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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

 

Insuficiencia Cardiaca Congestiva Crónica en Atención primaria

Diagnóstico


El diagnóstico provisional de la ICCC es esencialmente clínico y está basado en la realización de una correcta anamnesis y una completa exploración física.
Además, la realización de unas sencillas exploraciones complementarias al alcance de cualquier médico de AP, como la analítica, el electrocardiograma (ECG) y radiografía (Rx) póstero-anterior y lateral de tórax posibilitan una buena aproximación al diagnóstico de este síndrome, hasta que éste se confirme mediante la ecocardiografía, técnica que ratificará la existencia de una disfunción sistólica con una FEVI disminuida, disfunción diastólica u obstrucción cardíaca.

Por último, debe decirse que siempre que sea posible se debe identificar el mecanismo fisiopatológico de la ICCC, y averiguar la cardiopatía causal si existe, ya que el tratamiento más adecuado de la enfermedad, al menos en los primeros estadios de la misma, es el etiológico.

Anamnesis y exploración física

Al realizar la anamnesis se debe interrogar al paciente sobre la fecha aproximada de comienzo de la ICCC y si se obtuvo respuesta anteriormente con el empleo de algún tipo de tratamiento. Igualmente, se debe preguntar sobre la existencia de factores de riesgo (Tabla II) e identificar sus principales síntomas y signos.

Los principales síntomas y signos de ICCC son:

- Disnea (y/o tos), disnea de reposo, ortopnea, disnea paroxística nocturna.
- Fatigabilidad (síntoma de bajo gasto).
- Edema periférico con fóvea (maleolar, sacro), pulmonar, ascitis, anasarca (aumento de peso de unos 5 Kg.).
- Hepatomegalia.
- Crepitantes bibasales que ocupen al menos un tercio de los campos pulmonares y no desaparezcan con la tos.
- Tercer ruido cardíaco o galope ventricular (S3), signo sugerente de disfunción sistólica severa.
- Galope auricular por cuarto ruido cardíaco (S4) que, en ausencia de cardiomegalia, sugiere disfunción diastólica.
- Ingurgitación yugular.
- Cardiomegalia con desplazamiento del ápex más allá del quinto espacio intercostal izquierdo.
- Soplos cardíacos.

Pero el diagnóstico clínico de la ICCC no siempre es fácil. Así, en algunas ocasiones la enfermedad muestra una sintomatología florida y su reconocimiento se realiza de una forma sencilla. Sin embargo, otras veces su diagnóstico puede verse dificultado por exteriorizar el paciente exclusivamente disnea de esfuerzo y/o fatigabilidad muscular, relatados como una incapacidad para el esfuerzo en la que se asocian una astenia intensa y disnea, síntomas que, por otro lado, pueden estar presentes en patologías muy frecuentes.


La disnea, asociada o no a la fatiga muscular, es el síntoma cardinal de la ICCC. Este síntoma permite clasificar a los pacientes, según la limitación al ejercicio que ocasione, en las cuatro clases funcionales que define la New York Heart Association (NYHA), las cuales facilitan al clínico la realización de una valiosa aproximación al pronóstico, evolución y respuesta al tratamiento de la enfermedad (Tabla V).



Por otro lado, la pobre sensibilidad de la clínica de la ICCC originó que, a raíz del estudio de Framingham, con el fin de mejorar la capacidad diagnóstica y evitar falsos positivos y falsos negativos, se establecieran unos criterios clínicos mayores y menores. Estos son los denominados criterios de Framingham, que son en la actualidad los más conocidos y utilizados (Figura 3), y permiten establecer el diagnóstico clínico de ICCC cuando se observan al menos dos criterios de los denominados mayores, o uno mayor y dos menores, dado que los criterios menores únicamente se consideran válidos si se excluyen otras causas.

Radiografía de Tórax

La Rx póstero-anterior y lateral de tórax debe realizarse siempre en la valoración inicial del paciente con ICCC, así como cuando se observen signos de empeoramiento. La Rx de tórax puede facilitar en gran medida la identificación de la patología causal y ayudar al clínico a evaluar la severidad y la evolución de la enfermedad.

La presencia de cardiomegalia (índice cardio-torácico superior al 50 por ciento) en la Rx póstero-anterior de tórax de un paciente que presente sintomatología propia de la enfermedad, sugiere ICCC sistólica, se considera un signo de severidad y tiene valor pronóstico. Su ausencia es propia de la ICCC diastólica o apunta error diagnóstico, aunque una silueta cardíaca normal o una cardiomegalia discreta no deben descartar de forma concluyente la enfermedad.

Otros signos que pueden observarse en la Rx de tórax son:

- Redistribución vascular.
- Edema intersticial pulmonar (líneas A y B de Kerley, edema cisural, agrisado de la región perihiliar, derrame pleural bilateral).
- Edema alveolar.

En un estudio realizado en España, en el ámbito de la AP, el hallazgo radiológico que con mayor frecuencia se encontró en una muestra de 350 pacientes con criterios clínicos de ICCC (estudio ICAP) fue la cardiomegalia (77,9 por ciento), seguido de la redistribución vascular (28,2 por ciento) y del edema intersticial (18,5 por ciento).

Electrocardiograma

El ECG se debe realizar siempre ante la sospecha ICCC en la valoración inicial. En esta visita es frecuente encontrar hallazgos patológicos como fibrilación auricular, hipertrofia ventricular izquierda, bloqueos de la conducción intraventricular, isquemia, necrosis, etc.

Igualmente, el ECG debe practicarse ante la aparición de una evolución anormal de la enfermedad, ante la presencia de síntomas o signos de gravedad (arritmias, palpitaciones, dolor torácico, etc.) y cuando se pretende evaluar posibles alteraciones ocasionadas por el empleo de determinados fármacos en su tratamiento (digital, diuréticos, antiarrítmicos, etc.).

Aunque no existen unas características electrocardiográficas especificas de la ICCC, una estricta normalidad de esta prueba complementaria hace poco probable la existencia de la enfermedad.


Analítica

La analítica completa se debe solicitar también siempre en la valoración inicial y posteriormente, según las circunstancias individuales que se observen en cada paciente.

Los electrolitos deben evaluarse cada seis meses si el paciente recibe tratamiento con diuréticos u otros fármacos que puedan alterarlos, como los IECA y los antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARA II), y si se observan extrasístoles ventriculares en el ECG.

De igual manera, en determinadas ocasiones puede ser necesario también comprobar en la analítica del paciente el nivel plasmático de determinados fármacos, como la digital, para proceder a su adecuado ajuste posológico.

En base a las recomendaciones realizadas por diferentes grupos de expertos, puede decirse que las determinaciones básicas que se deben realizar al paciente con sospecha o diagnóstico de ICCC en el ámbito de la AP son:

- Hemograma: la anemia puede ser la única causa de disnea o agravar el cuadro clínico de la ICCC cuando la hemoglobina es inferior a 5 gr/dl o el hematócrito menor del 25 por ciento.
- Ionograma: puede revelar elevaciones o disminuciones patológicas de la natremia y/o potasemia.
- Glucemia: la diabetes mellitus conduce frecuentemente a ICCC (CI, miocardiopatía) y es una patología de mayor incidencia en esta enfermedad.
- Perfil hepático: con frecuencia puede observarse su alteración como consecuencia del compromiso hemodinámico existente (estasis o bajo gasto) o del tratamiento de la propia enfermedad.
- Perfil renal: la función renal puede verse alterada como consecuencia de la propia ICCC o de su tratamiento. El fallo renal con hipervolemia y sobrecarga de volumen puede producir todas los síntomas de la ICCC. Por otro lado, es conocido que las causas más frecuentes del aumento de la creatinina plasmática son el tratamiento con diuréticos y/o el bajo gasto cardíaco.
- Orina elemental: la observación de proteinuria o glucosuria pueden sugerir la existencia de determinadas nefropatías que suelen favorecer o complicar la ICCC.

Ecocardiografía

La ecocardiografía debe realizarse siempre en la valoración inicial del paciente con ICCC.

La ecocardiografía es la técnica de elección para la evaluación de la disfunción ventricular y el establecimiento del diagnóstico etiológico de la enfermedad.
Esta prueba diagnóstica permite evaluar la FEVI (normal si es igual o superior al 50 por ciento) y el estado de las válvulas. Como se ha indicado previamente la FEVI es un factor pronóstico muy importante en el paciente con ICCC. Por ello, la ecocardiografía también facilita la evaluación pronóstica del paciente al evaluar este parámetro.

Sin embargo, la evaluación de la función diastólica del VI es más complicada. En la práctica clínica se considera que un paciente padece una disfunción diastólica cuando ante la presencia de un cuadro clínico de ICCC la FEVI es ecocardiográficamente normal.

En la CI, causa igualmente frecuente de ICCC en nuestro medio, la ecocardiografía puede efectuar un análisis detallado de la contractilidad segmentaria del VI y, por lo tanto, permite evaluar la repercusión funcional de la misma.

Otros procedimientos diagnósticos

En determinadas situaciones, otras pruebas complementarias pueden colaborar en el estudio y valoración de la ICCC. Entre ellas destacan:

- El ECG ambulatorio (holter).
- Cateterismo cardíaco y coronariografía.
- Cardiología nuclear.
- Prueba de esfuerzo.
- Otras analíticas especiales:

- Iones: calcemia, fosforemia, magnesemia, sideremia, etc.
- Estudios hormonales: hormona tiroestimulante y tiroxina si existe o se sospecha patología tiroidea o en el tratamiento de las arritmias con amiodarona.
- Determinaciones neurohormonales: renina, angiotensina II, noradrenalina, aldosterona, péptido natriurético auri-
cular, etc.
- Gases arteriales.
- Serología vírica: Coxsakie B, citomegalovirus, Echo B y Borrelia burgdorferi en la enfermedad de Lyme.
- Biopsia endomiocárdica: en el caso de miocardiopatías, rechazo postrasplante, miocarditis, sarcoidosis, etc.
- Estudios genéticos.

Para finalizar debe decirse que en muy pocas ocasiones debe demorarse el inicio del tratamiento de la ICCC por tener que esperar a los resultados de las pruebas complementarias solicitadas. Como recomiendan diversos autores, el médico de familia puede y debe realizar un diagnóstico razonablemente certero de este síndrome e instaurar el tratamiento apropiado mientras espera el resultado de la ecocardiografía, prueba que desafortunadamente todavía no tiene a su alcance y, como es sabido, resulta imprescindible para efectuar el diagnóstico definitivo de la enfermedad.



 


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