La infección VIH
Población
general e infección VIH
Las tareas del médico
de familia y demás profesionales que trabajan con él,
irán dirigidas a investigar sobre las posibles prácticas
de riesgo con respecto al VIH y a asesorar e informar sobre esta infección
tanto a demanda de la población, como de forma activa en el contexto
de la educación para la salud, ya sea individual como grupal
(Tabla II). El objetivo final de este nivel de atención es disminuir
la incidencia de nuevas infecciones por el VIH, es decir, prevenir la
infección por el VIH fomentando hábitos de vida saludables,
adecuados a cada persona, sin olvidar acciones comunitarias sobre el
ambiente sociocultural.
Para esto, además de los conocimientos científicos sobre
la infección VIH, es necesario trabajar las habilidades de comunicación
precisas para, en el contexto de la historia clínica, realizar
una correcta investigación sobre el consumo de sustancias y de
la historia sexual. Existe una serie de aspectos generales a trabajar
como:

- Asegurar siempre la confidencialidad y respetar la autonomía
de la persona.
- Trabajar a priori la empatía, crear un clima agradable y dejar
la posibilidad abierta de poder no contestar en ese momento si al paciente
no le parece adecuado. Frases como "... vamos a hablar de aspectos
que son importantes, pero íntimos; si te sientes incomodo o no
te apetece hablar de ello ahora..." ayudan mucho y son claros elementos
facilitadores. No obstante, de darse esta situación, dejar siempre
"una puerta abierta", es decir, dar la posibilidad de retomar
el tema cuando le pueda parecer oportuno.
- Trabajar nuestros "prejuicios" (todo el mundo tenemos prejuicios),
de forma que no transmitamos con nuestra expresión no verbal
ni verbal, juicios o ideas que condicionen la comunicación con
el paciente.
- No pretender averiguar todo en un día ("someter a un tercer
grado"). Hay que aprovechar que en Atención Primaria tenemos
la posibilidad de trabajar desde una perspectiva longitudinal, a diferencia
del nivel hospitalario, y que previamente, nos tenemos que ganar la
confianza de la persona, más aún cuando nos referimos
a aspectos tan íntimos de su biografía.
- Conviene utilizar preguntas abiertas, que no incluyan la posible respuesta.
Pej.: ¿Has tenido alguna vez relaciones sexuales? y no: ¿...
no tienes relaciones homosexuales?
- Huir de tecnicismos y comprobar que se ha entendido lo que hemos preguntado.
Pej.: es probable que un adolescente no entienda lo mismo por "tener
una relación" que un adulto.
Es importante tener claro cuál es la información que nos
interesa averiguar desde el punto de vista de las prácticas de
riesgo del VIH, antes de perdernos en un número excesivo de preguntas
que puedan hacernos parecer impertinentes frente al paciente. Así,
en el contexto de la historia sexual, el riesgo de infección
por el VIH vendrá condicionado por la práctica de relaciones
con penetración sin protección (sin preservativo), teniendo
en cuenta además, que la presencia de cualquier otra enfermedad
de transmisión sexual aumenta muchísimo el riesgo de infección
VIH. Por otro lado, en el contexto del uso de drogas el riesgo vendrá
determinado por la existencia de un antecedente, reciente o no, de haber
compartido jeringuillas (u otro material de inyección con restos
de sangre) al consumir drogas por vía parenteral.

En la Tabla III se exponen las prácticas sexuales en relación
con su mayor o menor riesgo para transmitir el VIH.
Por último, antes de dar ninguna información sobre lo
que es la infección VIH, cómo se transmite y cómo
no, qué es el sida, etc., es necesario explorar los conocimientos
qué esa persona o grupo de personas tengan. A este respecto,
hay recalcar que la convivencia, los besos (con o sin lengua), el pincharse
con una jeringuilla abandonada a la intemperie, etc., no entrañan
riesgo alguno de contagio para el VIH (aunque si puedan tenerlo para
otras, VHC, VHB, tétanos...). Los mensajes deben ser precisos,
claros y asertivos. Sin embargo, otras prácticas como el tatuaje
(si no es con material estéril), el compartir objetos de aseo
cortantes (cortaúñas, maquinillas de afeitar...), aunque
puedan tener un cierto riesgo de contagio del VIH, lo que sí
tienen es un riesgo de contagio mayor para otras enfermedades como la
hepatitis C y/o B.
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