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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

Terapia Familiar Breve en Atención Primaria (IV)

Caso clínico 1

PRIMERA CONSULTA

Sonia tiene 18 años. Su madre, Manuela, acude a consulta a demanda de su médico. Manuela está preocupada, porque Sonia procura comer poco y ha descubierto que vomita desde hace un año. El médico cita a ambas días más tarde para una primera consulta programada, en la que éste explora a Sonia, sin apreciar hallazgos de interés, salvo peso 53, talla 167, BMI 19. Un BMI de 25 para su talla correspondería a 69 kg. El médico se dedicó entonces a indagar información relevante desde el punto de vista de la TFB, obteniendo lo siguiente:

Queja: desde hace aproximadamente un año, Sonia se siente culpable cuando come, porque dice verse gorda y no ser capaz de resistir la tentación de comer. Cuenta que pasa "todo el día" preocupada dando vueltas al tema de la comida.
Excepciones a no estar preocupada todo el día pensando en la comida: cuando escucha música, cuando baila, cuando el tema de las clases es interesante -estudia primer curso en la Facultad-, cuando habla con sus amigos -salvo con una amiga, que "le pone mala" cada vez que le habla de este tema, porque está más delgada que ella-, y cuando su madre le hace mimos -le da abrazos-.

Objetivos:
- Poder comer cuando tenga hambre y poder no comer cuando no la tenga.
- No estar "dando vueltas" al tema de la comida todo el día.
- Tener una talla 36 y pesar 48 kilos (correspondería a un BMI de 17,5). El médico negocia, redefine este objetivo por considerarlo contrario a su salud, para lo cual utiliza una reducción al absurdo, preguntando por qué no pesar 46, ó 42, ó 40, ó 38 kg. A la paciente no le disgusta la idea de 46 Kg., pero a partir de 42 Kg. echa para atrás. No obstante el médico insiste: ¿por qué no 38 Kg.? La paciente contesta: "hombre, algo tendré que pesar, ¿no?". El médico permanece dudando -como parte de su estrategia-, hasta que acaba construyendo la siguiente redefinición: "quizá lo importante no sea el número que marque la báscula, sino encontrarse bien. Al fin y al cabo el peso no es más que la fuerza con la que la Tierra atrae a las cosas, y cada órgano tiene que tener un peso adecuado para poder funcionar bien y estar sano: los huesos pesan, la piel pesa, el hígado, el corazón, el cerebro... pesan. Para tu altura, sería conveniente que la Tierra atraiga con más kilopondios a tus órganos". El médico negocia entonces que lo importante, tal vez, no sea este número, sino encontrarse bien y sana. Hace una pausa y la paciente confirma. Como los 48 kilos que ella desea no resultarían muy saludables, y como su peso actual de 53 Kg. el médico tampoco lo considera sano, de acuerdo con la redefinición anterior consigue pactar como objetivo un cambio mínimo, un peso de 55 Kg., correspondiente a un BMI de 20 -que la paciente, en principio, acepta-, y poder estar sana.

El médico pasó entonces a realizar la pregunta del milagro con el propósito de aclarar algo más los objetivos de la paciente, es decir, para enterarse de qué cosas podrá hacer Sonia cuando todo esto se haya resuelto. Sonia construye un día del milagro, en el que desayunará bien -en lugar de no desayunar-; hablará con su hermana en el coche al ir a la Facultad -habitualmente no lo hace-; en la cafetería de la Facultad, como habrá desayunado, no estará de mal humor pensando que le gustaría comer un bollo, e incluso, si le apetece, se lo tomará; como no tendrá hambre, estará más amable con sus amigos; a la hora de la comida se podrá ir con su amigo a un burguer, comer una hamburguesa y éste no le dirá lo flaca que está; luego irá a la biblioteca y, como habrá comido mejor, conseguirá no "dar vueltas a la cabeza" al tema de la comida, con lo cual podrá estudiar mejor; después irá a casa en el autobús -es el momento del día en el que más piensa en comida- y podrá distraer estas ideas haciendo test de la autoescuela; ya en casa, hablará con sus hermanas -habitualmente se encierra en su habitación y no habla con nadie-; después cenará lo que haya; y al meterse en la cama no tendrá que pedirle a Dios poder no tener hambre al día siguiente.

Soluciones intentadas por Sonia: cuando piensa que ha comido en exceso -a diario-, vomita en la inodoro, fundamentalmente tras la cena, que es el momento del día en el que come algo.

Soluciones intentadas por su madre y resto de la familia: insistir en que coma, estar pendiente de lo que come y recriminarla si no lo hace; decirle que no está gorda, que está bien y que no tendría que preocuparse por su aspecto físico.

El médico elogia la capacidad de Sonia para imaginar qué será diferente cuando se resuelva todo y prescribe como tarea desayunar bien, argumentando que así será más fácil comenzar la jornada, como en el día del milagro. Pide una analítica completa y cita a Sonia en consulta programada a los quince días. No da prescripción a la madre por apoyar inicialmente la responsabilidad del cambio sobre la paciente que se mostró colaboradora y por notar que ésta, a su vez, aceptaba este planteamiento del médico.

SEGUNDA CONSULTA

La analítica, incluidas hormonas tiroideas, es completamente normal.

Sonia acude contenta a la consulta. Dice que está mucho mejor, que su problema no era tan importante como creía y que ya no piensa todo el día en la comida. Hizo la tarea y cuenta que ha hecho prácticamente todas las cosas del día del milagro. Comenta que ahora se permite comer, y ha visto que comer de forma repartida le da lugar a encontrarse mejor y a poder realizar mejor sus actividades. Por el contrario, cuenta que tiene ansiedad, y, para calmarla, come mucho. "Ahora como, y no me importa; porque sé que si me paso, vomito y ya está". Continúa vomitando una vez al día -a escondidas-. "Si no lo hago me engordaré". Ha escrito una carta a su madre que permite leer al médico en la que, desesperada, le pide ayuda a ella y a sus hermanas, porque son lo que más quiere.

Excepciones: En los últimos cuatro días no ha vomitado. Lo atribuye a que ha estado en casa de una familiar y el cuarto de baño tiene puerta de cristal, y no lo ha hecho porque la habrían descubierto.

El médico pasa a decir lo siguiente: "Sonia, como me dices, vas mejor, porque ya no le da vueltas a lo de la comida todo el día, pero continúas estando pendiente de ella, porque hay ratos en los que sí vomitas, y eso no es sano -va en contra de tu objetivo-. Todavía no has conseguido comer algo si quieres, y no comerlo si no quieres, sin dejar de pensar, a veces, en si luego lo vomitarás. Hay que continuar trabajando".

"A pesar de que tu analítica está normal, mantenerte así, vomitando, también va en contra de tu objetivo, ya que no es sano, porque a la larga el cuerpo pasa factura y el médico le pone un ejemplo de que el cuerpo es capaz de adaptarse a casi todo: si una persona bebe alcohol en principio no pasa nada, el cuerpo lo aguanta, pero a la larga se estropea y, por ejemplo, puede aparecer cirrosis". Sonia asiente.

"Lo que me cuentas ahora es que comes y vomitas para calmar tu ansiedad: te notas nerviosa, intentas relajarte, no lo consigues, tienes más nervios, comes, vomitas y te calmas. Pero luego vuelve la ansiedad y de nuevo empieza este círculo. Me dices que en los últimos cuatro días te has conseguido relajar de manera diferente, sin recurrir a comer y vomitar".
El médico la elogia porque, a pesar de todo, ha progresado. Y la indica que "esto no es una foto, sino una película. No hay que arreglarlo todo ya, sino irlo arreglando". Y prescribe como tarea que: "cuando te notes nerviosa puedes hacer alguna de las cosas que ya consiguen calmarte" -ver las excepciones en la consulta anterior-. "Por ejemplo, podrías ponerte alguna música que te guste, o llamar por teléfono a alguna amiga". "Habrá ocasiones en las que, como ya te has fijado en los últimos cuatro días, pasarán cosas diferentes que te calmen. Quiero que continúes observando cuáles son".
Sonia replica que "y si aún así no me puedo controlar y tengo ganas de vomitar, ¿qué hago?".

Con la anterior prescripción habría sido suficiente, pero dado que Sonia pidió respuesta a esa pregunta el médico le indicó: "En ese caso, puedes continuar eligiendo para calmar tu ansiedad comer y vomitar, pero con un cambio: si vomitas lo harás en el cubo de la basura" -recuérdese que habitualmente Sonia vomita en el inodoro-. Sonia contesta que esto seguro que no lo podrá hacer: "¿Cómo voy a vomitar en el cubo de basura?". El médico le dice entonces: "pues tú verás. Yo no te digo que no vomites. Vomita si es lo que deseas. Pero lo que te pido es que lo hagas en un sitio diferente."

El médico cita a la paciente en consulta programada a los quince días.

TERCERA CONSULTA

Sonia alardea de sus progresos, muy animada y más contenta: no ha tenido ningún atracón y no ha vomitado más veces de lo que su madre da fe. No fue capaz de vomitar en el cubo de basura. Fue a hacerlo y le pareció absurdo. Se ha dado cuenta de que le hace estar más tranquila hablar más y reírse con sus hermanas -con las que ha mejorado las relaciones- y organizarse los estudios. Ahora estudia con su hermana y con un amigo. Le resulta divertido estudiar en grupo. Por un lado dice: "cuando me pasaba esto es que estaba todo el día pendiente de mí". Sin embargo, por otro lado también dice que si se prueba unos vaqueros y no cabe ¡¡le da algo!!

El médico le comenta que no se apresure, que los cambios más firmes son los que se consiguen despacio. Y pasa a preguntarle si quiere estar delgada sólo para entrar en unos pantalones. Sonia dice que "para ligar más". El médico pasa entonces a darle a elegir entre ligar unas horas a la semana y estar toda la semana bien. Como Sonia duda en la respuesta, el médico pasa a construir una realidad a través de una metáfora, preguntándole qué colonia utiliza, y Sonia contesta que la colonia "x". "¿Por qué eliges tu colonia?". "Porque es muy fresca y huele a mí" -contesta-. "Es decir, que no la eliges por cómo es el diseño del frasco, sino por cómo huele". "Eso es" -dice-. "¿Y a tus amigos, los eliges por cómo son o por el frasco?". "Por cómo son". El médico propone entonces "... y tienes amigos, supongo, gordos y flacos, altos y bajos... ¿y tus amigos por qué crees que te eligen, por el frasco o por cómo eres?. "Por cómo soy" -responde-. "Estarás entonces conmigo en que hay colonias que tienen un frasco muy bonito y sin embargo luego apestan....". Sonia entiende lo que el médico le quiere decir, y prefiere "estar bien por dentro". De hecho, ella no elige a sus amistades "por el frasco".

El médico finaliza utilizando como excepción la información anterior y construyendo lo siguiente: "durante 17 años has estado haciendo las cosas de una manera -elegir a la gente por cómo es por dentro- y te ha funcionado. Desde que has comenzado a darle más importancia al frasco tienes problemas".

El médico propone como tarea continuar haciendo de estas cosas que le han funcionado en las últimas semanas, y decidir cómo quiere seguir haciendo las cosas en cuanto al "frasco": si como lo ha hecho toda su vida o como lo lleva haciendo en el último año. Cita a la paciente en un mes en consulta programada.

CUARTA CONSULTA

Viene con su madre. Manuela prefiere que pase Sonia sola a la consulta. Está mucho mejor. Continúa mejorado mucho la relación con su madre y hermanas y padre y amigos ya que habla con todos y está más alegre. Ha hecho la tarea de hacer más de lo que ya le funciona. Está estudiando mucho -es capaz de estudiar- y ha sacado sobresaliente en dos asignaturas. Ha estado nerviosa por los exámenes, y sin embargo no ha recurrido al atracón y vómito para calmar la ansiedad. Come bien. El tema de la comida le ocupa muy poco tiempo. No ha tenido ningún atracón. Ha vomitado en una ocasión, que achaca a que su familia la espía, y eso le puso nerviosa y le hizo tener ganas de vomitar. "Pero no te preocupes, que ya lo tengo controlado" -dice-. El médico la felicita y la estimula a que continúe haciendo de las cosas que le funcionan, y la cita para un mes en consulta programada. Sale Sonia y pasa la madre sola a la consulta. El médico pregunta a Manuela que cómo ve a Sonia. Manuela dice que mal, porque ha visto nerviosa a su hija en estos últimos días y lo atribuye a la comida. Y le dice al médico que piensa que su hija seguro que le ha engañado y no le ha dicho que ha vomitado hace quince días. Por lo demás, está de acuerdo en que Sonia está mucho más alegre y comunicativa, y que ha sido capaz de estudiar mucho.

El médico le dice que Sonia sí le había dicho lo del vómito y realiza un cambio en la atribución de la madre, comunicándole que ha estado nerviosa por los exámenes, no por la comida. Pasa entonces a explicar a Manuela que Sonia lleva mucho tiempo calmando su ansiedad con el vómito. "Es un reflejo que va perdiendo, porque lo está sustituyendo por otras cosas que le funcionan -hablar, estar con los amigos, estudiar, tener el tiempo ocupado...-". Transmite seguridad a la madre, fundamentándose en la evidente mejoría de Sonia, en la que Manuela, como ya ha comentado, está completamente de acuerdo, y le pone como tarea a ésta que en casa dejen de vigilarla, porque ella ya sabe cómo hacer. Y que comience a relacionarse con su hija de otra manera diferente, hablando con ella de temas distintos a la comida, la ropa, las tallas, etc., porque como es natural, llevan mucho tiempo hablando sólo de lo mismo, pero ya es momento de que estas conversaciones también cambien y vuelvan a charlar sobre temas variados. Manuela acepta.

QUINTA CONSULTA

Pasa Sonia sola a consulta.
Se encuentra muy bien. Sigue sin vomitar. Ningún atracón. Su familia ya no la vigila. "Ya no me preocupa si no me puedo poner una talla 36, ¡hombre, me gusta estar guapa, pero una cosa es cuidarse y otra estar mal!". El médico no la pesa porque salta a la vista que está en normo peso. Cuenta que se lleva todavía mejor con sus hermanas. A veces discuten, pero "como en todas las familias". No hace demanda de ayuda en cuanto a esto. Se ha apuntado a más actividades para estar entretenida. El médico la pregunta que si cuando tenga temporadas de más estrés sabrá cómo hacer para controlarlo mediante algo diferente y más saludable que el vómito, y Sonia contesta que sin lugar a dudas, porque hay cosas más cómodas y eficaces que vomitar para conseguir calmarse.
El médico le pregunta si considera que ya ha conseguido sus objetivos y Sonia dice que sí. El médico se muestra de acuerdo con ella, así que ambos concuerdan dar por concluido el tratamiento. Se pone a su disposición por si Sonia necesita en el futuro de sus servicios.
El médico hace pasar a la madre. Con Sonia delante, le comunica a ésta que su hija ha sido dada de alta. Manuela está de acuerdo.
Pasado un año, en una consulta por otro motivo, se comprueba que Sonia no ha vuelto a tener problemas de alimentación.

ABORDAJE DE LOS TCA DESDE LA TFB

Información sobre los objetivos
En los trastornos de la conducta alimenticia (TCA) se consideran dos peculiaridades:

- Se pacta un objetivo relativo a la alimentación: esto persigue evitar que ésta desee resolver otros problemas como un modo de eludir el abordaje de la conducta alimentaria. Estas pacientes suelen atribuir sus problemas con la comida a diversas "causas" psicológicas, interpersonales o vitales; casi siempre atractivos problemas, desde una perspectiva psicopatológica, capaces de enganchar a cualquier profesional bienintencionado y amante de su profesión. Centrar la atención terapéutica sobre estas supuestas "causas" y marcar objetivos al respecto, sólo contribuye a distraer la atención del profesional, no suele aportar nada al desarrollo de soluciones eficaces y sí supone un considerable consumo de tiempo. Se comienza, pues, a trabajar por aquellos comportamientos que más riesgo entrañan para la salud de la paciente. Sólo una vez solucionado el problema de alimentación, se pasará a trabajar otros temas con la paciente y o su familia, si es que así lo desean.
Desde el punto de vista de la TFB, la negociación de este objetivo debe limitarse a mantenerse en un peso razonable (un mínimo cambio de +/-2 Kg.) para la constitución corporal de la paciente -objetivo conductual, observable y no sujeto a valoración- y, todo lo más, a conseguir unos hábitos alimentarios compatibles con el desempeño de su vida cotidiana. En otras palabras: que comer sea una más de las actividades de cada día y que no organice todas sus actividades diarias en función de la comida.
- Frecuentemente se redefinen los objetivos, porque a diferencia, por ejemplo de los depresivos, que quieren dejar de estar deprimidos, los TCA no siempre quieren de entrada tener un hábito de comidas y un peso que les permita mantener su salud.
En el caso de Sonia, el médico procedió de esta manera desde el principio, redefiniendo el objetivo de "tener una talla 36 y pesar 48 kilos" por el de "estar sana", pactando un peso y realizando la "pregunta del milagro" (véase capítulo II) para indagar cómo será este futuro en el que Sonia esté sana.

Información sobre las soluciones intentadas
Algunas de las soluciones ineficaces más frecuentes puestas en práctica por las pacientes anoréxicas y bulímicas son (Rodríguez-Arias, 2003):

- Tratar de mejorar la autoimagen mejorando algún aspecto o parte concreta de su propio cuerpo, confundiendo el todo por la parte, olvidando que el cuerpo adelgaza o engorda globalmente.
- Esforzarse en comer menos. El apetito es una situación fisiológica espontánea que no depende de la voluntad. Quien se esfuerza en no comer, teniendo hambre, acaba por tener más hambre (véase denominador común I de las soluciones intentadas en los capítulos II y III). La anoréxica desarrolla una gran fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio. Otras veces fracasa en ese intento de dominar el hambre, desarrollando una fuerte atracción por lo prohibido y los períodos de abstinencia son seguidos de otros de ingesta voraz: bulimia.
- Conductas compensatorias, como los vómitos, los laxantes, los diuréticos y el ejercicio físico en proporciones desmesuradas.
- Comer a solas o a escondidas. Las anoréxicas comen cantidades tan ridículamente pequeñas y las bulímicas comen de manera tan desaforada que les da vergüenza hacerlo en público.
- Pesar y medir las cantidades de alimentos, haciendo estrictas dietas para conseguir su riguroso control sobre los alimentos.
- Comer sólo determinado tipo de alimentos.
- Excesivo control a las horas de las comidas, seguido de un descontrol entre horas.
Algunas de las soluciones ineficaces más frecuentes puestas en práctica por los familiares y la gente que rodea a la paciente anoréxica consisten en:
- Estar muy preocupados por el tipo de alimentación que ésta sigue.
- Insistir, viendo su extremada delgadez, una y otra vez en que tiene que comer más y engordar.
- Vigilar para que coma y no vomite.
- Intentar controlar su ingesta.

Estos intentos de solucionar el problema provocan, por oposición, que la anoréxica renueve sus esfuerzos para adelgazar. Se organiza así una escalada simétrica entre ésta y sus familiares que siguen un denominador común III de las soluciones intentadas (véanse los capítulos I, II y III). Sobre este proceso interpersonal se monta otro, que sigue el denominador común V de las soluciones intentadas (véanse capítulos II y III): cuando la anoréxica es vigilada y acusada de no haber comido o de haber vomitado, se defiende negándolo y cada vez que niega alguna de estas acusaciones, confirma esas mismas sospechas en sus familiares.

Algunas de las soluciones ineficaces más frecuentes puestas en práctica por los familiares y la gente que rodea a la paciente bulímica consisten en:

- Insistir en que ésta debe tener más control de sus deseos de comer y adelgazar (escalada simétrica, denominador común III).
- Vigilar e intentar que evite los atracones, por ejemplo no teniendo la comida apetecida, (denominador común V).
Cuanto más insisten los familiares de la bulímica más se prohíbe ésta a sí misma comer -denominador común I de las soluciones intentadas-, más atracción siente hacia los alimentos prohibidos y más frecuentes son los episodios bulímicos.
El profesional bienintencionado con alguna frecuencia se deja atrapar con soluciones intentadas por su parte que corresponden también a los dos procesos interpersonales de los denominadores comunes III y V:
- Insistir en que debe comer, si la delgadez de la paciente es alarmante, o insistir en que coma menos, si la gordura es manifiesta.
- No confiar en lo que cuenta la paciente.
- Tratar a todos los TCA como si fueran graves.
- Considerar los TCA como crónicos.
- Realizar profecías autocumplidoras mediante expectativas pesimistas en cuanto a las posibilidades de curación.
- Dedicar tiempo a resolver otros problemas para evitar abordar el comportamiento alimentario.

El profesional puede elegir en cada caso cuál es el camino más rápido y seguro para conseguir la resolución del problema, proponiendo alternativas a las soluciones intentadas ineficaces, comenzando por sugerir lo contrario de lo que no ha funcionado hasta el momento. Recuérdese que la eficacia de estas intervenciones depende de que los pacientes encuentren sentido o no a lo que el profesional le pide, es decir, no tiene sentido aplicarlas de forma aislada, sino dentro de un contexto creado por el profesional "(véanse las intervenciones de giro de 180 grados y la explicación y motivación para hacer la tarea en el capítulo III). Ejemplos sobre posibles intervenciones:

Si se trabaja con una intervención de giro de 180 grados sobre el denominador común I de las soluciones intentadas, se puede prescribir que se permita tener ganas de picotear entre horas y desde el mismo momento que acabe de desayunar y que se esfuerce deliberadamente en ello. O que planifique las ingestas o los vómitos o ambas a lo largo del día, adelantando la hora del último vómito o del primero, o agrupándolos a mitad del día, o espaciándolos. También se podría prescribir el síntoma: "vomita más", "come más antes de vomitar"; ritualizar la ingesta de alimentos y vómitos -véase más adelante-, cambiar el lugar donde vomitará, etcétera.

Si se trabaja con su familia, se podría incluir a ésta en un giro de 180 grados sobre las soluciones intentadas -correspondientes al denominador común III-, haciendo que un familiar participe en la ingesta, comiendo también él una pequeña parte, preparándole él parte de los alimentos que va a picotear, organizando un juego en el que él esconde y ella encuentra alimentos...

El lector podrá seguir inventando otras potenciales soluciones que se distancien en alguna medida del denominador común I y III. Representa siempre un reto a la imaginación y a la creatividad inventar soluciones alternativas en las que no sea posible la queja y que puedan ser compartidas por los pacientes y sus familiares.

A continuación se muestran otras estrategias que se aplican especialmente a los trastornos de la conducta alimentaria, debido a las peculiaridades propias de estos problemas:

- Prescribir aumentos mínimos de peso cuando la paciente está por debajo del peso pactado en los objetivos. Para que el profesional no se convierta en una más de las personas que insiste en que la paciente debe aumentar su peso, se prohíben incrementos demasiado grandes o se prescriben aumentos ridículamente pequeños (250 g en un mes) en periodos de tiempo prolongados. Se trata de prescribir a la paciente que coma "menos más" de lo que ella misma esté dispuesta a comer.

- Prescribir disminuciones mínimas de peso: cuando la paciente está por encima del peso pactado en los objetivos. Para que el profesional no se convierta en una más de las personas que insiste en que la paciente debe aumentar su peso, se ofrece disminuir el peso más lentamente de lo que las propias pacientes desean y se prescribe que coman "menos menos" de lo que ellas se proponen hacer.

- Ritualizar los atracones: se trata de evitar que los atracones ocurran espontáneamente, para lo cual se prescriben, pero de manera diferente a como lo hacen habitualmente. Por ejemplo: se indica a la paciente que cuando vaya a comer entre horas no comience poco a poco, sino que coloque encima de la mesa todo lo que es capaz de comer de una sola sentada en el mejor de los casos; cuando ya lo tenga colocado tiene que duplicar, triplicar o más aún, la cantidad de alimentos que previamente había dispuesto; a continuación debe mirarlo todo detenidamente y decidir si empieza o lo guarda para otra ocasión. Si prueba el primer bocado de cualquiera de los alimentos que tiene a la vista, necesariamente habrá de terminarlos todos. Con intención paradójica el profesional anima a la paciente a que, una vez que se ha tomado la molestia de colocar toda esa comida sobre la mesa, aproveche y se coma todo. La respuesta más frecuente de nuestras pacientes ha sido: "No pude hacer lo que me pidió, me parecía ridículo comer todo aquello y también sacar todo para volverlo a guardar. Sí he comido alguna cosa entre horas, pero no exageradamente como antes." Hasta el momento ninguno de nuestros casos ha seguido al pie de la letra esta instrucción.

- Ritualizar los vómitos: se trata de evitar que los vómitos ocurran espontáneamente, para lo cual se prescriben, pero de manera diferente a como lo hacen habitualmente. La alteración de cualquier elemento intranscendente del ritual puede resultar trascendental y bloquear toda la secuencia, a la vez que la paciente reasume la responsabilidad sobre su comportamiento sin que haya sido necesario convencerla de ello.
Por ejemplo: cambiando la frecuencia, el momento en que ocurre, la duración, el lugar en el que se produce, añadiendo un elemento nuevo, cambiando el orden de la secuencia o descomponiéndola en elementos más pequeños (Hudson O' Hanlon W; Weiner-Davis M, 1990). La respuesta más frecuente que nuestras pacientes han dado ante esta estrategia ha sido: "me resulto imposible hacer lo que me pidió… no le encontraba sentido; de todas formas he vomitado mucho menos".

- Bloquear o cambiar los mensajes familiares: las estrategias terapéuticas arriba descritas no suelen tener efecto si las personas más cercanas a la paciente continúan insistiéndole a cada momento en que coma más o en que coma menos. Frecuentemente resulta más fácil interferir en los mensajes de los familiares, que hacerles comprender la esterilidad de la insistencia en que su hija coma más. Para ello resulta útil incluir a dichas personas en la consulta y conseguir que participen en el tratamiento. Esto permite que observen cómo el profesional se relaciona con la paciente. Así, pueden aprender modos alternativos para el manejo del problema como la entrevista conjunta. En ausencia de la paciente, el profesional puede aliarse con ellos y "entregarse a su causa". Una vez establecida la alianza no resulta difícil prescribir que se retiren y que permitan que el paciente progrese a su ritmo. En el caso de Sonia resultó útil proponer a la madre que comenzara a hablar de nuevo con su hija de temas diferentes a la comida.
En la Tabla I se enuncian algunas ideas útiles para los casos de TCA.











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