Educación
para la salud individual
ASPECTOS
GENERALES
La EPS no consiste sólo en
informar, también en valorar de qué situación parte el paciente,
de respetar sus valores y creencias, de motivarle, de darle apoyo en el proceso
educativo, de "asesorar". En suma, de ayudarle a desarrollar habilidades
que le permitan efectuar cambios que puedan potenciar su salud.
La EPS
individual es la más adecuada inmediatamente después del diagnóstico,
es más flexible, permite mayor personalización y está favorecida
por la relación directa con el educador. Sin embargo no permite contrastar
su situación con la de otras personas en las mismas condiciones que puede
enriquecer sus expectativas y conocimientos. La EPS individual y grupal no son
antagónicas, sino complementarias.
En el trabajo en equipo del centro
de salud son responsables de la EPS todos los profesionales socio-sanitarios:
enfermera, trabajador social y médico, debiendo distribuir y coordinar
está función entre ellos, ya que la EPS es un pilar importante en
la atención.
¿A
QUIÉN ESTÁ DIRIGIDA?
La EPS puede estar motivada por diferentes
situaciones:
1. La más frecuente es la que se da en la atención
a enfermedades crónicas, puede o no ser demandada por el paciente, pero
siempre es una situación de necesidad que el profesional sanitario debe
detectar. La EPS que forma parte de la atención a los procesos crónicos
ha sido nuestra primera experiencia en la práctica de la AP, incorporando
después en el marco de la EPS otras situaciones habituales en la consulta,
como pueden ser ciertos procesos agudos (diarreas, síndromes febriles,
etc). En estos procesos crónicos las necesidades educativas dependen de
la etapa de la enfermedad, del tiempo de desarrollo, etc., pero de modo general
se refieren a:
- La aceptación de la enfermedad. En los pacientes
en los que su enfermedad tenga una gran carga emocional, antes de plantearse desarrollar
las distintas etapas de la intervención educativa es preciso realizar actividades
de apoyo emocional ya que en ese momento el paciente no puede estar receptivo
para iniciar el proceso de aprendizaje.
- Desarrollo de conocimientos y habilidades
para el control de la misma.
- Capacitar a la persona para los autocuidados.
2.
Actuación ante la presencia de hábitos no saludables o conductas
de riesgo que precisan intervención desde la educación para la salud.
Nuestro objetivo es lograr el cambio de comportamiento. Algunos de los más
frecuentes son los que se relacionan con la alimentación, dependencia de
tóxicos, consumo excesivo de alcohol, conductas de riesgo para enfermar
de sida y otras enfermedades de transmisión sexual, etc.
3. Actuación
ante etapas de transición (como la adolescencia, la menopausia o la maternidad)
o situaciones de vulnerabilidad, como la separación, la vejez, el cuidado
a personas con enfermedad de Alzheimer, el desempleo, el duelo, etc. No en todas
estas situaciones necesitamos actuar siempre. Aquí la EPS puede actuar
tanto a nivel preventivo. (Ej.: preparar a la persona que va actuar como cuidador/a
primaria de un enfermo con demencia), como ayudando a la persona a manejar su
situación de crisis.
Podemos también encontrarnos ante la
necesidad de diseñar estrategias que puedan aumentar la captación
en campañas de screening o vacunación, si bien en este caso precisan
de intervenciones relacionadas con la educación para la salud comunitaria
que no va a ser objeto de los presentes artículos.
PROCESO
DE APRENDIZAJE
Para que todas estas intervenciones sean efectivas debemos
sistematizar cada una en función de las características del paciente
y del proceso de que se trate. Educación para la Salud no es sinónimo
de información. El proceso de aprendizaje en las personas adultas siempre
parte de conocimientos previos (debe potenciarse la expresión y análisis
de su realidad), profundizar en el tema objeto del aprendizaje (trabajando en
el área emocional, de reorganización de conocimientos, de actitudes
y valores) y por último afrontar los problemas que surgen en su nueva situación
(búsqueda de alternativas, desarrollo de nuevas habilidades, toma de decisiones
y experimentación de las nuevas conductas).
Tiene que ser un aprendizaje
activo, en el cual la persona partiendo de sus experiencias, vivencias, valores
y conocimientos previos debe reorganizarlos y modificarlos ante las nuevas experiencias,
informaciones y habilidades que adquiere durante el proceso.
En la inmensa
mayoría de los casos durante el proceso de aprendizaje no vamos a conseguir
nuestros objetivos en una sola cita, y mucho menos si nos limitamos a dar una
"charla".
En este proceso de aprendizaje activo se sigue una
determinada secuencia:
1. Las personas deben conocer y expresar su situación.
2.
Deben profundizar en ella, contemplando los diferentes aspectos.
3. A partir
de ello reorganizará y adquirirá nuevos conocimientos.
4. Analizará
diferentes aspectos de sus capacidades, sus emociones y sus comportamientos.
5.
Utilizará sus recursos personales.
6. Desarrollará nuevas habilidades
y recursos.
7. Tomará decisiones.
8. Actuará.
CLIMA
DE LA RELACIÓN
En el desarrollo de la intervención
educativa es clave la relación que se establece con el paciente, favoreciendo
las condiciones necesarias para ello. Algunos aspectos de esta relación
que hay que tener en cuenta son:
- Elegir un momento adecuado, tanto para
el paciente, como para el educador. Éste debe disponer de tiempo suficiente,
procurando evitar interrupciones. El paciente debe percibir que lo "único"
importante en ese momento es él.
- Recordar que cuanta más información
obtengamos mejor podremos actuar y ello implica escuchar más que hablar.
Hacer sólo las preguntas que nos ayuden a conocer la situación.
-
El paciente debe consumir más tiempo expresando y analizando su situación
que el educador dando información.
- Manifestar empatía, mostrando
escucha atenta y activa.
- Cuidar el lenguaje no verbal: mantener el contacto
visual, gestos de asentimiento, tono de voz adecuado.
- Ser congruentes: la
congruencia exige autenticidad y coherencia, tanto a nivel verbal como no verbal,
entre lo que decimos, lo que pensamos y lo que sentimos. A mayor congruencia,
mayor probabilidad de que el mensaje sea recibido con claridad.
- Aceptar a
la persona con la que vamos a realizar el proceso de EPS. Aceptarle como es, sin
enjuiciamientos ni prejuicios.
- Valorarle positivamente: las cosas que dice
o hace es porque lo siente, no por fastidiar.
- Haber reflexionado previamente
sobre qué pretendemos realizar con esa persona, que se quiere decir y cual
es la mejor forma de hacerlo.
- Aceptar argumentos, críticas u objeciones
de la otra persona. (Ej. "entiendo que hoy no es un buen momento para que
tratemos este aspecto; tendremos otras oportunidades").
- Ser asertivo,
es decir expresar opiniones y sentimientos evitando la agresividad, y evitando
actitudes derrotistas.
- No ofrecer soluciones prematuras o ayuda antes de
que el paciente esté dispuesto a aceptarla.
- No moralizar, ni enjuiciar.
-
Evitar adoptar la postura del experto que de antemano tiene la solución
a todo. Es el paciente el que busca sus propias soluciones, el profesional actúa
como facilitador.