Tuberculosis
Introducción
La tuberculosis,
por definición una enfermedad prevenible y curable, continúa
siendo un importante problema de salud pública a nivel mundial.
La evolución histórica de la enfermedad en los países
de nuestro entorno durante el pasado siglo se ha caracterizado por una
constante disminución de la tasa de mortalidad, debida en primer
lugar a la mejora de las condiciones socioeconómicas y, posteriormente,
a la aparición de los antituberculosos y al conocimiento de las
medidas necesarias para el control de la endemia. Así hoy se
conoce que las principales medidas para el control de la tuberculosis
en la comunidad son:
- El diagnóstico y tratamiento precoces de los casos de enfermedad,
actuar sobre la fuente de infección, disminuyendo la trasmisibilidad.
- Prevenir el desarrollo de la enfermedad en los individuos infectados,
actuar sobre el reservorio, mediante el estudio de los contactos y de
los grupos de mayor riesgo.
La implantación de tales medidas de control ha sido muy desigual
en los distintos países, con deficiencias de mayor calado en
aquellos que están en vías de desarrollo, donde la situación
empeora por la asociación de la tuberculosis a la pandemia del
VIH, la pobreza y el sobrecrecimiento demográfico. Por otra parte,
en los países desarrollados el problema de la tuberculosis se
ha visto reactivado en las últimas décadas con la aparición
del VIH y por la falsa percepción de control de la endemia tuberculosa
que ha condicionado el abandono o la relajación en la lucha antituberculosa.
El riesgo que se corre por estas deficiencias, sobre todo con la realización
de tratamientos incorrectos que fomentan el desarrollo de resistencias
y facilitan la trasmisión del bacilo al mantener a los pacientes
bacilíferos, es el de convertir a la tuberculosis en una epidemia
"incurable".
Consecuencia de esta situación la OMS declaró en 1993
la tuberculosis como una emergencia global, estimando que si no se mejoraban
las medidas para su control, en el año 2020 habrán enfermado
200 millones de personas con el resultado de 70 millones de fallecimientos.
En su estrategia para mejorar el control de la tuberculosis, la OMS
estableció como objetivo prioritario mejorar las tasas de curación
de los enfermos tuberculosos en tratamiento, fijandose las metas de
conseguir en el año 2000 el diagnóstico del 70 por ciento
de los casos y la curación del 85 por ciento de los enfermos
con baciloscopias positivas. Para ello se recomendaba la utilización
de estrategias para la realización de tratamientos directamente
observados.

La situación concreta de la tuberculosis en España es
la de una endemia aún no controlada, con tasas de incidencia
y mortalidad superiores a las de los países de nuestro entorno.
Con el fin de corregir esta situación, se realizó en 1992
el Consenso Nacional para el Control de la Tuberculosis en España.
En sus recomendaciones finales establece las líneas a seguir
para la mejora del control de la tuberculosis, haciendo mención
explícita a la necesidad de la participación activa de
la Atención Primaria de Salud. Para el Grupo de Trabajo que participó
en la elaboración del Consenso "la Atención Primaria
constituye el primer nivel asistencial con el que entran en contacto
los pacientes tuberculosos y es fundamental para garantizar la eficacia
de las medidas para el control de la tuberculosis".
Las funciones de
la Atención Primaria en el control de la tuberculosis se deben
desarrollar en coordinación con la Atención Especializada
y se enumeran en la Tabla I. Un requisito esencial para conocer la incidencia
y mejorar el control de la tuberculosis es la notificación adecuada
de los casos de enfermedad, que se recomienda en el documento de consenso
que se realice de forma individualizada y no numérica.
El espíritu del presente trabajo no es el de intentar una revisión
exhaustiva de la tuberculosis, sino el de contribuir al recordatorio
de los conocimientos básicos para que los médicos de Atención
Primaria se capaciten en el desarrollo de tales funciones.
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