La infección VIH
Población
infectada por el VIH
El papel del médico
de familia en la población seropositiva para el VIH, tiene una
serie de consideraciones preventivas y de manejo terapéutico
que lo hacen diferente al del apartado anterior. Sabemos que se trata
de un individuo que está infectado por el VIH, pero en la mayoría
de los casos, desconocemos el momento en que se infectó y por
tanto, el momento de la historia natural de la infección VIH/sida
con el que nos encontramos. Como ya se ha comentado previamente, es
un hecho que un porcentaje importante de infecciones se diagnostican
tarde, cuando muchas de ellas ya cumplen criterios definitorios de caso
de sida. Hay que realizar los esfuerzos necesarios para conseguir realizar
un diagnóstico más precoz de la infección como
se ha explicado anteriormente.
Podemos diferenciar tres tipos de actuación, que se podrán
hacer extensibles al próximo nivel:
- Actuación preventiva.
- Valoración inicial del enfermo infectado.
- Plan terapéutico.
ACTUACIÓN
PREVENTIVA
Se trata de un individuo ya infectado, por lo que el riesgo de contagio
a terceros, si se mantienen prácticas de riesgo, es una certeza.
Por otro lado, el que el paciente esté infectado no quiere decir
que no se vaya a beneficiar de establecer medidas preventivas de reducción
de riesgo. Por ello, deberemos intentar alcanzar los siguientes objetivos:
- Ayudar a comunicar su condición de seropositivo a su familia
y contactos: hay que valorar junto con el paciente los riesgos reales
con su pareja y/o contactos, y ofrecerle ayuda para mediar en ello.
Ante cualquier situación de seropositividad, el apoyo de las
personas más cercanas, pareja, familiares y/o amigos, es esencial.
Por ello, hay que ayudarle y asesorarle al respecto. Reforzar, una vez
más, la confidencialidad durante el proceso. La rotura del secreto
profesional por considerar el riesgo a terceros de la infección
VIH, debe intentar evitarse por todos los medios posibles que estén
a nuestro alcance, y sólo, en casos verdaderamente excepcionales,
tras haber agotado todos nuestros recursos comunicacionales y tras un
profundo proceso de deliberación ética previo, podrá
ser considerada. Aunque la adopción de medidas preventivas de
disminución de riesgo debe ser un objetivo prioritario por parte
del paciente mientras se plantea el comunicar su condición a
su pareja, no debemos convertirlo en una "urgencia de ahora o nunca",
y amenazarle con romper el secreto de lo contrario, sino trabajarlo
conjuntamente, planteando, si es necesario, soluciones intermedias (pej.:
"recetar el preservativo por una candidiasis").
- Disminuir el riesgo de transmisión a terceros: cada vez que
una persona infectada realiza una práctica de riesgo puede haber
un contagio. Evitar mensajes culpabilizadores y meter miedo. Se trata
de conseguir un compromiso del propio paciente y ayudarle para tal fin,
con alternativas de reducción de riesgo viables y adecuadas al
propio paciente.
- Investigar entre los contactos posibles infectados: anteriores parejas
sexuales, personas con las que haya podido compartir material de inyección...
- Disminuir el riesgo de adquirir otras enfermedades o reinfectarse
por el VIH: con la tendencia a la cronificación de la infección
VIH, otras enfermedades concomitantes, están cobrando cada vez
un mayor protagonismo en la morbi-mortalidad de lo pacientes VIH+, como
por ejemplo la hepatitis C, B. etc. Por otro lado, aunque el riesgo
de re-infección por el VIH (aumento de carga viral, transmisión
de resistencias...) era más teórico que real, artículos
recientes han comunicado algún caso que confirma esta posibilidad.
- Favorecer los autocuidados y atender las demandas de salud: es importante
implicar al paciente en el cuidado de su propia salud, así como
atender sus demandas por cualquier otro motivo distinto al de su infección
por el VIH.
VALORACIÓN
INICIAL DEL PACIENTE INFECTADO POR EL VIH
Para valorar el momento de la infección en el que se encuentra
el paciente y establecer un plan diagnóstico-terapéutico
debemos hacer:
- Anamnesis completa por aparatos (Tabla VI): es preciso una detallada
historia clínica para investigar síntomas y signos consecuentes
de la propia infección por el VIH, de posibles infecciones y/o
neoplasias oportunistas y de otras enfermedades coadyuvantes.

- Exploración física completa (Tabla VII): junto con la
completa anamnesis y en espera de la situación inmunológica
del paciente, nos permitirá clasificar el estadio del mismo.

- Petición de pruebas complementarias (Tabla VIII): la necesidad
de saber el estado inmunológico del paciente infectado por el
VIH obliga a realizar una consulta/derivación al segundo nivel,
para realizar un estudio tanto de las subpoblaciones linfocitarias como
para cuantificar la carga viral (Tabla IX), cuyos resultados serán
determinantes para establecer el plan terapéutico adecuado. El
estudio conjunto de ambos nos permite.

1. Clasificar el estadio de la infección: en la Tabla X observamos
la clasificación de los estadios de la infección VIH según
el CDC de Atlanta de 1993 y en las Tablas XI y XII las enfermedades
relacionadas con el VIH y las diagnósticas de sida respectivamente.
2. Orientar el momento del inicio del tratamiento.
3. Predecir la progresión clínica de la infección.
4. Monitorizar la respuesta al tratamiento antiretroviral.

- Valoración psico-social (Tabla XIII): es una valoración
fundamental para todo el proceso, y casi seguro que requiera de una
intervención multidisciplinar: médico de familia, enfermera,
trabajadora social, psiquiatra y/o psicólogo. Ya se empiezan
a disponer de datos que confirman que un mayor apoyo social repercute
en una mejor calidad de vida para los enfermos infectados por el VIH.
PLAN
TERAPÉUTICO
Hay que considerar dos líneas terapéuticas bien definidas:
Profilaxis de
las enfermedades asociadas
Uno de los pilares fundamentales en el manejo del paciente infectado
por el VIH es la prevención de las infecciones, que incluye desde
medidas higiénico dietéticas, hasta vacunas y quimioprofilaxis
de infecciones oportunistas. Éste, junto con las estrategias
preventivas constituyen algunas de las piezas claves de la actuación
de los profesionales de Atención Primaria. Para ello se debe
verificar que:
- El paciente tenga administradas todas las dosis de las vacunas recomendadas
(Tabla XIV). Se deben evitar las vacunas con microorganismos vivos (BCG,
polio oral (tipo Sabin), tifoidea oral, varicela-zoster, fiebre amarilla).
Tan sólo se puede administrar la triple vírica y la de
la rabia cuando exista una situación de riesgo.
- El paciente y sus convivientes conozcan las medidas de higiene recomendadas
para evitar exponerse a infecciones oportunistas (Tabla XV).
- El paciente VIH + tenga pautada la quimioprofilaxis, ya sea primaria
o secundaria, a las infecciones oportunistas que corresponda según
su estado inmunitario. El papel del médico de familia es fundamental
en la instauración, supervisión y apoyo a la adherencia
de los tratamientos quimioprofilácitcos que se pauten. En la
Tabla XVI, vemos los más habituales.
Tratamiento de la infección VIH
Es a este respecto donde más avances y cambios se han realizado
en los últimos años, sobre todo desde la instauración
del tratamiento antiretroviral de alto grado de eficacia (TARGA). Su
influencia está siendo definitiva en la mejora de la morbimortalidad
de la infección VIH en los países desarrollados y en la
tendencia a considerarla como una enfermedad crónica. No obstante,
persisten muchas controversias al respecto que están teniendo
como resultados actitudes más conservadoras a la hora de manejar
los fármacos implicados, sus combinaciones y el momento del inicio
del tratamiento, debido a sus numerosos efectos secundarios, falta de
adherencia y a la aparición de resistencias (Tabla XVII). También
se está produciendo un cambio de posicionamiento respecto al
papel de los médicos de familia, ya que en un principio, parecía
evidente que los enfermos una vez eran diagnosticados se derivaban a
unidades hospitalarias donde se les incluía en uno u otro protocolo
de combinación de fármacos anti-retrovirales e inhibidores
de la proteasa (el lema era "golpear fuerte y lo antes posible")
perdiendo el médico de familia prácticamente todo el contacto
con el paciente. Sin embargo, ahora que los protocolos están
más estandarizados, cada vez son más los que incluso se
plantean, en un futuro más o menos próximo, la posibilidad
de un seguimiento del TARGA desde Atención Primaria, con el objetivo
de un mayor control de la adherencia y vigilancia de la aparición
de efectos secundarios e interacciones medicamentosas. Probablemente,
entre ambas, se debería situar el papel real del médico
de familia, colaborando en el apoyo al tratamiento antiretroviral (apoyo
a la adherencia, identificación de efectos secundarios, interacciones...)
y la realización de todas las actividades preventivas, de quimioprofilaxis,
etc., de forma coordinada y complementaria al segundo nivel, sin olvidar
la atención al resto de problemas de salud que pueda precisar.

¿Con qué
tratar?
En la Tabla XVIII se muestran los fármacos anti-retrovirales
disponibles en la actualidad, con sus efectos adversos principales e
interacciones medicamentosas. Tenemos 3 grandes grupos de fármacos
anti-retrovirales, el último de los cuales todavía se
encuentra en fase de investigación.
1. Inhibidores de la transcriptasa inversa:
a) Análogos de nucleósidos.
b) No análogos de nucleósidos.
c) Análogos de nucleotidos.
2. Inhibidores de la Proteasa.
3. Inhibidores de la Fusión.
¿Cuándo
comenzar el tratamiento?

Salvo en el caso de la primoinfección (difícil de detectar),
donde en casos muy sintomáticos y en el contexto de ensayos clínicos
puede estar indicado el tratamiento precoz, la tendencia actual es ser
bastante conservador y valorar no solo la CV, sino hacerlo conjuntamente
con la valoración clínica y la cuantificación de
linfocitos CD4. Existe bastante consenso en empezar el tratamiento cuando
exista riesgo de desarrollar infecciones oportunistas o en todo paciente
con infección sintomática. No obstante, como ya se ha
señalado repetidas veces, lo más frecuente es diagnosticar
al paciente durante la infección crónica por el VIH. Los
últimos estudios, parecen indicar que existe una zona inmunológica
de riesgo creciente entre cifras de CD4 de 350-200 ml., por lo que se
considera este intervalo como el momento clave para comenzar el tratamiento.
Otros factores a valorar son la caída brusca de las cifras de
CD4 (factor de riesgo predictor), la evolución de la CV y la
predisposición del paciente, quien como es obvio, debería
tener siempre la última palabra (Tabla XIX).
Elección
de terapia combinada
Desde el inicio del TARGA se han buscado las terapias más potentes,
con la intención de mantener los CD4 estables y las cifras de
CV lo más bajas posible. Tras la experiencia acumulada, hoy día
parece ser más adecuado comenzar con terapias triples que aunque
no tan potentes, permitan realizar el mayor número de rescates
secuenciales para garantizar un tratamiento eficaz durante el mayor
tiempo posible. Estos "rescates" vendrán precedidos
de caídas en las cifras de CD4 y de la CV. Comenzar con 3 fármacos
en vez de 4 o incluso más, también viene marcado por la
necesidad de lograr la mayor adherencia posible al TARGA. La elección
de éste, habrá de hacerse de forma individualizada. En
la Tabla XX vemos las combinaciones más frecuentes.
¿Cuándo
cambiar de antiretrovirales?
La respuesta inicial al TARGA es un buen indicador pronóstico
a largo plazo. El conseguir una CV< 50 copias/ml (CV indetectable)
implica una respuesta mantenida superior a cuando la CV es > 400
copias/ml. Cuando se detecta el fracaso de una pauta terapéutica,
es decir, caída de los CD4, aumento de la CV y/o empeoramiento
clínico, antes de sospechar que se trata de la aparición
de resistencias y por consiguiente cambiar de pauta, hay que valorar
otras posibles causas como el mal cumplimiento terapéutico (falta
de adherencia), una absorción de los fármacos deficiente,
la presencia de interacciones farmacocinéticas o una inadecuada
combinación antiviral. La capacidad de recuperar la supresión
de la CV con una nueva combinación terapéutica, tras el
fracaso de una previa se denomina "rescate". El TARGA requiere
un alto grado de adherencia para ser realmente eficaz, como se puede
apreciar en la Tabla XXI. En la Tabla XXII se presentan algunas estrategias
para mejorar la adherencia.
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