La "HTA de bata blanca"
(HBB) o también denominada "HTA clínica aislada" se define como la
elevación reiterada de la PAC, en general ligera o moderada, en la consulta, sin signos
de afectación orgánica y con normotensión por MAPA. Estos pacientes suelen presentan un
fondo de ojo, electrocardiograma y valores analíticos normales. Por el momento resulta
imposible concluir que la HTA de bata blanca no se asocie con un aumento del riesgo
cardiovascular, cuando se compara a estos pacientes con los verdaderamente normotensos.
El "fenómeno de bata blanca" (FBB) se define por el
hallazgo en un determinado individuo de diferencias entre las PAC, y ambulatorias (PAA) ³
20 mm de Hg. de presión arterial sistólica (PAS) y / o 10 mm de Hg. de presión arterial
diastólica (PAD). Puede observarse en pacientes normotensos o hipertensos, con o sin
tratamiento farmacológico, que presentan elevaciones de la PA en consulta, posiblemente
mediada por una reacción de alerta que desencadena un efecto presor.
La Liga Mundial de Hipertensión define la AMPA como las
lecturas de la PA realizadas por personas que no son profesionales sanitarios, es decir,
efectuadas por los mismos pacientes o sus familiares, fuera del ambiente sanitario.
La AMPA es una técnica común en muchos países y diversos organismos
científicos competentes relacionados con la HTA recomiendan su práctica. El Consenso
para el control de la HTA en España (1996), el sexto Informe del Joint National Committee
estadounidense (1997) y la OMS-ISH (1999) respaldan su utilización en determinadas
situaciones para el apoyo al diagnóstico y el control terapéutico de la HTA.
Para efectuar AMPA se pueden utilizar tres tipos de aparatos:
esfigmomanómetros de mercurio, manómetros aneroides y los instrumentos electrónicos
semiautomáticos y automáticos. Para la validación de los dispositivos medidores de la
PA se han publicado dos protocolos estándar: el de la American Association for the
Advancement of Medical Instrumentation (AAMI) y el de la British Hipertensión Society
(BHS). Estos aparatos son muy precisos, sencillos en su manejo y deben de calibrase
anualmente, recomendándose los que miden la PA a nivel de la arteria braquial.
El personal médico o de enfermería debe entrenar al observador y
explicarle los requisitos mínimos para realizar una correcta medición de la PA, como
son: respetar las condiciones habituales en cuanto a la postura (sentado o acostado, con
el brazo a la altura del corazón); no haber comido, fumado, bebido café o alcohol o
realizado ejercicio físico una hora antes; no tener la vejiga urinaria llena; no haber
consumido fármacos con capacidad hipertensiva; la temperatura ambiente ha de ser
agradable (en torno a 20º C); se evitarán ruidos y situaciones de alarma; la PA debe
medirse inicialmente en ambos brazos y si se observase una diferencia superior a 10 mm de
Hg, o posteriormente la presencia de valores anormales, se pondrá en conocimiento del
médico. Aunque no está establecido el número de automedidas que se deben efectuar, los
resultados de recientes estudios recomiendan efectuar dos, separadas 3-4 minutos, antes de
las tres comidas durante varios días consecutivos, anotando siempre los registros.
Las principales indicaciones de la AMPA son:
- Diagnóstico de la HBB o HTA clínica aislada.
- Identificación del FBB.
- Control de la respuesta terapéutica, especialmente en el caso de HTA resistente
(pacientes con PA ³ 140/90 a pesar del tratamiento con tres fármacos antihipertensivos a
dosis plenas, siendo uno de ellos un diurético.
- HTA pseudorresistente (mal control de la PAC, con cifras de PA normales en el domicilio
y sin afectación orgánica) para evitar el sobretratamiento.
- Ensayos clínicos y observancia terapéutica.
La AMPA ha demostrado un mayor valor predictivo en la mortalidad que la
medición de la PA en el cribado de la población general. Los valores de normalidad se
establecen en cifras inferiores a 130/80 mm de Hg. y se diagnostica la HTA con los
superiores a 135/85 mm de Hg.
Entre los inconvenientes de la AMPA se encuentran la necesidad de
efectuar entrenamiento adecuado a los pacientes y a sus familiares, el uso de aparatos no
validados, pacientes no susceptibles a la técnica, posibilidad de tomar decisiones
terapéuticas por el propio paciente y ausencia de datos de referencia de normalidad en la
población general.
La PAC ha sido la base para el
conocimiento de la HTA y de sus consecuencias como factor de riesgo cardiovascular, sin
embargo la AMPA cada vez se utiliza más en su diagnóstico y tratamiento.
Es esencial el empleo de aparatos validados por las
sociedades científicas, aconsejándose los automáticos y semiautomáticos por su
facilidad de uso y precisión.
Por el momento resulta imposible concluir que la HBB
no se asocie con un aumento del riesgo cuando se compara a estos pacientes con los
normotensos, recomendándose la observación prolongada y el control de los FRCV.