Revisión Bibliográfica


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Terapia hormonal sustitutiva

cuadrop.jpg (1823 bytes) Antecedentes.-

El cese de la función ovárica tiene lugar en la mujer española en torno a los 48 años. Se define la menopausia como el final de las reglas, expresado en la fecha o en la edad a que acontece. Se trata entonces de un diagnóstico retrospectivo, ya que se exige al menos un período de 1 año sin reglas en la mujer de menos de 50 años o de 6 meses en la mujer de 50 años o más. La edad a la que acontece la menopausia no ha cambiado desde hace más de 2.000 años. Aunque algunos autores han defendido el cese de la función ovárica como un fracaso de un órgano endocrino, proponiendo un tratamiento casi sistematizado como si de una auténtica endocrinopatía se tratase, la tendencia actual es más bien reconocer que se ha "medicalizado" en exceso esta situación, generando en la mujer ante la menopausia cierta ansiedad y una expectativa al menos de preocupación, ante esta etapa de la vida que se ha presentado como plagada de sintomatología y con un aumento creciente de las posibles complicaciones, especialmente las óseas y las cardiovasculares. Generalmente, la menopausia no acontece bruscamente sino que se produce tras un período de irregularidades menstruales. La terapia hormonal sustitutiva (THS) supone un aporte hormonal externo ante la deprivación estrogénica con fines terapéuticos o preventivos para el alivio de los síntomas o la prevención de determinadas patologías (osteoporosis, enfermedad cardiovascular,...).

cuadrop.jpg (1823 bytes) Actualización del tema.-

La menopausia se sigue de una mayor incidencia de eventos cardiovasculares en la mujer, de modo que con el paso de las décadas se aproxima y se iguala a las cifras que presenta el varón. También a partir de esta edad, la pérdida de masa ósea es mayor, por lo que la osteoporosis se ve favorecida. Adicionalmente, la mujer presenta síntomas a causa de los cambios hormonales, como sofocos, cierta fatigabilidad, tendencia a la ansiedad o la depresión, cambios en la esfera sexual relacionados con una mayor sequedad o atrofia genital, etc.

En cualquier caso, sólo en torno al 5-6 por ciento de las mujeres españolas tras la menopausia reciben THS de forma sistematizada, algo menos de la mitad que otros países del norte de Europa o Norteamérica. Todo ello a pesar de los menores riesgos y efectos adversos de los nuevos preparados hormonales, así como una mayor sensibilización tanto de los profesionales como de las mujeres en general.

Uno de los aspectos más conocidos de la THS es la reducción del Riesgo Cardiovascular (RCV). En términos generales, la reducción de RCV ha sido estimada en diferentes estudios observacionales entre el 20 y el 50 por ciento con un mayor beneficio en mujeres que habían sufrido menopausia precoz, por ejemplo de causa quirúrgica. Estos cambios se explican por el efecto favorable de la THS sobre el perfíl lipídico de la mujer con un efecto neutro sobre la tensión arterial.

Respecto a la pérdida de masa ósea, reducción de la densidad del hueso, osteoporosis y riesgo aumentado de fracturas (fracturas de cadera, de antebrazo o de columna) que se produce tras la deprivación estrogénica, existe una evidencia consolidada respecto al beneficio de la THS, aunque existen algunas dudas sobre hasta cuándo se extiende ese beneficio tras concluir el tratamiento.

Los datos existentes sobre la reducción del RCV no han podido ser totalmente contrastados en estudios bien diseñados para este fin (estudios aleatorizados y controlados, con objetivos primarios de morbimortalidad). Algunos de los ensayos anteriores estaban diseñados para valorar los cambios en el perfil de riesgo (lípidos, tensión arterial, fibrinógeno, etc.) por lo que no son válidos para resultados en reducción de eventos cardiovasculares o muerte. En otros casos se produjeron sesgos de selección importantes en las mujeres incluidas. Un amplio resumen de estudios publicado en el British Medical Journal en 1997, en el que se valora el impacto de la THS en prevención primaria (mujeres sin enfermedad cardiovascular conocida), puso de manifiesto un efecto neutro de la THS en términos de reducción de eventos cardiovasculares.

Más recientemente, el papel de la THS en la prevención de nuevos eventos cardiovasculares en mujeres que ya presentaban cardiopatía isquémica (prevención secundaria) ha sido evaluado en el primer ensayo clínico bien diseñado para este fin. El ensayo HERS incluyó más de 2.700 mujeres postmenopáusicas que recibieron de forma aleatoria tratamiento hormonal con 0,625 mg de estrógeno conjugado más acetato de medroxiprogesterona o placebo. El seguimiento medio fue de 4,1 años. Se observó un efecto favorable sobre el perfil lipídico como ya se había descrito previamente (reducción de LDL-colesterol de un 11 por ciento sobre los valores basales, con aumento de HDL-colesterol del 10 por ciento), pero con un efecto no significativo sobre la incidencia de nuevos eventos cardiovasculares (mortalidad cardiovascular, infarto de miocardio, angina inestable, insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares). Adicionalmente, se observó en el primer año una mayor tasa de infartos en las mujeres que recibían THS, aunque posteriormente se igualó con el grupo control. Las mujeres con THS presentaron una mayor tasa de efectos adversos, como litiasis biliar, así como de tromboembolismo venoso.

La explicación que se ha sugerido a la vista de estos hallazgos, es que al principio del tratamiento (primer año) puede predominar el efecto protrombótico de los estrógenos, favoreciendo la incidencia en especial de infarto o angina inestable, cuyo sustrato fisiopatológico es la trombosis intravascular. Más tarde, al predominar el efecto antiarteriosclerótico a través de la modificación en el perfil lipídico, la tendencia se invertiría y la posibilidad de eventos sería menor.

Actualmente está en marcha el estudio Womens Health Initiative que incluirá más de 25.000 mujeres y tiene prevista su finalización no antes del año 2.005. Además, el seguimiento de las mujeres incluidas en el ensayo HERS se ha prolongado. Todo ello tiene como finalidad dilucidar esta importante cuestión.

Respecto al beneficio de la THS sobre el hueso y la reducción de fracturas existen menos dudas, habiendo sido objetivado en varios ensayos una reducción del número de fracturas en las mujeres que recibían THS. El tratamiento frena e incluso puede regresar la pérdida de masa ósea. Es independiente de la edad de la mujer, así como del tiempo transcurrido desde la menopausia. Es eficaz siempre que éste tenga una duración suficiente, al menos de 3-5 años. La reducción del riesgo de fracturas es significativa mientras dura el tratamiento y ha sido estimada en un 50 por ciento para las fracturas vertebrales (las más dependientes de la deprivación estrogénica) y de un 25 por ciento para las no vertebrales, en estudios observacionales a 5 años. No está claro sin embargo hasta cuándo se extiende la reducción del riesgo tras finalizar la THS.

cuadrop.jpg (1823 bytes) Conclusiones.-

En el momento actual, a pesar de que se sabe que la THS proporciona un perfil lipídico favorable (reducción de colesterol LDL y aumento de HDL), una reducción de fibrinógeno, así como un efecto neutro sobre la presión arterial (sólo el 1-2 por ciento pueden presentar una elevación tensional a causa de una mayor susceptibilidad individual), existen dudas sobre cómo se traduce este hecho en términos de reducción de eventos y muerte cardiovascular, sobre todo a la vista de los resultados que el único ensayo bien diseñado hasta ahora (estudio HERS) en prevención secundaria. No hay dudas sin embargo para su recomendación a todas aquellas mujeres con menopausia precoz, natural o quirúrgica (antes de los 45 años) en las que aportaría un claro beneficio.

En la prevención de la osteoporosis postmenopáusica, la THS sería el tratamiento de elección siempre que no existan contraindicaciones (cáncer de mama, carcinoma endometrial, sangrado menstrual inexplicado, fenómenos tromboembólicos, etc.), pero ha de seguirse un tiempo suficiente.

La THS es el mejor tratamiento para los síntomas perimenopáusicos relacionados con la deprivación estrogénica, situación donde está ampliamente reconocidas su indicación.

cuadrop.jpg (1823 bytes) Puntos clave.-

  • A pesar de su efecto favorable sobre el perfil lipídico, la THS no ha demostrado aún en estudios bien diseñados un impacto positivo en términos de reducción de eventos cardiovasculares en la mujer postmenopáusica, con excepción de la menopausia precoz.

  • La THS tiene una clara indicación en la prevención de la osteoporosis, reduciendo de forma significativa el riesgo de fracturas en la mujer postmenopáusica.

  • La THS es el mejor tratamiento disponible en la actualidad para los síntomas urogenitales y vasomotores de la menopausia.

  • El mayor riesgo de la utilización THS es un pequeño aumento del riesgo de cáncer de mama, por lo que se desaconseja su uso si existe carga familiar significativa en este sentido.

  • El riesgo aumentado de cáncer de endometrio se contrarresta hasta prácticamente anularse, asociando un preparado progestágeno. Obviamente, este riesgo queda abolido en la mujer histerectomizada, en la que pueden utilizarse estrógenos solos.

Dr. José María Lobos Bejarano.

 

BIBLIOGRAFIA:
  • 1) Hemminki E, Mc Person K. Impact of postmenopausal hormone therapy on cardiovascular events and cancer: pooled data from clinical trials. Br Med J 1997; 315: 149-153.

  • 2) Hulley S, Grady D, Bush, T et al. Randomized trial of estrogen plus progestin for secondary prevention of coronary heart disease in postmenopausal women. Heart and Estrogen/Progestin Replacement study (HERS) Research Group. JAMA 1998; 280: 605-613.

  • 3) Martín MJ, Iglesias E. Terapia hormonal sustitutiva en la menopausia. Inf Ter Sist Nac Salud 1999; 23: 33-44.

  • 4) Eastell R. Treatment of postmenopausal osteoporosis. N Eng J Med 1998; 338: 736-45.