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Cálculo del riesgo cardiovascular
Antecedentes.-
La
enfermedad cardiovascular (ECV) es la primera causa de muerte en los países
desarrollados, entre los que se encuentra España, y es responsable de casi la mitad del
total de las muertes. Aunque la mortalidad cardiovascular global ha disminuido en las
últimas décadas, fundamentalmente a expensas de la reducción de la incidencia de los
accidentes cerebro-vasculares, la de origen coronario persiste prácticamente estable y su
morbilidad sigue incrementándose1,2
El riesgo cardiovascular (RCV) o coronario (RC) no son conceptos
sinónimos (el RCV incluye además la probabilidad de padecer enfermedad
cerebro-vascular), pero en la práctica clínica habitual pueden emplearse
indistintamente, ya que el RC es una aproximación razonable del RCV y constituye uno de
los aspectos más importantes y controvertidos de la intervención terapéutica
farmacológica, especialmente en el caso de la hipertensión arterial (HTA) y la
hipercolesterolemia3. En las poblaciones mediterráneas de
nuestro entorno, existe una manifiesta relación entre la cardiopatía isquémica (CI) y
la presión arterial (PA), tanto sistólica como diastólica, y entre aquella y la
colesterolemia, a pesar de la denominada "paradoja francesa", que ocasiona una
incidencia de CI menor a la esperada por los niveles medios hallados de colesterol4.
Actualización del tema.-
El RCV se define como la probabilidad de padecer un
evento cardiovascular en un determinado período de tiempo, que habitualmente se establece
en 10 años, y su estratificación y cuantificación por el médico general / de familia,
especialmente en los pacientes que no padecen ECV, es decir, en prevención primaria, es
fundamental para establecer la intensidad de la intervención, la necesidad de instaurar
tratamiento farmacológico y la periodicidad de las visitas de seguimiento3.
El cálculo del RCV o RC
emplea como referencia el estudio de Framingham3,5,6 y su estimación puede efectuarse con métodos cuantitativos, que
obtienen una probabilidad numérica, o cualitativos, que lo catalogan como muy alto, alto,
moderado o bajo riesgo3.
Los métodos cuantitativos son una herramienta de enorme
utilidad para la toma de decisiones en la práctica clínica habitual y, generalmente,
emplean tablas para calcular el RCV o RC, de las que las más utilizadas son3:
- La de Anderson (1991):
incluye la edad, sexo, colesterol total, HDL-colesterol, PA
sistólica, diabetes mellitus (DM), tabaquismo e hipertrofia ventricular izquierda (HVI).
La recomienda el Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS) de
la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).
- La de Wilson (1998):
analiza edad, sexo, PA sistólica, PA diastólica,
HDL-colesterol, LDL-colesterol y las variables dicotómicas DM y tabaquismo. Utiliza las
categorías de PA, HDL y LDL-colesterol del sexto Informe del Joint National Committee
(JNC) de 1997 y del National Cholesterol Education Program (NCEP II) de 19948.
- La de las Sociedades Europeas (1998):
separa a los varones y mujeres en dos tablas y
a los diabéticos de los no diabéticos, clasificando el RC como bajo (< 5%), leve
(5-10%), moderado (10-20%), alto (20-40%) y muy alto (>/= 40%).
- La de Grundy (1999):
adapta la de Wilson para estimar el riesgo de enfermedad
isquémica grave e incluye los nuevos conceptos de DM (glucemia3
126 mg/dl) e intolerancia hidrocarbonada (glucemia 110-125 mg/dl).
- La de la Organización Mundial de la Salud-Sociedad Internacional de Hipertensión
Arterial (OMS-SIH) de 1999:
de especial interés para el tratamiento farmacológico de
la HTA. Obtiene no sólo el RC, sino el RCV, y lo clasifica como bajo (< 15%), medio
(15-20%), alto (20-30%) y muy alto (3 30%).
- La de DAgostino (2000):
calcula el RC en prevención primaria y secundaria, no
incluye la HVI, puntúa de diferente modo la PA según exista o no tratamiento
antihipertensivo y analiza en las mujeres la menopausia, el consumo de alcohol y los
triglicéridos.
Los métodos cualitativos más representativos son el del
sexto informe del JNC para el tratamiento de la HTA7 y el
del NCEP II8 para el de la hipercolesterolemia. Ambos
consideran la presencia o no de un determinado factor de riesgo cardiovascular (FRCV) de
manera dicotómica (edad, sexo, dislipemia, HTA, tabaquismo, DM o antecedentes familiares
de ECV). La tabla de la OMS-SIH9, antes
mencionada en los métodos cuantitativos, también utiliza este método, pero lo combina
con los estadios de la HTA, obteniendo un valor numérico aproximado del RCV.
Aunque existen diferentes opiniones, generalmente se admite que
un individuo tiene un RC alto si la probabilidad de padecer un evento coronario es igual o
superior al 20% a los 10 años, probabilidad equiparable a la que tendría un
paciente con angina estable para desarrollar un infarto de miocardio. Según se utilice un
método u otro se obtienen diferentes valores para el RC, lográndose el menor con la
tabla de Grundy y el mayor con la de Wilson.
Estos métodos facilitan al médico general / de familia la
estratificación y cuantificación del RCV o RC, recomendando las diferentes guías la
intervención farmacológica en la HTA o hipercolesterolemia (generalmente tras un
período variable de tiempo de modificación del estilo de vida) según el nivel existente
de la PA o colesterolemia, el RCV o RC del paciente (generalmente alto) y la intensidad de
la reducción del FRCV atribuible a la intervención. Por ello, una cuestión que
siempre se debe tener en cuenta en la intervención farmacológica es el número
necesario de tratamientos (NNT) para evitar un evento cardiovascular, que debería
ser inferior a 30 y es inversamente proporcional al RCV o RC inicial del individuo.
Diferentes Sociedades han establecido el orden prioritario de
intervención que, de mayor a menor, abordará a los pacientes con ECV
establecida, pacientes sanos con un RCV alto (>/= 20%), pacientes sanos con RCV
moderado (10-20%) y, por último, los de RCV bajo, 10,11.
Para finalizar, debe saberse que las tablas más utilizadas para
calcular el RCV o RC están diseñadas en poblaciones con una tasa de mortalidad y un RCV
o RC muy superiores a las observadas en España, por lo que el RCV o RC de nuestros
pacientes, y el de los individuos del área mediterránea en general, habitualmente es
inferior al obtenido con estos métodos2.
Conclusiones.
- La gran variabilidad de los diferentes métodos de cálculo del RCV nos indica que
todavía queda mucho camino por andar para poder predecir de una forma segura la
probabilidad de que se produzca un evento cardiovascular, circunstancia que puede
ocasionar cierta inseguridad en el médico a la hora del abordaje cardiovascular integral
de los pacientes.
- Sería recomendable la realización de amplios estudios que analizasen la situación en
nuestro entorno y efectuasen las recomendaciones de intervención adecuadas a éste.
- Las decisiones terapéuticas que se deben tomar en cada paciente se deben basar en su
perfil de RCV o RC individual, estimándose
los beneficios de una intervención adecuada mediante el cálculo de la
reducción de la intensidad del FRCV en cuestión y del NNT.
- El cálculo del RCV o RC mediante los métodos cuantitativos es más selectivo que el
obtenido con los métodos cualitativos, que suelen recomendar tratamiento farmacológico
en la mayoría de los casos.
Puntos
clave.-
- La mortalidad cardiovascular global en nuestro entorno ha disminuido en las últimas
décadas fundamentalmente a expensas de la reducción de la incidencia de accidentes
cerebro-vasculares, pero la de origen coronario persiste prácticamente estable y su
morbilidad sigue incrementándose.
- El RCV se define como la probabilidad de padecer un evento cardiovascular en un
determinado período de tiempo, que habitualmente se establece en 10 años.
- El RC es una aproximación razonable del RCV, y se dice que un RC es alto cuando la
probabilidad de padecer un evento coronario es igual o superior al 20 por ciento a los 10
años (probabilidad equiparable a la que tendría un paciente con angina estable para
desarrollar un infarto de miocardio).
- La cuantificación del RC por el médico general / de familia, sobre todo en prevención
primaria, es básica para decidir la intervención terapéutica farmacológica y
establecer la periodicidad de las visitas de seguimiento, especialmente en el caso de la
HTA y la hipercolesterolemia.
- Diferentes Sociedades han establecido el orden prioritario de intervención que, de
mayor a menor, abordaría a los pacientes con ECV establecida, pacientes sanos con RCV
alto (>/= 20%), pacientes sanos con RCV moderado (10-20%) y, por último, los de RCV
bajo.
- Las tablas utilizadas para calcular el RC son unas herramientas de enorme utilidad para
la toma de decisiones en la práctica clínica habitual, pero están diseñadas en unas
poblaciones con unas tasas de mortalidad y unos riesgos coronario y cardiovascular muy
superiores a los de la población española y a la del área mediterránea en general. Por
ello, el RC calculado con estas tablas a nuestros pacientes suele ser superior al que
realmente poseen.
Dr. Gustavo C. Rodríguez Roca |
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