Hiperplasia
benigna de próstata: manejo y abordaje por el médico de A.P.
Anatomía
de la próstata
El modelo anatómico
que actualmente se acepta es el propugnado por Mcneald, que distingue
cuatro zonas en la glándula prostática (Figura 3).
- La próstata anterior, de naturaleza fibromuscular, no contiene
glándulas y no participa de la patología de la próstata.
- La próstata periférica tiene un origen endodérmico,
forma el 70 por ciento de la glándula prostática y es
una zona con un gran componente glandular y poco estromal. Sus glándulas
drenan por debajo del utrículo prostático y los conductos
eyaculadores, y suele ser la zona más afectada por el adenocarcinoma
de próstata (70-80 por ciento).
- La próstata central representa el 25 por ciento de la glándula,
y resulta afectada por un 10 por ciento de los adenocarcinomas.
- La próstata transicional y periuretral tienen un origen mesodérmico,
representan el 5 por ciento de la glándula, se sitúan
rodeando a la uretra prostática y es la zona de mayor afectación
por la HBP. Se ha observado que pequeños aumentos de tamaño
prostático a expensas de la zona de transición, generan
una mayor cantidad de sintomatología obstructiva. En la HBP,
inicialmente se observa un pequeño nódulo de naturaleza
estromal, más pequeño en la zona periuretral que en la
de transición, al que, posteriormente, se le añade tejido
glandular en la zona de transición.
Mediante morfometría, Bartsh y colaboradores clasifican la próstata
(Figura 4) según su componente tisular en:

- Epitelio
- Estroma
- Luz glandular
En la HBP se observa un aumento de estroma, aunque existen diferencias
morfológicas de un individuo a otro.
La próstata presenta inervación por nervios con acetilcolina
y noradrenalina, observándose cuando existe obstrucción
una disminución de la acetilcolinesterasa.
A medida que progresa la HBP y van creciendo los nódulos, se
desplaza el tejido prostático normal, que queda reducido a una
fina lamina. Este fenómeno se realiza en dos fases: primero se
produce un aumento en el número de nódulos, al comienzo
de naturaleza estromal y después glandular (a partir de los 40
años) y, posteriormente, se produce un gran crecimiento de estos
nódulos (a partir de los 60 años).
La presencia de la obstrucción debida al crecimiento de la zona
de transición genera paulatinamente una serie de alteraciones,
funcionales y anatómicas a nivel vesical, que si evolucionan
producirán las siguientes fases (Figura 5):

- 1ª Fase: obstrucción compensada o de vejiga de lucha.
La vejiga, para compensar la obstrucción, aumenta su fuerza de
contracción. Normalmente esta fuerza suele ser de 20-40 cm de
H2O, pudiendo llegar en esta fase hasta los 80 cm de H2O. Se produce
una hiperplasia del detrusor.
- 2ª Fase: retención crónica. En esta fase sigue
aumentando la hiperplasia del detrusor, no siendo ésta suficiente
para superar la obstrucción. Aparecen celdas y divertículos
vesicales, "orina residual", y no se vacía correctamente
la vejiga.
- 3ª Fase: distensión vesical. Aparecen cambios isquémicos
y fibrosis en el detrusor, sustituyéndose el músculo por
fibras de colágeno. En esta fase pueden aparecer incontinencia
por rebosamiento y alteraciones en el tracto urinario superior. Esta
ultima fase cada vez es más infrecuente, requiriendo un control
quirúrgico y del urólogo.
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