Hiperplasia
benigna de próstata: manejo y abordaje por el médico de A.P.
Enfoque
terapéutico
La decisión
terapéutica en la HBP vendrá condicionada por las expectativas
del paciente, la sintomatología, la calidad de vida, las complicaciones
y la patología asociada. Igualmente, debe valorarse la eficacia
del tratamiento a largo plazo, la morbi-mortalidad asociada al tratamiento,
la decisión y preferencia del paciente y la relación coste-efectividad.

Existen tres opciones terapéuticas (Tabla XI): la vigilancia
expectante, el tratamiento médico y el tratamiento quirúrgico.
Conducta
y vigilancia expectante
Muchos pacientes pueden beneficiarse de la vigilancia expectante, que
no es sinónimo de no hacer nada. Esta actitud implica monitorizar
y controlar la evolución de la enfermedad sin utilizar un tratamiento
activo, evaluando periódicamente al paciente mediante la valoración
de los síntomas, el examen físico y de laboratorio (sedimento
y función renal) y, si fuera necesario, ecografía reno-vésico-prostática
para valorar el residuo y tamaño prostático. Si hubiera
disponibilidad, debería realizarse también una flujometria.
La evolución de la HBP se ha visto que es ondulante, con fases
de pequeñas remisiones o de estabilización. La conducta
expectante es una opción válida en aquellos pacientes
en los que la sintomatología es tolerada porque representa tan
sólo una ligera molestia.
Dentro de esta opción terapéutica se incluirían
los pacientes con una sintomatología leve (0 a 7) o moderada
(8 a 19) que mantengan una aceptable calidad de vida.
En estos pacientes es útil indicar las recomendaciones higiénico-dietéticas,
que pueden observarse en la Tabla XII.

Tratamiento médico
Existen básicamente tres grupos de fármacos, la fitoterapia,
la terapia hormonal y los agentes alfa bloqueantes. Es posible, igualmente,
la terapia combinada.
- Fitoterapia. Es un grupo de fármacos en los que no se conoce
bien su mecanismo de acción. Son extractos vegetales purificados,
compuestos por fitoesteroles y citoesteroles, cuyo mecanismo de acción
se sugiere que puede ser:
* Efecto antiinflamatorio por inhibición de las prostaglandinas.
* Acción antiandrogénica disminuyendo la DHT.
* Efecto antiestrogénico.
* Acción sobre el metabolismo del colesterol.
* Disminución de las proteínas transportadoras de la testosterona.
* Inhibición de los factores de crecimiento prostático
BFGB y EGF.
Las sustancias más utilizadas son la Serenoa repens, con probable
efecto inhibidor de la enzima 5 alfa reductasa, Pygeum africanum, con
acción inhibitoria de los fibroblastos, y Sabal serralata, que
disminuye la congestión glandular y periglándular, reduciendo
el edema en el estroma prostático.
Algunos autores sugieren que la evidencia a favor de estos fármacos
es muy escasa, al ser su efecto ligeramente superior al placebo, con
leves mejorías sintomáticas y de flujo. Otros, en cambio,
propugnan su uso por sus escasos efectos secundarios, similares a los
del placebo.
Posiblemente, el fármaco fitoterapico que está más
justificado es la Serenoa repens. Un reciente metaanálisis sugiere
que es más efectivo que el placebo, igualando su efectividad
a Finasteride y presentando menos efectos secundarios que éste
en la esfera sexual.
Tratamiento
hormonal
La próstata para su desarrollo presenta una dependencia androgénica,
siendo el andrógeno fundamental de la próstata la DHT.
Con la edad, los niveles de DHT se mantienen constantes mientras que
la testosterona plasmática disminuye. A diferencia de otros órganos
andrógeno-dependientes, los receptores androgénicos prostáticos
no disminuyen a partir de la pubertad, manteniéndose el estímulo
para su crecimiento.
La regulación de la producción de andrógenos se
realiza por el eje hipotálamo-hipofisiario. El hipotálamo
secreta el factor regulador liberador de las gonodotrofinas (LH-RH),
que actúa sobre la hipófisis, estimulando la producción
de la hormona luteinizante (LH) y folículo estimulante (FSH).
La FSH estimula las células de Leydig testiculares aumentando
la producción de testosterona, la cual a nivel prostático
se transforma en DHT.
El mantenimiento de la libido en el varón requiere unos valores
mínimos de testosterona a nivel del Sistema Nervioso Central.
La disminución de la DHT no interviene aparentemente en la libido,
dato que debe considerarse antes de indicar un tratamiento para la HBP.
Los fármacos utilizados en hormonoterapia actúan sobre
estos mecanismos existiendo diferentes tipos:
* Inhibidores de la aromatasa. Tienen un efecto antiestrogénico
(los estrógenos mediante la aromatización de la testosterona
aumentan su cantidad estimulando a nivel prostático los receptores
androgénicos). Se han usado sustancias como la testolactona,
con pocos beneficios. Son fármacos en fase de experimentación
* Progestágenos. Actúan sobre la LH-RH, disminuyendo su
secreción e inhibiendo los andrógenos y su acción
en la próstata. Se han usado el acetato de ciproterona y el acetato
de megestrol. Su uso no está justificado, al presentar mútiples
efectos secundarios (impotencia, disminución de la libido, ginecomastia,
etc.).
* Agonistas LH-RH. Son decapéptidos con una estructura molecular
semejante a la LH-RH, compitiendo con ésta por los receptores
hipofísarios, y consiguiendo una disminución de la secreción
de gonodotrofinas e indirectamente de la testosterona. Consigue su efecto
sobre la HBP a las 6 semanas alcanzando su meseta entre los 3 y 6 meses,
efecto que es reversible al interrumpir el tratamiento. Presentan muchos
efectos secundarios (disminución de la libido, impotencia, sofocos,
atrofia testicular y osteoporosis).
Las sustancias más usadas son la buserelina, goserelina, leuprolide,
naferelina y triptorelina.
Producen un efecto parecido a la castración, disminuyendo el
tamaño de la próstata entre un 25-30 por ciento. Su uso
no esta indicado en todo enfermo de HBP, reservándose para pacientes
mayores con próstatas grandes y retención de orina, en
los que el tratamiento quirúrgico represente un riesgo elevado.
Son fármacos de un alto coste económico, requieren la
vía parenteral de por vida y pierden su efecto a los 6 meses
de no ser utilizados.
Los agonistas de la LH-RH no son fármacos de uso en Atención
Primaria.
* Antiandrógenos. Inhiben de forma competitiva la testosterona
y DHT en los receptores celulares androgénicos de la próstata.
No disminuyen los niveles de testosterona plasmática ni la potencia
sexual al no tener actividad antigonodotrófica ni progestacional.
Con su empleo en el tratamiento de la HBP se consigue un 60 por ciento
de mejoría sintomática.
Como efectos secundarios puede presentar ginecomastia, mastodinia y,
con menor frecuencia, galactorrea, sofocos y hepatotoxicidad, efectos
que en muchas ocasiones obligan a no continuar con el tratamiento. Disminuyen
los niveles de PSA.
El fármaco más utilizado es la flutamida. Otros son la
biculatamida, nilutamida y zanoterona. No son fármacos de primera
elección en el tratamiento de la HBP.
Los antiandrogénicos están indicados en pacientes mayores,
portadores de sonda con retención de orina y en los que la cirugía
esté contraindicada. Con el uso de flutamida se ha conseguido
retirar la sonda en muchos pacientes.
* Inhibidores de la 5 alfa reductasa. La testosterona dentro de la próstata
se transforma en DHT por acción de la enzima 5 alfa reductasa,
de la que existen dos tipos, 1 y 2. En tejido extraprostático
(hígado, piel) se encuentran los dos tipos, pero en la próstata
sólo el tipo 2, que es una pieza fundamental para el desarrollo
de la próstata.
El fármaco que actúa a este nivel inhibiendo la acción
de la enzima 5 alfa reductasa es el finasteride, que suprime los niveles
de DHT en un 80-90 por ciento. Este fármaco preserva los niveles
plasmáticos de testosterona, causando menos efectos secundarios.
La probabilidad de mejoría sintomática con el empleo de
Finasteride es del 54-78 por ciento y su eficacia a dosis de 5 mg diarios
se alcanza a los 6 meses, produciendo una reducción del volumen
de la próstata del 20-30 por ciento, con una mejora del flujo
de 2 ml/sg y de 2-3 puntos en la valoración de la sintomatología
por IPSS. Sus efectos secundarios son escasos (disfunción eréctil
3,7 por ciento, disminución de la libido 3,3 por ciento, disminución
de la eyaculación 2,8 por ciento). El finasteride reduce los
niveles de PSA al 50 por ciento, dato a tener presente al valorar los
niveles de PSA (multiplicarlo por 2).
El finasteride es un fármaco más efectivo en pacientes
con próstata mayor de 40 cc (1/3 de pacientes afectos de HBP)
y su efecto es reversible al de-
jar de tomar el fármaco. Un estudio realizado por McConnell en
1998, observó que los pacientes con próstatas grandes
tratados con finasteride presentaban menos riesgo de retención
urinaria y de tratamiento quirúrgico.
El finasteride es un fármaco que ha demostrado una seguridad
y eficacia aceptables en ensayos clínicos aleatorios y correctamente
realizados. Es un fármaco utilizable en Atención Primaria
por sus mínimos efectos indeseables y su fácil posología.
Alfa
bloqueantes

Los alfa bloqueantes son un grupo farmacológico que en su origen
fueron usados para tratar la hipertensión arterial por su efecto
vasodilatador. Posteriormente se observó su acción beneficiosa
sobre la sintomatología prostática al actuar sobre los
receptores alfa 1 adrenérgicos (Tabla XIII).
La próstata presenta una doble inervación, colinérgica
(parasimpático) y adrenérgica (simpático). La colinégica
actúa sobre la actividad secretora de la glándula, no
interviniendo en la HBP. La adrenérgica actúa sobre la
musculatura lisa del estroma de la próstata.
Los receptores alfa 1 se encuentran a nivel de vejiga, cuello vesical
y próstata. En la vejiga el subtipo alfa 1 es el alfa 1D, en
el cuello vesical existen el alfa 1D y alfa 1A, y en la próstata
el subtipo alfa 1 es más frecuente es el alfa 1A.
En la HBP existe un aumento de la relación estroma-epitelio glandular
que en condiciones normales es de 2 a 1, pero en la HBP es de 5 a 1,
aumentando la musculatura lisa hasta representar el 40 por ciento de
la glándula (componente dinámico de la obstrucción).
Los alfa-bloqueantes actúan sobre el componente dinámico
de la obstrucción, relajando la musculatura lisa del cuello vesical
y de la próstata, reduciendo la resistencia uretral y mejorando
el vaciado vesical y la sintomatología. Su efecto terapéutico
aparece a las 3-4 semanas de iniciado el tratamiento.
Al principio, se usaron en el tratamiento de la HBP fármacos
inhibidores alfa-adrenérgicos no selectivos, que actuaban sobre
receptores alfa 1 y alfa 2 (fenoxibenzamina), pero se dejaron de usar
en la HBP al generar muchos efectos secundarios (hipotensión
ortostatica, taquicardias, sincopes, congestión nasal y arritmias).
Posteriormente, aparecieron fármacos inhibidores selectivos de
los receptores alfa 1 de vida media corta (alfuzosina, prazosin, nicergolina),
que se deben dosificar en dos tomas diarias.
Más adelante aparecieron los inhibidores alfa 1 selectivos de
vida media larga (terazosina, doxazosina), que requieren una sola toma
diaria.
Todos los inhibidores alfa 1 selectivos indicados necesitan instaurar
progresivamente las dosis para evitar la hipotensión ortostatica
y el síncope.
El fármaco más estudiado es la terazosina, que presenta
una respuesta sintomática del 40-86 por ciento y una mejora en
el flujo de 3 ml/sg. Es una opción de tratamiento en pacientes
hipertensos al actuar también como el resto de inhibidores alfa
1 selectivos en el receptor alfa 1B de las arterias. Se aconseja iniciar
la dosis de 1 ó 2 mg hasta alcanzar la dosis terapéutica
de 5-10 mg, preferentemente tomado por las noches. Sus efectos adversos
aparecen en el 4-9 por ciento de los pacientes y son en orden decreciente
los mareos, el cansancio, la hipotensión ortostatica, somnolencia,
rinitis, y la disfunción eréctil.
La doxazosina presenta poca variación con la terazosina, utilizándose
también como antihipertensivo con beneficios sobre el perfil
lipídico de los pacientes al igual que el resto de inhibidores
alfa 1. La dosis efectiva es de 2 a 4 mg, pudiendo llegar hasta 8 mg
diarios. Es un fármaco que posiblemente presente menos efectos
secundarios.
Últimamente, se dispone de otra opción terapéutica.
Se trata de la tamsulosina, un inhibidor alfa 1 adrenérgico selectivo
de los receptores alfa 1A que no presenta ningún efecto sobre
la tensión arterial. Este fármaco causa menos mareos e
hipotensión, pero son más frecuentes los trastornos de
la eyaculación (eyaculación retrograda). La dosis habitual
es de 0,4 mg, no necesita dosificarse paulatinamente y el paciente debe
tomarla por la mañana después del desayuno. Puede aumentarse
hasta 0,8 mg diarios.
Varios ensayos aleatorizados, doble ciego, compararon individualmente
terazosina, doxazosina y tamsulosina con placebo, y han podido demostrar
la eficacia y seguridad de estos fármacos.
Los inhibidores alfa adrenérgicos son una opción interesante
en el tratamiento de pacientes con HBP que no hayan desarrollado complicaciones
y en los que su uso no esté contraindicado.
Terapia
combinada
Algunos autores propugnan la posibilidad de asociar diferentes fármacos
para tratar la HBP, actuando sobre sus diferentes causas. En 1996, Lepor
y colaboradores realizaron un estudio doble ciego con 1.200 pacientes
aleatorizados en cuatro grupos controlados con placebo, en el que compararon
finasteride sola, terazosina sola y la asociación de finasteride
y terazosina. En este estudio, denominado "Veterans Administration
Cooperative Trial", en el que el tamaño medio de las próstatas
fue de 32 cc y aparecieron respuestas significativas en las glándulas
mayores de 40 cc, los resultados evidenciaron una mejoría sintomática
y de los niveles de flujo sólo en los grupos de terazosina. Anteriormente,
se había intentado tratar a los pacientes con Flutamida asociada
a Terazosina, pero esta asociación no resultó efectiva
al presentar los pacientes muchos efectos secundarios a la Flutamida.
En la actualidad se están realizando otros estudios con diferentes
asociaciones de alfa-bloqueante y tratamientos hormonales (doxazosina
y finasteride), de los que se esperan con inquietud sus resultados.
Tratamiento
quirúrgico
El tratamiento quirúrgico es el que ofrece una mejor respuesta
para los síntomas, pero también el que mayor riesgo de
complicaciones presenta. Está indicado en pacientes con síntomas
severos y mala calidad de vida, con síntomas moderados en los
que no es efectivo el tratamiento farmacológico y en los presentan
alguna de estas complicaciones:
- Infección urinaria recurrente secundaria a la HBP.
- Hematuria recurrente.
- Litiasis vesical.
- Retención urinaria refractaria.
- Insuficiencia renal provocada por la HBP.
- Gran divertículo o divertículos vesicales.
La evaluación y el tipo de tratamiento quirúrgico debe
ser consensuado con el urólogo. Existen dos posibilidades de
terapia quirúrgica:
Terapia
quirúrgica convencional
* RTUP (Resección transuretral). Es la intervención quirúrgica
que más se realiza (38 por ciento de todas las intervenciones
urológicas) y junto a la vigilancia expectante es el tratamiento
de la HBP de mayor rentabilidad. Está considerada la piedra angular
en el tratamiento de la HBP, y su técnica consiste en escindir
mediante resestoscopio el tejido prostático hasta la cápsula
(a mayor cantidad escindida menor obstrucción y sintomatología,
según la habilidad del cirujano). Es más efectiva en la
sintomatología severa, mejorando los síntomas en el 91
por ciento de los pacientes y aumentando el flujo máximo en 8
ml/sg. Está indicada en pacientes obstruidos con próstatas
de 30 a 60 gramos.
Es una técnica que, aunque aporta beneficios, no está
exenta de complicaciones. Su mortalidad es del 1,7 por ciento a los
90 días, y puede ocasionar eyaculación retrógrada
en el 70-90 por ciento, disfunción eréctil en el 5 por
ciento e incontinencia en menos del 1 por ciento. Otra de las complicaciones
no infrecuentes de la RTUP es el denominado síndrome TUR, que
suele aparecer en resecciones largas de más de 90 minutos y está
originado por la absorción por vía vesical de la solución
hipotónica de irrigación, produciendo náuseas,
vómitos, confusión, hipertensión, bradicardia y
alteraciones visuales.
* Incisión transuretral de la próstata (ITUP). Está
indicada en próstatas más pequeñas con síntomas
moderados-severos y crecimiento de la comisura vesical. Esta técnica
consiste en realizar por vía endoscópica una serie de
incisiones en la comisura vesical hasta el veru montanum y presenta
menos complicaciones que la RTUP, observándose la eyaculación
retrógrada en el 25 por ciento.
* Prostatectomia abierta. Es una técnica que se utiliza en próstatas
grandes de 80 o más gramos y complicadas (divertículos,
litiasis, etc.). Generalmente, se usa la vía suprapúbica
simple y presenta unas tasas de mejora ligeramente superiores a las
de la RTUP, así como una morbi-mortalidad similar, aunque suele
originar más complicaciones inmediatas (infecciones, hemorragias).
Terapias
mínimamente invasivas
Son técnicas menos efectivas, algunas en fase de investigación
y otras con poca experiencia, que aportan resultados contradictorios
y desiguales. Estarían indicadas en pacientes con riesgo quirúrgico
y poco beneficio del tratamiento farmacológico. El fin de estos
procedimientos es reducir el volumen de la zona de transición
mediante:
* Prótesis intraprostáticas (temporales o permanentes).
* Ablación con láser.
* Ablación mediante radiofrecuencia (TUNA).
* Termoterapia con microondas (TUMT).
* Hipertermia transrectal y transuretral.
* Electrovaporización. Es una técnica que usa energía
eléctrica de alta intensidad y aparentemente presenta algunas
ventajas, ya que disminuye el sangrado y mejora la sintomatología.
En la actualidad se está a la espera de ver como evoluciona y
de la aparición de efectos secundarios y complicaciones a largo
plazo. Algunos autores consideran esta técnica como la sustituta
a la RTUP.
Para finalizar, debe saberse que los únicos tratamientos quirúrgicos
que han demostrado su efectividad en ensayos randomizados son la RTUP
y la prostatectomia abierta simple.
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