Trastornos del humor: Las depresiones
Tratamiento
de la depresión
La gran mayoría de las depresiones son tributarias de ser diagnosticadas,
tratadas y controladas por el médico general. Una minoría,
constituida fundamentalmente por los cuadros de mayor complejidad o
riesgo, necesitarán para su correcto manejo de la colaboración
del especialista, al igual que en cualquier otra situación médica.
Por ello, es imprescindible que el médico general domine las
técnicas a emplear en el tratamiento de los cuadros clínicos
más comunes. Y es necesario recordar ahora que su cometido no
debe quedar limitado al empleo de psicofármacos, estando a su
alcance el utilizar simultáneamente habilidades de psicoterapia
que no por conocidas dejan de tener una utilidad real. Otras técnicas
de psicoterapia más complejas, estructuradas y limitadas en el
tiempo, exceden del cometido del médico general y deben ser llevadas
a cabo por el especialista en determinados casos.
Antes del tratamiento debemos cuestionarnos con meticulosidad si se
trata de una forma de depresión unipolar o bipolar, lograr una
alianza de colaboración terapéutica entre médico
y paciente, efectuar una evaluación médica y psicosocial
completa que incluya el despistaje diagnóstico de la comorbilidad
médica y psiquiátrica presente, evaluar el riesgo de suicidio,
y revisar el consumo de sustancias que puedan ser causantes o agravadoras
de la depresión.
A lo largo del curso del tratamiento, es importante vigilar especialmente:
- La correcta adhesión al tratamiento prescrito.
- El cumplimiento de las revisiones pactadas.
- La potenciación de los apoyos familiares y sociales del paciente.
- El consumo de otros fármacos y sustancias de abuso.
- La dieta, el ejercicio físico, las actividades de ocio, los
hábitos.
- La problemática laboral surgida, con manejo terapéutico
de la baja y el alta laboral.
- Siempre reevaluar el potencial riesgo suicida del paciente.
PSICOTERAPIA
EN LA DEPRESIÓN
La psicoterapia es el arte del cambio y la curación a través
de la interacción personal entre el médico y el paciente.
Esquemáticamente podríamos decir que es la curación
por la palabra.
La psicoterapia no es amistad entre médico y paciente, no es
ciencia, en el sentido de que sus resultados puedan ser matemáticamente
controlados. Es un oficio que como tal se aprende, pero al mismo tiempo
es un arte, porque sus resultados dependerán del que la ejecuta,
y se basa en técnicas que pueden ejercitarse para ir ganando
pericia en su ejecución.
La eficacia de la psicoterapia va a depender de la buena relación
que se establezca entre médico y paciente, dependiendo su éxito
en gran medida tanto de las aptitudes del terapeuta que la ejercita,
como de la calidad de esa interacción entre terapeuta y paciente.
Lo que si está demostrado es que una psicoterapia bien llevada
a cabo, logra resultados que se mantienen a lo largo del tiempo.
Diversos autores coinciden en señalar que más que de la
técnica específica de psicoterapia que se emplee, su éxito
dependerá con frecuencia de cambios extraterapéuticos
(40 por ciento), efecto placebo (15 por ciento), de factores comunes
a todas las técnicas (35 por ciento), y solamente el 10 por ciento
de las características de la técnica específica
que se emplee. Por ello, se impone una integración en la psicoterapia,
basada en el eclecticísmo teórico, eclecticísmo
técnico, y en los factores comunes a todas ellas, entendiendo
por tales:
- Una relación emocional de confianza.
- Un ambiente de cura.
- Un esquema racional explicativo.
- Un ritual terapéutico activo.
Normalmente, en las depresiones graves, el tratamiento exclusivo mediante
psicoterapia no es la mejor opción. En la inmensa mayoría
de los casos se necesitará el empleo de psicofármacos
antidepresivos y, a veces, acompañados de otros fármacos.
Y viceversa: el tratamiento de las depresiones no debe basarse única
y exclusivamente en el uso de antidepresivos. Siempre será necesario
que su empleo vaya simultaneado con el de la psicoterapia, normalmente
realizada por el propio médico general, puesto que en la mayoría
de los casos no se requerirá el empleo de técnicas específicas.
Uno de los problemas fundamentales, a la hora del tratamiento de la
depresión mediante la psicoterapia, es el error que el propio
médico general alimenta y mantiene, al creer que "él
no está capacitado" para ofrecer psicoterapia a sus pacientes
y por eso "no la hace nunca". Ignora que, muy por el contrario,
está continuamente practicando la psicoterapia con todos y cada
uno de los enfermos a los que asiste, independientemente de la patología
que su paciente sufre.
Pero no solamente no es consciente de ello, sino que además lo
niega.
Es cierto, que no emplea en su labor determinadas técnicas específicas
de psicoterapia, como por ejemplo la hipnosis, para cuyo ejercicio se
requiere una especialización que el médico general no
posee. Pero está ejerciendo continuamente la psicoterapia, normalmente
de apoyo, y debe ser consciente de ello.
A continuación proponemos un modelo de psicoterapia sencillo,
con el que el médico general debe familiarizarse por su indudable
utilidad práctica en el empleo de sus pacientes con depresión.
Modelo de psicoterapia en tres etapas:
Relación de confianza
Objetivos:
- Sentir el apoyo emocional del terapeuta.
- Lograr la adhesión al tratamiento.
- Conseguir la participación activa del paciente.
Recursos: "Escuchar al paciente"
Esto se consigue sabiendo crear un ambiente empático en la consulta,
mediante las habilidades de relación del terapeuta, en el que
el paciente exponga el problema y se conozcan los detalles de su biografía,
su vida cotidiana, sus creencias, sus expectativas
Psicoeducación
Objetivos:
- Informar al paciente de la enfermedad que padece: la depresión.
- Externalizar: dar el "rol de enfermo".
- Informar del tratamiento farmacológico.
- Predisponerle a la acción.
Recursos: "Informar al paciente"
El paciente debe ser informado de lo que le está sucediendo,
por ejemplo, del denominado círculo autoperpetuante de la depresión:
Una situación de pérdida le conduciría a la tristeza,
y ésta a un repliegue en sí mismo, que podría llevarle
a nuevas situaciones de pérdida, perpetuándose el círculo
vicioso.
Precisamente nuestra actuación psicoterapéutica va a intentar
romper ese círculo autoperpetuante.
Intervención específica
Objetivos:
- Conseguir el cumplimiento terapéutico.
- Seleccionar el foco narrativo.
- Utilizar técnicas de cambio.
Recursos:
Los recursos a emplear en nuestra intervención serán específicos
según el foco narrativo:
- Emocional: consecuencia de un proceso de pérdida. Nuestros
recursos en este caso se basarán en el acompañamiento,
favorecer la ventilación emocional e intentar la reubicación
del paciente con adaptación a su nuevo rol sobrevenido.
- Cognitivo: consecuencia de su estilo negativo de ver las cosas bajo
los efectos de la depresión. Nuestros recursos en este caso irán
orientados a la detección de pensamientos automáticos,
sometiéndolos a la prueba de la realidad, ofreciéndole
alternativas, y aconsejándole tareas para casa.
- Conductual: consecuencia de la actitud de repliegue del paciente deprimido.
Nuestros recursos estarán orientados a la recuperación
de sus actividades, mediante el consenso de un plan "paso a paso",
que irá en un proceso estratificado de actividades, de menor
a mayor dificultad.
- Relacional: orientado a superar las dificultades interpersonales.
Nuestros recursos se basarán en adiestrar al paciente en la resolución
de problemas, renegociando sus expectativas, para lo que puede ser necesario
la inclusión o participación de otras personas.
Es bueno recordar que el médico general, ante el paciente deprimido,
debe:
- Saber emplear la acción psicológica que la propia figura
del médico posee.
- Ofrecer seguridad, firmeza, confianza, comprensión y apoyo
emocional.
- Intentar combatir la tendencia a generalizar las experiencias negativas
previas por parte del enfermo.
- Su proceso es bien conocido, no es único, y tiene tratamiento
eficaz.
- Explicar el carácter temporal del cuadro y desdramatizar.
- Son de prever recaídas, pero tienen solución.
- Explicar al enfermo su tendencia a ver el lado negativo de la realidad,
poniendo ejemplos como el del vaso medio lleno o medio vacío.
- Desculpabilizarle de la génesis de su trastorno.
FARMACOTERAPIA
EN LA DEPRESIÓN
El tratamiento de
la depresión, comprende tres fases sucesivas, más o menos
bien diferenciadas, dependiendo la duración de cada una de ellas,
de la respuesta obtenida:
Fase de tratamiento agudo.
Fase de tratamiento de continuación.
Fase de tratamiento profiláctico.
Fase de tratamiento
agudo
Es la fase de inicio del tratamiento. Suele tener una duración
de 2 a 6 semanas, dependiendo de la respuesta obtenida al empleo de
los fármacos antidepresivos prescritos, así como al resto
de medidas las terapéuticas puestas en marcha. Su objetivo es
lograr, al menos, la remisión del episodio depresivo. El tiempo
de respuesta, en general, será de dos a tres semanas, a veces
algo más, y el médico debe saber esperar la aparición
del efecto pretendido, sin hacer cambios precipitados innecesariamente.
Fase de tratamiento
de continuación
Es la fase que sucede a la del tratamiento agudo, una vez obtenida la
respuesta al antidepresivo, es decir que en el caso ideal, abarcaría
desde la remisión, hasta poder considerarse que se ha logrado
la recuperación. Su objetivo es asegurar la respuesta conseguida
y evitar la recaída temprana. No debe tener una duración
inferior a los 6 meses.
Fase de tratamiento
profiláctico
Es aquella fase posterior a la recuperación, que tiene por objeto
consolidar la mejoría obtenida y prevenir la aparición
de nuevos episodios. Su duración será de al menos dos
años una vez alcanzada la desaparición de los síntomas,
pero puede ser necesario continuar con este tratamiento profiláctico
de por vida. Está indicada en las depresiones recurrentes, es
decir, aquellas que han presentado más de tres episodios, o cuando
se han sucedido dos de ellos en poco tiempo. Cuando la edad del paciente
es superior a los 55 años debe realizarse una fase de tratamiento
profiláctico prolongada.
Duración
del tratamiento farmacológico
La duración del tratamiento de la depresión dependerá
del número de episodios depresivos que haya sufrido el paciente.
Así:
En el tratamiento del primer episodio, las 16 primeras semanas son críticas.
Lograda la remisión, no hay que precipitarse en la retirada del
antidepresivo, ya que se ha de efectuar una fase de tratamiento de continuación
que siempre es necesaria. Según la OMS, hay que mantener el tratamiento
al menos durante 6 meses. Según la APA 4 meses o de 6 meses a
un año, según diversos autores.
En el tratamiento del segundo episodio y sucesivos, hay que tener en
cuenta que, si el actual episodio de depresión está separado
más de 5 años del último episodio habido debe tratarse
como si fuera un primer episodio, es decir de 6 meses a un año.
Si está separado del último episodio habido menos de 5
años, deberá efectuarse el tratamiento durante un período
mínimo de 2 a 3 años. En caso de plantearse dudas respecto
a la duración del tratamiento, es conveniente optar por una mayor
duración.
Elección
del antidepresivo
Para la elección del fármaco antidepresivo a utilizar
en un paciente concreto, en la fase aguda, tenemos que tener en cuenta
múltiples factores, que incluyen desde el tipo de depresión
y sus características clínicas (ansiosa o no, agitada
o inhibida, atípica, con o sin síntomas psicóticos,
con síntomas fóbicos u obsesivos, etc.), a factores propios
de cada paciente (edad, patologías físicas y psíquicas
asociadas, riesgos detectados, tratamientos concomitantes, actividades
de su vida diaria, etc.). Además, esa decisión deberá
estar influida necesariamente por determinadas características
del fármaco a emplear, como eficacia probada, seguridad en caso
de sobredosis (extremar esta precaución en pacientes con ideación
suicida), sencillez posológica que facilitará el cumplimiento,
rapidez de acción, tolerancia a corto plazo, menores efectos
secundarios e interacciones con otros fármacos, e incluso la
experiencia previa del médico en la utilización de ese
antidepresivo.
Para el tratamiento en la fase de continuación será importante
la probada eficacia del fármaco en la prevención de recaídas,
los efectos secundarios a medio y largo plazo, la sencillez posológica
y el tipo de actividades que en su vida laboral y social desarrolla
el paciente.
Pero no olvidar, que en cualquier fase del tratamiento hay que utilizar
el fármaco que se elija, a la dosis adecuada y durante el tiempo
oportuno. El médico general debería utilizar antidepresivos
con probada eficacia y conociéndolos a fondo. Siempre guiado
por la prudencia y con sentido común. Sería conveniente
reflexionar que cuando un nuevo psicofármaco se comercializa,
a pesar de la experiencia de los estudios previos a la comercialización,
el médico general debería saber esperar a que sea el psiquiatra
el que adquiera la experiencia clínica en su manejo. Solamente
cuando esa eficacia en la clínica diaria haya sido constatada
por el psiquiatra, y se conozcan exhaustivamente sus efectos en la práctica
real, sólo entonces, debidamente asesorado, debería el
médico general comenzar a utilizarlo en sus prescripciones. Esto
no siempre sucede así, desgraciadamente, y es bueno que hagamos
una reflexión constructiva sobre ello.
Cuando la retirada del antidepresivo es posible y recomendable, siempre
tras un periodo de tiempo prolongado de recuperación, deberá
hacerse gradualmente, tomándose el tiempo necesario, sin precipitaciones,
y poniendo especial atención a la vigilancia del paciente en
las ocho semanas posteriores a su retirada, para detectar la posible
recaída, motivo por el cual se pactarán las revisiones
oportunas de control.
Por obvio que sea, debemos repetirnos hasta la saciedad que cada paciente
es una persona única, irrepetible, con sus circunstancias específicas,
su propia idiosincrasia. Por ello, tenemos necesariamente que individualizar
todos los detalles de la terapéutica, desde las medidas de psicoterapia,
hasta su posible respuesta a los fármacos, vigilando la evolución
de cada paciente y actuando en consecuencia.
Resumiendo
A la hora de la prescripción de antidepresivos:
- Acostumbrarse a manejar pocos fármacos, pero conocerlos bien
es imprescindible.
- Hacer la elección adecuada del fármaco a emplear en
cada caso concreto.
- Informar del período de latencia y de los posibles efectos
secundarios.
- Explicar el plan de tratamiento y los objetivos a alcanzar.
- Instaurar una pauta de posología suficiente, en dosis y duración.
- Saber esperar la aparición del efecto antidepresivo
- Asociar al antidepresivo un ansiolítico, cuando así
lo requiera el cuadro clínico.
Para mayor detalle sobre los distintos grupos de fármacos antidepresivos,
remitimos al lector al capítulo correspondiente, situado más
adelante.
TERAPIA
ELECTROCONVULSIVA
Es una técnica de tratamiento reservada al especialista, hoy
día eficaz y segura, que incluso puede realizarse en sesiones
en régimen ambulatorio. El médico general debe conocer
de ella su utilidad y eficacia, sobre todo en los casos de algunas formas
de depresión graves, en las muy resistentes a otras terapéuticas
y cuando existe imposibilidad del uso de otros tratamientos. También
cuando ese tipo de depresiones se acompaña de otras patologías
susceptibles de mejorar con ella, como el Delirium y la Enfermedad de
Parkinson. Cuenta con una aureola de mala prensa y rechazo injustificado
por su deficiente utilización hace décadas, pero sin embargo
tal como se lleva a cabo hoy día, (anestesia general, monitorización,
etc.), obtiene buenos resultados.
| Sumario
|