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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

Traumatología en atención primaria

Diagnóstico

ANAMNESIS
Siempre se investigarán los antecedentes personales, buscando sobre todo episodios anteriores similares y sintomatología general asociada a enfermedades metabólicas, reumáticas o neoplásicas. Igualmente, se indagará sobre el tipo de actividades laborales y de ocio del individuo.

De igual forma, es importante hacerse una imagen, una película del accidente, por lo que se preguntará sobre muchos detalles acerca del mecanismo de producción, aunque a veces, y sobre todo en niños, el paciente se pierde en detalles irrelevantes. Así, por ejemplo, se investigará sobre si el mecanismo de producción ha sido un golpe directo, giro sobre la rodilla con la bota de fútbol clavada en el césped, dolor al bajar las escaleras, torcedura del tobillo en inversión, dolor agudo al agacharse, etc. Igualmente, se tratará de averiguar el momento de aparición del dolor: habitualmente una fractura produce un dolor inmediato asociado a impotencia funcional proporcional al desplazamiento óseo, mientras que en el caso de los esguinces y algunas contusiones el paciente suele referir que inicialmente no presentó limitación funcional y ésta apareció varias horas después ("durante el partido no me dolía, pero después de la ducha el dolor me impedía andar").

Asimismo, dentro del mecanismo de producción de la lesión es importante conocer la violencia del accidente causante: cuanto más violento sea, más estructuras podrán estar dañadas y de manera más intensa.

Por último, el paciente debe describir no sólo la localización de su dolor, sino también sus características dolor mecánico (de esfuerzo) o nocturno/de reposo (inflamatorio) y el grado de repercusión en sus actividades normales o profesionales.

INSPECCIÓN Y EXPLORACIÓN DE LA ZONA LESIONADA
Se buscarán signos de tumefacción, equimosis, derrames, hematomas y/o edemas. La palpación debe delimitar la zona dolorosa y establecer su relación con las estructuras anatómicas subyacentes como ligamentos, tendones y vientres musculares. Se identifican relieves óseos característicos de cada articulación comparándolos con los contralaterales, comprobando que no están deformados y que su palpación no es dolorosa. Basándose en el mecanismo de acción relatado por el enfermo, el médico explorador ya se hace idea de cuál puede ser la estructura dañada, aconsejándose dejar la palpación de dicha estructura para el final, ya que el dolor que provocará la palpación disminuirá la cooperación del paciente. Se recomienda explicar este punto al paciente para así ganarnos su confianza.

A continuación ha de comprobarse la integridad de tres estructuras:

- Arterias: palpando los pulsos de arterias cercanas a la zona lesionada.
- Nervios: explorando la sensibilidad distal a la lesión, buscando áreas de hipoestesia que puedan corresponderse con una lesión de una estructura nerviosa cercana.
- Tendones: se comprobará la movilidad activa de cada una de las estructuras distales a la lesión, obteniendo así información acerca de la integridad del aparato tendinoso y de la inervación motora.
Se debe explorar a continuación la movilidad pasiva de la articulación lesionada. Al haber efectuado anteriormente la exploración de la movilidad activa, el paciente ya sabe que se puede movilizar la articulación sin que se produzca un gran dolor.

Se admite como axioma que si la movilidad activa es completa y simétrica, rara vez la patología de la articulación será articular.

Por último, se explorará también la movilidad de las articulaciones distales y proximales (por ejemplo, si la lesión se sitúa en la muñeca, se explora la movilidad de las articulaciones metacarpofalángicas y la del codo), buscando limitaciones, arcos dolorosos, chasquidos, contracturas musculares o movimientos anómalos como puede ser una hiperlaxitud o un bostezo articular que nos hablaría de una rotura ligamentosa. Al igual que para la exploración de la sensibilidad, no es necesario un goniómetro ni conocer de memoria los grados exactos de amplitud articular en los 3 ejes de cada articulación, bastando muchas veces con compararla con la amplitud articular de la articulación contralateral.

INDICACIONES DEL ESTUDIO RADIOLÓGICO
Como norma general, no se debería realizar un estudio radiológico de rutina a todos los pacientes que acuden a consulta por traumatismo, sin haber realizado previamente una anamnesis y exploración según lo anteriormente expuesto. A favor de este planteamiento están el indudable ahorro económico y sobre todo el evitar la radiación inútil al paciente. Debe recordarse que una radiografía de una extremidad equivale a 3 días de radiación natural de fondo, y una radiografía de columna lumbar a 7 meses.

Asimismo, algunas exploraciones radiológicas no están indicadas en un primer momento. En la Guía de la Comisión Europea (2000) se incluyen en este apartado la lumbalgia mecánica y el dolor de hombro. Son situaciones en que la experiencia demuestra que el problema clínico suele desaparecer con el tiempo, por lo que se aconseja posponer la exploración entre 3 y 6 semanas. Otro ejemplo son las radiografías de cráneo en niños ante pequeños traumatismos que presentan una exploración neurológica normal. Cuando se va a solicitar una exploración radiológica con una previsión altamente improbable de un resultado positivo, sería bueno reflexionar si de verdad es necesaria.

Así, la radiología no aporta datos significativos diagnósticos ni pronósticos en el caso de contusiones y esguinces.
Por supuesto a favor de la realización de radiografías está fundamentalmente, el miedo, no desdeñable hoy en día al error diagnóstico por omisión (Medicina defensiva). Igualmente a no pocos pacientes les tranquiliza ser sometidos a exploraciones radiológicas (sin hablar de las "imprescindibles resonancias").

La actitud a seguir sería de establecer un nexo de confianza con el paciente explicando el juicio diagnóstico actual y asegurar un seguimiento estrecho de la evolución de la lesión durante el cual, en caso de evolución negativa, se podría realizar dicho estudio radiológico (algunos autores explican a sus pacientes que "las fisuras óseas, de existir, no se evidencian con la radiología hasta pasada una semana").

Por lo tanto, la radiografía sólo debe ser practicada si existe sospecha fundamentada de lesión ósea o luxación. En estos casos se efectuarán dos proyecciones en ángulo de 90º, aunque en el caso de los niños puede ser adecuado realizar radiografías contralaterales dada la difícil interpretación de las imágenes por existir núcleos de osificación inmaduros que pueden asemejar líneas de fractura.

Igualmente es muy importante explicar detalladamente al radiólogo la sospecha clínica que queremos confirmar con la radiografía, para que se realice la proyección mas adecuada. Por ejemplo, un arrancamiento de la base del quinto metatarsiano en el marco de un esguince de ligamento lateral de tobillo puede pasar desapercibido si solo se realizan proyecciones antero-posteriores y laterales de tobillo.






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