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PREVENCION
DEL SUICIDIO
Antecedentes
El
suicidio es una conducta humana que rebasa el ámbito de un problema
estrictamente sanitario, pero como en la mayoría de los casos
está asociado con el sufrimiento, la enfermedad y con la enfermedad
mental en mayor medida, está justificado que se contemple como
un problema sanitario y que sea motivo de prevención.
El suicidio consumado se sitúa entre la quinta y la décima
causa de muerte en los países desarrollados. En España
la tasa de mortalidad por suicidio en la década de los noventa
del siglo pasado se situaba, según el Instituto Nacional de Estadística,
en 5'9 por 100.000 habitantes, con una tendencia al incremento. Las
cifras reales son probablemente más altas, tal como se desprende
de diversos estudios epidemiológicos. Hay que tener en cuenta
que muchas muertes consideradas accidentales son en realidad suicidios.
Respecto a los intentos de suicidio no consumados, la incidencia aumenta,
calculándose una tasa de intentos de 50 a 90 por cada 100.000
habitantes/año.
Actualización
El
suicidio es un fenómeno universal que se da en todas las épocas,
países, culturas y sociedades, aunque en función del contexto
social y cultural, varía la actitud ante el fenómeno,
así como los métodos predominantes. En España,
donde el acceso a las armas de fuego es más difícil que
en EEUU, los medios más frecuentes son la precipitación,
las intoxicaciones y el ahorcamiento.
La soledad, la frustración de realización personal y la
incomunicación, junto a la escasa cohesión social son
factores psicosociales que se asocian con el suicidio.
La desintegración de la estructura familiar, la elevada conflictividad
y el clima de violencia en la familia, así como la ausencia de
funciones parentales adecuadas durante la infancia, son factores que
parecen aumentar claramente la tendencia al suicidio y al aumento de
patología psiquiátrica en la vida adulta. La pérdida
de los padres, de un hermano o de un cónyuge también se
asocia a un aumento de riesgo de suicidio.
La incidencia de suicidio es mayor en personas viudas, divorciadas,
separadas, así como en personas sin hijos. En estos grupos de
población se dan situaciones de duelo y de mayor aislamiento
y soledad.
El suicidio es más frecuente en varones que en mujeres, sobre
todo el suicidio consumado; pero si se tienen en cuenta solamente las
conductas parasuicidas, predominan en las mujeres.
El suicidio consumado aumenta con la edad de un modo progresivo, observándose
la mayor incidencia a partir de los 65 años. Los factores implicados
en este aumento en personas mayores parecen ser el mayor aislamiento
social, la frecuencia de viudedad y de situaciones de duelo, la mayor
incidencia de problemas económicos, de enfermedades graves, crónicas,
incapacitantes y dolorosas. Otro factor a tener en cuenta es que en
las personas mayores es más frecuente que los médicos
tiendan a detectar menos adecuadamente los trastornos afectivos, que
se enmascaran a menudo como somatizaciones, hipocondría o pseudodemencia.
Si bien en los jóvenes y adolescentes, la incidencia de suicidio
es mucho menor, hay que destacar el importante aumento de conductas
parasuicidas y de suicidio consumado que se ha dado en este grupo de
edad, sobre todo en los varones. El suicidio es la segunda causa de
muertes en adolescentes en el ámbito del mundo occidental. A
este aumento parecen contribuir diversos factores como el incremento
de algunos trastornos de personalidad, la crisis del modelo tradicional
de familia y el aumento en el consumo y abuso de sustancias psicoactivas,
entre otros.
Las enfermedades somáticas crónicas, altamente incapacitantes,
dolorosas y graves se relacionan con una mayor tendencia al suicidio,
porque se asocian al dolor, al sufrimiento emocional, a la desesperanza
y a una pérdida importante de autonomía.
Las situaciones de duelo en general deben considerarse como un factor
de riesgo. No sólo el duelo por la pérdida de una persona
allegada, sino también por las pérdidas económicas,
la pérdida de empleo y de ocupación sociolaboral, el descenso
en la posición social y la emigración.
El principal factor de riesgo para el suicidio es el trastorno mental.
Es clara la mayor prevalencia e incidencia de suicidio en este grupo
de población, llegando a ser cinco veces mayor que en el resto
de población. Los trastornos afectivos suponen la patología
psiquiátrica con mayor riesgo de suicidio, sobre todo en los
trastornos bipolares, en los que existe un riesgo elevado en los períodos
de depresión, pero también en las fases maníacas,
por la disforia que experimentan estos pacientes, su tendencia a las
actuaciones y su inadecuada percepción de la realidad. El riesgo
suicida disminuye en los pacientes depresivos tratados y en los que
se realiza una prevención de las recurrencias. Un momento de
especial riesgo en el paciente depresivo es en el inicio del tratamiento,
en el que la inhibición puede disminuir antes que la ansiedad,
la culpa, la tristeza y la desesperanza. Dentro de los trastornos por
ansiedad, son los ataques de pánico los de mayor riesgo de suicidio.
En cuanto a las drogodependencias es el alcoholismo el que presenta
un riesgo de suicidio cinco veces mayor que en el resto de la población
cuyo perfil medio habitual suele ser el de un varón adulto, con
una adicción crónica al alcohol, con un consumo persistente
y precoz, siendo muy frecuente encontrar en estos pacientes un trastorno
psiquiátrico asociado. La esquizofrenia supone otro grupo psiquiátrico
de riesgo para el suicidio, se calcula que un 10% de estos enfermos
consuma el suicidio.
No se puede considerar un perfil psicológico ni una estructura
de la personalidad específica en las personas con conducta suicida.
El sentimiento o conjunto de sentimientos que pueden estar asociados
a la motivación suicida son variados, predominando la desesperanza,
la intolerancia al dolor mental y al sufrimiento, y el sentimiento de
culpa, consciente o inconsciente, que a menudo se asocia a odio y agresión.
A veces se observa este odio dirigido a otras personas y el acto suicida
tiene el aparente significado de culpabilizar a los demás, de
protesta y castigo; pero siempre suele haber un componente de odio y
agresión dirigido a sí mismo. En muchas personas suicidas
se observan rasgos de especial impulsividad, inmadurez y rigidez psicológica.
Diversos autores han intentado delimitar sentimientos predominantes
y específicos de la motivación suicida y elaborar tests
como instrumentos de detección y prevención. La mayoría
de estudios de evaluación concluyen que los tests psicológicos
pueden detectar procesos psicológicos y psicopatológicos
relacionados, pero no la motivación suicida en sí misma.
El suicidio es el colofón de un proceso psicológico en
el que se implican diversos factores y durante el cual el individuo
ha comunicado de diversos modos, verbal o paraverbalmente, indicios
de dicho proceso. Los factores de riesgo y la personalidad del individuo
crean un estado psicológico y psicosocial de especial vulnerabilidad,
de modo que ante una serie de acontecimientos precipitantes se genera
una situación de conflcto que el individuo no puede resolver.
En este momento del proceso la idea del suicidio aparece como una solución
al problema y la actitud del individuo ante sus ideas de muerte puede
evolucionar desde la ambivalencia inicial a la ambigüedad y la
sintonía con la idea suicida. Es frecuente que comunique estas
ideas a las personas de su entorno, y, a menudo, al médico con
quien contacta.
Es muy frecuente que las personas que han llevado a cabo una tentativa
suicida hayan tenido contacto previo y reciente con su médico
de cabecera, comunicando de algún modo (si no verbalmente, sí
a través de su conducta) su intención suicida, por lo
que el médico de atención primaria puede tener un papel
clave en la prevención del suicidio. La principal medida a nivel
de AP consiste en la capacitación del profesional en el abordaje
diagnóstico y psicoterapeútico de la entrevista clínica.
Todos lo grupos de expertos no encuentran suficiente evidencia científica
para recomendar la búsqueda sistemática de ideación
suicida en las personas asintomáticas de la población
general. Sin embargo, recomiendan atención especial a la posibilidad
de suicidio en pacientes con patología psiquiátrica, en
particular, en la depresión y en el alcoholismo y cuando se asocian
los factores de riesgo antes descritos. Existe evidencia científica
de que el diagnóstico precoz y el tratamiento de los pacientes
depresivos, especialmente si se integran los tratamientos farmacológicos
y los psicosociales, reduce el riesgo de suicidio en este grupo de población.
La principal medida preventiva parece ser la capacitación en
la técnica de entrevista clínica con fines diagnósticos
y de contención psicológica y su realización en
pacientes con factores de riesgo.
Se recomienda hacer entrevistas tranquilas y abiertas, no protocolizadas,
procurando establecer una relación empática con el paciente.
Si se sospecha potencial suicida, no dejar de investigar y aclarar el
tema. El atender a la ideación suicida e interrogar sobre la
misma no pone esas ideas en la mente del paciente; por el contrario,
si éste las tiene, se siente a menudo reconfortado por poder
hablar de ello y por el valor y el interés del médico
en compartir y enfrentar esas ideas conjuntamente.
No debe banalizarse ninguna comunicación de intención
suicida, ni confiar en súbitas e inesperadas mejorías
cuando un paciente presenta potencialidad suicida. Una mejoría
inexplicable puede ser debida a una mayor determinación hacia
el suicidio.
Si se detecta conflicto familiar o un fallo en la contención
de la familia, deberá plantearse una entrevista familiar con
el objetivo de favorecer la contención y estimular elementos
de apoyo y ayuda, abordando con ellos el modo de evitar los medios para
el suicidio.
La asociación de trastorno psiquiátrico e ideación
o antecedentes de conducta suicida, siempre debe ser un criterio de
derivación a Salud Mental. Si el riesgo suicida parece elevado
o inminente, la derivación debe hacerse con urgencia y debe contemplarse
la posibilidad de un ingreso hospitalario.
En caso de que el médico inicie un tratamiento farmacológico
en un paciente con riesgo de suicidio, debe escoger fármacos
con escasa potencialidad letal, evitando que el paciente acumule dosis
letales del fármaco prescrito.
Conclusiones
1. El suicidio es una
conducta humana que rebasa el ámbito de un problema estrictamente
sanitario, pero al estar asociado con el sufrimiento ha de ser motivo
de prevención.
2. El suicidio consumado se sitúa entre la quinta y décima
causa de muerte en los países desarrollados.
3. El suicidio es un fenómeno universal que se da en todas las
épocas, países, culturas y sociedades.
4. Son factores de riesgo la desintegración de la estructura familiar,
la elevada conflictividad y el clima de violencia en la familia.
5. El suicidio consumado aumenta con la edad de un modo progresivo, debido
al mayor aislamiento social, la viudedad, los problemas económicos,
las enfermedades crónicas, graves, incapacitantes, dolorosas.
6. La incidencia de
suicidio entre los adolescentes ha aumentado desde la década de
los sesenta: aumento de consumo de sustancias psicoactivas, la crisis
del modelo tradicional de la familia, los trastornos de la personalidad.
7. Es mayor la prevalencia en grupos de población con trastorno
mental.
8. Son indicadores de potencialidad suicida: desesperanza, ansiedad intolerable,
inhibición en la conducta y la comunicación
9. Existe evidencia científica de que el diagnóstico precoz
y el tratamiento de los pacientes depresivos reduce el riesgo de suicidio.
Puntos clave
- Es importante conocer los grupos
de riesgo en AP y realizar una entrevista clínica diagnóstica
si se detectan factores de riesgo.
- La principal medida preventiva
a realizar desde AP es la capacitación de los profesionales
en el manejo diagnóstico y psicoterapeútico de
la entrevista clínica.
- Para la prevención de la
conducta suicida, es importante que los médicos de AP
conozcan y manejen el diagnóstico y tratamiento de los
trastornos depresivos y del alcoholismo.
- En todos los casos de alto riesgo
de conducta suicida, es recomendable la interconsulta con el
equipo de Salud Mental..
- El grupo de población
con mayor riesgo corresponde a personas con enfermedad mental,
especialmente con depresión, alcoholismo, esquizofrenia
y trastorno severo de la personalidad.
- El perfil personal con mayor riesgo
de suicidio corresponde al varón mayor de 65 años
separado, viudo, aislado socialmente y con trastorno mental
severo.
- Investigar
sobre los planes suicidas puede ayudar a prevenir situaciones
desencadenantes y a alejar del paciente los medios para el suicidio.
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BIBLIOGRAFÍA |
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Guide to Clinical Preventive Health Care. Otawwa: Canada Communication
Group, 1994.
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- Working towards du suicide. Lancet 1993; 342: 381-382.
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