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Las relaciones de "agencia" en el Sistema Nacional de Salud 

 

Una relación de "agencia" puede ser definida como todo acuerdo o contrato en función del cual una persona, principal, acuerda con otra, agente, que este último realice algún servicio en su nombre, de lo que se deduce que de dicha relación emana una delegación de poder. El sector sanitario es un buen ejemplo de la multiplicidad y complejidad de las relaciones de "agencia" existentes en la actualidad en las que los facultativos se encuentran de lleno involucrados. El "gap" de información que existe entre los pacientes y éstos; su vínculo con los centros; las presiones a las que están sometidos frente a los suministradores, etc., generan diversos problemas de "agencia", haciéndose especial mención en este artículo al tipo de relaciones que se establecen en el proceso de convocatorias de plazas MIR en el SNS.

 

Mª Isabel Alonso Magdaleno
Doctora en Dirección de Empresas. Departamento de Administración de Empresas y Contabilidad de la Universidad de Oviedo 

La información con la que los agentes económicos acuden a negociar no es, necesariamente, igual. Es por ello que la parte mejor informada obtiene ventajas respecto a la parte que dispone de menos, o peor, información.

La existencia de estas asimetrías informativas conduce a la posibilidad de comportamientos oportunistas, aumentando esta posibilidad a medida que aumenta la asimetría de información. Asimismo, la intensidad de las asimetrías dependerá de la inversión que cada parte realice en la búsqueda de la información relevante. Del mismo modo, cada parte invertirá en función de sus expectativas de beneficio y de su aversión al riesgo, por lo que las partes casi siempre dispondrán de distinto volumen de información. En definitiva, la parte mejor informada obtendrá mayores ventajas, por lo que las asimetrías informativas son consecuencia de que cada participante en el intercambio suele tener más información sobre alguna de las variables relevantes.

Esta situación se puede presentar tanto con anterioridad como con posterioridad al establecimiento de la relación por lo que se generarán dos tipos de asimetría diferenciados en función del momento en que se produzcan. En este sentido, si la asimetría tiene lugar antes de contratar -ex ante- surge un problema de selección adversa. Si por el contrario la asimetría tiene lugar o aparece una vez establecida la relación -ex post-, surge un problema de riesgo moral.

Los problemas de selección adversa aparecen cuando una parte de la relación posee información que revela de forma selectiva en su provecho y en perjuicio de la otra parte; es decir, la información privada que oculta perjudica deliberadamente los intereses de la otra parte de la relación. Por ejemplo, en una relación laboral se produce un problema de selección adversa cuando el agente afirme que posee determinadas habilidades o aptitudes en el momento de su contratación, lo cual resultará difícil de comprobar por parte del empleador en ese momento.

Por otro lado, los problemas de riesgo moral aparecen cuando el principal y el agente tienen objetivos individuales diferentes y el interesado no puede determinar con facilidad si los informes y acciones del agente persiguen sus objetivos o, por el contrario, responden a un comportamiento interesado por parte de éste. Este problema también aparece en las relaciones en las cuales las dos partes están en igualdad y ninguna de ellas puede considerarse como el agente de la otra.

El riesgo moral, por tanto, es un problema de información que surge debido a la dificultad de observar, controlar y exigir el comportamiento adecuado. Una de las partes puede tener la tentación de emprender una acción ineficiente o de proveer información distorsionada -llevando a otros a acciones ineficientes-, porque los intereses individuales no están en armonía con los intereses del grupo y porque la información no puede verificarse fácilmente ni puede observarse adecuadamente la acción (Milgrom y Roberts, 1992). Un ejemplo claro de riesgo moral sería, por ejemplo, el poco cuidado o poco esfuerzo en la prestación de un servicio cuando el cliente no lo puede observar o comprobar con facilidad.

En definitiva, este tipo de problemas surge cuando los compromisos exigidos en un contrato no son fácilmente observables; es decir, cuando una parte dispone de información privilegiada para incumplir los convenios alcanzados sin que el otro participante pueda tomar medidas al respecto.

Cuando el comportamiento no es observable el principal tiene dos opciones. La primera consistiría en intentar descubrir el comportamiento del agente realizando inversiones en sistemas de información. La segunda consistiría en establecer contratos basados en resultados.

Las relaciones de "agencia" en el sistema sanitario

Una "relación de agencia" puede ser definida como todo acuerdo o contrato en función del cual una persona, principal, acuerda con otra, agente, que este último realice algún servicio en su nombre, delegando en él cierta autoridad o poder de decisión (Jensen y Meckling, 1976).

A su vez, y dado que toda relación de agencia supone una delegación de poder, se pueden generar problemas de selección adversa y/o riesgo moral cuando existe la posibilidad de alcanzar acuerdos eficientes, cuando existen asimetrías informativas y cuando los objetivos del principal y agente difieren.

El sector sanitario es un buen ejemplo de la multiplicidad y complejidad de las relaciones de agencia existentes, que han sido tratadas, directa o indirectamente, por diversos autores como Feldstein (1974), Williams (1989), Ortún (1990), Valor y Ribera (1990), Wagstaff (1990), Elola (1994), Martín y López del Amo (1994) o Mooney (1994), entre otros.

Así, en la Figura 1 se muestran las principales relaciones de agencia identificadas en dicho sector siguiendo el esquema de Laffont (1996), desarrollándose en los siguientes epígrafes y en términos generales algunas de ellas. 

La relación médico-paciente
En este caso, la relación de agencia surge del "gap" de información existente entre el paciente y el médico. El médico, o agente, posee los conocimientos específicos y propios de su profesión; lo que dificulta el control por parte del paciente, o principal, pues éste carece de los conocimientos técnicos necesarios para conocer su estado de salud y los tratamientos disponibles, así como su idoneidad, de acuerdo a sus necesidades. Por ello, el paciente delega la autoridad en el médico, para que este último actúe como lo haría el paciente por sí mismo si estuviese en posesión de los conocimientos necesarios.

Obviamente, en la medida en la que el médico toma las decisiones teniendo en cuenta, en exclusiva, los intereses del paciente, la relación será perfecta; e imperfecta en caso contrario (Ortún, 1990).

 
La existencia de asimetrías informativas entre agente y principal conduce a la posibilidad de comportamientos oportunistas

No obstante, existe una serie de factores que hacen suponer que esta relación tiende a ser imperfecta (Martín y López del Amo, 1994):

1. En primer lugar, pueden existir motivos para no creer que el médico actúe de un modo altruista frente al enfermo. Piénsese, por ejemplo, en la demanda inducida por algunos estos profesionales como consecuencia de un comportamiento oportunista, aprovechando las asimetrías informativas a su favor. Lo más probable, por tanto, es que la relación sea imperfecta, por lo que habrá médicos que tiendan a tomar las decisiones, en parte, en función de sus preferencias o intereses personales, las presiones por parte de sus colegas profesionales, un sentido de ética médica y, probablemente, un deseo de hacer buen uso de los recursos disponibles.

2. La racionalidad limitada. En este sentido, el médico puede no po- seer información perfecta sobre los diversos tratamientos a aplicar, por otro lado la tendencia de algunos de estos profesionales a sobrevalorar la efectividad de los tratamientos recomendados y autojustificar todas sus decisiones, así como su orientación al corto plazo, hacen que esta relación tienda a ser imperfecta.

Respecto a la Sanidad pública, y dado que la prestación tiene un carácter "gratuito", el agente no está sometido a la presión de garantizar su servicio frente al principal creándose una reputación o perteneciendo a una organización que acredite su actividad; no obstante, y dado que en la actualidad se está haciendo posible la libre elección de médico, éste deberá incurrir en unos costes de garantía en su relación de agencia. 

La relación centro sanitario-paciente
Por lo que se refiere a la relación de agencia centro sanitario-paciente, destacar que en esta relación el centro sanitario, o agente, se compromete a defender los intereses del paciente, o principal, frente al profesional. No obstante, la estructura burocrática que caracteriza a los centros sanitarios dificulta la adaptación del comportamiento del centro en su conjunto a las necesidades de sus usuarios; con independencia de la relación médico-paciente, pues no favorece la individualización o personalización de los servicios que presta. 

La relación médico-centro sanitario
En este caso también existen importantes asimetrías informativas. Así, en este punto debe señalarse que la gran discrecionalidad de la que disfruta el médico, o agente repercute seriamente en los gastos totales en los que incurre el centro, o principal. Es decir, al profesional médico se le encomienda la toma de un gran número de decisiones, pues se supone que sus conocimientos le habilitan para ello y para decidir que alternativa es la más adecuada o no. Es por tanto el médico el que ha de decidir qué pacientes deben volver a la consulta, la frecuencia de las visitas, qué tratamientos deben seguir o, por ejemplo, qué intervenciones han de realizarse.

Además, debido a la gran cantidad de demandas interpuestas por los pacientes insatisfechos contra los médicos, éstos toman sus precauciones para evitar posibles litigios. Estas precauciones se traducen, por ejemplo, en tratamientos, revisiones o análisis de elevado coste; mediante los cuales el médico pretende asegurar que sus diagnósticos sean los correctos, dando lugar a la denominada "medicina defensiva".

Debe señalarse, sin embargo, que el aumento del número de pruebas efectuadas por proceso no depende en exclusiva de la tendencia a llevar a término una medicina defensiva, sino que también se justifica por los avances científicos.

Por otra parte, el comportamiento de muchos médicos está condicionado por la imagen de calidad del servicio que adquiere el paciente, que en muchas ocasiones depende de la percepción que éstos últimos tienen sobre la relación tratamiento-precio. Es decir, el paciente, debido a la asimetría informativa existente, tiende a asociar tratamientos caros a tratamientos de calidad.

 

El paciente delega la autoridad en el médico para que este último actúe como el primero lo haría por sí mismo


Todo ello afecta a los gastos totales del centro. Como señala Ortún (1990), la principal causa explicativa, específicamente sanitaria, del incremento del gasto sanitario es la mayor densidad de pruebas diagnósticas y terapéuticas por proceso. Lo anterior tiene su razón de ser, si se tiene presente que el médico forma parte del núcleo de operaciones de la burocracia profesional que configura el centro sanitario; por lo que goza de importante discrecionalidad en la toma de decisiones, como ya se ha señalado anteriormente, afectada por la imagen de calidad que pretende proyectar y por su interés en el acierto del diagnóstico. 

La relación suministradores-médico
En esta relación, la presión a la que está sometido el profesional médico, o principal, por parte del suministrador, o agente, podría llevar a elegir las opciones más caras; que en definitiva proporcionan un mayor margen al vendedor, aunque esta elección no sea la más adecuada en cada caso particular. Las "gratificaciones" recibidas por parte de los suministradores pueden llevarle a seleccionar aquella alternativa que más beneficio personal le reporte e independientemente del coste que ello pueda suponer para el centro.

Esto podría deberse a que ciertos profesionales no están tan orientados hacia el logro de los objetivos de la organización como a los suyos propios. El motivo de este comportamiento radica, fundamentalmente, en la ausencia de un adecuado esquema de incentivos que permita orientar el comportamiento del profesional hacia los objetivos de la organización y debido a que la normalización supone una excesiva preocupación por el cumplimiento de las normas establecidas; independientemente de si su aplicación favorece o no el logro de los objetivos generales perseguidos, los cuales, a su vez, son muy genéricos.

Se pone de manifiesto aquí, una vez más, el tema de la discrecionalidad decisoria del médico. Como señala Elola (1994), la excesiva politización y burocratización del Sistema Nacional de Salud favorece la tendencia de las organizaciones al logro de los objetivos y metas de sus agentes internos. 

El proceso de convocatoria de plazas MIR como un problema de "agencia"

Actualmente, se está convocando un número de plazas de formación médica especializada que supera, con creces, las necesidades o demandas sociales; lo que se pone de manifiesto a través de una bolsa de médicos especialistas creciente. Cabe cuestionarse entonces el porqué de unas políticas de convocatoria como las actuales que tienden a agudizar aún más los problemas de desequilibrio existentes en el sector.

Ello se puede comprender si se tiene presente que la convocatoria de plazas MIR es un proceso complejo, caracterizado por una serie de relaciones de agencia, en el cual intervienen varias partes tratando de conseguir que la convocatoria se realice en los términos que les sean más favorables.

En la Figura 2 se muestran las relaciones de agencia identificadas en el proceso de convocatoria de plazas MIR y que se detallan en la Tabla 1.

Las dos primeras relaciones de agencia se refieren a las relaciones Administración Sanitaria-licenciados y estudiantes de Medicina. En ambas relaciones licenciados y estudiantes pueden ser considerados como principal, quienes delegan en la Administración Sanitaria, o agente, para que ésta vele por sus intereses.

En el año 1995, y derivado de los requisitos establecidos por la normativa comunitaria que entraba en vigor, estudiantes y licenciados en bolsa histórica protagonizaban numerosas manifestaciones solicitando a la Administración sanitaria una solución a sus problemas, pues el número de plazas MIR ofertadas no era el suficiente como para "garantizar" el acceso a la especialidad por parte de estos colectivos. La respuesta de la Administración ha sido un compromiso -inicialmente durante cinco años- a incrementar progresivamente el número de plazas MIR, así a partir de ese año, y actualmente, la tasa de cobertura es superior al 100 por cien, para cubrir las necesidades de formación tanto de los recién licenciados del año como del colectivo en bolsa histórica.

No obstante, ello no garantiza el acceso a la especialización de todo el colectivo de recién licenciados, pues su acceso depende en buena medida de los accesos al sistema desde otros colectivos -bolsa histórica y bolsa de especialistas, fundamentalmente-; por lo que actualmente se ha conseguido reducir la bolsa histórica de licenciados sin especialidad pero ha aparecido una nueva bolsa de licenciados, la bolsa post-95, que engloba a los licenciados parados y posteriores a 1995 que no han conseguido acceder al sistema de especialización. Finalizados los cinco años de medida transitoria, y tras el anuncio de la Administración sanitaria de proceder a un recorte en las plazas de postgrado, licenciados y estudiantes han vuelto a reclamar una solución a sus problemas que les permita el acceso a la especialización; pues ésta es la única vía que les ofrece alguna posibilidad de poder ejercer su profesión.

Otra de las relaciones de agencia que aparece recogida en la Tabla 1, es la relación Administración sanitaria-Comisiones Nacionales de Especialidad. Cada especialidad dispone de una Comisión Nacional formada por un presidente y una serie de vocales que representan al colectivo. En esta relación de agencia las Comisiones de Especialidad, o principal, delegan en la Administración sanitaria, o agente, para que ésta vele por los intereses del colectivo. En este momento, y derivado de las actuales políticas de convocatoria, se está generando una bolsa de médicos especialistas creciente. Esto ha llevado a las distintas Comisiones de Especialidad a solicitar de la Administración sanitaria un serio recorte en las plazas de postgrado, en orden a preservar los intereses de este colectivo (1).

Respecto a los proveedores de la formación o unidades docentes acreditadas, éstos son los encargados de formar como especialistas a los licenciados y pueden ser considerados como agentes tanto de los licenciados como de la Administración Sanitaria. Para los proveedores de la formación el sistema MIR es un buen medio para proveerse, durante cierto tiempo, de mano de obra a bajo coste, por lo que tienden a sobredimensionarse; lo que a su vez va en detrimento de la calidad formativa ofrecida a sus residentes.

Algo similar está sucediendo en las Universidades las cuales, y dado que buena parte de su financiación procede del alumnado, no están interesadas en llevar a cabo un recorte de las plazas de pregrado y tienden a acomodarse a la máxima capacidad formativa de postgrado. Ello repercute en la calidad formativa de sus estudiantes, o principal, así como en un mayor número de licenciados; abocando de este modo a la Administración sanitaria, o principal, a un incremento del número de plazas de formación médica especializada.

Surge así un conflicto de intereses entre las distintas partes que intervienen en el proceso de convocatoria. Los licenciados, por su parte, presionan con la finalidad de conseguir un número de plazas MIR suficiente que les garantice el acceso a la formación especializada, mientras que las Comisiones Nacionales de Especialidad solicitan al Ministerio de Sanidad un control en el número de plazas, pues la oferta no se ajusta a la demanda; lo que tiende a incrementar la bolsa de médicos especialistas. Ello supone que el control de la bolsa de licenciados, vía incremento de plazas MIR, alimente la bolsa de especialistas y viceversa. Si bien una primera solución pasaría por el recorte de plazas en las Facultades de Medicina, las Universidades no parecen interesarse en esta medida, pues la financiación de las mismas depende en buena medida, y como ya se ha señalado, del número de estudiantes (2) (CESM, 1999). Por último, y como también se ha indicado, los proveedores de la formación tampoco están interesados en un recorte de plazas, por los motivos anteriormente expuestos (González, 1997; CESM, 1999).

Como señala la CESM (1999), tanto unos como otros, actualmente, están ubicados en un modelo del que obtienen unos beneficios que se resisten a abandonar: los financiadores por el coste político que les puede suponer restringir el acceso a la formación sanitaria especializada, los proveedores de la formación por su interés en disponer de mano de obra "barata" (3), y la Universidad porque buena parte de su financiación procede del alumnado.

En la Figura 3 se muestran los distintos grupos de presión identificados en el proceso de convocatoria. 

En este marco teórico planteado cada parte compite con el resto buscando aquella solución que sea más favorable de acuerdo a sus intereses y, en definitiva, todos presionarán para incrementar su propia riqueza (Becker, 1983). En este sentido, y en términos de Stigler (1971), el político puede ser considerado como un agente económico más; interesado en maximizar su utilidad y para el que adquiere gran importancia los votos (4). Esta actuación se puede entender como un problema de riesgo moral que surge en una relación de agencia entre el Estado y los ciudadanos -quienes delegan en él para que éste vele por la buena marcha del sistema- y que, en definitiva, acaba afectando a su eficiencia.

En este sentido, cabe señalar que el sistema sanitario español es eminentemente público, caracterizado por la participación ciudadana en su mantenimiento. De ahí el interés general existente en que el sistema sea lo más eficiente posible, para lo cual la relación producción-gasto deberá ser la adecuada.

Sin embargo, lo cierto es que el gasto sanitario tiende a crecer y no parece corresponderse con un incremento en la productividad; lo cual va en detrimento de los intereses generales de todos aquéllos que contribuimos a financiarlo. Diversos autores justifican el porqué de esa evolución, pero es indiscutible que uno de los factores de crecimiento del gasto sanitario son los gastos de personal. De hecho, los gastos de personal tienen un peso muy importante dentro del gasto sanitario -45,29 por ciento (Memoria Insalud, 2000)-, por lo que merecen especial atención debido a su magnitud.

Si se tiene presente que con unos recursos limitados es imposible mantener un crecimiento ilimitado del sistema, se puede concluir que la deficiente planificación que se está llevando a cabo en materia de formación contribuye a incrementar el gasto sanitario, que en definitiva todos los ciudadanos costean y a una pérdida de eficiencia; a lo que se debe añadir una elevada y creciente tasa de paro. 

Conclusiones

La información con la que los agentes económicos acuden a negociar no es, necesariamente, igual; por ello la parte mejor informada obtiene ventajas respecto a la parte que dispone de menos, o peor, información. La existencia de asimetrías informativas, conduce a la posibilidad de comportamientos oportunistas de las partes; siendo mayor esta posibilidad en la medida en que aumenta la asimetría de información.

El sector sanitario es un buen ejemplo de ello, siendo variadas y complejas las relaciones de agencia existentes en el mismo. El "gap" de información que existe entre paciente y médico; la discreccionalidad de la que goza el médico frente al paciente y al centro; las presiones a las que están sometidos estos profesionales frente a los suministradores, etc., generan diversos problemas de agencia que son tratadas en este artículo; haciendo especial mención a las relaciones de agencia existentes en el proceso de convocatoria de plazas MIR en el sistema sanitario español y su impacto sobre la eficiencia del sistema. 

 

Bibliografía

BECKER, G. (1983). "A theory of competition among pressure groups for political influence". Quaterly Journal of Economics, 98, pp. 371-400, August.
CESM (1999). El número de médicos en España en el próximo siglo y sus repercusiones laborales. Fundación de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), junio-noviembre, 1999.
DIARIO MÉDICO (05/07/99). "Urología cree que se debe recortar las plazas MIR de la especialidad".
- (09/07/99). "El plan de 1997 para reducir los alumnos de medicina no se cumple".
- (18/04/00). "El MIR no lo es todo en el mercado laboral".
- (30/11/00). "Los centros británicos que abusen de los MIR serán penalizados".
- 01/12/00). "Los MIR españoles con la iniciativa británica".
DIRECTIVA 93/104/CE DEL CONSEJO DE 23 DE NOVIEMBRE DE 1993, relativa a determinados aspectos de la ordenación del tiempo de trabajo.
EL MÉDICO (19/05/00). "La Unión Europea aprueba la Directiva que regulará la jornada laboral de los MIR. Se establece una jornada laboral máxima de cuarenta y ocho horas para los residentes españoles, pero habrá que esperar nueve años".
ELOLA, J. (1994). Sistema Nacional de Salud: evaluación de su eficiencia y alternativas de reforma. SG Editores, S.A.
FELDSTEIN, M. (1974). "Econometric studies of health economics". Frontiers of Quantitative Economics, Intriligator, M. D. y Kendrick, D. A. Ed., 2, North-Holland, Amsterdam. GONZÁLEZ, B. (1997). "El mercado laboral sanitario y sus consecuencias en la formación. Numerus clausus". En: La formación de los profesionales de la salud. Escenarios y factores determinantes. Fundación BBV, 1997. Segunda edición, 1998.
INSALUD (2001). Memoria 2000.
JENSEN, M. y MECKLING, W. (1976). "Theory of firm: managerial behaviour, agency cost and ownership structure". Journal of Financial Economics, 3 (4), pp. 305-360, October. LAFFONT, J. (1996). "Teoría de contratos y economía de la salud". En: Gestión sanitaria en el siglo XXI. EASP (Escuela Andaluza de Salud Pública), 1996.
MARTÍN, J. y LÓPEZ, M. (1994). Incentivos e instituciones sanitarias públicas. Escuela Andaluza de Salud Pública. Documentos Técnicos EASP, 5.
MILGROM, P. y ROBERTS, J. (1992). Economics, organization and management. Prentice-Hall, International Editions, Homewood. Traducido al castellano en: Economía, organización y gestión de la empresa. Ariel Economía, Barcelona, 1993.
MOONEY, G. (1994). Key Issues in Health Economics. Harvester. Wheatsheaf.
ORTÚN, V. (1990). "Incorporación de los criterios de eficiencia económica a las decisones clínicas". Información Comercial Española, mayo-junio, pp. 117-129.
STIGLER, G. J. (1971). "The theory of economic regulation". The Bell Journal of Economic and Management Science, 2, pp. 3-21, Printer.
WILLIAMS, A. (1989). "Incentives, ethics and clinical freedom". 1 European Conference on Health Economics, Barcelona, pág. 07. 

 

Notas

1. Actualmente las Comisiones Nacionales de Especialidad están solicitando a la Administración Sanitaria un serio recorte en el número de plazas ofertadas. A este respecto destacar, por ejemplo, el caso de Urología. El número de plazas ofertadas en esta especialidad es de, aproximadamente, cuarenta y cinco anuales, mientras que las jubilaciones se estiman en unas doce anuales para los próximos años (Diario Médico, 05/07/99).
2. De hecho, el plan establecido en 1997 para reducir el número de alumnos de medicina no se ha cumplido. En 1997, el Ministerio de Sanidad, de Educación y el Consejo de Universidades acordaban reducir en un 6% el número de estudiantes de nuevo ingreso, de modo que en el año 2000 no fuesen aceptados más de 4.000 alumnos. El acuerdo no sólo no se ha cumplido, sino que el número de plazas es un 10% superior a lo previsto (Diario Médico, 09/07/99) y las Universidades apoyan a sus licenciados en sus protestas, solicitando un incremento del número de plazas MIR; alegando que los estudios de medicina tienen una demanda social muy fuerte y que ello condiciona el que no se restrinja más la entrada.
3. A veces la formación que recibe el MIR no es tan reglada como debiera y en ese sentido se
les está utilizando como mano de obra "barata", con un bajo sueldo y una alta carga asistencial (Diario Médico, 18/04/00; El Médico, 19/05/00). En España, los MIR trabajan algo más de 12 horas diarias, en torno a 66 horas semanales; lo que ha generado numerosas reivindicaciones por parte de los residentes para que se limite su jornada laboral a las 48 horas -incluidas horas extra y guardias- según lo establecido por la Directiva 93/104/CE. Este panorama no es exclusivo de España, sino también de otros países comunitarios. En el caso de Gran Bretaña, los hospitales que sometan a sus especialistas en formación a jornadas laborales mayores de las acordadas pasarán a engrosar una "lista negra" en internet, además de penalizarles con pagar un 62% más a los residentes cuando excedan el límite (Diario Médico, 30/11/00). En España los residentes no están tan organizados como en Gran Bretaña, pero también se quejan de ser utilizados como mano de obra "barata" durante su formación y están de acuerdo con la iniciativa británica (Diario Médico, 01/12/00).
4. La respuesta de la Administración Sanitaria, ante las recientes y numerosas movilizaciones que tuvieron lugar tras la propuesta de reducción de plazas para el año académico 2000/2001, ha sido un incremento de las mismas. 

 

 


 



 

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