ENTREVISTA
E HISTORIA CLÍNICA
Entrevista
clínica con pacientes "dificiles"
En
la Medicina General/de Familia, los pacientes difíciles y problemáticos
existen, y como es lógico, son un problema. Esto, aunque sea una redundancia
es importante señalarlo porque es frecuente que no tenga fácil solución.
En centros en los que es posible el cambio de médico, estos pacientes a
veces peregrinan de uno a otro, pero al final siempre hay alguien que les tiene
que atender. En otras zonas, especialmente rurales, el cambio de médico
no es posible.
Todo paciente y toda relación médico-paciente
puede tener sus componentes problemáticos. A veces, relaciones absolutamente
normales y correctas entre médico y paciente pueden ser problemáticas
en diversas circunstancias o épocas. Conviene no "etiquetar"
a los pacientes como difíciles o problemáticos para no condicionar
nuestra relación con ellos.
Se suele definir como paciente "difícil"
al que provoca malestar en el médico que tiene que atenderle (o dicho de
forma más coloquial, "el que provoca una sensación de nudo
en el estómago al ver que le tenemos que atender"). Hay pacientes
que realmente son "difíciles" para todo el mundo, pero también
es cierto que detrás de algunos pacientes considerados difíciles
lo que hay es un médico problemático.
Las situaciones que
más problemas generan habitualmente en la relación médico
paciente son:
a) Pacientes presumiblemente insatisfechos (con insatisfacción
manifiesta o percibida), entre los que se incluyen los hiperfrecuentadores (especialmente
los somatizadores y los que tienen pluripatología no aceptada, asi como
los que consultan frecuentemente por problemas banales) y los pacientes en los
que no se obtiene un buen resultado.
b) Pacientes desconfiados y que sentimos
que nos infravaloran.
c) Pacientes que pretenden manejar el encuentro y la
consulta.
d) Situaciones que percibimos como abusivas por uno u otro motivo.
e)
Otras, en las que podemos incluir las relaciones afectivas, las cargadas de agresividad,
las que están muy interferidas por el entorno, etc.
A continuación
se comentan algunos tipos de pacientes con los que pueden existir frecuentes problemas
relacionales.
Paciente somatizador
El
paciente somatizador es aquel que manifiesta en forma de síntomas físicos
su malestar psicológico. Es un problema muy frecuente en la población
y puede conllevar: a) un importante sufrimiento para las personas que lo padecen,
b) un elevado coste económico en términos de asistencia sanitaria
y absentismo laboral, c) un difícil manejo clínico y d)una importante
repercusión en los profesionales que los atienden, generando emociones
negativas como puede ser frustración, ira y temor.
El trastorno
de somatización se considera una enfermedad crónica con fluctuaciones
en la intensidad de los síntomas, pero con escasa probabilidad de remisión.
La fase sintomática más activa suele producirse durante los primeros
años de la vida adulta. Se desconoce su etiología, habiéndose
observado una cierta agregación familiar, en lo que puede influir factores
hereditarios y/o ambientales.
Según la clasificación DSM-IV
en el trastorno de somatización se dan un conjunto de múltiples
síntomas físicos, que afectan a diversos órganos y que producen
un deterioro de la actividad personal, social y laboral del individuo. Cumplir
estrictamente los criterios diagnósticos de trastorno de somatización
no es frecuente, siendo más habitual el presentar los criterios del trastorno
somatomorfo indiferenciado (Tabla IX).

Los
motivos de consulta del paciente somatizador son muy diversos. Entre ellos cabe
destacar: dolores inespecíficos en distintos lugares corporales, síntomas
y signos mal definidos (como mareos, dispepsia, disestesias, ahogos...), trastornos
digestivos, sensoriales, etc. Estos síntomas suele vivirlos con gran intolerancia,
desconcierto, ansiedad y hasta desesperación, pudiendo pretender su tranquilización
mediante la exclusión de diversos tipos de patología orgánica
como pueden ser cardiopatías, tumores, etc.
Son personas que siempre
hablan de médicos y enfermedades. Su continua relación con hospitales
y médicos es la forma de expresión de su sufrimiento, su manera
de que se les reconozca (están siempre en la consulta, más tiempo
que nadie...).
Las expectativas del paciente somatizador respecto al médico
y el sistema sanitario son:
a) Que se le escuche y se le comprenda.
b)
Que se le acepte como enfermo (pero no como un enfermo psiquiátrico).
c)
Que se le informe sobre su enfermedad.
d) Que se le ayude a aliviar su malestar
y sufrimiento.
Son pacientes hiperfrecuentadores de la consulta, siendo
necesario que intentemos encauzar nosotros esta utilización inadecuada
de los servicios sanitarios. Se aconseja programar visitas de seguimiento periódico
de corta duración y alta frecuencia, habiéndose apuntado la periodicidad
de una visita cada 3-4 semanas; sin duda a algunos de los somatizadores este tiempo
les parecerá excesivo y acudirán antes a la consulta a demanda por
el motivo que sea. De esta forma se pretende conseguir que el paciente se sienta
atendido sin necesidad de presentar síntomas físicos, que tengan
que venir a la consulta sin buscar una queja concreta, lo que contribuiría
a que puedan abordarse otros problemas de tipo psicológico, social, laboral,
de relación, etc. Esta consulta programada supone una experiencia correctora
por sí misma, ya que perciben que son atendidos sin necesidad de estar
enfermos.
Son pacientes que tienen un especial rechazo a que se les catalogue
como enfermos psiquiátricos, mostrando normalmente su desagrado ante la
derivación a Psiquiatría, al menos inicialmente.
Es frecuente
que a estos pacientes, después de haberles atendido unas cuantas veces,
se les diga que no tienen nada o realizar diagnósticos ambiguos de lo que
tienen, así como recetarles distintas medicaciones a menudo como placebo,
que se van sumando a las realizadas por otros compañeros. El paciente se
desconcierta porque percibe que nadie sabe lo que tiene, que nadie le explica
las cosas, y cuando se las explican él no las acepta. Pero sufre, además
de por sus síntomas, por pensar que "algo tiene que tener". Los
pasos a seguir en la información son:
1º) Conocer toda la información
previa que ha recibido, aclarando dudas y contradicciones.
2º) Si la exploraciòn
es negativa, señalarlo así, destacando positivamente la ausencia
de sintomas y signos de enfermedad grave.
3º) Decirle la verdad respecto
a que presenta un trastorno de somatización, enfermedad que causa gran
malestar y dolor, pudiéndole explicar que involucra al sistema nervioso
autónomo y que éste sistema inerva a la mayor parte del cuerpo y
por eso las molestias afectan a múltiples órganos, aunque esten
sanos. Puede ser útil referirle la similitud con procesos como la lumbociática
en el que duele la pierna pero por una alteración a otro nivel, no por
que la pierna esté lesionada. En cuanto a la evolución recidivante
y con exacerbaciones, y su relación con determinadas situaciones más
o menos vitales, puede ser útil compararlo con problemas como la alergia,
que puede dar diversos síntomas muy influidos por la exposición
ambiental, etc.
4º) Aceptar y explicar la posible coincidencia de enfermedad
orgánica y malestar psicológico.
5º) Revisar las circunstancias
en que aumentan o disminuyen las molestias (a menudo en relación a la presión
del entorno), sin caer en la tentación de establecer una relación
causal (al menos al principio), sólo de asociación. No aceptan que
sus quejas sean manifestación del malestar psíquico ni un mecanismo
de evitación de sus responsabilidades, acusación frecuente por parte
de familiares, amigos, médico, etc.
Es útil analizar las situaciones
vitales de vulnerabilidad que pueden relacionarse con malestar psíquico
o molestias físicas: pérdidas personales (muerte o separación),
pérdidas de cosas (trabajo), conflictos interpersonales (familia, trabajo),
cambios en el desarrollo (adolescencia, jubilación), inadaptaciòn
personal (trabajo, hogar), cambios geográficos (emigración), estrés
o aislamiento social.
6º) En relación a su enfermedad hay que decirle
que:
a) Es muy frecuente
b) Tiene componentes orgánicos y psicosociales
c)
Se puede adquirir cierto control sobre los síntomas, con esfuerzo (no les
gusta responsabilizarse ni culpabilizarse, aceptando los tratamientos que se les
diga)
d) Es mejorable (no curable) si evita su pasividad frente a las dificultades
psicosociales. La incapacidad para abordar adecuadamente estas dificultades puede
llevarles a fracasos vitales a todos los niveles (social, laboral, conyugal, económico).
7º)
Es conveniente involucrar a la familia y allegados para potenciar las conductas
no relacionadas con la enfermedad (expresar afecto y cuidado selectivamente en
situaciones en las que no utilicen los síntomas físicos como forma
de relación). Asimismo, debemos evitar la crítica y sentimiento
de culpa en la familia.
En todos los casos debe evitarse el refuerzo inapropiado
de la convicción de enfermedad y de las conductas evitativas.
Los sentimientos
negativos que suelen generar estos pacientes en el médico pueden conducir
a una situación de agotamiento e incluso de rechazo y agresividad hacia
el paciente, con una relación fria y distante, que a parte de perjudicar
al paciente, son sobre todo perjudiciales para nosotros mismos y nuestro bienestar
en el trabajo e incluso en la vida diaria.
Consejos para la práctica
diaria con pacientes somatizadores
El objetivo de la
atención de los pacientes somatizadores debe ser aliviarles en la medida
de lo posible su sufrimiento, para lo que es necesario que aprendan a dejar de
utilizar la enfermedad como método de afrontar las situaciones estresantes
de la vida diaria.

Debemos
escuchar sus síntomas y aliviarles de forma sintomática cuando esté
indicado, evitando exploraciones e intervenciones innecesarias. En la Tabla X
se recogen lo que deberíamos hacer y lo que deberíamos evitar en
nuestra relación con los pacientes somatizadores.
El desafío
con estos pacientes es, aparte de conocer sus mecanismos subconscientes, tener
unas expectativas realistas con ellos y modificar nuestra actitud para obtener
mejores resultados, normalmente mediocres pero sin que nos haga daño a
nosotros mismos. Hoy por hoy, no tenemos respuestas muy eficaces.
Los tratamientos
farmacológicos no se han mostrado muy útiles por si mismos. Pueden
utilizarse en algunos casos antidepresivos, sobretodo los tricíclicos a
dosis subdepresivas para el dolor crónico, y en menor medida algunas benzodiazepinas,
carbamacepina, valproato, litio o algunos neurolépticos.
La evolución
del paciente somatizador va a depender de:
- Su personalidad.
- Factores
psicosociales que contribuyen a estos trastornos.
- Refuerzos y beneficios
que el paciente recibe por estar enfermo.
- Conductas anómalas de afrontamiento
de sintomas y problemas.
- Mecanismos perceptivos y cognitivos.
Hiperfrecuentadores
El
paciente que acude con gran frecuencia a la consulta no tiene por qué ser
un problema, pero a menudo lo es. La mayoría de ellos presentan multitud
de motivos de consulta, más o menos cambiantes, frecuentemente de poca
importancia, aunque a veces vienen motivados por problemas crónicos e incapacitantes.
Hay gente a la que la gusta acudir a la consulta. Por nosotros, por el tiempo
que ocupan, por la relación que establecen con otros pacientes, etc. Otras
veces refleja la intolerancia y falta de aceptación ante distintos padecimientos
crónicos.
La accesibilidad influye de forma importante en la utilización
de los servicios sanitarios. A mayor accesibilidad, mayor uso. También
a mayor satisfacción y comodidad, mayor utilización.
En los
casos en que sea posible, es aconsejable manifestar al paciente la frecuente periodicidad
de las consultas e intentar espaciarlas. En ocasiones será cuestión
de información y tranquilización (ej., ante una madre que en cada
catarro de su hijo pequeño acude 5 o 6 veces para informarnos cada día
de la evolución: hoy tiene más mocos, o tose más, o ha hecho
una deposición suelta, o se ha levantado con algunas legañas, etc;
en este caso puede ser útil explicar en la primera consulta los aspectos
normales en la evolución de una infección respiratoria y advertir
de los sintomas y signos de alarma por los que debería volver a consultar).
En otros, además de información podremos intentar pactar una periodicidad
de visitas programadas, como en los pacientes somatizadores.
La hiperfrecuentación
a menudo se asocia con la "ñoñería". Con estos
pacientes es difícil empatizar porque nos es difícil ponernos en
su lugar, entender como pueden manifestar todos sus problemas y dificultades de
forma tan "ñoña".
Pero no debemos olvidar nunca que
gran parte de los hiperfrecuentadores de nuestra consulta lo que tienen es una
enorme carga de morbilidad y sufrimiento.
El
paciente bien informado
La actitud tradicional
paternalista del médico con el paciente, en la que el primero posee un
gran bagaje de conocimientos y experiencia mientras el segundo ignora gran parte
de las cosas, se puede ver entorpecida y dificultada ante el paciente bien informado.
Esto
es aplicable a dos aspectos: a) El paciente bien informado del sistema sanitario,
de sus derechos y deberes, así como del funcionamiento y vericuetos del
mismo y b) El paciente bien informado respecto al problema de salud que le afecta,
situación frecuente en algunas personas de determinados niveles culturales
y/o profesionales, que presentan algunos padecimientos crónicos.
Hoy
día muchas personas tienen acceso a información de calidad a través
de otros compañeros, de otros pacientes, de su experiencia, de la prensa
general, de publicaciones profesionales, internet, etc.
Para algunos síntomas
y signos menores, es frecuente que la población conozca y aplique con racionalidad
distintas pautas diagnósticas y terapéuticas de forma responsable.
Existen
situaciones en las que el paciente puede estar mejor informado que nosotros de
aspectos puntuales de su proceso, lo que deberíamos reconocer sin sentirnos
mal. Lo peor es cuando consideramos que la información nos debería
haber llegado a nosotros primero, por los cauces que sea (por ejemplo, cuando
el paciente nos informa de los problemas o la retirada de un medicamento de la
que se ha enterado por los medios de comunicación, antes de que lo sepamos
nosotros por otros cauces), o cuando nos sentimos con poca información
por falta de profesionalidad (lo que también ocurre).
Cuando percibamos
que el paciente está mejor informado que nosotros deberíamos explorar
lo que realmente sabe y tomarnos nuestro tiempo para responder, aclarar o matizar
sus planteamientos. Con el primer paciente que me vino a plantear un tema que
le afectaba, del que había obtenido información por internet (papel
de la budesonida en la enfermedad de Crohn), averigüé qué es
lo que realmente sabía y había obtenido (de lo que me traía
una copia) y quedé posteriormente con él para comentarlo una vez
me hubiera yo informado. Creo que fui capaz de valorar la información en
su justo contexto, no sin cierta soberbia, al facilitarle los resultados de los
últimos ensayos clínicos al respecto. Pero a estas situaciones nos
debemos habituar, en unos contextos más que en otros, y aceptarlas y dar
respuesta con naturalidad. No se trata de que sepamos todo, sino de cómo
obtenerlo, interpretarlo y transmitirselo al paciente.
El
paciente desinformado
Por desgracia es más
frecuente que el paciente bien informado. Plantea una situación difícil
cuando además no se reconoce la situación. Cada día somos
testigos de información y noticias sesgadas, cuando no erróneas,
lanzadas por los distintos medios de comunicación. Asimismo, influyen en
gran medida las creencias y opiniones populares, más o menos arraigadas
en las distintas poblaciones. Hoy día casi todo el mundo se siente autorizado
para hacer recomendaciones de todo tipo a nuestros pacientes (al margen del frecuente
intrusismo profesional).
Aclarar la información errónea a
menudo es difícil, pero siempre lo debemos intentar, sin crispación,
y procurando ser capaces de relativizar los distintos conocimientos y opiniones.
El
paciente querulante
Es aquél que está
buscando enfrentamientos y conflictos constantes con el médico, el sistema
o la sociedad en general. Casi cualquier actuación o decisión en
relación a sus problemas le parece motivo de discusión cuando no
de denuncia.
Estos individuos pueden ser pacientes psiquiátricos o simplemente
"malas personas", que como es lógico las hay.
Habitualmente
los intentos de clarificar situaciones y racionalizar su comportamiento según
lo que nosotros consideramos normal es muy difícil. Pero debemos intentarlo,
sin echar balones fuera (sería el caso de intentar eximirnos nosotros de
su culpa y responsabilización derivándola hacia otros niveles del
sistema sanitario o político). Con ellos es frecuente la "medicina
defensiva".
El paciente
con el que nos equivocamos
El médico
también se equivoca. El paciente puede conocer o no esas equivocaciones.
Y si las conoce, puede aceptarlas o no. Al margen de la progresiva judicialización
de la práctica médica, no tan alarmante en nuestro medio como a
veces parece o nos quieren hacer ver, todos tenemos pacientes con los que nos
hemos equivocado en uno u otro sentido, con unas consecuencia u otras. Si las
consecuencias han sido importantes, la relación con el paciente y sus familiares
va a depender mucho de nuestra relación previa con ellas y de cómo
manejemos la situación.
Es importante reconocer la equivocación
con humildad, dar las explicaciones que consideremos oportunas y manifestar nuestra
intención de enmienda y disponibilidad. La longitudinalidad en Atención
Primaria suele ser un buen aliado para enmendar o relativizar muchas de las pequeñas
equivocaciones o desencuentros que se producen a lo largo del tiempo en la relación
médico-pacientre.
Relaciones
afectivas
Nos referimos aquí a la situación
que se crea cuando se establecen o pretenden establecerse relaciones afectivas
entre médico y paciente de distinto grado e intensidad. Es una situación
difícil que, con frecuencia, puede involucrar a terceras personas.
Si
se presentan es conveniente evitar equívocos, hacer explícita la
situación si se considera conveniente y desde luego, poner los límites
oportunos.
El amigo paciente
Con
frecuencia somos consultados por las personas de nuestro entorno. En caso de amistad,
lo importante es saber mantener la independencia y racionalidad profesional independientemente
de los vínculos personales que tengamos. De no ser así, lo aconsejable
será recomendar la visita con un compañero. Esta situación
puede facilitar la relación por la confianza existente y por el mayor interés
prestado, pero es aconsejable enmarcar la relación terapéutica en
el contexto profesional (como por ejemplo, realizando las consultas en el consultorio).
El paciente compartido
Muchos
de nuestros pacientes son compartidos con otros profesionales. Esto sería
lo ideal cuando derivamos a un paciente, sin caer en la situación o en
la actitud de "quitarnosle de encima". La situación problemática
se da cuando no estamos de acuerdo con las actuaciones del otro compañero
o cuando no estamos de acuerdo con que el paciente haya consultado en otro lugar
(a otros profesionales o paraprofesionales). Suele generar bastante irritación
en el médico el que estos pacientes le infravaloren frente a otros, de
una forma más o menos explícita ("pues el médico de
Madrid me ha dicho....", "esto que me ha mandado el especialista me
sienta mucho mejor, porque si sigo tomando las pastillas que usted me mandó,
no sé que habría sido de mí...."). La delegación
de funciones también suele sentar mal (el que tengamos que hacer los médicos
de Atención Primaria las recetas prescritas por otros, solicitar las pruebas
o citas de los demás, valorar la evolución o el seguimiento de aspectos
que no nos corresponden, etc).
El paciente compartido es normal y habitual.
Es un reto profesional homogeneizar la práctica clínica y evitar
la variabilidad existente. Por desgracia, no es infrecuente las discrepancias
profesionales y las actuaciones distintas (distinto conocimiento y habilidad,
distinto grado de complacencia, distintos intereses, distintas creencias y actitudes,
etc). En estas situaciones debemos ser claros con nuestras opiniones, sin críticas
al compañero con el que no estamos de acuerdo delante del paciente y estando
abiertos a la existencia de posibles discrepancias normales en nuestra profesión.
En las situaciones de discrepancia e incertidumbre debemos hacerselo saber al
paciente, procurando darle todos los elementos para que pueda tomar las decisiones
que correspondan.
El paciente
"abusón"
También conocido
como "abusuario". Individuos que abusan o pretenden abusar, normalmente
sin muchas contemplaciones, de nosotros o del sistema. Piden consultas y más
consultas, derivaciones, medicamentos, transporte sanitario, pruebas complementarias,
bajas, etc. Un sistema como el nuestro no es que incentive dicho comportamiento
pero desde luego, hace muy poco por evitarlo. A menudo el médico se cansa
de dar explicaciones, de intentar racionalizar el consumo, de poner pegas a estos
pacientes con los que se tiene que enfrentar cada día en una situación
frecuentemente comprometida. Más aún cuando las cosas que les son
negadas por un médico son capaces de conseguirlas de otros o por otros
medios.
El paciente desconfiado
Hay
personas desconfiadas. Con el médico y con todo. Son personas problemáticas
porque de una forma más o menos clara nos expresan su desconfianza hacia
nuestra persona, nuestras opiniones o comportamiento. A nosotros nos hacen daño,
pero más aún se hacen o sufren ellos mismos. A veces la desconfianza
es fruto de malos resultados previos. Es importante explicarles claramente qué
es lo que pretendemos con cada una de nuestras actuaciones y las expectativas
que tenemos (con una prueba diagnóstica, una derivación, un tratamiento
farmacológico, etc), explorar sus expectativas y/o preferencias e intentar
llegar a puntos de encuentro con ellos.
El
paciente desagradable
Referido a los pacientes
que de una u otra forma nos desagradan. En este sentimiento tiene tanto que ver
las características del paciente como del médico (especialmente,
su tolerancia). Debemos intentar evitar estos sentimientos que nos hacen sentir
mal y prestar una atención sesgada (cuando vemos a uno de estos pacientes
en la sala de espera, ya nos inquietamos y estamos deseando acabar cuanto antes
con él). Es bueno preguntarnos por los motivos que hacen que un paciente
nos sea desagradable y nos produzca reacciones negativas.
El
paciente desplazado
No tendría que generar
muchos problemas si se asumiese esa situación de "desplazado"
por sanitarios y pacientes. Una persona que se desplaza de su domicilio habitual
de forma provisional a otro lugar, sería aconsejable que prevea lo que
va a necesitar desde el punto de vista sanitario (sobretodo recetas) y llevarlo
resuelto desde su lugar de origen. O al menos, llevar un breve informe en el que
se señale qué es lo que precisa de forma periódica. En caso
de que necesite atención en el lugar de destino por motivos agudos o no
previstos no debe existir problema en recibir atención. Los problemas suelen
surgir por el abuso en la solicitud de recetas, pruebas complementarias o derivaciones;
también cuando solicitan nuestra valoración y opiniones, sin hacer
explícita la información que ya han recibido de su médico
habitual, para contrastar distintas fuentes (como si nos quisieran examinar).
La
organización de nuestro sistema induce en muchos casos a realizar cambio
de médico (de forma encubierta o no) cuando se atiende a un desplazado
en algunos centros con el consiguiente "baile de cartillas". Este hecho
suele motivar bastante irritación, especialmente en los médicos
rurales que a menudo ven como se les han "sustraído" algunos
pacientes por el simple hecho de acudir a un centro urbano para renovar una receta
o para que les atendiesen un catarro cuando estaban pasando unos días con
los hijos.
el Paciente itinerante
Referido
a los pacientes, normalmente ancianos, que pasan una temporada en cada sitio.
Se les aplican distintas denominaciones como "anciano-golondrina", "anciano-maleta",
etc.
Si tienen un lugar de referencia en el que se organiza de forma razonable
su información clínica y su plan terapéutico y de cuidados
no suele haber problemas. A veces es una forma especial de paciente compartido.
Otras veces no hay nadie de referencia y las actuaciones sanitarias se van añadiendo
sin orden ni concierto, según el estado del paciente, la actitud de los
distintos familiares que le van cuidando (o soportando
) y de los sanitarios
que le van atendiendo.
En estos pacientes, sería conveniente que
su historia clínica fuera con ellos.
Recomendaciones
generales ante pacientes "difíciles"
Ante
todo paciente "difícil" hay una serie de recomendaciones generales
como son:
a) Mostrar interés y respeto.
b) Mantener la calma,
con baja reactividad hacia los problemas que surgen en la relación, controlando
nuestras reacciones negativas.
c) Realizar un enfoque sistémico, centrando
la atención en la persona y no sólo en su enfermedad o problema
puntual, valorando sus expectativas, opiniones, preferencias, temores, etc.
d)
Informar, aclarar, negociar los asuntos en que pueda haber discrepancias.
e)
No dejar que nos responsabilicen injustamente.
f) Intentar poner límites
razonables en la relación y en las prestaciones.
g) Buscar apoyos cuando
sean necesarios.
h) Expresar nuestras experiencias y sentimientos (por ejemplo,
a los compañeros).
i) Evitar posturas "numantinas".
En
todas las relaciones más o menos problemáticas debemos procurar,
además de ser conscientes de ellas, identificar los problemas que provocan
nuestro malestar y analizarlos, procurando establecer posteriormente las medidas
de abordaje que puedan corresponder, al igual que hacemos con un paciente problemático
desde el punto de vista estrictamente clínico, en el que nos revisamos
su "caso" (por ejemplo, un diabético mal controlado). Ante toda
situación difícil, hay que valorar si es modificable o no. En el
primer caso, se podrán establecer las estrategias que correspondan tendentes
a la resolución del problema. En el segundo, habrá que elaborar
estrategias de adaptación y de control de emociones a nivel personal, que
podrán ser eficaces o no.
Nuestra profesión tiene muchos
aspectos positivos, enriquecedores y reconfortantes, pero también situaciones
negativas a las que nos debemos adaptar. Tenemos que entender y aceptar de forma
saludable que no todas las relaciones van a ser sencillas, fáciles y agradables.
En eso también debe manifestarse nuestra profesionalidad. De nuestra capacidad
de adaptación a las situaciones problemáticas va a depender nuestra
propia salud mental y la satisfacción con el trabajo.
Como hemos
visto en este tema, existen distintas recomendaciones respecto a la entrevista
clínica que pueden contribuir a que la relación con nuestros pacientes
sea más efectiva y satisfactoria para ellos y para nosotros mismos.
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