Traumatología
en atención primaria
Crioterapia
Es
frecuente preguntarse en que momento debemos utilizar la crioterapia frente a
la termoterapia. En líneas generales, la crioterapia está indicada
en las fases de inflamación aguda (7 a 14 primeros días) para luego
recurrir a la termoterapia en las fases crónicas.
Esta norma general
no se puede aplicar con rigidez a todos los pacientes, ya que es frecuente que
el paciente comente que la crioterapia le sienta mal en las fases agudas y viceversa
(algunos autores no han encontrado diferencias en la disminución del dolor
y en el aumento de la amplitud articular en grupos sometidos a crioterapia frente
a termoterapia). Sin embargo, la aplicación de frío a los tejidos
con fines terapéuticos está muy extendida entre los deportistas,
que además, debido a su interés en volver lo antes posible al deporte,
están perfectamente concienciados de la importancia de este método
terapéutico. Por ello, es importante que el médico consiga concienciar
de la misma forma al resto de sus pacientes para que lo apliquen adecuadamente.
La
crioterapia se puede aplicar mediante baños de agua fría, bolsas
de frío reutilizables y, como alternativa mas económica, los cubitos
de hielo o mejor aún las bolsas de guisantes congelados (que conservan
mejor el agua y se adaptan fácilmente a las eminencias óseas).
La
fuente de frío se debe posicionar sobre la zona lesionada durante 20 minutos
4 veces al día, vigilando siempre que la sensibilidad del paciente sea
normal para no producir lesiones por frío. La crioterapia está indicada
durante la fase aguda de la lesión, y su acción es fundamentalmente
antiinflamatoria y anestésica. Por ello también se utiliza después
de realizar ejercicio en la zona lesionada.