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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

Dolor torácico. Angina estable

Introducción


El dolor torácico es uno de los motivos de consulta médica más frecuente. En esta entidad es fundamental realizar un correcto diagnóstico diferencial, dado que su origen puede deberse a causas que no influirán en el pronóstico vital del paciente o, por el contrario, pueden ser el primer síntoma de una emergencia médica.

El dolor torácico precordial depende de las metámeras C3 a D12, las cuales reciben información de las estructuras y órganos siguientes:

1. Estructuras nerviosas y osteo-musculares del tórax.
2. Órganos y vísceras torácicas.
3. Órganos situados en la parte superior del abdomen.

En la mayoría de las ocasiones el dolor torácico se origina en el propio tórax, pero también puede proceder de vísceras próximas, estructuras neurológicas y, en determinados casos, obedecer a una causa psicógena.
Las características del dolor no siempre son constantes, pudiéndose observar diferentes causas, ausencia de correlación entre su localización y origen, y desiguales intensidades que pueden no relacionarse con su gravedad.

El dolor torácico suele demandar atención médica inmediata, por lo que es esencial realizar una completa anamnesis y una detallada exploración física, investigándose sus principales características, como su localización y relación o cambios con los movimientos corporales o la respiración profunda, su irradiación y cronicidad, con el objetivo fundamental de diferenciar si su origen es respiratorio, cardiológico u osteo-muscular.

A pesar de lo comentado anteriormente, se debe asumir una importante probabilidad de error diagnóstico ante un dolor torácico, por lo que resulta muy importante mantener siempre una actitud expectante basada en la observación clínica y la valoración de los factores de riesgo del paciente, sin caer en la petición innecesaria de pruebas complementarias costosas. Por lo tanto, dado el carácter eminentemente clínico de muchos de los diagnósticos que se barajan ante un dolor torácico, se hace inevitable que el empirismo acompañe a la toma de decisiones médicas en estas situaciones.

ETIOLOGÍA

Puede ser muy variada, lo que dificulta su correcto diagnóstico. Ante un dolor torácico resulta prioritario distinguir entre una etiología cardíaca o no cardíaca.
Las causas de dolor torácico pueden ser:

1. Cardiovasculares (Tabla I)
2. Pulmonares (Tabla II)
3. Digestivas (Tabla III)
4. De la pared torácica y la patología músculo-esquelética (Tabla IV)
5. Psíquicas (Tabla V)
6. Otras causas: absceso subfrénico.


El dolor torácico por consiguiente, se presenta como un síntoma inespecífico y puede estar originado por enfermedades pulmonares, músculo-esqueléticas, trastornos esofágicos o gastrointestinales, irritación de raíces nerviosas cérvico-torácicas, estados de ansiedad y, por supuesto, por una enfermedad cardiovascular.


La causa más común del dolor torácico de origen cardíaco es la isquemia del miocardio debida a una coronariopatía obstructiva. Por ello, siempre debe excluirse la causa cardíaca en los pacientes con antecedentes de angina típica o atípica, ya que en éstos las arterias coronarias están ya enfermas. La hipertrofia de los ventrículos y las valvulopatías aórticas también pueden causar dolor cardíaco y, menos frecuentemente la miocarditis y el prolapso de la válvula mitral. Igualmente, la pericarditis puede ocasionar un dolor que cambia con la posición o la respiración, y la disección aórtica un dolor desgarrante de gran intensidad, que se irradia a la espalda.

Entre las causas de dolor torácico de origen no cardíaco destacan la patología esofágica, la hiperventilación y los trastornos de ansiedad.

Varios estudios han demostrado que hasta el 30 por ciento de los pacientes con dolor torácico no presentan anomalías arteriales al practicarles una arteriografía coronaria.

En otros casos el dolor torácico puede ser de etiología indeterminada e incluso algunos pacientes presentan dolor torácico recurrente.

Así mismo, los trastornos reumatológicos, gastroenterológicos y psiquiátricos pueden relacionarse con el dolor torácico. Las enfermedades de la pared torácica y de la columna dorsal se diagnostican con mayor facilidad mediante el examen físico minucioso. El reflujo gastroesofágico puede causar dolor torácico en un subgrupo significativo de hasta el 25 por ciento de pacientes y el tratamiento empírico con omeprazol (20 mg./día durante varias semanas) puede constituirse en prueba diagnóstica empírica.

Hasta el 35 por ciento de los pacientes con dolor torácico recurrente de causa determinada presentará un trastorno de pánico de fondo. A los pacientes con síntomas acompañantes, como disnea, taquicardia, sensación de sofocación, sudores, desmayos o vértigos, temblores o temor de morir debe practicárseles una detallada exploración psiquiátrica. De igual forma, un número significativo de pacientes tienen depresión, ansiedad y neurosis de fondo, que pueden beneficiarse de la terapéutica farmacológica o psicológica adecuada.

Finalmente, cada vez está más claro que algunos pacientes pueden tener un aumento de la sensibilidad visceral a estímulos nocivos menores, como la distensión por globo intraesofágico, manipulación con catéter intracardíaco e infusión esofágica de ácido.

DIAGNÓSTICO

La valoración inicial del paciente con dolor torácico constará de una amplia anamnesis y correcta exploración física. Frecuentemente, unas sencillas pruebas complementarias realizables en Atención Primaria (AP) colaborarán en el diagnóstico.

Generalmente los pacientes no relatan sus síntomas de forma clara y concisa. Por ello debe hacerse una anamnesis bien estructurada intentando encuadrar el dolor en alguna de las características y perfiles principales de dolor torácico.

Anamnesis

Irá dirigida a establecer:

- El estado general del paciente: nivel de conciencia y orientación, palidez de piel y/o mucosas, sudoración, etc.
- Las características (opresivo, etc.), localización, irradiación y duración del dolor.
- Los factores desencadenantes del dolor: esfuerzo físico, movimientos físicos y/o respiratorios, estrés psíquico, relaciones sexuales, temperatura, etc.
- El perfil cardiovascular y los factores de riesgo del paciente: hipertensión arterial (HTA), diabetes, tabaquismo, hipercolesterolemia, consumo de cocaína, etc.
- Los antecedentes, si existen, del dolor: se interrogará al paciente para averiguar si se trata de un signo o síntoma nuevo o si ya existía antes.

Se deberá buscar respuesta a las siguientes preguntas (Figura 1):


-¿El dolor presenta características mecánicas, aumentando con los movimientos? Si la respuesta es positiva suele tratarse de un dolor osteo-muscular.
Si la respuesta es negativa, debe preguntarse:
-¿El dolor tiene características pleuro-pulmonares o pericárdicas, modificándose con los movimientos respiratorios, la tos y/o los cambios posturales? Si la respuesta es positiva suele tratarse de un dolor pleuro-pulmonar o pericárdico.
Si la respuesta es negativa, debe considerarse la posibilidad de que se trate de un dolor de características isquémicas o una disección aórtica, debiéndose dirigir el resto de la anamnesis en este sentido.
En el diagnóstico diferencial del dolor torácico de origen coronario puede ser de gran utilidad responder a las preguntas de los clásicos criterios de Diamond:
-¿El dolor es de localización centro-torácica?
-¿Está desencadenado por el ejercicio?
-¿Desaparece pronto con el reposo o con el uso de nitroglicerina?

Si la respuesta es positiva a las tres preguntas (Tabla VI), se trata de un dolor torácico coronario típico, si lo es sólo a dos se trata de un dolor torácico atípico y, por último, si la respuesta es positiva únicamente a una pregunta o no se responde positivamente a ninguna de ellas se trata de un dolor torácico no coronario.

Exploración física

En todo paciente que presente dolor torácico debe realizarse:

- Determinación de las constantes físicas: temperatura, presión arterial, frecuencia cardiaca, glucemia, etc.
- Inspección torácica: hematoma, lesiones herpéticas, etc.
- Exploración osteo-muscular: articulaciones condroesternales, columna cervical y dorsal, del hombro, etc.
- Inspección, palpación y auscultación cardiopulmonar y del cuello.
- Inspección, palpación y auscultación del abdomen.
- Exploración de las extremidades: pulsos periféricos, maniobra de Homans, etc.

Mediante la historia clínica se podrá establecer el perfil clínico del dolor torácico, que poseerá características isquémicas, pleuro-pulmonares o pericárdicas, osteo-musculares o mecánicas, abdominales o psicogénicas.

Las propiedades de los diferentes perfiles clínicos del dolor torácico son:

Perfil isquémico

Dolor opresivo retroesternal, con irradiación típica (cuello o mandíbula, hombros o brazos, epigastrio o espalda), síntomas acompañantes (cortejo vegetativo, disnea) y respuesta a nitritos.

Si la duración del dolor se establece en torno a los 15-20 minutos (Figura 1), orientará hacia un episodio de angina y, si por el contrario, se prolonga más allá de 30-40 minutos debe sospecharse la existencia de un infarto agudo de miocardio (IAM) o una disección aórtica.

En el caso del IAM deben cumplirse al menos dos de estos tres criterios diagnósticos:

- Dolor torácico típico.
- Electrocardiograma (ECG) característico.
- Enzimas (CK, CKMB, GOT, LDH) elevados.

Una excepción a esta norma se da ante el paciente diabético, en el que el dolor puede ser atípico o incluso no existir.

La disección aórtica produce un dolor intenso y típico, y con frecuencia se acompaña de ausencia de pulsos en algún nivel.

Por último, como regla general, puede decirse que los "pinchazos" y el dolor localizado "a punta de dedo" no suelen corresponder al perfil isquémico.

Perfil pleuro-pulmonar o pericárdico

Dolor habitualmente punzante en un hemitórax, que suele modificarse con los cambios posturales, los movimientos respiratorios y la tos. La duración e irradiación son variables y el dolor puede acompañarse de fiebre, disnea, tos y/o expectoración. Este perfil incluye los casos de neumonía, tromboembolismo pulmonar, pericarditis aguda, etc.

Perfil osteo-muscular
o mecánico

Dolor de larga duración y características variables, que suele provocarse o modificarse con los movimientos o la palpación, aliviarse con el reposo y en el que, con frecuencia, existe un antecedente traumático. Este perfil incluye los traumatismos, el síndrome de Tietze, traumatismos costales, etc.

Perfil abdominal

Muchos procesos abdominales pueden cursar con dolor torácico, por ejemplo: cólico hepático, úlcera péptica, meteorismo, pancreatitis aguda, etc. Debe saberse que, en determinadas ocasiones, la pancreatitis origina cambios en la onda T del ECG.

Perfil psicogénico

Suele tener las características de dolor torácico atípico. No se modifica ni cambia con la actividad habitual del paciente y no suele interrumpir el sueño. Con frecuencia se acompaña de disnea "suspirosa". La ansiedad, los trastornos de pánico y la depresión son las causas más frecuentes. No se debe olvidar que los pacientes con patología psicógena pueden ser portadores también de cardiopatía isquémica.

Es frecuente, especialmente en los ancianos, la coexistencia de varios dolores de diferentes etiologías, a veces asociados a cardiopatía isquémica subyacente. En estos casos deben comprobarse las características y el perfil de cada uno de ellos.

Pruebas complementarias

- Imprescindibles: radiografía (Rx) póstero-anterior de tórax y ECG.

- Optativas: analítica sanguínea con hemograma, bioquímica con enzimas cardíacos (CK, CKMB, GOT, LDH), gasometría arterial, etc.

La Rx de tórax, el ECG y la analítica sanguínea son pruebas complementarias practicables en AP. Su solicitud estará mediada por las características de urgencia o no que aporte el diagnóstico clínico. Por ello, se destaca una vez más la importancia de realizar en estos pacientes una historia clínica lo más detallada y completa posible.

La Rx de tórax, aunque está al alcance de todos los médicos de AP, tiene la limitación del desplazamiento del paciente a un centro especializado para su realización, lo que origina que en este caso, sea determinante el factor tiempo.

El ECG, también está disponible para la mayoría de los médicos de AP, en consulta y turnos de Atención Continuada, siendo posible su realización e interpretación de forma inmediata.

La analítica también puede practicarse en AP, pero como en el caso de la Rx, el factor tiempo influye en su solicitud.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Las principales patologías que deben considerarse en el diagnóstico diferencial del dolor torácico son el angor, el IAM, la disección aórtica, el tromboembolismo e infarto pulmonares, el neumotórax, la mediastinitis (rotura esofágica) y la pericarditis (Tabla VII).


Siempre deben tenerse presentes las causas de dolor torácico de origen no cardíaco, entre las que destacan los trastornos esofágicos, la hiperventilación, las crisis de pánico y los trastornos de ansiedad. Aproximadamente la mitad de estos pacientes pueden tener sintomatología de dolor torácico y discapacidad.
Las características particulares del dolor torácico, según las diferentes patologías causantes, pueden facilitar el diagnóstico diferencial de este síndrome:

Patología cardiovascular

Es característico el perfil isquémico. El dolor de la angina se desencadena con el esfuerzo, el estrés, la digestión o el ambiente frío, aparece gradualmente, no se relaciona con los movimientos, suele relatarse como opresivo, quemante, urente o transfixivo, se alivia con el reposo o uso de nitritos y con frecuencia coexisten factores de riesgo de enfermedad coronaria, no siendo sugerente de angina el dolor en el hemitórax derecho.

La disnea puede ser un equivalente anginoso en ciertos enfermos con disfunción ventricular. La angina variante o de Prinzmetal aparece por la noche y el ECG muestra elevación del segmento ST sin que se detecten alteraciones enzimáticas.

En el infarto agudo de miocardio el dolor es más constante e intenso que en el angor, es rebelde a los nitritos y suele acompañarse de cortejo vegetativo (nauseas, vómitos y sudoración), aunque en los ancianos y pacientes diabéticos la presentación puede ser más silente. Además pueden detectarse signos de hipoperfusión periférica por reacción vagal o bajo gasto, y auscultarse un cuarto tono o soplos de regurgitación mitral por disfunción o rotura de los músculos papilares o de las cuerdas tendinosas.

En la pericarditis aguda el dolor suele ser precordial, agudo, intenso, irradiado al cuello y espalda. Frecuentemente, se alivia con la sedestación y se agrava con el decúbito, la tos, los movimientos respiratorios y la deglución. En ocasiones, el dolor es constante, opresivo e irradiado a algún brazo, como en el infarto agudo de miocardio, lo que convierte en imprescindible la determinación enzimática seriada. A menudo se detectan roces pericárdicos y en ocasiones existe el antecedente de un síndrome gripal en los días precedentes que sugeriría etiología viral.

El prolapso de la válvula mitral ocasiona dolores sordos, prolongados y erráticos de localización subesternal. Una auscultación cuidadosa descubre el clic mesosistólico y el soplo telesistólico, que se intensifican con la sedestación y las maniobras de Valsalva. La regurgitación aórtica crónica severa con gran dilatación del ventrículo izquierdo, la miocardiopatía hipertrófica idiopática y la estenosis aórtica con gradiente importante son ejemplos de cardiopatías reconocibles por la auscultación, en las que puede existir dolor torácico de perfil variable o simplemente anginoso.

En la disección aórtica el dolor precordial suele ser muy intenso desde el primer momento, se irradia típicamente a la espalda o a la inversa cuando se inicia en la aorta descendente y suele existir antecedente de HTA severa u otras enfermedades predisponentes. Es propio de este cuadro observar un ensanchamiento mediastínico en la Rx de tórax, notar una ausencia o atenuación de algún pulso radial o carotídeo a la palpación y auscultar el soplo de insuficiencia aórtica.

Trastornos esofágicos

Hasta el 50 por ciento de los pacientes sometidos a arteriografía coronaria con resultado normal, en la exploración tienen anomalías esofágicas demostrables. Por otro lado, el cincuenta por ciento de los pacientes con enfermedad coronaria tienen afectación esofágica. Estas circunstancias originan que el diagnóstico diferencial entre el dolor torácico coronario y el de causa esofágica sea complejo. Aunque los mecanismos específicos que producen el dolor torácico no se conocen adecuadamente, este se atribuye habitualmente al estímulo de quimiorreceptores (ácidos y bilis) y/o mecanorreceptores (espasmo y distensión), pareciendo tener un origen multifactorial que puede ser diferente en cada paciente.

Sugieren un origen esofágico del dolor torácico su persistencia durante horas, la interrupción del sueño o relación con las comidas, el alivio con el uso de antiácidos y la existencia de otros síntomas esofágicos como pirosis, disfagia o regurgitación.

Por otro lado, está bien documentado que el reflujo gastroesofágico puede ser desencadenado por el ejercicio intenso, y consigue producir un dolor torácico de esfuerzo que simula una angina, incluso en la prueba de esfuerzo.

Para aumentar la complejidad diagnóstica, las pruebas de motilidad y provocación esofágica (perfusión ácida y distensión con balón) no son lo suficientemente sencillas e inocuas, y su sensibilidad no es elevada.

Por último, existe una relación, sin que esté demostrada causa-efecto, entre los trastornos esofágicos y los psicológicos, siendo más frecuentes en aquellos la ansiedad, somatización y depresión.

El abordaje de los pacientes con dolor torácico recidivante en AP debe contemplar la realización de pruebas complementarias (tránsito esófago-gastro-duodenal con bario, radiografías seriadas e incluso endoscopia) y prescripción de tratamiento antirreflujo durante uno o dos meses, período tras el que, si no se observase una respuesta adecuada, se recomendaría la derivación al nivel especializado para la realización de unas exploraciones complementarias más complejas.

Trastornos pleuro-pulmonares

El dolor pleuro-pulmonar suele localizarse en el hemitórax afectado, tiene características pleuríticas y perfil pleuro-pulmonar o pericárdico, presenta frecuentemente disnea, expectoración, fiebre, tos y/o hemoptisis, según la patología causante de la enfermedad.

La hipertensión pulmonar primaria o secundaria, y en general, las enfermedades que provocan disnea, suelen acompañarse de dolor torácico difuso o mal localizado, aunque suele referirse al plano anterior del tórax.

La embolia pulmonar y las enfermedades mediastínicas cursan con dolor retroesternal intenso de perfil pleurítico irradiado a los hombros cuando la patología de base es aguda, siendo el dolor opresivo y constante cuando tiene un carácter crónico.

La neumonía suele presentar un perfil pleuro-pulmonar, con dolor en el costado, fiebre, tos y hemoptisis.

En todos estos casos, una completa anamnesis que incluya los antecedentes del paciente, la detección de hipoxemia, cianosis o aumento del trabajo respiratorio y el complemento de la Rx de tórax son muy importantes para establecer el diagnóstico.

Trastornos neuromusculares y osteoarticulares

El dolor torácico de los trastornos neuromusculares y osteoarticulares suele presentar un perfil osteo-muscular o mecánico.

La neuritis herpética suele ocasionar neuralgias urentes o lancinantes, de distribución metamérica, con hipersensibilidad al roce de la piel. Una observación cuidadosa podrá detectar las lesiones cutáneas características.

La radiculopatía compresiva (espondilitis, espondiloartrosis, hernia discal) manifiesta parestesias o déficit neurológicos en el territorio de los miembros superiores.

En la patología muscular suele descubrirse un antecedente traumático o laboral.

Otras enfermedades como las metástasis óseas, espondiloartropatías seronegativas, patología de la mama en la mujer, pueden manifestarse con dolor torácico.

Trastornos psiquiátricos

Los trastornos psiquiátricos suelen acompañarse de disnea y suspiros. La ansiedad y la depresión son causas frecuentes de dolor torácico precordial, frecuentemente atípico.

CRITERIOS DE DERIVACIÓN

La derivación a la Atención Especializada (AE) dependerá del diagnóstico clínico efectuado en AP. En general, pueden establecerse (Figura 1) los siguientes criterios de derivación:

- Dolor torácico de características mecánicas u osteo-musculares.

Se debe tratar la causa específica, solicitándose, si fuera preciso, pruebas complementarias como la Rx de tórax, analítica con pruebas reumáticas, etc., para determinar el diagnóstico y valorar su derivación a la AE.

- Dolor torácico de características pleuro-pulmonares o pericárdicas.

- Ante la sospecha de tromboembolismo pulmonar, neumotórax, mediastinitis y/o pericarditis se derivará al Servicio de Urgencias.
- La neumonía, en principio, se puede diagnosticar y tratar en AP.

- Dolor torácico de características isquémicas.

- La angina estable debe derivarse vía normal a consulta de Cardiología.
- La angina estable de comienzo reciente (antigüedad inferior a un mes) debe derivarse con carácter preferente a la consulta de Cardiología. Esta entidad se considera "inestable" cuando tiene un carácter progresivo o se desencadena incluso desde su inicio con esfuerzos mínimos o inferiores a los ordinarios (clases III y IV de la Canadian Cardiovascular Society).
- La angina inestable, angina de Prinzmetal, infarto agudo de miocardio y disección aórtica obligan a la derivación al Servicio de Urgencias.
- En el paciente diabético que presenta dolor torácico se recomienda su derivación al Servicio de Urgencias, dado que en estos individuos el dolor puede ser atípico o incluso no existir, debiendo realizarse la analítica (CK, CKMB) específica y, en determinadas circunstancias, otras pruebas complementarias (prueba de esfuerzo, talio-dipiridamol, ecocardiograma de estrés, coronariografía), para llegar al diagnóstico definitivo.


Ante un dolor torácico claramente coronario o con razonables dudas diagnósticas, debe antiagregarse al paciente independientemente del tipo de derivación que se realice.

Los criterios de Diamond (Tabla VI) pueden ser de utilidad para orientar al médico de AP sobre las características de la derivación que se debe realizar (Tabla VIII), urgente al hospital o, preferente o normal a la consulta de AE.

- Otros tipos de dolor torácico

El dolor torácico de origen digestivo o psicógeno puede requerir, en determinadas circunstancias, el estudio y valoración con carácter normal o preferente por el especialista de digestivo o psiquiatría respectivamente.

En resumen ante una situación de dolor torácico precordial hay que pensar en seis patologías que son indicativas de derivación urgente al servicio de urgencias hospitalario:

1. Infarto agudo de miocardio.
2. Angina inestable.
3. Disección aórtica.
4. Emergencia hipertensiva.
5. Tromboembolismo pulmonar.
6. Neumotórax.

DIFICULTADES EN ATENCIÓN PRIMARIA

La anamnesis, exploración física y diagnóstico en general no deben presentar ninguna complicación para el médico general/de familia.

En lo referente a la solicitud o realización de pruebas complementarias, debe considerarse que no debe entrañar ninguna dificultad para el médico de AP la realización e interpretación del ECG, ni la solicitud y comprensión de la analítica y la Rx de tórax, siempre que se trate de un dolor torácico de características mecánicas u osteo-musculares.

En general, en el caso de la angina estable, la derivación (Tabla VIII) se debe realizar con carácter normal a la consulta de AE, solicitando el médico de AP la analítica, el ECG y la Rx póstero-anterior de tórax, que el paciente aportará en su día a la consulta del especialista.

Sin embargo, en algunos casos de dolor torácico en los que se presume una etiología digestiva (pancreatitis, colecistitis, ulcus, espasmo esofágico) o psicógena, en la mayoría de los de origen pleuro-pulmonar y pericárdico (tromboembolismo pulmonar, neumotórax o pericarditis), y en casi todos los que se sospecha angina estable (el síndrome coronario agudo y la disección aórtica son de obligada derivación a Urgencias), la duda diagnóstica, el desplazamiento y/o el tiempo empleado en la solicitud, cita y realización de las pruebas complementarias practicables en AP determinan que sea frecuente la derivación a Urgencias.

Por otro lado, debe tenerse en cuenta que en la mayoría de los casos de dolor torácico de perfil isquémico, el tiempo que transcurre desde el inicio de la sintomatología y la atención hospitalaria en caso de que el origen sea un síndrome coronario agudo, es vital. Existen distintos factores que influyen en el tiempo que transcurre desde el inicio de los síntomas de dolor torácico de perfil isquémico y el ingreso en una unidad coronaria:

- En primer lugar está el tiempo que tarda el paciente en solicitar ayuda médica, que suele ser superior a una hora.
- En segundo lugar debe contabilizarse el tiempo originado por el transporte, que puede oscilar desde 20 minutos a más de una hora.
- En tercer lugar debe contarse con el retraso intrahospitalario hasta llegar a la unidad coronaria, que suele ser de una hora.

La intensidad leve del dolor, el vivir acompañado y la aparición nocturna de los síntomas, suelen estar asociados con un retraso en la llegada al hospital, mientras que la llegada precoz suele estar asociada al comienzo de los síntomas fuera del domicilio, la cercanía del domicilio al hospital, vivir sólo y la intensidad fuerte del dolor.

En general la mediana de tiempo que transcurre hasta que el paciente es tratado en una unidad coronaria es de dos horas.

Para finalizar, una buena interrelación entre la AP y la AE (cardiología, medicina interna, etc.) es esencial para conseguir una optimización del manejo de estos pacientes. La creación de grupos de trabajo constituidos por especialistas hospitalarios y extrahospitalarios, y médicos de AP, con la posterior elaboración de protocolos locales consensuados conjuntos entre ambos niveles asistenciales, han demostrado mejorar la calidad de la asistencia prestada a estos pacientes y evitar parte de su excesivo trasiego a los Servicios de Urgencia hospitalarios y consultas de AE.

Algunas consideraciones sobre las dificultades diagnósticas que encierra el dolor torácico son:

1. El 5 por ciento de los pacientes dados de alta desde el servicio de urgencias, por considerar que su dolor no era coronario, pueden desarrollar infarto en las siguientes horas o días.

2. Entre el 15 y el 30 por ciento de los IAM y enfermedad coronaria tienen presentación atípica.

3. El ECG puede ser normal o anormal pero no diagnóstico entre el 10 y el 40 por ciento de los casos de angina inestable e IAM respectivamente.

4. Los niveles enzimáticos son normales en las primeras horas del IAM.

5. El aneurisma de aorta debe sospecharse en casos de dolor agudo irradiado a espalda en pacientes con HTA.

6. En los pacientes encamados, con cirugía reciente o patología venosa de los miembros inferiores, ante todo dolor torácico que se acompañe de taquipnea, disnea o hipotensión debe sospecharse un tromboembolismo pulmonar, aunque los signos exploratorios y electrocardiográficos no sean típicos.

7. En pacientes jóvenes sanos con dolor que aumente con la inspiración hay que descartar un neumotórax espontáneo.

8. La urgencia/emergencia hipertensiva puede manifestarse con dolor precordial, disnea, cefalea o mareo. En estos pacientes debe descartarse enfermedad coronaria.





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