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Diabetes y riesgo cardiovascular
Antecedentes.-
La diabetes mellitus (DM) tipo 2, a la que
nos referiremos en el presente artículo, es una condición patológica muy prevalente
(cerca del 7 por ciento de la población con los actuales criterios diagnósticos de la
ADA, glucemia basal mayor de 126 mg/dl) que con frecuencia se asocia a otros factores de
riesgo cardiovascular (FRCV) como la hipertensión arterial (HTA), hipercolesterolemia,
tabaco, obesidad, etc. Cuando coexisten dos o más FRCV el riesgo no sólo tiene efecto
aditivo, sino que se potencia, lo que ya se puso de manifiesto en el estudio de
Framingham. Con frecuencia, existe un trastorno fisiopatológico de base común a todos
ellos, que es la resistencia insulínica, que constituye el llamado síndrome
plurimetabólico o de Reaven (intolerancia hidrocarbonada o diabetes definida,
sobrepeso/obesidad de tipo central, HTA y dislipemia). La DM se considera por tanto, un
síndrome metabólico complejo, cuya base es la insulinorresistencia y el
hiperinsulinismo, que se caracteriza por la presencia de hiperglucemia así como
alteraciones en el metabolismo lipídico y proteico (lipoproteinas). Suele existir como
trastorno más común, una hipercolesterolemia moderada, hipertrigliceridemia y descenso
de HDL-colesterol, lo que confiere un mayor riesgo. Las principales complicaciones a largo
plazo son las que marcan el pronóstico de la DM tipo 2: enfermedad macrovascular o
aterosclerótica, microvascular (nefropatía y retinopatía) y afectación neuropática.
La primera es con gran diferencia (cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares y
arteriopatía periférica) la que supone mayor morbilidad y mortalidad en el paciente
diabético. Se estima que 3 de cada 4 pacientes diabéticos fallecerán a causa de alguna
manifestación de la enfermedad macrovascular.
Actualización del tema.-
La incidencia de enfermedad coronaria es al
menos de 2 a 4 veces mayor que en población no diabética de la misma edad, sexo e
iguales FRCV. Además, la enfermedad coronaria tiene un peor pronóstico en la DM: mayor
mortalidad del episodio agudo (infarto de miocardio, angina inestable) y peor pronóstico
en los pacientes que sobreviven a éste.
Recientemente se ha sugerido que el riesgo
cardiovascular en el diabético es comparable al de un paciente que ya ha presentado
alguna manifestación clínica de enfermedad aterosclerótica (cardiopatía isquémica,
accidente cerebrovascular o arteriopatía periférica), o lo que es igual, el paciente
diabético debería ser considerado de cara a la prevención cardiovascular como una
situación de prevención secundaria. En un amplio e importante estudio realizado en
Finlandia, se ha objetivado que la mortalidad cardiovascular así como la incidencia de
IAM o ictus es similar en los pacientes diabéticos sin antecedentes de infarto, comparada
con la de pacientes no diabéticos que habían sufrido un IAM previo. La presencia de
diabetes tipo 2 aumentó la mortalidad en un seguimiento a largo plazo (8 años) hasta 7
veces más (superior a la referida en estudios anteriores) en los pacientes diabéticos.
Los principales paneles de expertos en el manejo de la hipertensión y de la
hipercolesterolemia, ya consideran este hecho en sus recomendaciones. Las últimas tablas
para el cálculo del riesgo coronario emitidas por las Sociedades Europeas para la
Prevención Coronaria, incluyen tablas especificas para el varón o mujer diabéticos. En
la mujer, la condición de género que aporta una clara protección de cara a la
enfermedad cardiovascular, se ve anulada por el hecho de ser diabética. Se ha demostrado
que el control estricto de las cifras de TA en los sujetos diabéticos con HTA, mejora
sustancialmente el pronóstico (estudio UKDPS y estudio HOT) tanto en términos de
reducción de eventos cardiovasculares como de complicaciones microvasculares.
Curiosamente, se ha puesto de manifiesto cómo un control estricto de la TA (hasta 144/82
mmHg) ofrece más beneficio en términos de reducción de morbimortalidad, que un control
metabólico estricto, el cual es con frecuencia difícil de conseguir en la DM tipo 2.
También se ha visto que para alcanzar el objetivo terapéutico en estos pacientes, se
requieren generalmente dos o más fármacos antihipertensivos. No obstante, aún en los
sujetos en que no se consigue alcanzar el control óptimo, se observa un beneficio
significativo (una reducción de 10 mmHg para cualquier TA inicial, reduce la incidencia
de ictus en un 17 por ciento y de IAM en un 11 por ciento). El VI Informe del Joint
National Committee así como posteriormente las Recomendaciones de la OMS y de la Sociedad
Internacional de Hipertensión publicadas el pasado año, clasifican al paciente
hipertenso y diabético en el grado de alto riesgo (igual que el paciente sin DM que
presenta lesión de órganos diana), siendo esta situación susceptible de tratamiento
farmacológico prácticamente inmediato (sin esperar los 3-6 meses de medidas higiénico
dietéticas). En diabéticos con hipercolesterolemia, e incluso aquellos que han sufrido
un IAM aún con cifras de colesterol en rango medio (estudio CARE), el control riguroso de
las cifras de colesterol total y LDL-colesterol también ha demostrado proporcionar un
importante beneficio, superior incluso al de los pacientes no diabéticos en similares
circunstancias. En el estudio 4S (prevención secundaria) el subgrupo de pacientes
diabéticos observó también una reducción discretamente mayor en el subgrupo de
diabéticos.
 Conclusiones.-
La mayoría de los organismos y paneles de expertos están de acuerdo
en tratar de forma más agresiva los FRCV en pacientes diabéticos, dado el alto riesgo
que está situación confiere, tanto en hombres como en mujeres. Se debe tratar más
enérgicamente la HTA, lo que también ha demostrado un beneficio adicional para la
enfermedad microvascular, en especial para frenar la afectación renal. También los
lípidos deben ser estrictamente controlados, y, además de tratar de optimizar el control
metabólico de la propia DM (lo que va a contribuir a un mejor control de la dislipemia),
se deben recomendar las medidas terapéutica oportunas (dieta y posteriormente fármacos
hipolipemiantes) con el fin de alcanzar cifras apropiadas (colesterol LDL menor de 115
mg/dl según las Sociedades Europeas). Respecto al control y manejo de los otros FRCV en
la diabetes, podemos resumirlos en los siguientes puntos:
- Recomendar firmemente el abandono del hábito tabáquico en los sujetos fumadores.
- Recomendar la práctica de ejercicio físico regular de tipo isotónico (30-45 minutos,
4 veces por semana)
- Dieta adecuada para su DM y reducir el sobrepeso.
- En caso de HTA, el objetivo terapéutico es alcanzar 130/85 mmHg o menos.
- En caso de hipercolesterolemia, el objetivo es reducir el colesterol LDL hasta 115 mg/dl
o menos y 100 mg/dl (NCEP) en pacientes que ya han presentado algún evento
cardiovascular.
Puntos
clave.-
La diabetes mellitus (DM) es un factor de riesgo cardiovascular mayor
cuya presencia tiene un efecto multiplicador en pacientes con otros FRCV.
Las principales causas de hospitalización y de muerte en pacientes
diabéticos tipo 2, son las complicaciones macrovasculares (cardiopatía isquémica,
accidente cerebrovascular y arteriopatía periférica)
El control riguroso de otros FRCV (hipertensión, dislipemia) en el
paciente diabético, ha demostrado proporcionar un beneficio significativo en reducción
de morbimortalidad, superior al que supone el control metabólico estricto de la propia
DM.
El paciente diabético presenta un riesgo cardiovascular muy superior
respecto a los sujetos no diabéticos. Este riesgo es similar al que presentan los
pacientes que ya han sufrido un infarto de miocardio.
Existe en la actualidad
suficiente información científica como para adoptar en el paciente con DM pautas de
prevención cardiovascular similares a las recomendadas en prevención secundaria.
El control de las cifras tensionales ha de ser especialmente
cuidadoso en la DM, debiendo fijarse el objetivo terapéutico en 130/85 mmHg.
Dr. José María Lobos Bejarano. |
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