Antecedentes.-
La infección por el virus de la gripe
(influenza) produce en el ser humano un cuadro clínico característico conocido desde los
tiempos de Hipócrates. Puede decirse que todos hemos tenido algún contacto con este
virus, cuya expresión antigénica cambia cada año. En 1918 se produjo una terrible
pandemia, que causó más de 20 millones de muertes en todo el mundo, probablemente la
epidemia más grave sufrida por la humanidad. Existen tres tipos de virus de la gripe: A,B
y C. El virus A es el más importante y responsable de los brotes más severos. Tienen una
amplia variabilidad antigénica, lo que limita la posibilidad de combatirlos, por lo que
es necesario modificar la vacuna cada año. La importancia de la infección gripal radica
en su amplísima difusión (un 20-30 % de la población mundial cada año), así como en
su repercusión a nivel social, escolar y laboral. En España, provoca más de 60 millones
de pérdidas de horas de trabajo cada año. Por otro lado, en pacientes susceptibles no
está exenta de gravedad, motivando múltiples ingresos hospitalarios y siendo responsable
de una cifra de fallecimientos estimada en más de 3.000 personas/año.
Actualización
del tema.-
El virus gripal pertenece a la familia de
los ortomixovirus. Son virus RNA de forma esférica que están formados por un antígeno
profundo o soluble (S) y una envoltura que posee unas partículas con actividad
hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA) que le confieren una muy particular constitución
con una gran variabilidad biológica. Pequeñas mutaciones en el genoma del virus originan
las variaciones antigénicas menores, responsables de las ondas epidémicas que acontecen
cada 2 ó 3 años. Los virus de la gripe del tipo A sufren cada 10-12 años variaciones
antigénicas mayores que suponen cambios en la totalidad de uno de los antígenos HA o NA,
dando lugar a las temidas pandemias frente a las que la población puede carecer de
memoria inmunológica. Esta es la llamada plasticidad genética del virus de la gripe, que
se debe principalmente a fenómenos de mutaciones aleatorias, es la causa de que cada año
haya que revisar la composición de la vacuna.
El diagnóstico de la gripe se hace basado en los síntomas: fiebre
mayor de 38ºC, obstrucción nasal, malestar general intenso, cefalea, mialgias y una
duración entre 4 y 7 días, son sus principales características. Muchas infecciones
respiratorias debidas a otros virus relacionados con el catarro común o con cuadros
"pseudogripales" son etiquetadas de gripe. Obviamente, esto puede suceder en
población previamente vacunada, pero no hay que atribuirlo a un "fallo" de la
vacuna, lo que puede desmotivar para la vacunación en sucesivos años. Los antibióticos
no son de utilidad ni para el tratamiento de la gripe ni para "prevenir" las
complicaciones. En personas sanas, la sobreinfección bacteriana (otitis, sinusitis,
bronquitis) tras la gripe puede suceder en el 10 % de los casos, lo que sí hace
recomendable el tratamiento antibiótico oportuno. Las complicaciones graves, como la
neumonía, aparecen hasta en el 5 % del total de infectados, a causa del propio virus o de
una sobreinfección.
En niños y adolescentes la complicación más temida es el Síndrome
de Reye, una encefalopatía aguda acompañada de degeneración grasa en el hígado, que
suele conducir a convulsiones y coma. Su mortalidad alcanza el 20-40 % y la medida
preventiva más eficaz es la vacunación, así como evitar la toma de aspirina en
pacientes con sospecha de infección gripal (o del virus varicela-zóster).
Hoy día se dispone de una medida preventiva contrastada, que es la
vacuna antigripal. Su nomenclatura incluye el tipo de virus (A,B,C), seguido del lugar y
el año que se aisló por vez primera, así como de sus características antigénicas HA y
NA; por ejemplo A/Hong Kong/1968 (H3N2). Cada año está compuesta por tres cepas
diferentes del virus. La OMS dispone de una red de vigilancia que recomienda la
composición vacunal cada año, teniendo en cuenta los virus del año anterior en la zona
geográficamente opuesta (norte-sur, este-oeste).
Conclusiones.-
Un gran número de estudios ha demostrado
una reducción significativa de la infección gripal tras la vacunación. La protección
proporcionada se estima en más de un 70 % (eficacia clínica). En las personas mayores,
esta eficacia es algo más baja, sin embargo, confiere una especial protección frente al
desarrollo de complicaciones (sobreinfecciones, neumonía, etc.) y reduce la mortalidad en
los vacunados.
Las vacunas antigripales son de
virus inactivados que a su vez pueden ser de virus enteros, fraccionados o de antígenos
altamente purificados (sub-unit). Estas dos últimas producen menos reacción local. La
"revacunación" en los adultos no está indicada, ya que no aumenta los niveles
de protección. Los efectos adversos más comunes son la hinchazón y enrojecimiento local
y más raramente dolores musculares y febrícula que pueden durar uno o dos días. Las
contraindicaciones son: alergia a las proteínas del huevo o reacciones severas previas.
No se debe administrar en mujeres en el primer trimestre de embarazo ni a niños menores
de 6 meses.
Actualmente se admite la vacunación a
todos los grupos de riesgo (personas mayores de 65 años, enfermos crónicos, etc.) de
forma generalizada, desde la Atención Primaria, así como servicios de Salud Laboral
(dirigido a los trabajadores). Es muy importante la vacunación de personas que pueden
transmitir el virus (personal sanitario, cuidadores) así como de residentes en
instituciones cerradas.
Puntos
clave.-
El virus de la gripe posee una gran variabilidad y plasticidad
genética, lo que está relacionado con las ondas epidémicas y pandemias, que pueden
llegar a ser temibles. Por ello, la OMS recomienda cada año la composición que ha de
tener la vacuna.
La vacunación antigripal es una medida preventiva barata, efectiva y
segura. Debe ser ampliamente recomendada desde Atención Primaria, de forma especial a los
grupos de riesgo. También a las personas sanas que soliciten consejo y deseen ser
vacunadas.
La vacunación del personal sanitario hoy día es inexcusable por un
triple motivo: estamos más expuestos a la infección, podemos actuar como vehículo de
transmisión para población de riesgo elevado (ancianos, inmovilizados, pacientes
crónicos, etc.) y además somos personal considerado esencial para la comunidad.
Los meses idóneos para vacunar son octubre y noviembre. La
vacunación sólo debe posponerse en caso de un proceso infeccioso agudo si existe fiebre
(>38ºC). En general, no está indicada la revacunación excepto en niños que no hayan
tenido contacto previo con el virus.
No debe olvidarse que la gripe produce cada año varios miles de
muertes en España, existiendo una medida preventiva esencial que es la vacuna: ninguna
persona que pertenezca a los grupos de riesgo debería quedar sin vacunar, salvo
contraindicaciones formales.
Dr. José María Lobos Bejarano. |
| 1. Douglas RG. Prophilaxis and
treatment of influenza. New Engl J Med 1990; 322: 443-450 2. Betts R. Infuenza virus. En: Mandell ed. Principles and practice of
infectious diseases. New York: Wiley,1994: 1546-67.
3. Guía de Uso de los Medicamentos en Atención. Primaria.
Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria - Ministerio de Sanidad y Consumo.
EDIDE: Barcelona, 1996.. |