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El influjo de la economía de la salud en las reformas sanitarias  

 LOS ECONOMISTAS DE LA SALUD Y LAS CORRIENTES POR ELLOS DEFENDIDAS HAN ESTADO MUY PRESENTES EN LAS REFORMAS EMPRENDIDAS EN SANIDAD EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS. PRUEBA DE ELLO ES QUE EN ESTE TIEMPO DOS RECIENTES MINISTROS DE SANIDAD HAN SIDO ECONOMISTAS. SEGÚN ESTOS EXPERTOS, UNA DE LAS APORTACIONES MÁS INFLUYENTES REALIZADAS HASTA EL MOMENTO HA SIDO LA INTRODUCCIÓN DE IMPORTANTES ELEMENTOS DE GESTIÓN EN LOS CENTROS SANITARIOS, LO QUE HA CONTRIBUIDO A QUE SE HAYAN DEJADO  AL MARGEN MODELOS PURAMENTE ADMINISTRATIVOS PARA DAR PASO A LOS DENOMINADOS MODELOS DE GESTIÓN. A PARTIR DE AHÍ, EL GRAN RETO RECONOCIDO POR LOS PROPIOS ECONOMISTAS DE LA SALUD PASA POR LA FINANCIACIÓN TERRITORIAL DE LA SANIDAD PÚBLICA.

 
Juanjo Sánchez


La disciplina de la economía de la salud ha ido adquiriendo con el paso del tiempo mayor peso en las decisiones que sobre la política sanitaria se han venido adoptando en los últimos años en nuestro país. El análisis del impacto que ha tenido la materia, la verificación del efecto que la disciplina tiene sobre los responsables administrativos y si ese impacto es el esperado han constituido el eje central de las recién celebradas XX Jornadas de Economía de la Salud, con el fin de ajustar las estrategias que hasta ahora se han llevado a cabo y afrontar nuevos retos de futuro.

En el año 1980, durante la ponencia inaugural de las primeras Jornadas de Economía de la Salud, el profesor de la Universidad de York, Alan Maynard, dijo que "la contribución más importante que los economistas pueden aportar al análisis de la Sanidad es demostrar que muchos sistemas sanitarios no son eficientes ni igualitarios, por lo que, si se quiere rectificar estos defectos, es esencial una mayor evaluación y deben introducirse mejores incentivos para que los proveedores actúen eficientemente". Eran tiempos en los que empezaban a tomar cuerpo los temas de una incipiente especialidad, la Economía de la Salud. Para Lluís Bohigas, el primer presidente que tuvo la Asociación de Economía de la Salud (AES), y recién nombrado director general de planificación sanitaria del MSC, "las afirmaciones de Maynard parecen actuales".

Efectos sobre las políticas sanitarias
 Hoy por hoy, la AES muestra como una de sus virtudes su apertura a todas las profesiones sanitarias que tienen interés en aplicar el análisis económico para entender el sector de la salud. Así, muchas de las decisiones en materia sanitaria no se entienden si no se observan desde el prisma de la economía. El doctor Juli Fuster, vocal de las últimas jornadas de las AES, cree firmemente que la economía de la salud ha contribuido, sobre todo en los últimos años, a la introducción de importantes elementos de gestión en los centros sanitarios, como el concepto de costes. En los últimos 20 años, los hospitales han pasado de ser administrados simplemente a tener un sistema sanitario basado en la gestión. Según Fuster, hoy en día no se concibe un centro sanitario sin un gerente ni sin una dirección, ya que ahora se contemplan aspectos económicos que, junto a los asistenciales, buscan la optimización de los recursos. A juicio del experto en economía de la salud, la disciplina ha ayudado a racionalizar los recursos que consume la Sanidad y "ha metido dentro del campo de la economía lo que antes podía ser simple administración y nada más, lo que significa una contribución muy importante", añade.

Hace 25 años, los profesionales de la Sanidad no conocían los términos relacionados con los costes. Según expone Fuster, "en los pueblos había un médico que era una especie de sacerdote que estaba dedicado las 24 horas del día a atender a la población. Se ocupaba de su Medicina, pero no tenía noción sobre costes ni gastos". Esto ha cambiado, asegura el experto, que apunta que ahora los profesionales se están acostumbrando y empiezan a manejar conceptos que ayudan a tener conciencia del coste de los recursos que se manejan en la Sanidad.

Joan M. Cabasés coincide con esta idea y considera, además, que hay algunas señales indirectas que muestran el impacto de la economía de la salud, como el hecho de que en los últimos 20 años dos de los ministros de Sanidad hayan sido economistas. Para el experto, el hecho no es casual. Otros profesionales consideran que al hablar de la economía de la salud, ésta no debería desgajarse de la economía de empresa. Uno de los ejemplos para defender esta idea está en el contrato programa, que a juicio de algunos expertos está fundado sobre sólidas bases económicas. En este sentido, Cabasés apunta que "ligar financiación con actividad, o más allá, con objetivos de salud, me parece una apuesta clara de una mentalidad económica. Creo que ésta sí es una aportación interesante porque considero que se ha generalizado de manera amplia en el Sistema Sanitario de España". Tampoco es una casualidad, según Fuster, que España se encuentre entre los países europeos que cuenta con mejores indicadores sanitarios. "Hay que pensar que algo tiene que ver el sistema sanitario y la influencia de la economía de la salud en ello", afirma Juli Fuster.

Un estudio preliminar presentado en las XX Jornadas de la AES por Fernando Antoñanzas y Joan Rovira, ambos miembros del comité científico, pone de relieve que en algunos casos la influencia de la economía de la salud parece haber sido indirecta, ya que se ha tomado como referencia para una decisión en España el ejemplo de otro país, que habría sido influido, a su vez, por la disciplina económica. Otra conclusión revela que en muchas ocasiones, la relación causa efecto es difusa, lo que sugiere que la economía de la salud se ha introducido en la toma de decisiones sanitarias como una forma genérica de razonar asumida por los tomadores de decisiones.

Entre los resultados iniciales del estudio, realizado con la opinión de un grupo de personas que han ocupado durante los últimos años puestos de responsabilidad en la Administración sanitaria, se relaciona con sus respuestas un conjunto de medidas que se identifican como influidas por la economía de la salud, con los conceptos o desarrollos de la disciplina que se supone que constituyen su fundamento. Así, de la encuesta se interpreta que los contratos-programa y los contratos de gestión, así como la Ley de Nuevas Formas de Gestión, siguen la línea o al menos tienen en parte una base teórica similar a la aplicada en la reforma británica de 1991, que ha gozado de amplio consenso entre los economistas españoles. También se deduce de las respuestas de los encuestados que la creación de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias ha sido influida por la difusión de los estudios de evaluación económica, mientras que el Decreto de Prestaciones se atribuye a la influencia del discurso racionalista de la economía de la salud y a la idea de escasez-limitación de recursos.

Por otro lado, queda reflejado por las opiniones recogidas que los decretos de financiación selectiva del medicamento reflejan el concepto de racionalización de recursos sobre la base de la aplicación de criterios de coste-efectividad. El trabajo también pone de manifiesto, de forma más difusa, que conceptos como equidad y eficiencia se han generalizado en el discurso de la política sanitaria debido a la influencia de la disciplina. 

Eficiencia y equidad
 Precisamente, si hay dos palabras 'tabú' al hablar de economía de la salud, éstas son, sin duda, eficiencia y equidad. Sobre ellas recaen múltiples interpretaciones, pero la mayoría de los expertos, ya sean economistas o médicos, concluyen que eficiencia y equidad son los componentes de la pócima mágica que puede dar la respuesta ideal a las demandas del sistema sanitario. Sólo con la eficiencia y la equidad, opina el doctor Juli Fuster, es posible poder ofrecer la máxima cantidad de servicios posibles a la población de la forma más repartida posible y al mismo tiempo de forma eficiente, sin pagar cosas que no sirvan para nada. A juicio del experto, por este motivo, ahora, se manejan mucho términos como gestión clínica o Medicina basada en la evidencia, por ejemplo, conceptos que esconden detrás una repercusión económica muy importante. Fuster reconoce que en España existe un buen sistema sanitario y que es bastante equitativo; "no hay diferencias sustanciales entre territorios, lo que es muy positivo", asegura. Sin embargo, alerta sobre la necesidad de no bajar la guardia, ya que "estamos en un mundo donde la tecnología corre más que nosotros, en el que el gasto sanitario aumenta una barbaridad por este motivo y donde la longevidad es cada vez mayor, lo que también provoca unas demandas de salud más elevadas al sistema sanitario".

En este sentido, un trabajo de las economistas Beatriz González López-Valcárcel y Rosa Urbanos Garrido pone de relieve que la equidad es uno de los criterios de consenso que orientan la elección social y debería contribuir a definir las prioridades de la política sanitaria. Pero según añaden, "es un mal síntoma que ni siquiera seamos capaces de llegar a un principio de acuerdo consensuado de equidad, con validez y aceptación social contrastada, y que la equidad sea casi siempre un capítulo aparte en los manuales de economía de la salud, independientemente del que se dedica a presentar los métodos de evaluación económica de intervenciones y tecnologías sanitarias". Añaden estas dos expertas que "los manuales no dicen cómo incorporar criterios de equidad en las evaluaciones económicas, por lo que ésta es una senda de avance científico por la que sólo recientemente se ha comenzado a transitar, con aportaciones destacadas de algunos españoles". 

Enrique Fuentes Quintana y José Barea indicaban ya en 1996, en su trabajo titulado "El déficit público de la democracia española", que el gasto en Sanidad seguirá aumentando en los próximos años por el crecimiento demográfico, el envejecimiento de la población, el aumento de la prestación real media, las nuevas tecnologías y el incremento de la calidad. Según estos economistas, en el futuro sólo causará crecimiento en el gasto el envejecimiento de la población y la prestación real media. Añaden que, a medio plazo, si el PIB crece a razón un 2,5 o un 3 por ciento anual, el gasto sanitario es soportable. Sin embargo, Quintana y Barea consideran que a largo plazo se necesitaría un sistema sanitario más eficiente. Para ello, proponen, por ejemplo, la creación de mercados internos, la regulación del acceso a los estudios de Medicina y el control del gasto farmacéutico, que recuerdan que es el más alto de Europa.

En la misma línea, el profesor Guillem López Casasnovas incide en que debe preocupar el aumento del gasto en Sanidad debido al incremento de prestaciones reales. A su entender, debe darse un mayor énfasis a la eficiencia. López Casasnovas mantiene que la influencia de una sociedad cada vez más 'medicalizada', que espera que el sistema sanitario tenga capacidad resolutoria de los distintos problemas de salud, obliga a un ejercicio de fijación de prioridades. En este sentido, indica que las posibilidades que ofrece el conocimiento sanitario son globales, pero los recursos con los que cada cual las ha de afrontar son locales. De ahí que, según Guillem López, todo racionamiento se visualice en gran medida como frustración de bienestar colectivo para el que la confrontación política puede arrojar rentas electorales importantes. En este contexto, asegura que la racionalización del gasto sanitario deviene una misión extremadamente compleja.

Evaluación económica 
 Respecto a las herramientas empleadas por esta disciplina, una de las que mayor impacto presenta son los estudios de evaluación económica. Así lo considera Joan M. Cabasés, para quien la evaluación económica es tal vez la herramienta más relevante para el acercamiento a decisiones colectivas que en el ámbito de la Sanidad deben adoptarse en un momento determinado. Para Lluís Bohigas, la evaluación "ha sido una gran aportación que la economía, junto con la epidemiología, hemos hecho al sector sanitario". Para Bohigas, esta aportación coincide con otras líneas de acción como la Medicina basada en la evidencia, que han contribuido a hacer que tanto la Medicina como el sistema sanitario se basen en los hechos y no en las ideologías. Pero, ante los estudios de evaluación económica, Joan M. Cabasés cree que el gran problema es que todavía no se ha logrado transmitir la credibilidad que éstos necesitan para tener una verdadera influencia en los ámbitos de decisión. "No sé si es porque lo hacemos muy bien docentememente hablando, y como la evaluación económica lo explicita todo, dejamos demasiado a las claras las limitaciones de los propios estudios", señala Cabasés. Este economista, profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, considera que aparte de las limitaciones que en sí misma tiene la evaluación hay que añadir las dificultades a la hora de hablar de costes unitarios que sean aplicables a estudios que sirvan para hacer comparaciones con otros trabajos. En definitiva, Cabasés cree que claramente tienen más credibilidad los ensayos clínicos que los trabajos de evaluación económica, ya que los primeros "tienen protocolizada la forma de hacer. La seguridad y la eficacia clínicas parecen ser una condición 'sine qua non', una premisa necesaria para empezar a hablar a la hora de aplicar algo". En parecidos términos se pronuncian otros profesionales, como Manuel Segura quien desde su experiencia en el Ministerio de Sanidad pone de manifiesto que es una labor muy importante por parte de los economistas de la salud y, sobre todo, de aquellos organismos que están trabajando en estas materias, dar un alto grado de credibilidad a los estudios y poder transmitir así la sensación de independencia con que se realiza un estudio de evaluación económica.

Joan Rovira, desde una visión más optimista, afirma que su experiencia le ha hecho acercarse a algún estudio económico cuando ha habido que tomar decisiones sobre programas nuevos. Como ejemplo, cita que "la medida de sentido común que de forma más clara he visto en mi experiencia en la Administración ha sido la cita previa: esa medida tiene un enorme sentido común, pero no se explica cómo a nadie se le ocurrió hace 50 años", y añade que para poner en marcha la cita previa en España "hicimos estudios económicos previos". Rovira cree que la preocupación por buscar una información económica detrás de una decisión viene de antiguo, y por lo menos ya lleva implantada más de diez años en nuestro sistema sanitario.

Autocrítica y futuro
Veinte años de Jornadas de Economía de la Salud han servido para reflexionar sobre muchos e importantes temas, pero cuando ha transcurrido todo ese tiempo también es momento para la autocrítica. Lluís Bohigas, afirma que la AES, que él presidió por vez primera, debe acusarse de tres pecados: el economicismo, la evaluación y la racionalidad. El experto explica que "cuando hace 20 años empezamos a andar, el análisis económico era un desconocido en el sector sanitario, y pusimos nuestro mayor entusiasmo en extender la buena nueva. Nuestro entusiasmo, junto con la política del control de los costes que se inició en la política sanitaria española a principios de los años 80, dio lugar a que se criticase a los economistas de la salud de economicismo". Sin embargo, para Rovira esta crítica no es del todo merecida, ya que "también podríamos hablar de gerencialismo, politización, y otros excesos que ha sufrido el sector sanitario". De todas formas, reconoce Joan Rovira que "quizá nosotros debíamos haber establecido con mayor claridad los límites de nuestra aportación: la economía era un instrumento y no la finalidad del sector de la salud", remarca. La racionalidad es una gran herramienta de trabajo de la economía "que nosotros hemos intentado incorporar al sector sanitario, y por ello estamos sujetos a las mismas críticas que ha recibido la economía respecto a las creencias sobre la racionalidad del género humano", dice Rovira. La diferencia entre explicar utilizando la racionalidad e imponer criterios racionales no se ha sabido transmitir, según Rovira, quien manifiesta que "la economía de la salud solamente puede ayudar a explicar, en ningún caso puede imponer a los médicos, a los gestores o a los políticos nuestra propia visión de la racionalidad".

El objetivo de la AES está ahora en el siglo XXI. José Martín, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, aventura que el tema estrella en el futuro pasa por la financiación territorial de la Sanidad pública. De esta forma, Martín indica que en los próximos años los políticos, gestores y investigadores "deberán remangarse" para estudiar cómo debe repartirse el presupuesto del Estado en Sanidad a las comunidades autónomas, y cómo deben solucionarse las diferencias, "en algunos casos abismales", existentes entre comunidades en cuanto a gasto 'per cápita'. Se trata de un problema delicado, a juicio del profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, que se produce en el marco de un proceso de cambios en la forma de prestación de servicios, cuando se está transitando de modelos burocráticos a modelos más flexibles de gestión.  

 

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