Revisión Bibliográfica


numero.gif (771 bytes)  

Tratamiento del Helicobacter pylori

cuadrop.jpg (1823 bytes) Antecedentes.-

El Helicobacter pylori (H. P.) es un bacilo gram-negativo, catalasa, oxidasa y ureasa positivo que precisa de un pH ácido para sobrevivir. Los humanos son el principal reservorio. Las vías de transmisión más admitidas son la fecal-oral y oral-oral (por la alta prevalencia e incidencia de su infección en zonas con malas condiciones sanitarias).

Ha sido relacionado (desde la década de los años 80) con diversas patologías gastrointestinales: úlcera péptica (y sobre todo con la recidiva ulcerosa), gastritis crónica no específica, adenocarcinoma gástrico y el linfoma gástrico MALT de bajo grado; también se ha sugerido su relación con: síndrome de Menetrier, lesiones dermatológicas como rosácea, urticaria o alopecia areata, cardiopatía isquémica, síndrome de Reynaud, migraña, síndrome de Sjögren, hepatopatía crónica y pólipos de colon. Aunque la infección por H. P. desempeña un papel fundamental en el desarrollo de diversas enfermedades digestivas hay que considerar que estas patologías son procesos multifactoriales en los que, además del microorganismo, hay otros elementos importantes (influyen factores constitucionales, ambientales y genéticos no bien conocidos, así como la interacción huésped-bacteria).

 

cuadrop.jpg (1823 bytes) Actualización del tema.-

Se ha comprobado una relación causal de la infección por H. P. con la úlcera péptica y con la recidiva ulcerosa (por un mecanismo no bien aclarado). La prevalencia de infección por H. P. es del 95 al 100 por ciento en pacientes con úlcera duodenal y del 80 al 85 por ciento en pacientes con úlcera gástrica.

La adquisición del tejido linfoide organizado asociado a la mucosa (MALT) es característico de personas infectadas por H.P. y parece ser secundario a algún tipo de estimulación antigénica por parte del H.P. sobre los linfocitos T; si persiste este estímulo antigénico, el linfoma MALT de bajo grado puede evolucionar a linfoma de alto grado (ya irreversible y no depende de la erradicación del H.P.).

Los métodos diagnósticos de su infección se dividen en directos o invasivos (precisan de la endoscopia: demostración de microorganismos mediante el estudio de muestras de biopsia gástrica con el test de la ureasa, el cultivo y la histología) e indirectos o no invasores (detección de ciertas características de la bacteria como en el test de la urea en el aliento o de la respuesta del sistema inmunitario del huésped frente a la infección por la serología).

El tratamiento de la úlcera se basa en aliviar el dolor, cicatrizar la lesión y evitar la recidiva. La curación de la infección por H.P. es el tratamiento de elección de la úlcera péptica cuando ambas circunstancias clínicas se asocian. Hablamos de tratamiento erradicador cuando las pruebas diagnósticas de la presencia de H.P. (sobre todo el test del aliento) son negativas transcurridas 4-6 semanas después de finalizar el tratamiento.

El tratamiento erradicador del H.P. beneficia a los pacientes con úlcera sangrante y H. P., úlcera no complicada, linfoma MALT y en aquellos intervenidos de neoplasia gástrica incipiente. En el caso de la duodenitis erosiva la actitud ha de ser idéntica a aquella en los pacientes con úlcera péptica (según algún estudio la prevalencia de la infección por H. P. es del 100 por ciento en pacientes con esta patología y el 98 por ciento se curaba totalmente tras el tratamiento erradicador). La detección y el tratamiento de la infección por H.P. no desempeña ningún papel en la enfermedad por reflujo gastroesofágico; tampoco está indicado este tratamiento en casos de dispepsia funcional ni en sujetos asintomáticos.

La erradicación de H.P. favorece la cicatrización ulcerosa, y desde el punto de vista clínico confirmar la erradicación significa casi siempre la cicatrización de la úlcera duodenal (un alto porcentaje de las lesiones no cicatrizadas terminan por cicatrizar de forma espontánea si el germen está erradicado).

La triple terapia clásica que combina el bismuto, metronidazol y un segundo antibiótico (amoxicilina o tetraciclina) tiene alta tasa de erradicación pero bastantes efectos secundarios. Actualmente, "las nuevas triples terapias" combinan a un inhibidor de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol o lansoprazol) con dos antibióticos y se caracterizan por su elevada efectividad, facilidad de seguimiento, escasez de efectos secundarios y bajo coste.

Para establecer una pauta de tratamiento habría que considerar varios aspectos: máxima eficacia con escasos efectos secundarios, fácil cumplimiento (posología cómoda, duración breve) y un coste aceptable.

Una pauta de tratamiento, la más aceptada en nuestro país, es: omeprazol (40 mg. al día) o lansoprazol (30 mg. al día), claritromicina (500 mg. cada 12 horas) y amoxicilina (1 g. cada 12 horas); es sencilla de administrar y con pocos efectos secundarios pero no se puede dar a los pacientes alérgicos a la penicilina y hay posible creación de resistencias a la claritromicina. Otra pauta consiste en: omeprazol (40 mg. al día) o lansoprazol (30 mg. al día), claritromicina (500 mg. cada 12 horas) y metronidazol (250 mg. cada 8 horas); el metronidazol tiene la ventaja de que el medio ácido no interfiere su acción pero se han detectado resistencias.

El omeprazol tiene acción bacteriostática sobre el H. P. in vitro (pero no in vivo); tiene gran poder para aumentar el pH gástrico y la duración de este efecto facilita el tratamiento antibiótico y además crea un ambiente desfavorable para el crecimiento del H. P.

En la Conferencia Española de Consenso sobre H.P. se concluyó que para una elevada tasa de cicatrización ulcerosa duodenal, es suficiente una semana de tratamiento con el inhibidor de la bomba de protones (durante la administración de los antibióticos); en la úlcera gástrica, sin embargo, no hay suficiente información; en la úlcera gastroduodenal complicada, conviene administrar antisecretores hasta confirmar la erradicación del H.P.

La adquisición del MALT por la mucosa gástrica como respuesta a la infección por H.P. es un paso previo al desarrollo del linfoma gástrico MALT de bajo grado, por lo que la erradicación del H.P. en estos casos puede tener un papel importante en la prevención de este tumor. Por ello se debería tratar el linfoma B MALT de bajo grado con tratamiento erradicador del H.P. (como único tratamiento, sólo en el estadio E-I1: linfoma limitado al estómago sin infiltración de la muscular ni afectación de ganglios linfáticos; en otros estadios deberá acompañar al tratamiento convencional); este tratamiento también se debería administrar de forma complementaria en los de alto grado.

Hay que tener en cuenta que el test de la ureasa puede dar falso negativo si se ha tratado las dos semanas anteriores con inhibidores de la bomba de protones o un mes anterior con antibióticos o con productos de bismuto, y en casos de hemorragia digestiva alta.

El test del aliento puede ser un sustituto eficaz de la endoscopia en el seguimiento de los pacientes (sin embargo en la úlcera gástrica sigue siendo recomendable el control endoscópico para descartar con seguridad la posible malignidad). Una opción razonable sería realizar el test de la ureasa de rutina, histología en los sangrantes y reservar el cultivo y el antibiograma para pacientes con fracaso de un segundo tratamiento erradicador.

 

cuadrop.jpg (1823 bytes) Conclusiones.

  • El H. P. es un bacilo implicado recientemente en la fisiopatología gastrointestinal, de ahí el cambio del tratamiento que se efectúa actualmente en estas patologías, adquiriendo importancia el tratamiento erradicador.

  • La pauta más utilizada se trata de la combinación de omeprazol, amoxicilina y claritromicina. Para obtener una elevada tasa de cicatrización ulcerosa es suficiente una semana de tratamiento con el antisecretor (a condición de que se erradique la infección).

 

cuadrop.jpg (1823 bytes) Puntos clave.-

  • El bacilo Helicobacter pylori ha sido relacionado con diversas enfermedades gastrointestinales.
  • La detección y el tratamiento de esta infección va adquiriendo cada vez mayor importancia.
  • El tratamiento erradicador más utilizado consiste en la combinación de un inhibidor de la bomba de protones con dos antibióticos (generalmente la amoxicilina y la claritromicina).
  • Para la úlcera duodenal la duración del tratamiento antisecretor es de una semana.

Dra. María Victoria Gutiérrez Cillán

 

BIBLIOGRAFIA:
  • Escriva R. y de la Figuera M. Helicobacter pylori. FMC 1996; 3: 167-173.

  • Martín de Argila C. Y Boixeda D. Una sugerencia racional para el tratamiento erradicador de la infección por Helicobacter pylori. Med. Clin. 1999; 113 (9): 334-336.

  • López Brea M. Y Prieto N. ¿Qué debemos saber acerca de la infección por Helicobacter pylori?. Enferm Infecc Microbiolol Clin 1999; 17 (6): 322-325.

  • Gisbert J.P. Lansoprazol: revisión de su papel en el tratamiento erradicador del Helicobacter pylori. Rev Esp Enferm Dig 1999; 91 (2): 133-143.

  • García S., Fuentes J. et al. ¿Es suficiente y seguro un tratamiento de una semana para cicatrizar la úlcera péptica?. Rev Esp Enferm Dig 2000; 92 (1): 5-8.

  • Gisbert J.P. Infección por Helicobacter pylori y enfermedades digestivas: un mismo microorganismo y muy distintas consecuencias. Rev Esp Enferm Dig 1999; 91 (8): 537-540.

  • Falcó Jover G., Martínez Egea A. et al. Regresión del linfoma gástrico B MALT tras tratamiento erradicador para Helicobacter pylori. Rev Esp Enferm Dig 1999; 91 (8): 541-544.