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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

Anamnesis y exploración cardíaca en Atención Primaria (II)

Exploración física en cardiológica (continuación)


PALPITACIÓN

La palpación del corazón, si se realiza meticulosamente, puede proporcionar datos de extraordinaria utilidad. Debe preceder a la auscultación. "Tocando" el ventrículo podemos obtener información sobre:

- El tamaño del corazón: si es normal, grande o está desplazado.
- Motilidad: normal, inmóvil o con latido diastólico.
- Si está aumentado, a expensas de qué cavidad lo hace: la izquierda, la derecha o ambas.
- El carácter del latido cardiaco nos puede indicar si el tamaño del corazón expresa: dilatación (sobrecarga de volumen), hipertrofia (sobrecarga de presión) o insuficiencia cardíaca.

Lo primero a realizar en la palpación cardiaca es localizar el latido del ápex (latido de la punta), para ello, la mano derecha del explorador, situado siempre a la derecha del paciente, se coloca en el 5-EICI, en la línea medio-clavicular, girando posteriormente el dedo medio hasta localizar la posición exacta del máximo impulso, que corresponderá al latido de la punta. Cuando en decúbito supino sea impalpable, es recomendable girar al paciente unos 45º hacia decúbito lateral izquierdo, de forma que el ápex cardiaco se aproxime a la pared costal. Si existe un desplazamiento del latido del ápex por fuera del 5-EICI, antes de concluir que está aumentado y/o desplazado, es necesario excluir que el corazón no esté desplazado por la presencia de alguna anomalía anatómica como cifoescoliosis, esternón deprimido, elevación diafragmática por ascitis u obesidad, derrame pleural o colapso pulmonar. El carácter del impulso tiene tanta importancia como su localización.

Los diferentes tipos de latidos que se pueden encontrar son:

Latido ventricular izquierdo sostenido

Se caracteriza por una expansión sistólica de la punta en el 5-EICI, visible y palpable, que se acompaña de una retracción recíproca sobre la línea paraesternal. Es, por tanto, de localización normal pero más potente, aumentado y prolongado, nada abrupto, que da la impresión de gran fuerza. Se debe a una prolongación de la fase de contracción isovolumétrica y de la fase de eyección con disminución de la velocidad de acortamiento, lo que hace que la punta esté más tiempo en contacto con la pared costal. Es típico de la estenosis aórtica e HTA.

Latido ventricular izquierdo doble
Ocurre en la hipertrofia concéntrica y sus diferentes causas (HTA, estenosis aórtica, miocardiopatía hipertrófica...) y está producido por la restricción ventricular diastólica consecuente a la disminución de la distensibilidad miocárdica que dificulta el llenado rápido ventricular pasivo. Para compensar esta restricción diastólica, la aurícula se hipertrofia aumentando el llenado auricular activo, "puntillazo auricular", que da lugar a una onda "a" gigante, presistólica, que puede palparse y oírse en la auscultación (4º tono), originando un latido ventricular doble.

Latido ventricular izquierdo hipercinético

El impulso ventricular está aumentado en amplitud, aunque no en duración, con una velocidad de acortamiento mayor. Es de un carácter enérgico y vivo. Así mismo, se acentúa la retracción sistólica sobre la línea paraesternal, dando lugar a un balanceo característico con expansión lateral y retracción central. Se debe al giro antihorario de la pared del ventrículo durante las sístole. Es típico de los estados circulatorios hipercinéticos (fiebre, tirotoxicosis, anemia grave, embarazo, enfermedad de Paget...) y de aquellos en los que se produzca un "escape" de sangre de la circulación arterial (fístula arterio-venosa, comunicación interventricular (CIV), insuficiencia aórtica y mitral). Cuando el volumen diastólico está aumentado, el latido del ápex se desplaza hacia fuera y abajo del 5-EICI. En estas circunstancias, puede verse y palparse un tercer tono, indicando severa dilatación y fallo sistólico.

Latido impalpable

En decúbito supino normalmente el latido es impalpable, pero no así en decúbito lateral izquierdo. Puede ser impalpable en ambos en: obesidad, enfisema pulmonar, shock, taponamiento y pericarditis constrictiva. Tampoco se palpa el latido del ápex en la estenosis mitral severa pero, sin embargo, sí se palpa el golpe seco del primer tono fuerte.

Latido hipocinético

En la insuficiencia cardiaca con fallo de bomba (disminución de la contractilidad y de la velocidad de acortamiento de la fibra muscular), el latido es débil, de escasa amplitud y desplazado por fuera de la línea medioclavicular en su intersección con el 5-EICI. También ocurre en el mixedema.

Latido del ventrículo derecho

El ventrículo derecho normalmente no se palpa, por lo que el solo hecho de sentirlo, ya es patológico, indicando una sobrecarga de presión o de volumen en el ventrículo derecho. Cuando existe hipertrofia del ventrículo derecho, la retracción normal que existe en la línea paraesternal durante la sístole se invierte, apareciendo un abombamiento sistólico esternal y paraesternal, con retracción simultánea del área de la punta. Para palparlo, se coloca la mano derecha, preferentemente con el paciente semisentado, sobre el borde paraesternal izquierdo, de modo que cada yema de los dedos apoye en un espacio intercostal a partir del tercero (Figura 5). El latido ventricular derecho aumenta durante la inspiración. Puede tratarse, según el tipo de sobrecarga, de:

Latido sostenido

Impulso vigoroso y sostenido en el área paraesternal izquierda que refleja hipertrofia del ventrículo derecho, propia de las sobrecargas sistólicas o de presión del ventrículo derecho (HTP y estenosis pulmonar).

Latido hipercinético

Impulso tumultuoso y vivo, que refleja una sobrecarga diastólica o de volumen del ventrículo derecho (CIA con shunt significativo e insuficiencia tricúspide). El latido de la punta suele corresponder al ventrículo derecho que desplaza al izquierdo hacia atrás.

Latido biventricular

Se produce una elevación simultánea de la punta y el área paraesternal, generalmente separados por un área de depresión entre ambas, y se corresponde con hipertrofias biventriculares (CIV con shunt izquierdo-derecho importante, ostium primum y cardiopatías combinadas izquierda-derecha).

Latido auricular

En la insuficiencia mitral grave, la expansión sistólica de la aurícula izquierda puede transmitirse y palparse en la línea paraesternal izquierda, como ocurre con el latido ventricular derecho, aunque en una zona más circunscrita al 3º o 4º EICI. Se diferencia de este último porque disminuye con la inspiración.

Cuando el tamaño de la aurícula izquierda es tal, que ésta es aneurismática y alcanza la pared costal derecha, el latido auricular se palpa de forma más difusa a la derecha del esternón en el 2º y 3º espacios intercostales derechos (EICD). En la insuficiencia tricúspide grave, también se puede palpar un latido auricular derecho, en el 3º-4º-EICD.

Latido diastólico

Se trata de una expansión diastólica del latido cardiaco, fenómeno inverso al normal, en el que la punta se retrae en la sístole y se expande en la diástole. Es un signo clásico de la pericarditis constrictiva y también presente en miocardiopatías congestivas o dilatadas de predominio derecho, enfermedad de Ebstein y síndrome de Uhl, insuficiencia tricúspide y, excepcionalmente, en el taponamiento cardiaco. Coincide con otros dos acontecimientos diastólicos, el seno "y" profundo en la PVY y, el tercer tono fuerte y precoz. Como ya se comentó anteriormente (ver inspección), representa los cambios de volumen del ventrículo derecho, de expansión diastólica y contracción sistólica. La eyección de la punta (fenómeno típicamente izquierdo) está anulada en el latido diastólico.

Latido pulmonar y latido aórtico

Como también se comentó en el apartado de la inspección, en la HTP la arteria pulmonar se puede palpar en el 2ª-EICI. El latido aórtico, ocurre en el 2º-EICD y se puede ver y palpar, a la derecha del esternón, en casos de insuficiencia aórtica o aneurisma de la aorta ascendente.

No debemos olvidar que con la palpación, además de estudiar las vibraciones de baja frecuencia, inaudibles, se pueden estudiar ciertas características de los tonos cardiacos (se palpa fácilmente el primer tono y el desdoblamiento fisiológico del segundo, los clics eyectivos, el primer tono fuerte y el chasquido de apertura mitral) y sus anomalías, los "thrill" o estremecimiento catareo (turbulencia de las vibraciones producidas por el soplo), así como las vibraciones audibles de alta frecuencia (soplo piante). La palpación de un "thrill" es tan importante que a partir del mismo se clasifican los soplos en relación a su intensidad (los dos o tres últimos, según la clasificación sea de 4 o 6 posibilidades respectivamente).

Percusión

Generalmente existe una zona de matidez a la percusión paraesternal izquierda, donde está situado el corazón. Este área puede estar reducida en caso de enfisema. Puede haber una matidez anormal en el lado derecho del esternón en caso de derrame pericárdico. En el caso de una aurícula izquierda gigante, secundaria a patología reumática de la válvula mitral, puede dar lugar a una matidez en la parte posterior del tórax que pueda confundirse con un derrame pleural. Por último, un aneurisma de aorta puede producir un área de matidez en la parte superior derecha del esternón. No obstante, la percusión solo suele realizarse si se sospechan las situaciones mencionadas y no se dispone de la posibilidad de un estudio radiológico que suele ser mucho más fiable.

Palpación del abdomen

Según los datos obtenidos tanto en la anamnesis como en el resto de la exploración, puede ser absolutamente imprescindible ampliar la exploración al abdomen, en busca de: hepatomegalia (hígado de estasis) en caso de ICC, liquido ascítico, esplenomegalia, etc.

AUSCULTACIÓN

Es quizás la parte de la exploración que exige de una mayor experiencia y/o entrenamiento, el cual, por otro lado, le es cada vez más difícil de poder adquirir al médico de familia por su progresivo desuso dentro del nivel especializado de la cardiología, debido a que, cada vez es más frecuente, la sustitución del fonendoscopio por la sonda del ecógrafo/doppler. Como comentamos anteriormente, hemos de coger este "testigo" con forma de fonendoscopio, dejado de forma voluntaria o no, por los cardiólogos, rescatarlo e introducirlo como la herramienta indispensable que es y, esperamos siga siendo, en el contexto de la exploración en general y la cardiaca en particular. Los autores de este capítulo creemos firmemente que los avances tecnológicos en la ecografía no tienen por qué ser una competencia frente a una técnica, como es la correcta utilización del fonendoscopio, que aunque quizás más rudimentaria (al menos en cuanto a tecnología intrínseca se refiere), aporta una información complementaria y lo que es más, necesaria previamente para la correcta utilización e interpretación de la primera. Si además, consideramos la falta de accesibilidad a la ecografía para los médicos de familia y la demora generada por las listas de espera en las interconsultas a los cardiólogos, el protagonismo de la auscultación sube más enteros, si cabe, en el ámbito de la Atención Primaria de salud. Este protagonismo es aún mayor, si consideramos el ámbito rural en el que muchos médicos de familia ejercen su labor asistencial en la actualidad.

Por ello, queremos en este apartado hacer una revisión profunda, aunque inevitablemente teórica, de las aportaciones de la auscultación en la exploración cardiológica. No obstante, invitamos al lector a que aproveche cuantas ocasiones tenga para ponerla en práctica, ya que solo con la experiencia se podrá ir perfeccionando en tan difícil, pero indispensable y a la vez apasionante tarea, y, quien sabe, si en un futuro, convirtiéndose en un verdadero experto de la misma. Evidentemente, hoy en día no contamos con el "patrón oro" con el que comparar lo que oímos, como hacían los grandes cardiólogos clínicos de antaño, que es el fonocardiograma, pero por el contrario, sí contamos con los enormes avances en las técnicas de imagen cardiológicas no invasivas, como la ecografía, el doppler o incluso la RMN. Además ya se están consiguiendo interesantes avances en el desarrollo de fonendoscopios digitales y programas informáticos adaptados a ellos, que pueden convertirse en herramientas de gran utilidad para la formación en tan interesante "arte" como es la auscultación.
La herramienta fundamental es el fonendoscopio, que consta de dos piezas principales (Figura 6):



1. Estetoscopio de membrana: para auscultar sonidos de alta frecuencia (soplos sistólicos, diastólico precoz, clics, chasquidos y roces pericárdicos). Para su correcta utilización hay que presionarla firmemente contra la piel del paciente.

2. Estetoscopio de campana: para auscultar sonidos de baja frecuencia (soplos diastólicos de estenosis mitral y tricúspide y galopes). Hay que apoyarla suavemente contra la piel, ya que si se aprieta se convierte en membrana, lo que no obstante puede ser un recurso interesante.

La auscultación combinada con el estetoscopio de campana y de membrana tiene numerosas ventajas en la identificación de los soplos. Un soplo diastólico que se oye mejor con la campana es de baja frecuencia y, por consiguiente, verosímilmente es un soplo de llenado; si, por el contrario, se oye mejor con la membrana, es de alta frecuencia y, probablemente, es un soplo de insuficiencia aórtica o pulmonar. La misma situación se presenta en la diferenciación del galope presistólico, el desdoblamiento fisiológico del primer tono y el clic de eyección. Con la campana se oye mejor el cuarto tono y con la membrana, el desdoblamiento del primer tono y el clic.

La técnica de la auscultación para realizarla correctamente, no es fácil y requiere entrenamiento y experiencia, no obstante la premisa de "más vale encontrar poco y acertado que mucho pero equivocado" es absolutamente cierta a este respecto. Por ello, hemos de interpretar solo aquello de lo que estemos seguros, teniendo en cuenta que puede ser suficiente. Simplemente con saber si existen o no soplos e identificar si éstos son sistólicos o diastólicos, habremos conseguido un gran avance en el proceso diagnóstico.

Áreas valvulares



Existen 4 áreas que clásicamente se corresponden con los puntos de auscultación para cada válvula cardiaca, de forma que en una exploración sistemática se recomienda empezar por ellas (Figura 7). El segundo cartílago costal derecho corresponde al foco aórtico; el segundo espacio intercostal izquierdo, junto a la línea paraesternal, al foco pulmonar; la región de la punta en el quinto espacio intercostal izquierdo en la confluencia con la línea medioclavicular, al foco mitral, y el cuarto espacio intercostal izquierdo, junto a la línea paraesternal, al foco tricúspide. No obstante, el área precordial se debe examinar en su totalidad, incluyendo ambas fosas infraclaviculares, no limitándose a las áreas valvulares clásicas. De este modo, no pasará inadvertido un ritmo de galope, posibles roces pericárdicos y algunos soplos continuos muy importantes.

Una buena aproximación sistemática para auscultar correctamente los soplos, puede ser comenzar con la membrana del estetoscopio en el área mitral (patología mitral), para centímetro a centímetro ("técnica del centimetreo" como postulan algunos autores), ir ascendiendo por borde esternal izquierdo (soplos sistólicos eyectivos patológicos y funcionales) hasta el foco aórtico y carótidas (soplo sistólico eyectivo aórtico). A continuación se vuelve al borde esternal izquierdo para luego ascender al foco pulmonar (soplos sistólicos eyectivos pulmonares y análisis del segundo tono). Para finalizar se ausculta el borde paraesternal derecho (soplos tricúspides y de CIV). Recordar, una vez más, que los soplos de baja frecuencia (diastólicos de llenado mitral y tricúspide) se oyen con la campana, sin apretarla, en lo focos valvulares correspondientes. De esta manera, aunque un soplo de alta intensidad, se pueda oír en todos los focos, podremos diferenciar su origen (punto más cercano al punto auscultatorio de máxima intensidad).

Componentes del ciclo cardiaco

Revisamos los diferentes componentes del ciclo cardiaco a los que debemos prestar atención:

Tonos cardiacos

Lo primero y absolutamente fundamental para identificar cualquier sonido extra, es identificar el 1º y 2º tonos, que nos marcarán la duración de la sístole ventricular. Para ello, basta con palpar simultáneamente el latido carotídeo a la vez que se ausculta: el primer tono coincide con el latido carotídeo y el segundo ocurre algo después del mismo.

El primer y el segundo tono, son sonidos breves, con dos componentes cada uno, que señalan el cierre de las válvulas auriculo-ventriculares y sigmoideas respectivamente.

Alteraciones del primer tono

El 1.º tono (S1) es un sonido breve, más apagado y largo que el segundo tono. Tiene por lo menos dos componentes de alta frecuencia, el primero, que en condiciones normales es el dominante, está relacionado con el cierre de la válvula mitral (M1) y el segundo con el de la tricúspide (T1). Es un indicador del comienzo de la sístole mecánica. En jóvenes y adultos normales, auscultando junto al apéndice xifoides, se puede apreciar en ocasiones, un desdoblamiento fisiológico del primer tono (>20 ms), cerrándose primero la válvula mitral, situación que se hace más patente en inspiración, ya que retrasa el cierre tricúspide. Sin embargo, este desdoblamiento es amplio y constante en el bloqueo completo de rama derecha y en la enfermedad de Ebstein.

Las alteraciones que podemos encontrar son (Tabla VIII):

Desdoblamiento invertido de S1

En presencia de estenosis mitral, el componente mitral del primer tono se retrasa debido al aumento tardío de la presión intraventricular izquierda, necesario para vencer una presión auricular aumentada y así poder cerrar la válvula. En ciertas circunstancias, en las que dicho fenómeno se haga muy patente, la válvula tricúspide puede cerrarse antes que la mitral dando lugar entonces al desdoblamiento invertido del primer tono. Para reconocerlo por auscultación, habrá que fijarse en el componente mitral del primer tono que está marcadamente acentuado, e incluso, en ocasiones puede ser palpable. En la estenosis mitral, cuando el desdoblamiento del primer tono es normal, este desdoblamiento será máximo en inspiración, mientras que cuando existe desdoblamiento invertido, ocurre lo contrario, siendo máximo en espiración y desapareciendo en inspiración.

Primer tono fuerte

La intensidad del primer tono depende, principalmente, de la posición de las valvas de la válvula mitral y de la tricúspide, al comienzo de la sístole ventricular, de tal manera que si las valvas auriculoventriculares están ampliamente abiertas en ese momento, generarán un primer tono fuerte al cerrarse. Esto ocurre fundamentalmente en dos circunstancias:

1. Cuando el espacio PR en el ECG es corto.
2. Cuando el flujo a través de la válvula mitral está aumentado: estenosis mitral, estados circulatorios hipercinéticos (cortocircuitos izquierda -derecha, taquicardia, etc.).

Primer tono cambiante

Indica que la posición durante la sístole de las valvas auriculo-ventriculares varía de un ciclo a otro. Ocurre en diversas arritmias como el fluter auricular con bloqueo A-V variable, en el bloqueo A-V de II grado tipo Wenckebach, en la taquicardia paroxística ventricular y en la FA. Cuando el PR sea corto (100-140 ms) el primer tono será fuerte (en cañonazo), mientras que cuando sea largo (> 200 ms) será débil o incluso inaudible.

Primer tono débil

En este caso las valvas mitrales están muy cerca, casi una encima de otra en el momento de la sístole ventricular. Esto ocurre en el bloqueo A-V de I grado (PR> 0,20 s), en la carditis reumática activa, y en algunos casos de insuficiencia mitral y de pericarditis constrictiva. Por un mecanismo diferente, como es la calcificación de las valvas, también se puede observar en casos de estenosis mitral calcificada o si las valvas no coaptan adecuadamente, como puede ocurrir en la insuficiencia mitral.

Clic sistólico de eyección

En realidad no es una alteración del segundo tono, sino un sonido diferente, de un origen diferente. Está producido por la apertura de las válvulas sigmoideas. Consiste en un sonido agudo, breve, a continuación del primer tono, de alta frecuencia y notable intensidad, que se oye mejor con la membrana. Es un "clic" que simularía un desdoblamiento amplio del primer tono y que suele corresponder al movimiento de apertura de unas válvulas sigmoideas anormales (estenosis aórtica, estenosis pulmonar, válvula aórtica bicúspide, coartación de aorta). El clic aórtico se oye electivamente en el foco aórtico y en el mitral, variando poco con la respiración. El clic pulmonar se ausculta en el área pulmonar y sí varía con la respiración, siendo máximo en espiración. Otra posibilidad son los llamados clics vasculares, que se supone, se deben a la distensión de la pared de las grandes arterias: HTA, HTP, insuficiencia aórtica, atresia pulmonar, tetralogía de Fallot, tronco arterioso y transposición de los grandes vasos.

Clic sistólico tardío

Es un sonido breve, de alta frecuencia, que tiene lugar en la sístole tardía o en la mesosístole y que puede variar en su localización con los cambios de postura, diversas maniobras y fármacos. Coincide con el final del cierre de la válvula mitral cuando ésta es mixomatosa y se prolapsa. Es por tanto uno de los componentes del síndrome clic-soplo sistólico tardío del prolapso de la válvula mitral (PVM).

Alteraciones en el segundo tono

El 2.º tono, es consecuencia del cierre de las válvulas sigmoideas, aórtica y pulmonar. Consta, por tanto, de dos elementos, el componente aórtico (A2) y el componente pulmonar (P2); es más breve que el primero y de más alta frecuencia. Señala el final de la sístole mecánica ventricular y el comienzo de la diástole cuando la presión intraventricular desciende por debajo de la sistémica y pulmonar, indicando el final de la fase de eyección. El primer elemento del 2º tono es el aórtico, coincidiendo con la incisura dícrota del pulso arterial y en condiciones normales es el dominante. El componente pulmonar del segundo tono, más débil, se identifica exclusivamente en la vecindad del área pulmonar, en el segundo y tercer espacio intercostal izquierdo junto a la línea paraesternal. Con la inspiración, debido al aumento del retorno venoso al corazón derecho, con el consiguiente aumento de la precarga y consiguiente aumento del volumen de eyección derecho, el cierre de la válvula pulmonar se retrasa, con lo que también lo hará el 2º componente del segundo tono, el pulmonar, produciéndose el desdoblamiento fisiológico del 2º tono, que se oye mejor en el foco pulmonar (sobre todo en niños, jóvenes y ancianos) y nunca en el ápex.

Encontramos las siguientes alteraciones (Tabla IX):

Desdoblamiento amplio de S2

Implica un desdoblamiento más prolongado, superior a 30-40 mili-segundos durante la inspiración. Es siempre patológico, producido por un gran número de enfermedades cardiacas (Tabla X). Conviene señalar que tanto en la comunicación interauricular (CIA), en la insuficiencia ventricular derecha y en la pericarditis constrictiva, característicamente existe un desdoblamiento fijo amplio del segundo tono, que es aquel que no se modifica con la inspiración.

Desdoblamiento invertido de S2

La auscultación de un segundo tono desdoblado, en general no muy amplio, que aumenta en espiración y, disminuye o se hace único en inspiración, es propia del desdoblamiento invertido o paradójico del segundo tono Se llama paradójico porque es el componente pulmonar el que precede al aórtico, al contrario de lo que ocurre habitualmente. En estas circunstancias se retrasa el componente aórtico del segundo tono, pero como, durante la inspiración, el componente pulmonar se retrasa normalmente, el desdoblamiento se aproxima o desaparece en un momento cuya amplitud debía ser máxima. En la Tabla XI, observamos sus causas.



Refuerzo o acentuación de S2

El segundo tono puede ser fuerte por la acentuación de cualquiera de sus componentes, pulmonar o aórtico. La intensidad del segundo tono depende fundamentalmente de la tensión diastólica sistémica y pulmonar, respectivamente. Por ello, el segundo tono fuerte es un hallazgo constante tanto en la HTA como en la HTP. En esta última, no sólo se ausculta un segundo tono reforzado, sino que en la mayoría de las veces, es fácilmente palpable. El componente aórtico del S2 está acentuado, no solo en la HTA, sino también en la coartación de aorta, en la insuficiencia aórtica precoz, en la tetralogía de Fallot y en el tronco arterioso persistente.

Disminución de S2

La disminución de cualquiera de sus componentes dependerá de la rigidez valvular, la calcificación o la ausencia de una válvula sigmoidea, la hipotensión sistémica (shock, taponamiento cardiaco...) o pulmonar, o el aumento de la distancia entre el corazón y la pared torácica (insuflación pulmonar, tórax en quilla, obesidad, etc.).

Chasquido de apertura mitral

Al igual que con los clics en S1, incluimos en este apartado los ruidos que corresponden a la apertura de las válvulas auriculo-ventriculares, cuando éstas están estenóticas. El chasquido de apertura de la estenosis mitral se sitúa tras el segundo tono. Es un sonido breve y agudo, de alta frecuencia, perfectamente descrito con la designación de chasquido, que se produce por la detención súbita de la válvula mitral estenótica en su apertura hacia el ventrículo. El chasquido de apertura precisa de una válvula mitral móvil y elástica, por lo que si ésta está calcificada, puede llegar a no oírse. Se ausculta mejor con la membrana del estetoscopio y aumenta de intensidad en espiración, sin que su distancia al segundo tono varíe con la respiración. Se oye mejor en decúbito lateral izquierdo, un poco por dentro del latido de la punta, o en el tercer o cuarto espacio intercostal izquierdo, junto a la línea paraesternal, pero cuando es suficientemente fuerte se transmite al foco aórtico y pulmonar. El intervalo entre el segundo tono y el chasquido está en relación con la presión auricular y, por tanto, es un índice de la severidad de la estenosis. Cuanto más cerrada es la estenosis, más alta es la presión auricular y más precoz la aparición del chasquido. Cuando se transmite al área pulmonar se puede confundir con un desdoblamiento amplio del segundo tono, aunque si auscultamos con atención, comprobaremos que durante la inspiración, el primer elemento se desdobla en sus dos componentes, oyéndose entonces tres sonidos próximos, de tal manera que los dos primeros corresponden al componente aórtico y pulmonar del segundo tono y, el tercero, al chasquido de apertura. Sin embargo, cuando existe hipertensión pulmonar y el segundo tono es único (no se desdobla en inspiración), se puede tomar el chasquido por un desdoblamiento fijo, máxime teniendo en cuenta que el desdoblamiento fijo del defecto del tabique auricular se transmite alguna vez a la punta. En estos casos es necesario considerar el resto de los signos físicos.

Chasquido de apertura tricúspide

También es un sonido de alta frecuencia y coincide con la apertura de la válvula tricúspide. Es un sonido breve y seco, de tono más alto y menos fuerte que el chasquido mitral. Se oye en el área tricúspide y produce la impresión auscultatoria de mayor proximidad al oído que el chasquido mitral. El carácter distintivo del chasquido tricúspide, como el de todos los datos del corazón derecho, es que aumenta notablemente en inspiración e incluso puede llegar a oírse exclusivamente durante la misma. En general, indica enfermedad orgánica de la válvula tricúspide, pero es menos frecuente que el chasquido mitral (presente en el 38 por ciento de ET). Los cambios respiratorios de la intensidad del chasquido causan, a veces, una gran dificultad en su diferenciación con el desdoblamiento fisiológico del segundo tono. No obstante, el cambio inspiratorio de la intensidad del chasquido tricúspide (también con la maniobra de Múller) sirve para diferenciarlo del chasquido de apertura mitral, con el que coincide muy a menudo.

Alteraciones en el tercer tono

El 3.º tono (S3) es un sonido de baja frecuencia que tiene lugar en la diástole durante el periodo de llenado rápido ventricular, después de la apertura de las válvulas auriculo-ventriculares, coincidiendo con la máxima expansión del ápex. Ocurre unos 120-180 milisegundos después del S2. Como está bastante separado del S2, da lugar a un ritmo en tres tiempos o ritmo de galope. Marca el llenado máximo ventricular. Puede ser normal (S3 fisiológico) o ser un signo de insuficiencia ventricular izquierda y derecha (galope diastólico o ventricular) o de la pericarditis constrictiva (de más alta frecuencia, acentuado y precoz).

Con respecto a los dos primeros, para poder diferenciarlos hay que considerar la situación global del enfermo, ya que desde el punto de vista auscultatorio no existen diferencias. Al ser de baja frecuencia se oye mejor con el estetoscopio de campana, en la punta, en decúbito lateral izquierdo, en espiración y después de hacer ejercicio.

Vemos las variedades clínicas posibles:

Tercer tono fisiológico

Es absolutamente normal y se suele oír en los niños y adultos jóvenes.

Tercer tono funcional

Es un tercer tono acentuado que aparece en las situaciones en las que existe un aumento del llenado rápido ventricular en las sobrecargas de volumen o diastólicas (insuficiencia mitral, defecto del tabique ventricular, ductus arteriosus persistente, estados circulatorios hiperquinéticos, bloqueo cardiaco completo, etc.). El volumen diastólico está aumentado pero la presión mesodiastólica es normal.

Tercer tono precoz de la pericarditis constrictiva

Es un tercer tono, acentuado y precoz, de más alta frecuencia que acompaña a la pericarditis constrictiva. Se acompaña habitualmente de un latido diastólico palpable y a veces es el tono dominante en la auscultación. Está producido por la violenta irrupción de sangre en el ventrículo, causada por la elevada presión venosa de llenado y el paro abrupto del llenado ventricular, consecuencia de la limitada distensibilidad impuesta por un pericardio rígido. Tiene por tanto una presión diastólica ventricular elevada y un volumen diastólico reducido (constricción).

Tercer tono tumoral

En el mixoma de aurícula izquierda, si el tumor tiene un pedículo largo, puede dar lugar a un sonido diastólico precoz al prolapsarse el tumor al ventrículo izquierdo (plop tumoral).

Galope diastólico ventricular

Es el tercer tono que acompaña a la insuficiencia ventricular izquierda (IVI). El término de ritmo de galope se debe reservar para el ritmo en tres tiempos que acompaña a la IVI. Se caracteriza desde el punto de vista hemodinámico, por una presión diastólica elevada y un volumen diastólico aumentado.

Alteraciones en el cuarto tono

El 4.º tono (S4) es también llamado "galope presistólico" o "galope auricular". Consiste en un sonido de baja frecuencia, presistólico, que coincide con la contracción auricular. A diferencia del S3 es siempre patológico excepto en los niños. Es un sonido de llenado, producido por una contracción auricular acentuada (puntillazo auricular) en la fase de llenado ventricular activo. Se produce en todas las situaciones caracterizadas por una disminución de la distensibilidad ventricular. Con frecuencia se palpa mejor que se oye. Existe un aumento de la presión diastólica final del ventrículo correspondiente. Sus causas más frecuentes son: hipertrofia cardiaca secundaria (estenosis aórtica y pulmonar, HTA y HTP...) hipertrofia primaria (MHO), cardiopatía isquémica e insuficiencia mitral aguda. Si es de origen izquierdo, se palpa y ausculta en la punta, en decúbito lateral izquierdo y con el estetoscopio de campana suavemente apoyado en la piel. Si es de origen derecho, se ausculta en el área paraesternal izquierda. Obviamente desaparecerá en FA. Excluye el diagnóstico de estenosis mitral y tricúspide.

Soplos cardiacos

Son series prolongadas de vibraciones audibles que ocupan al menos el 25 por ciento de la sístole o de la diástole y originadas por turbulencias en el flujo sanguíneo. Se dividen, según el momento del ciclo cardiaco, en sistólicos, diastólicos y continuos. La simple distinción entre un soplo sistólico o diastólico aporta una gran información desde el punto de vista diagnóstico. Para ello, basta con palpar el pulso carotídeo mientras auscultamos (la sístole ocurre durante la palpación de la onda de pulso).

Si se trata de un soplo diastólico, éste siempre es patológico y por el contrario, si es sistólico, podrá o no serlo, como veremos más adelante.
La descripción de los soplos, además de su ubicación dentro del ciclo cardiaco se hace atendiendo a una serie de características: intensidad, frecuencia, forma, cualidad, duración e irradiación. La intensidad de los soplos se describe en términos de grados (escalas de 4 o 6 grados).

La escala en 6 grados, data de 1933, de las recomendaciones de Samuel A. Levine:

- Grado 1: solo audible en una sala silenciosa y con un buen estetoscopio.
- Grado 2: de volumen bajo, pero audible.
- Grado 3: moderadamente alto (prominente pero no alto).
- Grado 4: alto y generalmente palpable (acompañado de "thrill").
- Grado 5: muy alto.
- Grado 6: es tan alto que puede ser audible incluso sin estetoscopio.

Es importante recalcar, independientemente de la escala de intensidad utilizada, que el ecuador de la misma viene marcado por la presencia o ausencia de un "thrill" palpable (a partir del cuarto grado en la de 6 y del 3º en la de 4).

Según sea la frecuencia, se podrán clasificar en soplos de alta frecuencia, que se auscultarán mejor con el estetoscopio de membrana y soplos de baja frecuencia, que lo harán con el de campana. A veces la cualidad y el timbre del soplo, expresan su lugar de origen. Así, los soplos de la estenosis aórtica o pulmonar son retumbantes, los de la insuficiencia mitral o aórtica, en "chorro de vapor", los de las válvulas calcificadas, sibilantes o piantes, los de la CIV, "en rasgadura", y "en maquinaria" el del ductus arterioso persistente.

En relación a la forma o configuración (Figura 8), los soplos podrán ser "in crescendo", "decrescendo", "crescendo-decrescendo" (forma de diamante o romboidal), planos, o variables.



La duración o longitud puede ser corta o larga, con cualquier situación intermedia. Se denominan holosistólicos, cuando ocupan toda la sístole, mesosistólicos, si son más cortos y se localizan hacia la mitad de la sístole, y precoces o tardíos en sístole, según ocupen la primera mitad o la segunda mitad de la misma, respectivamente.

Los soplos se irradian desde el lugar de máxima intensidad, que suele ser el punto del tórax más próximo a su origen y su transmisión se produce fundamentalmente (también lo hacen a través de la estructura ósea) según la dirección de la corriente sanguínea, siendo, en ocasiones, de gran utilidad para el diagnóstico.

Para describir los diferentes soplos nos basamos en su clasificación según el momento del ciclo cardiaco en el que se localizan:

Soplos sistólicos

Se originan como consecuencia de un flujo turbulento originado durante la sístole de uno o ambos ventrículos. Se dividen a su vez, según el momento de la sístole en:

Soplos sistólicos de eyección

Son los resultantes de un flujo turbulento a través de una válvula semilunar estenótica, alterada y, ocasionalmente, por el producido por un flujo aumentado a través de una válvula normal. Comienza después del S1, característicamente va aumentando hasta la mitad de la sístole, donde alcanza su máxima intensidad, y luego disminuye progresivamente hasta desaparecer justo antes del S2. Son por tanto de forma romboidal, "crescendo-decrescendo". Son soplos de alta frecuencia, por lo que se oyen mejor con el estetoscopio de membrana. Los más característicos son los soplos de la estenosis aórtica (máximo en el 2º EICD) y de la estenosis pulmonar (máximo en 2º EICI). No obstante, pueden auscultarse soplos sistólicos eyectivos por dilatación de la aorta o la arteria pulmonar por encima de sus respectivas válvulas o, debidos a un aumento de flujo a través de válvulas completamente normales, como ocurre tras un ejercicio intenso, en presencia de anemia, durante el embarazo o, cuando existe una resistencia aumentada: HTA y coartación de aorta.

En la Tabla XII vemos las características de los soplos eyectivos aórtico y pulmonar. A medida que la estenosis progresa, se prolonga la sístole mecánica, con lo que el soplo se hace más largo y el crescendo del soplo más tardío.



En la estenosis pulmonar infundibular el soplo es más bajo, en el tercer espacio intercostal izquierdo, el desdoblamiento del segundo tono es amplio y acaba, a diferencia de la EP, siempre antes del componente aórtico de S2.

En la tetralogía de Fallot, el soplo de la estenosis pulmonar se comporta de forma absolutamente contraria a la forma en que lo hace en la EP aislada, siendo tanto más largo cuanto más leve es la tetralogía y, tanto más corto cuanto más severa.

Soplos pansistólicos

Son soplos sistólicos de regurgitación que se extienden a lo largo de toda la sístole, alcanzando y, a veces, incluso sobrepasando al segundo tono. Se producen como consecuencia del escape de sangre del ventrículo a una cámara de presión más baja. La corriente y el soplo continúan uniformes hasta el segundo tono, porque la diferencia de presión entre las dos cámaras es todavía grande en el momento del cierre de la válvula aórtica. No se puede identificar el segundo tono en el área mitral. Es un soplo de frecuencia aspirativa, por lo que se ausculta mejor con el estetoscopio de membrana. Es el característico de la insuficiencia mitral, que es máximo en la punta (apical) y se irradia hacia la axila y escápula izquierdas; de la insuficiencia tricúspide, que es máximo en el 4º EICI o sobre el apéndice xifoides y se irradia hacia la región inframamilar derecha, a diferencia del de la IM, aumenta con la inspiración; y de la comunicación interventricular, máximo en 3º y 4º EICI en la línea paraesternal, que suele ser de carácter más rudo, se acompaña generalmente de thrill y cuya duración puede verse afectada por la presencia de hipertensión pulmonar que facilita la igualdad de presiones en ambos ventrículos. La insuficiencia mitral aguda se acompaña de tercer tono y desdoblamiento amplio del segundo tono, al igual que lo hace la crónica, pero se diferencia de ésta por la existencia de un cuarto tono, fuerte, palpable y audible.

La comunicación auricular tipo ostium primum, puede presentar un soplo pansistólico de IM por hendidura congénita de la valva anterior de la mitral que se irradia electivamente hacia el esternón, en lugar de hacerlo hacia la axila.

Soplos sistólicos tardíos

Estos no comienzan inmediatamente después de S1, si no algo más tarde durante la sístole. Se pueden presentar en:

- Miocardiopatía hipertrófica obstructiva (MHO): suele presentar un soplo de eyección, generalmente largo, pero a veces la obstrucción se produce en la mitad de la sístole o incluso más tarde. Es más intenso en el área precordial, no se irradia a carótidas y contrariamente a lo que ocurre en la estenosis aórtica, aumenta con la maniobra de Valsalva y disminuye con la posición en cuclillas.
- Prolapso de la válvula mitral (PVM): el prolapso de la válvula suele producir un clic mesosistólico y, si existe insuficiencia mitral, se asocia a un soplo sistólico tardío que se oye mejor con el paciente en bipedestación que a menudo presenta características piantes.
Soplos diastólicos

Están producidos por turbulencias generadas durante la diástole de uno o de los dos ventrículos. Son siempre patológicos. Existen tres posibilidades:

Soplos diastólicos precoces

Se deben a la incompetencia de las válvulas semilunares, aórtica y/o pulmonar, por lo que se oyen al inicio de la diástole, inmediatamente después al S2 y tienen un carácter decreciente. Son de alta frecuencia y finalizan antes del S1. Son característicos, por tanto, de la insuficiencia aórtica (IA) y de la insuficiencia pulmonar (IP). El primero aumenta con la espiración forzada y el segundo lo hace con la inspiración. En la mayoría de los casos, la IP obedece a una HTP, en cuyo caso el soplo se halla precedido de un S2 muy intenso en el área pulmonar (soplo de Graham-Steell).

Soplos mesodiastólicos o diastólicos tardíos

Son soplos de llenado ventricular debidos a turbulencias a través de las válvulas auriculoventriculares que comienzan ligeramente después en la diástole. Son los propios de la estenosis mitral (EM), que se oye mejor en el ápex, en posición de decúbito lateral izquierdo, es de carácter rudo y de baja frecuencia, como un retumbo, y va precedido de un chasquido de apertura mitral, y de la estenosis tricúspide (ET), localizado en el foco tricuspídeo, de más alta frecuencia y áspero, aumentando con la inspiración y la maniobra de Müller. Los soplos de llenado son de baja frecuencia, auscultándose mejor con el estetoscopio de campana. La intensidad del soplo guarda poca relación con el grado de alteración hemodinámica, pero es útil para poder afirmar casi con seguridad que el soplo es de estenosis mitral o tricúspide cuando es fuerte y con thrill. La duración del soplo mantiene una relación directa con el grado de estenosis, cuanto más largo sea el soplo, más severa es la estenosis. En la Tabla XIII se resumen los signos auscultatorios característicos de la EM y de la ET.



En la insuficiencia aórtica, el flujo diastólico que penetra en el ventrículo izquierdo puede dificultar la apertura mitral e impedir que ésta se abra por completo, produciendo un soplo mesodiastólico denominado de Austin Flin (se diferencia del de la EM, por no ir nunca precedido de chasquido). Son soplos en vaivén, en dos tiempos.

El soplo de Carey Coombs, audible en la fiebre reumática, es también mesodiastólico y suave, probablemente relacionado con la turbulencia ocasionada por el engrosamiento inflamatorio de las valvas de la mitral en la valvulitis mitral activa.

Soplos presistólicos

Se localizan en la telediástole y son la expresión de las turbulencias generadas por el paso de la sangre desde aurículas a ventrículos, coincidiendo con la fase de llenado activo ventricular, consecuente de la contracción auricular ("puntillazo auricular"). Obviamente, desaparecerán si se desarrolla una fibrilación auricular. Los soplos presistólicos fuertes son diagnósticos de estenosis mitral y/o tricuspídea. Los soplos de intensidad débil se pueden deber a aumento de corriente auriculoventricular, como el soplo presistólico tricuspídeo de la comunicación interauricular. El soplo presistólico de la estenosis mitral o arrastre presistólico, es un soplo rudo, de baja frecuencia, característicamente in crescendo y que termina abruptamente con el primer tono fuerte acentuado. Se oye mejor con el estetoscopio de campana apoyado suavemente sobre la piel, con el paciente reclinado hacia la izquierda. La maniobra de Valsalva acentúa el soplo. El soplo presistólico tricuspídeo es más precoz, su forma es crescendo-decrescendo, similar a los soplos eyectivos y con un intervalo libre antes del primer tono, que no suele estar muy acentuado. Se oye mejor con el estetoscopio de membrana y se acentúa con la inspiración y la maniobra de Múller.

Soplos continuos

Ocurren durante la sístole y la diástole. Se deben a que el gradiente de presión que facilita la corriente de sangre desde una zona de alta presión a otra de baja presión, se mantiene a lo largo de todo el ciclo cardiaco Son los propios del ductus arterioso persistente (o más raramente, fístula arteriovenosa, defecto aorto-pulmonar, etc.). El soplo del ductus arterioso persistente o soplo en maquinaria de Gibson, es un soplo de alta frecuencia, fuerte, la mayoría de las veces con thrill, máximo en el primer o segundo espacio intercostal izquierdo. Comienza tras un intervalo con el primer tono, aumenta gradualmente en intensidad al final de la sístole y después disminuye gradualmente en la segunda mitad de la diástole. Tiene una forma crescendo-decrescendo, con una intensidad máxima alrededor del segundo tono. El soplo disminuye durante la inspiración por aumento de la presión arterial pulmonar y se hace más audible con el ejercicio.

Soplos inocentes

Se denominan así los soplos que no traducen una anormalidad cardiaca o que, en caso de que ésta exista, su importancia sea mínima. Son muy frecuentes y en general se pueden agrupar en los cinco tipos siguientes:

Soplos sistólicos de alta frecuencia

Son los producidos por el paso de la sangre por las válvulas braquiocefálicas. Se auscultan en la región supraclavicular y desaparecen con la abducción de los brazos. También se incluyen los soplos pulmonares audibles en la base cardiaca, frecuentes en niños y adolescentes.

Soplo sistólico de Still

Es un soplo de baja frecuencia (se ausculta mejor con el estetoscopio de campana) que parece estar producido por la vibración de la válvula pulmonar consecuente con la baja presión de expulsión ventricular derecha. Se ausculta mejor en la región paraesternal baja. También es frecuente en niños y adolescentes.

Soplos sistólicos de los estados hipercinéticos

Como ya se ha comentado con anterioridad, ocurren en circunstancias tales como: embarazo, fiebre, estados emocionales, ejercicio físico, hipertiroidismo, anemia (en este caso además influye la disminución de viscosidad sanguínea), etc., y son consecuencia de un aumento de la velocidad y del volumen del flujo sanguíneo al pasar por la válvula aórtica y más aún, por la pulmonar.

Soplos sistólicos asociados a una válvula bicúspide

Estos soplos suelen acompañarse de un clic de eyección. La válvula bicúspide es relativamente frecuente (1-2 por ciento) y con la edad puede llegar a calcificarse y estenosarse.

Soplos sistólicos por dilatación de la raíz aórtica y arteriosclerosis o dilatación idiopática de la arteria pulmonar.

Los soplos inocentes son también frecuentes asociados a ciertas variaciones constitucionales, como el esternón deprimido y la espalda recta.

Maniobras que modifican la semiología auscultatoria cardiaca


En los diferentes apartados anteriores hemos ido señalando como ciertas maniobras variaban los diferentes signos auscultatorios. Por ello, parece adecuado hacer un breve apartado al respecto (Tabla XIV):

Inspiración

Lo que ocurre en la inspiración es que aumenta la presión negativa intratorácica (aumento del volumen intratorácico y del abdominal, con descenso del diafragma), con lo que aumenta el retorno venoso al corazón, lo que supone un aumento de la precarga del corazón derecho, que como es lógico, llevará consigo un aumento de la contractilidad del ventrículo derecho (ley de Starling) y por consiguiente un aumento del flujo eyectivo derecho. Así, durante la inspiración, como norma general, aumentarán todos los acontecimientos derechos y la semiología derecha (tricúspide y pulmonar) será más florida. Se retrasará el cierre valvular pulmonar (ej.: desdoblamiento fisiológico del S2) y el tricúspide.

Espiración

Aunque de manera mucho menos marcada, ocurrirá lo contrario que en el caso anterior y se oirá mejor la semiología auscultatoria izquierda, sobre todo si se hace en espiración forzada. Por ejemplo en la estenosis mitral.

Maniobra de Valsalva

Es una maniobra voluntaria que consiste en aumentar la presión abdominal al final de una espiración forzada, con la glotis cerrada al paso del aire (efecto similar al realizado para defecar). De esta forma se disminuye el retorno venoso y se reducen de intensidad todos los soplos a excepción del soplo de la estenosis subaórtica hipertrófica y, en ocasiones, del prolapso de la válvula mitral, que se intensifican. En el primer caso, al disminuir el flujo de sangre al corazón, la disminución del volumen ventricular izquierdo favorece la obstrucción, lo cual, a veces, también ocurre en el segundo. El interés de la maniobra de Valsalva no se acaba aquí ya que, al finalizar la misma y, durante los siguientes cuatro ciclos cardiacos, los soplos originados en la cavidades derechas no solo reaparecen, si no que además se intensifican. Posteriormente, transcurridos unos 7-8 ciclos cardiacos tras concluir la maniobra de Valsalva, los que aumentan son los que provienen de las cavidades izquierdas.

Maniobra de Múller

Es una maniobra también voluntaria y forzada, que consiste en inspirar con la glotis cerrada, de forma que se consigue un efecto fisiológico igual al de la inspiración forzada pero aún más marcado, generando una presión intratorácica negativa aún mayor y, favoreciendo aún más el retorno venoso. Aumenta, por tanto, la semiología derecha.

Inhalación de nitrito de amilo

Se produce una vasodilatación periférica durante aproximadamente unos 20 segundos, que disminuye las resistencias periféricas y aumenta por tanto el volumen de eyección ventricular izquierdo. Aumentan los soplos de la EA o estenosis subaórtica, el de la estenosis mitral (aumenta su gradiente) y se reducen los de IA y el de Austin Flint (ya que disminuye la regurgitación al ventrículo), el de IM y CIV (al haber menor resistencia se dirige más sangre hacia la aorta que hacia la aurícula izquierda o ventrículo derecho, respectivamente). De igual forma, el nitrito de amilo también produce un aumento del retorno venoso, por lo que aumentará la semiología derecha, sobre todo, el de la insuficiencia pulmonar, a diferencia del de la insuficiencia aórtica que disminuye.

Roces Pericárdicos

Además de los soplos, es posible auscultar "otros ruidos del corazón" no originados por turbulencias en el flujo cardiaco sino fuera del corazón, nos referimos a los "roces pericárdicos". Son el signo característico de una pericarditis aguda. Consisten en un sonido característico "como de fricción entre dos superficies rugosas" (p.ej.: de cuero) que se acentúa con la inclinación hacia delante o con la sedestación. Se originan como consecuencia de la inflamación de las dos hojas del pericardio, que rozan entre sí durante los movimientos del músculo cardiaco. Por esta razón pueden tener tres componentes: uno durante la sístole ventricular, otro durante la diástole ventricular y un tercero durante la contracción auricular. Es un sonido áspero, rudo y superficial y, que debe buscarse concienzudamente para que no pase desapercibido ("se pierden si no se buscan"). Puede ser audible en toda la región precordial o bien permanecer localizado en la región paraesternal izquierda baja. Se auscultan mejor con el diafragma del estetoscopio, presionando firmemente. En ocasiones, el roce pericárdico es en realidad pleuro-pericárdico, por inflamación contigua desde la pleura.

EXPLORACIONES ACCESORIAS

La exploración cardiovascular se completará según los hallazgos obtenidos tanto en la historia clínica como en la exploración anteriormente reseñada y según cada caso en particular, con una completa exploración del abdomen (ascitis, hepatoesplenomegalia...), una ampliación de la exploración que incluya todos los pulsos arteriales en miembros inferiores (los ya reseñados femorales, los poplíteos, pedios y tibiales posteriores, de enorme utilidad en la claudicación intermitente, embolias periféricas, etc.), la exploración del fondo de ojo en busca de signos de retinopatía diabética o hipertensiva, Manchas de Roth (hemorragias retinianas ovaladas, pálidas en el centro, características de endocarditis infecciosa), etc.

SISTEMÁTICA DE LA EXPLORACIÓN CARDÍACA

Hecha esta minuciosa presentación de la semiología cardiaca, disgregada de una forma un tanto académica para analizar los diferentes signos posibles que se obtienen con la exploración, creemos preciso hacer un intento de integrar lo anteriormente expuesto con la intención de sistematizar una exploración cardiaca (Figura 9). Para ello, proponemos partir ya una vez realizada la anamnesis y, habiendo aprovechado la misma para la realización de una inspección global del sujeto (facies, chapetas, cianosis central, distrés respiratorio...). El acercamiento en la exploración del paciente se realiza de fuera a dentro (centrípetamente). Se empieza por las manos, generalmente mano derecha, (inspección de dedos, manos, palpación de pulso radial...) y se sigue la dirección hacia el hombro (pulso braquial, toma de TA...) hasta llegar al cuello. En cuello, se observa detenidamente la PVY y se palpa el pulso carotídeo (obviamente, habría que empezar por aquí en una situación de emergencia vital y una vez comprobada la permeabilidad de la vía aérea). Inspección de cara (mucosa subconjuntival), para luego pasar a la inspección y palpación del latido cardiaco. Posteriormente, se procede a la realización de la auscultación cardiaca, que se completa, siempre, con la auscultación pulmonar, tanto anterior como dorsal. Seguidamente, se pasa a explorar el abdomen (inspección, percusión, palpación y auscultación si fuera necesario), palpando el hipocondrio derecho (hepatomegalia) y resto del abdomen. Se exploran detenidamente ambas femorales (palpación y auscultación) y se baja a los miembros inferiores, hasta los pies, donde además de apreciar la existencia o no de un posible edema y posibles signos de otras lesiones, se deben explorar los pulsos periféricos (popliteos, tibiales posteriores y pedios).



Evidentemente, aunque la sistemática expuesta no deja de ser una simple sugerencia, lo importante es que cada médico, empiece por donde empiece, y, de acuerdo a sus conocimientos y habilidades, sepa que para realizar una adecuada exploración, hay que prestar atención a todo lo anteriormente reseñado, ya que si no, se podrían perder datos fundamentales para un correcto diagnóstico y consiguiente plan terapéutico. Con una correcta anamnesis y una completa exploración, como ya hemos reseñado repetidas veces en este trabajo, el médico de familia será capaz, junto con las pruebas más básicas y accesibles a nuestro medio de atención, como son la radiología de tórax (tamaño del corazón, cavidades afectadas, signos de ICI, patología pulmonar...), el ECG (sobrecargas de volumen, sobrecargas de presión, arritmias, cardiopatía isquémica...) y una analítica (causas desencadenantes como p.ej.: anemia, tirotoxicosis, factores de riesgo cardiovascular, etc.) de orientar de una forma eficiente, tanto el diagnóstico como el tratamiento del enfermo cardiológico. Así los valores predictivos positivos de ulteriores pruebas, como la ergometría, la ecografía, etc., mejorarán considerablemente, al igual que lo harán las derivaciones a un segundo o tercer nivel especializado.



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