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ENFERMEDADES TERMINALES: cuidados del paciente

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Es al inicio de su ejercicio profesional cuando un día cualquiera ese estudiante – ya médico – se encuentra por primera vez con la muerte de forma directa, sin otros apoyos que aquellos que, por sí mismo, es capaz de procurarse y se ve obligado a enfrentarse a una situación que le sobrecoge y le plantea, junto a los problemas médicos más o menos previsibles, otros absolutamente nuevos. La omisión de una cuestión tan esencial responde, a algo que ha sido definido como una de las características de nuestra época: la tendencia de nuestra sociedad a eludir el problema de la muerte. El anciano es, con más frecuencia que ningún otro, el protagonista de esta historia: cuatro de cada cinco muertes hospitalarias sobrevienen en mayores de 65 años. Además, en el anciano, el problema se plantea con tintes más dramáticos. El anciano nos recuerda demasiado la circunstancia de la muerte.

 

Hospitales

 

Los hospitales e instituciones tienden a reemplazar a la cama habitual del paciente. La tecnificación y los aparatos sustituyen a la familia en muchos casos. Además, los avances de la medicina permiten una razonable estimación aproximativa de algo tan importante como es cuándo se va a producir la muerte. Todo ello ha determinado que la búsqueda de una "muerte digna" se haya convertido en uno de los temas – y de las obsesiones – más discutidos de nuestro tiempo.

 

Global perspectives on palliative care. Aranda S. Cancer Nurs 1999 Feb;22(1):33-9


El modelo de hospital de cuidados paliativos tuvo su comienzo formal en el Reino Unido, en 1967, con la apertura del St.Christopher's Hospice en Londres. Muchos de los principios que hoy rigen los tratamientos paliativos en diversos hospitales se basan en este modelo. Sin embargo, el manejo del paciente terminal se ha complicado en los últimos años, burocratizándose. Existen diferencias globales en el manejo del paciente terminal entre los hospitales y los centros de cuidados paliativos. Es necesario incrementar el acceso de la población a estos centros. También es necesaria una normativa específica que regule las competencias de los centros. En los países occidentales, se ha producido un incremento de la población que supera los 65 años, suponiendo un gran quebradero de cabeza para los sistemas de salud de los países afectados. Muchos de los centros que tratan a los pacientes terminales están adscritos a los sistemas de salud mediante ciertos convenios; otros son fundaciones, existiendo también entidades privadas.

Los cuidados paliativos suponen, a veces, un desafío al que el médico y el resto del personal sanitario deben enfrentarse en el contexto de su profesión. Una gran parte de estos pacientes proceden de grandes centros hospitalarios que derivan estos casos a hospitales especializados, mientras que el resto de los pacientes proceden de sus propios domicilios o de centros privados. En los últimos años, se ha producido una gran proliferación de centros que atienden a estos pacientes, necesitando un tipo de personal sanitario que esté familiarizado con el paciente terminal y el manejo de fármacos específicos. Estos profesionales deben saber manejar drogas de acceso restringido, como la morfina, y conocer los diferentes tratamientos que estos enfermos precisan. Los historiales de los pacientes deben ser usados correctamente, existiendo una colaboración fluida entre los diversos centros y un seguimiento diario.

 

Pérdidas y temores

 

La persona que se siente morir y, esencialmente, la que sabe que se va a morir, plantea diferentes conflictos que su médico debe conocer y ser capaz de valorar. Estos conflictos, básicamente, pueden agruparse en dos grandes apartados: el de las pérdidas y el de los temores. Entre las pérdidas, una de las más importantes es la de la propia independencia: independencia para llevar a cabo su papel habitual en la familia y en la sociedad, para ganar dinero, para manejarse por sí mismo... Se producen pérdidas de la imagen y de la apariencia corporal, pérdidas en muchos casos del control de los acontecimientos, de la capacidad para tomar decisiones e incluso para seguir el proceso de la propia enfermedad. Entre los miedos cabe destacar, en primer lugar, el temor a la propia muerte y aquí cabría recordar los trabajos de sistematización de las cinco fases por las que suele pasar el moribundo: negación, indignación y rabia, regateo, depresión y aceptación.

En el caso del anciano, los conflictos normalmente se multiplican. A todo lo expuesto, se pueden sobreañadir nuevos problemas. Con frecuencia se siente como una carga y que ya no se cuenta con él. En muchos casos, él mismo espera (y hasta desea) la muerte. Ha sufrido suficientes pérdidas en su entorno para sentirse muy solo – con frecuencia, de hecho, lo está – en un mundo que él no entiende ni le entiende. El "dejarse morir" constituye un fenómeno mucho más común de lo que habitualmente se piensa en personas de edad avanzada. Otro tema candente es la eutanasia, tan controvertido en los últimos años, originando un debate social que está lejos de resolverse. Con todo, ninguna de estas consideraciones evita, aunque sí matiza, el carácter conflictivo con que el proceso de morir se plantea en el anciano. Resulta imposible dar unas normas específicas acerca de cuál debe ser la actuación del médico cuando se encuentra con un anciano moribundo. Tampoco se conoce bien cuál es la actitud habitual en estas situaciones.

 

Research with families in palliative care: conceptual and methodological challenges. McClement SE, Woodgate RL Eur J Cancer Care (Engl) 1998 Dec;7(4):247-54


Es un desafío el estudio del comportamiento de los familiares de aquellos pacientes que están recibiendo cuidados paliativos por una enfermedad terminal. Existen problemas de toda índole que contribuyen a ello, incluyendo la definición de la familia. Hay que enfocar los análisis y las preguntas que se realicen para contribuir a que los avances sobre el tratamiento paliativo sean una realidad. El propósito de esta investigación es proporcionar una apreciación global, utilizando nuevas metodologías y conceptos, que aúne las investigaciones de la relación familiar con el paciente afecto de una enfermedad terminal. El paciente afectado de una enfermedad terminal es una persona que necesita un apoyo constante, por lo general. Las expectativas de vida que tiene el propio paciente son reducidas, contribuyendo a aumentar la ansiedad y el temor a la muerte que suelen aparecer en estos pacientes. La problemática familiar es muy importante, no solamente para el paciente y su entorno, sino para las instituciones sanitarias, que muchas veces son los responsables últimos del enfermo, debido a la falta de medios que algunas familias tienen y la patología concurrente o, en el peor de los casos, a una falta de cuidados deliberada y un desentendimiento absoluto que el paciente. Por esta razón, este estudio es interesante, ya que contribuye a la comprensión de esta problemática. Más del 50 por ciento de los pacientes afectados por estas patologías necesitan cuidados constantes y, en la mayoría de las ocasiones, necesitan hospitalización. Esta hospitalización puede ser intermitente, acentuando los cuidados médicos que el paciente necesita para su tratamiento durante la fase de hospitalización. Durante la estancia del paciente en su hogar es fundamental, si lo hay, el apoyo familiar y los cuidados necesarios por personal de enfermería. Según los autores, conviene resaltar la acción de la familia en el manejo del paciente afectado de una enfermedad terminal.

 

Comunicación de la noticia

 

Se puede proceder o no a informar al paciente. Los hábitos varían mucho según los distintos países y culturas. En el mundo anglosajón, la tendencia es a decir la verdad, sobre todo en EE.UU. Existen razones culturales y mucho más pragmáticas, como puede ser el miedo a procedimientos judiciales por una mala práctica médica. En el mundo latino se tiende mucho más a ocultar la verdad. Las razones que son válidas para uno mismo - es decir, derecho a la verdad, capacidad para asimilar la noticia, necesidad de resolver asuntos materiales o espirituales, etc. - pueden no serlo para unos padres de los que se pensaba que no iban a ser capaces de asumir esa información, iban a sufrir mucho o a los que, en todo caso, se consideraba necesario evitarles una previsible angustia. Debe admitirse que, sobre este tema, no existen recetas generales. Ningún médico puede decirle a otro cómo ha de actuar. Se trata de algo muy personal, que varía en función de varias circunstancias, en particular de cuatro: características de la enfermedad, situación y personalidad del enfermo, actitud del entorno socio-familiar, (especialmente importante en el caso del anciano) y, por último, forma de ser y de pensar del propio médico. En todo caso, al médico debe exigírsele una reflexión previa, cuidadosa, pormenorizada y muy individualizada antes de tomar una decisión. La experiencia demuestra que, en la mayoría de las situaciones, es factible mantener al paciente en la ignorancia durante todo el proceso. No debe ser éste el objetivo fundamental. En el fondo, de lo que se trata es de buscar la conducta que pueda ser contemplada éticamente sin rubor y que, al mismo tiempo, mantenga el respeto por las creencias y necesidades más íntimamente humanas de la persona que va a morir. Deberá hacer equipo con él, con su familia y con su enfermedad. Serán tareas del médico, a lo largo de este camino, las de aliviar los dolores físicos y los males morales, estimular en la lucha por superar lo que se aproxima, relajar tensiones y ansiedades, prever y adelantarse a las vicisitudes y complicaciones que vayan surgiendo.

 

Accuracy of clinical prediction of survival for terminally ill cancer patients. Morita T, Tsunoda J, Inoue S, Chihara S, Ishimoto O, Hisaoka N, Itoh M. Gan To Kagaku Ryoho 1999 Jan;26(1):131-6


La estimación exacta de la supervivencia es vital para el cuidado paliativo eficaz. No es fácil adivinar la supervivencia aproximada, dato que muchas veces es solicitado por el paciente y por los familiares una vez que conocen la noticia y que no siempre es posible dar. Para verificar el valor de predicción clínica de supervivencia (PCS), los autores del artículo elaboraron un estudio estadístico de 150 pacientes enfermos de cáncer terminal. El PCS se puso en correlación con la supervivencia real (SR), pero la exactitud no era significativamente superior a la predicción a través del estado de la actuación. El error observado que incluía los datos más pesimistas, definió SR por lo menos de 28 días y dos veces mayor que el PCS, en el 13 por ciento de los casos, mientras que el error observado que incluía los datos más optimistas, definió SR en menos de 28 días y la mitad que el PCS, en el 15 por ciento de los casos. La frecuencia de error no era diferente debido a la experiencia de los médicos, la edad de pacientes, sexo, enfermedad primaria y localización metastásica, pero era significativamente más alto en los casos con estado clínico más favorable. También se produjeron muertes inesperadas en el 42 por ciento de los casos. Las causas subyacentes principales eran la neumonía, el sangrado, la insuficiencia cardíaca, la perforación intestinal, las enfermedades cerebrovasculares, el fracaso hepático/renal, la hipoglucemia, la sepsis y los desequilibrios electrolíticos. La predicción clínica, según los autores no es suficientemente fiable y debe mejorarse. También debe mejorarse la comunicación de estos datos a las familias y los pacientes afectados, haciéndolo con la suficiente sutileza.

 

Tratamiento del dolor

 

Los enfermos terminales preguntan con frecuencia acerca del dolor. Sin embargo, el médico debe saber que el temor al dolor físico es, a menudo, más insoportable que el propio dolor en sentido estricto. Por eso es necesario explicar al enfermo que, en el momento actual, todos los dolores son controlables y que, llegado el caso, se aplicarán los medios precisos para evitarlos. Mucho más importantes, sobre todo en el caso del anciano, son los sufrimientos morales: el temor a la soledad, al abandono y a las miserias de todo tipo que el enfermo anciano lúcido percibe y no raramente espera en estas situaciones, el miedo a la muerte y a la separación. También aquí la actitud del médico tiene gran importancia. Los temores serán tanto menores cuanto mejor sea la relación interpersonal, la confianza del paciente en la persona de su médico y en las capacidades de éste para superar los males y temores que adivina.

 

Cancer and chronic pain. Hassed C. Aust Fam Physician 1999 Jan;28(1):17-21, 23-4


El manejo eficaz del dolor neoplásico es uno de los más grandes desafíos para los médicos de atención primaria. Los autores del artículo han pretendido enfocar el manejo actual del dolor neoplásico dentro de actuaciones polidisciplinares, actuando sobre la mente y el cuerpo del paciente. El manejo del dolor oncológico puede lograrse mejor con un conocimiento de los principios fisiopatológicos del dolor neoplásico, valorándolo correctamente. Un acercamiento sistemático y holístico es necesario para el tratamiento individualizado de cada paciente, teniendo en cuenta los factores físicos, psicológicos y espirituales pertinentes. El médico de atención primaria debe de ser sensible al paciente oncológico, ya que los cuidados necesarios que requiere implican un conocimiento profundo de la situación actual personal. Es necesario un manejo correcto en la unidad oncológica y que tenga acceso a múltiples especialidades. Las unidades del dolor suponen un alivio permanente de las sensaciones algésicas, siendo necesario el control cada cierto periodo de tiempo, permitiendo el acceso del paciente a una medicación analgésica potente, si es necesario. Los enfermos pueden requerir apoyo psicológico y psiquiátrico que les ayude a comprender su nueva situación y, a veces, es conveniente que conozcan a grupos de personas, con una patología similar, que superan sus problemas. Los autores refieren, incluso, la importancia de los cuidados por el personal de enfermería, paramédico, y el servicio de nutrición. El paciente debe de tener asistencia espiritual si la precisa, y un ambiente confortable en el centro.

 

Dónde morir

 

Se trata de un problema de reciente aparición. Hasta hace 40-50 años no se moría en los hospitales y la población tendía a mantener a los pacientes en el hogar. El gran desarrollo de la medicina hospitalaria y la tecnificación son los factores que han determinado este problema. Ya se han mencionado las cuestiones que plantean en el terreno ético los avances tecnológicos y el derecho que asiste al anciano a poder renunciar a algunas de sus "ventajas". La muerte en el propio domicilio, con preferencia a la que se produce en la institución, sea ésta hospitalaria o no, se asocia habitualmente a un menor riesgo de agresión médica para el anciano moribundo y también a una mayor posibilidad de despedirse de este mundo en el mismo entorno en el que se ha vivido, aunque últimamente existe cierta controversia.

 

Where do cancer patients die? Ten-year trends in the place of death of cancer patients in England. Higginson IJ, Astin P, Dolan S. Palliat Med 1998 Sep;12(5):353-63


Aunque del 50 por ciento al 70 por ciento de los pacientes afectados por cáncer terminal, según diversos estudios previos, prefieren fallecer en su domicilio existe una tendencia hacia la hospitalización previa en muchos países. Ningún estudio ha intentado analizar los cambios del lugar de fallecimiento. Los autores del artículo han intentado analizar las tendencias en diez años, regionales dentro de Inglaterra, del lugar del fallecimiento de pacientes afectos por cáncer, según su diagnóstico. Se registraron los datos del lugar de fallecimiento y las características de los certificados de defunción para todas las muertes de cáncer entre los años 1985-94, analizando la tendencia a un lugar determinado y según el tipo de neoplasia. La muestras analizadas consistieron en 1.3 millones de certificados de defunción por cáncer durante 10 años. La media de esperanza de vida aumentó de 69.9 años en 1985, a 71.3 años en 1994. El porcentaje de pacientes que falleció dentro de los grandes hospitales o en hospitales de cuidados mínimos del Servicio de Salud Nacional varió del 58 por ciento (1985) al 47.3 por ciento (1994), mientras el porcentaje de pacientes que falleció en otras instituciones se incrementó. El porcentaje que falleció en su casa disminuyó levemente entre 1985 y 1992 de un 27 por ciento a un 25.5 por ciento y, desde entonces, aumentó ligeramente hasta el 26.5 por ciento en 1994. El porcentaje de fallecimientos en su propia casa era más bajo en las dos regiones de Thames (menos de 25 por ciento) y más alto en el Midlands Oriental, Anglia y Oxford (más de 29 por ciento). Estos diferenciales se mantuvieron en todos los grupos de edad y de diagnóstico. Las personas más ancianas y las mujeres tenían más probabilidad de fallecer en su casa que las personas más jóvenes y de sexo masculino. Se encontraron tendencias significativas que mostraron un incremento en los fallecimientos en el hogar en dos regiones: Thames norte y Thames Sur. Los pacientes con cáncer del pulmón, colorrectal, aparato respiratorio, hueso o tejido conjuntivo, labio, cavidad oral y faringe tendían a fallecer en su casa (más de 29 por ciento en 1994), a diferencia de los pacientes con cáncer de mama (25 por ciento en 1994), linfático o hematológico (16 por ciento en 1994). El estudio concluye que la tendencia hacia un aumento de los fallecimientos británicos en el hogar por cáncer parece haberse detenido, aunque esto varía según las regiones. Esto tiene implicaciones para los servicios de atención primaria. Aunque el hospital todavía es el lugar más común de fallecimiento por cáncer, el porcentaje de pacientes oncológicos que fenecen en hospital está reduciéndose, aumentando la tendencia a fallecer en centros no estatales.

 

Atención existencial o religiosa

 

La posibilidad de que el anciano reciba o no una atención religiosa en consonancia con sus propias creencias y deseos depende también, muchas veces, de una decisión médica. El descuido, la inadvertencia, el miedo a la reacción del enfermo o de su familia o, simplemente, la proyección sobre el paciente de las propias ideas, pueden condicionar un vacío importante en este terreno. Es difícil valorar en qué medida la religión ayuda a superar buena parte de los problemas que acompañan al trance del morir. En todo caso, existen evidencias acumuladas a lo largo de la historia para pensar que una proporción muy alta de personas (y más probablemente en el caso del anciano y en un país como el nuestro, de profunda tradición cristiana) desea recibir atención religiosa. La creencia en un más allá, en alguna forma de pervivencia o de resurrección es algo que puede ayudar de forma muy importante a superar estos momentos. La facilitación de este tipo de asistencia, no olvidándola, ni sintiéndose incómodo ante ella, debe estar siempre presente en la mente del médico.

 

Palliative medicine. A new research field with specific demands. Strang P. Lakartidningen. 1999 Jan 6;96(1-2):26-9


El cuidado paliativo no consiste en tratar meramente los síntomas, con independencia de la etiología, sino que está basado en el análisis apropiado, tratamiento y evaluación. Se necesita educación, convicción de calidad, desarrollo clínico e investigación para mejorar el cuidado paliativo. La educación y la investigación deben de estar focalizadas en las cuatro dimensiones fundamentales: física, emocional, social y existencial. La investigación debe diseñarse para dirigirse hacia problemas específicos - por ejemplo, la ansiedad y las perturbaciones del humor, previamente saludable - que difieren de la patología psiquiátrica. Los esfuerzos clínicos deben estar orientados para unir los problemas clínicos significativos y las ciencias básicas, no hasta el conocimiento de los mecanismos subyacentes (como, por ejemplo, el papel de las citoquinas en el mantenimiento de la caquexia), sino que, según los autores del artículo, se deben de desarrollar estrategias diferentes que resuelvan los síntomas más problemáticos.

 

Alimentación e hidratación artificial. Tratamiento de patologías asociadas

 

La decisión de proporcionar alimentación o de hidratar a un paciente anciano, a veces inconsciente, como forma de mantener su vida constituye otro de los problemas que se le pueden plantear al médico. Evidentemente se recurrirá a ello siempre que exista una esperanza razonable de recuperación o mientras se obtiene información clínica suficiente acerca de este punto. En caso contrario – situaciones terminales no reversibles – la decisión puede depender de factores como el nivel de conciencia del paciente, la posibilidad de expresar su voluntad, el grado de sufrimientos asociados, las posibilidades de mantenimiento de la vía de alimentación, etc. Por otra parte, en este contexto también existen grados; así, no es lo mismo mantener una simple vía venosa que un programa detallado de alimentación enteral o parenteral. En general, cabría admitir que, siempre que ello sea posible, debe intentarse mantener unas medidas mínimas de soporte. Tambien es conveniente evitar los efectos secundarios de algunos fármacos analgésicos, como el estreñimiento, o la disnea que originan en algunas enfermedades neoplásicas, tanto de forma directa como indirecta.

 

The relationship between opioid use and laxative use in terminally ill cancer patients. Sykes NP. Palliat Med 1998 Sep;12(5):375-82


El frecuente uso de laxantes en los pacientes que toman opioides es un tema siempre controvertido. Los opioides son unos fármacos excelentes en el manejo del dolor, pero producen cierto estreñimiento. Los autores del artículo han pretendido analizar la frecuencia del uso de laxantes en 498 pacientes terminales hospitalizados afectados por cáncer. Aquellos que tomaban opiáceos a dosis altas requerían laxantes en un 87 por ciento de las veces, alcanzando un 74 por ciento en el caso de pacientes que tomaban dosis moderadas o bajas de opiáceos. De los pacientes que no tomaban opioides el 64 por ciento necesitaron laxantes. La relación entre el uso de laxantes y la toma de opiáceos parece seguir una hipérbola, después del análisis estadístico de los datos, sometiéndolos a una correlación mejorada y a una transformación logarítmica. El análisis concluye que los opiáceos son responsables, según los autores, de un 25 por ciento de los estreñimientos observados en los pacientes terminales ingresados por cancer. Sin embargo, es probable que la dosis de laxante requerida sea significativamente más alta si se está tomando un opioide. La forma de la relación entre el laxante y las dosis grandes del opioide son lo que podría esperarse del estímulo producido por los receptores opioides.

 

The palliation of dyspnea in terminal disease. Zeppetella G. Am J Hosp Palliat Care 1998 Nov-Dec;15(6):322-30


La sensación de disnea es una experiencia subjetiva compleja que es común en los pacientes afectos de enfermedad terminal. Los pacientes pueden presentarla en cualquier momento durante el curso de su enfermedad, aunque el predominio aumenta con la progresión de la enfermedad, sobre todo en las fases más avanzadas, en las cuales la debilidad manifiesta del paciente, la alteración muscular producida por la escasa movilidad, la ingesta inadecuada de nutrientes y las enfermedades invasivas que afectan a la parte superior del cuerpo pueden producir el síntoma. Según los autores del artículo, la disnea tiene componentes físicos, psicológicos, sociales y espirituales; es improbable tener éxito en el tratamiento de estos pacientes sin reconocer cómo cada uno de estos factores contribuyen a la sensación de disnea. La dirección del tratamiento y del manejo de la disnea involucra tratamiento farmacológico y no farmacológico. Los tratamientos farmacológicos paliativos principales son oxígeno, opioides y benzodiazepinas, pero la evidencia para apoyar estos tratamientos es limitada, teniendo precaución con los opioides y benzodiazepinas ya que pueden llegar a producir depresión respiratoria. El tratamiento no farmacológico implica una alimentación correcta, tanto enteral como parenteral, con una ingesta de líquidos adecuada, junto a unas medidas de soporte mínimas, que aumenten la calidad de vida. Se necesita, según los autores, abrir más líneas de investigación para establecer la eficacia de los tratamientos actuales.

 

Otros puntos conflictivos. Normativa legal. Orden de no reanimar

 

Otros problemas, tal vez de segundo orden en relación con los que se han comentado, pero que también se le plantean al médico en esta situación y que, por consiguiente, debe conocer, son todos los concernientes al aspecto económico del manejo del paciente crónico a la normativa legal existente en cada caso: informes, certificaciones, normas de la propia institución, posibilidades del traslado del cadáver, solicitud de autopsia, etc. Buena parte de estos puntos pueden ser englobados dentro de un contexto más amplio, como es el de relación con la familia. En el momento de producirse el fallecimiento, el médico debe tener prevista la posibilidad de atender las crisis nerviosas que puedan presentar algunos de los familiares. Solicitar y conseguir permiso para un estudio necrópsico es una de las tareas que inicialmente suelen resultar más incómodas y difíciles para el médico inexperto. Sin embargo, es algo que, en el ámbito de la medicina hospitalaria, siempre debería hacerse.

Los intentos de reanimación ante una parada cardíaca son una norma común en buena parte de nuestros hospitales. Dada la urgencia de la situación, en numerosos casos estos intentos se llevan a cabo sin tiempo para una reflexión individual sobre las posibilidades específicas de recuperación del paciente y sin una información precisa acerca de su voluntad en este sentido. En el caso del anciano hospitalizado, sería una buena norma que tanto el médico que atiende de forma habitual al anciano como al que se le presenta el problema en forma de emergencia médica, extremaran la prudencia y rechazaran las actitudes alegremente agresivas.

 

Economic issues in lung cancer: a review. Goodwin PJ, Shepherd FA. J Clin Oncol 1998 Dec;16(12):3900-12


El cáncer pulmonar es la mayor causa de morbilidad y mortalidad, suponiendo su tratamiento la mayor fuente de gastos sanitarios en los países desarrollados. Se estima que el cáncer de pulmón es el responsable del 20 por ciento de todos los costos por cuidados sanitarios en todos los pacientes afectados por cáncer. Existe una gran preocupación por conocer si estos enormes gastos tienen beneficios cuestionables. Los autores del artículo llevaron a cabo una revisión exhaustiva de abundante literatura económica relacionada con el tabaquismo y la economía del diagnóstico, tratamiento y cuidados paliativos del cáncer pulmonar. Se llevó a cabo una serie de análisis estadísticos de los datos. Los resultados de los estudios publicados sugieren que los costes de cuidados sanitarios de salud elevados en los pacientes enfermos por el tabaquismo son similares a los de los pacientes no fumadores, ya que la longevidad de estos últimos es más avanzada. Sin embargo, la productividad disminuida de los fumadores, resultado de la morbilidad aumentada y la mortalidad prematura de los fumadores, aumenta el coste proporcional de los gastos sanitarios de los fumadores a la sociedad. El costo por paciente en el tratamiento del cáncer pulmonar es sustancial. El centro del costo mayor se fija en la hospitalización; el tratamiento paliativo del paciente terminal se asocia con costos significativos. Puede ser posible un ahorro a través del uso juicioso de los métodos de diagnóstico y de los protocolos de tratamiento. Además, el tratamiento combinado es efectivo y el uso paliativo de quimioterapia de combinación parece asociarse con aceptable relación costo/efectividad, comparando los datos con otras terapias usadas normalmente para otras enfermedades. Los autores concluyen que, aunque los costes elevados de los cuidados médicos de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo se compensan con los costes de los cuidados de los pacientes no fumadores, más longevos que los anteriores, la pérdida de productividad de los fumadores resulta en un coste neto para la sociedad. Una buena gestión de los recursos puede disminuir este coste.

 

Patients with bone metastases need better care. Zosia Kmietowicz. BMJ 1998;317:1547


El manejo de las pacientes afectadas de cáncer de mama y que desarrollan metástasis óseas requiere cierto cuidado. Muchas de estas mujeres padecen un dolor insoportable, fracturas, afectación nerviosa que puede incluir incluso parálisis de los miembros, y otros síntomas que se podrían haber evitado con un diagnóstico más prematuro y un tratamiento adecuado.

La asociación británica de cirujanos oncológicos cree conveniente la presencia de un cirujano ortopédico en cada unidad oncológica dentro de la sanidad pública para mejorar el diagnóstico, la coordinación del tratamiento y, finalmente, la calidad de vida de estas mujeres. Muchas pacientes son manejadas por distintos servicios médicos, siendo necesario un estudio de radiológico que esté debidamente coordinado para detectar las metástasis que no siempre son localizadas. Un estudio reciente encontró que, aunque el 89 por ciento de las mujeres afirmaba tener dolor, sólo el 46 por ciento tuvo acceso al especialista de cirugía ortopédica. De hecho, del 48 por ciento de las pacientes que tuvieron que ser intervenidas solamente el 13 por ciento lo hicieron.

El tratamiento de las metástasis óseas del cáncer de mama merece la pena, según los autores, ya que muchas mujeres pueden prolongar la supervivencia un tiempo considerable antes de que aparezcan las metástasis pulmonares.

Todos los años se diagnostican 35000 casos nuevos de cáncer de mama en el Reino Unido y aproximadamente 9000 desarrollan enfermedad metastásica ósea. El tiempo medio de supervivencia después del diagnóstico de metástasis ósea por cáncer de mama es 24 meses (comparado con un tiempo de supervivencia de 3 a 6 meses para los pacientes con metástasis pulmonares), pero muchas mujeres viven durante 10 años o más.

 

Management of pain in elderly patients with cancer. Bernabei R, Gambassi G, Lapane K, et al, for the SAGE Study Group. JAMA. 1998;279:1877-1882


El dolor no siempre es un fenómeno constante o de características somáticas y, aunque a menudo se puede mitigar, no siempre puede ser eliminado o prevenido realmente debido a diversas causas físicas, farmacodinámicas, personales y psicológicas. Todos los medicamentos utilizados actualmente son muy eficientes, pero tienen algunos efectos secundarios significativos.

Los pacientes con cáncer suelen tener diariamente dolor. La meta del tratamiento del dolor en los pacientes afectados de cáncer debe ser alcanzar una calidad de vida tolerable. Los pacientes deben de valorar tanto los riesgos como los beneficios de esta medicación. Incluso la anestesia general puede no eliminar el dolor, como se evidencia durante la cirugía con la estimulación autónoma. Solamente la experiencia del dolor puede ser suprimida efectivamente. El abordaje del dolor agudo puede requerir tratamientos de choque que produzcan una disminución de conciencia, pero no puede ser la meta en los estadios del dolor crónico, ya que esto disminuiría la calidad de vida. El dolor aumenta progresivamente a lo largo de la enfermedad siendo una realidad muy severa que sufren estos pacientes en el extremo de su vida.

La repugnancia de la profesión médica para proporcionar narcóticos, atendiendo la demanda de los pacientes de cáncer, es multifactorial y claramente incluye el miedo en los médicos a estimular el suicidio, a provocar efectos secundarios o, incluso, la muerte asistida, efectos que pueden ser origen de demandas legales por parte del entorno familiar del paciente. Un conflicto similar es el que se produce ante la reanimación de una parada cardiaca de un paciente terminal sin tener en cuenta las posibilidades reales de supervivencia y sin conocer el deseo del paciente. Esto es un problema que se debe erradicar.

El dolor es un fenómeno exclusivamente personal cuya cuantificación objetiva no siempre es sencilla. Algunos autores proponen que estos pacientes tengan acceso libre a los analgésicos apropiados (incluso opiáceos). Así, pacientes y sociedad podrían liberarse de los problemas de tratamiento inadecuado del dolor oncológico y evitar las demandas por negligencia. Pero, hasta el momento, no existe una medicación perfecta que no produzca efectos secundarios, con lo cual seguirá persistiendo cierta polémica.

 

 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS DE INTERÉS RELACIONADAS CON LA REVISIÓN

 

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