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AULA ACREDITADA
  
ACTIVIDAD ACREDITADA
POR LA COMISIÓN DE FORMACIÓN CONTINUADA
Sistema Nacional de Salud
Ministerio de Sanidad y Consumo
PROGRAMA ANUAL 2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
  
Los médicos inscritos podrán alcanzar la acreditación del Programa.
La cumplimentación de los cuestionarios de evaluación para cada tema del Programa se hará por soporte electrónico. La evaluación de los cuestionarios-respuestas se llevará a cabo por una agencia independiente especializada.

Teléfono de atención a los médicos participantes: 91.749.95.13 (Srta. Emma Fernández).

 

ENTREVISTA E HISTORIA CLÍNICA

Entrevista clínica con pacientes "dificiles"

En la Medicina General/de Familia, los pacientes difíciles y problemáticos existen, y como es lógico, son un problema. Esto, aunque sea una redundancia es importante señalarlo porque es frecuente que no tenga fácil solución. En centros en los que es posible el cambio de médico, estos pacientes a veces peregrinan de uno a otro, pero al final siempre hay alguien que les tiene que atender. En otras zonas, especialmente rurales, el cambio de médico no es posible.

Todo paciente y toda relación médico-paciente puede tener sus componentes problemáticos. A veces, relaciones absolutamente normales y correctas entre médico y paciente pueden ser problemáticas en diversas circunstancias o épocas. Conviene no "etiquetar" a los pacientes como difíciles o problemáticos para no condicionar nuestra relación con ellos.

Se suele definir como paciente "difícil" al que provoca malestar en el médico que tiene que atenderle (o dicho de forma más coloquial, "el que provoca una sensación de nudo en el estómago al ver que le tenemos que atender"). Hay pacientes que realmente son "difíciles" para todo el mundo, pero también es cierto que detrás de algunos pacientes considerados difíciles lo que hay es un médico problemático.

Las situaciones que más problemas generan habitualmente en la relación médico paciente son:

a) Pacientes presumiblemente insatisfechos (con insatisfacción manifiesta o percibida), entre los que se incluyen los hiperfrecuentadores (especialmente los somatizadores y los que tienen pluripatología no aceptada, asi como los que consultan frecuentemente por problemas banales) y los pacientes en los que no se obtiene un buen resultado.
b) Pacientes desconfiados y que sentimos que nos infravaloran.
c) Pacientes que pretenden manejar el encuentro y la consulta.
d) Situaciones que percibimos como abusivas por uno u otro motivo.
e) Otras, en las que podemos incluir las relaciones afectivas, las cargadas de agresividad, las que están muy interferidas por el entorno, etc.

A continuación se comentan algunos tipos de pacientes con los que pueden existir frecuentes problemas relacionales.

Paciente somatizador

El paciente somatizador es aquel que manifiesta en forma de síntomas físicos su malestar psicológico. Es un problema muy frecuente en la población y puede conllevar: a) un importante sufrimiento para las personas que lo padecen, b) un elevado coste económico en términos de asistencia sanitaria y absentismo laboral, c) un difícil manejo clínico y d)una importante repercusión en los profesionales que los atienden, generando emociones negativas como puede ser frustración, ira y temor.

El trastorno de somatización se considera una enfermedad crónica con fluctuaciones en la intensidad de los síntomas, pero con escasa probabilidad de remisión. La fase sintomática más activa suele producirse durante los primeros años de la vida adulta. Se desconoce su etiología, habiéndose observado una cierta agregación familiar, en lo que puede influir factores hereditarios y/o ambientales.

Según la clasificación DSM-IV en el trastorno de somatización se dan un conjunto de múltiples síntomas físicos, que afectan a diversos órganos y que producen un deterioro de la actividad personal, social y laboral del individuo. Cumplir estrictamente los criterios diagnósticos de trastorno de somatización no es frecuente, siendo más habitual el presentar los criterios del trastorno somatomorfo indiferenciado (Tabla IX).


Los motivos de consulta del paciente somatizador son muy diversos. Entre ellos cabe destacar: dolores inespecíficos en distintos lugares corporales, síntomas y signos mal definidos (como mareos, dispepsia, disestesias, ahogos...), trastornos digestivos, sensoriales, etc. Estos síntomas suele vivirlos con gran intolerancia, desconcierto, ansiedad y hasta desesperación, pudiendo pretender su tranquilización mediante la exclusión de diversos tipos de patología orgánica como pueden ser cardiopatías, tumores, etc.

Son personas que siempre hablan de médicos y enfermedades. Su continua relación con hospitales y médicos es la forma de expresión de su sufrimiento, su manera de que se les reconozca (están siempre en la consulta, más tiempo que nadie...).

Las expectativas del paciente somatizador respecto al médico y el sistema sanitario son:

a) Que se le escuche y se le comprenda.
b) Que se le acepte como enfermo (pero no como un enfermo psiquiátrico).
c) Que se le informe sobre su enfermedad.
d) Que se le ayude a aliviar su malestar y sufrimiento.

Son pacientes hiperfrecuentadores de la consulta, siendo necesario que intentemos encauzar nosotros esta utilización inadecuada de los servicios sanitarios. Se aconseja programar visitas de seguimiento periódico de corta duración y alta frecuencia, habiéndose apuntado la periodicidad de una visita cada 3-4 semanas; sin duda a algunos de los somatizadores este tiempo les parecerá excesivo y acudirán antes a la consulta a demanda por el motivo que sea. De esta forma se pretende conseguir que el paciente se sienta atendido sin necesidad de presentar síntomas físicos, que tengan que venir a la consulta sin buscar una queja concreta, lo que contribuiría a que puedan abordarse otros problemas de tipo psicológico, social, laboral, de relación, etc. Esta consulta programada supone una experiencia correctora por sí misma, ya que perciben que son atendidos sin necesidad de estar enfermos.

Son pacientes que tienen un especial rechazo a que se les catalogue como enfermos psiquiátricos, mostrando normalmente su desagrado ante la derivación a Psiquiatría, al menos inicialmente.

Es frecuente que a estos pacientes, después de haberles atendido unas cuantas veces, se les diga que no tienen nada o realizar diagnósticos ambiguos de lo que tienen, así como recetarles distintas medicaciones a menudo como placebo, que se van sumando a las realizadas por otros compañeros. El paciente se desconcierta porque percibe que nadie sabe lo que tiene, que nadie le explica las cosas, y cuando se las explican él no las acepta. Pero sufre, además de por sus síntomas, por pensar que "algo tiene que tener". Los pasos a seguir en la información son:

1º) Conocer toda la información previa que ha recibido, aclarando dudas y contradicciones.
2º) Si la exploraciòn es negativa, señalarlo así, destacando positivamente la ausencia de sintomas y signos de enfermedad grave.
3º) Decirle la verdad respecto a que presenta un trastorno de somatización, enfermedad que causa gran malestar y dolor, pudiéndole explicar que involucra al sistema nervioso autónomo y que éste sistema inerva a la mayor parte del cuerpo y por eso las molestias afectan a múltiples órganos, aunque esten sanos. Puede ser útil referirle la similitud con procesos como la lumbociática en el que duele la pierna pero por una alteración a otro nivel, no por que la pierna esté lesionada. En cuanto a la evolución recidivante y con exacerbaciones, y su relación con determinadas situaciones más o menos vitales, puede ser útil compararlo con problemas como la alergia, que puede dar diversos síntomas muy influidos por la exposición ambiental, etc.
4º) Aceptar y explicar la posible coincidencia de enfermedad orgánica y malestar psicológico.
5º) Revisar las circunstancias en que aumentan o disminuyen las molestias (a menudo en relación a la presión del entorno), sin caer en la tentación de establecer una relación causal (al menos al principio), sólo de asociación. No aceptan que sus quejas sean manifestación del malestar psíquico ni un mecanismo de evitación de sus responsabilidades, acusación frecuente por parte de familiares, amigos, médico, etc.
Es útil analizar las situaciones vitales de vulnerabilidad que pueden relacionarse con malestar psíquico o molestias físicas: pérdidas personales (muerte o separación), pérdidas de cosas (trabajo), conflictos interpersonales (familia, trabajo), cambios en el desarrollo (adolescencia, jubilación), inadaptaciòn personal (trabajo, hogar), cambios geográficos (emigración), estrés o aislamiento social.
6º) En relación a su enfermedad hay que decirle que:
a) Es muy frecuente
b) Tiene componentes orgánicos y psicosociales
c) Se puede adquirir cierto control sobre los síntomas, con esfuerzo (no les gusta responsabilizarse ni culpabilizarse, aceptando los tratamientos que se les diga)
d) Es mejorable (no curable) si evita su pasividad frente a las dificultades psicosociales. La incapacidad para abordar adecuadamente estas dificultades puede llevarles a fracasos vitales a todos los niveles (social, laboral, conyugal, económico).
7º) Es conveniente involucrar a la familia y allegados para potenciar las conductas no relacionadas con la enfermedad (expresar afecto y cuidado selectivamente en situaciones en las que no utilicen los síntomas físicos como forma de relación). Asimismo, debemos evitar la crítica y sentimiento de culpa en la familia.

En todos los casos debe evitarse el refuerzo inapropiado de la convicción de enfermedad y de las conductas evitativas.
Los sentimientos negativos que suelen generar estos pacientes en el médico pueden conducir a una situación de agotamiento e incluso de rechazo y agresividad hacia el paciente, con una relación fria y distante, que a parte de perjudicar al paciente, son sobre todo perjudiciales para nosotros mismos y nuestro bienestar en el trabajo e incluso en la vida diaria.

Consejos para la práctica diaria con pacientes somatizadores

El objetivo de la atención de los pacientes somatizadores debe ser aliviarles en la medida de lo posible su sufrimiento, para lo que es necesario que aprendan a dejar de utilizar la enfermedad como método de afrontar las situaciones estresantes de la vida diaria.

Debemos escuchar sus síntomas y aliviarles de forma sintomática cuando esté indicado, evitando exploraciones e intervenciones innecesarias. En la Tabla X se recogen lo que deberíamos hacer y lo que deberíamos evitar en nuestra relación con los pacientes somatizadores.

El desafío con estos pacientes es, aparte de conocer sus mecanismos subconscientes, tener unas expectativas realistas con ellos y modificar nuestra actitud para obtener mejores resultados, normalmente mediocres pero sin que nos haga daño a nosotros mismos. Hoy por hoy, no tenemos respuestas muy eficaces.

Los tratamientos farmacológicos no se han mostrado muy útiles por si mismos. Pueden utilizarse en algunos casos antidepresivos, sobretodo los tricíclicos a dosis subdepresivas para el dolor crónico, y en menor medida algunas benzodiazepinas, carbamacepina, valproato, litio o algunos neurolépticos.

La evolución del paciente somatizador va a depender de:

- Su personalidad.
- Factores psicosociales que contribuyen a estos trastornos.
- Refuerzos y beneficios que el paciente recibe por estar enfermo.
- Conductas anómalas de afrontamiento de sintomas y problemas.
- Mecanismos perceptivos y cognitivos.

Hiperfrecuentadores

El paciente que acude con gran frecuencia a la consulta no tiene por qué ser un problema, pero a menudo lo es. La mayoría de ellos presentan multitud de motivos de consulta, más o menos cambiantes, frecuentemente de poca importancia, aunque a veces vienen motivados por problemas crónicos e incapacitantes. Hay gente a la que la gusta acudir a la consulta. Por nosotros, por el tiempo que ocupan, por la relación que establecen con otros pacientes, etc. Otras veces refleja la intolerancia y falta de aceptación ante distintos padecimientos crónicos.

La accesibilidad influye de forma importante en la utilización de los servicios sanitarios. A mayor accesibilidad, mayor uso. También a mayor satisfacción y comodidad, mayor utilización.

En los casos en que sea posible, es aconsejable manifestar al paciente la frecuente periodicidad de las consultas e intentar espaciarlas. En ocasiones será cuestión de información y tranquilización (ej., ante una madre que en cada catarro de su hijo pequeño acude 5 o 6 veces para informarnos cada día de la evolución: hoy tiene más mocos, o tose más, o ha hecho una deposición suelta, o se ha levantado con algunas legañas, etc; en este caso puede ser útil explicar en la primera consulta los aspectos normales en la evolución de una infección respiratoria y advertir de los sintomas y signos de alarma por los que debería volver a consultar). En otros, además de información podremos intentar pactar una periodicidad de visitas programadas, como en los pacientes somatizadores.

La hiperfrecuentación a menudo se asocia con la "ñoñería". Con estos pacientes es difícil empatizar porque nos es difícil ponernos en su lugar, entender como pueden manifestar todos sus problemas y dificultades de forma tan "ñoña".
Pero no debemos olvidar nunca que gran parte de los hiperfrecuentadores de nuestra consulta lo que tienen es una enorme carga de morbilidad y sufrimiento.

El paciente bien informado

La actitud tradicional paternalista del médico con el paciente, en la que el primero posee un gran bagaje de conocimientos y experiencia mientras el segundo ignora gran parte de las cosas, se puede ver entorpecida y dificultada ante el paciente bien informado.

Esto es aplicable a dos aspectos: a) El paciente bien informado del sistema sanitario, de sus derechos y deberes, así como del funcionamiento y vericuetos del mismo y b) El paciente bien informado respecto al problema de salud que le afecta, situación frecuente en algunas personas de determinados niveles culturales y/o profesionales, que presentan algunos padecimientos crónicos.

Hoy día muchas personas tienen acceso a información de calidad a través de otros compañeros, de otros pacientes, de su experiencia, de la prensa general, de publicaciones profesionales, internet, etc.

Para algunos síntomas y signos menores, es frecuente que la población conozca y aplique con racionalidad distintas pautas diagnósticas y terapéuticas de forma responsable.

Existen situaciones en las que el paciente puede estar mejor informado que nosotros de aspectos puntuales de su proceso, lo que deberíamos reconocer sin sentirnos mal. Lo peor es cuando consideramos que la información nos debería haber llegado a nosotros primero, por los cauces que sea (por ejemplo, cuando el paciente nos informa de los problemas o la retirada de un medicamento de la que se ha enterado por los medios de comunicación, antes de que lo sepamos nosotros por otros cauces), o cuando nos sentimos con poca información por falta de profesionalidad (lo que también ocurre).

Cuando percibamos que el paciente está mejor informado que nosotros deberíamos explorar lo que realmente sabe y tomarnos nuestro tiempo para responder, aclarar o matizar sus planteamientos. Con el primer paciente que me vino a plantear un tema que le afectaba, del que había obtenido información por internet (papel de la budesonida en la enfermedad de Crohn), averigüé qué es lo que realmente sabía y había obtenido (de lo que me traía una copia) y quedé posteriormente con él para comentarlo una vez me hubiera yo informado. Creo que fui capaz de valorar la información en su justo contexto, no sin cierta soberbia, al facilitarle los resultados de los últimos ensayos clínicos al respecto. Pero a estas situaciones nos debemos habituar, en unos contextos más que en otros, y aceptarlas y dar respuesta con naturalidad. No se trata de que sepamos todo, sino de cómo obtenerlo, interpretarlo y transmitirselo al paciente.

El paciente desinformado

Por desgracia es más frecuente que el paciente bien informado. Plantea una situación difícil cuando además no se reconoce la situación. Cada día somos testigos de información y noticias sesgadas, cuando no erróneas, lanzadas por los distintos medios de comunicación. Asimismo, influyen en gran medida las creencias y opiniones populares, más o menos arraigadas en las distintas poblaciones. Hoy día casi todo el mundo se siente autorizado para hacer recomendaciones de todo tipo a nuestros pacientes (al margen del frecuente intrusismo profesional).

Aclarar la información errónea a menudo es difícil, pero siempre lo debemos intentar, sin crispación, y procurando ser capaces de relativizar los distintos conocimientos y opiniones.

El paciente querulante

Es aquél que está buscando enfrentamientos y conflictos constantes con el médico, el sistema o la sociedad en general. Casi cualquier actuación o decisión en relación a sus problemas le parece motivo de discusión cuando no de denuncia.
Estos individuos pueden ser pacientes psiquiátricos o simplemente "malas personas", que como es lógico las hay.

Habitualmente los intentos de clarificar situaciones y racionalizar su comportamiento según lo que nosotros consideramos normal es muy difícil. Pero debemos intentarlo, sin echar balones fuera (sería el caso de intentar eximirnos nosotros de su culpa y responsabilización derivándola hacia otros niveles del sistema sanitario o político). Con ellos es frecuente la "medicina defensiva".

El paciente con el que nos equivocamos

El médico también se equivoca. El paciente puede conocer o no esas equivocaciones. Y si las conoce, puede aceptarlas o no. Al margen de la progresiva judicialización de la práctica médica, no tan alarmante en nuestro medio como a veces parece o nos quieren hacer ver, todos tenemos pacientes con los que nos hemos equivocado en uno u otro sentido, con unas consecuencia u otras. Si las consecuencias han sido importantes, la relación con el paciente y sus familiares va a depender mucho de nuestra relación previa con ellas y de cómo manejemos la situación.
Es importante reconocer la equivocación con humildad, dar las explicaciones que consideremos oportunas y manifestar nuestra intención de enmienda y disponibilidad. La longitudinalidad en Atención Primaria suele ser un buen aliado para enmendar o relativizar muchas de las pequeñas equivocaciones o desencuentros que se producen a lo largo del tiempo en la relación médico-pacientre.

Relaciones afectivas

Nos referimos aquí a la situación que se crea cuando se establecen o pretenden establecerse relaciones afectivas entre médico y paciente de distinto grado e intensidad. Es una situación difícil que, con frecuencia, puede involucrar a terceras personas.
Si se presentan es conveniente evitar equívocos, hacer explícita la situación si se considera conveniente y desde luego, poner los límites oportunos.

El amigo paciente

Con frecuencia somos consultados por las personas de nuestro entorno. En caso de amistad, lo importante es saber mantener la independencia y racionalidad profesional independientemente de los vínculos personales que tengamos. De no ser así, lo aconsejable será recomendar la visita con un compañero. Esta situación puede facilitar la relación por la confianza existente y por el mayor interés prestado, pero es aconsejable enmarcar la relación terapéutica en el contexto profesional (como por ejemplo, realizando las consultas en el consultorio).

El paciente compartido

Muchos de nuestros pacientes son compartidos con otros profesionales. Esto sería lo ideal cuando derivamos a un paciente, sin caer en la situación o en la actitud de "quitarnosle de encima". La situación problemática se da cuando no estamos de acuerdo con las actuaciones del otro compañero o cuando no estamos de acuerdo con que el paciente haya consultado en otro lugar (a otros profesionales o paraprofesionales). Suele generar bastante irritación en el médico el que estos pacientes le infravaloren frente a otros, de una forma más o menos explícita ("pues el médico de Madrid me ha dicho....", "esto que me ha mandado el especialista me sienta mucho mejor, porque si sigo tomando las pastillas que usted me mandó, no sé que habría sido de mí...."). La delegación de funciones también suele sentar mal (el que tengamos que hacer los médicos de Atención Primaria las recetas prescritas por otros, solicitar las pruebas o citas de los demás, valorar la evolución o el seguimiento de aspectos que no nos corresponden, etc).

El paciente compartido es normal y habitual. Es un reto profesional homogeneizar la práctica clínica y evitar la variabilidad existente. Por desgracia, no es infrecuente las discrepancias profesionales y las actuaciones distintas (distinto conocimiento y habilidad, distinto grado de complacencia, distintos intereses, distintas creencias y actitudes, etc). En estas situaciones debemos ser claros con nuestras opiniones, sin críticas al compañero con el que no estamos de acuerdo delante del paciente y estando abiertos a la existencia de posibles discrepancias normales en nuestra profesión. En las situaciones de discrepancia e incertidumbre debemos hacerselo saber al paciente, procurando darle todos los elementos para que pueda tomar las decisiones que correspondan.

El paciente "abusón"

También conocido como "abusuario". Individuos que abusan o pretenden abusar, normalmente sin muchas contemplaciones, de nosotros o del sistema. Piden consultas y más consultas, derivaciones, medicamentos, transporte sanitario, pruebas complementarias, bajas, etc. Un sistema como el nuestro no es que incentive dicho comportamiento pero desde luego, hace muy poco por evitarlo. A menudo el médico se cansa de dar explicaciones, de intentar racionalizar el consumo, de poner pegas a estos pacientes con los que se tiene que enfrentar cada día en una situación frecuentemente comprometida. Más aún cuando las cosas que les son negadas por un médico son capaces de conseguirlas de otros o por otros medios.

El paciente desconfiado

Hay personas desconfiadas. Con el médico y con todo. Son personas problemáticas porque de una forma más o menos clara nos expresan su desconfianza hacia nuestra persona, nuestras opiniones o comportamiento. A nosotros nos hacen daño, pero más aún se hacen o sufren ellos mismos. A veces la desconfianza es fruto de malos resultados previos. Es importante explicarles claramente qué es lo que pretendemos con cada una de nuestras actuaciones y las expectativas que tenemos (con una prueba diagnóstica, una derivación, un tratamiento farmacológico, etc), explorar sus expectativas y/o preferencias e intentar llegar a puntos de encuentro con ellos.

El paciente desagradable

Referido a los pacientes que de una u otra forma nos desagradan. En este sentimiento tiene tanto que ver las características del paciente como del médico (especialmente, su tolerancia). Debemos intentar evitar estos sentimientos que nos hacen sentir mal y prestar una atención sesgada (cuando vemos a uno de estos pacientes en la sala de espera, ya nos inquietamos y estamos deseando acabar cuanto antes con él). Es bueno preguntarnos por los motivos que hacen que un paciente nos sea desagradable y nos produzca reacciones negativas.

El paciente desplazado

No tendría que generar muchos problemas si se asumiese esa situación de "desplazado" por sanitarios y pacientes. Una persona que se desplaza de su domicilio habitual de forma provisional a otro lugar, sería aconsejable que prevea lo que va a necesitar desde el punto de vista sanitario (sobretodo recetas) y llevarlo resuelto desde su lugar de origen. O al menos, llevar un breve informe en el que se señale qué es lo que precisa de forma periódica. En caso de que necesite atención en el lugar de destino por motivos agudos o no previstos no debe existir problema en recibir atención. Los problemas suelen surgir por el abuso en la solicitud de recetas, pruebas complementarias o derivaciones; también cuando solicitan nuestra valoración y opiniones, sin hacer explícita la información que ya han recibido de su médico habitual, para contrastar distintas fuentes (como si nos quisieran examinar).

La organización de nuestro sistema induce en muchos casos a realizar cambio de médico (de forma encubierta o no) cuando se atiende a un desplazado en algunos centros con el consiguiente "baile de cartillas". Este hecho suele motivar bastante irritación, especialmente en los médicos rurales que a menudo ven como se les han "sustraído" algunos pacientes por el simple hecho de acudir a un centro urbano para renovar una receta o para que les atendiesen un catarro cuando estaban pasando unos días con los hijos.

el Paciente itinerante

Referido a los pacientes, normalmente ancianos, que pasan una temporada en cada sitio. Se les aplican distintas denominaciones como "anciano-golondrina", "anciano-maleta", etc.

Si tienen un lugar de referencia en el que se organiza de forma razonable su información clínica y su plan terapéutico y de cuidados no suele haber problemas. A veces es una forma especial de paciente compartido. Otras veces no hay nadie de referencia y las actuaciones sanitarias se van añadiendo sin orden ni concierto, según el estado del paciente, la actitud de los distintos familiares que le van cuidando (o soportando…) y de los sanitarios que le van atendiendo.

En estos pacientes, sería conveniente que su historia clínica fuera con ellos.

Recomendaciones generales ante pacientes "difíciles"

Ante todo paciente "difícil" hay una serie de recomendaciones generales como son:

a) Mostrar interés y respeto.
b) Mantener la calma, con baja reactividad hacia los problemas que surgen en la relación, controlando nuestras reacciones negativas.
c) Realizar un enfoque sistémico, centrando la atención en la persona y no sólo en su enfermedad o problema puntual, valorando sus expectativas, opiniones, preferencias, temores, etc.
d) Informar, aclarar, negociar los asuntos en que pueda haber discrepancias.
e) No dejar que nos responsabilicen injustamente.
f) Intentar poner límites razonables en la relación y en las prestaciones.
g) Buscar apoyos cuando sean necesarios.
h) Expresar nuestras experiencias y sentimientos (por ejemplo, a los compañeros).
i) Evitar posturas "numantinas".

En todas las relaciones más o menos problemáticas debemos procurar, además de ser conscientes de ellas, identificar los problemas que provocan nuestro malestar y analizarlos, procurando establecer posteriormente las medidas de abordaje que puedan corresponder, al igual que hacemos con un paciente problemático desde el punto de vista estrictamente clínico, en el que nos revisamos su "caso" (por ejemplo, un diabético mal controlado). Ante toda situación difícil, hay que valorar si es modificable o no. En el primer caso, se podrán establecer las estrategias que correspondan tendentes a la resolución del problema. En el segundo, habrá que elaborar estrategias de adaptación y de control de emociones a nivel personal, que podrán ser eficaces o no.

Nuestra profesión tiene muchos aspectos positivos, enriquecedores y reconfortantes, pero también situaciones negativas a las que nos debemos adaptar. Tenemos que entender y aceptar de forma saludable que no todas las relaciones van a ser sencillas, fáciles y agradables. En eso también debe manifestarse nuestra profesionalidad. De nuestra capacidad de adaptación a las situaciones problemáticas va a depender nuestra propia salud mental y la satisfacción con el trabajo.

Como hemos visto en este tema, existen distintas recomendaciones respecto a la entrevista clínica que pueden contribuir a que la relación con nuestros pacientes sea más efectiva y satisfactoria para ellos y para nosotros mismos.

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