Dermatología
en Atención Primaria
Higiene
y cuidado de la piel
La piel humana normal tiene
su propia acción limpiadora, resultado del flujo continuo de células
epidérmicas en la epidermopoyesis.
El sebo natural tiene propiedades
tanto emolientes como antibacterianas leves.
Los objetivos de la limpieza
cutánea varían según la circunstancias:
- Eliminación
de la suciedad y contaminantes.
- Eliminación de la grasa endógena.
-
Eliminación del sudor.
- Eliminación de bacterias y otros microorganismos.
-
Eliminación de las células del estrato corneo (exfoliación)
La
limpieza de la piel exige la eliminación de la película hidrolipídica
junto con la suciedad, esto supone colocar a la piel en una situación no
fisiológica.
Para evitar este problema se van a utilizar productos
con unas características definidas:
- Detergencia moderada.
-
Buen poder de arrastre.
- Ser ligeramente antiséptico.
- De acción
superficial (no atravesar la capa córnea)
- Tener ph ácido neutro.
-
De fácil eliminación.
- Dejar la piel suave.
Dentro de
los productos utilizados para la limpieza tenemos:
- Jabones (se fabrican
con ácidos grasos y álcalis) son irritantes en mayor o menor grado.
-
Emolientes o emulsiones semisólidas (cremas) o fluidas (leches o lociones)
- Syndets (detergentes sintéticos formados por combinados de alcoholes
de alto grado). Reducen las propiedades irritantes.
- Limpiadores abrasivos
destinados a eliminar el exceso de células superficiales.
La utilización
de uno u otro depende del tipo de piel que tenga la persona.
- Piel grasa:
agua y jabón, y/o emulsión de limpieza que se caracterice por poseer
bajo porcentaje de componentes grasos en su formulación.
- Piel seca:
tienen mala tolerancia al agua y a los jabones, se utilizan los syndets y leches
de limpieza.
- Piel normal: tolera bien la utilización del agua y el
jabón así como la utilización de leches limpiadoras.