Hiperplasia
benigna de próstata: manejo y abordaje por el médico de A.P.
Diagnóstico
inicial

El diagnóstico
de la HBP por el médico de familia se cimenta a partir de la
evaluación sintomática, anamnesis, exploración
física y solicitud de una serie de pruebas complementarias, analíticas
y funcionales (Tabla VI).
Anamnesis
La historia clínica en el síndrome prostático tiene
una importancia primordial e insustituible, nunca se debe obviar. En
la historia clínica se debe recoger la causa que motiva la consulta,
antecedentes patológicos médicos y quirúrgicos
personales y familiares, así como la evolución de la enfermedad
actual, ingesta de fármacos etc.
Se debe interrogar
siempre
al paciente sobre:
- Patología neurológica. Los accidentes vásculo-cerebrales
pueden presentar diferentes manifestaciones, entre las que se encuentran
las alteraciones de control esfinteriano e hiperreflexia vesical. La
enfermedad de Parkinson produce una hiperreflexia vesical, al no producirse
la inhibición de los ganglios basales. La esclerosis múltiple
se manifiesta como descoordinación miccional, provocando disinergia
vesical (el detrusor se contrae permaneciendo cerrado el esfínter).
En las alteraciones medulares, las sintomatología dependerán
de la zona medular afectada. Las alteraciones de los nervios periféricos
suelen manifestarse como atonía vesical con gran residuo miccional
y, en muchas ocasiones, su causa es la neuropatía diabética
(afectación de la metámera S2-S4).
- Cirugía pelviana. Toda cirugía del área pélvica
puede lesionar el plexo sacro y ocasionar alteraciones del esfínter
estriado, pudiendo causar incontinencia o disfunción vesical.
- Instrumentación uretral previa. Puede quedar como secuela una
estenosis de uretra que puede producir síntomas obstructivos.
- Traumatismos uretrales. Igualmente, pueden generar una estenosis de
uretra y producir síntomas obstructivos.
- Enfermedades venéreas. También pueden producir estenosis
de uretra.
- Diabetes Mellitus. Su mal control y larga evolución controlada
puede ocasionar una neuropatía diabética y producir atonía
vesical.
- Medicación concomitante. Muchos síntomas prostáticos
pueden estar provocados o exacerbados por una medicación. Así,
los agonistas colinérgicos estimulan la contractibilidad vesical.
Los anticolinérgicos, antiespasmódicos, antagonistas del
calcio, antiinflamatorios no esteroideos, antihistamínicos, antidepresivos
tricíclicos y agonistas beta disminuyen la contractilidad vesical.
Los simpaticomiméticos, la levodopa y los betabloqueantes aumentan
la resistencia de salida vesical. Las benzodiacepinas y los alfaagonistas
aumentan la resistencia de salida vesical. Por último, los diuréticos
incrementan el volumen urinario.
Exploración
física
En todo paciente afecto de sintomatología prostática debe
realizarse una exploración física general y otra más
especifica del área abdominogenital.
La exploración física general puede aportar información
sobre algunas enfermedades urológicas. Así, una respiración
taquipneica asociada a una anemia con piel rugosa puede ser manifestación
de una insuficiencia renal que secundariamente puede aparecer en un
proceso obstructivo del tracto urinario inferior. Debe realizarse sistemáticamente
una palpación renal para comprobar si existe aumento de tamaño
o dolor a su palpación, que podría ser secundario a hidronefrosis
o litiasis renal.
La exploración abdominal puede detectar la presencia de masas
en hipogastrio, cuya causa más común es la presencia de
globo vesical. Habitualmente, la retención de orina se manifiesta
con volúmenes de unos 200 cc, y el paciente presenta a la palpación
dolor y deseo miccional.
La exploración genital y de la sensibilidad perineal descarta
la presencia de tumoraciones en testículo, supuraciones en glande,
inflamaciones en epidídimo y alteraciones de la sensibilidad
que puedan simular patología prostática.
Aun siendo necesarias todas las exploraciones anteriores, posiblemente
la exploración imprescindible en todo paciente con un síndrome
prostático sea la realización del tacto rectal, que es
la exploración física de mayor rentabilidad en la evaluación
de un paciente prostático.
El tacto rectal debe realizarse con el dedo índice enguantado
y lubricado, la posición del paciente será en decúbito
lateral, decúbito prono o en bipedestación (Figura 6).
Antes de realizarlo el paciente debe orinar y ser informado con detalle
de la exploración para que este más tranquilo y relajado.
Con el tacto rectal se obtiene información acerca de la sensibilidad,
tamaño, consistencia, límites y movilidad de la glándula
prostática.
La regla nemotécnica de la "seta con limo" puede ser
de enorme utilidad para recordar los parámetros que se deben
evaluar con el tacto rectal. Estos parámetros son:
- Sensibilidad: la HBP es indolora.
- Tamaño: en la HBP está agrandado.
- Consistencia: en la HBP es suave y elástica, sin induraciones.
- Limites: en la HBP son lisos y bien delimitados.
- Movilidad: en la HBP es móvil y no adherida.
Si existe alteración en la sensibilidad y ésta es dolorosa
debe pensarse en prostatitis. Si la consistencia es irregular y con
induraciones, se sospechará la presencia de un Cáncer
de próstata. Si los límites son irregulares y están
mal delimitados, debe pensarse también en un cáncer de
próstata, así como si la próstata es inmóvil
y adherida.
Con el tacto rectal se descartan también alteraciones a nivel
del recto (hemorroides, neoplasia) y es posible realizar una valoración
del estado del reflejo anal y del reflejo bulbo-cavernoso (se comprime
el pene al introducir el dedo en el recto y si el reflejo está
indemne éste se contrae), proporcionando indirectamente información
de la metámera S2-S4, alterada en algunas patologías neurológicas
y en la neuropatía diabética.
Cuando se realiza un tacto rectal en un síndrome prostático,
el principal objetivo no es valorar la HBP, sino poder descartar otras
patologías, especialmente la presencia de un cáncer de
próstata.
El tacto rectal tiene una especificidad del 84-98 por ciento, una sensibilidad
del 69-89 por ciento y un valor predictivo positivo del 22-34 por ciento.
Por ello, en todo paciente con un tacto rectal positivo y sospechoso
de tumoración prostática debe realizarse un biopsia prostática
dirigida por ecografía transrectal.
Por último, debe saberse que hasta un 30 por ciento de los tumores
de próstata cursan con un tacto rectal normal. En esta situación
resultará de enorme utilidad la valoración del PSA.
Sedimento
de orina
En la evaluación inicial de un paciente prostático, antes
de realizar la exploración física, debe siempre realizarse
un estudio básico de orina, mediante sedimento analizado por
el laboratorio y/o con tira reactiva en la consulta.

El sedimento no debe realizarse como screening si no existe sintomatología.
Con el sedimento se descartará la presencia de leucocituria,
hematuria, proteinuria y la presencia de nitritos.
Si la leucocituria y/o los nitritos resultan positivos debe solicitarse
un urocultivo. Si éste fuera negativo y el paciente presentara
fiebre, debe solicitarse un estudio citológico y nuevo cultivo
en medio de Löwenstein, para descartar una neoplasia o la presencia
de una tuberculosis genitourinaria. Un urocultivo positivo no es un
hallazgo infrecuente en pacientes afectos de HBP, y también puede
aparecer en las prostatitis bacterianas, cistitis, etc.
La determinación de hematíes en orina puede ser positiva
en la HBP, secundaria a la congestión glandular, aunque debe
saberse que también puede aparecer en la litiasis renal, el carcinoma
renal y el carcinoma vesical. La clínica y la solicitud de otras
pruebas, analíticas y de imagen permiten su diagnóstico.
Función
renal
La función renal puede estar alterada en más del 10 por
ciento de los pacientes con HBP, y no siempre es secundaria a la patología
prostática. La presencia de alteración en la función
renal obliga a realizar estudios del tracto urinario superior, ya que
un 25 por ciento de pacientes con insuficiencia renal y HBP presentan
complicaciones si requieren tratamiento quirúrgico, frente al
17 por ciento si no presentan alteraciones de la función renal.
La determinación de la creatinina sérica debe ser de rutina
en todo paciente con prostatismo. su alteración en muchas ocasiones,
puede significar una urgencia. La presencia de insuficiencia renal por
HBP, es una de las causas que indican el tratamiento quirúrgico.
PSA
El PSA o Antígeno Prostático Específico ("Antigen
Prostatic Specific") fue descrito por Wang y cols en 1979, encontrándose
en glándulas normales y patológicas. Puede encontrarse
también en las glándulas salivares y en las parótidas.
Es una proteasa glucoproteica de un peso molecular de 34,000 daltons,
que es segregada por las células epiteliales prostáticas
que licuan el semen tras la eyaculación.
En pacientes afectos de HBP puede estar elevado, aunque habitualmente
resulta más elevado en pacientes con cáncer de próstata.
La solicitud de PSA en el paciente sintomático tiene como objetivo
diagnosticar el cáncer. Aunque no es un marcador especifico de
cáncer, lo es de órgano. Tiene una baja especificidad,
pudiendo existir cifras elevadas en pacientes con HBP, como se dijo
anteriormente, y cifras normales en pacientes con cáncer.
La determinación de PSA es una prueba opcional, existiendo controversia
sobre su petición en pacientes asintomáticos. Posiblemente,
en pacientes con sintomatología si que está justificada
su solicitud, especialmente en varones menores a 75 años y/o
con una expectativa de vida superior a 10 años.
La determinación del PSA aumenta el diagnóstico de cáncer
de próstata con más probabilidad que el tacto rectal aislado,
y sus valores de normalidad se sitúan entre 0 y 4,0 ng/ml. Si
los valores se encuentran por encima de esta cifra, la probabilidad
de tener un cáncer de próstata es de un 20-25 por ciento,
porcentaje que se eleva al 50 por ciento si estos valores son superiores
a 10 ng/ml.
Para evitar la realización de biopsias de próstata innecesarias,
se han buscado características del PSA que permitan discernir
cuándo está indicada la biopsia, intentando evitar la
yatrogenia que ésta conlleva, sobre todo en pacientes con valores
entre 4 ng/ml y 10 ng/ml.
Antes de indicar un estudio más completo por un PSA elevado el
médico de cabecera debe conocer otras situaciones que pueden
alterar las cifras normales de PSA. Así, se han descrito disminuciones
del 18 por ciento de las cifras de PSA en pacientes sedentarios y encamados,
aumentos en pacientes con prostatitis e infecciones urinarias por retención
urinaria, sugiriendo algunos autores la utilización de tratamientos
con antibióticos ante aumentos de PSA al no ser infrecuente incrementos
en situaciones de inflamación por infección, y pudiendo
estar indicado su posterior estudio por biopsia si tras el tratamiento
persisten cifras alteradas. Igualmente, se han descrito aumentos de
PSA durante las 24 horas posteriores al tacto rectal, hecho no ratificado
por algunos autores, por lo que se aconseja su realización pasadas
las 24 horas o antes de realizar el tacto rectal. También se
altera tras la biopsia prostática y los tratamientos con Finasteride
(inhibidor 5 alfa reductasa).

En la valoración del paciente prostático adquiere una
gran importancia la asociación del PSA y el tacto rectal (Tabla
VII). Según Catalona y colaboradores, la probabilidad de presentar
un cáncer de próstata con cifras entre 4 y 10 ng/ml es
del 20,7 por ciento si el tacto rectal es negativo, aumentando al 40,2
por ciento si el tacto rectal es positivo. Este porcentaje se eleva
al 42,2 por ciento cuando el tacto rectal resulta normal pero el PSA
es superior a 10 ng/ml.
En pacientes con cifras superiores a 10 ng/ml de PSA la indicación
de estudio con biopsia prostática está justificado. En
los últimos años se han desarrollado métodos para
optimizar el PSA (Tabla VIII) con el objetivo de mejorar su especificidad
y su sensibilidad cuando los valores se encuentran entre 4 y 10 ng/ml
(velocidad y densidad de PSA, PSA libre, relación con la edad,
etc.).

Los principales métodos que se utilizan para optimizar el PSA
son:
- Velocidad de PSA. Se refiere al aumento de PSA en relación
con el tiempo, considerándose aumentos de 0,75 ng/ml anuales
como patológicos, así como un incremento de un 20 por
ciento anual sobre las cifras iniciales.
- Densidad de PSA. Consiste en la relación entre el PSA y el
volumen prostático medido por ecografía transrectal. Si
la relación es superior a 0,15 es sugestiva de cáncer,
y cifras menores a 0,10 son sugestivas de HBP.
- PSA libre. Consiste en la relación del PSA libre con PSA total,
ya que una parte del PSA se encuentra libre y la otra unida a la alfa-1-antiquimiotripsina.
Los índices inferiores al 20 por ciento son sugestivos de cáncer
de próstata y los superiores al 25 por ciento de HBP.
- PSA en relación a la edad. Con la edad los valores de PSA considerados
normales sufren variaciones. Así, entre los 40 a 49 años
se consideran como normales las cifras de 2,5 ng/ml, de 50 a 59 años
hasta 3,5 ng/ml, de 60 a 69 años hasta 4,5 ng/ml, y de 70 a 79
años hasta 6,5 ng/ml.
Autores como Stamey calculan que el valor de PSA aumenta 0,3 ng/ml por
cada cc de tejido con HBP, cifra que se eleva a 3 ng/ml por cada cc
de tejido tumoral.
En los últimos años se han diagnosticado más cánceres
de próstata debido al aumento de solicitud del PSA por parte
de los médicos. Esta circunstancia no siempre se encuentra acompañada
de mayor supervivencia, creándose una discusión sobre
su indicación como prueba de screening masiva, y existiendo diferentes
opiniones. Así, la Asociación Americana de Urología
propugna el uso de PSA de un modo general, la U.S. Preventive Task Force
y la Canadian Task Force indican la falta de evidencia para la realización
de un cribado sistemático y la génesis de una cadena de
exploraciones y procedimientos terapéuticos invasivos que acabaran
con una prostatectomía radical no exenta de morbilidad y mortalidad,
posiblemente superior a la de la no intervención en pacientes
asintomáticos. En España, en 1996, se publicó un
estudio realizado por Herrero y colaboradores, del Servicio de Urología
del Hospital de Getafe, sobre el screening del cáncer de próstata
de 1.091 varones mayores de 49 años (edad media de 59,32 años),
a los que se realizó tacto rectal y PSA. El PSA resultó
mayor de 4 ng/ml en el 9,07 por ciento y el tacto rectal fue sospechoso
en el 5,07 por ciento, realizándose a estos dos grupos de sospecha
la ecografía transrectal y biopsia. Se detectó cáncer
de próstata en 11 pacientes (1 por ciento), resultando necesarias
8,8 biopsias para detectar un cáncer. La conclusión a
la que llegan los autores a la vista de los resultados es que en el
momento actual no se puede recomendar la práctica generalizada
de estos estudios.
Antes de solicitar un PSA el paciente debe ser informado de las posibles
consecuencias de encontrar un valor positivo, y éste debería
dar su consentimiento aunque sólo sea verbal.
El PSA es una prueba opcional recomendada por la OMS en la evaluación
inicial del paciente prostático, aunque en su petición
el médico de cabecera debe valorar los pros y las contras, y
decidir sobre su solicitud o no siempre buscando lo mejor para el paciente.
Otras
pruebas diagnósticas recomendadas
Existe una serie de pruebas diagnósticas que, aunque no son muy
recomendadas en la evaluación inicial del paciente prostático,
si son necesarias para completar la sospecha diagnóstica inicial,
aportando información suficiente para su abordaje y control desde
la Medicina de familia. Estas pruebas, no siempre, accesibles para la
Atención Primaria, son la medición del residuo miccional
por ecografía vesico-prostática y la flujometría.
Medición
del residuo miccional
La valoración del residuo miccional se realiza mediante ecografía
Reno-Vésico-Prostática, que resulta un método más
preciso que la urografía intravenosa y menos preciso que el cateterismo
uretral, pero con menos efectos secundarios al ser inocuo. Tampoco produce
yatrogenia y permite el estudio de otras zonas del tracto urinario superior
e inferior. Un residuo miccional se acepta que es significativo si es
superior al 10-20 por ciento del volumen miccional. Su presencia no
es indicativo de obstrucción y puede estar más relacionado
con la función del detrusor. Volúmenes superiores a 150
ml, se consideran patológicos, apareciendo globo vesical en volúmenes
de más de 200 ml. Para confirmar la presencia de residuo se aconseja
realizar al menos dos ecografías debido a la variabilidad de
esta prueba diagnóstica.
Con la ecografía puede conocerse la morfología renal,
vesical y prostática, pudiéndose diagnosticar la presencia
de cálculos a nivel ureteral, vesical e intrauretral, que pueden
manifestarse con sintomatología obstructiva o irritativa. Igualmente,
se puede observar la presencia de trabéculas en la vejiga, que
son indicativas de vejiga de lucha por obstrucción. En pacientes
con signos de retención crónica de orina, valorada por
residuo miccional, se aconseja la derivación al urólogo,
dado que habitualmente requieren un tratamiento quirúrgico.
El volumen urinario residual se calcula mediante la siguiente formula:
- Volumen (ml) = A + B + C x 3/4.
A, B y C son las medidas de los diámetros vesicales.
El peso de la próstata se calcula en gramos por la siguiente
fórmula:
- Peso (gramos) = A x B x C x 1/2.
A, B, C son los diámetros de la próstata (anchura, altura
y profundidad).
La ecografía transrectal posiblemente aporte más información
de la próstata y su tamaño. Está indicada en aquellas
situaciones con sospecha de malignidad para la realización de
biopsias eco-dirigidas. Aunque es una prueba que la OMS no recomienda
en la evaluación inicial, si se tiene sospecha de patología
grave prostática está totalmente indicada su utilización
diagnóstica en la Medicina de familia en ámbito ambulatorio,
siempre que el médico esté preparado y conozca sus indicaciones.
Flujometría
Es una prueba funcional, no invasiva, que utiliza el flujómetro
para su realización. Este aparato mide el volumen de orina en
unidad de tiempo y para que la prueba sea valorable se requiere un volumen
miccional superior a 150 ml e inferior a 500 ml. Se representa por una
gráfica curva simétrica con un pico máximo entre
el 1º y 2º tercio denominado flujo máximo (Qmax), que
en condiciones normales debe ser superior 15 ml/sg. En la obstrucción
resulta orientativo si es mayor de 10 ml/seg y menor a 15 ml/seg, e
indicativo si es inferior a 10 ml/seg. Por otro lado, si la curva de
flujo es baja (alargada) indica, probablemente, obstrucción.
La flujometría, como prueba diagnóstica de la HBP, tiene
algunos inconvenientes. Así, no distingue entre la disminución
de la contractibilidad funcional habitualmente por hipotonía
vesical y la obstrucción orgánica secundaria habitualmente
a HBP. Por ello, se recomienda tener al menos dos valores de flujo antes
de catalogar al paciente. Por otro lado, no existe consenso sobre el
normograma de flujo en los diferentes grupos de edad, y éste
guarda poca relación con la sintomatología. Igualmente,
valores de Qmax entre 10 y 15 ml/sg pueden ser totalmente normales en
pacientes mayores de 70 años y valores superiores a 15 ml/sg
pueden parecer normales en fases iniciales de la obstrucción
por hipertrofia del detrusor. Sin embargo, con valores inferiores a
10 ml/sg la probabilidad de obstrucción, descartada la hipotonía
vesical, es cercana al 100 por ciento.
En situaciones de duda diagnóstica se debe realizar un estudio
urodinámico de presión volumen.

Con la flujometría se pueden obtener además estos otros
valores (Tabla IX):
- Tiempo de flujo. La duración del flujo que debe ser inferior
a 30 segundos. En pacientes obstruidos suele ser superior a 45 segundos.
- Tiempo de vaciado. Es la suma del tiempo de flujo más los intervalos
(en micciones intermitentes).
- Flujo medio. Es el cociente entre el volumen emitido y el tiempo de
flujo o de vaciado.
La flujometría no suele utilizarse como prueba diagnóstica
inicial del Síndrome prostático por falta de flujometros
en la Atención Primaria. Su utilización en la práctica
habitual suele ser en estudios epidemiológicos y para valorar
la eficacia terapéutica.

Las diferentes curvas flujométricas que se pueden dar en algunas
patologías urológicas pueden observarse en la Figura 7.
Con la utilización
de las pruebas indicadas hasta ahora se puede hacer el diagnóstico
de la patología prostática en Atención Primaria.
Debe saberse que existen otras exploraciones cuya utilización
generalmente no es necesaria y que resultan útiles en pacientes
con diagnóstico incierto o que requieran un tratamiento agresivo.
Estas pruebas son:
- Estudio presión-flujo.
- Urografía endovenosa.
- Endoscopia del tracto urinario inferior.
- Uretrografía retrógrada.
- Perfil uretral.
- Cistouretrografía miccional.
- Electromiograma del esfínter urinario externo.
- Cistometría de llenado.
Estas exploraciones se solicitarán en situaciones de obstrucción
no filiada, sospecha de estenosis de uretra, vejiga neurógena,
hematuria, vejiga hiperactiva, litiasis renal etc.
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