Terapia
Familiar Breve en Atención Primaria (I)
Introducción
La
Real Academia de la Lengua define el término "familia" como "grupo
de personas emparentadas entre sí que viven juntas". Se trata del
grupo social en el que cualquier individuo se desarrolla y comparte relación
estrecha con otras personas a lo largo de su vida.
La
manera en la que las personas se relacionan entre sí facilita o entorpece
el hecho de que éstas puedan llevar una vida conforme a sus gustos o preferencias.
Tradicionalmente los modelos psicológicos han considerado a la familia
como el grupo humano en el que más frecuentemente aparecen los problemas
-entre cónyuges, padres e hijos entre sí, entre hermanos
-.
A los autores nos parece clara la influencia que puede ejercer la enfermedad,
tanto física como psíquica, de alguno de los miembros de la familia
en el funcionamiento familiar y viceversa. Aunque partimos de que las premisas
anteriores pueden ser ciertas, pensamos que puede no ser menos cierto a su vez
que la familia sea el grupo humano en el que, también con más frecuencia,
se suelen solucionar estos problemas, gracias a su capacidad de influencia en
que desaparezcan o se atenúen -lo cual suele pasar inadvertido, quizá
por la mala costumbre que tienen las personas de fijarse especialmente en lo malo,
o quizá por el "sesgo de selección" al que se someten
quienes pasan consultas a las que acude la gente sólo cuando tiene dificultades-.
En la mayoría de ocasiones esta capacidad familiar para resolver los problemas
y ser fuente rica de soluciones se pone de manifiesto sin la ayuda de alguien
externo a ella -el médico, el psicólogo, el psiquiatra, el sacerdote,
el amigo...-. Y sólo cuando los problemas no se consiguen solucionar puede
ocurrir que uno de sus miembros pase por la consulta del médico y tenga
éste la ocasión de prestarle ayuda, si así se lo permite.
Los autores queremos comenzar recalcando este aspecto, es decir, el énfasis
sobre los "lados fuertes" de los pacientes y las familias porque tradicionalmente
ha sido el más descuidado y porque para la Terapia Familiar Breve que vamos
a presentar en estos cuatro capítulos supone, como se verá, una
piedra angular en la que apoyarse cuando estos demandan ayuda.
En
Atención Primaria actualmente se considera la influencia que puede tener
lugar entre los procesos biológicos, psicológicos y de relación
entre las personas. Una dolencia física puede asociarse con un malestar
psicológico y éste, a su vez, con una dificultad en las relaciones
con los demás... Y cualquiera de los dos últimos, a su vez, puede
corresponderse con un problema orgánico... Y a su vez, un problema de relación
puede dar lugar a otro de índole psicológica, etc.
A
lo largo de los años de la carrera de medicina y durante el período
de formación MIR, los médicos de familia son entrenados con mayor
dedicación para el diagnóstico y tratamiento de los problemas biológicos.
El entrenamiento en el abordaje psicosocial queda reducido, en general, a las
habilidades que los tutores les hayan podido enseñar. Y éstas, por
lo común, no van más allá de la escucha y comprensión
de lo que cuenta el paciente sobre este tipo de problemas -que no es poco- y del
intento de convencer al paciente para que haga algo de lo que el propio médico
haría si se encontrara en su caso -que no suele ser suficiente-. Así,
el médico de familia no se forma de manera específica ni suficiente
para resolver los problemas emocionales y de relación del paciente en la
dirección que éste quiere; y esta laguna la rellena con debates
sobre por qué las personas son como son, o cómo llegan a serlo,
o por qué tienen problemas, con la esperanza de que reflexionar sobre estos
asuntos con el paciente ayude a que éste resuelva su problema. Dicho de
otra manera, el médico de familia es formado y trabaja más en la
dirección de "describir el agua en la que se ahoga el paciente e intentar
hacerle comprender lo que ésta es, con la esperanza de que, con ambas cosas,
aprenda a nadar". Esta extendida creencia carece tanto de lógica como
de evidencia empírica alguna en la que sostenerse.
Pues
bien: el médico de familia se encuentra a diario con que se le plantean
motivos de consulta puramente biológicos, problemas de índole emocional
y aquellos derivados de las relaciones entre las personas. Es frecuente, además,
que los pacientes y/o familias que presentan estos dos últimos tipos de
problemas acudan reiteradamente si no los consiguen resolver -se calcula que la
prevalencia de los problemas de este tipo en la población que consulta
en Atención Primaria se sitúa en torno al 30%-. Por ello, si el
médico de familia no está suficientemente entrenado para cooperar
con ellos y ofrecer soluciones -como sucedería, por cierto, con cualquier
otro problema biológico- no les ayudará a recuperar la salud y esta
clase de quejas ocupará gran parte del tiempo de su consulta. Es necesario,
por tanto, que el médico de familia conozca y utilice procedimientos eficaces
para abordar problemas de esta naturaleza que no le lleven mucho tiempo -y le
"atasquen" la consulta- y que, a la vez, obtengan unos buenos resultados.
Los
autores hemos planteado las cuatro entregas de las que consta esta monografía
sobre Terapia Familiar Breve (TFB) de la siguiente forma:
- Una primera
parte, que corresponde a este capítulo I, en la que se desarrolla una reflexión
clínica sobre los fundamentos teóricos en los que se apoya la TFB.
Se trata de exponer un marco teórico en el que tenga sentido la parte técnica
de este modo de trabajo.
- Una segunda parte, que se desarrollará
en los capítulos II y III, que hacen referencia a dicha parte técnica
y práctica: qué información se considera relevante para trabajar
desde el punto de vista de la TFB, cómo se hace para recogerla, qué
intervenciones propone -a partir de esta información- esta forma de terapia
y cómo se plantea motivar al paciente y/o a su familia para que las lleven
a cabo. Lo haremos con la pretensión de que los contenidos resulten prácticos
al Médico de Familia en su consulta de Atención Primaria. Sin embargo,
es necesario señalar que no se trata de una "colección"
de técnicas para su uso aislado del contexto teórico -que constituye
una forma de pensamiento, un punto de vista de la realidad- ya que de aplicarse
fuera de dicho contexto es probable que estas técnicas resulten ineficaces
o incluso quizá perjudiciales para los pacientes.
- Una tercera
parte, que se mostrará en el capítulo IV, en la que se expondrán
diversas aplicaciones prácticas de la TFB en distintas situaciones clínicas.
No se tratará de una exposición de "recetas" para cada
problema, sino de ejemplos a través de los cuales el lector pueda inferir
nuevos enfoques en el tratamiento de sus pacientes y familias.