Diseño e implantación
de la carrera profesional para los médicos del SNS
Varios son los motivos que han
impulsado la implantación de la carrera profesional como m ecanismo de
incentivo, tales como los inconvenientes asociados a la
promoción dentro de la carrera jerárquica, la progresiva descentralización
de competencias sanitarias así como las reformas orientadas
hacia la dotación de una mayor autonomía de gestión de los centros
-autonomía que se extendería a la gestión de personal- y que han favorecido la puesta en marcha de varios modelos de carrera profesional
en nuestro sistema sanitario. A partir de estas constataciones, y
tomando como referencia los principales rasgos de la carrera
jerárquica, se analizan en este artículo las peculiaridades de
este mecanismo: las características que debería cumplir para
que actúe como un verdadero elemento motivador; algunos de los
rasgos característicos de los modelos existentes en la
actualidad; y, finalmente, los posibles inconvenientes asociados
a su diseño y puesta en práctica. |
Begoña González-Busto Múgica y Begoña López
Fernández, Departamento de Admón. de Empresas y Contabilidad de la
Universidad de Oviedo
El sector sanitario se caracteriza por ser intensivo en
trabajo, de ahí que la gestión de sus recursos humanos cobre en él especial relevancia.
Esta importancia se aprecia al observar el enorme peso que adquiere el apartado de
personal en las partidas presupuestarias de los organismos públicos sanitarios
-aproximadamente un 45 por ciento en el año 2000. Así pues, aspectos tales como la
formación, selección, contratación e incentivos aplicados cobran especial relevancia.
Si se centra la atención en el sistema de incentivos, las
implicaciones de la falta de motivación del personal médico sanitario son múltiples,
pudiendo afectar tanto a la eficacia como a la eficiencia del sistema.
Así, por ejemplo, la falta de motivación puede traducirse
en una menor productividad (1), con su consiguiente efecto negativo sobre las listas de
espera; o el hecho de percibir el profesional que la retribución obtenida en el sector
público es insuficiente, puede llevar a la búsqueda de compensaciones externas al
sistema, o afectar a la controvertida compatibilidad con el ejercicio privado de la
Medicina.
De este modo, el diseño de un adecuado mercado laboral
interno y de un sistema de incentivos efectivo cobra especial interés. Las deficiencias
subyacentes al modelo de gestión de personal tradicionalmente empleado en el sistema
sanitario español se pusieron ya de manifiesto en la primera evaluación efectuada en
1991 del SNS español por la Comisión Abril. Los problemas entonces reseñados se
mantienen vigentes, hecho que viene a constatar la inercia existente en la gestión de
personal sanitario y las dificultades para modificar el sistema tradicional e implantar un
nuevo marco de gestión. La falta de motivación del personal sanitario y la rigidez
estructural del sistema se han intentado paliar a través de propuestas de reforma,
algunas de las cuales se han tratado de implementar en la práctica. Entre ellas, cabe
destacar la dotación de autonomía de gestión a los centros sanitarios -autonomía que
se extendería también a la gestión de sus recursos humanos- o las propuestas de diseño
de carreras profesionales que mitiguen en parte los problemas asociados al empleo de la
carrera jerárquica como instrumento de incentivo.
El aplanamiento de las
estructuras
de muchas organizaciones ha originado
la creación nuevas alternativas
de ascenso, tales como los movimientos
laterales u horizontales |
El fracaso de algunas de las reformas puestas en marcha
-en muchas ocasiones iniciadas con el rechazo del colectivo médico- no hace sino resaltar
la importancia de un estudio en profundidad de los efectos que, a medio y largo plazo,
cabe esperar de ellas.
El mercado laboral interno en la Sanidad pública
española:
características y carencias
El personal médico que presta sus servicios en la Sanidad pública puede desarrollar toda
su carrera profesional en la correspondiente organización o entidad -bien sea el Insalud
o el servicio de salud de la correspondiente Comunidad Autónoma-, de modo que el sistema
conforma un mercado laboral interno. En líneas generales, este tipo de mercados se pueden
definir como los flujos y niveles de personal a través de los diversos puestos de la
organización (Rosen, 1987). En concreto, estos mercados constan de un empleador y sus
empleados permanentes (Milgrom y Roberts, 1992) y se caracterizan por la existencia de
relaciones laborales a largo plazo, puertas de entrada limitadas, carreras definidas
dentro de la organización y promociones. Además, cabe señalar que el mercado laboral
interno apenas interactúa con el mercado laboral externo, puesto que la movilidad hacia y
desde el mercado interno es reducida y las condiciones externas apenas ejercen influencia
en la asignación de puestos y la retribución interna. En definitiva, los mercados
internos, más que reflejar las condiciones del mercado general, operan en gran medida
según normas administrativas propias.
Estos mercados se suelen desarrollar cuando se necesita
capital humano específico, la empresa ostenta una posición monopolística o, al menos,
es grande o se halla en fase de crecimiento, dispone de un importante departamento de
personal y se enfrenta a escasez de mano de obra (2).
Si se centra la atención en el sector público, debe
analizarse si la mayoría de estas características se cumplen en el caso concreto de la
Sanidad pública. Si se centra la atención en el Insalud, ésta es la organización de
mayor tamaño en el sector sanitario español en la actualidad. El Insalud experimentó un
gran crecimiento en el pasado y también se enfrentó a escasez de mano de obra,
circunstancias ambas que ya no se producen en el presente (3); finalmente, el capital
humano de los trabajadores es especializado pero no específico.
Por una parte, el capital humano de los médicos es muy
especializado, ya que si no se dedican a la Medicina, sus conocimientos resultan de escasa
aplicabilidad en otro ámbito. La especificidad de ese capital no parece extenderse a la
organización en la que trabajan; es cierto que los profesionales de la Sanidad pública
realizan inversiones en el conocimiento del funcionamiento administrativo, que pierden
todo su valor en el caso de perder el empleo público, pero más allá de estos
conocimientos, el resto de su capital humano es perfectamente trasladable a la práctica
privada. La excepción la constituyen aquellos médicos muy especializados que necesitan
un capital físico muy costoso -difícilmente financiable por el sector privado- ya que
pocos particulares pueden costear esos tratamientos sin un seguro, resultando
problemático alcanzar el tamaño mínimo eficiente. En esos casos, el profesional puede
quedar ligado a la relación con el hospital público, porque su capital humano perdería
gran parte de su valor en un empleo alternativo (González-Busto y López, 1999).
En los mercados internos de trabajo del SNS los incentivos
aplicados suelen ser a largo plazo, basándose, fundamentalmente, en las promociones y el
empleo vitalicio. El motivo es la inexistencia de medidas objetivas que reflejen el
rendimiento diario en la actividad asistencial y permitan el diseño de incentivos a corto
plazo. Además, los incentivos a largo plazo promueven el interés por actividades cuyos
resultados sólo son visibles tras un período prolongado de esfuerzo, como por ejemplo,
la investigación.
En estos mercados, el sueldo se liga al puesto que se
desempeña más que al rendimiento individual de cada trabajador, utilizándose en mayor
medida incentivos a largo plazo basados en indicadores subjetivos, que otros a corto plazo
basados en medidas del esfuerzo.
Dos motivos justifican el empleo de este tipo de incentivos:
-Por un lado, la dificultad para establecer, en el caso
concreto de la Sanidad pública, medidas objetivas de rendimiento, que tengan un sentido
económico y sanitario.
-En segundo lugar, el hecho de que este tipo de incentivos es
más adecuado cuando se busca potenciar la coordinación interna frente al logro de
objetivos a corto plazo.
En estas circunstancias, una vez que el profesional ha
alcanzado la máxima retribución correspondiente a su rango, sólo puede mejorar
obteniendo un ascenso. Las promociones son, por tanto, el principal mecanismo de incentivo
en los mercados internos de trabajo y este mecanismo se ve favorecido por la permanencia
del personal en la misma organización durante la mayor parte de su vida profesional.
Las promociones dentro de la organización cumplen dos
funciones básicas: en primer lugar, facilitan la asignación de los individuos a los
puestos que mejor puedan desempeñar, de modo que puedan contribuir en mayor medida a los
resultados y éxito de la organización y, en segundo lugar, sirven como instrumento de
incentivo y recompensa para el personal (Baker, Jensen y Murphy, 1988; Milgrom y Roberts,
1992).
Las promociones son el
principal incentivo
en los mercados internos de trabajo, el cual
se ve favorecido por la permanencia del personal
en la misma organización durante la mayor parte
de su vida profesional |
Sin embargo, el empleo de la promoción como mecanismo de
incentivo plantea una serie de inconvenientes (4), que también se manifiestan en la
Sanidad pública. Entre ellos cabe señalar su carácter discreto, el riesgo de creación
de puestos innecesarios para alimentar el sistema de incentivo; el hecho de que su
efectividad depende de la identidad y horizonte temporal del inmediato superior y de que
no actúa como incentivo para aquellos individuos que se alejan del standard de
promoción, así como el riesgo de aparición de actividades de influencia.
La carrera profesional horizontal
Todos estos inconvenientes, unidos a las reducidas posibilidades que ofrece la limitada
carrera jerárquica en la Sanidad pública española, han propiciado la propuesta de una
carrera profesional horizontal, en la que la consecución de niveles superiores impliquen
mayor prestigio y retribución, pero no mayor poder o capacidad de mando (Ortún, 1990)
(5).
Cabe mencionar a este respecto, que la aplicación de este
tipo de incentivo horizontal dentro de los mercados laborales internos no es exclusivo o
se limita al ámbito sanitario. Así, en general, el aplanamiento de las estructuras de
muchas organizaciones ha originado la necesidad de crear nuevas alternativas de ascenso,
tales como movimientos laterales u horizontales. Ahora bien, el problema que subyace a
este nuevo mecanismo de incentivo proviene del hecho de que en la cultura de muchas
organizaciones el ascenso o avance en la carrera profesional se halla íntimamente ligado
a la promoción vertical (Dolan, Schuler y Valle, 1999).
Varios sistemas de carrera dual o de doble escalera han
sido implantados con éxito en diversas empresas (6) que han percibido los inconvenientes
asociados a la promoción jerárquica como incentivo y las ventajas asociadas a este nuevo
modelo, en términos de capacidad motivadora y achatamiento o aplanamiento de la
estructura organizativa.
Así pues, este problema es común a otras organizaciones que
han desarrollado mercados internos de trabajo. Por ejemplo, empresas japonesas donde son
frecuentes estos mercados han diseñado una doble jerarquía donde los sueldos no se ligan
a la posición jerárquica ni al esfuerzo o ta- reas realizadas. En su lugar, se les
retribuye por las habilidades adquiridas y por su rendimiento estimado según una segunda
clasificación distinta a la jerárquica. De este modo, personas con la misma posición en
la jerarquía formal pueden ganar sueldos muy diferentes.
Estas empresas suelen tener departamentos de personal muy
desarrollados para gestionar las carreras complejas de los empleados y también han sido
imitadas por otras empresas occidentales con mercados laborales internos, con el fin de
disponer de trabajadores con capacidad para adaptarse rápidamente a nuevas tareas y
cambios ambientales.
La "carrera profesional" puede definirse como un
sistema de promoción profesional integrado por diferentes categorías, a las que se
accede consecutivamente en razón de los méritos y actividades desarrollados a lo largo
de la vida profesional (Pérez Corral, 1999). La carrera profesional es un sistema de
promoción independiente y paralelo al sistema de promoción jerárquico (carrera
jerárquica) vigente en la actualidad. En este sentido, cabe destacar la distinción entre
categoría -propia de la carrera profesional -y cargo -propia de la carrera jerárquica-.
La categoría es un distintivo que se logra en función de una experiencia y de una
competencia profesional e implica una autoridad de tipo moral, mientras que el cargo
implica un liderazgo de gestión y de delegación de autoridad jerárquica.
La carrera profesional debería ser diseñada de modo que
existan los "peldaños" o categorías necesarias para cubrir toda la vida
profesional del médico -por ejemplo 4 ó 5 categorías- y la nomenclatura empleada
debería estar desligada de toda connotación de jerarquía o autoridad. El paso de una
categoría a otra debería ir acompañado de un incremento salarial y no debería existir
limitación o cupo, en cuanto al número de profesionales dentro de cada categoría -de
este modo se eliminaría el problema de inaccesibilidad característico de la promoción
vertical tradicional.
En cuanto a los mecanismos de ascenso en la carrera
profesional, deben depender de dos elementos clave (Pérez Corral, 1999): el tiempo
-necesario para adquirir experiencia, siendo una condición necesaria pero no suficiente-
y los méritos. Existe unanimidad de criterio de que el elemento más relevante a la hora
de valorar los méritos es la actividad asistencial aunque también la docente y la
investigadora.
Pueden emplearse distintos indicadores, tal y como se recoge
en la Figura 2 en la que aparecen clasificados según su grado de complejidad.
La evaluación de los indicadores elegidos correría a cargo
un comité de promoción o comisión de evaluación con representación de los propios
profesionales, directivos del centro y expertos o asesores externos.
Una de las ventajas de la carrera profesional, frente a la
carrera jerárquica, es su posibilidad de adaptación a las peculiaridades de cada centro.
De este modo, cada centro podría diseñar su propia carrera profesional y hacerla
depender de aquellos indicadores que mejor se correspondan con sus objetivos -por ejemplo,
un hospital universitario podrá hacer más hincapié en las labores docentes o un
hospital de alta tecnología, en las labores de investigación-.
La Figura 3 refleja un análisis comparativo de la carrera
profesional y la carrera jerárquica, demostrándose el mayor potencial incentivador de la
primera frente a la segunda.
Si comparamos las principales características de la carrera
profesional frente a la carrera jerárquica, cabría destacar que ésta otorga una
autoridad moral, pudiendo adaptarse a las peculiaridades de cada centro; que su cupo es
ilimitado; y que en la práctica el número de categorías puede oscilar entre 4 y 7.
Estas dos últimas circunstancias eliminan algunos de los problemas de la carrera
jerárquica como mecanismo de incentivo. En esta última, el cupo limitado reduce las
posibilidades de ascenso, pudiendo alcanzar el máximo cargo a una edad temprana, con lo
que el incentivo desaparece para el ascendido y para el resto de profesionales.
Si se centra la atención en algunos de los modelos de
carrera profesional aplicados en la actualidad, cabe destacar el caso del Gregorio
Marañón, cuya carrera está compuesta por 5 niveles, valorándose, entre otras, la
actividad asistencial, la actitud y motivación o la actividad docente y científica
-véase Figura 4-. Si se observan las puntuaciones exigidas para cada categoría, se
aprecia cómo, a medida que se avanza, se reduce el peso de la actividad asistencial y se
incrementa el de la actividad científica y docente (7). De este modo, se aprecia como el
incentivo se desplaza desde la actividad asistencial hacia la actividad investigadora, en
virtud del principio de igualdad en la compensación (8).
En cuanto al modelo aplicado en Servicio Navarro de Salud,
éste también consta de 5 niveles, pudiendo ascender al máximo en 25 años. En este
caso, 2/3 de la puntuación total necesaria para ascender de categoría ha de obtenerse a
través méritos asociados a la actividad asistencial, un 20 por ciento por
perfeccionamiento y actualización y el resto, indistintamente asociados a unos u otros
(9). Por lo tanto, tal y como se había mencionado previamente, se otorga mayor peso a la
actividad asistencial frente al resto de méritos.
También se puede hacer mención a la propuesta efectuada por
la Coordinadora de médicos de hospitales. En la misma, se plantea como criterio para
acceder a la carrera la posesión de la plaza en propiedad. Plantean el establecimiento de
4 niveles que abarcarían 25 años, siendo los criterios de ascenso la antigüedad, la
actividad asistencial y los méritos científicos acumulados. Y en cuanto a los efectos
del ascenso, serían económicos y no-económicos, como por ejemplo, reducción de la
carga asistencial o mayor capacidad de representación.
Conviene señalar que esta propuesta defiende el establecimiento de un modelo
genérico, aunque con posibilidad de adaptación a las peculiaridades de los centros, más
que a las autonomías.
En el ámbito catalán, el modelo de carrera profesional
aplicado en la XHUP (red hospitalaria de utilización pública) que afecta a 34 hospitales
catalanes concertados y a unos 4.000 médicos se caracteriza por la existencia de 3
niveles no consolidables (es decir, con posibilidad de retroacción). Por otro lado, el
modelo aplicado en el IMAS (Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria) -único caso de
carrera profesional aplicada en Atención Primaria- consta de 4 niveles, para cuya
consecución se valoran conocimientos técnicos, capacidades en términos de
comunicación, docencia y trabajo en equipo, así como la actualización de la formación
continuada. Además, se estudia la actividad asistencial y científica y la actitud del
profesional. Por último, al igual que sucede en el modelo del Gregorio Marañón, a
medida que se avanza en la carrera, aumenta la proporción de puntos que se exigen en
productividad científica y decrece la cantidad exigida por actividad asistencial.
La carrera profesional
debería ser diseñada
de tal modo que existan peldaños
o categorías necesarias para cubrir toda la
vida profesional del médico |
Análisis de la eficacia de la carrera profesional
en términos de incentivos
Una vez presentadas las causas de aparición de la carrera
profesional, sus principales rasgos, así como varios modelos vigentes en la actualidad,
cabe cuestionarse su eficacia en términos de incentivos.
Para ello, no se debe olvidar que el fin último de su
establecimiento no es otro que mejorar la motivación del personal y la orientación de su
comportamiento al logro de los objetivos del sistema.
1. Uno de los aspectos más discutidos entre aquéllos que
abogan y defienden la implantación de una carrera profesional es su ámbito de
aplicación. En este sentido, se observan dos posturas contrapuestas. Por un lado,
aquéllos que defienden el establecimiento de un modelo genérico, aplicable a todo el
territorio nacional y, por otro, aquéllos que presentan como una ventaja de la carrera
profesional su capacidad de adaptación a cada servicio de salud e incluso a cada centro.
De hecho, la aplicabilidad de los modelos existentes en la actualidad se circunscribe a
una determinada Comunidad Autónoma, a redes hospitalarias e incluso, a un centro
determinado.
Los defensores de una
carrera profesional
genérica para todo el SNS proponen
la posibilidad de adecuar un modelo genérico
a las peculiaridades autonómicas y locales |
Sin embargo, cabe señalar que los defensores de una carrera
profesional genérica para todo el SNS español incluyen en sus propuestas la posibilidad
de adecuación del modelo genérico a las peculiaridades autonómicas y, especialmente,
locales. Se trata, por tanto, de una decisión crucial, dado que la creación de modelos
particularistas podría afectar negativamente a la movilidad del personal médico,
reduciendo su capacidad motivadora, si el profesional se plantea desplazarse o cambiar de
destino en un futuro.
2. Además, la desigualdad en el acceso al cumplimiento de
determinados méritos también podría mermar su eficacia como incentivo, ya que la
posibilidad de desarrollar méritos docentes e investigadores se ve sesgada o depende en
gran medida del tipo de centro en que se presten servicios; es decir, si se trata de un
hospital universitario o no, o de un centro comarcal o de referencia. Así pues, cierta
adaptación a las peculiaridades del centro sería necesaria, pudiendo este hecho crear
dificultades en su gestión.
3. En tercer lugar, otro aspecto a tener en cuenta son las
limitaciones en cuanto al personal afectado por el incentivo. Un aspecto común a la
práctica totalidad de modelos existentes en la actualidad en cuanto a su acceso a la
misma es el poseer una plaza en propiedad. Este requisito, dada la elevada tasa de
inestabilidad laboral existente en la actualidad en la Sanidad pública, reduciría en
gran medida el impacto de este incentivo, al menos hasta que se resuelva el problema de
este colectivo.
Si se centra a continuación la atención en las variables o
criterios tenidos en cuenta para avanzar dentro de la carrera horizontal, caben destacar
los siguientes aspectos:
En primer lugar, la antigüedad, condición necesaria, aunque
no suficiente, para ascender, es un criterio de carácter objetivo, hecho que reduce la
desconfianza del evaluado, en comparación con los criterios subjetivos. Sin embargo, se
trata de un factor ajeno al alcance del esfuerzo del trabajador.
El fin
último del establecimiento de este
mecanismo incentivador no es otro que
mejorar la motivación del médico y orientar
su comportamiento al logro de los objetivos
del sistema |
Este criterio, junto con otros, como puede ser la evaluación
de la actividad científica, todos ellos objetivos, se combinan con otros de carácter
subjetivo, como por ejemplo la actitud y motivación del profesional. La evaluación de
estos méritos correría a cargo del inmediato superior, que, en definitiva, es quién
mejor puede conocer el desempeño y la labor realizada por el evaluado. Así pues, sería
útil en la medida en que los evaluadores tuvieran los incentivos adecuados para
apropiarse de los costes o beneficios derivados de tales decisiones. Sin embargo, en la
práctica, se observa como en estos casos, los encargados de tales decisiones optan, en
general, por valorar igual y positivamente a todos. Esto es debido a que, en último
término, ellos soportarían los costes personales derivados de las malas calificaciones
de sus subordinados.
Otro aspecto a tener en cuenta es la combinación, en alguno
de los modelos diseñados, del logro de resultados individuales, como puede ser la
formación continuada o la producción científica, con otros de grupo, como el grado de
cumplimiento de los objetivos del servicio o grupo de trabajo.
Los resultados individuales pueden ser directamente
controlados por el médico, a través del esfuerzo invertido en esas actividades; sin
embargo, la consecución de los objetivos de grupo depende de variables que el individuo
no puede controlar, como es el esfuerzo de sus colegas, que pueden no compartir sus
aspiraciones o motivación.
En cuanto al establecimiento de comités de evaluación
mixtos, compuestos por agentes externos e internos, genera un efecto positivo en términos
de mejor aceptación y menor desconfianza en la evaluación realizada, reduciendo asimismo
el riesgo de aparición de actividades de influencia asociadas a este tipo de decisiones,
especialmente cuando la evaluación o decisión final corre a cargo de un único decisor.
Conclusiones
La falta de motivación del personal médico sanitario es un hecho constatado,
desmotivación que se agudiza al incrementarse el tiempo de permanencia en el sistema.
Así pues, el establecimiento de algún tipo de incentivo adicional, como puede ser la
carrera profesional horizontal, sería adecuado.
Sin embargo, debe extremarse el cuidado en su diseño y
puesta en práctica. En función de las reflexiones efectuadas, -referentes a su ámbito
de aplicación, al personal realmente afectado por este incentivo, a la desigualdad en el
acceso al cumplimiento de méritos, así como combinación de criterios objetivos y
subjetivos, individuales y de grupo, que pueden dificultar su comprensión y gestión-
cabe cuestionarse, hasta qué punto su implantación se va a traducir en cambios
apreciables en el comportamiento, fin último del establecimiento de cualquier sistema de
incentivos.
------------------------------
Ponencia presentada en las XXI Jornadas de Economía de la Salud, organizadas por la AES
(www.aes.es), Oviedo, 2001.
Notas
|
1) Tal y como señala López
Casasnovas (2000), el aumento del coste de oportunidad del desempeño del puesto en el
sector público puede traducirse en una disminución de la carga de trabajo efectivamente
realizado.
2) Véase Pfeffer y Cohen (1984) para un análisis más detallado de las causas de
aparición de los mercados laborales internos.
3) A pesar de que diversos colectivos se han esforzado en controlar la oferta a través de
los numerus clausus en las facultades de medicina y de la convocatoria de plazas MIR.
4) Para un análisis más pormenorizado de las dificultades e inconvenientes asociados a
estos mecanismos, véase González-Busto y López (1999; 2001)
5) En el Plan Estratégico del INSALUD de 1997 también se destaca la ausencia de una
carrera profesional para los médicos del INSALUD y la necesidad de crearla.
6) Entre ellas cabe destacar, por ejemplo, 3M, Toshiba, Honda Motor Co. Ltd.
7) Esta pauta es similar a la observada en otros modelos, como podría ser el caso de la
universidad, en la que la obtención de un sexenio de investigación se traduce en una
reducción de la carga docente. En definitiva, se favorece a aquéllos que han tenido
éxito en las primeras rondas de evaluación.
8) Este principio se fundamenta en situaciones en las que el agente ha de llevar a cabo
diversas tareas como parte de su relación con el principal, debiendo asignar tiempo y
atención a cada una de ellas. En el caso de que esa asignación de tiempo y atención no
pueda ser adecuadamente controlada por el principal, aquella actividad con menor
rendimiento marginal no recibirá ni tiempo ni atención por parte del agente,
centrándose este último en aquella actividad que mayor tasa de retorno marginal le
produzca (Milgrom y Roberts, 1992).
9) Señalar que la Ley foral que regula la implantación de la carrera profesional
establece que "la puntuación establecida para el apartado de actividad asistencial
supondrá en todo caso al menos, la mitad de la puntuación total exigida por baremo para
el ascenso de nivel" (artículo 7.3). |
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