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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

 

Insuficiencia Cardiaca Congestiva Crónica en Atención primaria

Activación neurohormonal en la iccc

El concepto fisiopatológico actual de la ICCC ha sufrido una notable evolución en los últimos años. Los principales conceptos fisiopatológicos de la ICCC manejados en el pasado siglo XX han sido los siguientes (Figura 2):


- En la década de los sesenta la ICCC se supuso exclusivamente un problema congestivo con excesiva retención de líquidos.

- En los años setenta y ochenta se consideró una cuestión hemodinámica con predominio del fallo de bomba.

- En los años noventa se catalogó la ICCC como un síndrome neurohumoral en el que ejercían su acción la activación de los sistemas renina-angiotensina-aldosterona y simpático, entre otros.



La activación de los diferentes sistemas neurohormonales determinan el mantenimiento y progresión de la ICCC (Tabla IV). Los grandes sistemas neurohormonales que participan en esta acción son principalmente el sistema nervioso simpático, que estimula los receptores beta-1 cardíacos produciendo un aumento de la frecuencia cardíaca (cronotropo) y contractilidad (inotropo), y el sistema renina-angiotensina-aldosterona, que provoca vasoconstricción periférica (aumento de la poscarga) y secreción de aldosterona.

En los pacientes con ICCC suelen objetivarse niveles circulantes o tisulares elevados de norepinefrina, angiotensina II, aldosterona, endotelina y vasopresina, los cuales pueden afectar a la estructura y capacidad funcional del corazón bien en conjunto o por separado.

La estimulación neurohormonal, aunque inicialmente forme parte de un mecanismo compensador que intenta controlar el gasto cardíaco y la presión arterial, con el paso del tiempo origina alteraciones primarias cardíacas (hipertrofia miocárdica e intersticial, remodelado miocárdico, estrés oxidativo, necrosis celular y apoptosis) y secundarias (arritmogénesis, espasmo microvascular, etc.) que empeoran progresivamente la evolución de la ICCC.

Los enfermos con ICCC suelen presentar igualmente un aumento de las citocinas, las cuales son capaces de dañar la función de las células cardíacas. Tanto la estimulación neurohormonal como el aumento en la producción de las citocinas favorecen la fibrosis del miocardio.

De igual forma, el aumento de la tensión parietal en las aurículas origina que las células endoteliales liberen péptido natriurético auricular, el cual es un agente hipovolémico natural que actúa sobre los vasos renales produciendo vasodilatación y diuresis intensas e inhibición del sistema renina-angiotensina. Este hecho puede explicar la poliuria que suele acompañar a la taquicardia paroxística supraventricular. Diversos estudios han demostrado que las concentraciones de péptido natriurético auricular están aumentadas en los pacientes con ICCC, y este aumento está relacionado directamente con el grado de insuficiencia existente.

Por último, en las fases avanzadas de la ICCC también se produce secreción de vasopresina (hormona antidiurética), hecho que puede originar síntomas de bajo gasto, como frialdad, palidez, síncopes, etc.

En resumen, el grado de activación neurohumoral tiene valor pronóstico en la ICCC y puede facilitar al clínico de una forma directa la cuantía de la disfunción ventricular. Así, según el grado de deterioro cardíaco, las concentraciones de péptido natriurético auricular, angiotensina II, aldosterona, noradrenalina, etc., pueden alcanzar niveles diferentes.

Por último, recientes estudios han involucrado como componente de la progresión de la ICCC una activación inmune secundaria a endotoxinas bacterianas. Según estos estudios, la estasis sanguínea en el tubo digestivo facilitaría la absorción de endotoxinas bacterianas, las cuales producirían una activación del sistema inmunitario y, a través de las citocinas, causarían un deterioro progresivo de la función ventricular.

Gracias al conocimiento del mecanismo fisiopatológico de la ICCC, en el que adquiere gran importancia la activación neurohormonal como elemento favorecedor de la génesis y progresión de esta enfermedad, es posible en la actualidad antagonizar farmacológicamente dicha activación y disminuir su morbimortalidad. De este modo, el empleo de fármacos como los inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina (IECA) en el tratamiento de la ICCC ha demostrado tener una notable eficacia en el tratamiento de la enfermedad, al conseguir reducir las concentraciones circulantes de las hormonas activadoras del sistema renina-angiotensina-aldosterona.

De igual modo, la acción de la aldosterona en la génesis y progresión de la ICCC adquiere cada vez mayor importancia, dado que su supresión por los IECA tiene carácter transitorio. En los pacientes con ICCC las concentraciones plasmáticas de aldosterona pueden alcanzar valores de hasta 20 veces los normales, como consecuencia del aumento de su producción en las glándulas suprarrenales y el incremento en la concentración de angiotensina con disminución de su aclaramiento hepático, que puede estar reducido hasta un 25-50 por ciento. En este sentido, el estudio RALES, publicado en 1999, demostró que el bloqueo de los receptores de la aldosterona mediante el empleo de espironolactona reduce el riesgo de morbilidad y mortalidad en los pacientes con ICCC grave.

Para finalizar, en los últimos años también se ha reconocido el papel del sistema adrenérgico en la progresión de la ICCC y han surgido nuevas líneas de investigación que han demostrado disminuir su morbimortalidad mediante el bloqueo de la actividad beta-adrenérgica.



 


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