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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

Hiperplasia benigna de próstata: manejo y abordaje por el médico de A.P.

Introducción

La próstata es una glándula accesoria sexual masculina impar, que junto a las glándulas periuretrales y las vesículas seminales participa en la producción del líquido seminal.

Se encuentra situada en la zona central pélvica. En el varón adulto entre los 20 a 40 años su tamaño es de unos 20 grs., como el de una castaña. A partir de los 40 años puede presentar un mayor o menor crecimiento, que puede generar la sintomatología que se conoce como Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP), síndrome prostático o prostatismo, términos que algunos autores prefieren denominar Síntomas del Tracto Urinario Inferior (STUI).

La denominación de HBP, es de carácter histológico (indica crecimiento glandular), no siempre acompañada de clínica, ni disminución del flujo urinario, de aquí que pueda existir prostatismo sin crecimiento de próstata y crecimiento de próstata sin prostatismo. Lo correcto sería utilizar el término HBP ante la presencia de crecimiento glandular, obstrucción y sintomatología específica. Probablemente, los términos prostatismo o síndrome prostático serían las denominaciones más correctas, antes de que podamos evidenciar la presencia de los tres factores necesarios para la HBP, o tal vez la denominación de STUI, porque no siempre la sintomatología se debe a problemas originados en la glándula prostática, dado que patologías que afectan a los órganos vecinos pueden generar una sintomatología fácilmente confundible con la de la glándula prostática.

La utilización de una correcta anamnesis y una metódica exploratoria, junto a la solicitud de pruebas complementarias adecuadas permiten que pueda ser diagnosticada la patología prostática por el médico de familia en un 90 por ciento de las situaciones, remitiéndose al urólogo a aquellos pacientes con situaciones clínicas o diagnósticos inciertos que requieran exploraciones que no están al alcance del médico de familia. Igualmente, se derivarán al urólogo aquellos pacientes que necesitan un tratamiento quirúrgico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su reunión de Paris de 1997, abogó por un mayor conocimiento de la patología prostática, más concretamente de la HBP, recomendando la realización de estudios epidemiológicos que permitan conocer la historia natural del prostatismo. La Medicina de familia, posiblemente, puede desempeñar un papel de primer orden en esta labor, al conocer al paciente en una fase subclínica y en las fases iniciales de la enfermedad.

Habitualmente, hasta hace unos años, la mejor opción terapéutica en la HBP era la quirúrgica, representando la prostatectomía transuretral (RTUP) el paradigma del tratamiento. Con la llegada de nuevos tratamientos farmacológicos, más allá de los llevados a cabo con fármacos fitoterápicos, se abren unas expectativas a la población en general y a los médicos de familia que acercan la patología prostática y su terapéutica a los centros de salud.

Todos estos avances en el tratamiento han originado un aumento de la demanda de la población de una mejor salud, lo que unido a los cambios sociales y al incremento de la esperanza de vida de la población española ha generado un crecimiento del gasto sanitario y del número de pacientes que solicitan consejos sobre los STUI. Así, en España, en el año 1995, el tratamiento médico de la HBP supuso un gasto de 34,04 millones de Euros (5.663 millones de pesetas).
Por todo lo antedicho, resulta de especial importancia que desde la Atención Primaria se consideren unos mínimos criterios diagnósticos para poder decidir cuál es el tratamiento más apropiado, a partir de las diferentes posibilidades terapéuticas y las expectativas del paciente, y se establezca una política de vigilancia y decisión compartida entre la Medicina de familia y la Urología, que permita una racionalización de los costes que genera esta patología.






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