Hiperplasia benigna de próstata: manejo y abordaje por el médico de A.P.
Introducción
La próstata
es una glándula accesoria sexual masculina impar, que junto a
las glándulas periuretrales y las vesículas seminales
participa en la producción del líquido seminal.
Se encuentra situada en la zona central pélvica. En el varón
adulto entre los 20 a 40 años su tamaño es de unos 20
grs., como el de una castaña. A partir de los 40 años
puede presentar un mayor o menor crecimiento, que puede generar la sintomatología
que se conoce como Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP), síndrome
prostático o prostatismo, términos que algunos autores
prefieren denominar Síntomas del Tracto Urinario Inferior (STUI).
La denominación de HBP, es de carácter histológico
(indica crecimiento glandular), no siempre acompañada de clínica,
ni disminución del flujo urinario, de aquí que pueda existir
prostatismo sin crecimiento de próstata y crecimiento de próstata
sin prostatismo. Lo correcto sería utilizar el término
HBP ante la presencia de crecimiento glandular, obstrucción y
sintomatología específica. Probablemente, los términos
prostatismo o síndrome prostático serían las denominaciones
más correctas, antes de que podamos evidenciar la presencia de
los tres factores necesarios para la HBP, o tal vez la denominación
de STUI, porque no siempre la sintomatología se debe a problemas
originados en la glándula prostática, dado que patologías
que afectan a los órganos vecinos pueden generar una sintomatología
fácilmente confundible con la de la glándula prostática.
La utilización de una correcta anamnesis y una metódica
exploratoria, junto a la solicitud de pruebas complementarias adecuadas
permiten que pueda ser diagnosticada la patología prostática
por el médico de familia en un 90 por ciento de las situaciones,
remitiéndose al urólogo a aquellos pacientes con situaciones
clínicas o diagnósticos inciertos que requieran exploraciones
que no están al alcance del médico de familia. Igualmente,
se derivarán al urólogo aquellos pacientes que necesitan
un tratamiento quirúrgico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su reunión
de Paris de 1997, abogó por un mayor conocimiento de la patología
prostática, más concretamente de la HBP, recomendando
la realización de estudios epidemiológicos que permitan
conocer la historia natural del prostatismo. La Medicina de familia,
posiblemente, puede desempeñar un papel de primer orden en esta
labor, al conocer al paciente en una fase subclínica y en las
fases iniciales de la enfermedad.
Habitualmente, hasta hace unos años, la mejor opción terapéutica
en la HBP era la quirúrgica, representando la prostatectomía
transuretral (RTUP) el paradigma del tratamiento. Con la llegada de
nuevos tratamientos farmacológicos, más allá de
los llevados a cabo con fármacos fitoterápicos, se abren
unas expectativas a la población en general y a los médicos
de familia que acercan la patología prostática y su terapéutica
a los centros de salud.
Todos estos avances en el tratamiento han originado un aumento de la
demanda de la población de una mejor salud, lo que unido a los
cambios sociales y al incremento de la esperanza de vida de la población
española ha generado un crecimiento del gasto sanitario y del
número de pacientes que solicitan consejos sobre los STUI. Así,
en España, en el año 1995, el tratamiento médico
de la HBP supuso un gasto de 34,04 millones de Euros (5.663 millones
de pesetas).
Por todo lo antedicho, resulta de especial importancia que desde la
Atención Primaria se consideren unos mínimos criterios
diagnósticos para poder decidir cuál es el tratamiento
más apropiado, a partir de las diferentes posibilidades terapéuticas
y las expectativas del paciente, y se establezca una política
de vigilancia y decisión compartida entre la Medicina de familia
y la Urología, que permita una racionalización de los
costes que genera esta patología.
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