Insuficiencia Cardiaca Congestiva Crónica
en Atención primaria
Introducción
La Insuficiencia Cardíaca Congestiva Crónica
(ICCC) es un síndrome clínico progresivo cuya prevalencia
e incidencia están aumentando progresivamente, principalmente
en los países industrializados. Este síndrome tiene una
notable gravedad y un pronóstico sombrío y, frecuentemente,
constituye el punto final de muchas enfermedades. En este trabajo, realizado
desde y para la Atención Primaria (AP), se abordará exclusivamente
esta entidad, dado que la insuficiencia cardíaca aguda requiere
un abordaje y manejo netamente hospitalario.
La ICCC está considerada en la actualidad como un problema de
salud pública de primer orden, dado que causa importantes repercusiones
econó-
micas, sociales y sobre todo humanas, como consecuencia de la elevada
mortalidad e importante limitación de la calidad de vida que
causa en el individuo que la padece.
En nuestros días, el abordaje y manejo de la ICCC por el médico
de familia, impensable hace pocos años, está empezando
a convertirse en un objetivo más de los profesionales sanitarios
y de las Sociedades Científicas de AP, las cuales promueven numerosas
actividades de Formación Continuada para facilitar su optimización.
Algunas circunstancias que están favoreciendo este cambio entre
los médicos de AP son:
- La ICCC es un problema sanitario de alta prevalencia, notable incidencia
y una mortalidad anual que oscila entre el 10 por ciento (formas leves)
y el 50 por ciento (formas graves). En Estados Unidos tres millones
de personas padecen ICCC, se realizan medio millón de nuevos
diagnósticos cada año, causa más de 700.000 ingresos
anuales y es el diagnóstico de alta hospitalaria más frecuente
en los pacientes mayores de 65 años.
- La ICCC es la primera causa de hospitalización en la población
geriátrica y la tercera causa de muerte cardiovascular tras la
cardiopatía isquémica (CI) y los accidentes cerebrovasculares.
- El paulatino aumento de la prevalencia (supera el 9 por ciento en
las personas mayores de 80 años) e incidencia de ICCC. Este progresivo
aumento de la prevalencia e incidencia es debido:
- Al gradual envejecimiento de la población.
- Al incremento de las patologías propias del anciano, especialmente
la hipertensión arterial (HTA) y CI, motivos de consulta muy
frecuentes en AP y principales causas de ICCC. En la actualidad, aunque
algunos estudios responsabilizan a la CI, se reconoce a la HTA (Figura
1) como la principal causa de ICCC.

- Al avance en el tratamiento de algunas cardiopatías que hace
años causaban la muerte a corto plazo (cardiopatías congénitas,
infarto agudo de miocardio, etc.) y que actualmente se manifiestan como
ICCC a medio y largo plazo.


- El mal pronóstico (Tabla I) de la ICCC, se ha modificado muy
poco en los últimos cuarenta años a pesar de los avances
farmacológicos y quirúrgicos. En nuestros días,
en los pacientes con ICCC, sigue observándose una elevada incidencia
de muerte súbita, la cual, junto a la propia progresión
de la enfermedad determinan que la expectativa de vida una vez realizado
el diagnóstico se estime en 1,7 años en los hombres y
3,2 años en las mujeres. Por otro lado, debe saberse que la mortalidad
de la ICCC debida a una disfunción diastólica (11,5 por
ciento a 1 año) es notablemente inferior al de la causada por
una disfunción sistólica (29,8 por ciento a 1 año).

- La idoneidad del médico de familia para reconocer rápida
y apropiadamente, los factores de riesgo (Tabla II), y los factores
agravantes y precipitantes de la ICCC (Tabla III), interviniendo con
alto poder de resolución contra ellos.
- La escasez de estudios epidemiológicos que investiguen el seguimiento
de la ICCC en la comunidad, en los que el profesional de AP tendría
todas las ventajas para llevarlos a cabo.
Para finalizar, dado que el médico de familia atiende a diario
en los consultorios de los centros de salud a un elevado número
de pacientes con HTA y CI, que la edad es el principal factor de riesgo
para el desarrollo de la ICCC, y que en la AP se goza de una posición
de privilegio para efectuar la prevención primaria de este síndrome,
este profesional sanitario debe estar dispuesto a asumir mayor protagonismo
en el diagnóstico precoz, tratamiento, seguimiento y control
de la enfermedad. Esta actitud, sin duda, causará una mejora
en la asistencia prestada y en la calidad de vida de estos enfermos.
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