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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

La infección VIH

Población general e infección VIH

Las tareas del médico de familia y demás profesionales que trabajan con él, irán dirigidas a investigar sobre las posibles prácticas de riesgo con respecto al VIH y a asesorar e informar sobre esta infección tanto a demanda de la población, como de forma activa en el contexto de la educación para la salud, ya sea individual como grupal (Tabla II). El objetivo final de este nivel de atención es disminuir la incidencia de nuevas infecciones por el VIH, es decir, prevenir la infección por el VIH fomentando hábitos de vida saludables, adecuados a cada persona, sin olvidar acciones comunitarias sobre el ambiente sociocultural.
Para esto, además de los conocimientos científicos sobre la infección VIH, es necesario trabajar las habilidades de comunicación precisas para, en el contexto de la historia clínica, realizar una correcta investigación sobre el consumo de sustancias y de la historia sexual. Existe una serie de aspectos generales a trabajar como:



- Asegurar siempre la confidencialidad y respetar la autonomía de la persona.

- Trabajar a priori la empatía, crear un clima agradable y dejar la posibilidad abierta de poder no contestar en ese momento si al paciente no le parece adecuado. Frases como "... vamos a hablar de aspectos que son importantes, pero íntimos; si te sientes incomodo o no te apetece hablar de ello ahora..." ayudan mucho y son claros elementos facilitadores. No obstante, de darse esta situación, dejar siempre "una puerta abierta", es decir, dar la posibilidad de retomar el tema cuando le pueda parecer oportuno.

- Trabajar nuestros "prejuicios" (todo el mundo tenemos prejuicios), de forma que no transmitamos con nuestra expresión no verbal ni verbal, juicios o ideas que condicionen la comunicación con el paciente.

- No pretender averiguar todo en un día ("someter a un tercer grado"). Hay que aprovechar que en Atención Primaria tenemos la posibilidad de trabajar desde una perspectiva longitudinal, a diferencia del nivel hospitalario, y que previamente, nos tenemos que ganar la confianza de la persona, más aún cuando nos referimos a aspectos tan íntimos de su biografía.

- Conviene utilizar preguntas abiertas, que no incluyan la posible respuesta. Pej.: ¿Has tenido alguna vez relaciones sexuales? y no: ¿... no tienes relaciones homosexuales?

- Huir de tecnicismos y comprobar que se ha entendido lo que hemos preguntado. Pej.: es probable que un adolescente no entienda lo mismo por "tener una relación" que un adulto.

Es importante tener claro cuál es la información que nos interesa averiguar desde el punto de vista de las prácticas de riesgo del VIH, antes de perdernos en un número excesivo de preguntas que puedan hacernos parecer impertinentes frente al paciente. Así, en el contexto de la historia sexual, el riesgo de infección por el VIH vendrá condicionado por la práctica de relaciones con penetración sin protección (sin preservativo), teniendo en cuenta además, que la presencia de cualquier otra enfermedad de transmisión sexual aumenta muchísimo el riesgo de infección VIH. Por otro lado, en el contexto del uso de drogas el riesgo vendrá determinado por la existencia de un antecedente, reciente o no, de haber compartido jeringuillas (u otro material de inyección con restos de sangre) al consumir drogas por vía parenteral.



En la Tabla III se exponen las prácticas sexuales en relación con su mayor o menor riesgo para transmitir el VIH.

Por último, antes de dar ninguna información sobre lo que es la infección VIH, cómo se transmite y cómo no, qué es el sida, etc., es necesario explorar los conocimientos qué esa persona o grupo de personas tengan. A este respecto, hay recalcar que la convivencia, los besos (con o sin lengua), el pincharse con una jeringuilla abandonada a la intemperie, etc., no entrañan riesgo alguno de contagio para el VIH (aunque si puedan tenerlo para otras, VHC, VHB, tétanos...). Los mensajes deben ser precisos, claros y asertivos. Sin embargo, otras prácticas como el tatuaje (si no es con material estéril), el compartir objetos de aseo cortantes (cortaúñas, maquinillas de afeitar...), aunque puedan tener un cierto riesgo de contagio del VIH, lo que sí tienen es un riesgo de contagio mayor para otras enfermedades como la hepatitis C y/o B.

 

 


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