Educación
para la salud individual
Ayudar
a los cambios de comportamientos
Lograr el cambio
hacia comportamientos saludables es una de las tareas prioritarias de los profesionales
sanitarios. Una buena información no es suficiente para ello (como ejemplo
sirva la existencia de un alto nivel de tabaquismo entre los profesionales sanitarios).
Pensar que informar al paciente sobre los riesgos y efectuar una recomendación
es suficiente para lograr un cambio genera en los profesionales sanitarios frustración
e ira contra el paciente. (Interpretamos que acude a nosotros buscando nuestro
consejo pero luego no nos hace caso "le he dicho mil veces como tiene que
tomarse las pastillas").
No pueden promoverse cambios duraderos en
las conductas de las personas sin realizar antes un diagnóstico de cual
es su disposición para cambiar, sus motivos y sus dificultades.
El
cambio en los comportamientos tenemos que contemplarlo en sus diferentes aspectos:
-
Un modelo teórico que explica los cambios: el modelo transteórico
de Prochaska y DiClemente.
- El método que el profesional utiliza para
conducir el proceso de cambio: el counselling.
- La herramienta de comunicación
que nos permite aplicar el método: la entrevista motivacional.
A
continuación vamos a desarrollar los tres conceptos expuestos:
1.
Modelo teórico del cambio.
2. Counselling, como método para favorecer
el cambio.
3. Entrevista motivacional como herramienta de comunicación
que nos permite llevar a cabo el método propuesto.
MODELO
TEÓRICO DEL CAMBIO
Aplicado inicialmente
en el abandono de sustancias adictivas, actualmente se ha extendido a otros procesos
y comportamientos como dieta, ejercicio físico, uso de preservativo, etc.
Postula que en el proceso de cambio se pasa por una serie de etapas más
o menos definidas, que afectan a los cambios favorecidos y conducidos por profesionales
y también a los que un individuo adopta de forma individual sin recomendaciones
externas.
La persona pasa por esas etapas, no siempre de un modo lineal,
sino que en el curso del mismo pueden experimentarse retrocesos hacia etapas anteriores.
A
este modelo teórico hay que añadir un elemento muy importante: la
autoeficacia. Podría definirse como la confianza en la propia capacidad
y habilidades para hacer frente de forma exitosa a un reto específico.
Este elemento es fundamental para que las personas logren el éxito en el
cambio de conducta. La autoeficacia se relaciona con la autoestima, pero en este
contexto es el sentimiento de competencia para realizar una actividad en concreto.
Si alguien está convencido de la necesidad de cambiar, pero se siente incapaz
de hacerlo no hará ningún esfuerzo para conseguirlo.
Etapas
del cambio
Antes de plantearnos ninguna intervención para promover
los cambios en una persona determinada debemos conocer en que etapa del cambio
se encuentra con respecto a la conducta que desea modificar, ya que de ello depende
el tipo intervención que vaya a llevarse a cabo.

Etapa
de precontemplación
No ve o no quiere ver necesario el cambio. Se
expresa con frases como "de algo hay que morir", "a mi esto no
me perjudica", "mi madre comía lo que le apetecía y jamás
tuvo complicaciones con su diabetes", "usar siempre preservativo es
imposible".
Es importante mantener una comunicación empática
con la persona, proporcionar información sobre los riesgos, tratar de manifestar
la contradicción para que se produzca la preocupación, reforzar
que el cambio es posible y ofrecer una próxima visita para volver a discutir
el problema que detectamos.
Conseguiremos favorecer la motivación
si se relaciona con el motivo de la consulta del paciente. Antes de dar información
debe comprobarse que la acepta, ya que de otra forma crearíamos resistencias.
En
este momento se puede ayudar al paciente a aumentar la confianza en sus propias
capacidades (autoeficacia), "yo creo que usted es capaz de dejar el tabaco".
Ofrecer
material educativo adecuado puede ayudar a la toma de conciencia del problema.
(Ej.: entrega en consulta de un folleto sobre riesgo de Enfermedades de Transmisión
Sexual solicitando al paciente que reflexione sobre los contenidos y mostrándonos
abiertos a comentar con él lo que piensa de ello, o las dificultades que
se plantean).
Etapa de contemplación
Las
personas contemplan la necesidad del cambio, situados en el "debería",
aunque aún no se han comprometido a pasar a la acción. Empiezan
a sopesar los pros y los contras de su conducta. Están considerando con
seriedad y firmeza resolver su problema, pero su conducta o hábito está
muy arraigado y hay razones por las que lo mantienen. Este conflicto se denomina
ambivalencia y se caracteriza por los sentimientos encontrados. Tenemos que entender
que no es únicamente un problema de motivación.
El cambio
de una fase de contemplación a la de preparación es un proceso gradual
durante el cual los individuos van delimitando y planificando cómo conseguir
el cambio. Se asocia a expectativas más concretas, más definidas
y el aumento de la confianza para conseguirlo. A veces es una etapa muy duradera,
pudiéndose incluso quedar atascado en esta etapa.
En este momento
es útil hacer que el paciente exprese sus motivaciones y las barreras que
percibe en relación con el cambio que se plantea. Esto ayuda al profesional
a reforzar su motivación en visitas posteriores.
La estrategia más
adecuada es evidenciar la discordancia entre lo que sabe lo que hace, fomentar
los factores que le llevan a desear el cambio, procurando el establecimiento de
una alianza.
Etapa de preparación
La persona
ha decidido el cambio, y ya empieza a plantearse como hacerlo. Da algunos pasos
para conseguirlo, aun cuando no sepa como lograr el cambio. La persona necesita
tener confianza en su capacidad para lograrlo. Existe un deseo de ayuda. Establece
un plazo y se plantean unas estrategias para lograrlo.
En este momento
debe pactarse una fecha a corto plazo, metas alcanzables y visitas de seguimiento,
reforzando además sus motivaciones. Las metas muy ambiciosas pueden desanimar
al paciente, generando frustración. Puede ayudarse al paciente en el análisis
de sus dificultades y en la búsqueda de estrategias para superarlas.
Resulta
útil hablar al paciente de las dificultades más frecuentes para
ese cambio en concreto en los primeros días y solicitarle que establezca
alguna estrategia para superarlas.
Etapa de acción
Se
pone en marcha la decisión tomada. Se modifica el comportamiento y se introducen
cambios en si mismo o en su entorno.
Se evalúa si se han conseguido
las metas planteadas, que dificultades encuentra, que estrategias pueden desarrollarse
para superarlas. Se refuerza su motivación y se ayuda al paciente a prepararse
ante posibles problemas.
Etapa de mantenimiento
Se consolidan
los cambios iniciados. Precisa concentrar los esfuerzos en mantener la nueva conducta,
ya que sus hábitos arraigados pueden suponer la recaída en las conductas
antiguas.
En cada visita planificada se valoran los logros, reforzando
estos éxitos. En función de la evolución del proceso se establecen
nuevas metas, tienen que analizarse las dificultades que hayan surgido y se le
orienta en la búsqueda de soluciones; sin olvidar que es el propio paciente
el que debe encontrar sus soluciones, evitando que caiga en la pasividad mientras
el profesional le sugiere un abanico de las posibles alternativas.
En esta
etapa se debe plantear al paciente el riesgo de recaídas.
Recaídas
Dado
que el proceso de cambio no es un proceso lineal las recaídas son frecuentes,
especialmente cuando el cambio se encuadra dentro del consumo de sustancias adictivas
(como el tabaco), pero también en cualquier otro proceso de cambio (cambio
de hábitos en la alimentación o realización de ejercicio
físico). La recaída es el paso desde el mantenimiento a etapas anteriores.
Cuando ocurren hay que reevaluar, analizar lo que las provocó y aprender
por qué falló la estrategia propuesta, normalizándolas y
evitando que el paciente se desanime.
Podemos intervenir ayudándole
a comprender las causas de la recaída y a realizar planes para el próximo
intento. En este momento es muy importante reforzar la confianza del paciente
en su capacidad para cambiar.
Terminación
Tras
un periodo de mantenimiento en la mayoría de los casos el cambio puede
darse por consolidado. Dependiendo del hábito o la conducta de la que se
trate se establece un mínimo de 6 meses. (Ej.: un año en el caso
del tabaco) y hasta un plazo de 2 años para considerar la nueva conducta
plenamente establecida. La duración del periodo de mantenimiento depende
del hábito y de las características del paciente. En algunos casos
no puede darse por concluido el proceso de cambio durante años.

COUNSELLING
O CONSEJO MéDICO
El consejo médico constituye un elemento
de la Educación para la Salud. En este ámbito fue descrito inicialmente
en inglés como "counselling", es una palabra de difícil
traducción en todo el significado del término. No se trata del simple
significado de "aconsejar" que tiene en nuestro idioma la palabra consejo
como "parecer o dictamen que se da o toma para hacer o no hacer una cosa".
Ha sido traducido también como "consejo asistido", "relación
de ayuda" o "asesoramiento".
De acuerdo con la definición
de Green, en 1980, el consejo médico es el elemento de la EPS encaminado
a conseguir cambios voluntarios en la conducta.
En EPS su aplicación
más adecuada son aquellas situaciones donde pueden producirse alteraciones
emocionales como angustia, ira, miedo. (Ej.: consejo pre-test o post-test en la
prueba VIH) o cuando se desea promover cambios en las conductas. (Ej.: uso de
preservativo) pero también es aplicable en la prevención de alteraciones
emocionales con el fin de evitar su aparición o reducir la incidencia que
tiene sobre la persona, o para favorecer la adherencia a los tratamientos.
El
profesional actúa como facilitador de conocimientos, instrumentos, técnicas,
habilidades, sugerencias y alternativas. Su papel es conducir a la persona durante
su proceso hacia el cambio de comportamiento, utilizando la capacidad que poseen
todas las personas de reflexión y adaptación.
Es la persona
la que toma la decisión de acuerdo a su sistema de valores y sus capacidades
o recursos personales.
Pasos del consejo:
1. Expresar
empatía aceptando al paciente y el problema, lo que no significa que se
apruebe.
2. Recomendar el cambio personalizando los riesgos y los beneficios
de la conducta y utilizando herramientas motivacionales de persuasión y
apoyo, en vez de argumentos coercitivos. Animar al paciente a elegir sólo
uno o dos hábitos a modificar, evitando tratar de modificar varios de una
vez. Ante un paciente con sobrepeso, hipertensión y fumador no resultaría
útil tratar de cambiar de forma radical su estilo de vida, sino de priorizar
con el paciente cuál es el cambio con el que inicialmente se va a trabajar.
Si bien pueden existir pacientes suficientemente motivados en los que pueden trabajarse
dos modificaciones de estilo de vida relacionadas.
3. Señalar las discrepancias
entre la situación que tiene ahora y la que quiere lograr.
4. Valorar
la motivación.
5. Analizar las experiencias previas en los intentos
de cambio, ya que puede ayudarle a comprender que le llevó a la recaída
y desarrollar estrategias para evitarlo.
6. Solicitar al paciente que identifique
las barreras y dificultades y como va a afrontarlas. Por ejemplo, si otros miembros
de la familia fuman, puede ser más difícil conseguir abandonar el
tabaco. Si su pareja no quiere usar preservativo deberá desarrollar estrategias
y habilidades para planteárselo.
7. Ofrecer sugerencias para pasar por
el proceso de cambio. Comentarle y ofrecerle los recursos disponibles. (Ej.: sugerir
realizar un paseo diario durante la etapa de acción en el abandono del
tabaco).
8. Desarrollar con el paciente un plan de cambio.
9. Programar
el seguimiento.
ENTREVISTA MOTIVACIONAL
Ayudar
en el proceso del cambio necesita desarrollar habilidades de comunicación.
La entrevista motivacional está dirigida a identificar los factores de
motivación para el cambio y conseguir el posicionamiento del paciente hacia
el mismo. Es un tipo de entrevista semiestructurada centrada en el paciente utilizada
como herramienta de comunicación en el proceso de counselling. Intenta
que el paciente se posicione y se mantenga hacia el deseo de cambiar, pero basándose
en el respeto a las decisiones de la persona y hacia sus valores. Se ayuda a la
autoexploración y resolución de ambivalencias y resistencias respecto
a una conducta. Evita siempre enjuiciar al paciente, más bien intenta la
comprensión. Busca el compromiso del paciente con un proceso específico
para lograr el cambio en su conducta o problema.
La motivación es
la modificación intencional de la actitud. La motivación no es una
cualidad estática, sino que puede fluctuar y se ve influido por múltiples
factores. Se incrementa a medida que la persona toma conciencia de su problema.
La
motivación no garantiza el cambio, El primer paso es descubrir cual es
la actitud y los factores que influyen en un comportamiento determinado para ayudar
al paciente a conseguir despertar en él el deseo del cambio, es decir,
motivarle para el cambio.
La motivación es un elemento importante
a la hora de que una persona se plantee un cambio. Cada una tiene unos motivos
específicos ante una conducta (tanto para iniciarla como para mantenerla).
Podemos hablar de dos tipos de motivos:
- Internos: son aquellos que la
persona ha elaborado y asumido personalmente: para mantener la salud, por razones
económicas, por estética, etc.
- Externos: se derivan de las
circunstancias que rodean a la persona. Ésta deberá interiorizarlos
y hacerlos propios para que lleguen a provocar un cambio en el comportamiento.
Por prescripción médica, por presión familiar, por respeto
hacia otros, etc.
Una parte importante de esta técnica de entrevista
es el manejo de la ambivalencia. Normalmente el profesional intentará manejarla
desde el área cognitiva y el paciente intenta explicar los motivos que
le llevan al "no cambio". En la entrevista motivacional permitimos que
el paciente exprese y analice los pros y los contras. Se ofrece feed-back pero
sin adoptar la posición del experto que posee la fórmula infalible.
Puede utilizarse la "señalización", pero nunca de forma
inculpatoria, lo que le brinda al paciente descubrir nuevos aspectos de si mismo.
La ambivalencia está siempre presente cuando la conducta que se plantea
abandonar produce recompensas. (Ej.: conseguir placer cuando se fuma). Cuando
la ambivalencia aparece la persona adopta dos posiciones:
1) Hace desaparecer
el conflicto a base de olvidarlo, "me agobia, me inquieta y prefiero no pensarlo";
es la postura más frecuente.
2) Resuelve el conflicto modificando los
hábitos. Éste es el punto de partida del cambio; el profesional
trabaja para conseguir esta actitud ofreciendo ayuda y apoyo al paciente, trabajando
con tolerancia y respeto hacia sus decisiones y desde luego evitando enjuiciar.
Otro
elemento muy importante es el favorecimiento de la autoeficacia. Nadie inicia
un proceso de cambio si no cree en su capacidad para conseguirlo. Puede resultar
útil identificar hechos positivos en la biografía de la persona
y relacionarla con la situación actual como acicate para el desarrollo
de la autoeficacia.
El proceso de cambio no es un acto puntual sino un
proceso progresivo y con la entrevista motivacional se intenta conseguir la transición
hacia las etapas más avanzadas del proceso.
Bases
de la entrevista motivacional
- Empatía y aceptación: la
empatía es una cualidad por la cual una persona es capaz de transmitir
comprensión hacia las emociones del otro. Se realiza a través de
la escucha activa. Puede manifestarse por gestos y por palabras.
- Desarrollar
discrepancias: pretende lograr que el paciente reconozca dónde está
y dónde querría estar. Busca aumentar el conflicto, la incomodidad
entre la situación actual y sus valores propios, entre lo que piensa y
siente y lo que hace, evidenciar cómo la conducta que mantiene interfiere
con sus planes y sus deseos. Es importante conseguir que el paciente verbalice
sus discrepancias: lo que se oye y lo que se escribe tiende a creerse más.
-
Evitar discutir con la persona: la discusión y la insistencia sobre la
necesidad de cambiar un hábito puede generar resistencia en la persona.
Antes de dar información conviene preguntar si la misma es deseada por
el paciente. Cuando se da información, ésta debe ser progresiva
asegurándonos de que se ha asimilado la que se ha facilitado en los pasos
previos, con el fin de adaptarse al ritmo del paciente. Debe además ser
adecuada para la fase de cambio en la que se encuentra. Nunca aplastar sus argumentos
con los incontestables de la ciencia, ya que esto produce resistencia.
-
Prestar atención a las resistencias que pueden aparecer durante el proceso:
rvitar "prescribir" los cambios o imponerlas realizando un cierto chantaje
(la relación conlleva el que se hagan los cambios solicitados "si
no te vas a tomar la medicación no tiene sentido que sigas acudiendo a
la consulta"). Si el paciente se siente "condenado", corremos el
riego de que desaparezca.
- Fomentar la autoeficacia: reforzar en el paciente
la confianza en su capacidad para conseguir el cambio. Hay que reforzar los éxitos
previos en ésta u otras conductas.
En este tipo de entrevista las
decisiones parten del paciente y el profesional las estimula.
A grandes
rasgos el proceso de cambio nos permite dividir la entrevista motivacional tiene
tres fases:
1. Posicionamiento.
2. Reflexión.
3. Negociación
para el cambio.
Describiré primero estos tres pasos y a continuación,
cuáles son las técnicas que se utilizan en ellos:
1. Posicionamiento:
el objetivo es que la persona explique sus preocupaciones sobre la conducta que
le preocupa. Se utilizan técnicas de acogida y de apoyo narrativo.
La
primera etapa consiste en conseguir posicionar al paciente en su percepción
respecto a la conducta que motiva la consulta. Esta primera tarea logra situar
al paciente en un estadio en el continuum del cambio lo que permite el empleo
de estrategias comunicacionales adaptadas a cada necesidad.
2. Reflexión:
el objetivo es que el paciente analice su situación y su implicación
en el cambio. Se utilizan técnicas de análisis, como el diario de
salud y la hoja de balance. Se trata de ayudar al paciente a que considere las
ventajas y desventajas que un determinado cambio tiene para él. Es decir,
profundizamos en la ambivalencia. En este momento es importante estar atento a
la aparición de resistencias. El profesional debe tener estrategias claras
para trabajar la resistencia y evitar que a mayor fuerza del profesional se provoque
mayor resistencia del paciente. Es importante que el profesional recuerde alguna
vez el paciente sintió que la conducta que ahora quiere abandonar fue buena
para él o placentera y que esto influye en su actitud actual. En ningún
caso debe entablar una discusión con el paciente insistiendo en la necesidad
del cambio. Tampoco debe "etiquetarle" ni darle órdenes. La confianza,
el trato continuado, el respeto disminuyen las resistencias. Cuando aparecen debe
cederse al paciente el control de la entrevista, no discutir de entrada las ventajas
de nuestra posición, ("no parece convencerle lo que le digo"
obliga a que el paciente se exprese y se posicione sobre ello).
3. Negociación
para el cambio: en ella se establecen los objetivos, las metas, las estrategias
para lograr el cambio y el mantenimiento de la nueva conducta. En esta fase se
debe conseguir que el paciente tome decisiones para iniciar la acción y
comprometerse a su cumplimiento. Es muy importante en este momento, una vez que
la persona ha aceptado su compromiso personal con el cambio, establecer metas,
plazos, como empezar, que hacer, utilizar los recursos disponibles (apoyo del
entorno, fármacos, educación grupal, grupos de autoayuda, etc.).
Esto debe formularse de una forma concreta y clara.
Es preciso enviarle
mensajes de reconocimiento ("me alegra saber que esta semana no has fumado"),
y sugerirle que exprese las ventajas que obtiene con el cambio. Se utilizan técnicas
de clarificación, reorganización, de apoyo emocional y negociación.
Negociar supone contrastar alternativas, acordar conductas, metas o estrategias.
La
percepción del paciente del control de sus propias decisiones es el mayor
incentivo para que se autoresponsabilice.
Asimismo suele ser realista preparar
recaídas en función del grado de riesgo que exista en cada caso.
Las recaídas pueden desmoralizar a la persona que está intentando
el cambio, abandonando de forma inmediata la nueva conducta. Un mensaje claro
de que un desliz no implica una recaída puede ser efectivo para retomar
el proceso de cambio.
Cuando a pesar de realizar esta estrategia para el
cambio éste no se consiga, no deben darse las causas por supuestas, sino
que hay que preguntar al paciente que le ha impedido hacerlo; ello nos permite
trabajar en el futuro replanteándonos la estrategia de forma que los objetivos
sean más asequibles para el paciente.
Técnicas
usadas en la entrevista motivacional
Técnicas de
acogida
Los primeros minutos de la entrevista son importantes porque marcan
el tono emocional de la relación profesional sanitario/paciente.
Debe
crearse un clima favorable mediante la empatía, la cordialidad, la demostración
de atención hacia lo que dice.
Técnicas
de apoyo narrativo
El profesional actúa como un estímulo
para que el paciente hable. Deben facilitar la expresión del propio paciente,
para que exponga los argumentos para el cambio y exprese sus ambivalencias permitiéndole
con ello elaborar sus propias vivencias. Se trata de que exprese por qué
cree necesario el cambio.
Elementos no verbales importantes son:
-
Mantener el contacto visual con el paciente.
- Gestos y expresiones que responden
a las emociones del paciente.
- Creación de un clima tranquilo.
-
Dejar unos segundos entre lo que dice el paciente y lo que nosotros le respondemos.
- Preguntas abiertas: son preguntas amplias que animan al paciente a expresarse
y así aumentar su percepción del problema.
- Escucha reflexiva:
averigua lo que intenta decir el paciente, escuchando lo que dice y repitiéndoselo
en forma de afirmaciones. Pueden ser:
- Repetición de alguna palabra
dicha por el paciente y que consideramos importante, para animarle así
a que continúe hablando de ello.
- Refraseo: igual que el anterior pero
cambíando alguna palabra por sinónimos.
- Parafraseo: se refleja
lo que el paciente dice con nuevas palabras según la interpretación
del profesional. Devuelve al paciente lo que nosotros hemos entendido, permitiéndole
reflexionar sobre ello.
- Clarificación: pedimos al paciente que explique
el sentido de un término que ha expresado.
- Señalamiento emocional:
consiste en decir frases con las que el profesional expresa las emociones mostradas
por el paciente. (Ej.: "me pareces preocupado").
- Silencios: son
la ausencia de comunicación verbal durante un corto periodo de tiempo y
que permite al paciente un tiempo de meditación sobre lo que dice o lo
que siente, o bien actúa como catalizador de determinadas reacciones emocionales.
- Reestructuración positiva: destaca los aspectos positivos de
lo que el paciente ha expresado. Sirve para fomentar la autoestima y la autoeficacia.
La aceptación por parte del profesional favorece la confianza y el autocontrol.
-
Resumir: consiste en devolver lo que hemos percibido, intentando destacar lo que
nos parece esencial.
Técnicas para aumentar el nivel
de conciencia para el cambio
- Reforzar las afirmaciones de automotivación,
que previamente ha expresado el paciente.
- Hacer un balance de la decisión:
el paciente expresa las ventajas y los inconvenientes de la conducta actual. Puede
ayudarle la elaboración mediante ejemplos concretos de sus experiencias.
Se trata de que visualice como era antes del hábito y como cree que será
cuando lo abandone. Puede hacerse una hoja de balance, que consiste en anotar
las razones por las que se mantiene el hábito y las razones por las que
se desea abandonarlo. Con frecuencia los aspectos negativos tardan más
en expresarse y pueden ser más sólidos que los positivos. El profesional
debe reforzar los aspectos positivos.
- Diario de salud. Es un registro
escrito de la frecuencia con que ocurre la conducta que se quiere cambiar y los
factores que se relacionan con ella. Ej.: anotar los cigarrillos que se consumen,
en qué momento y en qué contexto. Ayuda a aumentar la autopercepción
sobre la conducta y sus consecuencias. Puede revisarse conjuntamente por profesional
y paciente, animando al paciente a que opine y saque conclusiones. Partiendo de
ello pueden establecerse metas para el siguiente periodo.
- Utilizar la paradoja.
Requiere conocer bien al paciente y no puede utilizarse en casos en los que hay
un problema de autoestima. Consiste en que el profesional se ponga del lado del
"no cambio" para que el paciente verbalice las razones del cambio e
intente convencernos de la necesidad de hacerlo. (Ej.: paciente que manifiesta
la gran dificultad de dejar el tabaco y que nadie entiende el esfuerzo que supone,
el profesional dice, "bien, quizás lo mejor es dejar las cosas como
están").
Técnicas de apoyo
y consolidación
-
Apoyo emocional: Hablar en plural del problema, ayudando a vislumbrar el futuro.
Manifiesta implicación por parte del profesional.
- Connotación
positiva: se usa a lo largo de todo el proceso de asesoramiento. Incluye dos aspectos:
-
Demostrarle que le creemos capaz de conseguir lo que se ha propuesto.
- Destacar
los aspectos positivos de las cosas que comenta lo que ayuda a que vea las cosas
más en positivo (lo que gana) que en negativo (lo que pierde).
- Refuerzo
positivo: se anima al paciente a que anote o exprese los beneficios conseguidos
con la nueva conducta, tanto de carácter físico como emocional.
(Ej.: llevo una semana sin fumar y he notado que ha mejorado mi aliento, mi respiración
y mis discusiones con mi hija pequeña se han acabado) para que consiga
mantener esfuerzos prolongados en busca de un resultado tangible pero lejano en
el tiempo. Puede animarse al paciente a que busque recompensas a sus logros. (Ej.:
realizar una actividad placentera tras una meta en el abandono del tabaco).
-
Proponer alternativas: Sólo en caso de que el paciente no plantee alternativas
para controlar situaciones que dificultan el cambio. (Ej.: tiene dificultad para
pedir a su pareja que use el preservativo: "¿qué te parece
si lo discutes con tu pareja en un momento relajado mejor que justo antes de iniciar
la relación sexual?".
- Técnicas de afrontamiento. Ayudan
a prevenir recaídas en situaciones difíciles. (Ej.: paciente en
etapa de mantenimiento de abandono de tabaco. "¿Has pensado lo que
vas a hacer cuando en la discoteca te ofrezcan tabaco?").
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