Educación
para la salud individual
Diseño
de la intervención educativa
No podemos
plantearnos una intervención educativa si no conocemos en profundidad el
tema que vamos a abordar, en cuanto a contenidos sanitarios y otros aspectos que
influyen en el proceso: las implicaciones emocionales, las dificultades en la
adherencia al tratamiento, las habilidades necesarias, etc.
Cuando nos
planteamos iniciar un proceso educativo individual debemos planificarlo teniendo
en cuanta una secuencia lógica de fases. Éstas incluyen desde el
análisis de la situación hasta la metodología, el desarrollo
de la intervención y la evaluación.
En primer lugar hay
que analizar la situación de la que parte el paciente(conocer lo que sabe
el paciente, sus recursos personales, su capacidad cognitiva, sus valores, etc.)
y en función de ello formular los objetivos. Para ello es importante tener
claro que se quiere conseguir y para qué, y en función de esto decidir
los demás apartados:
- Contenidos.
- Metodología.
-
Recursos necesarios: lugar, material educativo, etc.
- Duración: en
función de la persona, de sus capacidades, de los objetivos planteados
y del proceso del que se trate.
- Técnicas educativas.
- Evaluación.
ANaLIZAR
LA SITUACIÓN DE LA QUE SE PARTE
Antes de decidir qué hacer
y cómo hacerlo necesitamos conocer la situación de partida. Se trata
de escuchar antes de actuar. Sólo tras conocerla podemos detectar las necesidades
y en función de ellas definir los objetivos. Una vez definidos los objetivos
ya podemos plantearnos cuáles son las actividades que vamos a desarrollar
y las técnicas educativas que vamos a emplear.
En el análisis
hay que favorecer la expresión por parte de la persona de los conocimientos
que posee sobre su enfermedad o proceso, cuales son sus experiencias previas,
su actitud y sus valores. En esta fase la persona comparte sus conocimientos,
sus experiencias y sus sentimientos con el educador. El educador no presupone
los conocimientos, las actitudes, los valores, las creencias, ni los recursos
cada persona es distinta. Los métodos educativos más adecuados para
ello son las técnicas de expresión.
El análisis de
la situación es un proceso continuado, por lo que a lo largo de la intervención
educativa podemos necesitar volver a ella, reelaborarla y así poder adaptar
nuestra actuación a sus necesidades de forma efectiva.
FORMULAR
OBJETIVOS
Tras el análisis de la situación detectaremos
unas necesidades y en función de ellas una nueva situación que queremos
lograr. Esto nos permite definir los objetivos.
Cada situación
y cada persona requiere formular unos objetivos precisos, pero no hay que olvidar
que éstos siempre han de incluir las siguientes áreas:
-
Cognitiva: saber (Ej.: conocer las complicaciones de la diabetes).
- Procedimental:
saber hacer (las habilidades). No basta con conocer influye también el
área emocional y hay que fijarlos en cuanto a habilidades. (Ej.: habilidades
para administración correcta de inhaladores, habilidades para controlar
el stress, habilidades para pedir ayuda).
- Comportamental: querer hacer (las
actitudes). Es decir definiendo junto con el paciente cuáles son los cambios
de conducta que queremos lograr. (Ej.: adherencia al tratamiento).
Además
de estos objetivos específicos del proceso en su conjunto es útil
definir también los objetivos de aprendizaje u objetivos educativos de
una forma clara, concreta y concisa. Los objetivos educativos son aquello que
las personas deben ser capaces de llevar a cabo al finalizar el proceso de aprendizaje.
Por ejemplo: que un determinado paciente sea capaz de inyectarse insulina, que
conozca y sepa elegir la dieta que debe seguir, que sepa actuar ante las hipoglucemias,
que desarrolle las habilidades necesarias para pedir ayuda en el cuidado del familiar,
etc. Implica verbos como identificar, diferenciar, resolver...
establecimiento
de
los contenidos
Se refieren a la información que se va a transmitir,
aunque no es lo único. Además incluye también los valores,
las normas y las estrategias que son necesarias para afrontarlo. Recogen todo
aquello que vamos a trabajar. En este contexto los contenidos no son unidireccionales,
aportados por el educador, sino bidireccionales aportándolos también
la persona participante.
Los contenidos tienen que responder
a las necesidades sentidas por las personas y a los problemas detectados ya que
si no, la falta de motivación dificulta el aprendizaje activo e incluso
provoca rechazo. Además deben ser útiles y complementarios entre
sí. Esto no quiere decir que si hay un contenido que el educador considera
importante para el control de su enfermedad y el paciente no está interesado
no se aborda; sino que previo al abordaje el educador tiene que trabajar la motivación
del paciente para despertar su interés y el aprendizaje sea eficaz.
TÉCNICAS
EDUCATIVAS
Deben basarse en el aprendizaje activo. No se trata de proporcionar
un listado de cosas que deben saber ni un listado de lo que tienen que hacer.
La labor del educador es ayudar a la persona en el conocimiento de su
situación, analizarla y reflexionar sobre su área emocional, facilitarle
la reorganización de conocimientos, estimularle a que busque sus propias
soluciones, no prescribirlas.
Técnicas de apoyo
narrativo
Las personas que acuden a consulta no están vacías
de opiniones, sentimientos o creencias respecto a su enfermedad o situación
personal. Con estas técnicas se pretende que el paciente exprese esta información
preelaborada, facilitándole la verbalización. Hay aspectos de la
comunicación no verbal que ayudan a conseguirlo como el contacto visual,
evidenciado interés, gestos de comprensión o apoyo, creación
de un clima apropiado...
Mientras la persona esta describiendo lo que le
ocurre, como lo vive o como se siente está elaborando y dando forma a sus
vivencias. Son útiles para facilitar la expresión, la reflexión,
la organización de experiencias y sentimientos. Son el punto de partida
para el análisis.
Dentro de este tipo de técnicas se encuentran
las siguientes:
- Escucha activa: supone saber escuchar y saber entender.
Partir de su punto de vista, recoger el mensaje completo: lo que se dice, la carga
emocional, la actitud y el estado de ánimo. Y devolver al paciente lo que
se ha entendido.
- Preguntas abiertas y cerradas: con ellas se consigue información
sobre un tema determinado. Las preguntas abiertas invitan a hablar de uno modo
amplio y más general sobre el tema que se trata. Las preguntas cerradas
invitan a expresar aspectos más concretos. Preguntas de este tipo son:
"¿hay algo que le preocupe especialmente?", "¿desea
co-
mentarme algo en especial?". Hay que evitar las preguntas que siempre
van a dar un resultado positivo "¿todo claro?".
- Repetición:
consiste en repetir una parte de lo que la persona acaba de pronunciar para animarle
a continuar hablando de ese aspecto en concreto.
- Citación: consiste
en llamar respetuosamente la atención sobre aspectos que la persona no
ha verbalizado y que el educador considera importante.
No debemos olvidar
aquellas actitudes disuasorias de la expresión del paciente: éstas
son las expresiones de crítica. (Ej.: "ya le dije que hacer eso era
contraproducente") y las seguridades prematuras (una respuesta tranquilizadora
en el momento en que el paciente expresa su situación que impide entrar
en el análisis del problema. (Ej.: paciente con sida que expresa su temor
a la muerte; "no te preocupes, hoy en día hay muchos fármacos
muy eficaces").
Técnicas de información
Permiten
informar, contrastar y reorganizar los conocimientos previos.
- Información
participada: se realizan preguntas abiertas para conocer cuales son los modelos
cognitivos de la persona. Es el paso previo a la información con discusión.
-
Información con discusión: se trata de aportar información
veraz, clara, adaptada a la persona y a la situación, que ayude a motivar,
a tomar decisiones y a reforzar actitudes y conductas positivas.
- Lectura
con discusión: la información se proporciona en forma de material
escrito sobre el tema, comentándolo posteriormente con el paciente.
-
Repetición: se repiten los contenidos esenciales para favorecer la asimilación
por parte de la persona.
- Verificación: se trata de comprobar la comprensión
de los mensajes por parte del paciente. A veces la información que damos
es excesiva para que el paciente pueda procesarla, no nos expresamos correctamente,
el paciente no puede mantener la atención, etc. Por último recordar
que a mayor intensidad emocional de la situación, menor cantidad de información
procesada (Ej.: en el momento en que diagnosticamos a un paciente de diabetes,
la carga emocional inmediata tras recibir el diagnóstico le impide procesar
las explicaciones sobre la enfermedad que podamos darle).
La información
que se proporciona debe ser:
- Verdadera, no filtrada por el educador ni
aún con la pretensión de que un mensaje pueda cambiar la actitud.
- Completa y progresiva con el fin de que la persona pueda valorar todos los
aspectos de su situación y poder tomar decisiones sobre sus comportamientos.
-
Clara e inteligible, adecuada al nivel cultural y cognitivo de la persona, evitando
el uso de tecnicismos o aclarando de forma sencilla los términos médicos
que se utilicen.
- Debe ser transmitida de forma empática, evitando
el enjuiciamiento y el autoritarismo, ya que de otra forma llega a producirse
un rechazo hacia el mensaje y el educador. En los mensajes que emitimos debemos
evitar la amenaza más o menos velada, frecuente en las comunicaciones profesional
sanitario / persona que acude a consulta. (Si no cumple las recomendaciones, se
establece distanciamiento en la relación, o debe dejar de acudir a la consulta).
Los
profesionales sanitarios, y con mucha frecuencia, el entorno del paciente creen
que el mensaje de miedo es útil para que el paciente
realice una
acción recomendada. Existe la creencia de que el mensaje del miedo es un
mensaje motivador, y a más miedo mas eficacia. Sin embargo este efecto
cuando aparece es eficaz en un corto periodo de tiempo. El miedo también
puede generar ansiedad en un paciente no preparado para el cambio produciendo
en vez de motivación negación o conductas de evitación. Un
mensaje que busca "asustar" como elemento motivador puede ser vivido
como amenazante, provocar rechazo en la relación y paralizar el cambio
de actitud.
Técnicas de análisis
Se
aplican para el análisis de un tema, una vivencia, una situación,
cuestionamiento de valores, etc. Ayudan a que cada uno analice su situación,
las causas, las actitudes...
Abordan tanto las habilidades cognitivas como
del área emocional.
- Confrontar incongruencias: consiste en manifestar
a la otra persona las discrepancias entre lo que dice, lo que piensa, lo que siente
o lo que hace, que puede hacer que le impida realizar cambios o adaptaciones.
-
Resumir y ordenar: selecciona lo que dice la otra persona y lo devuelve ordenado
bajo aspectos que le puedan ayudar a modificar su visión.
- Personalizar:
consiste en intentar que la persona se centre en si misma y en lo que hace para
mantener la situación o lo que podría hacer para modificarla.
-
Ejercicios: se utilizan cuando la persona no consigue profundizar en el tema y
se le proporcionan otros estímulos como análisis de casos.
-
Focalizar: se señala algún elemento que el educador cree que puede
estar jugando un papel importante en la situación. Hay que evitar la focalización
prematura, es decir forzar a hablar de lo que el profesional considera importante
mientras el paciente quiere hablar de otra cosa; siempre hay tiempo de plantearlo
posteriormente.
Técnicas de desarrollo
de habilidades
Sirven
para entrenar habilidades concretas, psicomotoras, personales y sociales. Pueden
ser técnicas de relajación, enseñanza del uso de inhaladores,
de comunicación con una persona de su entorno, etc.
Demostración
con entrenamiento: se explica y al mismo tiempo se realiza una determinada habilidad.
Se le pide después a la persona que lo realice ella siendo preciso comprobar
posteriormente que mantiene la capacidad para realizarlo.
Simulaciones operativas:
Se utilizan para el desarrollo de habilidades sociales. Constan de los siguientes
pasos:
- Explicar el desarrollo de la habilidad. (Ej.: escucha o negociación).
-
Describir un escenario en el que se practique esa habilidad y pedirle que piense
y diga como lo haría.
- Ayudar a la toma de decisiones: colaboran con
el paciente para seguir un proceso racional en la toma de decisiones que, a grandes
rasgos, sería:
1. Que describa la situación de la forma
más precisa posible.
2. Que escriba un listado de alternativas.
3.
Que valore cada una de ellas.
4. Que actúe. El mayor riesgo es la falta
de acción porque ninguna alternativa es perfecta.
5. Que evalúe
el resultado.
EVALUACIÓN
Puede
realizarse en cada visita valorando si se cumplen los objetivos de aprendizaje,
evaluando los progresos conseguidos, lo que nos permite adaptar el proceso educativo
en las visitas sucesivas.
La observación directa de las habilidades
adquiridas es muy útil. (Ej.: pedir al paciente que realice la técnica
de inyección de insulina en presencia del educador, preguntarle como realiza
la rotación de los lugares de inyección).
En las visitas
sucesivas, al inicio, se realiza un recordatorio de los aspectos tratados, pidiendo
al paciente que nos exprese algunos aspectos que consideramos relevantes. Permite
evaluar los resultados del aprendizaje y puede dar la ocasión para reorganizar
conocimientos.
Siempre deben reforzarse los logros conseguidos. En los
fracasos hay que evaluar, conjuntamente con el paciente, las causas del mismo.