Aula Acreditada:

Información General | Temario | Boletín de inscripción 


 
numero.gif (1368 bytes)


 


 

PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

 

Miocardiopatías y Miocarditis

Miocarditis

El diagnóstico de miocarditis se lleva a cabo cuando el corazón se afecta por cualquier inflamación de origen infecciosa, tóxica, química, inmunitaria o física.
Los mecanismos por los que los agentes infecciosos son capaces de producir daño miocárdico se resumen en tres: invasión directa del miocardio, alteraciones mediadas por toxinas (el ejemplo típico es la toxina diftérica) y alteraciones o daño mediado inmunológicamente. La identificación del agente causal se apoyará normalmente en los síntomas extracardíacos puesto que los cardíacos son muy inespecíficos. El daño inmunológico mediado por virus está en el posible camino que va desde una miocarditis a una miocardiopatía dilatada.

La miocarditis es una entidad en la que se observa un tejido cardíaco con degeneración miofibrilar y un infiltrado intersticial linfocitario.

Clínica

Su principal manifestación clínica, aunque no exclusiva, es un cuadro de insuficiencia cardíaca. Muchas de las miocarditis se diagnostican al estudiar mediante biopsia endomiocárdica a pacientes afectos de miocardiopatía dilatada con insuficiencia cardíaca de larga evolución.

El cuadro clínico de las miocarditis infecciosas varía desde una insuficiencia cardíaca rápidamente progresiva y mortal por una miocarditis que afecta a todo el músculo cardíaco, hasta otras formas asintomáticas o paucisintomáticas en las que existen pequeños fenómenos inflamatorios locales. En la mayoría de los pacientes las alteraciones son autolimitadas e incluso pasan inadvertidas. En determinadas ocasiones causa insuficiencia cardíaca aguda y en otras puede ser causa de arritmias que florecen sobre un corazón de apariencia normal. Incluso hay autores que refieren que algunos enfermos con dolores precordiales y coronarias normales han podido sufrir miocarditis subclínicas anteriormente.

La afección miocárdica es subclínica en la mayoría de las infecciones agudas que afectan al miocardio, los cambios electrocardiográficos en el ST y la T ponen en ocasiones en la pista de su existencia, aunque fatiga, disnea, palpitaciones o precordalgias pueden existir. Debe saberse que el dolor precordial puede deberse a pericarditis asociada. En ocasiones la movilización de enzimas, el dolor precordial, las alteraciones del ECG e incluso las anomalías segmentarias en la cinesia, estudiadas con ecocardiograma, hacen que el diagnóstico erróneo inicial sea de infarto agudo de miocardio o de espasmos coronarios.

Diagnóstico

En la exploración física se suele encontrar taquicardia no acorde con el estado febril y suele oírse un galope protodiastólico. Son raros los soplos diastólicos y frecuentes los sistólicos en ápex. Igualmente, pueden estar presentes los datos propios de la insuficiencia cardíaca si se trata de casos importantes o graves.

Las anormalidades del ECG más frecuentes son: alteraciones inespecíficas de T/ST, arritmias auriculares y ventriculares, trastornos de conducción aurículoventriculares y/o intraventriculares, y muy raramente ondas Q. Los bloqueos aurículo-ventriculares completos se ven en ocasiones y aunque en general son transitorios y se resuelven solos, a veces son capaces de producir la muerte de los sujetos afectados.

La Rx de tórax no suele aportar información útil, excepto en casos de cardiomegalia franca o cuando existen signos de congestión pulmonar.

El ecocardiograma es normal en muchas ocasiones, muestra disfunción del ventrículo izquierdo o las ya referidas alteraciones segmentarias. En ocasiones puede estar alterado el llenado ventricular.

La gammagrafía y la resonancia nuclear magnética pueden ayudar al diagnóstico mostrando algunas lesiones características de este proceso, pero el diagnóstico etiológico se hará generalmente con la identificación del agente causal en heces, exudados faríngeos, sangre, líquido pericárdico, con los resultados de los estudios serológicos seriados, o con el uso de anticuerpos antimiosina. Esta última es una técnica inmunoescintigráfica en la que se emplean anticuerpos monoclonales frente a miosina marcados con In-11 que presentan gran afinidad por las áreas de necrosis miocárdica, y ha sido validada para la detección de infarto agudo de miocardio, aunque en el caso de la miocarditis los estudios realizados han sido escasos y con pocos pacientes, por lo que las conclusiones deben tomarse con reservas. Esta técnica tiene un destacado valor predictivo negativo, sugiriendo que ante una prueba normal no sería necesaria la realización de una biopsia endomiocárdica.

En la Tabla IX se reseñan los agentes etiológicos infecciosos relacionados más claramente con miocarditis.

El elemento histológico esencial de la miocarditis es el infiltrado miocárdico inflamatorio con evidente asociación de daño en los miocitos. El infiltrado inflamatorio puede estar constituido por una gran variedad de líneas celulares: polimorfonucleares, linfocitos, macrófagos, células plasmáticas, eosinófilos, y células gigantes. Casi es obvio decir que en las bacterianas predominan los polimorfonucleares, en las víricas los linfocitos y en las debidas a hipersensibilidad, los eosinófilos. El estudio anatomopatológico rara vez consigue averiguar la etiología concreta, aunque en ocasiones la microscopía electrónica y algunas técnicas de inmunofluorescencia ponen muy en la pista de la etiología específica de cada caso.

Tratamiento

El tratamiento muy a menudo consiste en mantener vivo al enfermo mientras se va curando, como en otros muchos campos de la Medicina.

La predilección comentada por el sistema de conducción aurículo-ventricular en algunas miocarditis obliga a vigilar este aspecto de forma activa y estricta.

El reposo y la oxigenación adecuados son dos soportes muy interesantes en busca de disminuir las necesidades de trabajo del miocardio.

IECA, diuréticos y digoxina tienen sus indicaciones formales que no deben sobrepasarse, debiéndose cuidar las posibles intoxicaciones digitálicas debidas a la especial sensibilidad que acontece en esta situación clínica.

Es controvertido el uso de corticoides y están contraindicados cuando la etiología es vírica.

También están contraindicados los antiinflamatorios no esteroideos, dado que en las fases agudas, especialmente en las miocarditis víricas, pueden aumentar el daño miocárdico. Los antiinflamatorios no esteroideos sí son seguros en fases tardías de la enfermedad.

Los inmunosupresores solos o asociados a corticosteroides han sido utilizados en diferentes ensayos con resultados descorazonadores.

Finalmente se distinguen dos situaciones respecto al trasplante cardíaco en estos pacientes. En la fase aguda y/o activa de la miocarditis se recomiendan medidas de soporte ventricular, en base a la más que frecuente recuperación de la función ventricular con el tiempo y a la alta posibilidad de desarrollo de rechazo del corazón trasplantado, lo que parece deberse a la actuación de los mismos mecanismos autoinmunes puestos en marcha al desarrollarse la miocarditis. Respecto a la fase de miocardiopatía dilatada a la que puede conducir la miocarditis, las consideraciones sobre el trasplante son las ya realizadas en ese capítulo.

De las múltiples clasificaciones realizadas sobre las miocarditis la más extendida es la que las divide en primarias o secundarias. De las formas primarias no se conoce con certeza el mecanismo etiológico, mientras que las secundarias se producen como consecuencia de un agente específico o en el contexto de una enfermedad conocida. En la mayoría de las ocasiones queda sin diagnóstico el tipo etiológico y, desde un punto de vista práctico, los esfuerzos deben ir encaminados a descartar las formas que tienen un tratamiento específico.

Diagnóstico diferencial

En el diagnóstico diferencial de la miocarditis existen varias entidades a destacar.

Así, el infarto agudo de miocardio constituye el error más frecuente sobre todo en los cuadros que se acompañan de alteraciones electrocardiográficas del segmento ST y movilización de enzimas, aunque resulta tranquilizador para los intervencionistas que esté descrito que la administración de trombolíticos a estos pacientes no implica resultados más desfavorables.

Otro diagnóstico diferencial es el de patología valvular aguda, fácilmente descartable mediante ecocardiografía, pero hasta la realización de la misma tanto la insuficiencia mitral aguda como la aórtica pueden producir cuadros severos de edema de pulmón y/o shock cardiogénico superponibles a las formas más graves de miocarditis.

Por último, algunos accidentes cerebro-vasculares, especialmente los intraparenquimatosos y la hemorragia subaracnoidea, pueden debutar con cuadros sincopales y alteraciones de la repolarización (grandes T invertidas en el ECG), obligando a realizar un correcto diagnóstico diferencial con el proceso que nos ocupa.

El pronóstico de los pacientes con miocarditis es, considerados de forma global, bastante bueno. En un metaanálisis de los estudios publicados a este respecto, con períodos de seguimiento entre 6 meses y 5 años, la tasa de mejoría de los pacientes alcanzó el 58 por ciento, con una tasa de deterioro del 15 por ciento (de los que no todos los pacientes fallecieron). Sin embargo, no se disponen de datos sobre las formas agudas que requieren ingreso urgente, sospechándose un pronóstico no tan benigno.

Se dejan expresamente sin comentar algunas de las miocarditis infecciosas de las que disponemos de más experiencia con la única idea de no hacer más prolífico el presente capítulo. Así, el virus coxsackie, citomegalovirus, el de la hepatitis, parotiditis, poliomielitis, varicela, rubéola, sarampión, difteria, brucella, enfermedad de Lyme, enfermedad de Whipple, micósis, enfermedad de Chagas, paludismo, etc., han afectado al miocardio con la frecuencia y en extensión suficiente como para que reconozcamos su importancia.

Para terminar, los tóxicos, productos químicos, procesos inmunitarios y agentes físicos que pueden producir con mayor frecuencia cuadros de miocarditis son, según refieren Wynne y Braunwald, la cocaína, el interferon alfa, los antidepresivos tricíclicos, la interleukina-2, las fenotiazinas, la metisergida, cloroquina, los compuestos de antimonio, el litio, los hidrocarburos, las catecolaminas, el plomo, monóxido de carbono, la hipocalcemia, hipofosfatemia, hipomagnesemia, el déficit de selenio, taurina y/o carnitina, las picaduras de escorpión, avispas y arañas, las mordeduras de serpiente, el arsénico, la ciclofosfamida, azida, el paracetamol, 5-fluoruracilo, la adriamicina y daunorrubicina.

Los fármacos que por hipersensibilidad pueden producir miocarditis se recogen en la Tabla X (también de Wynne y Braunwald).



Igualmente, puede encontrase la miocarditis de células gigantes, de posible etiología inmunitaria, y la ocasionada por agentes físicos, como el golpe de calor, la hipotermia y radiación.



 


|Sumario