Traumatología
en atención primaria
Infiltración
periarticular
Es una técnica sencilla
que exige un aprendizaje que se adquiere de forma rápida, y sólo
precisará entrenamiento, práctica y prudencia por parte del médico.
Hay que resaltar que los resultados clínicos son muy favorables y relativamente
rápidos, lo que se traduce en un factor de motivación profesional
importante.
Precisa pocos recursos y éstos suelen estar presentes en
cualquier centro de salud, haciendo de esta técnica un arma terapéutica
accesible para nuestros pacientes en AP.
Indicaciones
El
mayor problema a la hora de efectuar una infiltración es que primero hay
que convencer al paciente del beneficio que le aportará este tratamiento.
La infiltración viene precedida por una "mala fama" en la población
en general: ¿quién no tiene un vecino o un primo que ha empeorado
con una infiltración, o que nos ha comentado lo dolorosa que es esta técnica?
Por ello, muchas veces es preciso convencer al paciente de los beneficios de la
infiltración, más aún sabiendo que es necesario que firme
el consentimiento informado (Tabla IV) para que podamos realizar dicho procedimiento.
Asimismo, hay que explicar que no todos los pacientes mejoran con este tratamiento.
De hecho no existe una guía clínica basada en la evidencia sobre
la aplicación de corticoides locales.
Por todo ello no se aconseja
utilizar la infiltración en la fase aguda de la lesión. Se utilizará
si tras 7 a 10 días de reposo relativo junto con analgésicos/AINE
orales y medidas físicas (crioterapia, inmovilización) no se observa
una evolución favorable o si el paciente necesita mayor rapidez de recuperación.
Complicaciones
-
Infección en la zona de la inyección.
- Roturas tendinosas.
-
Atrofia cutánea (mas probable con corticoides menos hidrosolubles)
-
Zona de despigmentación cutánea.
- Reacción alérgica,
síncope vasovagal.
Indicaciones
En la Tabla V se detalla
las indicaciones periarticulares más fáciles de la técnica.
No se abordan las infiltraciones intraarticulares por ser técnicamente
más complejas, tener un nivel de riesgo mayor y obtener menores resultados.
Contraindicaciones
-
Proceso tumoral o infeccioso activo (tuberculosis, etc).
- Trastornos de la
coagulación.
- Pacientes inmunodeprimidos.
- Hipotiroidismo.

Técnica
de la infiltración
La técnica no es compleja y su objetivo
es inyectar un compuesto de corticoides con anestésico local con el mínimo
dolor posible para el paciente (Figuras 3 y 4).

Para
ello es fundamental llegar a un diagnóstico preciso y tener un buen conocimiento
de la anatomía superficial y profunda de la zona a tratar, con el objeto
de evitar lesiones fundamentalmente a estructuras neurovasculares. Se seguirán
los siguientes pasos:

1º)
Se prepara todo el material necesario para tenerlo al alcance de la mano durante
la realización de la técnica: antiséptico tópico,
agujas (21G y 25G) y jeringas desechables (de 2, 5 ó 10 cc), gasas y paños
estériles de campo quirúrgico, y guantes estériles.
2º)
Se coloca al paciente de la forma mas cómoda posible, dejando fácil
acceso a la zona a tratar.
3º) Se carga de la jeringa con un corticoide
(acetato de parametasona, acetónido de triamcinolona) y un anestésico
local (mepivacaína, lidocaína o xilocaína).
4º) Para
disminuir el riesgo de infección, se recomienda el cambio de la aguja,
utilizando ahora una de pequeño calibre (25G) menos traumática.
5º) Minuciosa localización del punto de máximo dolor.
6º)
Realizar una antisepsia rigurosa de la piel, recordando que las soluciones de
povidona yodada tienen su efectividad máxima tras haberse secado.
7º)
Introducir la aguja de manera suave sin intentar vencer resistencias inesperadas.
8º)
Aspirar para asegurarse que no se está en un vaso.
9º) Introducir
el compuesto de forma lenta, hablando y tranquilizando el paciente, ya que al
tener que repartir el compuesto por una zona amplia (sobre todo en caso de contractura
muscular) la técnica puede prolongarse durante varios minutos. El volumen
total a inyectar dependerá del área a tratar.
10º) Retirar
la aguja y efectuar un leve masaje sobre la zona con una gasa impregnada en povidona
yodada.
11º) Aconsejar al paciente guardar 48 horas de reposo relativo
de la zona tratada.
Hay que advertir al paciente que las molestias pueden
reaparecer al terminar el efecto del anestésico, pero disminuirán
al comenzar el efecto de los corticoides. Pero si no mejorase la patología,
la infiltración se podría repetir con un intervalo de 14 a 30 días,
no aconsejándose infiltrar la misma zona más de 3 veces al año.