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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

Terapia Familiar Breve en Atención Primaria (II)

La información sobre lo que mantien el problema

Probablemente, una de las aportaciones con mayor transcendencia del Brief Center Therapy of Mental Research Institute (MRI) of Palo Alto (California) -para la psicoterapia en general y para la Terapia Familiar en particular- sea la sustitución del foco de la atención sobre las quejas por el análisis de los intentos infructuosos que se llevan a cabo para pretender solucionarlas. Los autores del MRI, de variada procedencia disciplinar, se dedicaron a estudiar situaciones -históricas, sociales, políticas y también personales- sin salida aparente, cuyos protagonistas acabaron resolviendo con éxito. Encontraron una regularidad en todas ellas: lo que ellos percibieron como la clave del éxito era que alguno de los protagonistas de la historia había puesto en práctica una solución, aparentemente, contraria al sentido común. La siguiente historia constituye una muestra de ello.

"Cuando en 1334 Margarita Maultasch, duquesa de Tirol, cercó el castillo de Hochosterwitz en la provincia de Carintia, sabía muy bien que la fortaleza, situada en una roca increíblemente escarpada se elevaba sobre todo el valle, era inexpugnable a un ataque directo y que se rendiría tan sólo a un prolongado sitio. Llegó un momento en el que la situación de los defensores se hizo crítica: no les quedaban más víveres que un buey y un par de sacos de cebada. La situación de Margarita se estaba convirtiendo en igualmente apremiante, si bien por razones distintas: sus tropas comenzaban a indisciplinarse, el sitio no parecía vislumbrar un fin y tenía también urgentes asuntos militares en otros puntos. En tal situación, el comandante del castillo decidió una acción a la desesperada, que debió aparecer como una locura a los ojos de sus hombres: hizo sacrificar el último buey que les quedaba, rellenó su cavidad abdominal con la cebada restante y ordenó arrojar el cuerpo del animal, monte abajo, hasta un prado situado frene al campamento enemigo. Tras recibir tan despectivo mensaje, la duquesa, presa del desánimo, abandonó el sitio de la fortaleza y partió con sus tropas."

Fue así como pensaron que el problema no era la queja, sino la forma de intentar solucionar ésta. Cuando una persona quiere cambiar algo indeseable para ella o aspira a conseguir un determinado objetivo, pone en marcha procedimientos -intentos de solución- que considera, desde su forma de pensar, los más apropiados, lógicos y correctos para satisfacer sus pretensiones. Cuando así ocurre -y logra conseguir lo que quiere- la solución ha sido eficaz, no llega a definirse "un problema", y la vida continúa planteando nuevas metas a lo que la persona responde con las soluciones oportunas, según sea el caso. Pero cuando la solución intentada no consigue su propósito, es frecuente que la persona piense que lo que ha fallado no es la "solución" que ha puesto en práctica, sino que considere que no la ha aplicado en una dosis suficientemente elevada y vuelva a probar utilizarla -ya que desde su punto de vista continúa siendo correcta-. Si así actúa y consigue, en esta segunda ocasión que todo funcione, logra resolver su problema. Pero si -de nuevo- no consigue su propósito es muy posible que vuelva a repetir el mismo patrón de comportamiento infructuoso una tercera, cuarta... vigésima vez... y así sucesivamente, redoblando sus esfuerzos en cada nuevo intento -aumentando la intensidad, fuerza o duración de la misma "solución" que no funciona-. A esta "pauta redundante de intentos de solución ineficaces" es a lo que estos autores han llamado el "más de lo mismo" -que, según ellos, está en la base los problemas humanos- y constituye la definición de problema que utiliza la TFB (ver figura 2).



¿QUÉ SE ENTIENDE POR "SOLUCIONES INTENTADAS"?

Lo que propone el MRI es identificar cuál es la solución que mantiene el problema. Para ello se analiza con el paciente y/o su familia estos intentos de solución ineficaces para resolver la queja planteada -soluciones intentadas- que ponen en práctica cada vez que surge su problema, con el propósito de que esta información sirva como base sobre la que construir una nueva forma de solución que se diferencie, lo más posible, de la que se venía utilizando, y de esta manera pueda modificarse este círculo vicioso basado en el "más de lo mismo".

El esquema "queja-soluciones intentadas" es una construcción de la realidad, una forma más de concebir los problemas humanos. No es la más "real", ni la "verdadera" naturaleza del comportamiento de las personas. Constituye un reductor de complejidad que se ofrece como una opción más para que el profesional organice la información que le cuentan sus pacientes; alternativa que, para determinado tipo de problemas, le puede guiar hacia la consecución de los objetivos terapéuticos. La idea de intervenir a partir de las soluciones intentadas no es la única, ni la mejor manera de actuar sobre el sufrimiento de las personas, pero sí presenta algunas ventajas con respecto a otros planteamientos alternativos:

- Su lógica es sencilla de comprender y no se utiliza terminología de un elevado grado de abstracción, lo que facilita el acceso a cualquier profesional.
- Se define un círculo vicioso que, una vez instaurado, se autoperpetúa. Por esta razón, para resolverlo no resulta necesario conocer más información sobre el camino recorrido para llegar a él, ni sobre cuál fue el detonante que dio lugar a la primera vuelta del círculo.
- El propio esquema ofrece, como se verá en el capítulo siguiente, ideas y procedimientos para diseñar intervenciones clínicas que rompen el círculo vicioso definido.

Según este punto de vista, al profesional le interesa cualquier solución infructuosa que se esté aplicando ante una queja, con independencia de quién sea el que aporta la solución: el propio paciente, algún familiar, o algún allegado. Efectivamente, el ansioso puede hacer denodados esfuerzos por tranquilizarse; pero también es posible que su esposa insista en que se relaje; o que el resto de la familia le evite para tratar de no irritarle; o que un amigo le diga que deje de pensar en lo que le preocupa; o que un compañero de trabajo le indique tomar una infusión que le ayude a calmar los nervios; o que su jefe le llame por teléfono a diario para saber si ya está bien; o que... etcétera. Todos estos intentos de solución, si resultan fallidos, se registran como soluciones intentadas.

Sin embargo, esto no quiere decir que el profesional tenga que necesariamente citar en su consulta a la familia al completo o, por qué no, a toda la red social del paciente. Se trabaja con el que acude a consulta y, a través de él, el profesional se interesará por las ayudas y consejos que el paciente recibe de su entorno para abordar su queja. Todas estas soluciones tienen que ser necesariamente ineficaces o, al menos, insuficientes; de otro modo el paciente no estaría en la consulta expresando su malestar o queja.

¿CÓMO SE INVESTIGA EL PATRÓN DE LA QUEJA - SOLUCIONES INTENTADAS?

Para definir las "soluciones intentadas" el profesional plantea la pregunta "¿Qué haces cuando te sucede… (la queja)?. No se trata de especificar la queja, de saber qué le pasa, sino de conocer cómo reaccionan el paciente o sus familiares ante élla. El resultado de esta investigación es una cadena de acontecimientos consecutivos en el tiempo -secuencia, patrón o proceso- que el profesional organiza de tal manera que el último paso lleva al primero. Esta secuencia se rastrea a través de preguntas como las contenidas en la tabla 6.

DENOMINADORES COMUNES DE LAS SOLUCIONES INTENTADAS

Para disminuir aún más la complejidad del tema, el siguiente paso que proponen los autores del MRI consiste en buscar el denominador común de los intentos de solución que ponen las personas que están involucradas en la queja.

El MRI reduce a cinco las posibles "maneras de meterse en líos" -cinco denominadores comunes de las soluciones intentadas ineficaces- que se enuncian en la tabla 9. Esta construcción de la realidad supone una ventaja, porque cada denominador común tiene definida una propuesta de solución -que se esbozará al explicar cada denominador común en este capítulo y se explicará con detalle en el próximo-. A modo de adelanto, el MRI afirma que, desde este enfoque, el mayor cambio en la queja del paciente se consigue proponiéndole una solución que se oponga lo más posible al denominador común de las soluciones intentadas -un "giro de 180 grados"- que constituye la línea principal o estrategia general de intervención.

Esta forma de proceder constituye una especie de "diagnóstico del proceso personal o interpersonal". En los dos primeros es una misma persona quien se queja y quien pone la solución -y por eso se dice que son "personales"-, aunque es frecuente que tenga al lado algún colaborador, generalmente familiar, que le estimula y anima a que persevere en el mismo tipo de solución infructuosa. En el caso de los tres últimos se requiere el concurso de al menos dos personas para que pueda completarse el proceso -y por eso se denominan "interpersonales"-: hacen falta dos para tratar de llegar a un acuerdo; dos para que uno pida sumisión libre y otro se someta o no, a la fuerza o no; y dos para que uno acuse o sospeche y otro confirme al defenderse.

A continuación se describe e ilustra con ejemplos cada uno de los cinco denominadores comunes descritos por el MRI:

"El intento de forzar algo que sólo puede ocurrir de manera espontánea" .

Suelen encajar en este denominador común los intentos de control sobre:
- Casi todos los comportamientos fisiológicos -como pueden ser la ansiedad, el insomnio, la respuesta sexual, el dolor, el apetito...- en los que las soluciones intentadas ineficaces son del tipo: "me esfuerzo en intentar ... relajarme, dormir, tener una erección, sentir placer, lograr un orgasmo, que no me duela, que no tenga hambre... y cuanto más lo hago, menos lo consigo".
- La mayor parte de los sentimientos -como pueden ser la tristeza, el ánimo, el amor, la irritación, las ganas de...- en los que las soluciones intentadas ineficaces son del tipo: "me esfuerzo en procurar... estar contento, animarme, dejar de amar, no explotar, tener o no tener ganas de... y por más que lo intento no lo consigo, incluso empeoro".
- Las ideas y los pensamientos no deseados o "parásitos", en los que la soluciones intentadas ineficaces son del tipo: "me esfuerzo en tratar de... olvidar, dejar de pensar en... y me desespero, porque cuanto menos quiero pensar en ello la idea aparece con más fuerza".

El MRI señala que, como tales comportamientos fisiológicos, sentimientos y pensamientos son involuntarios, cuanto más se fuerza su control, menos se consigue. Por ello, la estrategia general de intervención consiste en un giro de 180 grados sobre las soluciones intentadas, es decir consiste en la "prescripción del síntoma" que, por ser también espontáneo, cuanto más se intenta lograr, menos se alcanza.

Por ejemplo: si dormir es espontáneo, no dormir o permanecer despierto también lo es. Lo contrario de esforzarse en dormir no es "dejar de esforzarse en dormir", sino "esforzarse en no dormir". Quien intenta dormirse adrede se desvela y quien teniendo sueño se esfuerza en mantenerse en vela, se duerme.

"El intento de dominar un acontecimiento temido aplazándolo".

Hay ocasiones en las que la forma habitual de enfrentar una situación conflictiva es la huida, dejarla para más tarde, posponerla. En estos casos la persona no se considera suficientemente cualificada para abordar el problema y decide esperar para prepararse mejor; o piensa que el resultado no va a ser el que ella desea y por eso espera; pero… Esta no es una buena forma de resolver. Frecuentemente, al actuar así, el problema va tomando cada vez más cuerpo, se va acumulando, enconando; y cada vez resulta más difícil hacerle frente, y cada vez la persona va teniendo más motivos para no sentirse preparada o para temer abordarlo, y cada vez encuentra más justificado posponer el tema.

Funcionan así la mayor parte de las quejas que encajan en la definición de fobia -agorafobia, fobia social, fobia específica- que ofrece el DSM-IV, que incluye este comportamiento de evitación como uno de los criterios diagnósticos. También se abordan con este tipo de soluciones aquellas situaciones en las que la persona no está dispuesta a arriesgarse a un fracaso y retrasa la solución hasta conseguir la certeza de que tendrá éxito al "cien por cien". Pero la seguridad rara vez puede ser absoluta y menos cuando se trata con seres vivos -sistemas abiertos- y, por tanto, relativamente libres. Con ellos la pretensión de seguridad absoluta es un imposible.

"...Doctor, le cuento lo siguiente para que se dé cuenta de lo insegura que soy. Cuando necesito, por ejemplo, una blusa doy mil vueltas hasta que por fin, tras mucho comparar, encuentro un modelo que me gusta. Entonces llega el momento de elegir el color. Pongamos que dudo entre una roja y una blanca. Las dos me quedan bien, pero justo cuando parece que me decido a comprarla de un color me entra la duda de si no me quedará mejor el otro. Hasta aquí, no pasa nada del otro mundo. Pero, a veces me voy de la tienda y en casa sigo dando vueltas a la cabeza pensando en cuál debo comprar, sin terminar de decidirme. Incluso, cuando por fin estoy firmemente decidida por una de las dos y estoy a punto de comprarla, puedo llegar a pensar: ¿no la podré encontrar más barata en otro sitio? Entonces busco y rebusco en más y más tiendas, comparando precios y modelos, hasta que pienso que no le voy a dar más vueltas y que me compro la roja de la primera tienda, que es la que me gusta. Entonces vuelvo a dudar: ¿debo comprármela o no? ¿realmente la necesito o puedo pasar sin ella? Y puedo llegar a decidir que sí, que me la compro. Pero... ¿cuál compro? ¿la roja o la blanca?. Y vuelta a empezar. Así me puedo tirar semanas, yendo a esa tienda, y yendo de una tienda a otra. A menudo incluso no consigo comprar cosas de primera necesidad. Y como en esto, me pasa en cualquier decisión que tenga que tomar: da igual que ésta sea importante -por ejemplo, ahora ando dudando si me quedo embarazada o no- o que pertenezca a las cosas del día a día -por ejemplo, salir de casa ahora para hacer la compra o esperar a que sea más tarde e ir limpiando mientras tanto-. El caso es que lo aplazo todo, y no consigo hacer nada, ni lo uno ni lo otro. Mi vida se hace tan insoportable que, a veces, pienso que me quiero morir, sobre todo cuando me doy cuenta del tipo de vida que le estoy dando a mi marido -que tiene más paciencia que un santo-, con el que tampoco me decido a hacer nada...".

La estrategia general diseñada según un giro de 180º respecto del denominador común de las soluciones intentadas supone conseguir que la persona, por fin, se enfrente a lo que teme. En el ejemplo anterior, la paciente teme equivocarse y lo evita, esforzándose continuamente en acertar; y cuanto más se esfuerza en acertar, menos lo consigue -la solución intentada resulta ineficaz-. Lo contrario de "esforzarse en acertar" no es "dejar de esforzarse en acertar", sino conseguir "esforzarse en no acertar", o, lo que es lo mismo, conseguir "esforzarse en fallar".

"El intento de llegar a un acuerdo mediante oposición" .

Resulta una experiencia común que las personas discutan para llegar a acuerdos. Sorprendentemente, también es común que, tras una discusión, los interlocutores se encuentren en posiciones más distantes entre sí que al principio. Es como si la discusión contribuyera más a que cada uno encuentre nuevos argumentos para sostener su propia postura, que para comprender el punto de vista de su interlocutor.

A pesar de ello, discutir sigue siendo la primera opción para llegar a acuerdos. Es cierto que, a veces, se consigue que el interlocutor acepte los propios argumentos y ceda. Cuando así ocurre, la respuesta más frecuente es un acercamiento de posturas para llegar a un acuerdo en posiciones más o menos centrales, entre los extremos de las posturas debatidas. Pero si estas posturas más o menos intermedias no dejan igualmente satisfechas a ambas partes en conflicto, es muy posible que éstas comiencen de nuevo a discutir, produciéndose una escalada simétrica -ver capítulo I de esta serie- en la que "se echa un pulso" para tener razón y para que el otro retroceda en su actitud.

Por ejemplo: "A", con su comportamiento, hace que "B" haga una maniobra para ganar, y esta maniobra obliga a "A" a hacer otra más fuerte para ganar, que a su vez obliga a "B" a hacer otra todavía más fuerte para ganar, etcétera.

Este tipo de "soluciones intentadas" puede observarse en cualquier relación familiar -entre marido y mujer, padres/hijos, entre hermanos, con los abuelos, la familia política…-, laboral -jefe/subalterno, compañeros de trabajo, profesor/alumno-, o social -amistad, compañerismo, deporte, juego-. En ocasiones acude a la consulta del profesional una sola de las personas involucradas en el proceso interpersonal y su queja puede presentar muy diferentes formas iniciales -depresión, ansiedad, dificultades para concentrarse-… Sin embargo, la entrevista clínica luego revela fácilmente que el malestar tiene que ver con las dificultades para conseguir un acuerdo con alguna persona importante en su vida. En otras ocasiones el motivo de intervención del profesional es un asunto de lesiones físicas tras un episodio de violencia familiar.

La estrategia que se opone, en un giro de 180 grados, a este tipo de soluciones intentadas consiste en pedir a uno de los "contendientes" -como táctica diferente para llegar a un acuerdo- que ceda, haga alguna concesión, realice una maniobra de sumisión o acepte, al menos parcialmente, las posiciones de su oponente.

"El intento de conseguir sumisión a través de la libre aceptación" .

Hay circunstancias en las que una persona espera que otros se comporten según sus deseos, pero no puede pedírselo, porque si se lo pide ya no le satisface lo que hagan, porque no ha sido por iniciativa de ellos, no ha "salido" de ellos. A veces esta persona calla y espera en vano, que los demás cumplan unas pretensiones que desconocen; otras, lanza indirectas; otras, harta y frustrada de tanta espera, expone su deseo pero, incluso si ve cumplida su aspiración, no se queda satisfecha porque "era demasiado tarde", "no ha tomado la iniciativa", "no lo ha hecho por voluntad propia", "libremente". Es frecuente que la persona que realiza este tipo de proceder atribuya maldad o mala intención a la falta de acción de los demás, o que piense que "no es que no se enteren; es que no se quieren enterar".

Por ejemplo: "Creo que mi marido ya no me quiere, porque después de tantos años debería saber de sobra cuándo necesito que me abrace y, sin embargo, no lo hace." O "mi hijo debería ser responsable y saber que tiene que ponerse a estudiar. Y, sin embargo, por más que le dejo el libro abierto encima del sofá, lo aparta y se sienta a ver la televisión, el muy vago". O "¡Menuda cara más dura tiene mi suegro!. Se pensará que está en un hotel. No se quiere dar cuenta de todo lo que tengo que hacer. ¡Por lo menos podría ayudar a poner la mesa en lugar de quedarse mirando cómo la pongo yo!.

Estas situaciones son características de grupos humanos -a menudo familias- basados en la permisividad, en los que no se puede imponer las obligaciones a la fuerza, sino que es necesario que cada quién comprenda y acepte como propios, los deberes y obligaciones en aras al bien común. En teoría, esto está muy bien, pero en el momento en que surge un desacuerdo, nadie se atreve a imponer su criterio y empiezan los chantajes, más o menos psicológicos, y las presiones, más o menos indirectas, para que el díscolo comprenda y se pliegue a lo que la mayoría o la autoridad -que no se erige como tal- supone que es el bienestar común o lo que se debe hacer.

La estrategia general de intervención de giro de 180 grados supone instruir a quien intenta conseguir sumisión para que formule directamente las peticiones que desea o para que acepte la voluntad libre del otro.

"Confirmar las sospechas del acusador mediante la autodefensa" .

"Excusatio non petita,
accusatio manifiesta"
Derecho Romano

Explicación no pedida, acusación manifiesta. Las excusas rara vez tranquilizan al acusador; bien al contrario, suponen una confirmación de sus sospechas. El problema en este tipo de procesos es que cuanto más inocente es el acusado, más énfasis va a poner en su defensa y más va a confirmar las sospechas de su acusador.

Este tipo de procesos interpersonales puede describirse en muchos casos de consumo y abuso de sustancias -drogas, alcohol-; celos y otras relaciones basadas en la desconfianza; y en aquellos casos que encajan con la definición de hipocondría que ofrece el DSM-IV. En estos últimos, los reiterados intentos del médico para tranquilizar al paciente en el sentido de no objetivarse ningún trastorno, sólo consiguen confirmar más aún sus sospechas de enfermedad: "si no tuviera realmente algo grave, mi médico no me pediría tantas y tan costosas pruebas".

Véase el diálogo que mantienen Luis (L) y su mujer Tomasa (T) en la consulta:
T: Doctor, estoy muy preocupada, porque mi marido, aunque ya le advirtió usted de que tenía que dejar de beber, continúa bebiendo, y, encima, es incapaz de confesarlo.
L: (Interrumpiéndola) ¡Que te he dicho mil veces que ya no bebo, caramba! ¡que lo dejé hace tres meses cuando el doctor me sacó eso de que tenía el hígado mal!. A ver si la convence usted, doctor.
T: Y creerás que soy tan tonta de creerte.
L: Mujer, en algo lo habrás tenido que notar, ¡digo yo!. ¡Por lo menos habrás podido notar que ya no huelo!.
T: Te pensarás que soy tonta. Ahora te ha dado por tomar caramelos... ¡qué curioso, de anís!. Pero a mí no me engañas. ¡Con lo que he tenido yo que aguantar!
L: Me tomo los caramelos porque me ayudan a no beber.
T: ¿Lo ves como sigues pensando en la bebida?. Mentiroso, que eres un mentiroso. Nunca te lo podrás quitar de la cabeza, ¡nunca!.
L: Hombre, te voy a decir la verdad: no te digo yo que, de vez en cuando no me entren ganas. ¡Pero que no bebo, te lo juro que no bebo!. Pregúntale a mi amigo Paco...
T: Precisamente de "ése" me voy a fiar... Seguro que has quedado con él en que no me diga nada.
L: Yo sólo le he dicho que te diga la verdad, que ya no bebo.
T: ¿Lo ves como ya lo tienes hablado con él?. A mí no me vas a engañar. ¡Como si nunca me hubieras dicho una mentira!. Dime ahora. ¡Atrévete delante del doctor!. ¡Dime que nunca me has mentido!
L: Caramba, nunca... alguna vez... pues... sí
T: ¿Lo ves? Hasta tú mismo reconoces que eres un mentiroso. ¿Cómo puedo confiar en ti?

Cualquier persona, al intentar defenderse en un interrogatorio al que se le somete bajo ésta o mayor presión, puede llegar a entrar en contradicciones más o menos gruesas -sin necesariamente haber hecho nada malo-, que no harán sino confirmar las sospechas del que acusa, el cual está deseando encontrar argumentos que consigan definitivamente condenar al acusado. Lo que mantiene esta discusión, que probablemente podría alargarse sin final, es la manera en la que el acusado -Luis en este caso- se defiende, porque parece que cualquier cosa que pueda llegar a decir no sólo resultará ineficaz para convencer al acusador -Tomasa-, sino que le dará argumentos para continuar pensando como piensa -que su marido Luis consume alcohol-.

Por eso, en este tipo de problemas, la estrategia general de giro de 180 grados respecto del denominador común de las soluciones intentadas consiste en explicar al acusado que no tiene que defenderse, e instruirle para que dé una respuesta ambigua -que pueda entenderse bien como una confirmación, bien como una desconfirmación: "puede ser"- o aceptar y confirmar la acusación.

En el primer capítulo de esta serie se ha expuesto cuáles son las bases en las que se apoya la TFB y qué aporta a la consulta de Atención Primaria. En este capítulo se ha hablado de cuál es y cómo se investiga lo que la TFB considera como información relevante para poder diseñar tareas -de las cuales se ha esbozado sólo un adelanto- orientadas a que el paciente y sus familiares puedan conseguir lo que desean y solucionar sus problemas. El capítulo próximo se ocupará íntegramente del diseño de estas tareas y de cómo impartirlas para conseguir que los pacientes las cumplan.

BIBLIOGRAFÍA
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