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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

 

Insuficiencia Cardiaca Congestiva Crónica en Atención primaria

Tratamiento


Los cambios fisiopatológicos que se producen en el síndrome clínico de la ICCC son complejos y comprenden anormalidades en la sístole y la diástole cardíacas.

La disfunción sistólica y diastólica originan desiguales manifestaciones clínicas, los hallazgos físicos en ellas observados son distintos, y su tratamiento y pronóstico son diferentes, por lo que, como se ha dicho anteriormente, es esencial que el médico de familia realice una correcta aproximación a su diagnóstico en AP.

Más adelante, en el nivel especializado, la ecocardiografía logrará el diagnóstico definitivo del tipo de disfunción, evaluará la función del VI e incluso calculará su FEVI.

En líneas generales puede decirse que en la disfunción sistólica se evidencia una FEVI disminuida, ordinariamente inferior al 45 por ciento, mientras que en la disfunción diastólica se observa un llenado ventricular reducido con una FEVI normal.

Por otro lado, debe saberse que la mayoría de los datos disponibles en la actualidad sobre la eficacia de los diferentes fármacos en la ICCC proceden de estudios que se han llevado a cabo en pacientes con disfunción sistólica, es decir, en enfermos que presentaban una FEVI inferior a la normal.

El adecuado abordaje terapéutico de la ICCC requiere un enfoque multifactorial e individualizado, debiendo cumplir los siguientes objetivos:

- Averiguar y, si es posible, abordar la causa subyacente.
- Identificar los factores agravantes y precipitantes de la enfermedad e intervenir sobre ellos.
- Establecer el tipo de disfunción ventricular existente.
- Valorar la clase funcional (clasificación de la NYHA).
- Subsanar la sobrecarga hidrosalina si existe.
- Corregir los principales síntomas: disnea, astenia, etc.
- Mejorar el pronóstico.

La elección de una determinada medida en el tratamiento de las enfermedades debe regirse por criterios de evidencia científica. En el caso del tratamiento de la ICCC, este trabajo ha seguido las recomendaciones que hace al respecto la Sociedad Europea de Cardiología en la Guía publicada en 2001, en la cual clasifica la evidencia científica en los siguientes grados:

- Nivel de evidencia A: al menos dos estudios randomizados respaldan su empleo.
- Nivel de evidencia B: un estudio randomizado y/o meta-análisis apoya/n su uso.
- Nivel de evidencia C: consensos oficiales de expertos basados en estudios y experiencia clínica recomiendan su utilización.

En líneas generales, el tratamiento de la ICCC debe incluir una dieta hiposódica, la recomendación de practicar una actividad física acorde a las limitaciones del paciente y el uso de determinados fármacos.

En determinadas circunstancias, el tratamiento de la ICCC puede requerir la cirugía y, algunas veces, el trasplante cardíaco.

El tratamiento farmacológico de la ICCC debe mejorar la sintomatología y el pronóstico del paciente, reducir la impedancia a la eyección del VI mediante la dilatación de los vasos sanguíneos periféricos y la mejora de la función del corazón, y/o actuar sobre la remodelación cardiaca.

Debe saberse que la causa más frecuente de recaída y reingreso en los pacientes con ICCC es el incumplimiento terapéutico. Por ello resulta esencial establecer programas educacionales dirigidos al paciente y sus familiares que faciliten el conocimiento de la enfermedad, su significado y su pronóstico. En estos programas se deberá hacer especial énfasis, incluso en ausencia de síntomas, en la importancia del cumplimiento terapéutico higiénico-dietético y farmacológico, así como prestar apoyo psicológico al paciente y a sus familiares ante el estrés psíquico que supone la enfermedad.

Dicho todo esto, debe decirse que el médico de familia, debidamente formado y en estrecha relación con el especialista, debe convertirse en el principal protagonista del tratamiento no farmacológico del paciente diagnosticado de ICCC, del inicio y control del tratamiento con fármacos en las formas no complicadas de la enfermedad, y del seguimiento de estos enfermos.

TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICO

En el tratamiento de la ICCC son fundamentales las medidas no farmacológicas (nivel de evidencia C), como son:

- Dieta hiposódica: se evitarán los alimentos salados (precocinados, enlatados, embutidos, aceitunas, lácteos, etc.) y la adición de sal a los alimentos después de cocinados. En líneas generales el contenido en sodio no debe superar los 3 gr/día.
- Ejercicio físico: en la ICCC estable se recomienda mantener una actividad física acorde con las posibilidades del paciente. El paseo diario, con incremento progresivo de la distancia caminada en el transcurso de semanas o meses, controlando la aparición de sintomatología específica, es la medida más recomendable.
- Actividad sexual: no es posible dictar unas normas para la generalidad de los pacientes. Si no están contraindicados, puede ser recomendable el empleo de nitratos sublinguales antes de la actividad sexual. Los pacientes en la clase funcional II de la NYHA tienen un riesgo intermedio y los de las clases III y IV tienen un riesgo elevado de descompensación cardíaca causada por la actividad sexual.
- Viajes: la altitud extrema o los lugares muy calurosos o húmedos pueden descompensar al paciente con ICCC. En general son preferibles los transportes en avión a los realizados en cualquier otro medio que implique muchos días de viaje. En pacientes con ICCC severa, los vuelos de muy larga duración pueden ocasionar complicaciones (deshidratación, edemas en miembros inferiores, trombosis venosa, etc.).
- Supresión de hábitos tóxicos: prohibición absoluta del consumo de alcohol y tabaco.
- Fármacos a evitar: en general, debe evitarse en el paciente con ICCC el empleo de antiinflamatorios no esteroideos, antiarrítmicos de la clase I, bloqueadores de los canales del calcio (verapamilo, diltiazem, dihidropiridinas de primera generación), antidepresivos tricíclicos, corticosteroides y litio.
- Control del balance hídrico: la restricción del aporte líquido es fundamental en caso de existir hiponatremia.
- Control del peso diario matutino en ayunas: facilita la detección de retención hidrosalina y puede evitar el sobrepeso.
Igualmente, en todo paciente diagnosticado de ICCC se recomienda la vacunación anual antigripal y antineumocócica, así como el control estricto de los factores de riesgo cardiovascular y de otros eventos cardíacos como las arritmias.

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO



Para lograr los objetivos del tratamiento de la ICCC, es necesario (Tabla IX):

- Suprimir el edema y aumentar el gasto cardíaco por medio del efecto que sobre la precarga y la poscarga ejercen fármacos como los diuréticos y vasodilatadores como los IECA, ARA II y nitratos.
- Inhibir los mecanismos neurohormonales mediante el empleo de IECA, ARA II, betabloqueadores (BB) y digoxina.
- Aumentar la contractilidad cardíaca.


Los fármacos más frecuentemente utilizados en el tratamiento de la ICCC son los siguientes (Tabla X):

Diuréticos

Son unos fármacos muy efectivos y constituyen la primera opción terapéutica en los pacientes sintomáticos, especialmente si existe edema pulmonar y/o periférico (nivel de evidencia A). Igualmente, mejoran la disnea e incrementan la tolerancia al ejercicio (nivel de evidencia B).


En la ICCC se aconseja que el inicio del tratamiento con diuréticos se realice con tiazidas o con uno de asa a dosis bajas, con incremento progresivo de la posología hasta controlar los síntomas (Tabla XI).

En el caso de que existan edemas persistentes, insuficiencia renal o edad avanzada se recomienda la utilización de diuréticos de asa. Igualmente debe saberse que en el caso de existir insuficiencia renal los diuréticos tiazídicos generalmente no son efectivos cuando la filtración glomerular es inferior a 30 ml/min.

En los estadios avanzados de la ICCC, y especialmente en las formas edematosas, se recomienda la asociación de espironolactona al tratamiento habitual de la enfermedad (nivel de evidencia B). Este diurético ahorrador de potasio ha demostrado recientemente (estudio RALES) que añadido a bajas dosis (25 mg/día) a la terapia convencional en pacientes con ICCC en la clase funcional III ó IV de la NYHA y FEVI inferior al 35 por ciento, disminuye los riesgos de mortalidad global (29 por ciento), muerte cardíaca (30 por ciento) y hospitalizaciones (36 por ciento), salvando una vida por cada nueve enfermos tratados en dos años, con un coste de 25 pesetas (0,15 e) al día por paciente. De igual forma, en los enfermos en la clase funcional II de la NYHA también puede ser útil la asociación de la espironolactona a los diuréticos de asa para contrarrestar las pérdidas de potasio y magnesio.

Los diuréticos producen ciertos efectos adversos en el sistema neurohormonal. Por ello, se recomienda que su empleo se realice siempre en asociación a un IECA (nivel de evidencia C) y nunca en monoterapia, y se preste especial atención a la aparición de posibles reacciones adversas, como pueden ser la hipotensión postural, hipopotasemia, hipomagnesemia, hiperpotasemia cuando se asocian diuréticos ahorradores de potasio e IECA, hiperglucemia y dislipidemia.

Inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina

Son muy numerosos los ensayos clínicos controlados (CONSENSUS, SOLVD, SAVE, TRACE, V-Heft-II, ATLAS, etc.) que han demostrado como los IECA mejoran la sintomatología, la calidad de vida y la tolerancia al ejercicio, disminuyen la progresión de la enfermedad y aumentan la supervivencia en los pacientes con disfunción sintomática (nivel de evidencia A) y asintomática del VI en la ICCC con FEVI disminuida (nivel de evidencia A).

De igual modo, en los pacientes con ICCC, infarto agudo de miocardio previo y FEVI normal tratados con diuréticos, también los IECA han demostrado mejorar de manera significativa la clase funcional de la NYHA, la tolerancia al ejercicio, FEVI y función diastólica del VI, así como reducir el índice cardiotorácico y la masa ventricular izquierda.

Sin embargo, a pesar de la eficacia demostrada por los IECA, el empleo de estos fármacos, especialmente en AP, sigue siendo escaso y a dosis reducidas. Es posible que estas circunstancias estén favorecidas por la existencia de un ajuste posológico eficaz complicado, sus posibles efectos adversos y el desconocimiento de sus beneficios.



Para concluir, puede decirse que los IECA están indicados en la ICCC clínica y en la disfunción ventricular asintomática con FEVI inferior al 35 por ciento, salvo que existan contraindicaciones específicas para su uso. Este hecho obliga a que los médicos de familia conozcan perfectamente la correcta posología de estos fármacos (Tabla XII), las precauciones a observar y sus posibles reacciones adversas (Tabla XIII).

 

Antagonistas de los receptores de la angiotensina II

Las principales ventajas de los ARA II frente a los IECA son la ausencia de producción de tos y otros efectos adversos como el angioedema, la disfunción renal y la hipotensión en la primera dosis. De hecho, en la mayoría de los estudios realizados, los efectos secundarios de estos fármacos son comparables a los del placebo.

Por otro lado, es conocido que los IECA no actúan sobre la angiotensina II producida por vías diferentes (convertasa y/o quimasa) a los del enzima convertidor de la angiotensina, vías que alcanzan los ARA II, así como el efecto favorable que alguno de estos fármacos puede ejercer sobre la uricemia (losartán).

El losartán, prototipo de los ARA II, ha demostrado en el estudio ELITE II que reduce la morbimortalidad de forma similar a captopril pero con mejor tolerabilidad.

De igual forma, el valsartán ha demostrado también recientemente por medio del estudio Val-HeFT (VALsartan HEart Failure Trial), realizado en pacientes con ICCC estable crónica en la clases funcionales II-IV de la NYHA, con FEVI inferior al 40 por ciento y tratamiento convencional con diuréticos, IECA, BB y/o digoxina, que su empleo ejerce un efecto neutro sobre la mortalidad, pero disminuye la morbilidad y mortalidad combinadas por todas las causas en un 13,3 por ciento, y las hospitalizaciones en un 27,5 por ciento, mejorando significativamente la clase funcional, la FEVI y los signos y síntomas de la enfermedad, así como la calidad de vida de los pacientes.

Otros grandes ensayos clínicos que se están llevando a cabo con ARA II en la ICCC son el CHARM, con candesartán, y RESOLVD, con candesartán-
enalapril. Estos grandes estudios incluyen varios miles de pacientes y permitirán conocer con detalle la utilidad de estos nuevos fármacos en esta enfermedad, así como el posible beneficio de su asociación con los IECA.

Por otro lado, debe decirse que los estudios que se han realizado hasta ahora con los ARA II han observado una posible interacción negativa entre estos fármacos y los BB, la cual deberá ser esclarecida en el futuro.

En el momento actual se puede decir que los ARA II son tan efectivos en el tratamiento de la ICCC, en términos de reducción de mortalidad, como los IECA (nivel de evidencia B). Por ello, se puede decir que los ARA II están indicados en caso de intolerancia claramente demostrada a los IECA (nivel de evidencia C) y en combinación con éstos últimos (nivel de evidencia B).

Nitratos

Son fármacos vasodilatadores que, aunque disminuyen algo la poscarga, fundamentalmente reducen la precarga produciendo, entre otros, un efecto de relajación derivado del endotelio y mediado por el óxido nítrico.

El principal inconveniente de los nitratos es la tolerancia, por lo que su administración se debe realizar con intervalos libres de medicación para restablecer la capacidad de reacción del organismo ante estos fármacos. También pueden causar taquicardia, circunstancia que puede atenuarse asociando un betabloqueante (BB), y están contraindicados en caso de hipotensión franca con presión arterial sistólica inferior a 80 mm Hg.

El dinitrato de isosorbide, cuya dosis inicial oral es de 10 mg tres veces al día con sucesivos ajustes hasta lograr la dosis máxima de 40 mg tres veces al día, dejando un intervalo libre de fármaco de 10-12 horas para prevenir la tolerancia, suele asociarse a hidralazina, cuya dosis inicial oral debe ser de 10-25 mg tres veces al día, con ajustes posteriores hasta conseguir una dosis de 100 mg tres veces por día.



En resumen, los resultados del V-HeFT-II, que reveló mayor beneficio con los IECA que con la asociación de nitrato e hidralazina (el V-HeFT-I demostró que esta asociación reduce la mortalidad frente a placebo en la ICCC con FEVI disminuida e incluso en el pequeño subgrupo con FEVI normal) y ELITE II sugieren que si un paciente con ICCC no tolera los IECA se emplee un ARA II mejor que la combinación de nitrato e hidralazina (nivel de evidencia B) y, si esta situación tampoco fuera posible, se debería entonces indicar aquella asociación.

Bloqueadores de los canales del calcio

Los bloqueadores de los canales del calcio (BCC) son potentes vasodilatadores sistémicos y coronarios, con acción inotrópica negativa, que activan la respuesta neurohormonal de los sistemas adrenérgico, renina-angiotensina y arginina-vasopresina.

Los BCC de primera generación (nifedipino, diltiazem y verapamilo) están contraindicados en la disfunción ventricular asintomática por no mejorar la tolerancia al ejercicio y poder precipitar o agravar la ICCC.

Recientes estudios realizados con los BCC felodipino (V-HeFT-III) y amlodipino (PRAISE II) parecen avalar la seguridad de estos fármacos en la ICCC. Estos BCC, aunque no mejoran la supervivencia de estos enfermos, tampoco empeoran su pronóstico (nivel de evidencia A).

La mayoría de los BCC no deberían emplearse en el tratamiento de la ICCC (nivel de evidencia C), excepto en la disfunción diastólica, en la que son de elección fármacos cronotropo-negativos, como los BB adrenérgicos y el verapamilo, los cuales alargan el período de diástole favoreciendo el llenado del VI a presiones bajas y mejoran la capacidad de ejercicio y la velocidad pico de llenado ventricular izquierdo.

Fármacos inotrópico-positivos

La digoxina mejora la calidad de vida, capacidad funcional y sintomatología, no empeora el pronóstico, es de primera elección en la fibrilación auricular rápida, y reduce la mortalidad por ICCC progresiva y el número de hospitalizaciones (nivel de evidencia B).

La digoxina tiene un efecto inotrópico (probablemente también vasodilatador y diurético) y no debe utilizarse en el tratamiento de la ICCC en ritmo sinusal con FEVI normal (disfunción diastólica). En la ICCC en ritmo sinusal con FEVI reducida (disfunción sistólica) la digoxina se debe emplear en los casos en los que no se obtiene mejoría con la combinación de diuréticos e IECA (triple terapia), o en los que no se toleran los IECA, los ARA II, ni la asociación dinitrato de isosorbide-hidralazina.

La digitalización se debe iniciar con 0,25 mg/día si la función renal es normal, obteniendo niveles adecuados en una semana. La dosis usual de mantenimiento debe oscilar entre 0,25 y 0,375 mg al día los siete días de la semana en la población adulta, y entre 0,625 y 0,125 mg (ocasionalmente 0,25 mg) en los ancianos. En el tratamiento con digoxina deben evitarse tanto la infradosificación como las pausas de tratamiento superiores a 24 horas.

Sin embargo, debe saberse que este fármaco tiene un estrecho margen terapéutico (los niveles plasmáticos efectivos deben oscilar entre 0,8 y 1,9 ng/ml) y, por lo tanto es capaz de ocasionar determinados efectos adversos (Tabla XIV). Estas reacciones adversas de la digoxina son más frecuentes en los ancianos, dado que en estos pacientes el deterioro de la función renal relacionado con la edad y la reducción de la masa muscular aumentan los niveles séricos del fármaco. En este sentido deben recordarse los resultados de un reciente estudio llevado a cabo en pacientes muy ancianos diagnosticados de ICCC (edad media de 85 años) que recibían tratamiento con un IECA o digoxina, según los cuales el empleo de este fármaco se asoció a una mayor mortalidad y un mayor deterioro físico.

Otras circunstancias que también pueden causar una digoxinemia elevada son la interacción con otros fármacos de uso común en el paciente cardiópata como el verapamilo, la espironolactona, amiodarona, propafenona, quinidina, eritromicina y tetracicilina entre otros, así como la coexistencia de hipotiroidismo, hipokaliemia o hipomagnesemia.

La digoxina está contraindicada en caso de bradicardia, bloqueos aurículo-ventriculares de segundo y tercer grado, enfermedad del seno, síndrome de Wolf-Parkinson-White, síndrome del seno carotídeo, cardiomiopatía hipertrófica obstructiva, hipokaliemia e hipercalcemia.


La digoxinemia se debe cuantificar siempre en los casos en los que se observe un agravamiento de la ICCC, signos electrocardiográficos o síntomas clínicos de toxicidad, asociación en el tratamiento del paciente de fármacos que puedan causar interacción medicamentosa o deterioro de la función renal.
En caso de sospecharse insuficiencia renal, debido al estrecho margen terapéutico de la digoxina, puede calcularse el Aclaramiento de Creatinina (AC) en varones mediante la fórmula de Cockroft y Gault (en la mujer este valor debe multiplicarse por 0,85):

(140-edad en años) x peso (Kg)
AC =
72 x creatinina sérica (mg/dl)

Debe saberse que ante la observación de una digoxinemia superior a 2 ng/ml se recomienda suspender la administración del fármaco y ajustar convenientemente su posología.

Otros agentes inotrópicos-positivos como la amrinona, milrinona, vesnarinona e ibopamina han demostrado en diversos estudios (PRIME II entre otros) que no son de utilidad en el tratamiento crónico de la ICCC e incluso aumentan su mortalidad, probablemente por incrementar la producción de arritmias (nivel de evidencia A).

Betabloqueadores

Los BB actúan sobre el sistema neurohormonal endógeno, centrando su acción en la inhibición del sistema nervioso simpático y ejerciendo su acción de forma selectiva sobre los b1 receptores (metoprolol y bisoprolol), b1 y b2 receptores (propranolol) o b1, b2 y a1 receptores adrenérgicos (carvedilol).

Estos fármacos, hasta hace unos años contraindicados en el tratamiento de la ICCC, han demostrado reducir el riesgo de mortalidad total, muerte cardiovascular e ingresos hospitalarios.

Los BB deben manejarse con precaución ya que pueden descompensar la enfermedad, y su posología inicial debe ser reducida para posteriormente incrementarla de forma progresiva (Tabla XV). Pueden utilizarse junto a la digoxina, diuréticos e IECA y, en general, se estima que su utilización en el tratamiento de la ICCC puede disminuir la mortalidad en torno al 32 por ciento.

Diversos estudios han demostrado (nivel de evidencia A) la utilidad de algunos BB en el tratamiento de la ICCC. Así, el empleo de carvedilol (estudios Americano, Australiano-Nueva Zelanda y recientemente el CAPRICORN) disminuye la progresión de la ICCC y el número de hospitalizaciones. Igualmente, el uso de bisoprolol (estudio CIBIS-II) incrementa la capacidad funcional del ventrículo izquierdo y la supervivencia en la ICCC estable. Por último, también la utilización de metoprolol (estudio MERIT-HF) mejora claramente la supervivencia en la ICCC en clase funcional II-IV de la NYHA tratada con IECA, diuréticos y digoxina.

Por el contrario, no parece existir el denominado efecto de clase entre los BB, ya que el empleo de bucindolol no ha demostrado reducir la mortalidad en la ICCC (estudio BEST).

En base a esta información, debe saberse que en la actualidad se está investigando (estudio Seniors) el efecto de nebivolol en pacientes ancianos diagnosticados de ICCC y que, hoy por hoy, únicamente carvedilol, bisoprolol y metoprolol están recomendados en el tratamiento de la ICCC.

Al iniciar el tratamiento con BB puede haber descompensaciones y empeoramiento de la ICCC que requieren ajustar la dosis de diuréticos y/o IECA, por lo que se vigilará estrechamente al paciente durante las 4-6 primeras semanas (titulación de dosis), período tras el que suele aparecer mejoría clínica y hemodinámica (FEVI) significativas.

Las principales reacciones adversas de los BB son la hipotensión (se evitará una presión arterial sistólica inferior a 90 mm Hg), retención de fluidos y empeoramiento de la ICCC (la vasodilatación renal y sistémica de carvedilol no ha sido observada con otros BB), bradicardia (se mantendrá la frecuencia cardíaca por encima de los 50 latidos por minuto) y bloqueo cardíaco.

Las contraindicaciones clásicas de los BB son la hipotensión sintomática, bradicardia, enfermedad del seno, bloqueos aurículo-ventriculares de grado II y III (si no es portador de marcapasos) y asma bronquial. Se debe tener precaución en los trastornos depresivos, dado que el uso de estos fármacos puede empeorarlos.

Otras alternativas terapéuticas
Antiarrítmicos

Aunque hasta ahora la prevención de arritmias ventriculares en la ICCC con antiarrítmicos no ha logrado reducir la mortalidad global ni súbita (nivel de evidencia C), es habitual su uso por las frecuentes complicaciones arritmogénicas.

Se estima que el 30-50 por ciento de los pacientes con ICCC fallecen de forma súbita por una arritmia. Este hecho es mucho más frecuente en las clases funcionales I-III de la NYHA, ya que en la clase IV suelen hacerlo por el propio carácter refractario de la ICCC.

La amiodarona parece ser de elección en el tratamiento de la taquicardia ventricular sintomática, especialmente si la FEVI es superior al 30 por ciento. Los resultados del "Amiodarone Trials Meta-Analysis Investigators", indican que la profilaxis con amiodarona en pacientes con ICCC y disfunción ventricular izquierda importante, con alto riesgo de muerte súbita y/o arritmia grave, es un tratamiento razonable (nivel de evidencia B).

Anticoagulantes

Los anticoagulantes se emplean en la prevención de las frecuentes complicaciones embolígenas de la ICCC (nivel de evidencia C). Suelen utilizarse los dicumarínicos (acenocumarol), el INR (Razón Normalizada Internacional) debe mantenerse entre 2,0 y 3,0 y sus principales indicaciones son la historia de embolismo pulmonar o sistémico, fibrilación auricular paroxística o crónica, evidencia ecocardiográfica de trombo mural y, aunque no demostrado de forma concluyente, la disfunción ventricular sistólica severa.

TRATAMIENTO SEGÚN LA FASE EVOLUTIVA Y EL TIPO DE DISFUNCIÓN VENTRICULAR

Con los métodos diagnósticos que en la actualidad dispone el médico de familia puede llevarse a cabo un diagnóstico razonablemente certero de la ICCC en AP y evaluar la conveniencia o no de efectuar un estudio hospitalario inmediato, en cuyo caso (ver criterios de derivación) se procederá a su remisión.


Así, si la evaluación clínica y valoración funcional de la ICCC no pronostican una disfunción ventricular grave (en general grado II y algunos III de la NYHA), debe solicitarse un estudio ecocardiográfico e iniciarse el tratamiento de la enfermedad, incluido el farmacológico, de forma inmediata (Figura 4).


Posteriormente, una vez encaminado en AP el diagnóstico hacia disfunción sistólica o diastólica, hecho de capital importancia ya que como se ha dicho su pronóstico y tratamiento son diferentes, se debe indicar el tratamiento apropiado (Tabla XVI) a la FEVI que posea el paciente.

Disfunción sistólica

El manejo de la insuficiencia cardíaca por disfunción sistólica del ventrículo izquierdo aparece recogido en la Figura 5 y se detalla a continuación.

Disfunción asintomática

IECA: se emplearán en pacientes asintomáticos con disfunción sistólica y FEVI no superior al 35 por ciento, a la dosis apropiada para prolongar la supervivencia, siempre y cuando no esté contraindicado su uso. Cuando la FEVI es superior al 35 por ciento, estos fármacos también han demostrado detener la progresión de la ICCC.

ICCC ligera, clase funcional II de la NYHA

IECA: también en este caso son los fármacos de elección, sea cual sea la etiología, edad o sexo del paciente.

Se debe valorar el uso de ARA II o la asociación de hidralazina y nitrato cuando estén contraindicados los IECA.

Diuréticos: se pautará inicialmente un diurético tiazídico a la dosis mínima eficaz si existen síntomas congestivos, y será sustituido por uno de asa en caso de ineficacia. Nunca se emplearán en monoterapia en tratamientos crónicos.

Digoxina: de elección en la fibrilación auricular rápida (frecuencia cardíaca superior a 100 latidos por minuto). Se debe emplear en ritmo sinusal si no se controlan los síntomas con IECA y diuréticos a dosis elevadas.



BB: debe considerarse su empleo en el tratamiento habitual de la ICCC, principalmente en la disfunción miocárdica de origen desconocido o isquémico en clases funcionales II y III, siempre que exista una frecuencia cardíaca basal superior a 70 latidos por minuto, presión arterial sistólica superior a 90 mm Hg, y sean pacientes estables en los que no se ha modificado la dosis de IECA y/o diurético en el último mes.

ICCC moderada, clase funcional III de la NYHA

Generalmente suele emplearse la combinación de IECA, digoxina y diurético de asa asociado a dosis bajas de espironolactona. Se debe asociar un BB.
Los ARA II y la asociación de hidralazina y nitratos son una alternativa a los IECA, pudiéndose administrar los nitratos solos en las formas muy severas para reforzar la acción de los IECA y diuréticos.

ICCC severa, clase funcional IV de la NYHA

Esta clase funcional de la ICCC es de manejo hospitalario.

Disfunción diastólica

La etiología de la ICCC debe sugerir el uso de los diferentes agentes terapéuticos, manteniéndose el ritmo sinusal y reduciéndose la frecuencia ventricular con un BB para aumentar el tiempo de llenado del VI.


Se aconseja reducir la masa ventricular izquierda con el empleo de un IECA y mejorar la relajación ventricular izquierda con un IECA, BB o BCC.
No está indicada la digoxina, excepto que coexistiese fibrilación auricular rápida, por el deterioro que este fármaco puede ocasionar en la diástole.
En general, se emplearán los siguientes agentes terapéuticos:


- Dieta hiposódica y diuréticos: se deben pautar a todos los pacientes inicialmente.
- IECA o BCC (verapamilo): en caso de no obtenerse respuesta con la dieta hiposódica y diuréticos, ya que estos fármacos parecen mejorar la función diastólica.
- BB o la asociación dinitrato de isosorbide e hidralazina: si aún persiste mal control de la ICCC.
- Dieta hiposódica, diuréticos y nitratos: en caso de congestión pulmonar.



 


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