Ansiedad en Atención Primaria
Trastornos
de ansiedad
CONCEPTOS
GENERALES
La ansiedad es un sentimiento vago y desagradable de temor que se acompaña
de diversas sensaciones corporales. Como tal, es una señal de
alerta frente a algo que se considera peligroso para el individuo.
Existe una ansiedad habitual, que se relaciona con las situaciones que
vivimos y que constituye una respuesta ante las mismas. La ansiedad
normal se convierte en patológica cuando no cumple una función
adaptativa o cuando su intensidad excede de los límites aceptables
para el individuo.
Existen otras señales de alerta diferentes. En el miedo, la amenaza
es conocida, externa, inmediata y definida; en la ansiedad, la amenaza
no está definida, es desconocida, con frecuencia no se concreta
en algo externo y no siempre tiene un carácter inmediato. Una
excepción a estas diferencias son algunas formas de ansiedad
fóbica; aun así, la ansiedad fóbica es diferente
del miedo. En el miedo existe un peligro objetivo; sin embargo, en las
fobias el supuesto peligro no lo es objetivamente.
La ansiedad es, sobre todo, algo que se siente. No es un pensamiento,
sino que provoca un sentimiento de malestar difuso que se manifiesta
tanto en el ámbito psíquico como en el somático.
En este sentido, se establecen las diferencias entre ansiedad y angustia:
- La ansiedad (etimológicamente incomodidad) se refiere más
al sentimiento psíquico.
- La angustia (etimológicamente estrechez) se relaciona con las
sensaciones corporales.
En la práctica se equiparan ansiedad y angustia, y se utilizan
como sinónimos. Desde una perspectiva fenomenológica,
la ansiedad corresponde a una emoción, se trata de un estado
afectivo de presentación habitualmente aguda, producto muchas
veces de un estímulo externo y acompañado de un correlato
psicofisiológico manifiesto y evidente; la ansiedad es propia
de un modo de vivir rápido, fugaz, dirigido al futuro. En cambio,
en la angustia el miedo se siente respecto de algo, surge en medio de
lo inexplicable, donde el peligro es vago e indefinido; esto angustia
más, hay incertidumbre y se llega a desear el peligro como realidad
palpable.
El sentimiento psíquico que provoca la ansiedad puede ser tan
intenso que el sujeto crea que va a volverse loco o tenga una sensación
de muerte inminente. En el ámbito somático origina una
multitud de síntomas que dependen, sobre todo, de una disfunción
del sistema nervioso autónomo (palpitaciones, diarrea, parestesias,
sensación de dificultad respiratoria, temblor, sudoración...).
La ansiedad puede presentarse de forma continuada, aunque existan oscilaciones
de la intensidad, como ocurre en el trastorno de ansiedad generalizada.
Otras veces, la ansiedad aparece en episodios recortados de gran intensidad;
se habla entonces de crisis de angustia o de ataques de pánico.
Frecuentemente, las personas que sufren ataques súbitos de pánico
van desarrollando un temor progresivo a que se repitan; es lo que se
conoce como ansiedad anticipatoria.
Otra distinción frecuente es la de ansiedad de rasgo o de estado.
En Medicina se considera rasgo lo que permanece durante toda la vida
de un individuo o su mayor parte (si puede ser modificado con tratamiento),
por ejemplo el color de la piel; el estado se refiere a una situación
recortada en el tiempo, aunque sea de forma prolongada, por ejemplo
una neumonía. Un ejemplo de ansiedad de rasgo es la asociada
a un trastorno de personalidad; la ansiedad secundaria a una fase depresiva
es un ejemplo de ansiedad de estado.
También se diferencia entre ansiedad primaria y secundaria. En
la primaria, ésta domina el cuadro clínico sin que exista
otro trastorno que la justifique, como por ejemplo el trastorno de ansiedad
generalizada o el trastorno de pánico. La secundaria se debe
a otro trastorno, como por ejemplo hipertiroidismo, consumo de anfetaminas...
Hace años, tanto la ansiedad generalizada como el trastorno de
pánico se diagnosticaban conjuntamente como neurosis de angustia.
Aunque este término sigue siendo empleado, se tiende en la actualidad
a diferenciar estos y otros tipos de ansiedad.
ANSIEDAD
Y DEPRESIÓN
En ocasiones es complicado hacer un diagnóstico diferencial claro
entre los trastornos de ansiedad y los trastornos del estado de ánimo,
lo cual ha dado lugar a posiciones controvertidas. Hay autores que señalan
que la distinción entre depresión y ansiedad es artificial,
ya que son numerosos los pacientes con solapamiento de síntomas
o que no presentan la totalidad de los criterios de depresión
o de ansiedad; sin embargo, tienen manifestaciones de ambos cuadros
y eso dificulta saber cuál de los trastornos es el predominante.
Otros autores, en cambio, abogan por un sistema plural y consideran
que ansiedad y depresión son trastornos independientes. Por último,
existen quienes defienden la existencia de cuadros puros de ansiedad
y depresión y cuadros mixtos. Se trata, en definitiva, de admitir
que hay un espectro de trastornos de ansiedad y depresión, del
mismo modo que hay una gama de grises entre el blanco y el negro.
Las relaciones entre ansiedad y depresión se exponen más
detalladamente en el apartado de Síndromes ansioso-depresivos.
No obstante, queríamos señalar aquí que los estados
de ansiedad se combinan habitualmente con los trastornos depresivos.
También nos gustaría destacar que las clasificaciones
internacionales no han abordado con éxito este problema. Cuando
la CIE-10 definió el "Trastorno mixto ansioso-depresivo"
(concepto asumido posteriormente por el DSM), señaló que
se refería únicamente a pacientes con síntomas
mixtos de ansiedad y depresión de intensidad leve (para el diagnóstico
se precisa que no cumplan criterios ni de trastorno de ansiedad ni de
episodio depresivo leve, como mínimo) e indicó que en
ellos debía ser "artificial" diferenciar el predominio
de ansiedad o depresión. Aunque probablemente la CIE-10 intentó
reconocer la existencia de este tipo de pacientes, está claro
que los cuadros mixtos de ansiedad y depresión no se limitan,
ni mucho menos, a este pequeño subgrupo de pacientes y es posible
que el término empleado por la CIE-10 haya creado una cierta
confusión. Además, el uso de cualquier clasificación
debe tener por objeto la clarificación de entidades clínicas
con el fin de que la transmisión de información entre
profesionales se realice con criterios homogéneos. No obstante,
intentar que cualquier paciente "encaje" forzadamente en alguna
categoría diagnóstica es, sencillamente, cerrar los ojos
ante la realidad clínica: cualquier clínico es consciente
de las múltiples combinaciones existentes en el espectro de trastornos
de ansiedad y depresión y, en general, de las dificultades de
"encajar" la clínica real de los pacientes en cualquier
clasificación.
BASES
NEUROBIOLÓGICAS DE LA ANSIEDAD
El cerebro es el órgano regulador central del ser humano que
recibe estímulos, simples o complejos, desde los sistemas aferentes
y descarga sus respuestas por los sistemas (o conexiones) eferentes.
Entre los primeros están los órganos de los sentidos,
que le permiten mantener su relación con el mundo exterior, junto
con el sistema musculoesquelético, que le ofrece movilidad, le
permite mantener el equilibrio y realizar prensión.
Una parte del sistema
aferente ayuda a mantener el equilibrio interno, lo que corresponde
al sistema visceral. Descarga sus respuestas por el sistema eferente
y utiliza de nuevo el sistema visceral para ordenar el equilibrio interno
y el sistema musculoesquelético para ofrecer respuestas al mundo
exterior.
El individuo adquiere genéticamente y aprende con la experiencia
que los estímulos que recibe son positivos cuando se interpretan
como compatibles con la supervivencia de la especie y, por el contrario,
negativos cuando el umbral de las sensaciones percibidas pone en peligro
la misma. En la percepción de un estímulo como positivo
o negativo influyen, además del sentido de supervivencia, otros
significados adquiridos (sensaciones placenteras relacionadas con la
sexualidad, por ejemplo). En algunas ocasiones estos significados pueden
entrar en conflicto (cuando la realización del deseo generado
por un estímulo percibido como placentero conlleva un riesgo
vital, por ejemplo).
En cualquier caso, los estímulos positivos y negativos generan
respuestas mediadas por numerosos neurotransmisores, que conducirán
bien a sensaciones de bienestar y relajación, bien a respuestas
defensivas frente al peligro (real o imaginario). La respuesta general
frente al estrés implica una activación de los sistemas
adrenérgicos con un aumento secundario del cortisol. El organismo
se prepara así para la lucha o la huida. En los estados de ansiedad,
la activación de los sistemas adrenérgicos es el origen
de numerosos síntomas, como taquicardia, sudoración, temblor
o piloerección. En las crisis de angustia se producen descargas
adrenérgicas en el locus coeruleus.
La noradrenalina no es el único neurotransmisor implicado en
los estados de ansiedad, ya que es importante la participación
de serotonina y ácido gammaamino-butírico (GABA). La dopamina
también interviene como mediador de algunas respuestas de ansiedad.
La mayor concentración de neuronas serotoninérgicas se
encuentra en los núcleos del rafe; desde ellos, la serotonina
ejerce un efecto inhibidor sobre el locus coeruleus y atenúa
la respuesta de activación adrenérgica. El GABA es un
neurotransmisor inhibidor; la facilitación de su acción
tiene por consecuencia una reducción de la ansiedad.
No obstante, la mediación de los sistemas de neurotransmisores
es más compleja. En una actividad suelen estar implicados varios
sistemas: por ejemplo, durante la actividad sexual existe participación
de sistemas adrenérgicos, dopaminérgicos, opioides y serotoninérgicos,
cuya influencia cambia durante el acto sexual. Lo mismo puede decirse
de otras muchas actividades. Los sistemas de neurotransmisores tienen
múltiples conexiones y la actividad de cualquiera de ellos influye
en los demás.
EPIDEMIOLOGÍA
Entre el 15 y el 20 por ciento de la población española
sufre un episodio de ansiedad cada año y entre el 25 y el 30
por ciento lo padece al menos una vez a lo largo de su vida. La ansiedad
subjetiva o la inquietud coexisten con la depresión en un 70-80
por ciento de los casos. Como grupo, los trastornos de ansiedad son
las enfermedades mentales más comunes, con una prevalencia mensual
del 7,5 por ciento en adultos de todas las edades. En adultos mayores
de 65 años esta prevalencia mensual baja al 5,5 por ciento; se
acerca al 20 por ciento en un período de 6 meses y al 35 por
ciento a lo largo del ciclo vital.
La coexistencia de ansiedad y depresión parece ser la norma más
que la excepción. Además, los trastornos de ansiedad pueden
asociarse con otros psiquiátricos. Son más prevalentes
que los trastornos del humor, aunque aparecen juntos con frecuencia:
el 60 por ciento de las personas con historia de depresión mayor
a lo largo de su vida cumplían en algún momento de la
misma con criterios de ansiedad, mientras que, aproximadamente, la mitad
de las personas con historia de trastorno de ansiedad a lo largo de
su vida habrían cumplido criterios de depresión mayor
durante la misma. Es más frecuente que los trastornos de ansiedad
precedan a los de depresión (70 por ciento de los casos) que
lo contrario (15 por ciento), mientras que el 15 por ciento de los pacientes
refieren la aparición de ambos cuadros a la vez.
CLÍNICA
DE LA ANSIEDAD
Modelo de llegada
Los pacientes con trastornos de ansiedad suelen acudir al médico
por voluntad propia. Es frecuente que consulten por síntomas
somáticos derivados de su ansiedad y crean tener alguna patología
física que los origine. También pueden interpretar sus
síntomas como relacionados con conflictos personales o determinadas
circunstancias ambientales que, sin embargo, no los justifican.
Es frecuente que manifiesten sus quejas de forma imprecisa. En el caso
de los pacientes con crisis de angustia, es habitual que la primera
consulta se dirija a un servicio de urgencias, dada la presentación
súbita y alarmante de las crisis.
Definición
del cuadro
Existen muchas formas de presentación clínica de la ansiedad
(Tabla I); en este capítulo señalaremos las características
de los cuadros de ansiedad más frecuentes. Conviene referirse
ahora a la clínica general derivada de los estados de ansiedad.

Los síntomas de ansiedad se pueden manifestar en lo psíquico
o en lo físico (Tablas II y III).


Ansiedad psíquica
La vivencia psíquica de ansiedad puede expresarse de múltiples
maneras y alterar diversas funciones del individuo.
- Sentimiento de temor: es el síntoma nuclear. Provoca una actitud
de alerta, como queriendo anticiparse a un peligro. Existen diversos
miedos (a perder el control sobre sí mismo, a volverse loco,
a padecer una enfermedad somática grave o, incluso, a morir).
- Sensación de tensión: el sujeto se encuentra nervioso,
inquieto, continuamente preocupado y es incapaz de relajarse.
- Vivencias de extrañeza: en cuadros intensos de ansiedad puede
alterarse la vivencia del tiempo y de forma transitoria aparecen fenómenos
del tipo "ya visto" (déjà vu) o, por el contrario,
del "nunca visto" (jamais vu).
- En ocasiones, la angustia se acompaña de desrealización
y despersonalización. La primera es una sensación de extrañeza
del entorno, que aparece como irreal. La despersonalización constituye
una sensación de extrañeza e irrealidad personal: uno
mismo se siente diferente y cambiado.
- Alteraciones cognitivas: debido al elevado estado de activación,
disminuye la atención y aparece distraibilidad, dificultad para
concentrarse y tendencia a la fatiga intelectual. La memoria también
puede verse afectada, se vuelve más pobre y sufre olvidos frecuentes.
- Alteraciones de sueño: el paciente tarda en conciliar el sueño,
que con frecuencia puede verse interrumpido por despertares nocturnos
y pesadillas; manifiesta, además, cansancio y/o sensación
de sueño no reparador.
- Alteraciones del comportamiento: el sujeto ansioso se vuelve malhumorado
e irritable y adopta una actitud hipervigilante.
Ansiedad física
La ansiedad puede provocar síntomas en todos los órganos
y sistemas del organismo: es la gran simuladora. A menudo, el paciente
está convencido del origen exclusivamente somático de
los mismos y los vive como una amenaza a su salud física:
- Síntomas cardiocirculatorios: palpitaciones, taquicardia, opresión
torácica, dolor precordial, sensación de paro cardíaco...
- Síntomas gastrointestinales: sensación de nudo en el
estómago, espasmos faríngeos (nudo esofágico),
náuseas, vómitos, meteorismo, diarrea o estreñimiento,
alteraciones del apetito...
- Síntomas respiratorios: dificultad al respirar con sensación
de falta de aire, sensación de ahogo o paro respiratorio, suspiros,
accesos de tos nerviosa... Es frecuente la hiperventilación que
puede provocar síntomas secundarios a la alcalosis respiratoria
derivada (parestesias en los dedos de las manos, los pies y en la cara,
vértigos y síncopes...).
- Síntomas genitourinarios: micción imperiosa, nicturia,
polaquiuria, disuria; trastornos de la función sexual, como impotencia,
eyaculación precoz y frigidez.
- Síntomas neurológicos: mareos, vértigos, cefalea,
inestabilidad al andar, temblor, entumecimiento, parestesias... Es preciso
realizar diagnóstico diferencial con síndrome conversivo
cuyos síntomas son pérdida de sensibilidad y alteraciones
motoras como parálisis; pueden aparecer alteraciones tanto visuales
(sensación de borrosidad del contorno de objetos o deslumbramientos)
como auditivas (hipersensibilidad e intolerancia a los ruidos, zumbidos
de oídos).
- Síntomas musculares: debilidad física, sensación
de flojedad de piernas, lumbalgias y algias diversas.
- Síntomas neurovegetativos: sequedad de boca, midriasis, rubor
o palidez, sofocos, sudoración, frialdad cutánea.
Diagnóstico
diferencial
En cualquier estado de ansiedad es esencial que el médico general
intente distinguir entre las causas orgánicas y las psíquicas.
Conviene tener presentes las siguientes situaciones:
CAUSAS
ORGÁNICAS DE ANSIEDAD
Muchas enfermedades somáticas se acompañan de ansiedad
en su desarrollo o presentan síntomas que pueden ser confundidos
con manifestaciones propias de una crisis de ansiedad.
Ansiedad normal,
reactiva
a una enfermedad física
Debemos ser conscientes de que las enfermedades motivo de consulta en
urgencias pueden ser lo suficientemente preocupantes como para determinar
una reacción de ansiedad, incluso intensa, especialmente en pacientes
predispuestos.
Fármacos
y otras sustancias
- Agentes serotoninérgicos: en algunos pacientes puede presentarse
intolerancia a estos fármacos; los síntomas principales
son cefalea, náuseas, vómitos, intolerancia gástrica
a los alimentos y ansiedad subjetiva tras inicio del tratamiento con
fluoxetina, fluvoxamina, sertralina...
- Abuso de estimulantes: el uso de anfetaminas y cocaína puede
producir síntomas de ansiedad e incluso crisis de pánico
relacionados con sus efectos simpaticomiméticos.
- Consumo excesivo de café: el cafeinismo es una causa frecuente
de ansiedad; puede provocar incremento de la diuresis, intranquilidad
e hiperactividad, temblor, taquicardia, insomnio...
- Abstinencia de sustancias depresoras del SNC (morfina, heroína,
alcohol, benzodiacepinas...). Siempre es conveniente realizar una breve
historia de abuso de sustancias e interrogar por cambios recientes en
el hábito de consumo.
- Otros fármacos: hipoglucemiantes orales, insulina, L-DOPA,
hormonas tiroideas, cicloserina, isoniacida, xantinas, corticoides...
La acatisia es frecuente en pacientes que siguen tratamiento con neurolépticos
y se confunde fácilmente con la ansiedad. La característica
básica es la incapacidad para permanecer tranquilos, que se refleja
en inquietud motora y/o sensación subjetiva de inquietud.
Trastornos cardíacos
- Prolapso de la válvula mitral. Se asocia con frecuencia a crisis
de angustia, de modo que es compatible su diagnóstico con el
de trastorno de pánico. Es más frecuente su aparición
en mujeres entre 14 y 30 años de edad, con palpitaciones, mareos
y síncopes. En la auscultación cardiaca se detecta un
chasquido meso-telesistólico y con frecuencia se sigue de un
soplo telesistólico. El soplo aumenta con la maniobra de Valsalva
y disminuye con la posición en cuclillas y al realizar ejercicios
isométricos. El ECG suele ser normal, pero puede mostrar ondas
T bifásicas o negativas en II, III y aVF.
- Otros trastornos cardíacos: infarto agudo de miocardio, angina
de pecho, rotura de aorta, taquiarritmias, crisis hipertensivas...
Patología
pulmonar
Es preciso descartar embolismo pulmonar, EPOC, neumotórax, crisis
asmáticas...
Causas endocrino-metabólicas
- Hiper-hipotiroidismo:
la ansiedad es un síntoma frecuente en ambos cuadros y puede
presentarse incluso antes de la sintomatología propia de los
mismos. La palma de la mano fría y húmeda, característica
de las personas con ansiedad, es diferente de la palma de la mano caliente
y húmeda del hipertiroidismo.
- Hiperparatiroidismo: existe hipercalcemia.
- Feocromocitoma: los antecedentes familiares de feocromocitoma, neoplasia
endocrina múltiple o colelitiasis, y la presencia de crisis de
angustia caracterizadas por cefalea, sudoración difusa, enrojecimiento
y palpitaciones con ausencia de síntomas cognitivos y de evitación
fóbica, nos harán sospechar este diagnóstico.
- Hipoglucemia: los síntomas aparecen con niveles de glucemia
inferiores a 40 mg/100 ml.
- Hipercortisolismo.
- Síndrome confusional. Puede ser de etiología tóxica,
metabólica, infecciosa o traumática. Se acompaña
casi siempre de un comportamiento ansioso asociado a fluctuación
de la conciencia.
CAUSAS
PSÍQUICAS DE ANSIEDAD
Depresión
Es frecuente que se acompañe de ansiedad. Aproximadamente en
3 de cada 4 depresiones existe un nivel importante de ansiedad. Los
pacientes ansiosos se quejan de falta de sueño, pero no de despertar
precoz y no suelen presentar falta de apetito o disminución de
la capacidad para concentrarse. Tampoco es frecuente la fluctuación
diurna del estado de ánimo, ni la inhibición, ni la pérdida
del placer sexual, ni de la capacidad de disfrutar de las cosas o estar
alegres. Sin embargo, aproximadamente un 10 por ciento de los pacientes
con síntomas depresivos podrían ser diagnosticados de
trastorno mixto ansiedad-depresión.
Trastorno obsesivo-compulsivo
Los pacientes presentan los rituales o rumiaciones típicos. La
ansiedad se manifiesta cuando intentan controlar los síntomas
del trastorno.
Psicosis en general
Un paciente psicótico puede consultar por angustia, especialmente
en las fases iniciales del brote, cuando las vivencias de cambio del
entorno y los trastornos perceptivos aparecen y todavía no hay
una explicación delirante de la experiencia.
Trastorno por estrés
postraumático
Existe en el tiempo un agente estresante claro y de gran intensidad,
de forma que se considera que sin el suceso estresante el cuadro de
ansiedad no se hubiera presentado. El paciente vuelve a experimentar
el hecho a través de sueños o imágenes y evita
cualquier actividad o situación que le recuerde el suceso traumático.
Reacciones agudas
a estrés
Los síntomas se presentan al cabo de unos pocos minutos, si no
lo han hecho de forma inmediata tras el impacto de un agente estresante
excepcional.
Trastorno por somatización
Estos pacientes suelen presentar una gran variedad de molestias físicas
sin que se encuentre en la exploración una base orgánica.
Al igual que los pacientes con trastorno por ansiedad generalizada,
muestran constantes preocupaciones, pero en ellos éstas se centran
casi exclusivamente en las quejas somáticas. El paciente no se
tranquiliza con las explicaciones del médico ni con la realización
de las pruebas diagnósticas complementarias, por lo que suele
consultar con frecuencia en los servicios de urgencias.
Trastornos de adaptación
Los síntomas de menos de tres meses de evolución se relacionan
con un cambio importante en la biografía del paciente.
Trastornos de personalidad
Se trata de personas predispuestas a presentar ansiedad, generalmente
en relación con conflictos con los demás. La existencia
de ansiedad marcada es más frecuente en los trastornos por evitación,
dependencia y obsesivo-compulsivo.
Trastornos fóbicos
La ansiedad aparece únicamente ante la exposición al objeto
o situación fóbica. Es muy raro verlos en urgencias.
PRUEBAS
CMPLEMENTARIAS
Aunque no es posible realizarlas en todos los servicios de urgencias,
las siguientes exploraciones deberán ser incluidas en la valoración
inicial de todo paciente ansioso: glucemia, gasometría, pruebas
tiroideas, electrólitos, calcio, función hepática,
urea, creatinina, sistemático de orina, ECG y auscultación
cardiopulmonar. En caso de cefalea intensa, rubefacción generalizada
o HTA, debemos solicitar catecolaminas en orina de 24 horas.
PAUTAS
DE DERIVACIÓN Y TRATAMIENTO
En cualquier trastorno de ansiedad es preciso explicar al paciente la
naturaleza de sus síntomas. La clarificación de conceptos
le facilita la toma de futuras decisiones. En muchos pacientes puede
ser útil recurrir a la utilización de ejemplos para que
comprendan mejor por qué un estado de ansiedad puede ser la causa
de sus síntomas.
Existen varias modalidades de psicoterapia que pueden ayudar al enfermo
ansioso; el apoyo y la psicoeducación son útiles en cualquier
caso. Algunos pacientes se beneficiarán de terapias cognitivas,
conductuales o dinámicas. La derivación a un especialista
para estos tipos de psicoterapia depende no sólo del tipo de
trastorno de ansiedad sino también de algunas características
personales.
Las técnicas de relajación pueden ser útiles en
muchos casos, como, por ejemplo, en los que presentan un estado importante
de tensión motora (trastorno de ansiedad generalizada y otros
estados de ansiedad).
El médico general debe emplear fármacos (antidepresivos,
benzodiacepinas...) para el control de la sintomatología ansiosa,
según se expone en los siguientes apartados de este capítulo.
QUE
HACER
El médico general debe descartar la existencia de patología
física, como hipertiroidismo, feocromocitoma, abuso de sustancias
ansiogénicas... Si, finalmente, se descarta la existencia de
patología física, es preciso explicarlo al paciente para
aliviar así sus temores hipocondríacos.
Con esta explicación conviene que el paciente no interprete que
se le está diciendo que "no tiene nada". Debemos convencerle
de que sabemos que sus síntomas son reales y que son la causa
de un diagnóstico conocido: ansiedad. Para una mejor comprensión
es bueno recurrir a ejemplos paralelos; así, le haremos ver que,
cuando una persona está nerviosa por algún motivo, siente
ganas de orinar. De la misma forma, sus síntomas tienen su origen
en la ansiedad.
Si el paciente permanece incrédulo, podemos argumentar con ejemplos
de casos anteriores abundando en los aspectos negativos de la búsqueda
constante de enfermedades físicas. "Conozco casos que insistieron
hasta que fueron incluso intervenidos quirúrgicamente sin motivo.
Ello les produjo muchos inconvenientes, que no hubieran ocurrido si
hubiesen aceptado que padecían ansiedad".
También se pueden hacer recomendaciones sobre hábitos
generales de vida. Por ejemplo, un paciente puede tener un trastorno
de ansiedad generalizada y, además, consumir excesivo café;
eliminar el consumo de café será beneficioso, aunque con
ello no se resuelva el caso.
Puede ser útil enseñar técnicas sencillas de relajación,
sobre todo a pacientes con gran tensión motora.
En algunos casos el empleo de ansiolíticos suele ser necesario
durante meses. Especialmente cuando se empleen benzodiacepinas, es preciso
que el médico general revise periódicamente el tratamiento
e intente evitar el desarrollo de dependencias. Debe también
prevenir el peligro de un consumo excesivo de alcohol u otras drogas.
QUE
NO HACER
- Tratar al paciente en función de diagnósticos previos,
sin revisarlos o sin valorar los nuevos elementos de cada caso. Se debe
realizar anamnesis, exploración física y pruebas complementarias
precisas.
- Rechazar al paciente o inhibirnos terapéuticamente al comprobar
la ausencia de patología orgánica.
- Infravalorar las quejas del paciente.
- Realizar exploraciones innecesarias que sólo contribuyen a
incrementar la hipocondría del paciente.
- Limitar el tratamiento a la prescripción de fármacos.
- No revisar el tratamiento farmacológico periódicamente
para intentar prevenir el desarrollo de dependencias.
CUÁNDO
DERIVAR
En los lugares en que se disponga de recursos, se podrán derivar
al especialista los pacientes susceptibles de beneficiarse de psicoterapias
interpretativas. En general, deberán ser pacientes jóvenes,
con buen nivel intelectual y cultural, que quieran intentar reconocer
aspectos de su psiquismo en relación con el manejo de sus conflictos
y con buena capacidad de introspección. Los enfermos con menos
disposición a la psicoterapia interpretativa no se beneficiarán
de tal abordaje; en esos casos es preferible una terapia más
superficial, centrada en el apoyo y la explicación de los síntomas
clave.
FARMACOTERAPIA
Hay que evitar la automedicación. El médico debe ser quien
oriente el tratamiento.
Los pacientes con ansiedad generalizada suelen precisar ansiolíticos
durante largo tiempo. De no prescribirlos, se corre un riesgo alto de
dependencia de otros tóxicos, especialmente del alcohol. Los
antidepresivos se emplean a menudo en estos pacientes, entre otros motivos,
para evitar el desarrollo de dependencia de benzodiacepinas.
Para impedir el posible desarrollo de dependencias de benzodiacepinas
conviene recordar que:
- Es preferible emplear benzodiacepinas de eliminación lenta.
- No se deben emplear dosis excesivas.
- Hay que intentar la suspensión temporal del tratamiento cuando
la mejoría del paciente lo permita.
| Sumario
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