de que desde el punto de vista económico el que el Estado pague impuestos no tiene ninguna virtualidad, porque los ingresaría el propio Estado y, por lo tanto, los aceptaría de nuevo a los gastos el propio Estado. En este tema subyace también una duda que no se ha aclarado en el marco actual de las fundaciones privadas, y es en qué ocasiones, en la medida en que su objeto, por el que pueden recibir unos recursos, coincide con la actividad definida estatutariamente, hasta qué extremo eso debe o no estar exento del pago de impuestos. Ese es un aspecto que no quedó claro en la tramitación parlamentaria de la ley de fundaciones del 94. Eso había que clarificarlo en el futuro, porque si una fundación de carácter privado desarrolla una actividad de interés general en la que asume un papel que suplementa, complementa o apoya al sector público, el régimen tributario puede o debe a lo mejor ser similar al que tenga el sector público. Ese sería un camino más lógico que resolver la cuestión por la vía de que el sector público pague impuestos, que incluso sería ineficaz". 

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