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Tabaco y enfermedad
Hace años, los fumadores estaban más
considerados. Diversos actores de cine causaban estragos mostrándose en público con un
cigarrillo, siendo imitados por multitud de personas. Las campañas de publicidad de las
grandes compañías tabaqueras ofrecían paisajes idílicos con personajes que fumaban
cigarrillos o puros. Pero las consecuencias funestas que el tabaco originaba dieron
inicio, sobre todo en los últimos treinta años, a una ofensiva antitabaco. Se asoció su
uso con la aparición de múltiples neoplasias, cardiopatías y algunas enfermedades más.
Las autoridades sanitarias se percataron del enorme coste sanitario que originaba el
tabaco. Este coste ha aumentado en los últimos años por la incorporación de la mujer al
tabaquismo.
Adicción a la nicotina
El tabaquismo es la principal causa de
enfermedad, incapacidad y muerte prematura. Sin embargo, cada año muchos miles de niños
y adolescentes comienzan a fumar y la mayoría de los fumadores establecidos tienen gran
dificultad para abandonar el hábito.1 Las mujeres y las
jóvenes son las que más fuertemente están aumentando la prevalencia.2
Los efectos adictivos de la nicotina son la causa de gran parte de este dilema sanitario,
personal y sanitario público. Para un tratamiento eficaz de los pacientes, es esencial
reconocer que el consumo de tabaco es una adición y que la nicotina es la droga adictiva.
Los criterios primarios para definir la adicción a una droga son: uso compulsivo, efectos
psicoactivos y conducta reforzada por la droga. El uso de nicotina cumple estos criterios
debido a que produce una compulsión a fumar, causa alteraciones placenteras del estado de
ánimo y motiva una conducta crónica de búsqueda y consumo de tabaco. La tolerancia y la
dependencia física, que se manifiestan en un síndrome de abstinencia, contribuyen al
férreo control que la nicotina ejerce sobre la conducta de fumar. Los fumadores regulan
su dosis de nicotina para obtener los efectos deseados; éstos comprenden tanto efectos
intrínsecamente positivos, como el placer y la mejora del rendimiento, como el evitar el
síndrome de abstinencia. Este síndrome se caracteriza por ira, ansiedad, ansia de
productos de tabaco, dificultad para concentrarse, hambre, impaciencia e intranquilidad.
La mayoría de estos síntomas alcanzan un máximo uno o dos días después del abandono y
vuelven a la situación de partida en 3 ó 4 semanas; sin embargo, el ansia de tabaco y el
hambre pueden persistir durante largos períodos.3
El uso de productos del tabaco es una
conducta compleja, aprendida, entretejida con la vida diaria y relacionada con la forma
con que el fumador se relaciona con el mundo. Numerosas actividades, pensamientos y
emociones de la vida diaria actúan como poderosas señales para fumar. De forma similar,
la conducta del fumador está influida por factores ambientales, como la aceptación del
tabaquismo en el hogar, entre los compañeros y en el lugar de trabajo.
Epidemiología.
Los datos de grandes estudios prospectivos de
poblaciones de varios países muestran que los varones fumadores tienen una tasa de
mortalidad global un 70 % mayor que los no fumadores. Este efecto sobre la mortalidad es
proporcionalmente más acusado en los grupos más jóvenes. La mortalidad de las mujeres
fumadoras es algo menor que la de los varones que fuman, pero está aumentando. El
tabaquismo es el mayor riesgo para la salud, y se le considera responsable de miles de
muertes prematuras cada año; esto equivale a aproximadamente, una sexta parte de todas
las muertes. Las cardiopatías coronarias y el cáncer de pulmón son los principales
factores que contribuyen a esta mortalidad derivada del tabaco. Los fumadores también
tienen un mayor porcentaje de incapacidad debido a enfermedades crónicas junto con un
mayor absentismo laboral que los no fumadores.
Existe una clara relación dosis-respuesta
entre el tabaquismo y el aumento de la mortalidad, medida por la edad en que se comienza a
fumar, número de años de consumo de cigarrillos e intensidad de la inhalación. El dejar
de fumar está asociado con un descenso en la tasa de mortalidad. Estas observaciones,
junto con los estudios clínicos, experimentales y anatomopatológicos, indican que fumar
causa, per se, una mayor mortalidad.
Las diferencias demográficas,
antropométricas, fisiológicas y de laboratorio entre fumadores de cigarrillos y no
fumadores se deben a diferencias basales entre estos grupos y a los efectos del tabaco.
Los fumadores beben más alcohol, café y té que los no fumadores. El poder adquisitivo
de los fumadores es menor últimamente.4 Su peso y su presión
arterial son ligeramente menores y su frecuencia cardíaca es ligeramente más rápida que
en los no fumadores. En las mujeres, la menopausia aparece antes entre fumadoras que entre
las que no lo son. Los fumadores tienen una disminución del rendimiento para el ejercicio
máximo y un sistema inmunitario deteriorado, si se comparan con los no fumadores. En los
fumadores hay un aumento notable de macrófagos alveolares pulmonares y la función y el
metabolismo de estas células son anómalos. Cuando se comparan con los no fumadores, los
fumadores muestran ligeros aumentos del hematocrito, del número total de leucocitos y del
recuento de plaquetas, así como disminución de las concentraciones leucocitarias de
vitamina C, ácido úrico sérico y albúmina. En los fumadores es más baja la
proporción entre colesterol lipoproteínico de alta densidad y colesterol lipoproteínico
de baja densidad.
Tipos de tabaquismo.
Durante los últimos veinte años, la
cantidad de alquitrán y nicotina de los cigarrillos ha disminuido más de un 50 %. Los
cigarrillos con filtro y con menos alquitrán y nicotina suponen actualmente el 95 y el 55
% de las ventas, respectivamente. El cáncer de pulmón y el cáncer de laringe son las
únicas enfermedades relacionadas con el tabaco en las que fumar cigarrillos bajos en
alquitrán y nicotina ha reducido el riesgo de padecerlas, en comparación con los
cigarrillos con más nicotina y alquitrán; sin embargo, comparado con no fumar o dejar el
hábito, los beneficios son mínimos. Los consumidores que eligen cigarrillos más bajos
en nicotina y alquitrán fuman más cigarrillos o inhalan más a menudo o con más
profundidad, aumentando así su exposición a las sustancias perjudiciales. También
preocupa el hecho de los agentes sin identificar que se añaden para dar sabor a los
cigarrillos y aumentar la aceptación de los consumidores. Existen diferencias según el
área geográfica.5
Los fumadores de puros y pipa suelen inhalar
menos humo que los fumadores de cigarrillos, probablemente porque el pH alcalino del
tabaco de puros y pipa irrita más las vías respiratorias. La exposición al humo y las
tasas globales de mortalidad en fumadores de puros y pipa son sustancialmente inferiores a
las de los fumadores de cigarrillos; sin embargo, las tasas de mortalidad de fumadores de
cigarrillos, puros y pipa son aproximadamente iguales para los carcinomas de cavidad
bucal, laringe y esófago, lugares donde la exposición al humo de cigarrillos, puros o
pipa es similar.
El uso de tabaco de mascar y de esnifar puede
producir niveles de nicotina en plasma comparables a los de los fumadores de cigarrillos y
provocar dependencia o adicción a la nicotina. El uso de estos productos de tabaco sin
humo también aumenta el riesgo de cáncer de la cavidad bucal.
El tabaco como factor de
polución
El hábito de fumar o tabaquismo es una
drogadicción permitida peligrosa, al igual que el alcoholismo, particularmente por sus
efectos secundarios, que se extienden al propio afectado, el fumador activo, y a sus
acompañantes, convertidos en fumadores pasivos, al inhalar el humo exhalado por el propio
fumador. Con la nicotina como droga que determina la conducta del fumador, el tabaquismo
provoca unos efectos múltiples, bioquímicos y biofísicos, que lo equiparan a una
polución atmosférica responsable de diversos trastornos patológicos, con un origen
ambiental y, por ello, susceptibles de ser erradicados.
Problemas del
tabaquismo
El tabaquismo, como drogadicción, genera una
serie de problemas 6 complejos. Así el poder adictivo de la
nicotina determina un gran número de consumidores y genera un amplio mercado que aporta
enormes beneficios a un reducido número de empresas multinacionales, totalmente
indiferentes al conjunto de trastornos derivados del uso de sus productos de consumo. Una
propaganda bien orquestada alienta un mayor consumo; esta propaganda es sutil en
Occidente, donde rigen algunas leyes restrictivas, y groseramente agresiva en el Tercer
Mundo, totalmente desamparado. En los países más pobres se extienden las vastas
plantaciones del tabaco, en un monocultivo que acaba ocupando y agotando unos terrenos
fértiles en unos países castigados por una carencia crónica de alimentos.
Subproductos del tabaco
El humo del tabaco es un aerosol heterogéneo
producido por la combustión incompleta de la hoja del tabaco. Está compuesto por una
fase gaseosa en la que la materia en partículas se dispersa. La fuente principal del humo
surge de la boquilla durante las caladas. Las fuentes secundarias del humo surgen entre
las caladas al final del extremo encendido y en la boquilla. La composición del humo
depende de diferentes factores, como son el tipo de tabaco, la temperatura de combustión,
la longitud del cigarrillo, la porosidad del papel, los aditivos y los filtros. La
temperatura del cigarrillo varía de 30° C en la boquilla a 900° C en el extremo
encendido. En presencia de calor intenso algunos constituyentes del tabaco padecen
descomposición térmica (pirólisis). Las sustancias volátiles se destilan directamente
en el humo. Las moléculas inestables se recombinan para generar otros compuestos
(pirosíntesis). La concentración de constituyentes del humo sucede cuando se filtra el
humo por tabaco no quemado y se redestila en el extremo encendido. Algunas sustancias del
tabaco pasan sin modificarse al humo del cigarrillo.
Aproximadamente, entre el 92 y el 95 % del
peso total del humo principal está presente en la fase gaseosa. El 85 % del peso del humo
está compuesto de nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono. Los gases restantes y las
partículas de materia son las sustancias de importancia médica
En el humo de los cigarrillos se han
identificado más de 4000 sustancias, que incluyen algunas que son farmacológicamente
activas, antigénicas, citotóxicas, mutagénicas y carcinogénicas; estos efectos
biológicos variados brindan un contexto para comprender las consecuencias adversas del
tabaquismo.7 Un fumador de un paquete diario realiza más de
70 000 inhalaciones al año y las membranas de la boca, nariz, faringe y árbol
traqueobronquial resultan expuestas de forma repetida al humo del tabaco. Algunos
componentes actúan directamente sobre las membranas, mientras que otros son absorbidos a
la sangre o se disuelven en la saliva y se degluten.
Las respuestas del sistema de órganos y
tejidos a la inhalación de humo de cigarrillo son múltiples y complejas. La mayor parte
de los estudios en seres humanos se han efectuado con exposición a humo completo o a
constituyentes seleccionados respecto a los cuales se piensa que plantean los mayores
riesgos para la salud, como la nicotina y el monóxido de carbono. Se sabe relativamente
poco sobre los efectos individuales e interacciones de otros componentes del tabaco
potencialmente tóxicos, presentes en bajas concentraciones.
La nicotina es un alcaloide muy tóxico, a la
vez estimulante y depresor ganglionar. Muchos de sus efectos son mediados a través de la
liberación de catecolaminas. En fumadores habituales se observan respuestas
cardiovasculares agudas a la nicotina, como un aumento de la presión arterial sistólica
y diastólica, frecuencia cardíaca, fuerza de contracción miocárdica, consumo de
oxígeno por el miocardio, flujo coronario, excitabilidad miocárdica y vasoconstricción
periférica. También se ha observado que la nicotina aumenta las concentraciones séricas
de glucosa, cortisol, ácidos grasos libres, hormona antidiurética y P-endorfina.
El monóxido de carbono es un gas tóxico que
interfiere con el transporte y utilización del oxígeno. Debido a que el humo de un
cigarrillo contiene de un 2 a un 6 % de monóxido de carbono, los fumadores inhalan una
concentración de hasta 400 partes por millón (ppm) y tienen una concentración elevada
de carboxihemoglobina (COHb). Los fumadores tienen entre un 2 y un 15 % de COHb, mientras
que los no fumadores sólo alcanzan el 1 %. El nivel medio de COHb en fumadores moderados
es del 5 %. El monóxido de carbono produce sus efectos nocivos reduciendo la cantidad de
oxihemoglobina y mioglobina, y desplazando la curva de disociación de
oxígeno-hemoglobina hacia la izquierda. El aumento moderado y crónico de la COHb debido
al tabaco es una causa frecuente de policitemia leve y puede producir una ligera
alteración de la función del sistema nervioso central.
El humo de cigarrillo y su condensado son
carcinógenos en varias especies animales. Los principales carcinógenos identificados en
el humo de cigarrillo son los hidrocarburos aromáticos polinucleares, las aminas
aromáticas y las nitrosaminas.8 Los cocarcinógenos presentes
en el humo de cigarrillo, como el catecol, aumentan de forma sustancial su
carcinogenicidad.
En el humo de cigarrillo se han encontrado
irritantes pulmonares y ciliotoxinas potentes. Esas sustancias aumentan la secreción de
moco bronquial y son mediadoras de disminuciones agudas y crónicas de la función
pulmonar y mucociliar.
Enfermedades asociadas.
El tabaquismo entraña una extensa gama de
posibilidades nosológicas, así como un gran número de afectados; por su morbilidad y
mortalidad elevadas constituye una de las peores plagas de nuestra civilización, siendo
responsable de una reducción en la expectativa de vida, pérdida de horas de trabajo,
exceso de ingresos hospitalarios y jubilaciones anticipadas por problemas
cardiorrespiratorios.9
Estudios amplios de la población han
mostrado una asociación evidente entre el tabaquismo y diversas enfermedades. Las
afecciones debidas al tabaco y que producen mortalidad y morbilidad excesivas son las
enfermedades cardiovasculares ateroscleróticas, el cáncer y la enfermedad pulmonar
obstructiva crónica.
Los riesgo individuales por el tabaquismo
varían mucho de un paciente a otro. Los factores que influyen en estos riesgos son la
duración, intensidad y tipo de humo al que se exponen; susceptibilidad mediada
genéticamente; exposición profesional y ambiental; uso de medicamentos: y factores de
riesgo y enfermedades coexistentes.
Enfermedades cardiovasculares. El
tabaquismo es una de las causas principales de cardiopatía coronaria (CC) y la CC
prematura es una de las consecuencias médicas más importantes. Aproximadamente el 20 %
de las 500 000 muertes por CC anuales en Estados Unidos se atribuyen al tabaquismo. El
tabaquismo, la hipertensión y la hipercolesterolemia son los tres factores de riesgo
principales de la CC. El tabaquismo actúa tanto de forma independiente como sinérgica
con los otros factores de riesgo de la CC. Dos factores de riesgo pueden multiplicar por
cuatro el riesgo de CC y tres factores de riesgo pueden multiplicarlo por ocho. Existe una
relación dosis-respuesta entre el riesgo de CC y el tabaquismo. Estas tasas de mortalidad
por CC son un 60 a 70 % mayores en fumadores varones que en no fumadores. La muerte
súbita puede ser la primera manifestación de CC, y es de 2 a 4 veces más probable en
fumadores jóvenes varones que en no fumadores. Las fumadoras de cigarrillos tienen
también más riesgo de padecer CC que las no fumadoras y el uso simultáneo de
cigarrillos y anticonceptivos orales aumenta este riesgo al menos diez veces. Los
individuos que siguen fumando después de un infarto de miocardio tienen más
probabilidades de morir por CC que aquellos que dejan de fumar. Los fumadores que han sido
sometidos a cirugía de derivación coronaria tienen mayor mortalidad perioperatoria que
los que no fuman. El tabaquismo contribuye a producir tanto la aterosclerosis coronaria
como eventos agudos coronarios isquémicos, trombóticos y arrítmicos. El consumo de
cigarrillos puede interferir con la eficacia de los medicamentos utilizados para tratar la
CC, como el propranolol.
El tabaquismo es una causa importante de
enfermedades cerebrovasculares y origina aproximadamente un 18 % de las 150 000 muertes
por ictus que ocurren anualmente en Estados Unidos. Estudios epidemiológicos extensos
llevados a cabo en hombres y mujeres han mostrado un mayor riesgo de ictus entre fumadores
que entre no fumadores, una relación dosis-respuesta entre fumar y riesgo de ictus, y una
disminución del riesgo de ictus al dejar de fumar. En las mujeres, es más probable la
hemorragia subaracnoidea en fumadoras que en no fumadoras, y el uso simultáneo de
cigarrillos y anticonceptivos aumenta en gran medida este riesgo.
El tabaquismo es el factor de riesgo más
importante para la arteriosclerosis obliterante y la tromboangitis obliterante. También
agrava la isquemia periférica y puede afectar de forma adversa a los injertos de
derivación periféricos.10 La tasa de mortalidad de los
aneurismas aórticos ateroscleróticos es mayor en fumadores varones que en no
fumadores.
El tabaquismo no es un factor de riesgo para
el desarrollo de hipertensión; sin embargo, los hipertensos que fuman tienen más
posibilidades de presentar hipertensión maligna y morir de hipertensión. Debido a la
asociación con la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el tabaquismo es un factor
importante que causa cardiopatía pulmonar crónica.
Cáncer. El tabaquismo es la causa
aislada más importante de mortalidad por cáncer en Estados Unidos. representando el 30 %
de todas las muertes por cáncer. A pesar de la relación comprobada de causa y efecto
entre tabaquismo y el cáncer de pulmón, siguen muriendo más pacientes por este cáncer
que por otros tumores. 11 Se calcula que en 1991 se
produjeron 143 000 muertes por cáncer de pulmón en Estados Unidos; el 85 % de estas
muertes se pueden atribuir al tabaquismo. El riesgo de contraer cáncer de pulmón está
cuantitativamente relacionado con la exposición al humo de cigarrillos.12
Los hombres que fuman una cajetilla diaria aumentan el riesgo diez veces más que los no
fumadores; los hombres que fuman dos cajetillas diarias pueden aumentar su riesgo 25 veces
más que los no fumadores. Los trabajadores de asbesto que fuman cigarillos tienen muchas
posibilidades de contraer cáncer de pulmón. El consumo de cigarrillos en mujeres ha
aumentado muy rápidamente en Estados Unidos durante los últimos 50 años, y la
mortalidad por cáncer de pulmón está aumentando más rápidamente en mujeres que en
hombres. El cáncer de pulmón ha pasado a ser la causa principal de muerte por cáncer
entre las mujeres norteamericanas.
El tabaquismo causa cáncer de laringe, boca,
vejiga y esófago en hombres y mujeres. Además, es un factor que contribuye
considerablemente al desarrollo de cáncer de riñón, hígado y páncreas;13 también se ha asociado con cáncer de estómago y de cérvix
uterino y con leucemia mielocítica.
Enfermedades respiratorias. El
tabaquismo es la causa principal de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), es
decir, bronquitis crónica y enfisema. Se atribuyen al consumo de tabaco el 82 % de las 70
000 muertes por EPOC que ocurrieron en Estados Unidos en 1988, y muchas de estas muertes
estuvieron precedidas de dificultad respiratoria prolongada. Hay una relación
dosis-respuesta entre la tasa de mortalidad por EPOC y el tabaquismo.14
Dependiendo del grado de exposición al humo, los varones fumadores de cigarrillos sufren
entre 4 y 25 veces más muertes secundarias a EPOC que los no fumadores. Aunque la tasa de
mortalidad por EPOC en mujeres fumadoras es algo más baja que en varones, está
aumentando mucho más rápidamente en ellas que en los hombres. La tos crónica, la
producción de esputos y la dificultad respiratoria son mucho más comunes en los
fumadores. Los fumadores tienen más probabilidades que los no fumadores de mostrar
alteraciones en algunas pruebas de función pulmonar, como la medición de la elasticidad,
el flujo de aire en las vías respiratorias grandes y pequeñas y la capacidad de
difusión. Una obstrucción leve del flujo de aire en las vías respiratorias pequeñas
puede aparecer incluso en fumadores adolescentes.
El tabaquismo se ha asociado con una mayor
incidencia de infecciones respiratorias y muertes por neumonía y gripe. Las
complicaciones respiratorias postoperatorias y el neumotórax espontáneo también son
más frecuentes en fumadores. Dado que el humo del tabaco puede aumentar la obstrucción
de las vías respiratorias, se debe advertir a los asmáticos que no fumen. La estomatitis
crónica y la laringitis crónica ocurren más a menudo en fumadores que en no
fumadores.
Embarazo. Fumar puede retrasar la
concepción y el tabaquismo durante el embarazo puede afectar al feto de forma
desfavorable. Los niños cuyas madres fumaron durante el embarazo pesan, como promedio,
170 gramos menos que los niños cuyas madres no fumaron. Este efecto se debe probablemente
a la alteración de la circulación uteroplacentaria. El hecho de que la madre fume
durante el embarazo aumenta el riesgo de aborto espontáneo, muerte del feto y del neonato
y síndrome de muerte súbita del lactante. Este riesgo puede ser aún mayor en embarazos
ya de por sí con riesgos debidos a otros factores. El tabaquismo durante el embarazo
también puede afectar negativamente al crecimiento físico a largo plazo y al desarrollo
intelectual del niño.15
Trastornos gastrointestinales. La
enfermedad ulcerosa gástrica y duodenal es más frecuente en varones y mujeres que fuman
que en no fumadores, y causa más muertes en hombres fumadores que en no fumadores. Fumar
perturba la curación espontánea o inducida mediante fármacos de las úlceras pépticas,
aumenta las probabilidades de reaparición de las úlceras duodenales, inhibe la
secreción de bicarbonato pancreático y disminuye la presión de los esfínteres
esofágico y pilórico. Fumar también impide la inhibición de la secreción gástrica
nocturna que se consigue con antagonistas de los receptores H-2 de la histamina. En las
mujeres postmenopausicas fumadoras se ha detectado una alteración de la masa corporal
ósea.16
Depresión. Estudios recientes indican
que la prevalencia del consumo de cigarrillos es mayor entre las personas que han tenido
un trastorno depresivo mayor. Además, las tasas de abandono del tabaquismo son menores
entre los fumadores deprimidos, cuando se les compara con fumadores no deprimidos.
Inhalación involuntaria del humo. Las
atmósferas interiores y otros espacios cerrados están a menudo contaminados por humo de
tabaco, que es inhalado involuntariamente por fumadores y no fumadores. La mayor parte de
los contaminantes atmosféricos surgen del humo de corriente lateral. Este contiene
mayores concentraciones de muchos constituyentes del humo que la corriente principal, pero
debido a que el humo de la corriente lateral se diluye en un volumen amplio de aire, la
exposición al humo de inhalación involuntaria es menor que el asociado con el
tabaquismo.
El fumador pasivo es un individuo no fumador
que se halla expuesto al humo del tabaco procedente de fumadores activos. Las
estadísticas demuestran un riesgo superior a la mitad del que corre un fumador activo,
aunque nunca llegue a convertirse en un adicto a la nicotina, a pesar de inhalarla. Un
caso particular de fumador pasivo es el del feto en una gestante expuesta al humo del
tabaco; tanto si ella misma es fumadora activa como pasiva, el feto queda sometido a una
hipoxia crónica y suele presentar déficit ponderal al nacer. Actualmente, las
estadísticas ya tienen en cuenta si se trata de fumadores activos, fumadores pasivos o
personas no expuestas; con ello se ha obtenido unos resultados suficientemente
demostrativos para apoyar la promulgación de las actuales leyes restrictivas del consumo
del tabaco, al menos en los centros públicos. La combustión del tabaco genera dos flujos
de humo distintos: un flujo interno (el "main stream" de los anglosajones), cuya
temperatura es muy elevada, próxima a los 1.000 °C en un cigarrillo, es rico en
monóxido de carbono, compuestos aromáticos y compuestos nitrogenados, y otro flujo
colateral (se trata del "side stream"), que resulta algo menos nocivo. Un
cigarrillo, al quemarse, desprende un importante flujo interno, mientras que una pipa o un
cigarro producen un importante flujo colateral y, por este motivo, afectan más a los
fumadores pasivos, hecho que explica su estricta prohibición en las aeronaves
comerciales.
En un principio se pensaba que el tabaquismo
involuntario o pasivo causaba primordialmente efectos irritantes, como quemazón ocular.
Actualmente se reconoce que es una causa de cáncer de pulmón en no fumadores. El que los
padres fumen en casa se asocia con un riesgo mayor de enfermedades respiratorias agudas,
derrames en oído medio, síntomas respiratorios crónicos y una ligera disfunción
pulmonar en los niños. La inhalación involuntaria de humo puede causar también
cardiopatía coronaria. Según algunos autores, el tabaco puede producir un aumento de las
patologías displásicas infantiles.17
Efectos medicamentosos. Los
constituyentes del humo del tabaco inducen sistemas de enzimas microsómicas hepáticas
que son importantes en el metabolismo de algunos fármacos. Por ejemplo, el tabaquismo
aumenta el metabolismo del propranolol, propoxifeno y teofilina. Por ello, los cambios en
el hábito de fumar pueden causar alteraciones significativas de las concentraciones del
fármaco en suero, que pueden provocar toxicidad del fármaco o fracaso del
tratamiento.
Posibles soluciones
Si se quieren realmente erradicar todos los
procesos patológicos derivados del tabaquismo, se debe luchar arduamente y a nivel
mundial en una serie de frentes mediante:22
1. Reconversión de los terrenos de cultivo,
respetando los intereses económicos de los agricultores locales.
2. Prohibición absoluta de fumar en locales
y vehículos públicos.
3. Prohibición de toda propaganda, directa o
indirecta.
4. Información objetiva y desdramatizada
sobre los riesgos del tabaquismo, tanto para el fumador activo como para el pasivo.
5. Concienciación amplia sobre la gravedad
de los riesgos del tabaquismo en embarazadas, niños y adolescentes.
6. Concienciación de los no fumadores sobre
sus derechos.
7. Tratamiento de deshabituación de los
grandes fumadores, mediante chicle o parche de nicotina, acupuntura y/o
psicoterapia.
8. Educación sanitaria a los fumadores
procurando que no fumen en público, tiendan a reducir su consumo de tabaco y desechen el
último tercio de sus cigarrillos.
9. Educación sanitaria a los escolares para
que practiquen más deporte, hecho que los desviará del consumo de tabaco y otras
drogas.
10. Concienciación de médicos y maestros
para que asuman su papel como modelos sociales y contribuyan a la lucha contra el
tabaquismo. Los profesionales de la salud han de tener muy presente que la reducción del
tabaquismo aportará grandes beneficios, tanto en la esfera sanitaria, al disminuir la
mortalidad/ morbilidad, como en la económica, al reducir el absentismo laboral y las
jubilaciones anticipadas por afecciones cardiorrespiratorias; también puede descender el
número de incendios de todo tipo, en viviendas, locales públicos, industrias y bosques.
Es importante precisar que los beneficios obtenidos al reducir la incidencia del
tabaquismo serán importantes pero tardarán en apreciarse, tanto en el ámbito sanitario
como en el económico.
Dejar de fumar.
En Estados Unidos, entre 1965 y 1990 la
prevalencia de adultos fumadores descendió del 52 al 28 % en los varones y del 34 al 23 %
en las mujeres. En 1990 se calculó que había una población de 45.8 fumadores adultos
activos y 44.1 millones de exfumadores; aproximadamente la mitad de los adultos
estadounidenses vivos que en algún momento han fumado han tenido éxito en abandonar el
hábito. En los últimos años, la prevalencia de fumadores entre los estudiantes de
último curso de instituto se ha estabilizado en un nivel aproximado del 20 %. La tasa de
disminución de la prevalencia de fumadores es menor en los estratos de menor nivel
educativo en Estados Unidos.
Ventajas. Dejar de fumar tiene
ventajas físicas, psicológicas y económicas inmediatas y a largo plazo. A los pocos
días del abandono pueden mejorar los sentidos del olfato y del gusto. Un año después se
reduce de forma sustancial el riesgo de infarto de miocardio. Cuando el hábito crónico
de fumar produce daños permanentes, como es el caso del enfisema, las ventajas del
abandono son más discretas, como por ejemplo un retraso del deterioro de la función
pulmonar. El Surgeon General de los Estados Unidos resumió recientemente las principales
ventajas inmediatas para la salud que reporta el dejar el hábito y que son válidas para
hombres y mujeres de cualquier edad, tanto con patología relacionada con el tabaco como
sin ella los antiguos fumadores viven, en promedio, más que las personas que siguen
fumando. Por ejemplo, los que abandonan el hábito antes de los 50 años tienen la mitad
de riesgo de muerte en los 15 años siguientes, si se les compara con los que siguen
fumando. El abandono reduce el riesgo de cánceres relacionados con el tabaco, de infarto
de miocardio, de enfermedad cerebrovascular y de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Las mujeres que dejan de fumar antes de quedar embarazadas o durante el primer trimestre,
eliminan el riesgo de dar a luz un neonato de bajo peso. Las ventajas para la salud del
abandono del tabaco superan con mucho los riesgos del aumento de 2.5 kilos de peso que se
produce por término medio o de cualquier efecto psicológico adverso que pueda ocurrir
tras el abandono.
Proceso de abandono. La mayoría de
los fumadores desearían abandonar el hábito. El 80 % lo han intentado durante su vida y
el 30 % lo dejaron por lo menos un día el año previo. La mayoría de estos intentos de
abandono sólo tienen un éxito temporal. El abandono del tabaquismo es un proceso
dinámico, cíclico, que lleva a superar una conducta adictiva. Los fumadores atraviesan
una serie de etapas en sus intentos de abandono que incluyen pensar en dejarlo, decidir
dejarlo, intentar dejarlo y mantener su condición de exfumadores. La mayoría de los que
tienen éxito recaen y pasan cíclicamente por estas etapas tres o cuatro veces antes de
lograr la abstinencia prolongada. Menos del 5 % de los fumadores pasan directamente a la
situación confirmada de exfumadores sin experimentar recaídas. Los factores que
favorecen el abandono a largo plazo son la disminución de la aceptación social del
tabaquismo, la creciente preocupación por las consecuencias para la salud del fumador
activo y pasivo y el aumento del coste de los productos del tabaco. Los factores que
contribuyen a las recaídas son el ansia de nicotina, el aumento del peso, la presión
social y los intentos de afrontar sentimientos negativos y conflictos
interpersonales.
Métodos de abandono. Más del 90 % de
los exfumadores confirmados abandonan el hábito sin ayuda formal. El abandono brusco es
el método utilizado por más del 80 % de los exfumadores que han tenido éxito. Sin
embargo, los muy fumadores y los más adictos a la nicotina pueden beneficiarse de
participar en un programa de abandono. Los programas organizados emplean diversos
abordajes. tales como: la autoayuda, el consejo y asesoramiento del médico, el uso de
fármacos, la terapia de grupo, el entrenamiento conductista, la hipnosis y la acupuntura.
Con estos métodos se comunican habitualmente tasas de abstinencia al año del 20 al 30 %.
Ensayos controlados han mostrado tasas significativamente superiores de abandono en
fumadores en los que se practican intervenciones que en los controles.17
Los programas más eficaces ofrecen múltiples modalidades de tratamiento, con
participación de médicos y personal sanitario no médico, y un mensaje claro de no fumar
que se presenta a lo largo del tiempo en diversos formatos.
Directrices por parte del médico. Los
médicos gozan de oportunidades únicas y de medios eficaces para promover el abandono del
tabaco. El 70 % de los fumadores consultan a un médico por lo menos una vez al año.
Algunas de estas consultas se producen cuando el paciente está sintomático. En este
contexto los pacientes pueden ser especialmente receptivos a los mensajes de que abandonen
el hábito, y pueden mejorarse sustancialmente las tasas de abandono. Incluso mensajes
breves por parte del médico de que se deje el tabaco pueden duplicar la tasa de abandonos
espontáneos. El tratamiento de la adicción a la nicotina tiene una relación
coste-eficacia por lo menos tan alta como la de tratar otros problemas médicos comunes,
como la hipertensión y la hipercolesterolemia.
La adicción a la nicotina debe considerarse
un problema médico crónico que requiere una implicación a largo plazo y técnicas para
su tratamiento. El objetivo fundamental de cada consulta debería ser ayudar al fumador a
acercarse un paso más al abandono. Las tres fases esenciales del tratamiento a cargo del
médico son la valoración, la intervención y el seguimiento. Durante la fase de
valoración se recogen datos sobre el estado de salud, la adicción a la nicotina, los
intentos previos de abandono y el interés por el mismo. Si el paciente no desea dejar de
fumar, el médico debe revisar los riesgos del tabaco, recomendar el abandono y posponer
cualquier otra acción hasta la siguiente consulta.18 La
mayoría de los pacientes están interesados en dejarlo y progresan hasta la fase de
intervención. Se instruye a los fumadores acerca de las ventajas del abandono y del
proceso cíclico del mismo. Se aconseja al fumador que elija una fecha para dejarlo y que
corte radicalmente el hábito. Se elige un método de abandono y se pone en práctica. Los
médicos con frecuencia facilitan material educativo, consejo y, recientemente,
tratamiento de sustitución nicotínica. Tanto el chicle de nicotina como los parches
transdérmicos mejoran las tasas de abandono cuando se combinan con otras intervenciones,
impidiendo el "craving" o deseo urgente de fumar.19
Nuevas terapias combinadas como la utilización del spray nasal de nicotina (aumenta el
porcentaje de éxitos)20 y del bupropion pueden hacer avanzar
más el campo del tratamiento antitabaco.21 Hay que conocer
la forma correcta de utilización, las contraindicaciones y los efectos colaterales de
estos productos. Por ejemplo, no se debe utilizar el tratamiento de sustitución
nicotínica cuando el paciente todavía fuma. Las probabilidades de éxito de cualquier
método de abandono aumentan cuando el médico responde a las preocupaciones de cada uno,
como el aumento de peso, y ayuda al fumador a elaborar estrategias prácticas para evitar
la recaída. Puede ser útil la medición del monóxido de carbono espirado.22 La fase final, el seguimiento, implica evaluar los progresos,
prestar apoyo y tratar la recaída. Esta última no debe contemplarse como un fracaso,
sino como parte del proceso cíclico que conduce al abandono. Las conversaciones del
seguimiento pueden centrarse en métodos alternativos de abandono en la derivación a un
especialista en terapia para dejar de fumar.
En la decisión del individuo de iniciar o
abandonar el hábito tabáquico desempeñan un papel crucial fuerzas políticas, sociales
y culturales. Por esta razón, los médicos deben encabezar y apoyar los esfuerzos para
que aumenten los impuestos sobre el tabaco, se supriman toda la publicidad y las
actividades de promoción del tabaco y se implante la prohibición de fumar en lugares
públicos.
Prevencion.
A la postre, quizá el programa más eficaz
sea la prevención primaria del tabaquismo en los grupos de edad pediátrica y
adolescente. Los jóvenes entrenados para resistir las presiones sociales, que comprenden
las consecuencias que el tabaquismo tiene para la salud y que valoran las dificultades de
dejar el hábito tienen menos probabilidad de empezar a fumar.9
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